martes, 1 de marzo de 2016

Revista Lobby


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 3 al 9 de marzo, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: Comer en Sicilia
MIS APUNTES: Normandie, el regreso de un clásico
CRÓNICAS CON HISTORIA: El Rincón de los Canallas
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

La nota de la semana


COMER EN SICILIA
¿Acaso en todos los países del mundo se come igual? ¿Se come lo mismo en África que en Tailandia? ¿En el Polo Sur que en el Polo Norte? ¿Puede ser la carne de vacuno, por ejemplo, un manjar de lujo en un lugar y un alimento prohibido en otro? ¿Cuáles son las tradiciones culinarias más atrevidas, extravagantes y desconocidas del mundo? A todas estas preguntas y muchas más dará respuesta el chef Andrew Zimmern, que está convencido que una de las mejores formas para comprender una cultura es conocer los platos que han alimentado a sus habitantes a lo largo de los siglos. Por eso esta semana podremos ver un capítulo dedicado a Sicilia, la principal isla italiana y la más grande del Mar Mediterráneo. Habitada por más de cinco millones de personas y es considerada como uno de los grandes destinos turísticos de Europa.



 

Mis apuntes


NORMANDIE
El regreso de un clásico
Hace catorce años (bastante tiempo para esto de la gastronomía), Pierre Brossard, un francés avecindado en el país y Jorge Cordero, su amigo y socio durante muchos años, decidieron abrir la primera brasserie de Santiago. A manera de tributo y nostalgia, la bautizaron en honor al más grande transatlántico francés de la década de los ‘30 -el Normandie- y mandaron a diseñar los muebles replicando el clásico mobiliario parisino de la época, decorándolo con fotos, afiches y reproducciones que trajeron especialmente de Francia. Con ello, lograron ambientar el lugar tal cual se estila en el país europeo. Para cerrar con broche de oro su propuesta culinaria, contrataron a un chef francés, quien diseñó la carta que nuevamente sus parroquianos pueden saborear en un lugar con un toque bohemio y relajado. Sin embargo, hace un tiempo y tras el alejamiento del chef francés, su cocina decayó notablemente y comenzó una lenta pero sostenida pérdida de clientes, convirtiendo este bastión francés de Providencia en un lugar con poco atractivo.

Menos mal que sus propietarios se percataron de los problemas y decidieron volver a poner en su sitial al viejo Normandie, ya que como toda institución merece una segunda oportunidad. Una muy bien aprovechada que disfrutamos hace un par de semanas.

Todo está igual que siempre, pero hay un notorio y feliz cambio en la cocina. No existen los manteles pero sí enormes individuales de papel kraft que cubren la mesa completa. Pan fresco y caliente, paté de la casa, mantequilla y una buena mostaza francesa para comenzar a picotear. Tortilla a la española para iniciar ($4.800), acompañada de un fresco sauvignon blanc William Cole Mirador ($9.900, una ganga); una tortilla a punto, con un jugoso interior y elaborada con huevos, papas, cebollas y chorizo. Si bien se aleja de la ortodoxia española de normas de elaboración de una tortilla, acá quedamos felices con los agregados de cebolla, chorizo y pimentón.

Cuando le dimos el bajo a la tortilla, el Normandie ya estaba repleto de un heterogéneo público. Jóvenes y no tanto compartiendo platos y tragos en un ambiente casi europeo, donde no faltan (ni sobran) artistas, cineastas, escritores y toda una gama de intelectuales que ven en el Normandie un lugar que les es propio.

Nosotros seguimos con nuestra propia tounée. Si la tortilla fue para compartir, los choritos al vapor y vino blanco (servido en unas enormes olletas de fierro), acompañado de papas fritas cortadas a mano ($9.000 la porción para dos), también los compartimos. ¡Todo un éxito! Incluso la atención de calentar la olla de fierro para libar esa gran mezcla de vino blanco con el jugo de los choritos.

La carta es para ilusionarse y de precios bastante moderados. Crêpes, Conejo a la mostaza ($7.500); Boeuf Bourguignon ($7.200) y así sucesivamente. Hay ensaladas para las que cuidan la figura, como la Salade Parisienne ($5.300) que incluye lechuga, champiñones, espinaca, pepinillos, roast-beef, huevo, queso parmesano, crutones y salsa a la mostaza, además de la clásica sopa de cebollas gratinada ($4.200), con crutones y queso.

Un lugar ameno que llama a la charla. A conversar una botella de vino sin preocuparse de la hora. Lugar para atreverse a comer unos escandinavos roll mops (pejerreyes macerados en vinagre y especias, ($6.700) o sencillamente compartir una tortilla a la española. Más de un famoso llega de noche a sentarse en una de sus mesas. Y se sienten cómodos, ya que nadie los molesta. Créame… posiblemente este sea un lugar para enamorar o enamorarse.

Un promedio de 17 mil pesos por persona con vino incluido es casi una extravagancia en un Santiago donde generalmente una botella de vino tiene ese valor. Si resumimos, un best value que es imprescindible recomendar.

Normandie: Av. Providencia 1234 / 222 363 011

Crónicas con historia


EL RINCÓN DE LOS CANALLAS
Democracia con santo y seña
Próximamente, durante el mes de mayo que ya se viene encima, uno de los bares-restaurantes más famosos y conocidos de Santiago cumplirá 36 años funcionando como verdadero emblema y registro del último gran período histórico vivido por Chile. Lo hará en una barriada distinta de la que le vio nacer, pero con el mismo cariño y compromisos de sus fieles "canallas" noctámbulos y que le han perdido el miedo a las calles oscuras de la noche adormilada por pipeños, borgoñas y chichas.

Corría el principio de los ochenta y las noches de Santiago estaban prácticamente muertas a causa de los "toques de queda" ordenados por el Régimen Militar, para mantener a la población civil encerrada en sus casas en medio del clima de alta tensión social que había hacia aquellos días. Los borrachines y nictófilos se lamentaban mirando por el vidrio empañado de la ventana las luces de una ciudad ajena y hostil que les negaba sus barras y chuicos, y cuando la televisión terminaba apenas después de la fría medianoche.

Intuyendo la cantidad de gargantas secas y angustiadas que quedaban adoloridas cada depresiva noche de "toque de queda", el comerciante oriundo de Temuco y de linaje directo mapuche, don Víctor Painemal, alias "El Canalla 1º", tuvo una visionaria idea: crear un local nocturno con características de picada que sirviera de refugio tranquilo, cómodo y seguro a todas esas ovejas descarriadas que preferirían enfrentar las restricciones del gobierno antes que quedarse escuchando la radio Moscú en la casa.

Painemal consiguió arrendar un oscuro salón, bautizándolo como "El Rey de los Pollos Asados" e inaugurándolo el 20 de mayo de 1980, en la víspera de la gloriosa doble gesta de Iquique y Punta Gruesa. Este antiguo local no era de grandes dimensiones, pero tenía todo lo necesario para la satisfacción de los cientos de comensales que llegaban cada semana a comer pollitos a las brasas, carne asada y beber a destajo. En plenos años de la Recesión Mundial, su carta se fue ampliando con comidas chilenas, perniles,  sanguchitos populares y mucho vino.

El boliche, atendido por el propio don Víctor y su esposa, abría después del "toque de queda" cerrando la puerta hasta la mañana, cuando los clientes se retiraban tras la larga noche de jarana y entretención. Algunos músicos folklóricos llegaban hasta él para amenizar las largas noches de encierro, mientras la incertidumbre y el peligro rondaban afuera.

Las autoridades se enteraron de la existencia del curioso local y no tardaron en aparecer. Seguramente nunca consideraron un peligro real a un grupo de inofensivos rotos bebedores insomnes, pero el hecho de estar violando el "toque" los motivó a molestar algunas veces al local de Painemal, quitándosele la patente que le permitía funcionar dentro de la legalidad. En 1983 y en circunstancias muy extrañas, sufrió un incendio que fue denunciado como intencional, pues ya había existido un amago el año anterior. Virtualmente destruido, fue además clausurado.

Frustrado, Painemal volvió a vivir en la Araucanía, pero notó que sus clientes seguían con la expectativa de que reabriera el local y se ofrecieron para ayudarle en esta tarea. Así, reconstruyó su negocio atrás de la sombría galería de un antiguo edificio de fachada estilo francés clásico, en  calle San Diego 379, en el local B, pero esta vez tomó sus resguardos, como veremos.

Don Víctor recuerda que lo rebautizó de inmediato como "El Rincón de los Canallas", aludiendo al desprestigio que se habían ganado todos los asistentes del club entre sus enemigos en el poder, que allanaron el local unas 67 veces durante este período. Sin embargo, hay quienes aseguran que el nombre era originalmente "Club de los Canallas" o simplemente "Los Canallas", transformándose después en "El Rincón de los Canallas" por el uso y la reiteración, además de la característica "arrinconada" que tenía su ubicación dentro del edificio y del barrio.

"SANTO Y SEÑA"

También se estableció un protocolo para el acceso al negocio, a esas alturas funcionando como bar-restaurante clandestino. Se creó así el "santo y seña" que debían dar todos los clientes que golpearan la puerta o tiraban la cuerda colocada en la entrada y que movía una campanita interior. El acceso en esos años quedaba al fondo del pasillo, más allá de aquella puerta de entrada que tenía ya en sus últimos años funcionando en este local de calle San Diego.

Cuando alguien aparecía, entonces, desde adentro les preguntaban "¿Quién vive canalla?"; y el visitante debía responder con la clave de cada día que se difundía oralmente entre los clientes o bien podían enterarse escuchándola como una cuña que se metía discretamente entre saludos leídos al aire en la radio Colo-Colo, quizás la más popular de la frecuencia AM en aquellos años pero que, para curiosidad histórica, en muchos aspectos no disimulaba simpatías por el Régimen Militar.

Hubo innumerables "santos y señas" exigidos para que se abriera esa puerta metálica. Entre otras muchas que se recuerdan, están algunos como: "Canalla llamando a canalla". "Las zarzamoras están moradas". "Canalla, canalla, canalla". "Florecieron los maitenes". "Está lloviendo en Puerto Montt"… sin embargo, fue inevitable que aún con todas precauciones, de todos modos les cayera algunas veces más el peso represivo, con allanamientos, redadas y detenciones.

Muchos políticos, intelectuales y artistas se reunían en "El Rincón de los Canallas", la mayoría de ellos de izquierda, como podrá sospecharse. Por eso el local tiene una evidente y cargada estética política y cultural de esta orientación, abundando las imágenes de Salvador Allende, de Violeta Parra, de Pablo Neruda o de Víctor Jara. Alentado por sus raíces indígenas, don Víctor también acumuló muchas referencias a la cultura e iconografía mapuche y la Araucanía en la decoración. "¡Arauco vive!", se repite por todos lados, aunque no vemos las demostraciones separatistas que están de moda en esta clase de discursos indigenistas, pues Painemal se manifiesta bastante patriota a su manera.

Al asumir la Concertación el Gobierno de Chile en 1990, "El Rincón de los Canallas" se convirtió en un símbolo de enorme valor para los tiempos que en aquellos días comenzaban a vivirse. Tras casi diez años funcionando de forma irregular, se le devolvió su patente comercial y dejó de ser, así, la caverna clandestina que había sido por tantos años. Su pasillo fue llenado por mensajes y proclamas que, según dicen, antes habían sido usadas de "santo y seña", como "Tienes el derecho de vivir en tu país", "Tú siempre primero" o "Lo que dijiste ayer sigue diciéndolo mañana". En la puerta del acceso donde se cumplía con el protocolo de entrada, ahora con timbre, letras blancas anunciaban con orgullo: "Canallas Club Internacional - Chile".

El local alcanzó entonces, de hecho, el prestigio internacional que hoy le identifica, siendo visitado por turistas de todo el mundo que llegaban atraídos por la curiosidad de conocer algo tan pintoresco. Se llenó de "canallas", como son llamados de entrada y hasta hoy los clientes, que formaron una especie de club ad hoc que agrupó a cerca de 4 mil nombres. Nuevas consignas y mensajes políticos fueron pintados en el pasillo de acceso y también adentro. Miles y miles de tarjetas de presentación eran dejadas por los visitantes en los muros del local, además de fotografías y dedicatorias escritas en las mismas paredes. Hacia mediados de la década, llegaron incluso reporteros extranjeros a entrevistar a don Víctor y mostrarle al resto del planeta la existencia de este histórico rincón de Santiago.

En 1998, cuando Pinochet fue detenido en la clínica de Londres para iniciarse un juicio de extradición a España y donde el controvertido Juez Baltasar Garzón buscaba enjuiciarlo, "El Rincón de los Canallas" decidió fijar un "santo y seña" único y definitivo, pues ya tenía sólo un valor histórico y no tenía sentido irlo variando. Quedó establecido entonces, en "¡Chile libre, canalla!", y así se ha conservado desde entonces, aunque sólo se la exige desde las 15:30 horas en adelante. De paso, festinando con la delicada situación internacional que se había vivido hasta el regreso de Pinochet a Chile, se pintó un nuevo mensaje en el pasillo de entrada: "Pin-8 come donde no hay garzón".

La carta del local fue reforzada con características nominales propias y distintivas. Así, por ejemplo, Painemal no vende el  clásico trago "terremoto", sino el "maremoto", prácticamente el mismo a base de pipeño y helado de piña pero con algunos ingredientes especiales que lo hacen maravilloso, uno de los mejores de todo Chile (no confundir con los "maremotos" con menta que ofrecen locales como el "Wonder Bar" de Mapocho o "El Tropezón" de Estación Central).

El resto del menú tomó algunas denominaciones como "Vitalicio", "Cesante" o "Amongelatina" que recuerdan evidentemente, a elementos del lenguaje que se usaba en aquellos años que vieron nacer y crecer a "El Rincón de los Canallas", o el que derivó indirectamente de aquel período. También están el trago "Mortal" y el  "Francotirador", para comprender más o menos la idea general de este concepto.

EL TRASLADO DEL BOLICHE

Sin embargo, al avanzar el siglo XXI, el comercio de calle San Diego comenzó a decaer notoria y gravemente, así como también aumentaba la emigración de los vecinos del barrio, que ya han tenido por efecto la demolición de varios edificios históricos de estas cuadras y la desaparición de boliches inolvidables, como "Los Braseros de Lucifer". La casona donde estaba "El Rincón de los Canallas" quedó desocupada, y el propietario no tuvo más remedio que venderla, comunicándole la terrible noticia a don Víctor, por ahí por el año 2008.

La mala nueva corrió como el fuego en el pasto seco entre todos los fieles "canallas" que conocían el lugar: “El Rincón de los Canallas" cerraba sus puertas. Se pensó seriamente, de hecho, en que el histórico negocio se acababa, en gran medida por el daño irreparable que causó sobre el comercio nocturno de estos barrios el nefasto reordenamiento de la locomoción colectiva que involucró en Transantiago.

Profundamente amargado, Painemal intentó obtener ayuda para mantener su local, pero los mismos políticos que habían escrito parte de su propia historia en las salas de "El Rincón de los Canallas", le dieron la espalda con indignante y grosera indiferencia. Irónicamente, la maldición "canalla" cayó contra los desagradecidos e ingratos: menos de dos años después, esas fuerzas políticas que se habían formado en los recargados y polvorientos comedores del negocio que ahora cerraba sus puertas ante la total apatía de ellos, perdían las últimas elecciones presidenciales con un formidable golpe al orgullo y a la soberbia política.

Todo parecía indicar, así, que el bar-restaurante se perdía, cuando justo encontró casa nueva en julio, en la dirección de Tarapacá 810, casi en la esquina de San Francisco, a unas cuantas cuadras de su antigua sede.

La casona donde hoy está "El Rincón de los Canallas" es mucho más espaciosa y cómoda que su  antiguo local, con dos coloridos pisos totalmente decorados con la misma ornamentación recargada y abundante que reinaba en San Diego. Aún se ven allí las innumerables referencias a la cultura y la política izquierdista, aunque con algo de eclecticismo: también hay fotografías de los cuatro ex presidentes de la Concertación. Pueden encontrarlo abierto hasta las 5:00 de la mañana, pero siempre es necesario reservar antes, si se tienen esos planes.

"El Rincón de los Canallas" actual, cuya propiedad está en manos de doña Mercedes, esposa de Painemal, conserva la costumbre de poner mensajes escritos en las paredes, supuestamente los mismos que, como hemos dicho, habían servido antes de "santo y seña", como: "Tay meao de perro", "El último paga la botella" o "Mañana es demasiado tarde". Allí, en la escala al segundo piso, reza un adagio: "No temas ir despacio. Sólo teme no avanzar".

Por supuesto, se conservan las miles de tarjetas de presentación dejadas por sus visitantes, e innumerables cuadros paisajistas, cerca de 500 donados por pintores o usados como moneda de cambio para una buena comilona, especialmente en sus inicios. Hay tantas banderas chilenas y emblemas patrios que los parroquianos se sienten en una  fonda o chingana dieciochera. Y don Víctor sigue paseándose por el local, con sus gruesas gafas de vidrios oscuros y su delantal impecablemente blanco. Ya es una celebridad en su club. "¡Abríguese usted, papá!" le dice, cuando aparece, la dama sentada junto a la puerta de ingreso, que saluda a todos los asistentes llamándolos "canallas". Era que no.

A su carta de comidas típicas chilenas se han sumado excentricidades nuevas y muy cotizadas, como siempre respondiendo a los contextos de actualidad política o social: además del tradicional pisco sour el boliche canalla ofrece rarezas únicas como el "roto sour", el "milagroso", el "barrabasito", el "chúcaro", el "bihagra" y la pichanga canalla llamada "canastillo".

Ojalá que por el bien de esta ciudad, a veces mustia en la conservación del patrimonio y el folklore urbano, "El Rincón de los Canallas" pueda celebrar muchos años de vida. (Urbatorium)

Buenos paladares


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

MUJER
PILAR HURTADO
(FEBRERO) TATAKI (Vitacura 3708 / 229 335 623): “De la carta -que es amplia- empezamos con un tiradito nikkei de salmón con aderezos nipones, y un ceviche Tataki, de pescado, salmón y pulpo, con soya y sésamo. Nos pareció que el pescado estaba cortado de forma irregular, sin cuidado ni cariño, si bien ambas entradas estaban sabrosas y bien aliñadas, así como correcto el punto del pescado.” “Continuamos probando algunos rolls: thai e Ismael. Thai, de camarón, pepino, cebollín y tomate confitado, frito en coco y con salsa de curry amarillo. Nos pareció equilibrado y rico. Ismael, crocante de salmón, salmón, espinacas y queso crema envuelto en salmón, original y con la espinaca blanqueada y crocante, fue mi favorito.” “Agradable el lugar y buena relación precio-calidad. Salvo por el olor a comida del inicio y una cierta lentitud, nos pareció un buen lugar para juntarse con amigos.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(FEBRERO) MR. FISH (Carlos Antúnez 1823 / 228 257 852): “Tienen merluza austral ($5.900), reineta ($5.900), trucha arcoíris ($5.900), congrio ($6.900) y camarón ($7.500) fritos. La reineta y la trucha pueden pedirse a la plancha, pero hay que consignar que el rebozo está buenísimo. Y el precio del listado contempla un acompañamiento, como unas papas fritas gruesitas y doraditas, o un generoso pote de ensalada coleslaw, o ensalada chilena o polenta. Y, aparte, un par de salsitas a elección.” “Del par de visitas, algunas carencias -merluza en una, lo mismo que crema ácida-, y un aperitivo que está bien de sabor -unas bolitas de jaiba ($4.900)- aunque un poco secas. Hay que considerar que la porción de pescado no es menor, ojo. Aparte, con un buen servicio -diez minutos promedio por pedido-, música brit de los ochenta, buenas cervezas sin exagerar en la oferta y pescado todos los días, sólo queda felicitarlos.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(FEBRERO) EL UNICORNIO AZUL (Avda. del Mar 1350. Maitencillo /  322 771 413): “Lo que aquí mejor se come es de raigambre popular. Una estupenda paila marina ($9.800), con buen trozo de pescado, almejas cocidas a punto (o sea, no duras), camarones, miniostiones, choritos, excelente caldo. Muy bien. Y también bueno el congrio frito que, en media porción ($4.400), llegó perfecto: impecable fritura, seca, dorada, interior jugoso, tierno. Observación: traía adherida la fritura un par de misteriosos residuos azules... Pero, como el servicio es lento, lento, preferimos retirarlos a pedir cambio.” “También estuvo a la altura de las expectativas el pastel de jaiba ($8.800) que, en una región donde éste se hace con maestría, es uno de los mejores. Igualmente, los locos apanados, bien apanados, con la fritura bien seca ($12.800), acompañados de un pote de algo como salsa tártara, algo dulzona. Porción moderada, para el precio.” “…el servicio, lentísimo, descuidado, desordenado (faltaban los cubiertos, no se retiraban los platos antes de traer los siguientes, con la consiguiente confusión, el vino se trajo a la mesa ya servido en copas, no había un cubo para enfriarlo).

martes, 23 de febrero de 2016

Revista LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 25 de febrero al 2 de marzo, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: Transgénicos: ¿Sí o no?
MIS APUNTES: Catae: otra sorpresa hotelera
CRÓNICAS CON HISTORIA: Pancho Causeo, un ícono capitalino
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

La nota de la semana


TRANSGÉNICOS
¿SÍ O NO?
Sin duda alguna, la palabra “transgénico” se ha vuelto parte de nuestro lenguaje diario. Y no necesariamente porque la usemos sino porque la vemos en el periódico, en las campañas de grupos ecologistas, en boca de quienes tienen hábitos saludables de alimentación y también en trabajos científicos de biólogos, investigadores y médicos.
Si la ha escuchado, sabrá que tiene una connotación bastante negativa, pues se le asocia con mutaciones genéticas alimenticias que, se dice, repercutirán en nuestra salud. De acuerdo a Greenpeace, un transgénico “es un ser vivo creado artificialmente con una técnica que permite insertar a una planta o a un animal genes de virus, bacterias, vegetales, animales e incluso de humanos”.  De esta forma, los biotecnólogos pueden insertarle a una verdura o fruta genes para volverla resistente a los herbicidas.
Pero ¿cuáles son realmente los pros y los contras de los alimentos transgénicos? Científicos de la Universidad Autónoma de México analizaron el tema y los presentan a continuación:
-         Consumo de alimentos con más vitaminas, minerales y proteínas y menores contenidos de grasas
-         Producción de ácidos grasos específicos para uso alimenticio o industrial
-         Cultivos más resistentes a los ataques de virus, hongos o plagas sin la necesidad de emplear productos químicos. Ello implica un menor gasto y un menor daño al medio ambiente
-         La creación de cultivos más resistentes a los pesticidas, de manera que se pueda mantener la producción, reduciendo el número y cantidad de productos empleados y favoreciendo así el uso de productos menos agresivos con el medio ambiente
-         Mayor tiempo de vida en hortalizas
-         Cultivos más resistentes a las sequías
-         Consecuente aumento de la producción, cumpliendo la promesa de alimentar a los desnutridos del mundo que, según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), suman mil millones
Todo esto suena muy conveniente, pero los alimentos transgénicos también tienen un lado oscuro. Estas son las desventajas de los transgénicos:
-         Riesgo de hibridación
-         Posibilidad de que haya rechazo frente al gen insertado
-         Posibilidad de que los genes no se desarrollen de la forma esperada y se creen nuevas especies, con todo lo que esto implica
-         Sus efectos sobre la salud, tanto de la tierra como de los animales y humanos son absolutamente desconocidos.
-         En pruebas de laboratorio se ha constatado que los organismos alimentados con transgénicos sufrieron mutaciones genéticas, lo cual supone evidentemente un riesgo para los humanos también
-         Se desconoce si pueden provocar alergias en el ser humano
-         Provocan contaminación genética irreversible. La aparición de organismos con ventajas de adaptabilidad podría poner en peligro de extinción a especies endémicas o silvestres
-         Implica modificar para siempre una actividad tan histórica como la presencia del humano en la Tierra: la agricultura
Sin duda es un hecho que desconocemos el alcance que los alimentos transgénicos tendrá en todos los ámbitos: la agricultura, la economía y por supuesto la salud, tanto de la Tierra como de nosotros mismos.
El tiempo será el único que nos dará la respuesta.
 

Mis apuntes


CATAE
Otra sorpresa hotelera
En el último tiempo, las cocinas de los hoteles santiaguinos están dando de qué hablar y uno de los chefs que ha protagonizado esta revolución es Mariano Bambaci, hoy a cargo del restaurante Catae del nuevo hotel Renaissance.

El Catae no es cualquier lugar, deslumbra con su diseño vanguardista, que con su cocina novedosa y creativa, ha logrado ganarse el corazón de muchos comensales que van más allá de los turistas llegan al Hotel Renaissance, donde está ubicado.
Al argentino Mariano Bambaci siempre le gustó cocinar, pero fue mientras estudiaba Diseño Gráfico que se dio cuenta que su futuro estaba detrás de los fogones, ahí se volcó de lleno en una profesión que le apasiona y que aprendió desde pequeño gracias a su abuela. Su formación se inició en la escuela de Gato Dumas en Buenos Aires, para más tarde trabajar en los reconocidos restaurantes porteños Sucre y Algodón, ambos pertenecientes a cadenas hoteleras.

En 2012 llegó a Chile como sub chef de banquetes del Grand Hyatt Santiago, y un año después formó parte del equipo que pondría en marcha la cocina que hoy le pertenece. En primera instancia él era el segundo hombre a bordo, secundando al chef Mariano Cid -que abrió este restaurante-, pero al poco tiempo asumió como chef ejecutivo y pudo dar rienda suelta a su creatividad en este moderno y lujoso restaurante.

Sin bombos ni platillos, este lugar hace gala de una comida de gran nivel, osada e innovadora, pero sumamente aterrizada, partiendo por la utilización de distintos ingredientes chilenos, que sin ser forzados se realzan en maravillosas preparaciones. Además de sabrosos, sus platos son muy nobles, respetando las texturas y sabores de cada ingrediente que va agregando a la receta. Con una acertada carta de vinos, conocí algunos de los platos de su nueva carta como un Huevo azul pochado y cocinado a baja temperatura y luego unos maravillosos Langostinos antárticos a la parrilla con espárragos ahumados, aderezados con curry casero y piña ($11.500). Brillante contrapunto lograron también las Mollejas de cordero a la plancha acompañadas de una terrina de prietas y manzana ($8.600). A hora de los postres, elaborados por Roberto Muñoz, destaca un Queque de zanahoria con gel de hinojo, canela y clavo, con helado de mascarpone con flor de hinojo. ¡Una experiencia total! La cocina funciona como un equipo, no existe una guerra de egos ni el chef jefe, sino que todos se comunican y lo pasan bien guiados por un líder, cosa que se ve reflejada en lo que se sirve a los clientes. Aquí nada falla y eso ocurre principalmente porque todos abogan por una labor impecable. Es más, es el propio equipo de cocineros el que le ha ido mostrando al chef el abanico de ingredientes disponibles en Chile y todas sus regiones.

Definitivamente, el desafío no solo ha sido hacer una cocina que rinda tributo a las materias primas nacionales, sino que el chef se ha puesto una meta sólida: ser uno de los mejores gracias a su mente innovadora, sofisticada, sabrosa y noble.
Catae: Hotel Renaissance, Av. Kennedy 4700, Vitacura / 226 788 888

Crónicas con historia


PANCHO CAUSEO
Un icono capitalino
Es común que algunos restaurantes santiaguinos presuman de representar tradiciones de chilenidad y de cultura urbana. Es un cliché con cierto valor y comodidad pues, además de ahorrarle al locatario grandes gastos en decoraciones sofisticadas o conceptos de ambientación, permite darle de inmediato al negocio una connotación de empatía que garantiza las visitas de cierto tipo de comensales y, además, sirve de anzuelo a los turistas pajarones.

Desde nuestro punto de vista crítico, sin embargo, la presunción de chilenidad y tradición para esta clase de locales la otorga no sólo la imitación de los patrones estéticos u ornamentales de lo que los chilenos reconocemos como nuestra propia identidad, sino el hecho de que dichos establecimiento hayan crecido con la propia formación de la chilenidad a la que aluden, siendo depositarios de esa vertiente cultural y, a su vez, irradiadores de la misma.

 
Hay barrios enteros donde este caudal de chilenidad bulle desde y hacia cada uno de sus bares o restaurantes más tradicionales. Son barrios antiguos, añosos, que se agrietan bajo el peso de su propia historia y van desnudando sus viejos ladrillos como si el pasado quisiera aflorar desde sus entrañas, hacia la luz de los tiempos. San Diego, Mapocho, Independencia, Recoleta, Diez de Julio, Avenida Matta... Tantos lugares en Santiago con estas características que sobreviven como tales sólo por la generosidad y autoprotección que les permite, precisamente, esa misma chilenidad de la que son depositarios. Estación Central es un icono de esta clase de lugares. Ostenta en sus barrios a verdaderos templos de la tradición chilena, picadas, bares y sucuchos convertidos en núcleos culturales a fuerza de tradición y de tiempo. Uno de los más notables sin embargo, que cumple con todas y cada una de las características que se asocian a la tradición en las inmediaciones de la Estación Central, es el "Pancho Causeo" (en realidad llamado "Picá Pancho Causeo"), uno de los centros culinarios de mayor antigüedad y popularidad en toda la gran ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, tanto así que sus orígenes casi se pierden en la oscuridad del tiempo, como veremos.

MÁS DE UN SIGLO...

El "Pancho Causeo" está instalado en una vieja casona del barrio Pila del Ganso, en la avenida Ecuador 4102, esquina de Toro Mazotte, comuna de Estación Central. En realidad es el primer piso de una edificación que, originalmente, tenía tres niveles, con fachada de ladrillos de color rojo colonial y parecido a la arquitectura itálica de las residencias populares del siglo XIX. El negocio constituye un símbolo, más que del barrio, de todo Santiago o acaso de Chile mismo.

No se sabe exactamente cuándo fue fundado allí exactamente el establecimiento como tal, pues pasó por un proceso de descubrimiento y adaptación del negocio. Si bien reza hoy con orgullo en sus letreros "Desde 1900 al servicio del cliente", los propietarios actuales sospechan que su fecha exacta de apertura debe haber sido por ahí por 1898. Es difícil precisarlo a estas alturas. Lo que sí parece estar claro es que el local ya existía en la década del veinte prácticamente tal cual se lo puede admirar hoy, en este barrio que es uno de los más antiguos de la Estación Central.

El fundador de esta catedral de historicidad culinaria y tradición santiaguina fue  Francisco Aliaga Uriarte, quien había venido de Valdivia para trabajar como repartidor. Con instinto emprendedor, don Pancho decidió adaptar su casa para instalar una botillería y, en la misma, ofrecer durante las noches causeos de cerdo con una receta propia de una especie de pebre a base de tomate, ají y ajo, que le dieron gran fama y que le abrieron las puertas al negocio de la gastronomía. Perniles, embutidos, arrollados y causeos le condujeron a su nombre: "Pancho Causeo".

Aliaga completó la adaptación del resto de su casa para convertirla en restaurante; aumentó su personal y así nació el local que hoy le conocemos. La lealtad de los consumidores no tardó en hacerse manifiesta. El escritor Enrique Lafourcade, otro visitante del local, cuenta parte de los primeros años del "Pancho Causeo" en un interesante reportaje que publicara en el diario "El Mercurio" del 19 de septiembre de 1999, titulado "Los Arquetipos de un País": "El merendero, taberna o mesón encendía sus fogones y hornos antes de las 10 de la mañana. Llegaban los veguinos del remate y los feriantes de Maipú "a dejar el bille" y los polleros de la Estación Central. Venían amanecidos, albeados. Algunos partían con sus carretelas a las 2 o 3 de la mañana. A las 4, el remate de La Vega. Liquidaban sus acelgas, sus alcachofas, sus zanahorias. Y con el solcito que comenzaba a calentar, al "Pancho Causeo" a un buen desayuno con arrollado caliente, pailas de huevos con café con leche y tortillas con chicharrones, y métale aguardiente con vino, y a esperar la salida de los perniles".

LA PICÁ DE AYER Y HOY

El "Pancho Causeo" está compuesto de una sala principal, donde están el mesón, las cocinas y la caja; y otras salas posteriores que conservan la distribución de los antiguos cuartos de la casona que ocupa, con algunos muros verdes y cuadros paisajistas. Su decoración es simple y típica de este tipo de locales. A pesar de la sencillez, se nota que los Aliaga se han esforzado en mantener la elegancia rústica de este local, acogedor y cómodo, atendido también por camareras de enorme simpatía y eficiencia. Su ambiente es casi familiar, tan lejano a la impersonalidad gélida de otros servicios de gastronomía más modernos que, como hemos dicho, se adjudican con arrogancia rasgos de chilenidad que, comparados con lo que uno ve y percibe en el "Pancho Causeo", no parecen más que una caricatura sin rigor.

Curiosamente, sin embargo, parte importante de su actual público son estudiantes y clientes jóvenes, dada la cercanía del negocio con las dependencias de la Universidad de Santiago. También hay aún visitas ilustres, que aparecen por el local atraídos por el aroma de su merecido prestigio.

La actual generación de los dueños del local, es la quinta en la línea de sucesión (tataranietos) de su fundador. En este siglo y una década de existencia, los herederos de don Pancho no han cambiado mucho ni el aspecto ni tampoco la carta, otra característica propia de los negocios basados en la tradición y no en la adaptación flexible. Sus ofertas más populares son los perniles, las parrilladas al disco, prietas, chuletas, costillares y arrollados al plato o en sándwich. Las bandejas y platos son de una abundancia extraordinaria. Fuera del reino porcino, están el  lomo a lo pobre, la cazuela, el pollo asado y el pollo al coñac entre los principales platillos en cartelera. Una visita al "Pancho Causeo" es una verdadera clase de comidas típicas chilenas.

Así pues, el "Pancho Causeo" es una visita obligada para el investigador del folklore y del costumbrismo que impregnan los rincones más clásicos de nuestra ciudad. Permanece como una auténtica fumarola de chilenidad en el viejo Santiago, prometiendo desde sus inicios el ofrecer los mejores causeos encebollados, el más jugoso de los costillares con puré picante y los más suculentos perniles con papas de todos los menús nacionales. "Desde 1900", entonces, junto a su fiel, bien complacida y muy satisfecha clientela. (Urbatorium)

Buenos paladares


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONOMICA

MUJER
PILAR HURTADO
(FEBRERO) EL HUERTO (Orrego Luco 054, Providencia. Fono 222 332 690): “Tomamos jugos de naranja-zanahoria, que sirven a temperatura ambiente, a pesar del calor veraniego, si bien siempre se puede pedir hielo. De la carta elegimos cada una un plato, mi amiga una gran ensalada Imperio Romano, con arroz integral con palta, pimientos asados, hojas verdes, tomates caramelizados, berenjenas, alcaparras, champiñones y una vinagreta con hierbas frescas como aderezo. El plato era tremendo, pero el aliño no le pareció suficiente a mi amiga, así que pidió aceite también. Yo opté por un plato caliente, el gratín de berenjenas con tomate y queso, que estaba muy rico y bien preparado, contundente, pero no pesado.” “La atención fue amable, pero algo lenta la llegada de los platos de fondo…”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(FEBRERO) AMADEO
(Constitución 187 /222 449 885): “¿Menos de cuarenta mil pesos por una cena completa, impecable? Sí.” “De entradas, un tártaro de salmón ($3.990) en el que los sabores complementarios -palta, sésamo, manzana- no mataban al del pescado (como suele ocurrir). Y una médula ($3.990) nevada con avellanas molidas, junto a tres chalotas glaseadas y un mix de hojas verdes. Para los amantes de este pecado tapa-arterias, es una variante inesperada que facilita comerse la porción entera. OMG, benditos sean.” “De los fondos, un arroz meloso ($4.990), en verdad un risotto en regla, impecable, al dente, de manual, con mariscos varios y la justa cuota de queso. Y un pescado del día ($9.900), que fue merluza austral, servida al punto, acompañada de un actor secundario que se comportó como protagónico: brócoli, porotos verdes y arvejas al dente, con un poquito de puré de arvejas a la menta casi escondido bajo los vegetales y semillas molidas espolvoreadas encima. La evidencia pura de que hay alguien en la cocina que realmente sabe cocinar.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(FEBRERO) DIMALOW (10 ½ Norte 731, Viña del Mar / 322 123 503): “Esta vez nos tocó un menú que incluía, como entrada, un gazpacho con un toque particular: en vez de vinagre corriente, llevaba aceto balsámico. Con su ajo, discreto, pero indispensable, y unas "migas de albahaca", resultó sencillo y fino. Y la otra opción de entrada era una tarta de caviar de berenjena, realmente muy buena, con una ensalada fresca.” “Los fondos. Una tilapia (no quedó claro si era eso o blanquillo) sobre arroz con una guarnición de pulpo a la parrilla. También nos pareció bien lograda la idea y la ejecución. El otro fondo fue un enorme trozo de filete, cocido a punto, sobre lentejas a la española, que llegaron "al dente", en circunstancias que las legumbres no se comen "al dente"; pero muy sabrosas.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(FEBRERO) CAFFE ARMANI (Distrito de Lujo Parque Arauco, Local 481 Las Condes / 222 455 005): Con la idea de que “menos es más”, la oferta de este negocio trabaja con excelentes productos importados, consciente de que si son menos pueden destacar mejor su gran calidad.” “Un buen número de ensaladas notables, como la de mozzarella de buffala con prosciutto (jamón crudo $13.800), formidables ravioles de zapallo ($9.400), Tortelli con hongos ($8.800), ravioles de alcachofa y queso de cabra ($9.400), costillas de cordero y queso azul acompañado de vegetales salteados ($14.800). La lista es muy larga antes de llegar Al tiramisu con Kalúa y helado capuccino ($5.800), la mousse de nocciola Y  la sopa cerezas y berries con helado de yogur, antes del café.”

 

 

 

martes, 16 de febrero de 2016

Revista Lobby


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 18 al 24 de febrero, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: Cultura gastronómica
MIS APUNTES: La opción vegetariana del Risthedar
CRÓNICAS CON HISTORIA: El Completo: chileno por adopción
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

La nota de la semana


CULTURA GASTRONÓMICA
Adrián Herrera, chef y escritor mexicano

No hay cocinero que no sepa hornear un pollo, cocer un pescado a la plancha o en caldo corto, asar un trozo de res a las brasas o saltear una verdura y dejarla crujiente, perfecta.

Bueno, por lo menos eso es lo que yo creía. Pero con toda la gente con la que he trabajado ahora, me doy cuenta de que cada vez es más difícil encontrar un cocinero que no haga pendejadas con los alimentos: o los seleccionan mal o los cuecen de manera equivocada. Con tanta chingada escuela de cocina y con el ímpetu tan fuerte de comer y cocinar, me sorprende que no haya aumentado la calidad ni de los cocineros ni de los comensales. Antes seguimos en este marasmo de comida industrializada y de cocina fácil y despreocupada. Cierto, han abierto muchos restaurantes con cocineros excepcionales, y el consumo y apreciación del vino va en aumento. Pero nos faltan eones antes de proclamar nuestra cocina como un suceso internacional y nuestra sociedad como una de sibaritas. Hay que trabajar más duro y hacer más ruido.
El caso es que en cocina, como en cualquier otra disciplina, el conocimiento se acumula y se vuelca sobre sí mismo constantemente para generar variantes y actualizarse. Ahí está la base del problema: la gente ha olvidado las recetas clásicas que dieron fama a cocineros y épocas. A un cocinero le pedí que me hiciera un Stroganoff: enmudeció y creo que no recuperó el habla. A otro lo instruí para que ejecutara un caldo de cola de res al jerez y me hizo una porquería que todavía tengo atorada en alguna porción del intestino.

Hay una falta de educación y cultura gastronómica tremenda. Se supone que todo eso deben aprenderlo en la escuela; se supone. Pero salen de lo más ignorantes. Y tampoco saben una chingada de té, café, vinos y licores. Permítame explicarle algo: es nuestro trabajo conocer esos materiales, son parte de nuestra agenda. No entiendo la ignorancia, y aún peor: la falta de interés. Sí, es mucho conocimiento. En todas las disciplinas existe una demanda por aprender grandes cantidades de cosas. ¿Acaso la cocina es una excepción?
Me cargan los llorones mediocres que se desesperan porque tienen que seguir leyendo y estudiando después de que terminaron una carrera técnica o licenciatura. Pues les tengo una noticia, flojos descerebrados: nunca se termina de leer y de experimentar, nunca.

Esa es la base de este negocio. Si estudias literatura, empiezas por los clásicos, ya sabes: el mundo grecorromano, la gran China, etcétera. Luego te pasas a otros periodos y estudias las expresiones que le dieron forma a esa época y que contribuyeron a crear otra etapa evolutiva. Lo mismo ocurre con la gastronomía: es mucho lo que uno debe saber, pero este conocimiento, además de aportar cuestiones técnicas, nos otorga cultura.
Eso es algo que los cocineros jóvenes de hoy no tienen. Pueden mostrar ímpetu, pero al momento de sentarse a leer y estudiar fallan. Se concentran en lo técnico y olvidan la parte multicultural que está detrás, el significado y conexión que tiene la cocina con todo. Cocinar profesionalmente es una actividad que implica muchas disciplinas e intereses; se requiere una vocación por aprender, por cuestionar, y un gozo por llevarlo a cabo y finalmente traducir toda esa experiencia en la mesa. Los cocineros sin educación gastronómica son simples choferes, burros de carga sin pasión ni chispa por lo que hacen. ¿Quieres ser bueno en esto? Ponte a estudiar y a practicar como desquiciado, y deja de echarte en los huevos. Esta es una profesión muy compleja y muy completa, y está diseñada para crear profesionales que modifiquen su sociedad y la hagan mejor. No es un puto hobby.