miércoles, 16 de noviembre de 2016

LOBBY MAG


LOBBY MAG.
Año XXVIII, 17 AL 23 de noviembre, 2016
MIS APUNTES: Aldea  Paraíso
EL REGRESO DE DON EXE: Almorzando con Cayetano Brulé
REMASTERIZADOS: Las papas fritas
 
 

MIS APUNTES


 
ALDEA PARAÍSO
El Barrio Bellavista tiene cierto parecido a la popular historieta de Condorito y su pueblo Cumpeo, donde “dos se van y tres llegan”, ya que el movimiento de cierres y aperturas de restaurantes es constante. Sin embargo una pareja de diseñadores ha logrado conquistar un variopinto público gracias a la remodelación de una casona media abandonada en la calle Constitución, que convirtieron inicialmente en un café con un par de especialidades y luego, tras un año de trámites, lograron la ansiada patente de alcoholes, lo que les permitió diversificar su oferta  y ampliar su horario.

Más que un restaurante parece un pequeño bistró de esos que proliferan en los países desarrollados, que atrae a muchos estudiantes extranjeros para saborear plácidamente algunas de las especialidades del lugar, donde el chef y sus propietarios –de origen israelí- intentan hacer un mix de recetas típicas mediterráneas y del medio oriente a la que suman algunas mezclas inéditas donde la honestidad es parte de la entrega.

Para iniciar un grato almuerzo, infaltables son los Falafel con salsa de yogurt (6.500) Samosas frescas (6.200) y algunos trozos de Pizza (entre 6.200 y 7.900) de muy buena factura. A disposición de los clientes, un comedor central y algunos más pequeños donde es posible beber una copa y comer alguno de estos bocadillos sentados en cómodos sillones de estilo retro y atractivos coloridos.  

Con la venia de la patente de alcoholes y el aumento de sus clientes sumaron una serie de platos de fondo (enormes) donde destaca la Plateada (10.200) en salsa de champiñones, papas fritas rústicas, chutney de morrones y tomate, acompañada con cebolla glaseada, un plato abundante, sabroso gracias al aporte del chutney y que es capaz de saciar el hambre de dos personas sin problema alguno. Rico también (aunque con algunas licencias) el Curry massaman de pollo (8200), que desgraciadamente lo acompañan con arroz normal, algo que afecta la receta. Novedoso también un salmón grillado (8.500) acompañado de hummus, ese noble producto del oriente preparado en base a garbanzos.

Postres diversos aunque no visualizamos pastelería oriental. Sin embargo digna de destacar es la Sopa escandinava de frutos rojos (4.200), una buena y veraniega alternativa para finalizar un tranquilo almuerzo en un rincón de Bellavista que bien vale conocer.

Hay ambiente en este lugar que tiene mucho de mediterráneo, pero “à la mode” del chef y sus propietarios.

Aldea Paraíso / Constitución 123, Barrio Bellavista / 22732 5730

EL REGRESO DE DON EXE


 
ALMORZANDO CON CAYETANO BRULÉ*
Un día de la semana pasada recalé en Valparaíso. Mi jefe quería un reportaje de los restaurantes de la Caleta Portales. A decir verdad, poca gracia me hizo ya que no debía ir al mejor, sino a los ambigúes chicos que absorben los excedentes de clientes del boliche madre. Llegué con sed y un calor que quise aplacar con cerveza. Cuatro merenderos en línea me invitaban a conocer sus especialidades. Entré al último. El Timón se llamaba. Obvio, todo en esa caleta tiene nombre a mar, a pescadores y a océano.

- ¿Cerveza muy fría?, pregunté.

- Entre no má, caallero. Acá tenimos de todo -me dice un mozo veterano y gordo con humita y una camisa que algún día fue blanca y que ahora roza el color gris apelmazado.

No había casi nadie almorzando. Casi nadie a decir verdad. Sólo un cliente que bebía de una botella de Casillero del Diablo en unas añejas copas Normandie. Alzó la vista al verme entrar y lo reconocí.

- ¿Cayetano?
- Si –me dice-, en vivo y en directo. ¿Me conoces?
- Tu pelada me es inconfundible. Soy Exe. Nos presentó tu mujer hace muchos años. Yo fui amigo de Ángela Undurraga y nos conocimos cuando llegaste de Miami.
- Era -me dice seriamente mirando su copa-. Me abandonó.

Quise salir arrancando pero me ofrece su mesa. –Estamos solos Axe, brindemos juntos.

 - ¡Exe!, Cayetano. Exe. Axe es un primo.
- ¡Ahora me acuerdo de ti! Lo que pasa es que antes tenías el pelo negro pero tu cara de huevón no se te ha quitado, ¿Aun te tiras a la Solange?

Envidiable la memoria de este tipo. Ni yo me acordaba de esa juvenil musa. Estábamos haciendo buenas migas. Pedí un botellín de sauvignon blanc San Pedro y mientras bebíamos nos contamos nuestras vidas después de casi cuarenta años sin vernos.

Cuento corto, el detective Cayetano Brulé, nacionalizado norteamericano y nacido en La Habana, Cuba, en 1945, emigró con sus padres a Florida en 1956, tres años antes que Castro tomara el poder. En Miami conoció a una chilena que lo trajo a Chile en 1970 (cuando Allende asumía el gobierno), y es justamente por el año 1973 que se le empieza a caer el pelo, para llegar a su pronunciada calvicie actual (Ahí lo conocí). Cuando tenía 18 años, por el año 1963, realizó su servicio militar en las fuerzas acantonadas en Alemania (posiblemente conoció a Elvis Presley en esa época). Le gusta leer a Hemingway (según me contó su exmujer), y actualmente vive en Valparaíso en el cerro Concepción y su oficina se ubica en los altos del Edificio Turri.

En su juventud no sintió ningún interés por los estudios universitarios, y posiblemente influenciado por las series de detectives a mediados de los años 60, después de su regreso de Alemania, siguió un curso a distancia de Detective Privado en una “prestigiosa” academia que incluso ofrecía sus servicios a Chile y a toda Latinoamérica incluyendo ofertas de Peluquería y Maquillaje.

Decidimos almorzar juntos. Mientras hablaba de su vida, de sus aventuras y de su nuevo amor, Margarita Flores, dueña de una agencia de empleos que a veces le ayuda en la obtención de información, me cuenta que otra persona le ayuda en sus trabajos: el oscuro y siniestro Inspector Zamorano, que colabora porque Cayetano Brulé lo tiene cogido de los cocos, pues sabe que el mentado Inspector participó en la tortura de opositores al régimen militar del General Pinochet, y al parecer, para Cayetano, es mejor sacarle provecho que denunciarlo a las autoridades.

Tiene tantas historias que le dejé hablar. A la mesa llegó un rico pan amasado y una picante pasta de ají colorado con cebolla y perejil. Pedimos en común dos cócteles de camarones y dos merluzas fritas con puré. Y otro Casillero sauvignon blanc para seguir escuchando sus aventuras, que me fascinaron más que las películas de 007.

Me contó que al llegar a Chile, al poco tiempo su mujer lo abandonó (en la actualidad existen variadas versiones del porqué del abandono, al parecer ella era muy fogosa. La versión más vigorosa es que Cayetano necesitaba mucha concentración para los oficios en la cama y un leve pitazo de timbre de teléfono lo ponía en estado blandengue, pero todo son rumores). Sintiéndose solo, decidió dedicarse a la investigación privada y realizó inicialmente una serie de trabajos que apuntaban a comprobación de infidelidades, seguimiento de personas, robos, investigación de antecedentes y cosillas por el estilo. En virtud de este tipo de trabajos, que los realizó con mucho éxito, empezó a practicar sus gustos por la buena mesa (desde su punto de vista), de manera que su espectro gastronómico va desde el cerdo asado con arroz, frijoles y yuca, pasando por una copa de cognac con huevos fritos, sin despreciar la crema de tomates seguido de un bistec a lo pobre, dándole un toque de elegancia con un Casillero del Diablo, el vino que ahora bebemos con fruición.

Noventa minutos de su intensa vida y cinco de la mía fue el resumen de este almuerzo con Cayetano. No está retirado aún y gracias a sus contactos, visas y nacionalidades, se mueve entre Chile, Cuba (a pesar de que odia a Fidel) y Estados Unidos como si fueran sus propias moradas. A saber, Cayetano nació en Luyanó, La Habana, donde vivía en la casa de sus abuelos paternos. Su padre, Gastón Brulé, era un trompetista que trabajaba entonces en una de las numerosas orquestas cubanas de mambo que se marchó con su familia a probar suerte en Nueva York.

Si bien el cóctel de camarones estaba cargado al ketchup, nuestra merluza frita estaba de dioses. Una gran porción donde sólo faltaba la cabeza y cubría el plato de oriente a poniente. El puré, casero, lo arreglamos con el pebre de la casa y ciertamente, tras una larga y extensa conversa, otra botella de Casillero llegó a nuestra mesa.

Los duraznos y piñas en conserva no nos convencieron. Tampoco el café instantáneo final, tradición que ojalá desapareciera de todos los merenderos del país. No me dejó pagar la cuenta. Sacó de su bolsillo unos arrugados billetes y dejó una buena propina. –Tengo algunos ahorros, me comentó. – Hoy vine a la caleta Portales a despedirme por algún tiempo de Valparaíso. Viajo mañana a La Habana. Me contrataron para ver si puedo hacer algo por este chico Marambio, que de revolucionario paso a convertirse en un empresario de éxito gracias al gobierno cubano, pero ahora cayó en desgracia. Veremos… veremos.

Antes de despedirnos -en una de esas para siempre-, caminamos por la playa de la caleta. Calor y hermosos cuerpos juveniles tomando sol y jugando paletas. Cayetano, con un raído impermeable crema que agitaba el viento y yo, con mi clásica chaqueta de tweed mirábamos a las lindas sirenas que lucían sus juveniles trastes en una provocadora y caliente primavera. Mañana Cayetano estará en La Habana, posiblemente con Mercedes, su amante caribeña. Yo, añoro a Sofía. Hay un mundo de diferencias entre Cayetano y yo, sin embargo algo en común tenemos: los años, el gusto por la buena comida, la bebida y las mujeres lindas (o sea, todas).

No teman entrar de vez en cuando a un ambigú cualquiera. Las sorpresas pueden ser maravillosas y entretenidas. Casi de novela.

 Exequiel Quintanilla

*Si quiere conocer más aventuras de Cayetano Brulé-el personaje de ficción creado por el escritor Roberto Ampuero- le aconsejo al lector que vaya tras sus libros escritos. De los que ubico, no se pierdan los siguientes: ¿Quién mató a Cristián Kustermann?, Boleros en La Habana, El alemán de Atacama, Cita en el Azul Profundo, Halcones de la noche y El caso Neruda, entre otros.

 

REMASTERIZADOS


 
LAS PAPAS FRITAS
Mucho se ha escrito sobre los orígenes de la papa como alimento de masas:… si Pizarro la llevó a Europa, si Parmentier la hizo comestible en Francia, si Sir Raleigh la introdujo en Inglaterra, pero en verdad nada de eso tiene el menor interés, porque hasta que no se inventó la papa frita, el miserable tubérculo no servía para nada en Europa

 ¿A quién le debe pues la Humanidad tan inconmensurable hallazgo?

Pues a doña Matilde, concubina a la sazón del párroco de Villapedre a mediados del Siglo XVIII, quien a su vez era oriundo de Andujar, y tenía la sana costumbre de tener siempre en casa una tinaja de buen aceite de oliva de su tierra cordobesa.

Una noche que la brava asturiana no estaba de buen genio, agarró un par de aquellas llamadas “turmas de tierra”, que su prima le había traído de las tierras de Mondoñedo diciendo que con hambre hasta se podían comer, y, partidas por la mitad, las echó en aceite hirviendo, diciendo para sí: “A ver si alguna vez revientas, andaluz de mal agüero.”

Pero el curita, a quién le habían dicho que el arzobispo gallego estaba por la labor de cobrar diezmos por aquella extraña trufa blanca, quedó feliz, y lejos de reventar le dijo a su manceba: “Mati -así la llamaba en la intimidad del hogar-, desde hoy esta cenita la quiero todas las noches”.

Dicen que poco después acertó a pasar por allí el legendario gastrónomo lucense J. de Candelucus, que volvía de una fiesta que habían dado en el patíbulo parisino en honor de Luis XVI y su esposa María Antonieta y, al probar aquel manjar se sorprendió, pero como buen gallego, guardó el secreto para sacarle partido en mejor momento.

Al parecer fue años después cuando, en una noche de copas y aguardiente, se lo dijo a su compañero de juegos Antoine Augustin Parmentier, y aunque éste hizo la prueba con mantequilla, el éxito fue tal, que la faz del mundo cambió.

Desde entonces y a galaxias de distancia, el planeta Tierra huele a papas fritas.

Por ellas los hombres luchan y mueren, y desde Alaska hasta Tasmania, en cualquier boliche del mundo por apartado que esté, siempre habrá un plato de papas fritas con que consolar al más miserable trotamundos.

No se crean que hacerlas es tarea fácil, porque desde que se inventaron las freidoras y el aceite de maravilla, conseguir un plato de buenas papas fritas, es más difícil que una buena terrina de hígado de pato.

Se pueden encontrar en cualquier comedor… pero bien hechas, eso ya es harina de otro costal.

 

martes, 8 de noviembre de 2016

LOBBY MAG


LOBBY MAG.
Año XXVIII, 10 al 16 de noviembre, 2016

LA NOTA DE LA SEMANA: ¿Chapsui o Pollo Arvejado?
MIS APUNTES: Ox
EL REGRESO DE DON EXE: Cómo conocí a la paquita
TURISMO: Museos de París: lo nuevo de lo nuevo
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA


 
¿CHAPSUI o POLLO ARVEJADO?

 
¿Nos gusta la comida china?

Buena pregunta y muchas respuestas. Más de algún purista dirá que lo que se come en Chile como comida china es una representación minúscula de la comida cantonesa y que esa gastronomía es bastante más que eso. Razón tiene nuestro “purista”. Sin embargo el fenómeno de la comida china-cantonesa en nuestro país llegó para quedarse por mucho tiempo. Es una comida popular, económica y por ellos muchos seudo gourmets le quitan la vista de encima y niegan vínculo alguno con el chapsui, el filete mongoliano y el arrollado primavera. Sin embargo no hay barrio que se distinga que no tenga un par de restaurantes chinos con esta típica cocina.

Como la cumbia, que se está transformando en baile nacional, la comida china se ha involucrado tanto en nuestro ideario colectivo que es prácticamente insustituible en las salidas a cenar de gran parte de nuestra población. Rápida de elaborar, digerible y buena sazón son los puntos a favor. Buen precio y abundantes porciones también son factores importantes que consideran los habitúes. Definitivamente el pueblo –el 94 % de nuestra población- prefiere el wantán a las giosas; el arrollado primavera al sushi y el pollo chiten al teppanyaki.

¿Sabiduría china? Es posible. Estadísticas gubernamentales nos indican que sólo un 4 a un 5 % de nuestra población accede a restaurantes de categoría. Esto es un universo de 800 mil habitantes. Son los mismos que compran vino embotellado. El resto, cerca de 16 millones de compatriotas se conforma con el vino en caja, el chimbombo, las garrafas; el fast food, la comida china, la callejera y otras cocinas económicas.

Y a pesar del éxito de esta cocina, aun no logra fusionarse con nuestra propia gastronomía. Por ello es quizá que los peruanos –que avanzan a paso gigantesco- descubrieron hace años que la fusión de diferentes gastronomías los haría famosos. Juntaron lo inca con lo africano, lo chino y lo japonés y hoy es considerada como una de las cocinas más sabrosas del mundo. ¿Sabía el lector que antes que los japoneses les enseñaran a los peruanos cómo se comía el pescado, nuestros vecinos elaboraban una especie de puré con pescado desmenuzado para hacer el cebiche, al igual que nosotros?

Poco nos atrevemos para revolucionar nuestra cocina. La queremos pura, ojalá con quínoa, amaranto y chaguales para diferenciarnos. Es posible que el aislamiento en que vivíamos hace unas decenas de años nos haya marcado un carácter conservador en nuestra gastronomía. Pero ya no estamos aislados. Somos parte de una comunidad mundial y también queremos que nos distingan por una cocina vanguardista. Existen los chefs y las materias primas necesarias. Es posible que sólo falte algo de audacia para incorporar a nuestro recetario raíces foráneas que siendo parte de nuestra actual idiosincrasia, aun las vemos como ajenas y lejanas.

¿No será hora de dejar los nacionalismos de lado y de una vez por todas comenzar a experimentar con la sabiduría de otras razas, credos y formas de vida?

No crea que este sea un pensamiento estúpido y fuera de foco. La cazuela y la cueca están para la foto; la cumbia y posiblemente una cocina nacional repensada serán para el chileno del futuro. De repente creemos que nos estamos quedando detrás de todos. Lejos de los que experimentan y de los que se renuevan. Y eso hay que revertirlo pronto. Chile no debe ser sólo materias primas. De eso hemos vivido durante siglos pero lo que nos dará distinción es el valor agregado de nuestros productos. Y para allá hay que mirar. (JAE)

 

MIS APUNTES


 
OX
La élite no transa
Nueve años atrás, cuando el Puerto Fuy –encabezado por el chef Giancarlo Mazzarelli- estaba en su apogeo, los socios que estaban detrás de este restaurante, decidieron emprender otra aventura y al poco tiempo abrieron en la misma cuadra el Ox, un local que buscaría ser el referente como la mejor parrilla de la ciudad.

El tiempo ha pasado y también mucha agua en Nueva Costanera, una calle que ha sufrido con esto de los vaivenes de la moda. Desapareció el Fuy –también Mazzarelli-, y entre abandonos y aperturas el Ox es uno de los pocos restaurantes que aún mantiene protagonismo y una clientela fiel que no lo abandona y que se siente a sus anchas con todo el trabajo gastronómico que ha desplegado desde su creación el chef Daniel Galaz, dueño de una creativa –y aterrizada- cabeza, que le ha permitido con los años incursionar en una variedad de productos que van más allá de una parrilla Premium.

Daniel Galaz es un chef de bajo perfil. Poco mediático, no participa en el circuito de chefs que sobresalen por sus continuas apariciones en la prensa y en televisión. Su seriedad la traspasa a sus preparaciones y sólo sonríe cuando se le alaba o adula. Es la mano derecha de Daniel Avayú, el propietario del lugar y se siente responsable de ello.

Largo almuerzo para conocer parte de la nueva oferta. Tras un aperitivo con un mix de jamones ibéricos y de bellota (24.900), la degustación propiamente tal comienza con unos ostiones magallánicos de magnifico calibre y textura, sobre un fondo de salsa de locos (11.900) que le aportó la sazón y el equilibrio necesario. Luego, y entre las grandes entradas, burrata (17.900) sobre una cama de aceite de oliva y jamón ibérico. La burrata, que ya explicamos su origen la semana pasada, en su punto perfecto de madurez. A continuación, unas simples mitades de huevos duros cuya yema fue reconstituida con aceite de trufas, mostaza y coronada con caviar (6.900), se convirtió en un acierto para ir descubriendo los sabores que maridan con el huevo, uno de los alimentos más básicos de nuestra cultura.

La segunda parte de este almuerzo, el chef se la dedicó a las pastas. Por un lado, unos maravillosos pappardelle -elaborados en casa- con trozos de locos, camarones, pulpo y laminillas de parmigiano (12.900) de sabor inconmensurable, tanto como unos canelones con salsa pomodoro (al mismo valor) de poderoso sabor. Para finalizar, y siempre acompañado de tres tintos aprobados por el sommelier para la ocasión (Erasmo, Quinta Generación y Carménère microterroir de Casa Silva), un mix de carnes – Angus y costillas de cordero-, para disfrutar el origen carnívoro de este elegante lugar.

Pronto remodelarán. El paso del tiempo ha dejado sus huellas en los pisos de madera originales de la propiedad y que deberán ser reemplazados en el futuro cercano. Los nuevos restaurantes que han abierto sus puertas en Nueva Costanera obligan a estar permanentemente cuidando el elevado estándar que sus propietarios se autoimpusieron en su origen. El Ox es caro, no se avergüenza de ello y por lo mismo tiene un público fiel que lo sigue. Su objetivo es el mercado del lujo y ha mantenido su posición durante años sin modificar sus objetivos y eso lo convierte en un referente de una élite que siempre ha existido en nuestro país. (Juantonio Eymin)  

Ox: Av. Nueva Costanera 3960, Vitacura / 22799 0260

EL REGRESO DE DON EXE


 
CÓMO CONOCÍ A LA PAQUITA
 Hace cinco exactos años se atravesó en mi vida Sofía, la paquita. Muchos me han preguntado el origen de esta poco usual amistad entre un decrepito veterano y una jovial chiquilla uniformada. Para que este acontecimiento no se convierta en un mito urbano, les dejo pelos y señales de este suceso, que trastocó mis pocas neuronas disponibles.

 
No es que sea fetiche ni sadomasoquista, pero cuando divisé en mi barrio a una carabinera en esas motonetas Honda, quede encantado. Estaba sacándole un parte a un ingenuo en plena Plaza Ñuñoa y me quedé observándola. Ella, profesional, no hacía ningún gesto con su rostro. El parte, parece, se lo merecía.

No andaba sola. Eran dos paquitas en sus motonetas y a pesar de sus uniformes, se veían sexys. El tipo se fue indignado y ella guardó su lápiz y talonario de partes bajo el asiento de su verde dos ruedas. Pensé mandarle una felicitación al alto mando de Carabineros por tener mujeres tan guapas en sus filas. Una de ellas, la que sacó el parte, vio que la miraba en demasía. Estaba tan casi encima de ellas que se percató de inmediato.

- Señor ¿Necesita algo?

Con razón Mathy me reta ya que a veces me meto en forros impensados. -¿Ahora andas detrás de las pacas?, me diría. ¡Menos mal que en los conventos no entran hombres!, culminaría.

 - Nada, oficial. Sólo miraba el procedimiento. Mentí.

Tenía una estrellita en su hombro. Quizá recién subteniente. Era uno de esos días calurosos de la semana pasada y ella se sacó el casco que la protegía.

- ¿Pesa mucho su casco?
- Uff, me dice, casi tres kilos
- ¿Y no le da calor?
- ¡Tenemos que usarlo!

Dos aritos de perlas en sus orejitas como todo símbolo de femineidad. Bueno… casi todo ya que sus pestañas estaban arregladitas y bajo ese uniforme se veían atributos varios. Era difícil seguirle la conversación, pero a mis años me puedo dar ciertos lujitos que otros no pueden.

- Perdona, pero ¿ustedes son del plan cuadrante?

Tuve temor que me tratara de ciudadano, pero ella rió y me pasó su tarjeta. -¿Cómo te llamas?, inquirió. - Te pareces a mi abuelo.

¿Abuelo? Bueno, al fin y al cabo lo soy, pero me siento de treinta.

La llamé apenas regresé a mi departamento. Habían dos posibilidades: 1) Que toda la fuerza del GOPE / OS7 /OS 9/ asaltaran mi cuchitril, o 2) Que ella se apiadara de este vejestorio y me acompañara a cenar. Como buen observador, no divisé argolla alguna en sus dedos y me la imaginé soltera y sin compromisos.

-¡Exe!, qué bueno que llamaste. Fíjate que esto de ser carabinera es un punto en contra para establecer buenas relaciones. Todos mis amigos son de la institución, pero me gustaría de vez en cuando variar. Eso de hablar de procedimientos, de la ley y de la bencina que te queda en la moto, me tiene chata.

Sofía (así se llama), quedó de juntarse conmigo a la hora que salía de su servicio. “Tengo poco tiempo”, me advirtió, así que a junta sería en Ñuñoa. Le propuse La Fuente Suiza y aceptó encantada. Cuando la vi, no lo podía creer. Ya no era la paquita… era la mujer. Ajustados jeans sobre unas botas de cuero que ya me las quisiera. Una polera que poco dejaba a la imaginación y un polar amarillo que le hacía juego. – Mañana es mi día libre, comenzó diciendo mientras pedíamos sendos lomitos y cervezas.

-¿Qué haces?, pregunta.
- Escribo, le contesto.
-¡Huyyy, yo también!, dice ella. ¡Pero lo mío son puras citaciones al tribunal!-¿Me tienes miedo, Exe?
-Para nada. Sólo lamento no haberte conocido antes
-¿Antes de qué?
- Antes de que me pareciera a tu abuelo…

Estuve a segundos de decirle que me provocaba verla con su uniforme de paquita. En esos momentos se apareció Mathy en mi subconsciente. ¡Viejo lacho!, me decía. ¡No sé hasta cuándo te voy a aguantar!

Todo iba por el camino correcto hasta que sonó su celular. Contestó preocupada y luego de una corta conversación lo apaga. – Me tengo que ir, Exe. Tenemos una emergencia y debo regresar a la comisaría.

- ¿Y el día libre?
- Son nominales. ¿Me llamas la próxima semana? Lo pasé chancho contigo.

Se fue corriendo. Quizá a ponerse nuevamente ese uniforme de paquita que tanto me gustó. A los pocos minutos sentí sirenas y autos policiales por doquier. En uno de ellos es seguro que viajaba ella. Un viaje que no se sabe si tiene retorno. Por eso admiro su profesión. Aunque una cosa es admirar su trabajo y la otra es mirarla a ella.

¡Qué mes! A la peruanita de la embajada, a la amiga con “sorpresa” y a la chica de a moto, ahora se suma una paquita. ¡Con razón Mathy me tiene castigado!

Si no regresa pronto, de seguro sabrán más de Sofía. Se los dejo firmado

Exequiel Quintanilla

TURISMO


MUSEOS DE PARIS: LO NUEVO DE LO NUEVO

 
Me encanta Paris, no sólo por lo que es, sino porque cada vez que vuelvo, me sorprende ¡Una relación de amor perfecta!
María Yolanda González F

 
PICASSO A TODO DAR

Esta vez no fue la excepción, y la novedad vino de parte de los museos. Como estaba en Le Marais, era cosa de caminar pocas cuadras, para ver cuán esplendido quedó el remodelado  Musée National Picasso- Paris, ubicado en el antiguo Hotel Sale y construido entre 1656 y 1666, para el granjero recolector de los impuestos de la sal. De ahí el nombre de Hotel de Sale. Comprado el edificio por la ciudad de Paris, se declaró monumento histórico siendo reestructurado y renovado para albergar la futura colección. Tras 25 años de operación, se cerró para modernizarlo, renovarlo y restaurarlo. Recientemente abierto, el nuevo look es obra de los  famosos Jean- Francois Bodin  y Stephane Thouin,  De partida, una espectacular lámpara ultra moderna, en medio de la impronta clásica del edificio, decenas de detalles que resaltan la obra de Picasso,  y permiten un recorrido amable y asombroso, por la estética de Picasso. 11 euros el “billet”. Acceso minusválidos.

 

QUAI  BRANLY, LA MAGIA DE LA LUZ

Es un tesoro a orillas del Sena y a pasos de la torre Eiffel, que todos los años tiene novedades como su sala de lectura o su café y restaurante al que se puede acceder, sin necesidad de entrar. Jean Nouvel, su célebre arquitecto, lo describió como “un lugar único y extraño, poético y perturbador”, y eso fue lo que sentí en mi primer encuentro. Un gran muro de vegetación vertical y cristales lo separan de la calle. El museo-dedicado a las culturas étnicas de África, Asia, Oceanía y América-, es curvo e intimista en toda su estructura, y se descubre atravesando su maravilloso jardín. Hay cine, música, talleres, instalaciones, una boutique donde envuelven lindo los regalos. Imperdible. Entre 9 y 11 euros la entrada.

 

POMPIDOU Y EL GEORGES

Si el Branly fue inspiración de Chirac, el Centro Pompidou lo fue precisamente de Georges Pompidou. Diseñado por los famosos arquitectos Renzo Piano y Richard Rodger, con su estructura a la vista, resulta inigualable. Su impacto cultural es relevante, y su último piso también. Ahí está Georges, uno de los restaurantes más cool de Paris, con una vista preciosa,  especialmente de noche, y una verdadera coreografía de anfitrionas y garzones de todas las razas y colore; un desfile de belleza. Su nueva Carta incluye centolla… ¡a precio parisino! Pero también se puede ir antes de las 7 por una copa de champagne o un chocolate caliente y disfrutar lo mismo. Subir por el ascensor exterior. Como en todas partes, al ingreso examinarán bolsos y cartera; se agradece la seguridad.

 

LAS CAMPANAS DE NOTRE DAME

Es un museo extraordinario, empapado de historia vivida, y en el que Francia ha invertido la mayor suma de su historia para la remodelación. Allí hay valiosas reliquias, como uno de los clavos de la crucifixión de Cristo. Donde se mire, todo luce renovado. Pero lo que no se ve, sus campanas instaladas en la torre, son absolutamente “nouvelles”, y con sus propios nombres. Marie, Gabriel, Anne-Genevieve, Denise, Maurice, Jean-Marie, Marcel, Etienne, Benoit-Joseph y Emmanuel. Cada una emite una nota diferente, y Marie fue hecha en el 2012 en la fundición holandesa Royal Eijsbouts. Hay que tomarse tiempo para acceder a Notre Dame, si no se puede, al menos la música de sus campanas es un regalo.

 

FUNDACION VUITTON

El museo debutante. Está en el Bosque de Boulogne y es una verdadera poesía arquitectónica creada por Frank  Gehry. Su apertura tiene solo un año, y alberga una magnífica colección de obras de Mona Hatoum,  Ed Atkins, Albero Giacomett y otros maestros de talla mundial. La Fundación, que puede divisarse desde la altura en la torre Eiffel o la rueda instalada en los Jardines de Luxemburgo, no solo es un museo, sino un centro cultural con cientos de actividades, desde la música a la escultura. Lo novedoso es la van con el nombre de la Fundación que pasa todo el día y  parte desde las 10,15 de la Place Charles de Gaulle (Arco del Triunfo) en el ángulo con la avenida Friedland. 10 euros la entrada. Estilosa y única…..vale su precio.

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA
WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(NOVIEMBRE) LA MISIÓN (Nueva Costanera 3969, 2 2208 8908): “La carta no es extensa pero igual es variada. Aparte de una página con tablas y picoteos finos, hay platos del día. A esto se suma un menú de degustación sólido y líquido y la carta propiamente tal. De ella, para empezar, una mezcla de diversas texturas de hongos ($8.000), nadando en un caldo tan terroso como sabroso, acompañado esto de una espuma de pan tostado. Muy telúrico todo. Y al frente una codorniz marinada en chicha ($13.500, nada es muy de picada acá, ojo), con una salsa ligeramente agridulce, uvas y hierbas varias. Nuevamente un aire campestre en la mesa. Ya en los fondos, un garrón de cordero ($16.500) largamente cocinado, que se comía con la cuchara, acompañado de tres purés, uno al queso (muy bien), otro a la clorofila (bien) y otro al café (será para otro paladar, en fin). Y unos pequeños tentáculos de pulpo a la parrilla ($11.500), blandísimos, con pasta a la aceituna y unas cuantas manchitas de sabor amargo muy acordes, aparte de unas muy acompañadoras láminas de palta.” “En fin. Gran atención, atentísima e informada.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(NOVIEMBRE) LA MAR (Nueva Costanera 4076, Vitacura / 2 2206 7839): “Cuando vaya a este restorán, tómelo en cuenta para que le quepa todo lo que ordenó. El precio, a primera vista, es incoherentemente alto para un lugar popular; pero cuando se ve la cantidad de comida que se recibe a cambio, se entiende: casi todos los platos son, prácticamente, dobles.” “Catamos esta vez la clásica Degustación de causas ($13.800), que nunca defrauda por su inventiva, excelente ejecución y... cantidad: causas de pollo, de pulpo, de loco y de centolla.” “De fondo, para probar la mano "tierra adentro" de este lugar, nos fuimos con un lomo saltado ($14.800) que colmó las expectativas.” “Notabilísimo.”

MUJER
PILAR HURTADO
(NOVIEMBRE) TIRAMISÚ (Isidora Goyenechea 3141, Las Condes / 22519 4900): “Hace tiempo que no visitaba esta pizzería, que ha ido creciendo de a poco, alcanzando buena parte de la manzana” “Ya ubicados en la mesa que nos asignaron, el mozo nos pasó las cartas. Estas ofrecen amplia variedad de pizzas, antipasto, ensaladas, tablas, postres. Como moríamos de hambre, pedimos bruschetta de melanzane mientras elegíamos el resto. Son tres grandes tostadas con berenjena grillada y tomate en cubitos, bien ricas. Las opciones que pedimos fueron una ensalada, una pizza y una tabla. Me llamó la atención positivamente que todas las aceitunas servidas (junto a las bruschetas, la ensalada y la burrata) vinieran sin cuesco. La ensalada Greca traía queso de cabra, hojas verdes, zanahoria, aceitunas, palmitos, pimentón rojo y venía sin aliñar. Aunque esto sea práctico para algunos, me parece que un jarrito aparte con una propuesta de aliño suma y no es un gran esfuerzo para el local.” “La cosa en Tiramisú funciona como reloj, con los garzones atentos y las caras de los comensales felices.”

 

 

martes, 1 de noviembre de 2016

LOBBY MAG


LOBBY Mag.
Año XXVIII, 3 al 9 de noviembre, 2016

LA NOTA DE LA SEMANA: ¿Y cuál es el mejor restaurante?
MIS APUNTES: Pomeriggio
EL REGRESO DE DON EXE: Parra y Cañas
REMASTERIZADOS: La salsa inglesa
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA


 
¿Y CUÁL ES EL MEJOR RESTAURANTE?

La pregunta de siempre. Casi toda la gente que conozco, al saber mi oficio no duda en hacer la misma pregunta. Y diez, quince o veinte veces tengo que responder lo mismo: “todo depende de lo que quieras comer”. Y es cierto. Comer en un restaurante no es fácil ya que la elección depende de muchos factores. Incluso el ánimo del comensal.

¿Cuántos restaurantes están en nuestra memoria? ¿Diez? ¿Veinte? Es posible que algunos archiven algunos más pero todos repiten una lista hasta el cansancio. Pero cuando les explicamos que en la capital existen dos millares de establecimientos, con decenas de especialidades y precios, es posible que ahí comprendan que no es nada de fácil escoger lo mejor. Muchas veces los comensales se dejan llevar por el ideario colectivo y la elección no es la más correcta.

¿Español, peruano, chino, francés, coreano, chileno, italiano, preguntamos? ¿Mantel largo o precio / calidad? ¿Comer o experimentar bocados? ¿Estacionamiento para que no le desvalijen el auto mientras come? ¿Buen servicio? ¿Buena comida? Estas son parte de las variables que hay que tener en cuenta a la hora de salir a almorzar o cenar. Se puede tener la mejor experiencia gastronómica de la vida, pero si al salir se encuentra con un parte empadronado pegado en el vidrio del auto, de seguro no volverá nunca más a ese lugar.

Pero insisten en conocer los Top de la capital. Es posible que quieran sentirse participes de un buen comentario: el mejor es “Fulanito”. Y si nuestro interrogador lo conoce, se sentirá feliz de haber estado en ese lugar. Si no es así, lo archiva para más adelante, para conocer lo que los expertos dicen.

A veces me asustan mis propias respuestas ya que por omisión puedo dejar de lado buenos lugares para una comida de calidad. Ir por unas ostras con champagne francés al hotel W es un must, tanto como unos callitos en el Guría, las pastas del Rivoli  o una cazuela en el Liguria. Pero muchas veces y no necesariamente lo que a uno le agrada le gusta al resto. Nuestro ejercicio es entregar sensaciones a nuestros lectores y guiarlos en esta maraña de locales que invaden la capital. En regiones es más sencillo y menos masivo, pero tampoco deja de ser importante el desarrollo que se ha visto fuera de la capital para ofrecer una digna gastronomía.

Más que optar por el mejor restaurante, la idea es dejarse llevar por la oferta que tienen los locales. Nada se saca con pedir un pescado con una salsa que ahoga su sabor y textura, o una ensalada César donde reina la lechuga, cuando es posible descubrir miles de sabores que incrementaran el conocimiento gastronómico. Hay que atreverse a degustar cosas novedosas, aprender a diferenciar un lenguado de una corvina o de una reineta A conocer el sabor de las mil y una especias que nos brindan los restaurantes. Eso es lo importante. El resto, la gran lista de los mejores de la ciudad, es solo para las medallas respectivas. El paladar se cultiva comiendo de todo (o probando de todo). Y como bien dice el famoso Ferrán Adrià, “una buena sardina es mejor que una mala langosta”.

Tenemos restaurantes para regodearnos y de ellos, más de un centenar de grandes ejemplos. Hay de todo y para todos. Pero acá lo importante es innovar con las nuevas propuestas de los cocineros. Enfoquemos nuestra mirada estos dos meses que restan del 2016 para deleitarnos con la buena mesa y no preguntar por los mejores… ya que hay muchos y para todos los gustos. (JAE)