martes, 15 de mayo de 2018

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS                                           
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(MAYO) CUATRO BOCAS (Av. Manuel Montt 983 / 97514 4423): “Cuando decimos “albóndiga” en Chile, hablamos de esas bolas amasadas de carne molida, pan rallado o remojado en leche, y huevo; cocidas en agua, con zapallo y papas, más ingredientes y aliños típicos de nuestra cazuela nacional” “Pero con el nombre de “boca” acaba de reaparecer, regia, en versión remozada 4.0 en avenida Manuel Montt. “Abrir boca” en español, significa despertar apetito con algún alimento o bebida.” “La máxima tentación es la de morcilla: sabrosa esferita de prieta y nueces, con una delgada cáscara de masa, que acompañan con papas rústicas, con mote cremoso de zapallo y leche de coco, y rúcula con salsa de maracuyá teriyaki ($8.990). Para calmar un buen apetito, la boca a lo pobre, con una diadema de huevo pochado, por igual precio. Para carnívoros agrupan bolitas rellenas de vaca, chancho con ricota o pollo con sésamo. Los vegetarianos reciben una suave versión de papa rellena de berenjena con salsa pomodoro ($4.190), o quínoa. Y está presente hasta en los postres, con un cuarteto de doradas bolitas de arroz con leche pasadas por almíbar. O un crumble de manzana (con una bola de helado, claro), que también sirve de final feliz. Y sabrosos tragos.

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(MAYO) HIMALAYA (Irarrázaval 1820, Ñuñoa /98865 4495): “La carta (india) no es tan extensa como en sus pares de la capital, pero no por eso es tacaña. Para empezar, unos fritos de verduras en harina de garbanzo (mix veg pakoda, $4.490), junto a un lassi, esa característica bebida de yogur licuado.” “De los principales, tentándose con algo nuevo, la novedad fue magistral: un guiso de papa, coliflor y arvejas, aloo gobi muter ($4.490). Con platos así, bien condimentados y con identidad en el sabor, es fácil ser vegetariano. Menos bien fue un clásico, rogan josh ($6.500), con un grado de picante leve, tal como se pidió, con trozos de un cordero algo estresado el pobre. No duro, pero tampoco blando. Y para cerrar, otro plato clásico: dal makhani ($4.900), un guiso con tres variedades de lentejas. Nuevamente, así se haría leve el dejar la carne.” “…si quiere tentarse con una comida india bien hecha y nada de cara, hágase de un aconsejable acopio de paciencia si el lugar llega a llenarse y vaya no más.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(MAYO) MARGÓ (Isidora Goyenechea 3000 S-101, Las Condes / 22385 0178): “Lo que comimos ahí, aunque novedoso para el estilo de aquellos años, merece comentarios. Como entrada pedimos un grávlax ($8.300), ese salmón crudo y marinado de los países escandinavos, que se come acompañado de frecuentes tragos de vodka y de esos snaps aromatizados con diversas frutitas nórdicas. Lo que nos llegó a la mesa fueron rebanadas de salmón, bien preparadas como grávlax, con su rica salsita y abundante espolvoreo de eneldo ("dill"), como pide la tradición. Buen plato.” “Bien encaminados hasta aquí, catamos a continuación una excelente merluza austral ($10.800) acompañada de un delicioso guisito de habas y jamón. Merluza cocida a punto y, siendo un pescado relativamente soso (es su estupenda textura lo que más se aprecia en él), en contraste muy vivificante y sentador con dicho guisito. Buena idea.” “ Balance: Margó ofrece una cocina obviamente refinada, que empieza a incorporar novedades peruanas y no desprecia ciertos anglicismos. Pero no apunten demasiado alto, porque el tiro de la ambición suele salir por la culata.”


martes, 8 de mayo de 2018

LOBBY MAG

LOBBY MAG

Año XXX, 10 al 16 de mayo, 2018

 LA NOTA DE LA SEMANA: Elegirán el mejor queso mantecoso de Chile
MIS APUNTES: Cuatro Bocas
INOLVIDABLES: Jockey Club, pura nostalgia
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica


LA NOTA DE LA SEMANA


ELEGIRÁN EL MEJOR QUESO MANTECOSO DE CHILE

Entre el 2 y 18 de mayo se están recibiendo las muestras que participarán en esta inédita competencia que El Club del Queso elegirá, en cata a ciegas, al mejor queso mantecoso del año 2018.

Un panel de especialistas tendrá la tarea a través de la realización de un análisis sensorial de los quesos en que se evaluarán los mejores quesos en las categorías Quesos Mantecosos y Quesos Mantecosos de Fundo.

La evaluación de las piezas en concurso se realizará a ciegas, es decir, el jurado no tendrá a la vista el nombre del productor. La tabla de puntuación es de 1 a 100 y las muestras de quesos que alcancen o superen los 84 puntos serán anunciados por el Comité de Cata del concurso y publicados en el listado oficial de los mejores quesos del Primer Concurso de Quesos Mantecosos.

Mayores informaciones: https://elclubdelqueso.cl/  y otras consultas a: contacto@elclubdelqueso.cl



MIS APUNTES


CUATRO BOCAS

No es la panacea, pero tiene cientos de adeptos. Las albóndigas, tal como las conocemos en Chile, es el peor  sinónimo para las meatballs gringas o las croquetas españolas. Acá, y luego de estudiar un tiempo el mercado, la familia Peñafiel decidió armar un símil a la cadena norteamericana The Meatballs Shop, logrando en poco más de un año convertirse en protagonista de las noches capitalinas, ya que acá se reúnen familias y amigos a disfrutar un concepto gastronómico diferente.

En este restaurante todo está convertido a bolas, albóndigas, bocas, bakso, mga bola-bola, köfte, o como quieran llamarle. Una amplia casona esquina decorada con materiales reciclados y cuyas terrazas invitan a instalarse con alguna de sus cuatro diferentes jarras de sangrías (11.900) o un provisto bar de alcoholes, cervezas, vinos y jugos, para luego decidirse por una de las siete opciones de bolas –o bocas como las llaman aquí– que preparan: de carne de vacuno y cerdo, pollo con sésamo, salmón, jaiba, porotos negros, quínoa o prieta con nuez. Lo que sigue es elegir la salsa casera que mejor le combine: pomodoro, BBQ, pesto, sweet & spicy, de hongos o maní, y alguno de los acompañamientos: spaghetti, verduras asadas, ensalada verde o papas fritas rústicas. Los más hambrientos pueden agregar extras a su gusto como un huevo frito, cebolla caramelizada, palta, distintos quesos, entre otros, o pedir todo dentro de una baguette artesanal convirtiendo el plato en un sándwich.


No es fácil decidir. Como en una tienda de repuestos donde todo se vende por separado, acá es difícil calcular un precio a no ser que calculadora en mano haga la suma del plato. Para lo que ya conocen el sistema, es cosa de sentarse y hacer el pedido, pero cuando a uno le toca una mesera nueva… ¡que Dios nos salve de las consecuencias! Sin embargo tienen un capitulo con platos armados para deleite de sus comensales.

Aun así, sin lograr entender cómo lograr un pedido que nos dejara buenas sensaciones, las bolas de Prietas son una maravilla (8.290). Una mezcla de prieta con nueces y salsa dulce-picante, que llena la boca de sabores entrañables. Para acompañar, un botellín de sauvignon blanc de la viña Leyda (5.990), que logró un contrapunto perfecto a unas bolas de tártaro de salmón con palta, mango y almendras tostadas (10.990).

Lo vegetariano no incomoda al local y muchos van por las bolas de quínoa y ricotta con salsa de pesto (7.590), o las de lentejas con quínoa (6.990) con salsa de maracuyá y teriyaki. Tampoco los veganos (tan en boga) salen decepcionados ya que tienen varias opciones, entre ellas las bolas de papa rellena con pino de berenjenas sobre salsa pomodoro y chips de betarragas (4.190).  

Para todos y de todas las edades. Muchos llegan por una tabla de “bocas” para acompañar sus cócteles favoritos. Para ello existe una larga barra donde dos bartenders atienden los pedidos. La cocina (por esto de las opciones) se hace algo lenta, pero aun así la experiencia es contundente y sabrosa. De postre, ricas “bolitas” caramelizadas de arroz con leche (3.990), dieron el punto final a una tarde/noche entretenida, sin esperar una cena con mayores pretensiones. (Juantonio Eymin)


Cuatro Bocas / Manuel Montt 983 / 97514 4423

INOLVIDABLES


JOCKEY CLUB

A principios de los 80, Elías Sánchez dejó de lado la estabilidad de su trabajo en el Banco Santiago para embarcarse en un nuevo proyecto: abrir un buen restaurante en el centro. Muchos de los clásicos del sector –cerca del Palacio La Moneda– habían cerrado y él se dio cuenta de la falta que hacían.

Decidió poner en práctica lo aprendido en Madrid, donde tuvo una sandwichería, y abrir un nuevo restaurante de comida “bien sencilla”. Pero su maestro de cocina, Venancio –como todos los conocían–, que había trabajado junto a Hernán Eyzaguire en el Arlequín y con Ramón Sotomayor en el Maxó, elevó el nivel de la cocina rápidamente. “Yo sin este hombre no habría sido capaz de hacer nada”, dice Elías.

Parte importante y característica del Jockey Club era su decoración, elegida completamente por su dueño. En sus dos pisos recreaba un verdadero club inglés, con papeles murales y boiserie, un gran bar de madera y lindos grabados. Una elección totalmente natural y sin ninguna pretensión para Elías, “era el estilo de decoración que siempre vi en la casa de mis abuelos y en la de mis papás… Era lo corriente”.

En tres meses de preparativos, de invitar a amigos a probar los nuevos platos, de buscar el lugar perfecto y de contratar el personal adecuado, finalmente el Jockey Club abrió el 9 de diciembre de 1980 en Bombero Salas 1369.

Desde un principio fue un éxito. Durante los 10 primeros años, si no se reservaba era imposible encontrar una mesa, abría sólo en la hora de almuerzo y de lunes a viernes. Su agradable ambiente y su buena cocina lo convirtieron rápidamente en un clásico.

Según Sánchez su comida era media afrancesada, mientras que los críticos lo calificaban como “comida de casa chilena refinada”, y no se equivocaban. Corvina au Jambon, relleno con mezcla de jamón crudo, jamón planchado, queso rallado, crema y soya; Lenguado Jockey bañado con crema y caviar; Filete Jockey relleno con jamón y crema bañado con salsa de jamón y soya; Corvina Lady D rellena de salmón ahumado con salsa también de salmón, locos y crema; Albacora Prince Charles con cebolla perla acaramelada y salsa Montparnasse de estragón, caramelo y crema; y su clásico fricasé de distintas variedades, eran parte de los platos imperdibles.

Sus 26 años de historia dejaron cientos de anécdotas para recordar, inundaciones, cortes de luz por apagones de la época, terremotos, personajes ilustres que durante años almorzaron ahí, etc.


Para su dueño era todo un panorama recibir a los clientes cada día, los conocía a todos… Pero poco a poco, y como pasó con muchos de los restaurantes de la época, el circuito gastronómico cambió y la clientela también. Así fue como finalmente este clásico comedor cerró sus puertas en el 2006. (Crédito: Revista ED)

BUENOS PALADARES

CRÓNICAS Y CRÍTICAS                                           
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(MAYO) EL ANCLA (Santa Beatriz 191, Providencia / 22264 2275): “Su cocina es tradicional, ¡de los tiempos en que el postre consistía en papayas o castañas de tarro, a la crema! Pero, ojo: antes de llegar a eso, las cocinas se han floreado con pescado fresco, variado, sabroso, cocinado a punto. Y a nadie le preocupa la sencillez de un postre “de la casa” después de ese maravilloso lebrillo de caldo, enjundioso y levanta muertos, de pescado y mariscos. O detalles tan deliciosos como una ensalada de ulte (el tierno tallo del cochayuyo, $7.900), o pescados de roca, siempre difíciles de encontrar (rollizo, róbalo, vilagay, vieja, apañado, blanquillo, cada uno con sabor y méritos propios, $9.500).” “Los auténticos amantes de la buena comida costera recalan habitualmente en este acogedor embarcadero. Que, como todo puerto, atesora seductora variedad de cervezas, vinos, destilados, brebajes de bucaneros y mejunjes bebestibles que hacen cantar.”


MUJER, LA TERCERA
PILAR HURTADO   
(MAYO) AMBROSÍA BISTRÓ (Nueva de Lyon 99 / 22233 4303): “Poco a poco comenzaron a llegar los comensales y decidí pedir las entradas para que estuvieran listas cuando mi invitado apareciera. Juntos llegaron los platos y mi marido. Agua de tomates (media porción), con los últimos de la temporada, me explicó la chef, transparente y con sabor concentrado a tomate, servida con salmón ahumado ahí mismo y unas tajaditas de frutillas, finísimo y rico. Erizos (media porción), estos servidos sobre puré de pallares y con escamas de algas, lenguas de buen tamaño y en una preparación novedosa que tendía, según mi invitado, a dulcificar y suavizar el erizo. Compartimos un tártaro de filete (tamaño normal), servido con chips de papas y aliñado con mantequilla negra, que es una de mis debilidades; estaba delicioso y nos encantó.” “Como fondos, estupendamente bien atendidos, probamos medias porciones de vieja con tres purés (berenjena quemada, asada y plátano) y castañas de cajú, sabores originales para un pescado a punto. También probamos la ternera, de la que mi marido dio cuenta. Como postre, compartimos una tarta de chocolate con caramelo delgadito, si bien la masa base no era tan delgada, no estaba dura y no era un ruido para disfrutarla. Pasan cosas cuando uno come en forma sublime, como que se alegrara el alma (al menos a mí). Y si la experiencia es así de grata, uno paga feliz la cuenta.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(MAYO) SQUADRITTO (Rosal 332, Barrio Lastarria / 22632 2121) “Hay días perfectos para un restaurante como este, uno tradicional, con vocación de serio, luz suave y mantel de tela. Un lugar que avanza, pero detenido en el tiempo. Sin revisiones, reversiones ni remixes. Tal vez, hace algunos años, el sumar las pizzas a la carta de Squadritto sonó como al señor mayor que se pinta las canas. Pero lo importante es que el señor siguió siéndolo. Y así es este clásico de calle Rosal: fiable, aparte de muy italiano.” “Trozos de pan rústico en el plato, aceite de oliva y una brigada de mozos que parecen de película: a la antigua (no "antiguos", no se ofendan). Certeros y serios sin ser pomposos. Era verdad: aún existen profesionales del rubro, más preocupados de servir que de su celular.” “De los fondos, dos platos que dejaron con esa maravillosa sensación de querer volver luego. Primero un risotto mediterráneo ($10.800), con alcachofas, espinaca e higos. Al dente, qué duda puede caber, de porción generosa y con buen queso. Y para complementar, una pasta rellena que hace merecedor de premio a su inventor (sea este de un pueblo perdido de Italia o de más cerca): mezzaluna de lengua ($10.300). ¿Cómo transformar en elegante ese trozo de vaca que puede ser tan vilipendiado por su natural fealdad? Así. Para los carnívoros que buscan ampliar su paleta gustativa con fineza, este es su plato, salseado con mantequilla al romero.” “…el Squadritto es uno de esos lugares para no sorprenderse. Es para confiar.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(MAYO) LAURA R (Av. Vitacura 3414): “Laura R hace todavía unas famosas galletas delgadas y crujientes, muy ricas. Fuera de ellas encontramos solo tres tipos más: unas perfumadas con naranja, otras de miel y otras simplecitas (digamos, "de mantequilla").” “En cambio, el rubro tortas ha crecido y desplazado totalmente al de las galletas. Es muy conocida la torta de tres leches de Laura R. Pero lo más interesante -y creativo, para los que disfrutan con la creatividad culinaria- es una torta, muy novedosa en nuestro medio, hecha con capas de merengue, de buena calidad, rellena con manjar blanco, crema chantilly y con almendras fileteadas: qué gran idea temperar la agresividad del manjar blanco con chantilly y "amenizar" la blandura de los contenidos con almendras. Esta torta hace, por sí sola, que valga la pena visitar esta "galletería". “Animaríamos a Laura R a que amplíe la oferta de galletas. ¿No es lo suyo?”



miércoles, 2 de mayo de 2018

LOBBY MAG

LOBBY MAG.

Año XXX, 3 al 9 de mayo, 2018
 LA NOTA DE LA SEMANA: Nostalgia
MIS APUNTES: El regreso del Vendetta
INOLVIDABLES: Maxó: uno de los mejores restaurantes que tuvo Santiago
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

 

LA NOTA DE LA SEMANA


 
NOSTALGIA

Esta semana apelaremos a la nostalgia para iniciar un ciclo de artículos relacionados con la gastronomía en el viejo Santiago, una que posiblemente nuestros lectores mayores conocieron o vivieron. En LOBBY nos debemos en parte a este target de la población que vivió intensamente un período de nuestras vidas que no fue fácil ni brillante. Por eso quisimos darle cuerda al reloj del pasado y rememorar algunos restaurantes que tuvieron sus años de oro hace muchos, muchísimos años atrás.

Para los lectores más jóvenes estos artículos son una historia que bien vale la pena conocer para contribuir a su desarrollo gastronómico. Para los más viejos, serán recuerdos que volverán a la memoria y por qué no decirlo, muchos se sentirán identificados con estas crónicas. Para comenzar, el gran Maxó, uno de los restaurantes más finos que tuvo la capital en los años 70 del siglo pasado. (JAE)

 

MIS APUNTES


 
EL REGRESO DEL VENDETTA

Vendetta es una marca conocida. Partió en el Parque Arauco de las manos de una sociedad compuesta por tres socios –uno de ellos arquitecto-, que le puso el diseño imperecedero a este restaurante que con una cocina italiana / argentina  inicialmente ejecutada por José Luis Marín, cautivó a cientos de clientes que de la noche a la mañana se encontraron con un local en remodelación y que nunca volvería a este famoso Boulevard.

Los años han pasado. Los socios también han cambiado, y en la actualidad solo el arquitecto es parte de la nueva sociedad que han instalado sendos restaurantes en el Mall Plaza Egaña y en Plaza Vespucio. Pero la atracción está desde marzo de este año en el Patio Bellavista, donde han puesto todas sus fichas para instalarse de buena manera y volver a formar parte del circuito gastronómico de la capital, desgraciadamente perdido cuando decidieron salir del Parque Arauco.

El Patio Bellavista es otra cosa. De partida no es un Mall y tampoco sus clientes son de este target. Acá el fenómeno es distinto y más competitivo. Por ello decidieron ocupar grandes recursos en la habilitación de su nuevo local (que antes pertenecía al Bellavista Grill). Grandes salones y terrazas con diferentes diseños son un agrado a la hora de ingresar al lugar. Su carta es una mezcla entre cocina italiana con algo de chilena (como las sopaipillas) y argentina (como sus sorrentinos). Notablemente económicos son sus vinos (como un Montes Rosé Cherub $ 9.800), y sus platos, más que nada tomando en cuenta la cuantiosa inversión  que debió hacer la nueva sociedad para entrar en el Patio Bellavista, cuyos arriendos nunca han sido económicos.

Un buen Crudo –aliñado en la cocina- con papas fritas (7.200 y para compartir), fue el inicio de esta jornada. A su lado (y para diferenciar las carnes) un Carpaccio de res con queso azul, pecorino y alcaparras (igual valor, pero para uno), da ánimos para que el lugar no descuide sus preparaciones. Como en Chile ir a un restaurante italiano y no comer pizza es casi un pecado, optamos por la “Al funghi trufado” (7.900), con mozzarella, pomodoro, ragú de champiñón portobello, ostra y parís, queso pecorino romano, aceite de trufa y perejil, de buena masa, sabor y calidad de sus ingredientes. De las pizzas –en general- prefiero abstenerme, ya que cada uno tiene su favorita y en esos temas es mejor no involucrarse.

Tres platos de fondo para confirmar que acá hay un buen gusto por las pastas, sea quien sea el que las haya fabricado, ya que se debe valorar el conjunto de cada plato. Para comenzar, unos Fetuccini carbonara ($7.200 y uno de los platos insignes de Italia), elaborados con guanciale ¿…?, yema de huevo, queso pecorino, perejil y un toque de crema. Luego, unos Spaghetti con plateada deshilachada (8.200), con salsa pomodoro, plateada deshilachada, pesto, queso parmesano y perejil; para finalizar con unos Sorrentinos al pesto (7.900) rellenos con mozzarella, aceituna negra, albahaca, tomate seco y servidos con pesto de albahaca y un toque de crema. Por ahí, el guanciale no lo es y se reemplaza por tocino y el exceso de crema puede poner el grito en el cielo a algunos puristas, pero los resultados, dado el costo de los platos, es una relación precio /calidad que ya se la quisieran muchos restaurantes italianos.

Acá todo es atractivo: el diseño, servicio, su carta de bar, cervezas y vinos y gran parte de su oferta gastronómica. Personalmente, con el ingreso del Vendetta al Patio Bellavista, este lugar le pone pantalones largos y desafía al resto de los restaurantes a evaluar sus condiciones y precios. Por todo lo que ofrece Vendetta, le aseguramos un digno regreso al circuito gastronómico de la ciudad. Se lo merece. (Juantonio Eymin)

Vendetta / Patio Bellavista / Constitución 30, local 100 / 22249 8700

INOLVIDABLES


 
MAXÓ
Uno de los mejores restaurantes que tuvo Santiago
Fue uno de los restaurantes más elegantes que ha tenido nuestro país durante los 70 y 80. Pasó a la historia por sus maravillosos platos mediterráneos con toques franceses, sus mozos impecables de esmoquin y unos espectaculares carros con bandejas de plata, sartenes de cobre y copones de cristal que ofrecían venados, langostas y las más sofisticadas aves.

Su dueño fue Ramón Sotomayor, un empresario amante de la gastronomía que abrió este comedor en 1978 después de haber vivido y estudiado durante muchos años en España. “El nombre Maxó resultó de una broma. Me inspiré en mi hija Macarena, uní las primeras sílabas de su nombre y apellido y creé la sigla MaSo. Como todavía estaba en España lo traduje al catalán, porque se oía mejor, y terminó en Maxó”, cuenta.

Hijo de papás diplomáticos, Ramón vivió desde niño en diferentes países del mundo. Ahí le agarró el gusto a los aliños, los ingredientes exóticos y a la gastronomía en general. Cuando tuvo que elegir una carrera no dudó en entrar a estudiar hotelería en España; luego trabajó en la cadena de hoteles Meliá. Durante 14 años aprendió al máximo sobre sabores, implementaciones y todo lo que había que saber para tener un restorán propio. A finales de los 70 volvió a Chile y empezó a organizar el negocio de su vida.

Luego de conocer la oferta capitalina, se percató que en nuestro país faltaban restoranes de lujo y que ofrecieran algo más que las clásicas machas a la parmesana, caldillos de congrio o canapés de locos. Tomando como referencia los estándares europeos y haciendo uso de todos sus conocimientos, abrió las puertas de Maxó en una casa en la calle Antonio Bellet, en pleno Providencia.

Con la ayuda del arquitecto Juan Cristóbal Edwards y la paisajista Josefina Prieto –que se hizo cargo de la terraza–, Ramón remodeló esta antigua casona y la transformó en lo que siempre había soñado. Un lugar amplio, de dos pisos, con pocas mesas y todo tipo de detalles de primera clase. Sillas cómodas y con brazos, manteles de hilo almidonados y servilletas grandes, muy distintas a las “estampillas de cóctel” que se usaban en esa época, cuenta Ramón. Además, la cuchillería y los carros con la comida eran de plata Christofle. “El sistema era muy diferente al de hoy día, teníamos mesitas de apoyo para cada mesa y los mozos –a cargo del maître Horacio Araneda, que hablaba 5 idiomas– hacían verdaderas mise en scène en el lugar y les preparaban ahí mismo a los clientes camarones flambées, crêpes Suzette y otros platos”.

El Maxó fue el primer restaurante chileno que tuvo un sommelier que degustaba vinos traídos de Francia, Italia y Alemania y se los recomendaba a los clientes. Otra gran diferencia es que contaba con ingredientes importados que en esos años no existían en Chile. El salmón ahumado era traído de Canadá y Noruega, además de perdices y codornices. El champagne, el caviar de esturión y las trufas eran francesas, las angulas de España y algunos condimentos, como el estragón, se compraban en Argentina.

Cada temporada Ramón diseñaba la carta y también les enseñaba a los cocineros cómo preparar cada receta. Cuando el restaurante estaba cerrado reunía a todos en el comedor, pedía que le taparan los ojos con una servilleta y sin ver nada cocinaba perfecto cada una de las exquisiteces. Entre los platos más exitosos estaba el Canard au Sang, un pato elaborado en una prensa, con una receta del siglo XIX que se hacía en el restorán parisino Tour d’Argent, y también las langostas flambées, que estaban vivas en la entrada dentro de un canasto chino y se llevaban a la mesa en una bandeja de plata para que el cliente eligiera la que quería que le prepararan.

Todas las comidas eran llevadas a la mesa en los famosos carros que estaban divididos en dulces y salados. El de las carnes ofrecía desde ciervo, codornices, perdices, roast beef y otras delicias que eran cortadas con cuchillos especiales en frente del comensal. También había uno de quesos, que pasaba antes del postre y que contaba con muchas variedades traídas directamente de Francia, decoradas con hojas secas, guayabas, uvas y una linda cúpula de cristal. El de los postres tenía la forma de una escalera y ofrecía eclairs, tortas como la Saint Honoré y la Pompadour, además de compotas de frutas hechas en el mismo Maxó.

También había un carrito de licores que tenía un calentador de copas especial para el coñac y junto con éste se ofrecían los mejores puros del mundo, como los Montecristo y Romeo y Julieta.

Con servicio de almuerzo y cena, el Maxó funcionaba sólo con reservas por teléfono, lo que era un verdadero lujo, porque en ese entonces no todos contaban con líneas telefónicas. Sin cartel a la vista, la casa no decía mucho por fuera y sólo los que la conocían o tenían el dato lograban dar con ella.

Al mes de su inauguración, el local ya estaba repleto y llegaban reservas incluso desde Europa y Estados Unidos. Como Raymundo Larraín, que en ese tiempo vivía en Nueva York y que cada vez que venía a Chile llamaba antes para reservar una mesa y juntarse a comer con su amiga Marta Montt y el jet set santiaguino. Hasta ahí también llegaban presidentes y ex presidentes como Jorge Alessandri, Augusto Pinochet, Eduardo Frei, al igual que diplomáticos y empresarios, como Anacleto Angelini, Javier Vial, Ricardo Claro, Manuel Cruzat y Fernando Larraín.

El éxito fue tal que incluso comenzaron a ofrecer servicios de catering, algo no visto hasta ese minuto y entre los eventos se contaban las galas del Teatro Municipal, las carreras importantes del Club Hípico y también matrimonios. “Llegábamos con toda la artillería y servíamos y preparábamos las mismas exquisiteces que en el local de Antonio Bellet”.

Pese al éxito, la fama y los buenos comentarios, en 1983 Ramón vendió el Maxó debido a la intensa crisis económica que se vivía en esos días en Chile y al poco tiempo cerró sus puertas definitivamente. (Crédito: revista ED)

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(ABRIL) 17° 56° (Andrés de Fuenzalida 48 / 22324 1820): “Para partir, un "cebiche de pescado" ($6.900), lo que sería lo mismo que poner "bistec de vaca". ¿Por qué esa laxitud de no jugarse por un insumo? En fin. Cortado en cubos más pequeños que el clásico a la peruana, y por ende más cocido, pero igual con maíz cancha. Un mix que igual funciona con sus dilemas de identidad, con algo de palta y tomate que lo acercan más a otras recetas. Y un crudo de res ($6.900) con algo de sabor de alcaparras y betarraga, lo que lo aleja de la fortaleza clásica de la cebolla y el ají, con un resultado obviamente menos intenso.” “Sumando y restando, no queda muy en claro si el tema de este restaurante es la glorificación de una paleta de sabores chilenos o una reinvención de la cocina nacional, porque ambas misiones -y la misión se la han puesto ellos mismos- las llevan a cabo en forma algo confusa. O sea, lo que ofrecen es un mapa, pero de un territorio inventado.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(ABRIL) BARRA CHALACA (Mall Costanera Center, quinto piso / 22617 0861): “Nosotros comenzamos con un cebiche de pejerrey enrollado, con sus verduritas y rocoto ($7.900), que lo pone a uno a tono, en un santiamén, con esa chispa peruana que en otras partes de Santiago es puesta en sordina. Comidos todos los pejerreyes, no perdonamos ni un pedacito de todo lo que los rodeaba y cubría. Cosa más buena. Y la otra entrada fue un sorprendente tiradito "chucuito" ($7.990) que traía como aderezo su leche de tigre pero aliñada con parmesano, más palta y trocitos de aceitunas. También una delicia.” “...damos fe, luego de haber comido en muchas cebicherías limeñas, que el ambiente de esta y lo que aquí se come es de lo más auténtico que hay en Santiago".

 

 

martes, 24 de abril de 2018

LOBBY MAG


LOBBY MAG.

Año XXX, 26 de abril al 2 de mayo, 2018
LA NOTA DE LA SEMANA: La farándula gastronómica
MIS APUNTES: Mulato: un clásico en Lastarria
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: ¿Cuál es la mejor gastronomía del mundo?
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica