martes, 5 de marzo de 2019


LOBBY MAG

Año XXXI, 7 al 13 de marzo, 2019
LA NOTA DE LA SEMANA: Un resumen veraniego
MIS APUNTES:  Polvo: ¿Qué nombre… eh?
 

LA NOTA DE LA SEMANA


UN RESUMEN VERANIEGO
En un abrir y cerrar los ojos ya estamos en marzo y todos regresamos a la realidad de siempre. Como dicen los conocedores, "los años terminan en diciembre y parten en marzo". Por ello, las notas de restaurantes que publicamos en los dos primeros meses de este año, volvemos a recordarlos en una especie de resumen, para dejarlos al día y volver a la rutina en buena forma. Ocho comedores que bien vale la pena tenerlos en cuenta este 2019.
 
 

 
PAMPAS, FUEGOS ARGENTINOS

Partió como una parrilla de barrio y gustó tanto –gracias a su calidad y precio- que pronto, ingresarán a las grandes ligas. No es grande, pero está bien instalado. Mozos argentinos para una carta repleta de recetas del otro lado de la cordillera. Revisando la carta me percaté que sus precios son más económicos de lo pensado.

Como restaurante de barrio, la pantalla plana de TV mostraba imágenes de un canal con música argentina. Buen y acogedor servicio, aunque algo lento, ya que la parrilla se toma su tiempo para preparar los platos.

La idea de sus propietarios es crecer. Les ha ido bien y pronto abrirán al lado del Baco (en la Plaza del Sol) un nuevo Pampas. Son palabras mayores ya que para ser vecino de grandes restaurantes como el propio Baco, Le Bistrot, Ambrosía, Rivoli, La Salvación y otros, no sólo hay que tener coraje, sino también una gran calidad y ganas de triunfar.

Mientras tanto, vaya a su actual locación. Su relación precio/calidad es realmente una de las mejores de la capital y merece una visita. ¡Un buen descubrimiento! (Nueva Providencia 2034 / 97862 4163)

 

 
THE GLASS

The Glass es un viaje por la gastronomía chilena renovada, donde antiguas recetas y tradiciones chilenas son traídas al presente a través de modernas técnicas culinarias. De esta forma, un amplio abanico de preparaciones que contemplan carnes, pescados, pastas y ensaladas, son los emblemas de la cocina honesta que invita a redescubrir los sabores de antes.

Cada carta ha dejado recuerdos imborrables. El Cajón de erizos no ha podido salir del menú diario, y su Sopa de topinambur con láminas de trufas chilenas, dejó atónitos a todos sus clientes. Con un servicio que incluye sommelier y una brigada de mozos rápida y efectiva, The Glass se ha ido con el tiempo convirtiéndose en uno de los grandes restaurantes del circuito gastronómico capitalino.

Lo mejor del barrio (y el barrio es grande). (Av. Kennedy -lateral- 4422 / 22487 5150)

 

 
 
 
EL BODEGÓN DE LA VINOTECA

Cuando La Vinoteca (que pasó por tiempos difíciles) equilibró sus presupuestos, decidió convertir el patio de su local de Vitacura en un pequeño restaurante que llamó Pan Bar, donde se crearon varias preparaciones que se servían sobre una tapa de pan hecho en casa. Sin el éxito que esperaba, hace algunos meses decidió contratar a Gino Falcone, arquitecto y gran diseñador de ambientes gastronómicos, quien le cambió totalmente la cara al lugar, convirtiendo este espacio en uno de los ambientes más logrados de este último tiempo.

El éxito va junto a la informalidad del espacio, ya que tras un fluido servicio, el lugar ofrece una gran cantidad de alternativas que van desde la hora del desayuno hasta la medianoche. En la cocina destaca la presencia del chef Luis Oviedo, con larga experiencia en los fogones; y en la administración general del lugar –el que se preocupa que las cosas sucedan- está Alejandro Brunetti, quien luego de su extenso desempeño como chef ejecutivo de Enjoy, tomó las riendas de la administración de locales, con un gran éxito.

Los vinos a precios de tienda son un gancho insuperable. Si a eso le sumamos una carta de especialidades de buen nivel; a sus quesos y charcutería, a sus tablas y sartenes para compartir, sus cócteles, vinos y cervezas, a su cafetería y pastelería, a sus quiches y tártaros, es casi imposible aburrirse en este recomendable restobar (Av. Nueva Costanera 3955, Vitacura / 22953 6291)

 

 
KM 0

Fue tanto el revuelo que causo la apertura – el año 2009- del hotel W, que muchos pensaron que el edificio, los restaurantes y tiendas que estaban ligadas a la dirección del hotel, pertenecían de algún modo a este moderno y exclusivo establecimiento. No pocos sacaron provecho de la situación. aunque muchos pensaron lo contrario. Le pasó al KM 0, un bistró alojado en el soleado subterráneo (-1), que, desde un inicio, a pocos meses de inaugurado el hotel, abrió sus puertas y causó sensación entre su clientela, muchos de ellos grandes empresarios y políticos ya que su ubicación y discreción fue fundamental.

Con un trabajo de relaciones públicas destinado a altos empresarios y la socialité burguesa, el lugar ha logrado seducir a una exigente clientela con una carta en la que destacan las preparaciones con pescados y mariscos frescos, de la mano del chef Andrés Nweh, de origen libanés, y la dirección de Antonio Fernández, uno de los socios de este bien instalado restaurante que destaca por su altura, luminosidad, arquitectura, diseño y funcionalidad. Una enorme carta de vinos que prácticamente cubre las paredes de este lugar, da la bienvenida a este lugar, que por cosas del destino y de su categoría, nunca fue parte importante del circuito gastronómico capitalino, a pesar de su gran convocatoria.

Como en un club, acá pareciera que todos se conocen. Incluso varios de sus clientes tienen su mesa favorita y asignada. Los viernes (el día de mi visita), un gran mesón con ostras y mariscos recibe a sus comensales o público que pasa por el sector. Vino blanco y espumosos para hacer esta jornada un imperdible, que luego continuamos en una mesa, cómoda y bien dispuesta, con un grato servicio de sus camareros. (Isidora Goyenechea 3000, Las Condes / 22245 7077)

 

 
COMEDOR CENTRAL

La historia es larga, pero se puede acotar a un par de frases, ya que dado el gran impulso que ha tenido el turismo, la Municipalidad de Santiago decidió intervenir los portales que rodean la Plaza de Armas y potenciar un nuevo polo gastronómico. Uno de los primeros en abrir en lo que antiguamente le llamaban “el portal de las carteras” fue Cristian Correa, propietario del exitoso Mulato de calle Lastarria, conocido por su fuerte tendencia a la cocina de mercado en base a un recetario propio de una cocina chilena-burguesa con un gran acento en la calidad de los productos, bajo el nombre de Comedor Central, un albo restaurante de dos pisos con cocina a la vista, donde ofrece una atractiva carta que parte a la hora del desayuno y prosigue a la hora de almuerzo. Poco a poco se ha ido dando a conocer ya que su clientela es absolutamente nueva y diferente, pero confía en que la solidez de su cocina enamore a los turistas que en masa recorren todos los días del año este –desconocido para algunos- lugar insignia de la capital.

Ojalá los planetas se alineen y que la Plaza de Armas pueda convertirse en un polo gastronómico verdadero. Hay mucha inversión pública y privada en juego y la capital se merece un lugar de estas características. Lejana para muchos de nuestros lectores, la Plaza de Armas tiene estación de Metro y estacionamientos privados. Anote este dato para algún mediodía. Le encantará. (Portal Bulnes 489, Plaza de Armas, Santiago Centro/ 23291 9417)

 

 
ORIGEN BISTRÓ

El tercer piso de un complejo hoy llamado Cumming 94, aloja al Origen Bistró, un lujito creado por Marcelo Arzola, propietario de la casona, junto a Ignacio Ovalle, ex chef del recordado Ópera y del bien ponderado Tercer Piso de La Vinoteca. Para ello decidieron recuperar el tercer piso de la casona, que en algún momento fue una bodega. Vale destacar que este complejo alberga tres restaurantes absolutamente diferentes, algo poco usual en nuestra capital.

Concreto y adobe a la vista. Mesas, sillas y sillones negros para contrastar con los muros raspados sin mayor intervención. Cocina a la vista y luz, mucha luz para una carta innovadora y moderna, que cambiará el sentido del barrio, ya que la apuesta convence al más conservador de los gourmets.

La carta es acotada a doce platos (entre entradas, fondos y postres), con un concepto de cocina de mercado que incluye carnes, pescados y mariscos, pero que variará semana a semana. Un centenar de vinos en su carta y una amplia variedad de cócteles, elaborados y servidos por bartenders y sommeliers, le dan un plus al lugar, donde incluso, como buen bistró, incluso el chef se involucra en el servicio, un valor agregado que se agradece. (Av. Cumming 94, Santiago Centro / 22699 3059)

 

 
ÁUREA
Todos sabemos que un gran porcentaje de restaurantes que se abren en la capital, terminan sucumbiendo más que nada por el grave problema de “no saber leer” lo que sucede con el negocio gastronómico en nuestro país. A pesar de ello, hay aperturas que bien valen destacar. De ellas, el Áurea, una casona del barrio Bellavista que fue completamente remodelada para albergar un restaurante hecho y derecho. Impresiona su decoración interior, en base a papeles murales y muros intervenidos, además de una gran terraza interior, de todo gusto y tremendamente cómoda.

Sabor local no es sinónimo de comida chilena. Acá se han dado maña para conquistar estómagos golosos en base a una cocina donde el producto es el principal protagonista. Ayuda a este propósito una cocina tecnificada de última generación y el aporte humano de los cocineros, que aportan las pizcas necesarias para entregar autenticidad en sus preparaciones.

Una cocina de autor muy bien elaborada y ejecutada. Buen servicio y ambiente. Una carta amplia con tintes mediterráneos y de gran calidad. Un gran aporte a la ciudad y un tremendo dato para estos largos días de verano. (Antonia López de Bello 191, Recoleta / 23290 5124)

 

 
MUU

La palabra oficio es lo primero que llega a mi mente tras almorzar en esta nueva parrilla que está instalada en el distrito del lujo del Parque Arauco. De partida, acá no se siente estar en un mall y menos se extraña el cierre del Armani, que tuvo dos locaciones en la capital, pero pocos entendieron la calidad intrínseca de su gastronomía. Por ello, los propietarios del grupo Mil Sabores, que agrupa restaurantes de la talla de La Mar, Panchita, La Sanguchería del Barrio, Tanta, Brunella y otros, decidieron entrar en el difícil mundo de la carne Premium, y no se equivocaron, más con la gran contratación de Bastián Ruiz, con gran expertise en este producto, y quien fuera por años el cocinero del restaurante Cuerovaca y Cívico.

Oficio, ya que saben lo que quieren y a lo que aspiran. Diametralmente diferente a sus otros emprendimientos, acá en Muu la estrella es la carne a la parrilla, la que cocinan en los ya famosos hornos Josper, que prácticamente les vuela la cabeza a todos los que han invertido en alguno de sus modelos. Y para muestra, un botón: la estrella de la casa es el Flat Iron (punta paleta en su traducción chilena) que, grillada en su punto preciso, jugosa, blanda, sabrosa y acompañada de un mix de verdes, tiene un costo de $7.800 (menos que un simple sánguche), convirtiéndolo en uno de los caballitos de batalla para un almuerzo (o cena) en un ambiente casual y distendido.

Gran apertura. Hay que visitarlo sí o sí. (Distrito del Lujo Parque Arauco /Av. Kennedy 5413, Local 480)

MIS APUNTES


MIS APUNTES.

 
 
POLVO
¿Qué nombre… eh?
 
Poco motiva su nombre. Es cierto. Curiosamente fue buscado y analizado con lupa por sus propietarios para bautizar este nuevo restaurante capitalino. Sea o no del agrado de todos, acá se puede disfrutar una cocina y una carta de vinos que está haciendo bastante ruido desde que abrió sus puertas, hace tres meses.

Ubicado al costado del hotel-boutique Castillo Rojo y enfrentando la Plaza Camilo Mori, en Bellavista, donde antes estuvieron –sin éxito alguno- la Brasserie Petanque y Amadeo, la nueva propuesta significó una remodelación casi total de las instalaciones, donde un flamante ambiente se pone a disposición de sus comensales.

Dos profesionales son claves en este nuevo emprendimiento: el chef argentino Federico Ziegler, que antes de abrir este lugar trabajó en los hoteles Awasi en Atacama y Patagonia; y el director de vinos del restaurante, el sommelier Felipe Aldunate, quien, amante de los vinos naturales, orgánicos y biodinámicos, seleccionó 150 etiquetas, de las cuales mes a mes separa 30 –algunas de ellas por copa–, para facilitar la elección de sus clientes.

Vino y comida en su máxima expresión. ¡Y vaya que diferente! Una serie de entradas de gran sabor y novedad sirven para degustar algunos vinos que difícilmente se podrían catar en otro lugar: desde la sencillez de unos deliciosos Tomates en conserva (caseros) con aceitunas ($ 3.200); pasando por una delicada Ensalada de tomates, ostras frescas y frutillas ($ 6.300) o un excelente Huevo de campo pochado, selección de hongos y lengua asada ($ 6.000),  son un tremendo aporte a la degustación de vinos en copa como una Pedro Ximénez, Colectivo Mutante ($ 2.700), o una copa de País en Tinaja, de la viña González Bastias ($ 4.600).

Buena mano en la cocina y buen manejo de la carta de vinos. Por ello (y también gracias a sus precios) el Polvo ya tiene clientes frecuentes. Desde el almuerzo, con un menú que incluye dos copas de vino y tres platos por sólo $ 11.000, hasta la hora de la cena, donde una carta muy atractiva, ha convertido a este lugar en un secreto muy bien guardado, donde el boca a boca ha sido fundamental.

Fondos de todo gusto y un placer para el paladar. Con sólo seis platos, el lugar cautiva a sus parroquianos. Sin duda alguna, las maravillosas láminas de Plateada sobre una gran tostada de pan casero, con compota de pimiento y mostaza ($ 10.000), se lleva gran parte de los elogios, tanto como un lindo filete de Merluza Austral, con algas de Algarrobo y espinacas crocantes ($10.500), o una sabrosa panza de Chancho asado, con una ensalada de ají encurtido y repollo grillado ($ 12.000), se convierten en muestras vivas de la calidad gastronómica de este nuevo comedor capitalino.

Personalmente, lamento la poca iluminación del lugar. Como sus propietarios lo publicitan como un wine-bar, los platos (que son realmente sabrosos y novedosos) no tienen la oportunidad de lucirse, algo poco lógico, ya que bien se sabe que la comida entra por la vista. Aun así, con poca luz para la felicidad de los amantes de la comida, bien vale conocer la magia que le imprime el chef Federico Ziegler, desconocido en la capital, pero con un sello propio, que le ha permitido elaborar sus propios encurtidos y tener charcutería propia.

Durazno en almíbar de huesillo, palta y chocolate blanco ($ 5.500) y/o Manzana, membrillo y crema de cerveza ($ 5.000), son postres que hay que experimentar, ya que son tan destacables como toda su oferta.

Ir a Polvo por una copa de vino (o un cóctel) acompañada de un queso de cabra –madurado- con mermelada elaborada en casa, o visitarlo a la hora del ocaso para conocer su propuesta completa, es fundamental para los que disfrutan con la buena gastronomía, ya que sorprende y se aplaude.

Polvo: Constitución 187, Bellavista / 98440 2462      

martes, 26 de febrero de 2019

LOBBY MAG


LOBBY MAG

Año XXXI, 28 de febrero al 6 de marzo, 2019
LA NOTA DE LA SEMANA: El famoso Jardín de Mariscos
MIS APUNTES:  Muu Steak House
TURISMO: Bahía Inglesa: el caribe chileno
 

LA NOTA DE LA SEMANA


 
EL FAMOSO JARDÍN DE MARISCOS
Quién más o quién menos se ensartó este verano con uno de los platos “caballitos de batalla” de los cientos de restaurantes que inundan los balnearios de nuestro Chile. El conocido y vilipendiado Jardín de Mariscos, que en cierta forma se ha transformado en uno de los platos estrellas del verano y que, en estricta verdad, poco o nada aporta a nuestra cocina.

¿Qué es un jardín de mariscos? Depende de donde uno se encuentre, el jardín es una variedad fría de mariscos frescos (pocos) y cocidos (y muchas veces descongelados), con poco sabor y menos aroma. En el norte lo emplatan con ostiones y en el sur con choritos. De seguro -y eso lo debemos tener todos muy presente-, las salsas que acompañan aportan algo de colorido y sabor a la presentación. Los camarones (ecuatorianos) son parte de la estrategia de venta. Hace unos años eran una rareza. Hoy son –por su valor-, ingrediente infaltable en la cocina nacional, aunque su sabor sea similar al cholguán.

Ni hablar de los ostiones, generalmente congelados, donde ni siquiera el sabor del coral se percibe. O las patas de jaibas, muchas de ellas aun con hielo en su interior, que sólo cambian su sabor cuando se bañan con ketchup o salsa golf.

Las machas, duras. Muchas veces agradecemos que en el plato vengan dos espárragos verdes, algo de cebolla con cilantro y un poco de lechuga. A la larga (y que quede constancia que nosotros también hemos caído en la tentación), el “jardín” prometido no nos lleva ninguna parte.

Estas son reflexiones cuando se termina la temporada de verano. Como somos humanos, es muy probable que el próximo año volvamos a pedir un jardín de mariscos en alguna caleta de nuestro extenso litoral. En fin… es nuestra realidad y aunque ya lo advertimos, seguiremos tras estos especímenes de nuestro mar y continuaremos tratando de encontrarle algo de entretenido a un chicloso anillo de calamar que ni siquiera las mejores muelas son capaces de convertirlo en alimento apto para el ser humano. (JAE)

 

MIS APUNTES


 
MUU STEAK HOUSE
Recién abierta y reemplazando al restaurante Armani, esta nueva parrilla gourmet está cosechando sus primeros aplausos.

La palabra OFICIO es lo primero que llega a mi mente tras almorzar en esta nueva parrilla que está instalada en el distrito del lujo del Parque Arauco. De partida, acá no se siente estar en un mall y menos se extraña el cierre del Armani, que tuvo dos locaciones en la capital, pero pocos entendieron la calidad intrínseca de su gastronomía. Por ello, los propietarios del grupo Mil Sabores, que agrupa restaurantes de la talla de La Mar, Panchita, La Sanguchería del Barrio, Tanta, Brunella y otros, decidieron entrar en el difícil mundo de la carne Premium, y no se equivocaron.

Oficio, ya que saben lo que quieren y a lo que aspiran. Diametralmente diferente a sus otros emprendimientos, acá en Muu la estrella es la carne a la parrilla, la que cocinan en los ya famosos hornos Josper, que prácticamente les vuela la cabeza a todos los que han invertido en alguno de sus modelos. Y para muestra, un botón: la estrella de la casa es el Flat Iron (punta paleta en su traducción chilena) que, grillada en su punto preciso, jugosa, blanda, sabrosa y acompañada de un mix de verdes, tiene un costo de $ 7.800 (menos que un simple sánguche), convirtiéndolo en uno de los caballitos de batalla para un almuerzo (o cena) en un ambiente casual y distendido.

Si bien es cierto que la parrilla es la estrella, los tártaros ($7.800) y carpaccios ($ 6.800) son ideales para comenzar a degustar las especialidades de la casa. Una serie de entradas –frías y calientes- donde también brillan los champiñones rellenos y la tortilla de papas ($ 5.800), todo esto mientras se regocija con el inigualable sabor y calidad de su pisco sour ($ 6.400), uno de los mejores de la comarca, o sus cócteles en base a Gin, el destilado veraniego de este lugar.

Los cortes Angus como la entraña ($ 12.800), lomo vetado ($ 16.800) o filete ($ 9.800) –es sólo parte de una oferta que no deja de impresionar. Aparte, una docena de guarniciones (entre $ 2.900 y 3.900) y tres maravillosas salsas (pimienta, queso azul y carne) servidas individualmente, se complementan de maravillas con las carnes grilladas. Si a todo eso le sumamos una acotada –pero buena- carta de vinos por copa o botella, cervezas y cócteles (con y sin alcohol); un servicio –inmigrante- de primera, más un ambiente grato, cómodo y agradable, hay razones de sobra para que esta nueva parrilla se convertirá en una de las favoritas de la capital, ya que en Muu –como bonus track-, todos los platos están pensados para ser compartidos, algo que bolsillo agradece y permite degustar otras preparaciones.

Ricos postres, como la torta de chocolate, famosa en casi todos los restaurantes del grupo Mil Sabores, quienes, como novedad presentan en sociedad unos deliciosos crepés de manzanas al ron ($2.800), un tremendo final para un banquete de punta a cabo.

Gran apertura. Hay que visitarlo sí o sí.

Muu Steak House / Distrito del Lujo Parque Arauco /Av. Kennedy 5413, Local 480.

 

TURISMO

 
BAHÍA INGLESA, EL CARIBE CHILENO
 
María Yolanda González F.

Objetivo: sol asegurado, playa de arena blanca, mar azul turquesa, ni gélido ni ¨tina¨ tipo Caribe, y apta para nadar; buena gastronomía y buena onda. A las 8 de la mañana, mi vuelo sale hacia el aeropuerto Desierto de Atacama, en Copiapó. Dos horas después estaré instalada en mi alojamiento de Bahía Inglesa, a dos cuadras de la playa.

Bahía Inglesa debe su nombre a los piratas ingleses que saqueaban La Serena y fondeaban en el lugar, asegurando su botín. Hoy el botín es este paraíso libre de malls y edificios en altura, con unos pocos negocios tipo pueblo que venden de todo, con la tranquilidad de poder pasear por su animada y bien implementada costanera El Morro de noche, sin peligro, con buena música y en short, porque la temperatura acompaña. Si alguien tiene necesidades urbanas, tipo supermercado, farmacia y demases, a 15 minutos está Caldera, con todo lo que se le ocurra: desde una antiquísima iglesia, un mercado tradicional, farmacias, cargadores de celulares en la plaza, mirador… y por supuesto un mall chino.

No es fácil encontrar alojamiento en Bahía Inglesa en verano, no obstante, hay una variada oferta de hoteles, hostales -con máxima calificación en las plataformas especializadas-, casas y cabañas. Es que la sucesión de playas -una más linda que la otra- son parte de la explicación, donde su gastronomía también tiene algo que decir.

Del mar a la mesa

A las 3 de la tarde atravieso de la playa Las piscinas al “Plateao” en la costanera, a almorzar. Una terraza cubierta en plena avenida El Morro y un buen espacio interior - todo con vista al mar- conforman el restaurante, bar, café. Buen servicio, diversidad de pescados y mariscos y variedad en la oferta de vinos, espumosos y cervezas. Un fresco pescado de roca, es mi debut. Rico, sabroso, a punto y una porción de buen tamaño, al precio de cualquier restaurante capitalino, pero la vista al mar lo hace más apreciable.

No me gustan los tours, pero me tienta Lagarto Chango porque tienen el buen gusto de recogerte a mediodía, después de un buen desayuno. Salimos con Nicolás, un universitario guía, y el destino final es playa La Virgen, calificada como una de las más lindas de Chile. Primera parada El Morro y los asentamientos de los Changos ahí, como si no hubieran pasado miles de años. Seguimos a Chorrillos donde luego de un trecking con mucha roca y preciosa playa, se aprecia como el choque de las placas del Pacifico ha levantado imponentes paredes de rocas labradas por el tiempo. Repuestos del trecking, Bahía Cisne es un bálsamo de playa y la única con arenas doradas -no amarillas-, doradas. A continuación, Salinas -y no lo puedo creer-, un humedal resurgido después de mucho tiempo producto de las avalanchas que bajaron por el rio Copiapó en el 2015 y 2017. Con razón dicen que los ríos siempre recuperan su curso. Agua dulce y salada, patos, cisnes y aves migratorias. De fondo la playa y casas rodantes. Seguimos a Puerto Viejo, que lo retrata su nombre, es como una pintura antigua y llegar en auto, nada de fácil ya que el camino se lo llevo la avalancha. Ahí están las playas Blanca, Turquesa y las Ágatas, y el mito del meteorito, un socavón hecho por el mar y la lluvia en la superficie y que ha servido para contar que cayó un meteorito y vinieron a verlo de la Nasa.

Finalmente, Playa La Virgen (que justifica su fama), y donde uno se topa con la realidad. “Cuide el agua, está en el desierto de Atacama” rezan carteles en diversos lugares. Un restaurante, un quisco y bonitas casas enfrentan esta especie de milagro en medio del desierto, de verdad, ¡cada día estoy más agradecida de los héroes de la Guerra del Pacífico!

Mi anfitrión en el hostal Ckair (el de más alta puntuación en TripAdvisor) me recomendó el “Punto de Referencia”, un restaurante a metros de la costanera, y donde no resistí probar los “Locos para compartir” y me los comí sola, acompañados de un espumante. Exquisitos, como todos los platos probados en esa terraza que además cuenta con buen servicio, precio de mercado, y buenas porciones. La mejor sugerencia.

De Bahía Inglesa se podría decir mucho, pero vale destacar que además de sus atractivos playeros, gastronómicos, e históricos, este balneario tiene verano casi todo el año y es por eso que escribir esta nota a días que se termine la temporada, es ideal para los que salen de vacaciones en temporada baja. Este lugar es como estar en el caribe, pero bastante más cerca. (MYG)

 

martes, 19 de febrero de 2019

LOBBY MAG


LOBBY MAG

Año XXXI, 21 al 27 de febrero, 2019
LA NOTA DE LA SEMANA: Áurea
EL REGRESO DE DON EXE: Lo comido y lo bailado…
 

 

MIS APUNTES


 
ÁUREA

Cada cierto tiempo aparece en escena un restaurante que sobresale rápidamente. Uno de ellos, el Áurea, con pocos meses abierto, merece una larga vida.
Todos sabemos que un gran porcentaje de restaurantes que se abren en la capital, terminan sucumbiendo más que nada por el grave problema de “no saber leer” lo que sucede con el negocio gastronómico en nuestro país. A pesar de ello, este último tiempo hemos visto que las aperturas se han multiplicado y desgraciadamente, el público consumidor sigue siendo el mismo.

A pesar del negativismo de nuestra introducción, tema bastante conocido por todos, hay aperturas que bien valen destacar. De ellas, el Áurea, una casona del barrio Bellavista que fue completamente remodelada para albergar un restaurante hecho y derecho. Impresiona su decoración interior, en base a papeles murales y muros intervenidos, además de una gran terraza interior, de todo gusto y tremendamente cómoda. La idea es de los cocineros Ismael Lastra y Tomás Saldivia, quienes luego de un par de estadías fuera del país –entre pelando papas y cocinando- obtuvieron la experiencia necesaria para abrir su propio comedor, donde manda el sabor local, pero con mucha identidad personal.

Sabor local no es sinónimo de comida chilena. Acá se han dado maña para conquistar estómagos golosos en base a una cocina donde el producto es el principal protagonista. Ayuda a este propósito una cocina tecnificada de última generación y el aporte humano de los cocineros, que aportan las pizcas necesarias para entregar autenticidad en sus preparaciones.


La terraza es –posiblemente- el mejor espacio para estos meses. Allí llegué un caluroso mediodía, con la finalidad de conocer una propuesta que prometía felicidad. Una barra bien montada y una carta de vinos que está en proceso de cambios, recibe a sus múltiples clientes. Para partir, un Pil pil de camarones y cocochas (11.900) salteadas en ajo, oliva, vino blanco y la acertada nota picante del ají cacho de cabra. También, frescas ostras ($ 12.800) con aderezos variados (incluso con chocolate) y sabrosas croquetas ($ 8.900) con charqui y queso Huentelauquén (se nota el origen y calidad del queso) aparte de una tabla de jamones y quesos ($ 14.900), ideales para compartir un cóctel.   

Luego, a la hora de los fondos, llamó mi atención el Congrio Áurea ($12.900), un maravilloso trozo grillado y acompañado con risotto de mariscos, berberechos, verduras escalibadas y huevo de codorniz. Tan, tan bueno que si algún día regreso, no dudaría en pedirlo nuevamente. De las carnes –y novedoso en la carta- un tierno Conejo al coñac ($12.900) acompañado de quinoto mixto, tocino crocante, salvia y avellana chilena tostada. ¡La perdición!

Rica y sabrosa cocina que no llega ahí, ya que la repostería también entrega muchas satisfacciones, como el Mote con huesillo bajo las nubes ($5.500), un cremoso de huesillo con mote suflado, salsa de huesillo y helado de canela. Todo escondido bajo una nube de caramelo que se disuelve con el jugo de este durazno deshidratado, ¡un must!

Si resumimos, en el Aurea encontraremos una cocina de autor muy bien elaborada y ejecutada. Buen servicio y ambiente. Una carta amplia con tintes mediterráneos y de gran calidad. Un gran aporte a la ciudad y un tremendo dato para estos largos días de verano. (JAE)

Áurea: Antonia López de Bello 191 (casi esq. Loreto), Recoleta / 23290 5124

EL REGRESO DE DO EXE


 
LO COMIDO Y LO BAILADO…
- ¿Un funeral, eh?
- No te entiendo, Sofía.
- No te hagas el de las chacras, Exequiel. No te resulta.
- Aun no te entiendo, preciosa.

De mal modo toma un diario que tenía en el sofá y me lo pasa.

- Averígualo solito y tómate tu tiempo. Yo ahora salgo con una amiga a un after office.
- ¿After qué?
- After office, menso.

Estaba tan emputecida que mi instinto de supervivencia no me dejó decirle que estaba envidiosa ya que como uniformada que era, no le permitían sacarse fotos. Pero me contuve y tras el portazo que dio me quedé solo y con el diario en cuestión. No tenía idea pero ahí estaba yo, bebiendo un gintonic en la terraza de un bar de Providencia con Abril, la peruanita colorina que había venido una semana a Santiago y que nos juntamos para hacer recuerdos… recuerdos ya que debido a que en  febrero no hay noticias, los ágiles reporteros de la prensa inventan páginas sociales veraniegas.

¡Con razón mi Sofia estaba furiosa!

No quise esperarla ya que no valía la pena. Como aún era temprano y mi día no podía terminar de abrupta manera, llamé por teléfono a Margarita, una jovial argentinita que tiene una especie de boutique en Providencia. ¿Me aceptas una invitación a cenar? -pregunté con mi mejor voz de conquistador-. Ella, sin desvanecerse -ya que nadie se desmaya por mí a estas alturas de la vida-, me contesta que feliz lo haría, pero que tiene un par de problemas familiares que le impiden aceptar el convite.

Opción uno: un fracaso. Me acordé de la Fran pero me contestaron que estaba en Miami en un curso; de Jacinta, y otra vez fallé ya que estaba visitando el casino de Talca. ¡Michelle, ella sí!, pero otro error. Era su día libre. Tras cinco llamados posteriores a Maca, Eva, Renata, Anita y Claudia, llegué a la conclusión que mi after office sería muy aburrido. Menos mal que no me deprimo ya que si así fuera, ese día estaba para el suicidio. ¿Dónde mierda quedaba mi fama? ¿Qué dirían si me ven tomándome un trago sin compañía en algún tugurio de mala muerte?

Mala cosa.

Con la puteada de la paquita no tenía hambre y para variar su teléfono no lo contestaba. Caminé un rato por Coventry con la mirada puesta en las rayitas que hace el cemento entre un bloque y otro de la acera. ¿Por qué no habrá un bar en esta calle?, feliz habría entrado a uno a beber un martini en vodka.

Sin horizontes de algo entretenido esa tarde-noche, regresé a mis tierras. Llegar al centro la hora en que un millón de autos pululan por las calles de Santiago no es fácil. Cuando llegué al departamento econtré una hoja de cuaderno de matemáticas (con espiral) que con un plumón rojo Sofía había escrito “Perdona Exe, son sólo celos”.

¿Celos? ¿De qué? ¿Del gintonic?

 
¡Mujeres!... Con razón dicen que no hay que entenderlas, sólo hay que quererlas.
Casi dormía cuando sonó el teléfono. Pensé que era mi Sofía pero era la Fran.

- Querido… te llamo desde Mayami… ¡supe que me andabas buscando!
- Cierto, pero ya pasó.
- Nada de eso. Te espero el jueves a cenar. ¡Tengo mucho que contarte!
- Pero…
- Nada de peros, Exe. El jueves a las nueve de la noche. ¡Te llevo de regalo una caja de puritos!

Yo sé que a nadie le falta Dios, pero aquí me la están tirando con pala. Ahora, y con la cueva que ando, capaz que aparezca el domingo en las sociales de El Mercurio cenando con la Francisca.

Definitivamente tendré que irme paso a paso. Los incendios se apagan de a uno y no todos juntos. ¿Qué hago si Margarita también llama para invitarme a cenar?

Tiene razón mi uniformada cuando dice que me voy a ir al cielo –o al infierno- en pelotas, con una piscola en la mano, una corbata puesta como cintillo indio en la cabeza y que seré titular en “La Cuarta”. Definitivamente no soy un buen ejemplo.
 
Pero lo comido y lo bailado…

Exequiel Quintanilla

miércoles, 13 de febrero de 2019

MIS APUNTES


COMEDOR CENTRAL
La Plaza de Armas se pone pantalones largos

La historia es larga, pero se puede acotar a un par de frases, ya que dado el gran impulso que ha tenido el turismo, la Municipalidad de Santiago decidió intervenir los portales que rodean la Plaza de Armas y potenciar un nuevo polo gastronómico. Muchos restaurantes capitalinos se interesaron en la idea que hoy ya es una realidad, dándole a este ícono capitalino el resplandor que necesitaba.

Uno de los primeros en abrir en lo que antiguamente le llamaban “el portal de las carteras” fue Cristian Correa, propietario del exitoso Mulato de calle Lastarria, conocido por su fuerte tendencia a la cocina de mercado en base a un recetario propio de una cocina chilena-burguesa con un gran acento en la calidad de los productos, se instaló bajo el nombre de Comedor Central. Allí llegamos un soleado día de enero a conocer una propuesta diferente, en un albo restaurante de dos pisos con cocina a la vista, donde ofrece una atractiva carta que parte a la hora del desayuno y prosigue a la hora de almuerzo. Poco a poco se ha ido dando a conocer ya que su clientela es absolutamente nueva y diferente, pero confía en que la solidez de su cocina enamore a los turistas que en masa recorren todos los días del año este –desconocido para algunos- lugar insignia de la capital.

Con patente de alcoholes recién entregada –absolutamente necesaria para la sobrevivencia de los restaurantes- recorrimos una carta llena de sabores y contrapuntos. Dos decenas de platos sabrosos, sobrios y bien decorados. Para partir, una lujuriosa “bandeja” de mariscos frescos - ostiones, choritos, machas, pinzas de jaiba, camarones, pescado y salsas- sobre hielo picado (desde $9.800 dependiendo el número de comensales), aparte de unos deliciosos Pejerreyes fritos con majadito de ajo, limón, tártara y hojas verdes en vinagreta ($ 8.900). Los platos, entradas y fondos, no superan los $ 10.000 (salvo el mero y el cordero), posiblemente aun algo caros, pero en la práctica, es imposible lograr mejores precios con la calidad del lugar.

Es difícil resistirse a la Plateada en su jugo con porotos granados guisados en refrito de tomate ($8.900); o no encantarse de su Merluza frita en batido de cerveza y cilantro con papas mayo, apio y palta (similar valor), dentro de una carta de fondos bien chilena, donde incluso ofrecen los ya perdidos y familiares Fritos de coliflor (una institución para los que ya pasamos –hace tiempo- el medio siglo de vida), con puré de albahaca y ensalada chilena ($7.900).

Como buen lugar turístico, pastas, risottos y paellas (al estilo Correa) también tienen su espacio. Platos que no probamos ya que al saber que el postre del día era Sandía con harina tostada y helado ídem ($2.800), nada costó regresar a la infancia, épocas donde todos disfrutábamos esta tradicional fruta veraniega.

Ojalá los planetas se alineen y que la Plaza de Armas pueda convertirse en un polo gastronómico verdadero. Hay mucha inversión pública y privada en juego y la capital se merece un lugar de estas características. Lejana para muchos de nuestros lectores, la Plaza de Armas tiene estación de Metro y estacionamientos privados. Anote este dato. (JAE)                                                                                                                                                        

Comedor Central / Portal Bulnes 489, Plaza de Armas, Santiago Centro / 23291 9417