martes, 22 de octubre de 2019

LOBBY MAG


LOBBY MAG

Año XXXI, 24 AL 30 de octubre, 2019 

Solo la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad.

 LA NOTA DE LA SEMANA: El conejo feliz: de París a Lampa
MIS APUNTES: Secretos de Rapa Nui: entre la verdad y la leyenda
EL REGRESO DE DON EXE: De feijoadas y otras menudencias

LA NOTA DE LA SEMANA



EL CONEJO FELIZ:

De París a Lampa

Cuando la muy estilosa y chic Inés de la Fressange escribió su célebre guía La Parisienne, en la que con lujo de detalles describe hasta los más mínimos pasos de una verdadera parisina, probablemente jamás imagino que una de ellas -Fanny Gallicier- llegaría producto del azar de Paris a Lampa, a criar conejos.

Como muchos jóvenes, recorrer el mundo fue lo que Fanny se propuso hace cinco años, y claro, ¡había que llegar al fin del mundo! Entonces no imaginó que se iba a enamorar de un chileno, que se iba a casar, que tendría un hijo y dedicaría sus esfuerzos a una magnífica granja criadora de conejos que hoy provee a destacados restaurantes de tipo europeo, y a cocinas chilenas domésticas, que han adoptado este alimento por sus extraordinarias propiedades en beneficio de la salud.

Música en las orejas

Si bien es cierto que la carne de conejo es muy común en Europa, y formo parte de la cocina tradicional chilena de un pasado reciente, donde el conejo se cazaba, de pronto pasó al olvido, y tal vez la razón sea lo complicado que era el proceso para que llegara a la mesa.

Hoy, no es necesario cazarlo ni desaguarlo. Las impecables jaulas individuales, de mayor tamaño a lo exigido en la UE en las que Fanny mantiene sus conejos marcan la diferencia. Como ella cuenta, cada uno tiene su espacio separado, porque de lo contrario se pelean, constantemente están con música suave para aumentar su bienestar, no se debe hablar fuerte ni hacer ruidos molestos para no alterarlos; cada uno recibe una alimentación de acuerdo a su raza y sus necesidades, y obviamente se faenan jóvenes, en beneficio de la calidad. Ah, no todos se inclinan por las zanahorias, el conejo angora pequeño y redondo, prefiere las naranjas.

Dedicada con entusiasmo y eficiencia al campo y su criadero, sorprende que esta parisina no tenga estudios formales al respecto, pero el esfuerzo, la rigurosidad y la tecnología los suple con creces, y eso se nota en la calidad de sus productos congelados. También ha sido una sorpresa para su familia francesa, a la que le gusta venir al Conejo Feliz, donde Fanny tiene en Lampa, su pequeño reino de orejas grandes. (María Yolanda González)

Puente Nuevo s/n, parcela 13, Lampa, Santiago
Teléfono: 23225 4515 / Móvil:  98239 0819
contacto@conejofeliz.cl /www.conejofeliz.cl


MIS APUNTES



SECRETOS DE RAPA NUI

Entre la verdad y la leyenda


Hace unos años, y bebiendo unos aperitivos en el hotel Hanga Roa de Isla de Pascua (actualmente Rapa Nui), Eric Campaña (Q.E.P.D), ex presidente ejecutivo del aquel entonces Lan Chile, me contaba las peripecias que tuvieron que pasar para abrir la ruta Santiago – Pascua, allá en el año 1967.

- “No había nada de nada, recuerda. Queríamos que la isla se convirtiera en un enclave polinesio en medio del Pacífico, ya que, cuando comenzamos a operar el destino Tahiti, la Isla era necesaria para una escala técnica, pero nos encontramos con una civilización atrasada. Prácticamente un indigenismo en el más puro sentido de la palabra -con el perdón de los isleños-. Era tan grande la necesidad de la empresa para convertirla en un enclave turístico que viajé a Miami a comprar una serie de artilugios que usaban los polinesios en Tahiti. Así, collares de conchitas (no existen conchitas en la isla) y de flores, faldas de fibra vegetal, sostenes de coco y otros implementos ayudaron para vestir a los primeros niños que recibirían a los turistas. Las acomodaciones también eran paupérrimas. Llevamos carpas para los primeros viajeros…”

- “Pero faltaba algo importante. El folclore. La Isla no contaba con una identidad propia –cuentan que en año 40 llegó recién el Sau -Sau desde las islas de Samoa-, así que contratamos a Margot Loyola para que nos creara música pascuense. Fue un secreto muy bien guardado ya que pocos lo saben. Incluso, tuvimos que llevar instrumentos y enseñarles a tocar guitarra para musicalizar la idílica escenografía que necesitábamos…”

- “Lo logramos, finalizó Campaña. Convertimos Isla de Pascua en un destino exótico y único. Pocos lugares en la tierra tienen secretos escondidos y serán miles los que vengan a visitarla en el futuro. El problema es que la Isla no es sustentable por sí misma y de la misma forma que la visitamos, la vamos destruyendo. Ojalá nunca pase, pero vamos para allá.”

Han pasado 27 años de esta última conversación con Eric. Sus vaticinios se están cumpliendo. La idílica Pascua ya no es la de antes y si no le ponemos un párele a la situación quizá en un tiempo más el problema sea insostenible. La isla es tan pequeña y los recursos son tan escasos que si pronto no se logran solucionar los problemas de la basura y de la población flotante que se quedó viviendo en este paraíso (incluso fiscal), podríamos perder uno de los enclaves turísticos más interesantes del mundo. Es cierto que Rapa Nui es de todos los chilenos, pero hay que cuidarla y no aprovecharse de ella… y que los Isleños tampoco se crean los dueños de la situación.

LA LEYENDA

Cuenta la leyenda que el Ariki (rey) Hotu Matu’a habitaba en un bello continente llamado Hiva. Una noche recibió en sueños el mensaje de que su tierra se hundiría, por lo que debía buscar un lugar al que llevar a su pueblo. Por consejo de un sabio vidente, Hotu Matu’a envió a siete exploradores en dirección al sol naciente, a buscar una tierra propicia para vivir y sembrar ñame (base de su alimentación).

Después de varios días de navegación, los siete exploradores llegaron a una isla pequeña y deshabitada pero que les pareció lo suficientemente fértil para vivir. Se dice que además del ñame, los exploradores llevaron consigo un moai y un collar de madreperlas, y que esto fue abandonado cuando volvieron a su tierra Hiva, dejando sólo a uno de los exploradores en la isla.
Tiempo después Hotu Matu’a llegó a la isla en dos grandes embarcaciones acompañado de un séquito formado por su mujer, su hermana y otras 100 personas. Desde entonces la isla tomó el nombre de Te pito o te henua, que significa “ombligo del mundo”.

Esta leyenda ha dado origen a que algunos investigadores concluyan que cuando Hotu Matu’a llegó a la Isla de Pascua, ésta ya estaba habitada y que encontró además del ñame, varios moais en pie. Algunos creen que los siete exploradores representan las siete generaciones o tribus que habitaron el lugar, de las que sólo una sobrevivió y se mezcló con la gente de Hotu Matu’a.

Con mitos, tradiciones y realidades, viajar a Rapa Nui es un deleite.


EL REGRESO DE DON EXE




DE FEIJOADAS Y OTRAS MENUDENCIAS

Cuando le conté a Sofía -mi paquita- de mi amistad con Lulú, ni siquiera se sorprendió. ¡Estamos en el siglo XXI!, comentó. “A estas alturas es normal que existan chicas como Lulú e incluso hombres “como tu conserje”.

¿Carlitos gay? Sin duda los tiempos habían cambiado. No me atreví a preguntarle a Sofía si ella pertenecía a “ese club” ya que si fuese efectivo habría dado vuelta mi mundo en 180°. No podría ser –pensé- ya que ella está casada con otro paco y antes fuimos fogosos amigos con raspe. Pero -según mi paquita- ello no es impedimento para que existan lelas, gays o incluso transexuales. “Hay más de los que te puedas imaginar”, concluyó.

Todo esto mientras hacíamos el almuerzo del sábado pasado. Con dos estufas a gas y un frío de mierda recordaba esos veranos en Ñuñork en que ella cocinaba sólo con un mandil con pechera que me habían regalado en uno de mis condumios. Ahora, en cambio, estaba más abrigada que hijo único.

Cambió un poco la temperatura cuando le preparé un sour con jengibre que bebimos en copa catedral. Ella, por su parte, había aprendido una receta de feijoada que incluía cerveza negra, cachaza y jerez. En una olla tenia los porotos negros y en otra un caldo oscuro con unas costillas de chancho que estaba cocinando a fuego lento. Sofía, como haciendo un ejercicio de sanación mental, me contaba de las siete protestas que se tuvo que mamar durante la semana y de las magulladuras que le deja el uniforme de combate que utilizan. Lo que más lamenta es que luego de sacarse cresta y media en las marchas y meter preso a cuanto encapuchado encuentran con bombas molotov, al día siguiente persiguen a los mismos de la jornada anterior. “Estamos para el hueveo”, dice muy seria.

Al segundo sour se comenzó a relajar y dejó de contarme cosas de la comisaria y de su marido que está “pasándolo la raja en Puerto Cisnes”. Poco a poco el calor comenzó a traspasar su piel y se sacó su grueso sweater para quedar con una polera verde bien chic que decía en la espalda “GOPE”. – “Nunca pensé sacarme el sweater, Exe. Así que te tendrás que contentar con esta polerita institucional…”

Como el frente del mal tiempo estaba avisado, mis pertrechos eran suficientes para no salir de casa durante todo el wikén. Sofía agradeció el gesto ya que sus papás no estaban en la capital y ella no quería estar sola. Como los horarios los determina el estómago, almorzamos como a las cuatro de la tarde y entre miradas van y miradas vienen, pensé que el bajativo lo beberíamos en el dormitorio, con sabanitas nuevas de 300 hilos de origen egipcio.

Tras dos platos de feijoada (que estaba realmente maravillosa) y dos botellas de Cacique Maravilla, un vino tinto de la cepa país que elaboran en Yumbel y que está para mascarlo, decidimos hacer un alto para descansar (de tanto comer) y lavar los trastos. Como en la cocina cabe una persona, me asigné como lavador oficial de platos mientras Sofía buscaba en la radio alguna música ad hoc para nuestro evento privado. Estábamos en eso cuando golpean la puerta. ¿Tienes invitados?, pregunta. Al ver que hacia un gesto negativo con la cabeza dice: ¿abro?

Era Lulú. Menos mal que mi paquita sabía toda la historia así que las presenté y ninguna se hizo rollos. Se saludaron de beso como si se conocieran de toda la vida y se sentaron en el sillón mientras yo seguía lavando platos. Me pareció una eternidad estar en la cocina mientras ellas hablaban despacito, cosa que yo no escuchara sus comentarios. Preparé una bandeja con tres copas de Oporto y un plato con un queso gorgonzola y láminas de peras que me había llegado de regalo. Me integré a la charla y me tuve que sentar en una silla pequeña frente a ellas ya que el living es diminuto. Sofía y Lulú reían cuando hice un brindis y pregunté la razón de tantas risas.

No paraban de reírse cuando Lulú me pasa una cajita envuelta en papel de regalo. ¡Que lo abra! ¡Que lo abra! Gritaban al unísono. Bebí un sorbo de mi Oporto y me apresté a abrir ese liviano paquete que estaba en mis manos. Me puse colorado de vergüenza cuando aparece una caja de Viagra (versión genérica, obvio) a la vista y risas de Lulú y Sofía.

¿Y por qué esto?, pregunté haciéndome el de las chacras. Lulú se levanta del sillón y me pregunta ¿tuviste un tren eléctrico cuando eras chico?

- Nunca, le respondí
- Ahora lo tienes en tus manos, querido. Serás una locomotora.

Aun no se me pasaba el sorocho cuando Lulú se fue. Sofía queda mirándome y con cara inocente pregunta
- ¿Petrolero o eléctrico?
- ¿Aunque sea a vapor?

Saca de su cartera un par de esposas, me las muestra y pregunta ¿te detengo o tú me interrogas?

Estoy seguro que muchos pensarán que el Viagra es lo máximo. ¿Ustedes no creen que posiblemente fue la feijoada?

Exequiel Quintanilla



martes, 15 de octubre de 2019

LOBBY MAG


LOBBY MAG
Año XXXI, 17 al 23 de octubre, 2019 
Solo la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad.

LA NOTA DE LA SEMANA: ¿Qué hay de nuevo, viejo?
MIS APUNTES: Para entender qué es el lujo
VIVENCIAS: Locos y más locos


LA NOTA DE LA SEMANA





¿QUÉ HAY DE NUEVO, VIEJO?

Si dejamos de lado los convencionalismos que forman parte de nuestro ADN gastronómico, los animales de caza - ya sea mayor o menor-, pocas veces nos llevan a pensar que son realmente un banquete gastronómico. Los productos provenientes de la caza no son parte importante de nuestras tradiciones culinarias y las famosas “temporada de caza” que tratan de vendernos nuestros restaurantes, no lo son propiamente tal.

Sucede con el ciervo (caza mayor) que hoy es un producto de granja, al igual que el jabalí o el conejo (caza menor), objeto del tema de este comentario.

Claramente nuestro país no ha tenido hambrunas ni guerras tremendas como las sufridas en Europa. Allá y en su momento, todo lo que sirviera para alimentarse era un manjar de dioses. De allí viene la tradición del conejo como alimento, siendo uno de sus máximos representantes la paella de conejo, proveniente de la localidad de Sollana, en Valencia, receta inspiradora de las múltiples preparaciones que siguieron a continuación.

Hace unos días conseguí que Cristóbal Morales, murciano y propietario de La Bodeguilla de Cristóbal, me preparara su versión, y tras una larga conversación acerca de las tradiciones españolas y acompañados de jamón ibérico con un buen tinto, se produjo el milagro de convertir los granos de arroz bomba (para las paellas y los arroces en grandes pailas hay que comprar el arroz de grano redondo y pequeño ya que absorben maravillosamente cualquier aroma o sabor), pimentones, azafrán y presas de conejo en una paella digna de un banquete de lujo. Sabor, sazón y texturas únicas. Humedad y colores perfectos que me llevaron a pensar del porqué al rechazo de este sabroso animal en nuestras latitudes.

Recomendado por los expertos en nutrición ya que es un alimento magro, es decir, con bajo contenido en grasa, su carne contiene muy poco colesterol, posee importantes minerales como hierro, zinc y magnesio, y sus proteínas, de alto valor biológico, son necesarias en todos los periodos de la vida. Con bajo contenido de sodio y de fácil digestibilidad, la carne de conejo debería ser protagonista de cientos de recetas tan sabrosas como la paella y servir para darle un vuelco a nuestra gastronomía, bastante poco innovadora a la hora de probar nuevos productos.

En casi toda Europa el conejo es parte importante de la alimentación de sus pueblos, además de ocuparse en grandes recetas de los mejores restaurantes. Acá hay que encontrarlos con lupa. ¿Tendremos que pasar por una hambruna para saber lo rico que es guisar un conejo?


MIS APUNTES




PARA ENTENDER QUÉ ES EL LUJO

Un tema largo, pero nada de tedioso. Hay que saber lo que es el lujo para intentar llegar a un target muy específico de la población mundial. El lujo existe y Chile no está exento de ello. Hoteleros y gastrónomos deben por obligación estar atentos a este cliente diferente y complejo, ya que en la actualidad el consumidor del lujo es discreto y no alardea su condición.

El mundo y la industria del lujo siempre ha ejercido gran fascinación por una razón muy concreta: el valor del “sueño”. El lujo es aquello normal para la gente extraordinaria… y aquello extraordinario para la gente normal.

Como referencia, un ejemplo concreto: en 1950, solamente 25 millones de personas realizaban viajes internacionales, y en el imaginario colectivo están las imágenes del equipaje, constituido por varias piezas, con baúles, sombrereras, maletas de Hermès, etiquetas de hoteles glamorosos y de líneas de cruceros.

Para 2030 se estiman 1800 millones de viajeros.

Por lo tanto, asistimos a un fenómeno de popularización, que debe ser entendido como el acceso de más individuos a una serie de bienes o categorías de bienes, que antes eran lo “extraordinario” y ahora es normal. Vale preguntarse entonces… ¿Sigue siendo lujo?

Si echamos la vista atrás, en el año 2008 por primera vez se habló de crisis en la industria del lujo. ¿Crisis? Se supone que la demanda -el público objetivo que lo consume-, es inmune a la crisis… Ciertamente es así, quien entró en crisis fueron las clases medias que, en los años de bonanza económica, con liquidez fluyendo, querían su trozo de cielo; y con dinero en el bolsillo y ganas de gastarlo, algunas marcas le dieron acceso a una versión del cielo: productos de marca, con el logo, pero no lujo auténtico. Las marcas que eso hicieron, con extensiones de gama que perseguían el dinero de estas personas normales, pervirtieron su realidad, así que cuando se acabó la fiesta, este mercado se quedó sin posibilidades, lo mismo ocurrió a las marcas que habían bajado a ese terreno.

Curiosamente, las marcas de lujo que siguieron en lo suyo, centradas correctamente en su target, su público objetivo tradicional, los individuos extraordinarios, capearon perfectamente bien los años de crisis, incluso incrementando el promedio de cada venta.

Por ello, asistimos actualmente a un crecimiento a partir de las áreas geográficas donde el dinero fluye, y hay ganas de gastarlo.

¿Gastarlo en qué? Para los países nuevos en el lujo –como el nuestro-, el lujo significa símbolo de status, de éxito, de pertenencia a un grupo. Es un consumo externo, debe verse de manera que el resto perciba el éxito o pueda asociar a una persona a alguna elite.

En países más maduros en cuanto a consumo del lujo, nos encontramos con la dimensión interna del consumo para uno mismo, la discreción en el logo, casi inexistente, o imperceptible, nada más que para sus iguales lo reconozcan, y que además traduce un gusto exquisito y la condición de “connaisseur”, o sea, alguien que sabe.

Ahora, después de esta entrada para situar de alguna manera el contexto, vayamos a las preguntas:

¿En qué situación se encuentra el mercado del lujo en el mundo? ¿Y en Chile?: En realidad, existe un incipiente consumidor de lujo más selectivo que consume menos, pero con mayor calidad, con gran conocimiento sobre las tendencias globales y un cuidado hacia el medio ambiente, sobre todo por el acceso a internet e intercambio cultural.

De acuerdo con las cifras presentadas en el informe anual para la Fondazione Altagamma - que se encarga de la promoción, protección y regulación de la industria del lujo italiana y sus empresas - el mercado del lujo creció globalmente un 7%, en línea con los años anteriores, en los que se mueve entre el 5 y el 7% anual.

El consumo europeo y norteamericano se mantiene, Asia Pacifico y los rusos son la locomotora. A tener en cuenta que son turistas los que consumen lujo cuando viajan, por cuestiones de precio -impuestos locales- accesibilidad- limitación en gama y en unidades- y experiencia de marca en las tiendas matrices, pues si bien en sus países de origen también disponen de tiendas similares, nada como poder acudir a la tienda en la ciudad origen.

Cuando hablamos de lujo hablamos de un sueño, un sueño de muchos, pero solamente al alcance de unos pocos (viajar a la Antártica, por ejemplo). Y debe ser así, pues es la distancia entre el deseo de muchos y el consumo de unos pocos, crea el valor del sueño (un reloj de marca, por ejemplo).

En realidad, competencia hay mucha, como no puede ser de otra manera en un sector en crecimiento (alta relojería, ropa, perfumes, autos, hoteles, vuelos…). Existen y muchas, aunque solo sean conocidas por ese público objetivo al que se dirigen y al que irradian con sus acciones de marketing, bastante alejadas de las campañas en medios masivos.

El lujo es sueño, no se compara. Ninguna marca realmente de lujo relaciona sus productos.

Un ejemplo ilustrará perfectamente esta afirmación: Rolex no vende relojes, Rolex vende Rolex. Y aquí Rolex es un conjunto de significados esencialmente emocionales. Que el precio sea alto no hace que sea lujo, es lujo y por lo tanto como sueño, solo al alcance de unos pocos, lo normal para los extraordinarios.

Otro: Ferrari, bajo la dirección de Luca Cordero di Montezemolo, redujo su producción para limitar las ventas, al tiempo que subió sus precios. ¿Teoría económica de la creación de escasez? Para nada. Incrementó la distancia entre los muchos que sueñan y los pocos que podrán realizar el sueño. La dificultad estriba no en la propia oferta, sino en el conocimiento perfecto, profundo y detallado del mercado al que se dirige, en un entorno donde la investigación de mercados se gestiona de manera sensiblemente diferente

Cuando hablamos de lujo ¿a qué nos referimos? encontramos relojes y joyas, arte, gadgets y autos, yates, veleros, helicópteros y aviones, viviendas, clínicas médicas, residencias, gastronomía y vinos, viajes… No hay categoría de producto ni servicio ajena al lujo, convirtiendo lo extraordinario en ordinario. Un buen ejemplo son los grandes servicios hoteleros: un mundo globalizado, un mundo de 7 x 24 x 365 provocan el “lo quiero, y lo quiero aquí y ahora”. Su mercado objetivo, el cliente, busca romper las barreras de espacio y tiempo, y dispone de los medios para hacerlo, convirtiendo lo extraordinario en lo normal para esos pocos. (JAE)


VIVENCIAS



LOCOS Y MÁS LOCOS

Mi primer contacto con los principescos locos, cuyo horrible nombre científico es Concholepas concholepas, (“principescos” les llamo ya tienen su sangre azul gracias a una proteína llamada hemocianina), fue en casa de unos tíos –veteranos otrora-, los cuales en un gesto de gran amistad hacia mis padres, me invitaron a almorzar y como entrada sirvieron dos gigantescos ejemplares los cuales –un poco duros- tuve que prácticamente tragarlos ya que mis conocimientos acerca de este molusco sólo alcanzaba a visualizar sus grandes conchas cumpliendo su papel de ceniceros en los típicos restaurantes de mi zona de origen, conchas que se colocaban sobre floridos manteles de hule, junto a una alcuza que siempre tenía un aceite algo rancio, sal húmeda que tapaba los orificios del frasquito, vinagre de vino tinto y un plato con un maravilloso pebre de ají. Mi pueblo, por así decirlo- no era muy amigo de los frutos del mar, los cuales sólo descubrí ya en mis años mozos, época en que no sólo aprendí a comer mariscos, sino que supe de los malos resultados del consumo excesivo de cerveza, las delicias de un vaso de vino tinto – sin cepa ni año de cosecha- y la fama de la familiar piscola.

Esos dos primeros locos que comí en Iloca se convirtieron con los años en varios cientos de moluscos que devoré durante décadas. Lo que, si me percataba, eran cada día más pequeños y que la prensa, lejana para mí en aquella época, comenzó a denominarlo “recurso loco”, cuyos “dealers” eran tan buscados como los actuales traficantes de drogas duras… y algunas blandas.

Me acordé de esta juvenil historia gracias a la invitación que recibí de unos amigos para pasar unos días en Coquimbo, el puerto pirata de la Cuarta Región, lugar donde me arrebaté viendo, mirando, comprando y comiendo todo lo que el mar de la zona puede entregar a sus habitantes y turistas.

Ya me había percatado que en todos los puestos del terminal pesquero de esa ciudad los vendedores de pescados y mariscos se acercaban sigilosamente para decirme casi al oído: “tengo locos patroncito”, frase que prácticamente escuché en casi todos los locales donde paraba para admirar las jaibas, pejerreyes, corvinas, albacoras y decenas de pescados y mariscos fresquísimos y baratos. Ahí comenzó mi dilema. Los locos están en extinción… si yo los compro ayudaré a su desaparición… pero si yo no los compro otro lo hará… todos los ofrecen así que debe haber existencia… y entre el angelito blanco y bueno que me decía “no compres” y el diablillo rojo y malo que decía “están grandes y blandísimos” y luego de mucho meditar y queriendo sentir esos aromas y sabores de ese paseo a Iloca, ganó 12 a cero el diablillo y encargué (ya que estos moluscos se encargan) una docena de pecados que estarían listos, apaleados y dispuestos para mí al día siguiente.

Del “dealer” no daré más pistas, lo único que puedo decir que cada uno de los locos que llevé a casa de mis anfitriones eran de un muy buen tamaño… no como los de frasco o los de lata (que parecen dedales) que uno puede encontrar por ahí y que algunos convierten en “chupe” para no reírse ni criticar su calibre. Estos estaban grandes y después de su cocción quedaron igualmente grandes, por tanto, no estaban inflados, como suele suceder en algunos casos cuando el dealer no es de confiar. Luego de lavarlos cuidadosamente, a la olla a presión, con la suficiente cantidad de agua para guardar un caldo que luego contaré su destino. Un mondadientes de madera para ir revisando su blandura y una cuchara de palo para moverlos y dejarlos en su caldo para que se enfríen o entibien, es la única receta existente para estos bichos… luego, tibios a la mesa, tres ejemplares por comensal, con mayo /ajo hecho en casa (otro pecado que solo se puede cometer en el propio hogar) y un par de copas (a bien decir tres copas) de un sauvignon blanc de Amayna –del año-, para exclamar con certeza “esto es un bocado de cardenales”.

El caldo sirvió el día siguiente para que el dueño de casa se luciera con un risotto de locos, elaborado con los saldos de los locos (esta vez trozados) y un arroz cocinado lentamente con varias tazas de caldo de estos moluscos (según su receta –y se la creo- tres tazas de caldo por una de arroz). Imperdible.

Lo único desagradable de un viaje es el regreso, pero cuando escribo estos condumios y me recuerdo del “recurso loco”, prefiero no mirarme al espejo para ver mi sonrisa de alegría y satisfacción por haber aceptado a mis grandes amigos hacer un tour gastronómico en la ciudad de los piratas.




martes, 8 de octubre de 2019

LOBBY MAG

                                         
                                       
                                           LOBBY MAG
Año XXXI, 10 al 16 de octubre, 2019 
Solo la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad.
LA LISTA DE LA SEMANA: Las claves de la cocina argentina
MIS APUNTES: Axel Manríquez, el rockstar del Bristol
EL REGRESO DE DON EXE: Cambio de guardia

LA LISTA DE LA SEMANA


LAS CLAVES DE LA COCINA ARGENTINA
¿Por qué nos gusta tanto viajar a esas tierras?
 La cocina argentina puede entenderse como una mixtura cultural entre las influencias indígenas, mediterráneas (ítalo-españolas-árabes) y la variedad de productos agrícolas y ganaderos, que abundan en esas tierras. La Argentina es un país que disfruta de su comida. Son muy comunes –casi mayoritarias- las reuniones en torno a la comida, a pesar de los graves problemas económicos que sufren. Pero aun así se las ingenian.

 Las 12 claves de la cocina argentina en la lista de esta semana:

ASADO Y ACHURAS
Es imposible no probarlos, porque es, junto con el tango, pura argentinidad. El asado se puede comer en restaurantes o parrillas, o en cualquier casa local, lo que probablemente sea la versión más atractiva ya que se puede observar el ritual de cerca. Lo importante es probar las achuras: mollejas, riñones, tripas y chinchulines son infaltables en cualquier asado.

 
PIZZA CON FAINÁ
Son ampliamente conocidas las virtudes de la pizza argentina, la cual sinceramente no debe dejar de probarse. Pero si a una porción le agrega una fainá (una masa hecha con harina de garbanzos y aceite de oliva, oriunda de Génova), y se pide un vaso de moscato, es casi como estar dentro de un tango.

 

 
SÁNDWICHES DE MIGA
Según los viajeros entendidos, casi no se consiguen en otros lugares del mundo. La explicación de porqué trasciende lo racional, pero forman parte de la vida diaria de los argentinos: como aperitivo o directamente almuerzo y parte infaltable de cualquier cumpleaños o reunión, los sándwiches de miga se merecen la popular aceptación que tienen.

 

BIFE DE CHORIZO
El exclusivo bife de chorizo, alto, jugoso y tierno, acompañado de papas fritas, es una experiencia gastronómica imperdible. Es reconocido por su tamaño, así como la pureza de su carne. Al ser separado del hueso, antes de cortarse en bifes, tiene una forma entre triangular y cilíndrica, de ahí que se lo denomine “chorizo”.

 

 
 
MATAMBRE
Un plato típicamente familiar. Es un arrollado de carne vacuna relleno con verduras, huevo duro y condimentos. Se lo enrolla y ata con hilo y se hierve en agua. Suele comerse como entrada fría, en rebanadas, acompañado de ensalada rusa (papas, zanahoria, arvejas y mayonesa). Es tan importante para la patria que el escritor Esteban Echeverría escribió, en 1837, la “Apología al matambre”.

 

 
MILANESAS
Sola, con papas fritas, puré o ensalada, entre panes, frita o al horno, caliente o fría, la milanesa es probablemente el plato que más adeptos tiene. Son finas láminas de carne, empanizadas en huevo, pan rallado y condimentos. En general se las prepara con cortes vacunos como nalga, peceto, lomo, cuadril y bola de lomo, aunque también pueden ser de pollo. Si es “a la napolitana” significa que es gratinada al horno con queso, salsa de tomate y jamón cocido, creación del restaurante porteño Napolitano que dicen que allá por 1940 quiso disfrazar una milanesa quemada y dio en la tecla con semejante exquisitez.

LOCRO
Es el plato nacional por excelencia. Es un guiso de origen prehispánico y preincaico, elaborado con zapallo, maíz, porotos, papa, carne y vísceras vacunas y porcinas, cebolla y condimentos. Está extendido por todo el país y suele consumirse en fechas patrias. Eso sí: por su alto nivel calórico es altamente recomendable consumirlo cuando hace frío.

 

EMPANADAS
Se consiguen por todo el país, aunque Tucumán, Salta y Jujuy, al noroeste del país son sus referencias más distinguidas. La rellena con carne (y huevo duro, aceitunas, cebolla de verdeo y ocasionalmente pasa de uvas y papa) es la más tradicional, pero hay otros sabores. Suelen venderse por docenas, aunque también son un producto común de elaboración casera.

 

SORRENTINOS
Es una pasta rellena, similar al raviol, pero más grande y con forma redondeada. El relleno más tradicional es el de ricotta, jamón y mozzarella, pero con el tiempo fueron incorporándose nuevos sabores. La cuestión es que, si bien esta pasta lleva un nombre típicamente italiano, fue gestada en un restaurante porteño llamado Sorrento en la década del ´30 del siglo pasado

 

 
 
 
LOS ÑOQUIS DEL 29
Que no sorprenda si los 29 de cada mes, todos los restaurantes argentinos ofrecen ñoquis. Proviene de uno de los milagros atribuidos a San Pantaleón: agradeció la hospitalidad de unos campesinos, profetizando una buena pesca y cosecha. Ese episodio fue un día 29 y por eso se lo recuerda con una comida sencilla, como los ñoquis. Y el colocar dinero bajo el plato simboliza el deseo de nuevas dádivas.

 

ALFAJORES
Los alfajores son una obligación para aquel que pisa Argentina. Para muchos pueden resultar empalagosos al principio, pero no hay paladar que se le resista. Y el alfajor, dos galletas -generalmente de maicena-  rellenas con dulce de leche y baño de chocolate, es su máxima expresión. Cada provincia lo manufactura con una impronta propia.

 

FACTURAS
Los panaderos de comienzos de siglo XX eran, mayoritariamente, inmigrantes anarquistas. Y encontraron una original forma de difundir sus ideas y acciones: bautizaron a las facturas con nombres irónicos que aludían a sus enemigos. Así, gracias a su imaginación, hoy en día en las panaderías se pueden comprar cañoncitos, bombas de crema, sacramentos, vigilantes y bolas de frailes.