BRISTOL
Con un nuevo comedor
dedicado a las pastas y dos menús gastronómicos de lujo son las nuevas
propuestas del hotel Plaza San Francisco, un clásico que siempre se renueva.
Dependiendo
del lado que se mire, 30 años puede ser toda una vida o solo un suspiro para
los que estudian la historia. Gastronómicamente hablando, en Europa se
considera un clásico a los restaurantes que cumplen 200 años de vida, como La
Tour d’Argent, que abrió en 1582 y que aún es uno de los más importantes de
Paris. Pero el Nuevo Mundo tiene otro calendario y convertirse en clásico no
requiere de siglos de funcionamiento.

Atentos
al mercado gastronómico actual, la ubicación física y sus clientes, los
ejecutivos del hotel decidieron ocupar un espacio libre cerca de los ascensores
para instalar su nueva propuesta que simplemente llamaron “Pastas Bristol”, un
lugar que replica el tradicional restaurante interior y que ofrece una
interesante carta de raigambre italiana, con Antipastos (6.900), Carpaccio de
ternera (7.500), un maravilloso Risotto de champiñones y espárragos (7.500) y
variadas pastas frescas y secas. Sin duda una novedosa atracción para los
amantes de la pasta y para los turistas que viajan “a la segura” y no se
atreven a paladear nuevos sabores, aromas y texturas.
En
el comedor principal y a la hora de la cena, dos menús gastronómicos de lujo se
llevan las palmas. Creado por el chef
Axel Manríquez, comienza con un bocado de alta clase y casi desconocido: el
picoroco. Pariente de los percebes europeos, además de extraño es delicioso.
Aquí, presentado como Cappuccino, es toda una experiencia.
Luego
y para encantar a todos, la Centolla magallánica en caldo de crustáceos,
muestra otro de nuestros mejores productos del mar. Más allá, el Róbalo en
cancato sugiere ignorados tesoros del sabor y lo máximo: el segundo fondo, una
perfecta chuleta de cordero asado, en salsa de carménère y estofado de mote y
murta. Gran plato que culmina esta cena para grandes ocasiones que finaliza con
un goloso domo de chocolate con centro de naranja y broche de oro… comestible.
Como
todo lo bueno, este menú tiene su precio. Cinco tiempos por $49.900 y la opción
de un menú más breve, de tres tiempos por $32.900.
Con
un servicio de sala –sommelier incluido- de lujo y una maravillosa cocina
chilena de mantel largo, hay que reconocer que el Bristol ha mantenido
inalterable su alta calidad durante treinta años. Eso lo convierte en un
clásico… y también en un ícono de nuestra gastronomía. (JAE)
Restaurante Bristol /Alameda
816, Santiago Centro / 22360 4516