Fue en 1958 cuando la
italiana Carla Schiavini, una mujer de peculiar personalidad, de trato directo
pero mirada acogedora, decidió emprender un desafío que no tardó en dar frutos.
Su negocio fue el pionero del barrio, en pleno corazón de la ciudad, cuando
eran muy pocos los restaurantes que habían en Santiago y, menos aún, los
presentes en el sector. Poco a poco fue haciéndose conocida y con el tiempo se
transformó en un hito gastronómico, donde los habitués del Teatro Municipal
eran sus principales clientes. Alcancé a
conocerla y a degustar sus preparaciones en la calle Mc. Iver, un verdadero
museo de fotos dedicadas y objetos regalados que ella colgaba en sus paredes.
Luego de su fallecimiento vino la venta del establecimiento a un grupo de
empresarios que han mantenido vivo el espíritu del Da Carla antiguo, aunque ahora
situados en pleno barrio alto, donde con ánimo y tesón han logrado tener uno de
los restaurantes de más prestigio de la ciudad.

“Degustando nuestra
historia” (29.800 por persona), contempla cuatro opciones de “antipasti” y
similar cantidad en los “primi” (pastas o risottos); “principali” y “dulci”, un
verdadero paseo por la gran cocina italiana, esa que hemos adoptado como si
fuese nuestra.
El ítalo Michelle
Leone hace de maestro de ceremonias en nuestra visita. Sommelier de profesión,
acá se ocupa y preocupa de todos los detalles de lo que será una gran jornada. Prosecco
para partir e ir escogiendo los sabores y sorpresas que nos sucederán.
Inicié mi almuerzo con
una sorpresa: un “crudo pantelleria”, elaborado con ternera, pesto Pantesco (en
base de alcaparras) y helado de mostaza. Sabroso y original plato salido de las
manos del chef César Palomeque, que tras once años en Barcelona llegó al Da
Carla para darle mayores y mejores aires. Rico crudo, aunque igual probé ¡y
feliz!, un buen trozo de queso grana padano del plato de mi vecina.

¿Se puede comer tanto?
Si, ya que los platos
están adaptados a un menú que contempla cuatro pasos. Y cuatro pasos de los
buenos, donde no hay errores de ningún tipo. Un almuerzo que al menos dura un
par de horas ya que acá lo importante no es el tiempo, sino la composición de
cada plato. Detalle no menor.
Si bien el comedor es
de mantel largo, el próximo 24 de octubre se vestirá de gala para ofrecer una
cena aniversario, donde hará estreno un Prosecco con denominación de origen
otorgada por Talento Istituto Italiano, además del Amarone della Valpolicella,
un vino tinto seco de sabor intenso a base de pasas (passito uvas) y elaborado
en el Veneto. Una verdadera ocasión para sentirse en Italia… sin salir de
nuestra capital.
¡Bien podrían darse
cuenta los jurados de diarios y revistas de gastronomía, que existen más
restaurantes italianos en la capital! A decir verdad. ¡Más les vale!, ya que
cuando los encuestan y se ponen repetitivos pierden credibilidad. ¿O no?
(Juantonio Eymin)
Da Carla. Av. Nueva Costanera 3673,
Vitacura, fono 2206 0892