Directo al grano. Una columna de opinión
debe darle al lector las pistas necesarias para saber quién la escribe y
definir su credibilidad, ya que con el advenimiento de los blogs y las redes
sociales, cualquiera se las da de profesional en cualquier materia. Por ahí he
leído que bebieron un chardonnay de Pérez Cruz que es un poema… cuando esa
bodega no elabora blancos. En fin. En esto de la gastronomía y los vinos hay
mucho paño que cortar y a pesar de que nuestro Chile es pequeñísimo, no faltan
los abrazos con puñales en la espalda.
En este pequeño mundo de verdades y
mentiras, la moda gastronómica no se queda atrás. Cada día que pasa, la experiencia
en el extranjero es más valorada por nuestros cocineros y muchos de ellos no
disimulan el orgullo de haber trabajado pelando papas en algún restaurante
español o francés de respeto: “Trabajé tres semanas con Santi Santamaría”, es
una carta de presentación que aún no pierde vigencia en nuestro terruño.
A pesar de que aún existen estos
vendedores de ilusiones que nos maravillaron alguna vez con humo glacial,
deconstrucciones y birlibirloques varios, están apareciendo semillas de algunos
cocineros que van tras el rescate de nuestro producto. Cocineros de una
generación que le da más importancia a su carrera personal por encima de su
carrera laboral; que desean estar en contacto con nuestras raíces más que con
los vaivenes de la moda gastronómica mundial. La gracia es que conociendo las
técnicas, las aplican con su propia personalidad, algo que los podría convertir
en verdaderos cocineros.

Los hay repartidos por todo Chile. Esta
nueva generación busca el dinero ganado fácilmente como medio para ser felices.
Ellos manejan muy bien el presente, no les interesa mucho el pasado y se
despreocupan por el futuro. Esta generación de intercambio pronto estará en
nuestras cocinas y restaurantes. Personalmente y a pesar de ser una transición riesgosa, apuesto por ellos.
¡Esto comienza, señores! (JAE)