SANGUCHERÍAS
POST PANDEMIA
No
cometamos errores sin conocer el mercado
El
pan se ha convertido este último tiempo en un “best seller” y por ende cientos
de emprendedores que visualizan este producto como una forma de hacer buen
dinero, lo consideran como esencial para sus nuevos emprendimientos gastronómicos
luego del desastre epidémico que aún no finaliza. Creo –con la seguridad de no
equivocarme- que siete de cada diez emprendimientos gastronómicos de este
último tiempo, son locales sangucheros.

Panaderías
y sangucherías deberían tener el éxito asegurado. No hay duda de ello. Pero
tampoco podemos engañar a los emprendedores que piensan que una sanguchería es
la solución para sus problemas económicos y a la vez convertirse en un
empresario exitoso. Desde la distancia se ve fácil juntar un pedazo de carne
con queso y un par de vegetales, lo que impulsa a cualquiera a colocar un local
de este tipo. Lo que nadie les ha dicho es que una sanguchería es tanto o más
difícil que tener un restaurante y –obviamente conservando las inversiones- es
muy difícil (por no decir imposible) mantenerse en el tiempo.
Y
como las sangucherías están de moda, es lógico que los emprendedores –que no
son empresarios- piensen establecer una de ellas. De hecho, aparecen como
callampas en el bosque. Si usted, lector, tiene dinero (y mucho) apueste por
esta especialidad. Si usted, lector, está en el promedio de los que no saben
qué hacer con ese par de lucas que tiene ahorradas para el futuro, váyase a la
Fuente Alemana, cómase un Rumano y ya saciada el hambre, piense con el cerebro,
ya que una sanguchería no es la solución que anda buscando. (JAE)