NO SON LOS QUE TÚ
ESPERABAS”
No me lo van a creer,
pero estoy escribiendo estos textos desde Isla de Pascua. “Iorana”, me dice la
gente al pasar y recuerdo vagamente, ya que el ron me tiene algo embobado, el
cómo llegué a esta isla a mitad del Pacífico. El jueves de la semana pasada
recibí un extraño llamado. -¿Don Exe?
- ¿Con quién hablo?
- Susana, me dicen al
otro lado del teléfono. Tengo la misión de invitarlo a Isla de Pascua- ¿Y quién me invita, Susana?
- Eso no puedo decírselo, pero tendrá que estar mañana a las 7 de la mañana en el aeropuerto.
- ¿Cuántos días?
- Regresaremos el lunes
- ¿Usted va?
- Sí. Estaré esperándolo en el counter de LAN. ¿Me da su número de su cédula de identidad?
- Será, pues
- ¿Acepta nuestra invitación, don Exe?
- De allá soy, querida. ¿Susana? ¿Susana cuánto?
- Nos vemos mañana don Exe… y colgó.
Era la invitación más
extraña que había recibido en mi vida. Con razón algunos amigos me tildan de
“viejito cachiporra”, pero habían dos posibilidades: o era verdad o era una
joda. Aun así metí en una pequeña maleta un par de guayaberas que había
comprado en La Habana y que hacía años no ocupaba, unos shorts y hawaianas. Dos
camisas, un pantalón, un sweater y punto. Cuando llegué al aeropuerto busqué el
vuelo a Pascua y me encontré con una chica muy mona que andaba con un letrero
con tiza roja que decía: ISLA DE PASCUA. PASAJEROS INVITADOS.
- ¿Susana?
- Si, dice. ¿Y usted?- Exe, le respondo. Pero plis… tutéame
- Lo que pasa es que no estoy acostumbrada a tutear a los vieji…, perdón, a la gente mayor.
- ¿Te parezco muy viejo?
- ¡Para nada, Exe! Sólo pensé que eras más joven
¡Me cagó la guacha!, pero tenía razón. Al
grupo se unieron chicas periodistas de las revistas de papel couché y un par de
fotógrafos. ¡Mierdas!, reflexioné, ¿Qué hago acá?

A media tarde y con
una camisa floreada ad hoc, salí a recorrer el pueblo ya que la primera
actividad grupal seria al atardecer. Mirando pareos en una tienda e
imaginándome a mi paquita con uno de ellos, me topé con Susana, mi anfitriona,
que andaba en lo mismo. –“Exe”, dice – que alegría que nos acompañes. ¿Te puedo
hacer una pregunta?
- Dime Susana, soy
todo oídos
- ¿Cuándo saldremos en la Revista del Domingo?
¡Ahí estaba la madre del cordero! La chica,
nueva en esto de las relaciones públicas, se había mandado un condono y me
invitó pensando que este carcamal era de El Mercurio. Rápidamente sopesé la
situación y le respondí que eso dependía de los editores. “Aun así”, continué,
“trataré que sea pronto”. ¿Me confundió con Ruperto de Nola, ese que escribe el
día domingo? ¿Don Rupe...Don Exe?
A la pobrecita se le iluminaron los ojos al
pensar en tres o cuatro páginas en la RdD de la semana siguiente. –“Avísame lo
que necesites, Exe. ¿Vas a necesitar fotos en alta resolución? ¿Está bien la
“pieza” del hotel? ¿Nos acompañas a bailar esta noche? ¿Qué te gustaría hacer
mañana?.. Y suma y sigue. Me reía solo. Pero no era mi culpa.
El regreso
Comí como un sultán.
Bebí como un cosaco (ya que los sultanes no beben). Tres días que Susanita no
me dejó ni a sol ni a sombra, bien valían para ella tres páginas en El Mercurio.
Fue tanto el empeño que le puso, que al regreso, y como el vuelo venía de
Tahiti, me consiguió un lugar en la clase ejecutiva para que pudiese descansar,
mientras el resto se apiñaba en la clase turista. Incluso, un taxi ejecutivo me
esperaba en AMB para trasladarme a casa. Todo eso por sólo tres malditas
páginas que nunca llegarán.
Le solicité al chofer
del taxi que parara unos minutos en la Comisaría Los Guindos para entregarle a
Sofía, mi paquita, el pareo que le había comprado. Se sorprendió al verme y
preguntó dónde crestas andaba ya que me había llamado cuatro veces y no tuvo
respuesta. Le conté de mi aventura y no paraba de reírse. –No conozco Pascua,
dice, ¿Podrías contactarme con Susanita para que me invite? Total, cuenta, con
mi pinta soy capaz de pasar por reportera del New York Times.
Iorana, Susanita. Mañana llamaré a la
editora de la Revista del Domingo para preguntarle si está interesada en
publicar un reportaje de la Isla. Susanita, la novata relacionadora pública,
estaría eternamente agradecida
Exequiel Quintanilla