LA ALHAMBRA
La Meca del mundo hispano

El
monumento más conocido de la ciudad y una auténtica maravilla del mundo, se
alza sobre una frondosa colina, entre numerosos manantiales y bosques
centenarios. Obra cumbre del arte musulmán en España, sus obras se iniciaron en
el año 1238. Es uno de los monumentos más visitados de la península y, desde
luego, uno de los más apreciados internacionalmente. Recordemos, sin más, Los
Cuentos de la Alhambra, que escribió Washington Irving.
Un
caluroso día me recibe en Granada tras un plácido vuelo vía Air Europa desde
Palmas de Mallorca cuando en Santiago tiritan de frío. De ahí en taxi al centro
de la ciudad para cobijarme en un cómodo hotel de la cadena NH, ubicado en
pleno centro y a pasos de todo, el que se convertiría durante cuatro días en mi
cuartel general, óptimo para perderme entre sus gentes y miles de turistas que
recorren este enclave donde lo árabe se palpa y respira en cada momento.
Al
igual que Roma, Granada, la capital del reino nazarí, se alza entre siete
colinas, entre los ríos Darro y Genil, y resguardada por la mole montañosa de
Sierra Nevada. Granada es la quintaesencia del arte árabe en la Península.
Ultima capital de Al Andalus, el rey nazarí Boabdil se la entregó a los Reyes
Católicos el 2 de enero de 1492. La larga permanencia de los árabes en la
ciudad, a la que dotaron de todos los monumentos imaginables, convirtieron a
Granada en un verdadero museo histórico y artístico al aire libre.
Granada
es una ciudad para pasear, recorriendo sus calles con tranquilidad, respirando
el aroma y el embrujo de sus jardines, de sus callejuelas, de sus
impresionantes monumentos, de su historia en definitiva. La fama de su belleza
llega antes que el conocimiento, es una ciudad que se ama antes de conocerla;
cuando se conoce, ya no se puede olvidar. Granada es el arte de seducción en
estado puro.
Al llegar a Granada, una premisa ante todo. Tómese todo el tiempo posible para visitar la ciudad. Maravillas como la Alhambra y el Generalife exigen una dedicación especial que no puede medirse reloj en mano. Pasear por las callejuelas en torno a la catedral o por el barrio de Albaicín significa perder la noción del tiempo. El Marrakech de Granada le llaman y en esas callejuelas se topará con un ambiente dedicado exclusivamente a las teterías árabes, herederas de la antigua tradición islámica de Granada, además de tiendas de artesanía moruna y chicas haciendo tatuajes de henna. Allí lo español se convierte en árabe, con callejuelas llenas de pequeños locales donde comprar seda, marroquinería, recuerdos y ¿por qué no fumar una pipa de agua para pasar la tarde, bebiendo un té de especias?
La
noche de un día de junio, la brisa que viene de la Sierra Nevada, una buena y económica
cena en una terraza del Albaicin y como no, los ojos para poder contemplar las
calles, los pequeños rincones iluminados. ¡Y captar con una copa de vino el
silencio de una noche perfecta!, mientras uno se pierde con la mirada por los
callejones mágicos de la ciudad.
De
Granada regresé a Santiago con un souvenir diferente a cualquier otro que
hubiera imaginado comprar y es una experiencia diferente. Granada no sólo es
Alhambra, son sus calles de corte morisco, sus bares de siempre, su gente, su
clima, su modernidad ambigua anclada entre ayer y hoy.
Una
desconexión perfecta. Granada es un lugar idóneo para dejar de existir por un
par de días. (Juantonio Eymin)