martes, 22 de septiembre de 2015

NOVEDADES

LOS LICORES MÁS CAROS DEL MUNDO

Esta semana les presentamos los destilados (y vinos) más lujosos y ostentosos del mundo. Las cualidades para justificar su precio van desde su sabor, historia y extravagantes envases. Salud!!!

El ranking es el siguiente:

 

1. D’ Amalfi Limoncello Supreme – 44 millones de dólares
Este licor italiano viene en una botella diseñada por el joyero canadiense Stuart Hughes y cuyo cuello está cubierto por diamantes de 13 quilates. Nació a petición de una dama italiana, cuyo nombre no se ha dado a conocer.
 

2. Tequila Ley Pasión Azteca – 3.5 millones de dólares
Es una botella de platino con piedras preciosas incrustadas. Fue elaborada por el artista mexicano Alejandro Gómez Oropeza.
 

3. Coñac Henri IV Dudognon Heritage – 2 millones de dólares
Se trata de una botella con oro y diamantes, elaborada por el joyero José Dávalos. Es el coñac más costoso del mundo. Se rumora que el ADN de este licor captura la esencia y perfección de este tipo de bebida.
 

4. Vodka escocés Diva – 1 millón de dólares
Este Vodka está envasado en una botella incrustada con gemas, cristales y piedras preciosas.
 

5. Mendis Coconut Brandy – 1 millón de dólares
Es un brandy claro que está elaborado en barricas de madera Hamilla. La primera botella se regaló en un sorteo en 2007. Tiene sabor a coco y suaves toques de vainilla y chocolate.

 

6. Screaming Eagle – 500.000 dólares
Es un vino cuya botella de 6 litros se vendió recientemente por esta suma de dinero.
 

7. Macallan de 64 años – 460.000 dólares
Este whisky escocés viene en una botella de la casa Lalique, que combina el cristal y la joyería para hacer asombrosas obras de arte.
 

8. Chateau Cheval Blanc 1947 – 304.375 dólares
Una botella de este vino se vendió en este precio durante una subasta de Christie’s, en Ginebra. Una de sus cualidades es la longevidad, ya que puede conservase por 50 años más.
 

9. Heidsieck 1917 – 275.000 dólares
Este champaña formaba parte del cargamento de la nave sueca Jönköping, que se hundió en el Golfo de Finlandia y nunca llevó su cargamento a la corte imperial del Zar Nicolás II de Rusia, debido a que un torpedo la venció en la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de las botellas no se dañaron y hoy alcanzan sumas exorbitantes.
 

10. Cahteau d’Yquem 1811 – 117.000 dólares
El comerciante y millonario Christian Vanneque pagó esta suma por la botella de vino blanco, para descorcharlo y celebrar sus 50 años de carrera.

 

 

TURISMO GASTRONÓMICO


MICHELIN EN MADRID
El orgullo de Santi Santamaria

Fue una experiencia insuperable. Era el segundo establecimiento dos estrellas Michelin que visitaba en Madrid, y al contrario del primero, que aplica las tendencias de Ferrán Adrià, el Santceloni juega con la materia prima siguiendo los pasos de su creador, Santi Santamaría, quién aun fallecido, mantiene viva su filosofía en este restaurante de propiedad del hotel Hesperia, perteneciente a la españolísima HN Hoteles.

Nos recibió Óscar Velasco, chef responsable de la cocina de un restaurante que funciona como una orquesta filarmónica. Nadie, ninguno de sus empleados desentona: “El que siempre será el equipo de Santamaría,  sigue trabajando bajo las premisas del maestro: respetar la materia prima y conceder el mismo protagonismo a la cocina, la sala y la bodega”, fue lo primero que nos dice el chef. Y razón tiene ya que acá todo funciona como un relojito suizo, donde el equipo de sala viste elegantemente y el sommelier destaca por su sencillez y apasionamiento por su profesión: “Para trabajar de sommelier, antes hay que ser un buen camarero”, nos dice con gracia mientras nos llena una copa de cava, con la que iniciaríamos este perfecto almuerzo.

Nacido con el nuevo siglo, en el año 2001, el Santceloni se ha convertido en un referente indiscutible en el panorama gastronómico de Madrid. El restaurante le debe no sólo su nombre, sino también su inspiración, desde el concepto hasta las primeras cartas, al gran cocinero de Sant Celoni (Barcelona) Santi Santamaria. Bajo la tutela de Santamaria, un grupo de jóvenes profesionales procedentes del restaurante Can Fabes -el primer tres estrellas Michelin de Cataluña- desembarcó en Madrid, de la mano del grupo Hesperia, para trasladar a la capital de España sus ideas sobre lo que debía ser un gran restaurante gastronómico.

Nos sentamos en “la mesa del chef”, ubicada a la salida de la cocina, entre el ir y venir de platillos de gran calidad. Un menú degustación de siete tiempos, un recorrido por la clásica cocina hispánica donde no hubo ni siquiera necesidad de probar el pan elaborado en casa. Platos como Caballa marinada en ensalada, papas arrugadas, limón y cilantro; Guisantes del Maresme con gambas rojas y lemongrass; Sopa de Ostras con tomate, cebolla y habas; el Pescado del día con colmenillas salteadas, piñones y perejil, el Pato de sangre al horno con puré de ciruelas secas, aceitunas y pera; para finalizar con unos supremos ravioles de ricota ahumada con caviar Petrossian, Alverta Imperial, un lujo que obviamente tiene su precio, ya que sin vinos ni bebidas, este menú tiene un valor de 180 euros, algo así como unos 140 mil de nuestros coloridos pesos. Y si a ello le suma el vino, es fácil doblar la cuenta. ¿Digno de reyes y príncipes? Si, aunque también de empresarios y mucha gente de negocios que finalizan su almuerzo o cena en el Santceloni Cigar Club, que fue recientemente construido, y concebido para aquellos que quieran disfrutar al final de la comida o cena de un buen servicio de copas y de la cava de habanos seleccionados. El espacio, que se encuentra integrado dentro del restaurante, rodeado de cristales y con salida exterior para la liberación de humos, es un espacio limitado a unos 12 clientes, que bajo petición y reserva previa podrán disfrutar de una selecta cava que incluye más de100 vitolas distintas de las principales casas de la Habana, República Dominicana y Canarias, además de un espacio reservado para que el cliente habitual pueda guardar sus propios cigarros.

A Óscar Velasco (Segovia, 1973) lo vuelven loco sus dos hijos, entre otras muchas cosas, porque a pesar de tener 9 años y casi 7, “son partidarios de probar las cosas antes de decidir si les gustan o no le gustan”. Esto, en casa del herrero, es mucho hierro. A él, de pequeño, le recrimina su madre, no le gustaba nada, “comía fatal”. Ahora, algo ha aprendido, al menos lo necesario como para haber conseguido que el restaurante madrileño que dirige desde los fogones, tenga dos estrellas Michelin, un salto casi impensado en su carrera.

–Tendrás clientes más conservadores que tus hijos.
–No, lo de que la gente no quiera probar no me pasa ni con los clientes. Bueno algunas veces hay alguno más conservador, pero, en general, cuando vienen a Santceloni suelen ser bastante receptivos y, además, si haces algo que no les gusta, no pasa nada, siempre se puede hacer otra cosa.

-¿Qué productos empleas en Santceloni?
–En el restaurante tocamos todos los productos de mucha calidad. De Asturias esos grandes pescados del Cantábrico, aunque también empleamos del Mediterráneo, buscando sus diferentes cualidades. Pero allí tenéis muchas cosas y sin duda los quesos. Hay una presencia de quesos importantísima de Asturias. Podríamos hablar de las carnes... En definitiva, de todo producto de calidad, de gran calidad.

–Es el momento del producto, pero Santi Santamaría fue uno de sus grandes defensores desde hace mucho tiempo.
-Nuestra cocina es de producto, empieza por el producto y no la entendemos si no es con el mejor producto. Y no estoy hablando de los productos más caros, porque si hay algo maravilloso son unas sardinas a las brasas, o unos percebes, que son algo espectacular.

 – ¿Cómo se consigue tener el mejor producto cuando tanta gente lo busca?
–Todo parte de la selección. Recuerdo una visita a Asturias, a Casa Gerardo, donde vi como las escogían. Puedes comprar las mejores, pero después, una cosa tan aparentemente sencilla como una faba, hay que seguir escogiéndola. A mí me gusta comprar al pequeño, al que mima la materia. No nos sirve que un distribuidor nos traiga de todo, nos sirve aquello en lo que está especializado.

– ¿Qué crees que es lo que mejor que cocinas?
–Eh... qué pregunta.

–Más fácil. ¿Qué dicen tus hijos que es lo que mejor cocinas?
– ¡Es que los niños pequeños son un poco crueles! (ríe). Mira, yo les hago una tortilla de patatas en la que consigo unos tonos tostados, ¡Tostados! ¡No quemados! (ríe) y a ellos les gusta la de una cafetería, que es blanca, que la patata está prácticamente hervida. Sobre lo que mejor cocino... no me gusta escoger porque estás renunciando a otras muchas cosas.

–Has estado con los grandes y ahora eres uno de ellos, pero ¿cuándo supiste que estabas preparado para dirigir un restaurante?
– El día que empecé a hacerlo. Supongo que es como la expectación de salir al campo que vive un futbolista. Apretar y hacer todo lo que puedes. El primer día que abrimos era un jueves y un señor que comió ese día, nada más levantarse de la mesa reservó para el sábado. En ese momento me tranquilicé, porque abrir un restaurante nunca es fácil y llegar a ese momento, a ese servicio, te ha costado tanto esfuerzo, tanta sangre y tanto sudor... Al final es que somos exigentes con nosotros mismos y con nuestro trabajo. Es algo que cada día aprendes a llevarlo.

– ¿Qué quieres transmitir con tu cocina?
– Que estamos en una nueva etapa, muy ilusionados, que venimos de una desgracia que nos sucedió hace dos años, pero que hay un equipo de profesionales muy bien formados. Tuvimos un gran líder y tenemos la capacidad para seguir trabajando e intentando crecer.

– ¿Qué diferencias hay ahora, desde que ya no está Santamaría?
–Espero que no se note gran cosa. Cuando empezamos, Santi marcaba el rumbo, sobre todo por mi falta de criterio. Yo tenía 27 años y no sabes si lo que vas a hacer le va a gustar al cliente, si le va a satisfacer. La verdad es que los primeros años no me atrevía a cambiar una coma de la carta, pero no por Santi, sino por mi falta de criterio. Con el paso de los años, fuimos evolucionando, fuimos creciendo. La gente nos ayudaba a crecer y nosotros crecimos como profesionales. En los últimos años, Santi era nuestro guía, pero ya nos habíamos ganado su confianza y nosotros podíamos elaborar las cartas, los menús... Pero Santi siempre estuvo ahí, para ayudarte si hacía falta. Nos falta esa estrella que nos guiaba, pero aprendimos el camino y eso es lo que hacemos ahora: seguir su camino.

-En Chile existen muchos cocineros que llevan en su curriculum el haber trabajado un tiempo con uno de los grandes. ¿Recibes aprendices en tu cocina?
- Sí. Pero sólo si se quedan un año completo. Sólo así podrán conocer y trabajar materias primas que se dan solamente en cortos periodos de tiempo. Además, tiene que integrarse a un equipo de profesionales muy serio y que no les gusta perder el tiempo con chavales con poco criterio y menos imaginación.

-Sólo me queda felicitarte por las dos estrellas Michelin. Te las mereces.
-No son mías, son de Santi y el equipo.

 - Son tuyas, ya que si el restaurante lleva cuatro años sin Santamaría, en algo has participado para mantener la calidad del lugar. Dejémosle a Dios la evaluación final. ¿Te parece?
- Vale. Y espero que les haya gustado el lugar.

(Poco dormí aquella noche. Acá no dan los números, pensaba. Y es cierto. El negocio gastronómico de estos estrellas Michelin no es fácil y si bien no se gana dinero, el prestigio es el que interesa. Cuando se invierte un millón de euros para elaborar una nueva carta de vinos, el negocio es de perros grandes. Nosotros aun somos unos pobres y raquíticos quiltros que estamos en vías muy lejanas de esta realidad. Algo que sólo puede ser posible si tienes 60 millones de turistas pululando al año por el país. Con los cuatro millones que recibimos, estamos obligados a ver de lejos, y con cierta envidia, la historia gastronómica del hemisferio Norte. Aun así, lo comido y lo bailado –por así decirlo- merece esta pequeña historia recién contada.) JAE

BUENOS PALADARES

CRONICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA

(SEPTIEMBRE) PINPILINPAUSHA (Isidora Goyenechea 2900, Las Condes / 2 2233 65079): “. Partimos por un pulpo a la gallega ($9.200), plato muy simple que, en rigor, reproduce una vieja receta de Galicia, que podría ser vasca sin ningún problema: papas, pulpo muy bien hecho, aceite, pimentón. En Galicia elaboran un poco más sus cosas. Y hay también platos para "todo público": de éstos probamos un perol de mariscos ($10.900) con más palta que mariscos: el perol es plato popular, donde muchos mariscos se mezclan más civilmente que en el neolítico "mariscal". O sea: faltaron mariscos. El plato no estaba mal, pero...” “Decidimos a continuación irnos a la segura con unos riñones al jerez ($8.900), que llegaron acompañados de un simple molde de arroz blanco. Blandos los riñones, pero con poco gusto a... riñón: cuando pedimos riñones, queremos que nos sepan a eso. Sí: es cosa prolija el desaguarlos hasta el punto justo, a fin de que no sepan demasiado a riñones... Pero tampoco hay que desaguarlos en exceso. Complicado el punto. Resultado: guiso chato, sin relieve. Quizá más o mejor jerez hubiera realzado el condumio. Pero...” “. No estaban mal, pero...”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS

(SEPTIEMBRE) EL GUSTO PERUANO (Avenida Italia 1753 / 2 2225 3686): “De entrada, un piqueo mixto, con cebiche de pescado del día (REINETA), pulpo al olivo (que era jibia), causa de atún (lejos lo mejor) y cóctel de camarón a $11.900. Como se dice en jerga urbana, entre Tongoy y Los Vilos.” “A la hora de los fondos, imperó un aire de confusión. La parihuela ($6.400), un caldo criaturero históricamente cargado al ají panka y al tomate, en este caso venía dominado por lo lácteo. Por favor. Es sabroso igual, pero no tiene el sabor telúrico original. Uno quiere encontrarse con el Perú, no con París. Y lo mismo pasó con el arroz chaufa con mariscos ($6.500). Uno quiere que la soya y el jengibre manden, no encontrarse con un buen risotto atomatado, que estaba rico, pero que de chifa -esa mezcla entre lo peruano y lo chino-, poco y nada.”

MUJER
PILAR HURTADO

(SEPTIEMBRE) VERITIPICAL (Av. Ricardo Cumming 132, Santiago / 2 2698 0473): “Hay mesas largas celebrando cumpleaños y gente de toda edad. La carta de comidas es acotada y la de tragos es más generosa, dando pistas del giro del local. Sin embargo, nos llevamos la sorpresa de que todos los tragos que probamos -albahaca con Ballantines, daiquiri, la Vicky- nos parecieron de una calidad muy inferior a la de la comida, que es muy digna para un restaurante ruidoso que grita “¡diversión!”. Para comer, pedimos canasta de empanadas de prieta y humitas, muy ricas, y camarones forrados en filete al pilpil, cuyo juguito estaba perfecto para sopear con el pan calentito y crujiente. De fondo probamos corderito arvejado, tremenda porción; deliciosos y al dente zapallitos rellenos con rico pino de ostiones y machas; sabroso osobuco con casera coliflor en salsa blanca, y malaya de chancho con puré de camote y queso azul.” “Nos entretuvimos mucho y me pareció un gran lugar para ir a pasarlo bien.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(SEPTIEMBRE) EL LOMITO ESPAÑOL (Vicente Huidobro 409, Plaza Guatemala, Villa Macul /2 2302 9196): “Limpio, con los productos muy frescos y una pizarra de su oferta de vienesas (de $990 a $1290), ases (de $1790 a $1890), churrascos o lomitos (de $3490 a $ $3690).  Preparados como Español (pimentón, chorizo, cebolla y mayo), Italiano, Dinámico (palta, americana, chucrut, tomate, mayo), Chacarero (porotos verde, ají tomate), Luco, Chemilico (con huevos a la plancha), Alemán, Antiguo, Brasileño, A lo pobre (huevo, cebolla frita, queso) y suizo (queso fundido, tomate, mayo). Notable relación precio calidad.  Además de la mejor voluntad del mundo para armar el sánguche como prefiera el cliente. Té o café a $500, agregado a $400. Abren a las 5 de la tarde y siguen hasta medianoche, y más allá el fin de semana.”
 

martes, 15 de septiembre de 2015

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVII, 17 al 23 de septiembre, 2015

LA NOTA DE LA SEMANA: Fiestas Patrias
MIS APUNTES: Sakura Express: si se cansó de tanto asado y empanadas
NOVEDADES: El terremoto: la historia no oficial
TURISMO: Capadocia: Turquía profunda
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

LA NOTA DE LA SEMANA


 
FIESTAS PATRIAS

De golpe y porrazo llegaron las Fiestas Patrias. Este año más cortas ya que se celebrarán durante el fin de semana. A pesar de ello, cuatro días estarán llenos de colorido y de bailes nacionales.

La fiesta es tradicional y llena de orgullo a los que nacimos en esta patria. Este año, hay de todo y para todos. Desde las tradicionales fondas y ramadas a los típicos asados familiares y visitas a los restaurantes que se especializan en comida chilena. Incluso hay extranjeros que se suman a estos festejos, como la ramada del Centro de Eventos Mallarauco, en las cercanías de Melipilla, donde el anfitrión de origen francés ofrecerá este fin de semana su propia versión de una ramada binacional, como agradecimiento a su segunda patria.

Solo un mensaje: páselo bien y si bebe, no maneje. Bastantes tragedias hemos sufrido este último tiempo y no es necesario que usted sea portada de los diarios. Y si maneja sobrio, hágalo con cuidado, ya que muchos no lo estarán.

Felicidades y que tengan un buen fin de semana

MIS APUNTES


 
SAKURA EXPRESS
A domicilio, si se cansó de tanto asado y empanadas.

En mi largo recorrido por las tendencias gastronómicas de los chilenos durante estos últimos treinta años, recuerdo perfectamente al primer “fan” del sushi que tuve la ocasión de conocer. Se trataba de uno de los propietarios de Decomural, que debido a sus largos periplos por el mundo buscando diseños de papeles murales, comió un roll californiano en los Estados Unidos y quedó tan enamorado de ellos que regresando a Santiago pensó poner un restaurante que ofreciera esta delicia californiana. El mayor problema que tenía era que los insumos necesarios para elaborar sushi no se vendían en nuestro país.

Pasó el tiempo y luego comenzó la invasión. Mayor que la peruana, hoy la venta de sushi es tan generalizada que incluso no pocos venden rolls en las fondas del “18”. Aparte, le gusta a grandes y chicos. ¿“Comida de náufragos”, como comentaba el cronista Ruperto de Nola? ¿Cuál es la historia verdadera del sushi y sus derivados?

El sushi original empezó a comerse en China (sí, China) en el siglo VII y probablemente no nos hubiera gustado para nada. Desde luego, su sabor era bastante fuerte, ya que la refrigeración estaba muy lejos de ser inventada. El pescado llegaba a las zonas del interior de China salado y envuelto en arroz, por lo que ambos fermentaban. El arroz se desechaba, y se consumía el pescado resultante, que poco tenía que ver con el original. Con el tiempo se descubrió que agregándole vinagre, el pescado fermentaba más rápido y se conservaba mejor, así que empezaron a añadirlo. Posteriormente, la sequía y la escasez de comida hicieron que la idea de consumir el arroz descartado no fuera tan asqueroso, y el sushi “tradicional” tomó una forma que conservaría hasta el siglo XVII.

Para entonces, el sushi ya había llegado a Japón y se había popularizado allí relativamente, pero no sería hasta que Hanaya Yohei empezase a utilizar pescado sin fermentar (algo mucho más rápido de preparar), convirtiéndolo en el equivalente del fast food de ese siglo, y al sushi que conocemos actualmente, luego de su paso por los EE.UU. de Norteamérica, donde recrearon arquitectónicamente el producto, haciéndolo más atractivo y digerible.

Leo por ahí: “El sushi es todo un arte. La primera vez que comí sushi fue toda una experiencia de sabores y texturas diferentes que me abrieron un mundo nuevo, pero verlo preparar y luego comerlo fue genial. Amor a primera vista, pequeños bocados de placer.” Es cierto. Pero eso de los palitos y el tamaño tradicional de cada bocado que llenan mi boca, no logro identificar texturas, aromas, sabores. Personalmente un caos. Por eso llegué un día de la semana pasada al Sakura y me instalé (solitario en una mesa) a evaluar una serie de preparaciones. Sakura es una cadena grande que me dio la confianza suficiente con la calidad y frescura de los ingredientes. Partí con un sashimi de pulpo y salmón en láminas gruesas y grandes que desgraciadamente no caben en un bocado. Inexperto con los palitos, occidentalicé mis cubiertos y con cuchillo y tenedor achiqué las porciones para lograr captar sabores y consistencias, Rico salmón, de color anaranjado parejo y sin esas partes oscuras que aparecen de vez en cuando y que son producto de hematomas o sangre en los filetes. El pulpo, también laminado, algo chicloso, no me permitió capturar en forma tranquila su sabor.

La gracia de los rolls de sushi es la variedad. Con o sin queso crema, envueltos en palta o carne; pepino; nikkei (sabor peruano) y otros innumerables de detallar. Además, una serie de platos que van desde la sopa miso a los maravillosos edamame (vainas de soya fritas en sal), pasando por algunos típicos platos de la cocina china.

Sushi, sushi, quiero sushi…

Dicen los niños y no tan niños. En el caso de Sakura Express, se va a la segura. No es una ofensa decir que el lugar entra en la lista de los negocios de comida rápida o fast food (aunque sean mayores sus precios). El concepto es rendimiento v/s metros cuadrados de construcción. Aún así, y catalogándolo como comida rápida, los locales cuentan con servicio de vinos, cervezas, espumantes, aperitivos y sake ¡cómo no! Un plus que se agradece, ya que comer con Fanta es un desastre y sucede a menudo en una enorme cantidad de locales que elaboran sushi y que no tienen patente de alcohol. Lo de “Express” (apellido que no me gusta tanto) viene ligado a que un amplio sector de la capital se ve beneficiado con su sistema de delivery, ya que trasladan los pedidos desde el local más cercano al domicilio del cliente.

Once locales más un local virtual en Ñuñoa (para absorber los pedidos de ese sector), convierten al Sakura Express en una de las cadenas japo más grandes de la capital. Lo bueno de todo esto es irse a la segura en esto de la venta de productos procesados a domicilio difíciles de trabajar (como el pescado), y en eso cumplen. ¿O usted se compraría un paracaídas en el Persa Bio Bio?

Sakura se fundó en 1997 renovando la oferta de cocina japonesa del Chile de ese entonces con una apuesta de alta calidad. Al poco tiempo incorporó en su cocina nuevos ingredientes y formatos aportando algo desconocido en esos años: los primeros pasos del sushi fusión, con toques mediterráneos y nikkei. Fue tal el éxito que la empresa dio paso a una importante expansión incorporando en el año 2001 el formato delivery. (Juantonio Eymin)

Sakura Express
Direcciones y teléfonos: www.sakuraexpress.cl

NOVEDADES


 
EL TERREMOTO
La historia no oficial (texto largo, pero bueno)

Si hay un trago chileno que caracteriza la cultura popular de los bares y tugurios de la zona central del país, especialmente a la ciudad de Santiago, no hay duda de que tal es el "Terremoto", que ha llegado ya no sólo a algunos mesones viejos con sabor a brisa marina de Valparaíso y San Antonio, sino que ha comenzado a ser apropiado también en países vecinos que, me temo, se arrogarán a futuro la autoría de este embriagador brebaje nacional a base de vino pipeño que sigue siendo novedad, todavía, incluso para los connacionales visitantes de provincias y los novatos en las artes etílicas.

Los detalles de la receta varían según el local: al vino pipeño (vino blanco económico, "de la casa" y sin filtrar) y al helado de piña (tipo "crema", preferentemente) le agregan granadina o licor amargo en El Hoyo, ron en Las Tejas, coñac en La Punta y fernet en La Piojera; etc. El efecto es, sin embargo, igual de telúrico en todos los casos: el primerizo cae a veces con un solo vaso, grado 6 a 7 en escala de Richter. Los decanos aguantan tres o cuatro sacudones antes de comenzar a capitular. Conozco un par de vividores que llegaron como a diez cada uno en Av. San Diego, aunque con dedicación y sin apuros: desde las 11 de la mañana de un viernes hasta la misma hora de la noche.

Casi siempre se sirve en tamaño caña de entre 300 y 500 c.c. según el local, y acompañado de una bombilla o cuchara que permite beber el dulce líquido ámbar por entre los icebergs de piña que flotan en su superficie y que se derriten como témpanos glaciares, haciendo espuma blanca.

La leyenda dice que el "terremoto" nació en el bar El Hoyo de San Vicente con Gorbea, cerca de la Estación Central, cuando el periodista de un grupo de alemanes que reporteaban los estragos causados por el terremoto del 3 de marzo de 1985, pidió un barman mezclar vino con helado para atacar el calor veraniego reinante en la capital por esos días. Lo bebió con prisa y se sintió tan mareado al ponerse de pie que exclamó con mal castellano de acento teutón: "¡Esto sí que es un terremoto!". El suceso hizo historia.

Que me perdonen en El Hoyo, sin embargo, pero tengo la sospecha de que el "terremoto" es mucho, muy anterior a dicho episodio (por real que haya sido éste), y que sólo puede tratarse de un redescubrimiento del trago o bien la anécdota que le dio su nombre comercial definitivo. Existe algún par de bares del barrio San Diego, por ejemplo, que aseguran haber estado vendiendo tragos con la misma receta de los terremotos desde hacía 30 años. Si esto es verdad, entonces nuestras sospechas pueden ser bastante legítimas. Uno de ellos es Juan Núñez, dueño de la barra del popular bar Las Pipas, en calle Serrano con Eleuterio Ramírez, quien asegura que su local ofrece a la venta los terremotos desde casi una década antes del sismo de marzo de 1985, pese a no tener interés en ponerse a discutir su paternidad.

Por mi parte, tengo plena seguridad de que mucho antes de la catástrofe natural de los años ochenta existía ya en la tradición popular algo motejado como la "romana de los pobres", ponche que se hacía con helado de piña y vino blanco o pipeño. La alusión me sugiere una parodia del "ponche a la romana", que se hace con champaña y helado de piña, generalmente para el brindis de año nuevo, por lo que su precio la haría inconveniente a las capacidades de compra del sector modesto. También fueron famosas en la clásica bohemia santiaguina, algunas versiones el ponche de piña que se vendían dulces y frías, en célebres locales como el "Black and White" que existió en la Casa Colorada.

La asociación "sísmica" de determinados tragos con el alcohol tampoco es nueva en un país tan acostumbrado y familiarizado con temblores y terremotos, como el nuestro. El caso clásico es el de la chicha, esa que Manuel Magallanes Moure, artista del grupo de "Los Diez", llamara con cariño también "champaña de los pobres". Como la chicha y el vino pipeño estuvieron estrechamente ligados y por muchos años en distintos bares santiaguinos clásicos, como Las Tejas y El Jote, me pregunto si la "champaña de los pobres" guardará alguna relación con el ancestro del "terremoto", que creo identificar en las versiones pobres o más populares del "ponche a la romana". Oreste Plath recuerda un brindis propio de los consumidores de chicha:

Esta coloradita / nacida entre verdes matas/ me sube a la cabeza/ y me enchueca hasta las patas

Es el temblor en las piernas, precisamente, el que se ha asociado a cierto tipo de borracheras en nuestro país. En Coquimbo, por ejemplo, se comparaba antaño la ingesta excesiva de aguardiente o de pisco con sentirse como "pájaro", por la sensación de flotar y no percibir ni controlar bien las extremidades inferiores. En zonas al Centro y al Sur del país, en cambio, cuando venía un borrachín amigo caminando tambaleante y desequilibrado, solían gritarle de modo burlesco: “¡Está temblando, está temblando!".

En mi interés personal por buscar un posible origen anterior para el "terremoto", más allá de su leyenda de los años ochenta, hace tiempo encontré algunos antecedentes que podrían colocar ponches parecidos a la versión pobre del "a la romana" en tiempos coloniales, pues existía una serie de ponches populares entre los criollos que se hacían con mezclas de aguardiente con merengue llamado en ciertas partes sambayón o sabayón, espumado en frío y muy dulce. Lo observó en Perú autor francés De Sanguinés, por ejemplo, hacia 1834.

También existían tragos clásicos parecidos, a base de mistela o de vino con dulces espumados y potenciados con un corto de aguardiente, generalmente bebidos en fiestas y celebraciones masivas. Aunque no los describe con demasiado detalle, el cronista y Andrés Baleato habló de algunos parecidos en 1820, que observó en Ecuador, Perú y Chile. Y en Valparaíso es más o menos corriente escuchar de los viejos, que los santiaguinos sólo aportaron con el nombre para el "terremoto" cuya receta ya existía desde mucho antes en los bares porteños.

Considerando con realismo que entre mezclar vino blanco con helado o con merengue hay sólo una cucharada de distancia, vale el esfuerzo de averiguar desde cuándo existen los helados en Chile, suponiendo la posibilidad de que haya sido adicionada alguna vez a una caña con vino. Sí, ya lo sé: demostrar que algo pudo haber sucedido, no significa que, efectivamente, sucedió... Pero como de las vinificaciones nacionales no hay mucho que discutir ni comprobar, pues los primeros vinos chilenos se remontan al siglo XVI y eso está demostrado, el problema es la presencia de helados, por entonces.

Partiendo del hecho de la existencia de una nevería que dio nombre a la calle 21 de Mayo del centro de Santiago durante la colonia (la Calle de la Nevería, hoy recordada con una placa al costado de la Municipalidad, junto a la Plaza de Armas), por ejemplo, podemos confirmar en los estudios de René León Echaíz que este local vendía no sólo nieve traída desde la cordillera, sino helados primitivos, fabricados por la casa con dicho elemento, hacia fines del siglo XVIII. De hecho, esta nieve no sólo era usada para conservar alimentos o enfriar líquidos, sino para fabricar también helados caseros, probablemente mezclados con frutas. Gabriel Guarda detalla también que esta nevería era propiedad del Cabildo y que la atendían concesionarios.

Cuesta creer, entonces, que los criollos que han llegado a mezclar con el vino con las sustancias más inverosímiles, como las lenguas de los erizos, huevos crudos, jugos de cocimientos o harina tostada, no hayan probado muy tempranamente con esta mezcla embriagadora y telúrica, que puede remontar hasta muy antaño el hilo del origen de lo que posteriormente llamaron algunos informalmente como la "ponche a la romana de los pobres" y que luego se afinó en lo que hoy conocemos como el "terremoto". Quizás no con piña, pero sí con algún refrescante granizo saborizado; no lo podemos precisar, a estas alturas.

Sobre lo anterior, sin embargo, nos llama particularmente la atención una receta mencionada en 1935 por doña Olga Budge de Edwards en su recetario "La buena mesa", donde describe un cocktail de piña que se prepara a base de jugo y pulpa de la fruta, vino blanco seco, jerez y jugo de limón. La autora dice que, una vez mezclados los ingredientes, "Se pone a helar al hielo. Se cuela y se bate bien para servirlo". Agrega que este trago es un "cocktail fresco y ligero". Creemos que podría tratarse de una versión más refinada de las antiguas recetas populares que mezclaran vino y piña helada, por consiguiente.

La misma fuente menciona otro trago intrigantemente parecido a las recetas que hoy se emplean para el "terremoto" con ingredientes más populares ("pobres") pero casi equivalentes: Se trata un cocktail "reconfortante" y también de piña, para el que se emplea vino jerez (que es un vino dulce), hielo picado con jugo de piña y cognac, además de jarabe de papaya. Otra receta parecida citada por doña Olga es el "ponche cubano", que se compone de piña, vino blanco, champagne y "bastante hielo", según especifica.

La revisada receta es muy parecida al "ponche a la romana" que recomienda hacer la misma autora y que, además de los citados ingredientes, lleva clara de huevo (en merengue), almíbar y un poco de cognac. Y si alguien cree que nuestras comparaciones de estas recetas antiguas de ponches fríos con el actual "terremoto" son forzadas, advertimos que, a propósito de este último, la propia Olga Budge especifica que "Se ralla una piña y se pasa por el tamiz. Se mezcla con la mitad del almíbar y se hace un helado", y luego "se mezclan los helados con los vinos".

¿Habrá algo más parecido a nuestro actual "terremoto" en algún otro recetario de aquellos años? Si cambiáramos de estas recetas al vino blanco dulzón por su equivalente popular del pipeño y al hielo con piña por su presentación actual en helado envasado (que es básicamente lo mismo), nos saldría en el vaso preciso de eso: un "terremoto".

Como vemos, entonces, la mezcla de vinos blancos, piña y hielo puede haber estado desde temprano en la oficialidad de los menús de la sociedad chilena. Si esto fuera así, el mérito de El Hoyo sería unificar en nuestros tiempos la mayor parte de la receta del trago y darle un nombre específico a un brebaje que pudo haber estado presente en Chile desde mucho antes de su bautizo definitivo, quién sabe. Desde allí se extendió por los más tradicionales bares de Mapocho, Recoleta, San Diego, Franklin, Club Hípico, Estación Central y todo el casco del Santiago histórico y popular.

La "réplica", un trago más corto de "Terremoto" que la caña y que garantiza, supuestamente, la borrachera que no había logrado eventualmente la primera gran dosis, también parece proceder de "El Hoyo", aunque el entrenamiento de los comensales los hizo cada vez más resistentes, haciéndole perder a la "réplica" su rentabilidad como garantía para sentir el prometido sismo que da nombre al trago.

Cabe advertir, por cierto, que otra leyenda adjudica el nombre del "terremoto" no a algún episodio asociado al periodista alemán de 1985, sino a la mencionada sensación particular que produce su borrachera, como si no se sintieran las piernas y éstas temblaran, tal cual hemos visto más arriba. No es por pelar, pero, al respecto, pido a los lectores poner atención en la particular descripción que hacen las damas sobre las sensaciones que les provoca el "terremoto" una vez que lo prueban. Puede que esta parte de la historia del surgimiento del trago esté asociada con la anécdota original del periodista alemán.

Una anécdota sobre lo recién descrito: en diciembre del año 2005, vino a Chile un equipo extranjero del programa "Ciudades & Copas", del canal Discovery Travel & Living. Habían pasado por los bares de varios países de América Latina y en Chile les recomendaron probar el "terremoto" en su casa originaria de El Hoyo, para ser atendidos por el garzón Marambio, que es todo un símbolo del lugar. Así lo hicieron y, al parecer, la bella conductora argentina Laura Azcurra, tuvo un poco más de las secuelas por los efectos del trago que aquellas que se permitió ver ante las cámaras mientras elogiaba la poderosa mezcla, aunque ella lo negó a periodistas de Las Últimas Noticias que le consultaron al respecto. El "terremoto" es para decanos en estas artes cocteleras, según pudo constatar.

Ésta y otras salidas mediáticas del "terremoto" al resto del mundo, a través de los medios, y también de su popularización en la cultura "guachaca" en Chile, coinciden con la aparición de su oferta en los bares tradicionales de algunos países vecinos, aunque a veces con denominaciones impostoras. En cierto recetario argentino también he visto el nombre del "terremoto" pero adjudicado a tragos que nada tienen que ver con el verdadero de acá en Chile, y que en sus casos usan por base granadina, cointreau, tequilla o whisky, entre otras sofisticaciones de bar inglés tan distinto a las rusticidades de El Hoyo, La Piojera o Las Tejas.

Los de La Piojera son los más apetecidos en el barrio Mapocho, por sus connotaciones turísticas y su depósito de cultura "guachaca" que también lo ha ido haciendo internacionalmente famoso a través de los medios de comunicación. Debe competir con los cotizados vasos terremoteros del Wonder-Bar y el Touring, ambos en el mismo barrio. Sin duda que han de tratarse de algunos de los "terremotos" más tradicionales que uno se puede servir en Santiago. En Las Tejas, en cambio, la calidad del arreglo se mezcla con el folklore y los artistas populares que por allí pasean exponiendo sus artes. Sus competencias locales como La Pipa y El Rincón de los Canallas aseguran tener los mejores, sin embargo. Más lejos, bar El Pipeño hace lo propio en Barrio Franklin. Buena calidad parecida a Las Tinajas o en La Punta, de Santa Rosa, donde se ofrecen los sismos con algunas variaciones a gusto del consumidor. Nuestra lista es grande: pinchamos alfileres de terremoto en el mapa por Avenida Matta, Alto San Diego, Estación Central y todo el Barrio Matadero, todos vecindarios de cueca y tradición  folklórica urbana. Para el otro lado, la oferta lleva a Recoleta, Independencia y la ex Chimba, alcanzando Vivaceta, Quinta Normal... etc. El culto al sismógrafo ya se ha propagado por la ciudad.

No vaya a ser, entonces, que en el tiempo y la costumbre se ponga en entredicho la innegable chilenidad de uno de los tragos más famosos de nuestra noche capitalina, a causa de nuestro afán por priorizar el falso glamour o el estatus, que han marginado al "terremoto" a la tibia sección informal de las tradiciones nacionales. (Criss Salazar para Urbatorium)   

TURISMO


CAPADOCIA
Turquía profunda

Cada cierto tiempo uno se sobrecoge con algunos paisajes. Me pasó cuando visitaba Turquía y más precisamente la Anatolia central, en pleno Asia, donde llegué invitado por Turkish Airlines y la Embajada de Turquía en Chile para conocer uno de los lugares más enigmáticos de nuestra tierra. La región se llama Capadocia. Llegar allí no es fácil. Dos días de viaje con suerte. Pero lo visto y recreado, es realmente una maravilla.

¿La luna o Marte?

Capadocia se formó hace 3 millones de años con la erupción de los volcanes  Erciyes, Hasandag y Malendiz. Las cenizas, lava y barro cubrieron toda la meseta de Anatolia central con un grosor de decenas de metros. Al enfriarse esa masa caliente, se contrajo y agrietó. Luego con la erosión provocada por la nieve, agua, aire y cambios de temperatura, se crearon las formas más insólitas y alucinantes que se pueden ver en este mundo.

A las cuatro de la mañana me pasan a buscar al hotel. Noche oscura para iniciar una travesía en un globo que se eleva para observar desde el aire las figuras que se han formado en este espacio único. Tras un grato desayuno en las instalaciones de Royal Balloon, una van me traslada al lugar del ascenso. Aclaraba cuando comienzan a elevarse cerca de 50 globos con el fin de conocer desde el aire estas figuras de lava que cavadas por el hombre a través de la historia, aparecen como un queso gruyère una al lado de la otra por kilómetros y kilómetros. La sensación de estar en el aire es indescriptible. 

Franceses, musulmanes y otras nacionalidades completan los 16 cupos del globo en que viajo. El piloto, un experto en esto de la navegación, lo hace subir y bajar a su voluntad. Transmite experiencia y profesionalismo. Nos internamos por valles llenos de figuras volcánicas repletas de puertas y ventanas con el fin de entender que en este lugar vivió mucha gente en verdaderas cuevas cavadas en la blanda roca volcánica. Sinceramente no parece real y da la sensación de estar en un set de películas marcianas. Sin embargo todo es verdadero. Una realidad que deslumbra.

Una hora de vuelo para descender sobre el trailer de la camioneta que transporta al globo. De ahí, el bautizo correspondiente a los que nunca habíamos viajado en estos gigantescos aparatos. Con espumoso turco brindamos a las seis de la mañana por el éxito de esta misión.

Ya en tierra firme, más historias increíbles. Decenas de pueblitos situados casi uno al lado del otro muestran orgullosos sus monumentos naturales. En Goreme se encuentra el Museo al Aire Libre más visitado por los turistas. Allí, los monjes ortodoxos dejaron en el siglo III de nuestra era, innumerables testimonios de nuestra cristiandad. Aún existen cavadas en la roca volcánica monumentos, capillas, alcobas, almacenes e iglesias, muchos de ellos decorados con frescos de los siglos XI y XII.

El lugar sobrecoge. Capillas e iglesias cavadas en la roca con frescos de referencias cristianas que los musulmanes cuidan como hueso de santo. Las cocinas y comedores de los monjes y toda una infraestructura creada para testimonio de la humanidad. Todo eso que nos contaron los libros de religión vive y palpita en Capadocia.

Impresiona el respeto del pueblo musulmán por las imágenes cristianas, Desde la época de los sultanes han cuidado todas las referencias del paso de Cristo por esta tierra. Por ello no molesta ni incomoda la diversidad de culturas y religiones en este país que vio nacer a los tulipanes y que andaban con zapatos cuando nosotros caminábamos a pie pelado. Cuando uno se enfrenta a lugares como estos, que nacieron hace miles de años y que aún perduran en el tiempo, nos hace pensar lo pequeños que somos y lo grande de nuestra historia.

Más curiosidad provoca conocer los pueblos subterráneos que se emplazan en toda la región. En 1963, un habitante de Derinkuyu derribando una pared de su casa-cueva, descubrió asombrado que detrás de la misma se encontraba una misteriosa habitación que nunca había visto; esta habitación le llevó a otra, y ésta a otra y a otra… Por casualidad había descubierto la ciudad subterránea de Derinkuyu, cuyo primer nivel pudo ser excavado por los hititas alrededor del año 1400 A.C.

Los arqueólogos comenzaron a estudiar esta fascinante ciudad subterránea abandonada. Consiguieron llegar a los cuarenta metros de profundidad, aunque se cree que tiene un fondo de hasta 85 metros.

En la actualidad se han descubierto 20 niveles subterráneos. Sólo pueden visitarse los ocho niveles superiores; los demás están parcialmente obstruidos o reservados a los arqueólogos y antropólogos que estudian Derinkuyu.

Capadocia huele a damascos y hoy en día modernos pueblitos reemplazan las habitaciones de sus habitantes que recién hace cincuenta años dejaron de vivir en sus cuevas. En la actualidad cerámicas, alfombras, joyas y toda una alfarería está a disposición del visitante. Acá la seda es seda y una alfombra de dicho material se confecciona después de tres o más años de arduo trabajo manual. Realmente un destino como para no creerlo. 

 El paisaje emociona… y una imagen vale más que mil palabras. Aun así, me quedo con la sensación de la pálida luz del amanecer sobre las erosionadas formas de las chimeneas de las hadas, la brisa fresca de la madrugada y el sinfín de globos apostando por hacerse un hueco en un cielo azul impecable. (JAE)

BUENOS PALADARES

CRONICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(SEPTIEMBRE) TERRANÉE (Hotel InterContinental, Av. Vitacura 2885, Las Condes /2 2394 2000): “En el Terranée, del Hotel Intercontinental, hemos probado una cocina bien pensada, bien ejecutada, con cuidado, y con claras señas de conocimiento de lo nuestro. Sólo que estas no son todo lo abundantes que hace falta, lo cual se constituye en el único reparo que le hacemos. En efecto, cada plato tiene símbolos en la carta, y algunos señalan su raigambre local. Del menú, corto, como se recomienda, sólo tres platos llevan el sello de chilenidad. Y de ésos, comimos dos. Un jugoso lomo de chancho (llamado innecesariamente "solomillo de cerdo"; si el visitante no entiende, que pregunte; para eso tiene boca) a la sal, con hierbas y un dejo de mostaza. Interesante el capullo de merengue salado en que se lo presenta: más interesantes las papas chilotas que vienen en delgadas capas amoldadas. Delicioso. Y el otro fue un buen estofado de cordero en calderete, guisado con cerveza, y acompañado de un muy evocativo trozo de zapallo simplemente asado: vieja usanza chilena, también deliciosa.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(SEPTIEMBRE) CILANTRO (Girardi 1413 /Barrio Italia / 2 2204 6217): “En fin, manos a la sopa. De lo probado, en un día frío y con el local lleno, una sopa a la mexicana, de tortilla. Gran caldo atomatado, con trocitos de palta flotando y otros de pollo en su interior. La recomendación: que las tiras de tortilla no vengan incorporadas sino aparte, para echarlas uno mismo y que conserven su peregrina crocancia.” “De lo probado, en otro día, soleado y con las otras mesas vacías, una gloriosa sopa de tomates horneados previamente. Y se nota la diferencia, con el chorrito de aceite con albahaca como complemento. Puro sabor estacional.” “Si esto sigue así, por esta vía de aprovechar lo que ofrece el mercado, habrá que seguir visitando esta sopería regularmente.”

MUJER
PILAR HURTADO
(SEPTIEMBRE) VIOLETA DE PERSIA (Vitacura 8657 / 2 2202 6388): “Pedimos de fondo tres arroces chaufán para compartir, que nos parecieron regulares, y dos porciones de buen chapsui de pollo con las verduras al dente y muy bien cortaditas. También gu lao ro, chancho con salsa agridulce y verduras, especialmente pimentón rojo y verde, que estaba muy bueno, y un delicioso pato Pekín asado, servido sobre cama de verduras y algas. Con estos platos comimos muy bien cinco personas, tanto que no hubo espacio para el postre. La atención fue muy amable y eficiente y salimos felices, aunque con algunas gotas de leche todavía por ahí.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(SEPTIEMBRE) RISTHEDAR (Av. Vitacura 5461/ 2 3204 0981): “Su carta sugiere un itinerario hacia esa impresionante gastronomía que transfigura materiales tan familiares como la cuotidiana cebolla y el tierno cordero magallánico. O la siempre sorprendente berenjena, convertida acá en una promesa afrodisíaca llamada Achari Benga ($6.500), macerada en salsa achari, con un toquecillo ácido-picante.  La ruta empieza con los chatpati o entradas. Los camarones ecuatorianos, tan recurridos, se transforman. El albinegro  jhenga til tikka ($5.900), por ejemplo, combina estos atractivos crustáceos con semillas de sésamo y salsa tikka de doce especias, Resultan inevitables las samosas ($3.800), empanadas piramidales con masa de comino, pasas, arvejas y salsa de menta. Y sobre bebidas, no hay cuidado: es posible acompañar las comidas con Lasso, el deleitoso yogur indio que nos salva del picor excesivo, pero también están disponibles cualquiera de las aguas gaseosas, vinos o destilados que uno acostumbre. Y sobre picor, uno lo pide según su propia resistencia.”

martes, 8 de septiembre de 2015

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVII, 10 al 16 de septiembre, 2015
LA NOTA DE LA SEMANA: Chile a la parrilla
MIS APUNTES: Bristol, la versión elegante de la cocina burguesa
NOVEDADES: Bitter Araucano:
LOS CONDUMIOS DE DON EXE: Natsumi: las agujitas mágicas
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA



 
 
CHILE A LA PARRILLA

Poco importa el efecto invernadero o el esmog. Durante dos semanas prenderemos todo tipo de parrillas para festejar nuestras fiestas patrias.

Asados, empanadas, choripanes, pebre, causeo, vino blanco y del otro, pisco sour, borgoña, del blanco con chirimoya; papas con mayonesa y “chilena” con cebolla de guarda; fierritos y piscolas; chicha dulce y de la otra; costillar picante, prietas, mote con huesillos y un largo etcétera nos esperan para estas fiestas que ya comienzan.

Es que el 18 se celebrará a concho. Así nos enseñaron y la costumbre sigue igual desde épocas remotas. Por unos días se dejan de lado los test de colesterol y de triglicéridos para sentirnos más chilenos y disfrutar nuestras famosas fiestas patrias. Chilenitis le llamaban los gringos cuando venían al país y quedaban con el estómago destrozado ya que la chicha no era la más cristiana de las bebidas. Chilenitis le llamamos nosotros al exceso de fervor de estas fiestas y de nuestro folclore que sólo gozamos unos días al año (algunos más que otros objetivamente).

Según los médicos (y a veces hay que creerles), la resaca es el resultado de la intoxicación del organismo provocada por la ingesta de una dosis excesiva del alcohol. El cuerpo se protege de la intoxicación y segrega enzimas que metabolizan y desechan las toxinas. Sin embargo, cuando la ingesta de alcohol es mayor a la normal, la capacidad del organismo para metabolizarlo es menor y se presentan los síntomas de la resaca.

¿Cómo ponerse a tono? Bien. Como la resaca en estas fiestas es algo habitual y dos días de excesos le llaman en Francia “geule de bois” y los anglosajones hablan de “hangover”, nuestra popular caña podemos curarla con varios condumios y bebistrajos. Para este cronista, sin ser un experto en la materia, mi decálogo para este 18 sería el siguiente:

 
I. Una cucharada de aceite de oliva (extra virgen, obvio) antes de salir a festejar. Que eso protege, protege. Nadie la va a decir que no se va a marear igual, pero ayuda a la autosugestión.

 II. No maneje. En todo el país, los taxis y radiotaxis son bastante más baratos que una clínica, un juicio, demandas civiles (o criminales) y/o pasar la noche en una comisaría. Deje el auto en casa a no ser que tenga chofer. Pero usted… no se arriesgue.

III. No le pido que beba con moderación. Eso es un imposible. Pero, cuando regrese a casa no olvide tomarse dos paracetamoles antes de acostarse. Con agua potable eso sí, aunque piense que ese líquido transparente es dañino y le puede hacer mal.

IV. No se ponga cariñoso. Deje dormir tranquilo al “regalón de la provincia”. Una cosa es lo que usted cree y la otra es lo que usted puede.

V. Si va al baño de madrugada, medio cureña, haga pipí sentado. Así evitara mojar todas las cerámicas ya que si no le achunta al WC sano y bueno, con alcohol la cosa se pone complicada.

VI. Levántese el domingo, dúchese y no se ponga esa polera regalona llena de hoyos que tiene para sus horas de ocio. Haga como si no pasara nada. Estará medio mareado aún, pero consérvese digno. ¡Hace años que quiero comerme unos huevos a la ostra!, dígale a los suyos mientras busca en los anaqueles tabasco, limones y pimienta. No deje que nadie se los prepare. En esto, hay que ser estoico.

VII. ¡Hay que festejar con cerveza!, es lo que se le debe ocurrir para aminorar los efectos de la caña del día anterior. La cerveza ayudará a recuperar la deshidratación producida por todo lo que bebió el 18 y el 19. Los franceses del sur sanan la resaca con un vasito de pastis y los ingleses con una pócima de gin y tabasco. Acá, nosotros, lo sudacas, lo hacemos con birras… ¡Vivan las chelas!

VIII. Aperitivo. Y no hay otro: bloddy Mary. Ni se le ocurra un pisco sour. Eso lo reventará. El bloody Mary sana hasta los malos pensamientos. Por muy mal que se sienta, esta mezcla de vodka, jugo de tomates, tabasco, salsa Worcestershire (inglesa), limón, sal, apio y pimienta, es para renovar votos. Hay algunos que le colocan un chorrito de brandy. Pero les aseguro que un buen bloody Mary los dejará más que contentos y con ganas de seguir la fiesta.

IX. Almuerce algo fresco. No estamos para porotos granados. Un cebiche bien condimentado con su leche de tigre correspondiente. Harta ensalada de tomate, pepino (ojalá un jugo de pepinos) y cuanta verdura exista. Unas láminas del asado del día anterior y una buena botella de un frío sauvignon blanc. No se exceda.

X. Siesta. Imprescindible para partir el lunes en buena forma. Un tutito a media tarde es de lo más aconsejable. Bien harían dos paracetamoles nuevamente. Descanse. Dispóngase a ver películas viejas en su TV o déjese llevar por esas adormiladas voces del Natgeo. Por delante vienen más festejos… y hay que agarrar fuerzas dar los abrazos de año nuevo. (JAE)

MIS APUNTES



BRISTOL
La versión elegante de la cocina burguesa

La memoria es frágil. Tanto que es importante recordarles a nuestros lectores que en el caso del restaurante Bristol, ubicado en el interior del hotel Plaza San Francisco, en pleno centro de Santiago, ha tenido durante sus 28 años de existencia sólo dos chefs. Todo un record para uno de los clásicos restaurantes de hoteles que buscan en la gastronomía parte de sus buenos ingresos.

Los primeros años reinó la figura de Guillermo Rodríguez con una cocina tradicional chilena en un ambiente elegante y de mantel largo. Detalle a detalle fueron superados con el paso de los años y que logró convencer a todos los amantes de nuestra cocina, que también se podían ejecutar en el país platos chilenos y criollos elegantes y con un servicio que siempre superaba las expectativas. Después de lograr todos los premios posibles, Guillermo deja en su puesto a Axel Manríquez, su sous chef, continuando con la tradición impuesta por este comedor, uno de los más representativos del lujo burgués de la cocina chilena.

Excelente producto y materia prima para comenzar a hablar. Un servicio de primera con una de las cartas de vino más completas de nuestro país y una cocina donde conocen la alquimia de los sabores. Si a ello le sumamos que cada plato es una obra de arte, todos los sentidos se hacen pocos para gozar una de las mejores experiencias gastronómicas que se pueden encontrar en la capital. Acá no hay cocina moderna ni creaciones moleculares o humos diferentes, ya que Axel respeta los tiempos de cocción con el fin de lograr que cada receta sea una fórmula matemática y que cada plato logre emocionar al cliente.

Suspiros variados para una entrada de Lengua y carpaccio de riñones de ternera con limoneta de hierbas y lentejas especiadas ($10.900), un contrapunto de texturas y sabores que no dejan nada a la imaginación. Al mismo nivel, una maravillosa Crema de arvejas ($9.900) con salmón semi-ahumado (en casa) y camarones (de los verdaderos) y unas deliciosas Pantrucas en caldo de novillo, huevo pochado y gratinado con queso parmesano ($9.900), que son realmente para volver una y otra vez.

En los fondos de mar, destaca la merluza austral, el róbalo, el turbot y el pez dorado, cada uno con su especial receta y sabor. La merluza austral, elaborada con un marinado de colas de langostinos, palta y ulte, en perfecta armonía sobre un arroz caldúo de mariscos al cilantro ($14.900), seguramente se transformará en uno de los best sellers de esta temporada.

Conejo, chancho, cabrito y ternera en sus platos de tierra. Para ponerle un altar es el Picante de conejo con puré de aceitunas de Azapa y quínoa andina ($15.900), quizá la más autóctona de sus recetas y la más compleja de ejecutar.

Novedosos postres, como una bomba de maqui en biscocho de harina tostada con cranberries y helado de manzana con murtillas ($7.500), le dan el punto final a una nueva presentación de lujo y calidad

Axel Manríquez, como hacía cuando era segundo de Rodríguez, despliega una cocina altamente refinada, con lo mejor de la técnica francesa y española, pero de un inconfundible carácter y sabor chileno. Se apoya para ello en proveedores de todo el país con los mejores productos existentes en todo el territorio,  una batería de delicias esenciales en los que sustenta su arte y el de su brigada.

Una oda a la elegancia y el buen gusto. (Juantonio Eymin)

Bristol, Hotel Plaza San Francisco, Alameda 816, Santiago centro / 2 2639 3832