martes, 22 de noviembre de 2016

LOBBY MAG


LOBBY MAG.
Año XXVIII, 24 al 30 de noviembre, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: ¿De vacaciones?
MIS APUNTES: Punto 8
EL REGRESO DE DON EXE: Mamiko
REMASTERIZADOS: La guerra de la mayonesa
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA



¿DE VACACIONES?

 
N de la D: Nos mandaron este artículo sobre la experiencia de viajar. Es extremadamente simpático y se los entregamos a nuestros lectores para que se entretengan un momento durante este agotador fin de año. Es español castizo y por razones obvias lo dejamos (casi) tal cual nos lo enviaron. Entre tantas carreras de última hora este texto es un bálsamo para disfrutar las próximas navidades que se avecinan... y prepararse para las vacaciones.

Cada época tiene sus manías. A los romanos les gustaba ver a los leones arañándoles el culo a los cristianos. A los chinos les encantaban los jarrones. Y ahora, lo que nos gusta es viajar. Viajar a cualquier lado. Lo mismo nos da ir a Buenos Aires que a San Petersburgo. El caso es tener el culo en movimiento como Shakira. Por eso Shakira viaja tanto. Yo creo que, por mucho que lo digan los poetas, viajar no le gusta a nadie. Lo que nos gusta es llegar al destino, pero el viaje es una joda.

Viajar consiste básicamente en llevarse una maleta llena de ropa limpia para traerla sucia. Todo el mundo dice que viajando se aprende; pero, para ser sinceros, viajar lo que de verdad produce es estreñimiento. Al salir de tu casa, el culo se cierra en banda y no suelta prenda. Por eso en los aviones hay más puertas de emergencia que baños. Y en los hoteles lo saben, por eso lo que se gastan en toallas lo ahorran en papel higiénico. Siempre está empezado y con un piquito doblado, que debe de ser la firma del último estreñido.

Además, no hay nada más triste que un aeropuerto. En los aeropuertos no se ríe nadie. Ves a la gente seria, tirada en los sillones o despidiéndose con lágrimas, rodeada de bultos. Parece que, en vez de iniciar un viaje, les fueran a operar de la vesícula, que por cierto, sería de gran utilidad en los viajes largos. Ya que estás tan aburrido y tan incómodo, esos viajes se podrían aprovechar para operarse de algo. En vez de jugo, un trapo con cloroformo, de forma que cuando llegues a Cancún, además de no tener jet lag, llegarías a tu destino con un lifting, una liposucción y tres hígados, que en Cancún te van a hacer falta, con eso de la barra libre.

En el avión, todo está preparado para jorobarte. ¿Por qué cuando despegas y aterrizas hay que plegar la bandejita? "Huy, gracias, por si acaso hay un accidente y morimos todos. Al menos que no se me derrame el café en los pantalones tendré una muerte digna". Y también hay que poner el respaldo recto para que el de atrás pueda plegar la bandejita, debe ser... O eso, o para morir incómodo. Claro, que si te agobias siempre puedes conectar el aire acondicionado, ese chorro potente y direccional que te permite tener tres centímetros de la cabeza muy fríos... Hay gente que con este sistema se ha quitado las verrugas de la nuca.

Ahora la cosa es comprar los pasajes por Internet, que es un sinónimo de "no gastarse". Por Internet puedes, por ejemplo, alquilar una casa en el campo para hacer turismo rural. Y hay que explicar un poco lo que es el turismo rural, que no es que un campesino vaya a la ciudad, es más bien al revés. Vas tú donde el campesino para que se ría de ti. El lugar es una casa en ruinas al precio de un loft en Manhattan. A cambio, las vistas a través de las mosquiteras son preciosas. Menos mal que siempre puedes contratar unas excursiones que consisten en subir a una montaña para ir a una fuente donde el agua sale súper pura. Pero descubres que no la puedes beber, porque está tan fría que si le das un trago te duele la cabeza toda la tarde.

Hay gente con gingivitis que ha perdido los dientes por el agua pura. Por eso la gente de los campos, en general, tiene tan pocos dientes. Recuerdo que una vez fui a beber de un agua muy pura en una montaña. Y venga a beber, y venga a beber... Y luego me enteré de que los del pueblo lavaban los pañales río arriba. Y en el pueblo no había niños.

Misterios de los viajes

Si el turismo rural no es lo tuyo, siempre te puedes apuntar a un viaje en grupo, que es divertidísimo. Vas con unas personas a las que no conoces para nada, pero de repente es ¡tú grupo! Todos seguís al señor del paraguas, porque él es tu único contacto con la realidad, y crees que si pierdes al señor del paraguas vas a morir, porque es el único que sabe frases claves para espantar a los que piden dinero en varios idiomas.

Pero lo peor de los viajes en grupo son las amenazas. Se pasan todo el rato amenazando: "Ahora vamos a parar aquí 20 minutos. ¡Pero si en 20 minutos no estáis, nos iremos y os dejaremos abandonados aquí, en Kurcijistán! ¡Donde los hombres son violentos… y muy puntuales!".

En estos viajes se suele ir en autobuses que se caracterizan por tener un vídeo sin sonido y un micrófono con el que no se entiende nada: "Y no se pierdan aquí la excelente visión del majestuoso Sdlkjsfdkfj, donde es muy fácil ligar con mujeres si se entra con un dñalskdsdf. Ellas se les tirarán a los brazos y les harán una ñlsjsdfkj". Aquí también te suelen amenazar: "¡Pero cuidado con las mujeres de Kurcijistán, porque si usted hiciera algo como sdkfjlkajsd, les esperaría una muerte lenta y dolorosa!".

Eso sí, lo que no se puede hacer en estos viajes es ofender a la gente del país. Y cuidado, porque se molestan pronto: "¡Vamos, amigo, prueba nuestro yogur caliente de perro...! ¡Si no lo pruebas, desaíras a toda mi familia! Y ahora dale un beso al señor del herpes gigante, que se le ha muerto la cabra..., está triste. ¡Vamos! ¡Besalo en la boca y acaba el yogur de perro, que eso frío no hay quien se lo trague!".

Si no quieres estas incomodidades, siempre puedes hacer el turismo sin turismo, conocido como "los hoteles con pulsera". La idea no puede ser mejor: comer y beber hasta reventar. Este turismo suelen elegirlo los recién casados, con el siguiente pensamiento: ¿para qué nos vamos a esperar hasta los 40 para ponernos gordos si en una semana podemos ver cómo será nuestro futuro? Y tú, que te habías casado con una chica monísima, regresas con tu nueva bruja oliendo a coco y con la cabeza llena de trenzas. En cambio, tú vuelves tan gordo y con tan poca movilidad que te tiene que limpiar el culo un pájaro.

Los que más ganas tienen de viajar son los jóvenes, porque es lo más parecido a irse de casa que pueden hacer. Para estos menesteres, los gobiernos europeos han inventado una cosa que se llama Interrail. En esta modalidad, el reto consiste en irse lo más lejos posible y conseguir volver sin haber gastado dinero. Cuando vuelve alguien de Interrail le preguntas: "¿Qué has comido en Austria?". "Chopped"... "¿Y en Checoslovaquia?". "Chopped"... “¿En Alemania?". “Chopped” ¿Y en Kurcijistán?"... "¡Yogur de perro, ya que si no, se enfadan!".

Ligar en el Interrail es complicado. Normalmente se liga con chicas que también están de viaje, con lo cual ya no te fijas si es guapa o no. Es más importante saber cuántos días lleva sin ducharse. ¿Y qué le ofreces a una chica en esa situación? No es fácil: "Eh, guapa... Si te quedas conmigo, quiero que sepas que hay una lata de mejillones que tiene tu nombre. ¿Y qué te parecería un poco de agua potable?".

Está claro que el Interrail triunfa más por la fama que tiene que por lo que es en realidad, que te dicen: "Vete a Noruega”. Y llegas allí y te encuentras con tu amigo en una estación que está en un descampado, y entre los dos juntáis seis euros, y otros tipos te quitan los calzoncillos, el chorizo y la faltriquera con el pasaporte que te cosió tu madre al forro de los bermudas. Y tú, mientras, piensas: ¡qué bien estaría en Madrid con mis padres comiendo una paella!

Pero de todas las formas que hay de hacer turismo, la más extrema es el turismo en pareja. El viaje es muy diferente si lo haces con tu amante que si lo haces con la mujer estable. Con la pareja estable es como si estuvieras haciendo la milicia. Madrugas más que cuando vas a trabajar porque no te puedes perder el desayuno. Si vas con la amante y te pierdes el desayuno da igual, te tomas un café por ahí o vas directo a la cerveza.

Pero la pareja estable lleva un plan de viaje que ella ha preparado durante seis meses: se ha metido en todos los foros de Internet y ha subrayado toda la guía Lonely Planet. Algunas llevan tatuado en el pecho los itinerarios que hay que seguir, como el de Prison Break.

Y es mucho peor si la pareja viaja en auto, porque eso ya es un no parar de discutir. Antes se discutía porque, cuando te perdías, ella te decía: "Para y pregunta". Ahora lleváis GPS, pero la mujer, en general, no cree en los aparatos. A ella le gusta desplegar el plano, metértelo en un ojo, taparte toda la visibilidad, y luego lo dobla mal y queda más gordo que El Código Da Vinci y no cabe en la guantera, así que lo tira al asiento de atrás con el resto de porquerías que ha ido tirando: una bolsa de papas fritas, unas hawaianas, los periódicos, el pareo, cuatro piedras de recuerdo, una manzana que ha cogido del hotel (por si le daba hambre), botellas de agua de varios días (calentita y con sabor a plástico)...

No es que esté en contra de los viajes en pareja, pero si viajas con pareja estable vuelves con más estrés del que tenías. ¿De dónde sacarán esa energía las mujeres en los viajes? No se les puede quedar una iglesia por ver. Ella tiene que ir a todos los sitios que le han recomendado sus amigas y a todos los que ha leído en las revistas: el Martini en Vía Veneto; comer fettuccini en el Trastevere y el capuchino en la Piazza Navona. Y le tienes que hacer una foto con el celular tomándose el capuchino para que se la mande a todas sus amigas. A ti no te hace falta la foto para acordarte del capuchino. Con lo que te cobran, no se te olvida en la vida.

No podéis parar ni a echaros la siesta porque ella quiere ver todas las piedras del Foro. Y te va leyendo a quién pertenece cada pedrusco: "Ésta es la casa de Trajano, ésta es la de Plinio el Viejo, ésta es la de Tito Livio...".

Pero aunque el turismo en pareja es el más extremo, no es el peor. El peor turismo del mundo es el que haces cuando eres niño, que te da igual donde te lleven porque tú sólo miras el suelo y los marruecos. Y además no decides nada: a los sitios entretenidos para ver, tus padres no quieren entrar. El Museo de la Tortura suele ser un sitio polémico, hasta que al final tu padre te lleva, y se oye a tu madre desde fuera: "¡Blablablá irresponsable; blablablá no está preparado, blablablá!"... Y cuando sales de ahí estás alucinado. Con seis años ya sabes utilizar el verbo ensartar. ¡Y eso también es cultura, hombre!

En fin, feliz verano, disfrutad de vuestros viajes, y si tenéis que cometer un delito, esperaos a la vuelta, que las cárceles del extranjero son horribles y además no te entienden cuando les gritas: "¡No, por favor!".

 

MIS APUNTES


 
PUNTO 8

Hace unos meses abrió en el barrio Lastarria un nuevo hotel de la cadena Cumbres, que se ha expandido con gran éxito luego de su primera apertura –años atrás- en Puerto Varas, un establecimiento que contribuyó fuertemente al crecimiento gastronómico de esa ciudad.

El desafío del Cumbres Lastarria no sería fácil ni estaría exento de problemas. De partida, la gran competencia gastronómica que existe en el sector y la dificultad de posicionamiento de imagen, hacía difícil captar clientela. Por otra parte, una propuesta desconocida en sus inicios en base a un chef francés con poco conocimiento de la realidad nacional, dejaron tiritando una apuesta gastronómica que es fundamental para el buen desempeño del establecimiento hotelero.

Hasta que se fijaron en el chef Marc Mateu-Alsina. Conocido en el ambiente gastronómico por haber creado –ya hace años- el restaurante Infraganti y luego a la cabeza de La Boquería, este chef catalán de larga experiencia asumió hace un tiempo las cocinas del Cumbres con la misión de elevar los estándares gastronómicos de su bar de tapas (ubicado en el primer piso) y su restaurante Punto 8, en el piso más alto del hotel.

Precedido de un bar de tapas ubicado en el primer nivel, donde reina el tapeo español clásico con varias tablas para compartir, el Punto 8 despliega una gran factura de insumos de pequeños productores en platos que van desde entrantes como las habitas con alcachofas y huevo crudo con menta y jamón hasta fondos como el pulpo a la parrilla con papas brujas y chimichurri con pimentones asados que son un hit. Agrega dossier bien marinero, con pescado de pesca artesanal, corvina con cuscús de avellana y emulsión de erizos; es decir con un matiz mediterráneo pero utilizando los productos locales. Se han mantenido de antaño algunas pastas caseras y arroces, mientras que la carta posee una interesante oferta de vinos. Para esta temporada, su terraza con vista a Lastarria es una gran alternativa.

El lugar es atractivo, luminoso, cómodo, con hermosa vista y bien atendido. A la hora de almuerzo cuenta con un menú de alternativas que contribuye al movimiento del restaurante, pero de noche el público que lo visita es más exigente, conocedor y dispuesto a cancelar lo que representa un restaurante de estas características. La carta es novedosa gracias a la incorporación de técnicas catalanas a la preparación de los platos y eso se agradece. La gastronomía del chef Alsina no es complicada en sí, su lema posiblemente sea cocinar “rico” y no se complica con birlibirloques innecesarios. Posiblemente esa sea la razón del éxito de su propuesta. Y bien merecido lo tiene.

En resumen: Vaya por un aperitivo pequeño al bar del primer piso ya que hay interesantes tapas que son deliciosas. Luego suba al Punto 8 y complete la experiencia. No saldrá defraudado.(Juantonio Eymin)

Punto 8 / Hotel Cumbres Lastarria / J.V. Lastarria 299 / 22496 9010

EL REGRESO DE DON EXE


 
MAMIKO

- Hice una mala fuerza.
- Hace tiempo que no haces fuerza, ni nada de nada, me responde Sofía.

Claro. Se la dejé rebotando y me contestó con toda su rabia acumulada. Pero era verdad. Llené una caja de esas de plátanos (que me conseguí con el tipo de la verdulería de la esquina) con revistas antiguas y libros de esos que venían con la Ercilla hace una montonera de años. Quitaban espacio en mi pequeño departamento y decidí botarlos ya que si no los leo, ¿para qué los tengo?

Cuando la caja estaba llena de desperdicios, pasó lo que tenía que pasar. Como a veces me siento con un par de años menos de los que realmente tengo, traté de levantar la pesada caja de cartón. Sólo escuche un “clic” y el lumbago me dejó agachado sin poder moverme. Como pude me arrastré hasta el citófono y llamé al conserje para que retirara la cajita, previo chantaje de una botella de vino. De ahí a la cama, chueco y malhumorado.

Eso fue sólo el principio ya que al par de horas me llama Sofía para que la acompañara a un concierto rock. Entre nos… una cosa es un concierto y otra es uno de rock. Le conté mi dolor de espalda y pensó que era una coartada para no acompañarla.

- No te creo.
- ¡Te lo juro de guata! Incluso quiero pedirte que pases por la farmacia y me compres un analgésico y ojalá potente… ¡No me puedo ni el culo!

Como poco me cree, y como dice Tomás, el apóstol: ver para creer, llegó a mi departamento con un antiinflamatorio y dos paracetamoles. Abrió la puerta con sus llaves y me encuentra hecho un ovillo en la cama.

Me sacó los zapatos, me dio los medicamentos y hasta me hizo masajes en la zona afectada. –“Eso te pasa por menso”, fue lo más liviano que me dijo. ¡Tendré que llamar a Mamiko!

- ¿Quién es ese tal Mamiko?
- Es ella, respondió. Hace acupuntura y el dato me lo dio una amiga que estaba peor que tú.
- ¿Y cobra?
- ¿Tú crees que es del Ejército de Salvación? Ella es una japonesa que trabaja en esto.
- ¿Te quedarás conmigo mientras esté Mamiko? (A decir verdad, cuando uno se siente mal es un verdadero maricón.)
- No querido. Yo el concierto no me lo pierdo. Así que dejaré tus llaves en la portería para que se las pasen. Cuando termine el rock, te llamo.
- Gracias querida, eres un encanto.
- Para la próxima pídele ayuda al conserje.

Cuando llegó Mamiko no lo podía creer. Venía con un delantalcito blanco, un maletín como los que usan los médicos y una minifalda infartante. Definitivamente mi paquita pensaba que era una vieja japonesa venida a menos.

- ¿Usted sel el señol Exequiel?
- Dime Exe nomás.
- ¿Dónde dolel?

Con la mano le señalé las ancas.

- ¿Hizo mucha fuelza?
- Creo que bastante
- Así veo. ¿Se puede sacal la lopa o le ayudo?

No soy un degenerado, pero igual le pedí ayuda. Cuando me dejó calato pidió que me pusiera de guata en la cama mientras ella pasaba al baño a lavarse las manos. Realmente me estaba empezando a gustar esto de la japonesita.

Se puso unos guantes de látex y sacó una serie de agujas de su maletín. Con sus finos deditos comenzó a explorar mi espalda preguntando si dolía o no. Encontró ocho puntos de dolor y me clavó unas agujas que ni sentí.

-Ahola tenemos que espelar unos veinte minutos pala que hagan efelto.
-¿Tan rápido?
- Así es nuestla medicina.
- ¿Y qué hacemos mientras?
- A decil verdad, Exe, he tenido un día agotadol. Me tomalía una celveza
- Mamiko, no tengo cerveza, pero si whisky que también es de cebada. ¿Te agradaría?
- Tú no podel paralte.
- En el refrigerador está el hielo y el whisky, al frente hay un mueble con vasos, servilletas y bandejas. Creo tener un paquete de castañas de cajú ahí mismo. Yo no me muevo y tú los traes.
- ¿Vas a bebel, Exe?
-¿Te gusta chupar sola?

No es muy agradable tomarse un trago de guata y con agujas metidas cerca del culo, pero cada minuto me sentía mejor. No sé si tengo cara de oreja pero la japonesita me contó las razones de su vida en Chile. “Me casé con un chileno”, dice. “Era mayor que yo y exiliado. Cuando llegamos a Santiago un día tocan la puerta y hay una señora sesentona preguntando por su esposo: o sea “su” marido y “mi” marido. Sonríe, bebe un trago y me dice: ahora es mi ex – poso.”

Con delicadeza comienza a retirar las agujas. Milagrosamente el dolor había desaparecido. Cuando termina me da dos palmaditas en las nalgas y me dice “ahora puede vestilse”

Llamé al Arena Movistar para saber cuánto duraría el famoso concierto. Me respondieron que por lo menos hora y media más ya que estaban atrasados. –“¿Sel muy celosa tu mujel?” pregunta Mamiko. “Creo que a veces”, respondo.- “Pero hoy no, ya que ella piensa que eres una vieja japonesa de esas de las películas de antes de la guerra.”

Nos reímos cuando al unísono nos preguntamos cuándo seria la próxima sesión de agujitas.
- ¿Te palece día pol medio dulante dos semanas en mi consulta?
- ¡Si!!!, respondí entusiasmado
- Creo que lo suyo va pala clónico y necesitalá más agujitas.
- ¿Atiendes por Fonasa?
- Cleo que no.
- ¿O sea?
- Si convidal otlo tlago, se lo explico en vivo y en dilecto.

Sofía: Espero que disfrutes el concierto. Lo mío va para largo.

Exequiel Quintanilla

 

REMASTERIZADOS


 
LA GUERRA DE LA MAYONESA

La salsa mayonesa, además de su gran sabor y popularidad, tiene la particularidad de haber provocado encendidas polémicas a causa de su nombre y origen. Su origen ha causado controversia entre escritores e historiadores gastronómicos. Algunos han tratado de encontrarlo a través de sus raíces etimológicas y otros por hechos históricos.

Aunque el origen es incierto, una de las teorías más mencionadas dice que en la Guerra de los Siete Años (1756-1760), los franceses atacaron la fortaleza inglesa de Saint Philip, en el puerto de Mahón, capital de la isla de Menorca. La operación estaba a cargo del famoso Duque de Richelieu y el ataque lo llevó a cabo el Coronel Rochambeau. Para celebrar la gran victoria Richelieu ofreció un banquete en su honor. El menú incluyó una salsa creada por el cocinero de Richelieu, con crema y huevo. Dicen que como no había crema la hizo con aceite de oliva y huevo, creando así una nueva salsa de gran aceptación. En honor a la victoria en el puerto de Mahón, fue llamada “Mahonnaise”, y luego cambió por “Mayonnaise” y en castellano quedó como Mayonesa.

De esta forma se dice que la mayonesa se creó para celebrar la victoria del duque sobre los británicos en el puerto de Mahón y que en honor de dicho pueblo se le puso el nombre.

Muchos escritores e investigadores coinciden en afirmar que esta salsa es española. Se cuenta que el mariscal Richelieu y su séquito durante la toma de Mahón por parte de las tropas francesas tuvieron ocasión de probar el sabroso alioli (una salsa hecha a base de aceite y ajo). A esta salsa se le eliminó el ajo y se enriqueció con huevo para adecuarla a los finos paladares de los comandantes invasores acostumbrados a la cocina de Versalles. Tanto les gustó que llevaron a Francia la receta dándola a conocer allí como mahonesa, en recuerdo a la breve dominación balear.

Una versión más defiende que la mahonesa era la salsa típica de la isla Mahón y que se la sirvieron a Richelieu en una posada para aderezar una carne algo reseca. Fue tal su entusiasmo que la introdujo en París, con todos honores, como botín de su celebrada victoria.

Lorenzo Lafuente, en su artículo "La salsa mayonesa", publicado en Revista de Menorca, recoge la siguiente tradición oral: “El duque de Richelieu, preocupado con el plan de ataque general, vagaba cierta noche por las calles de Mahón, sin acordarse de tomar alimento; y apremiándole el hambre, entróse muy tarde en una fonda para pedir de comer. Al decirle el fondista que ya no quedaba nada, le rogó mirara bien, y registrando aquél la cocina, halló unas piltrafas de carne, de ingrato aspecto, diciéndole:

- Señor, es lo único que hay, y no es decente para vuestra excelencia.
- Arréglalo como puedas, que en tiempo de hambre no hay pan duro.

Hízolo así el fondista, y se lo presentó con una salsa que fue tan grata al duque, que hubo de preguntar qué salsa era aquella tan sabrosa.- Señor, es simplemente una salsa de huevo.

- Pues dígame cómo se hace que lo voy a apuntar.

Así lo hizo, y le dijo al fondista que en lo sucesivo se llamaría salsa a la mahonesa. Con ese nombre la dio a conocer cuando regresó a Francia.”

Otros atribuyen el origen a una invención del Duque de Mayenne en 1589. Mientras que algunos la creen originaria de Bayona.

La guerra de la mayonesa se terminó cuando en 1956 se conmemoró oficialmente en París, y con presencia del embajador de España, el bicentenario del descubrimiento de la salsa mahonesa que tanto gustara al cardenal Richelieu y que los cocineros españoles insisten en llamar de ese modo y no mayonesa, del modo afrancesado.

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(OCTUBRE) QUITRAL (J.V. Lastarria 79 L. 4 / 22664 0850): “…gratos e inesperados estallidos de sabor convierten un almuerzo cualquiera en momento de fiesta. No necesita títulos, ni menciones ni alabanzas: basta con la ocurrencia de esa palta ligeramente grillada con salsa de camarones ($8.300) que agregó a su carta, y nos llena la boca de placer.” “Tampoco hablemos de su crudo de filete de res ($8.300) –o de vaca, para los castizos- que se enriquece con la inesperada crocancia de unos granos de quínoa tostados y cebolla encurtida. Más el perfume vegetal de su espejo de salsa de perejil. Rico plato, que no necesita de alambiques, ni conjuros ni conspiraciones planetarias para entusiasmar las papilas.” “Vaya con las sorpresas. Para fondos, un langostino recostado junto a un calamar relleno de chupe de pulpo ($14.700) -que recuerda vagamente el retrato de Josefina Bonaparte. En un jardín de papas semilla salteadas en mantequilla de avellanas y queso cabra, entre choros maltones. ¡Les encargo el sabor de tal composición!”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(NOVIEMBRE) COLAPEZ (Víctor Manuel 2246 / 22506 5347): “Esto pasa pocas veces en la vida: ser incapaz de comerse el plato entero, pedir la mitad restante para llevar y, ya en la nochecita, terminar la tarea con beneplácito. Es que esos tallarines salteados con verduras -muchas y muy variadas-, con camarones, chancho agridulce, trozos de lomo y de pollo apanado, son de antología. Y son uno de los platos de Colapez, un restaurante peruano plantado donde estuvo Piscis Australis en una de las arterias principales del barrio Franklin, la calle Víctor Manuel.” “Lo mismo que un magno cebiche mixto ($9.000) hasta con pedacitos de loco, con todos sus tradicionales acompañamientos, con su toque picante y, para un peruano, tal vez cortado muy chico, pero son cosas de la transmigración y tal. La sazón estaba de lujo.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(NOVIEMBRE) LILI MARLEEN (Julio Prado 759, Providencia / 22341 6213): “…hemos gozado de nuevo con unas chuletas Kassler al horno ($11.850) que desafían, literalmente, toda capacidad de descripción, así son de suculentas, de delicuescentes, de delicadamente ahumadas... Aquí hay una maestría y una prolijidad raras entre nosotros, tan a menudo despaturrados, a la diabla. Y el chucrut con que las pedimos ($3.300) es una obra de arte: sin nada de esa atroz acidez con que el palurdo popular lo asocia sino que dulce, infinitamente especiado. Pensábamos que, con él y unas simples papas cocidas, podría uno comer como príncipe.” “La gorda ahumada ($7.850) es también un monumento al buen tino en la sazón de una cosa tan simplota como este embutido, que en lugares pseudo populares es sometido a terribles usos y enmayonesamientos y ketchupizaciones: aquí fue escoltada por un insigne puré de manzanas ($2.950), también digno de recordación, y una ensalada alemana de papas que está a una distancia sideral de las "papas mayo".”

MUJER
PILAR HURTADO
(NOVIEMBRE) DONKAME YOKO (Bellavista 0376, Providencia): “La carta es muy breve y llama la atención la apuesta de este japonés de no tener rolls ni sashimis; tiene siete entradas, cuatro ramen, tres donburi (cuenco en el que se sirven carne, pescado, vegetales sobre arroz) y cuatro especiales. No tiene patente de alcohol, por lo que solo se puede tomar bebidas. Nosotras probamos el atsuage, queso de soya frito acompañado con jengibre y cebollín, que nos encantó, muy suave el tofu -el mejor que he comido en mucho tiempo- y equilibrados sus aliños. Para cambiar el sabor pedimos gari, que es ese jengibre encurtido que acompaña al sushi y que aquí tienen, pero nos respondieron que solo lo sirven a quienes piden la bandeja de almuerzo. Probamos también el karaage, muslos de pollo deshuesados y fritos, que también nos parecieron deliciosos, muy calientes y recién hechos, crocantes y contundente el plato para ser una entrada. De los donburi pedimos katsudon, lomo de chancho fileteado en panko con salsa agridulce, huevo y cebollín servido sobre arroz blanco, que también estaba mojadito y sabroso.” “Aunque sencillo y sin sushi ni alcohol, Donkame Yoko cumple con entregar comida sabrosa y rapidez, si bien la calidad de su oferta merecería mejor servicio y puesta en escena. Por el momento destaco su relación precio-calidad.”

 

miércoles, 16 de noviembre de 2016

LOBBY MAG


LOBBY MAG.
Año XXVIII, 17 AL 23 de noviembre, 2016
MIS APUNTES: Aldea  Paraíso
EL REGRESO DE DON EXE: Almorzando con Cayetano Brulé
REMASTERIZADOS: Las papas fritas
 
 

MIS APUNTES


 
ALDEA PARAÍSO
El Barrio Bellavista tiene cierto parecido a la popular historieta de Condorito y su pueblo Cumpeo, donde “dos se van y tres llegan”, ya que el movimiento de cierres y aperturas de restaurantes es constante. Sin embargo una pareja de diseñadores ha logrado conquistar un variopinto público gracias a la remodelación de una casona media abandonada en la calle Constitución, que convirtieron inicialmente en un café con un par de especialidades y luego, tras un año de trámites, lograron la ansiada patente de alcoholes, lo que les permitió diversificar su oferta  y ampliar su horario.

Más que un restaurante parece un pequeño bistró de esos que proliferan en los países desarrollados, que atrae a muchos estudiantes extranjeros para saborear plácidamente algunas de las especialidades del lugar, donde el chef y sus propietarios –de origen israelí- intentan hacer un mix de recetas típicas mediterráneas y del medio oriente a la que suman algunas mezclas inéditas donde la honestidad es parte de la entrega.

Para iniciar un grato almuerzo, infaltables son los Falafel con salsa de yogurt (6.500) Samosas frescas (6.200) y algunos trozos de Pizza (entre 6.200 y 7.900) de muy buena factura. A disposición de los clientes, un comedor central y algunos más pequeños donde es posible beber una copa y comer alguno de estos bocadillos sentados en cómodos sillones de estilo retro y atractivos coloridos.  

Con la venia de la patente de alcoholes y el aumento de sus clientes sumaron una serie de platos de fondo (enormes) donde destaca la Plateada (10.200) en salsa de champiñones, papas fritas rústicas, chutney de morrones y tomate, acompañada con cebolla glaseada, un plato abundante, sabroso gracias al aporte del chutney y que es capaz de saciar el hambre de dos personas sin problema alguno. Rico también (aunque con algunas licencias) el Curry massaman de pollo (8200), que desgraciadamente lo acompañan con arroz normal, algo que afecta la receta. Novedoso también un salmón grillado (8.500) acompañado de hummus, ese noble producto del oriente preparado en base a garbanzos.

Postres diversos aunque no visualizamos pastelería oriental. Sin embargo digna de destacar es la Sopa escandinava de frutos rojos (4.200), una buena y veraniega alternativa para finalizar un tranquilo almuerzo en un rincón de Bellavista que bien vale conocer.

Hay ambiente en este lugar que tiene mucho de mediterráneo, pero “à la mode” del chef y sus propietarios.

Aldea Paraíso / Constitución 123, Barrio Bellavista / 22732 5730

EL REGRESO DE DON EXE


 
ALMORZANDO CON CAYETANO BRULÉ*
Un día de la semana pasada recalé en Valparaíso. Mi jefe quería un reportaje de los restaurantes de la Caleta Portales. A decir verdad, poca gracia me hizo ya que no debía ir al mejor, sino a los ambigúes chicos que absorben los excedentes de clientes del boliche madre. Llegué con sed y un calor que quise aplacar con cerveza. Cuatro merenderos en línea me invitaban a conocer sus especialidades. Entré al último. El Timón se llamaba. Obvio, todo en esa caleta tiene nombre a mar, a pescadores y a océano.

- ¿Cerveza muy fría?, pregunté.

- Entre no má, caallero. Acá tenimos de todo -me dice un mozo veterano y gordo con humita y una camisa que algún día fue blanca y que ahora roza el color gris apelmazado.

No había casi nadie almorzando. Casi nadie a decir verdad. Sólo un cliente que bebía de una botella de Casillero del Diablo en unas añejas copas Normandie. Alzó la vista al verme entrar y lo reconocí.

- ¿Cayetano?
- Si –me dice-, en vivo y en directo. ¿Me conoces?
- Tu pelada me es inconfundible. Soy Exe. Nos presentó tu mujer hace muchos años. Yo fui amigo de Ángela Undurraga y nos conocimos cuando llegaste de Miami.
- Era -me dice seriamente mirando su copa-. Me abandonó.

Quise salir arrancando pero me ofrece su mesa. –Estamos solos Axe, brindemos juntos.

 - ¡Exe!, Cayetano. Exe. Axe es un primo.
- ¡Ahora me acuerdo de ti! Lo que pasa es que antes tenías el pelo negro pero tu cara de huevón no se te ha quitado, ¿Aun te tiras a la Solange?

Envidiable la memoria de este tipo. Ni yo me acordaba de esa juvenil musa. Estábamos haciendo buenas migas. Pedí un botellín de sauvignon blanc San Pedro y mientras bebíamos nos contamos nuestras vidas después de casi cuarenta años sin vernos.

Cuento corto, el detective Cayetano Brulé, nacionalizado norteamericano y nacido en La Habana, Cuba, en 1945, emigró con sus padres a Florida en 1956, tres años antes que Castro tomara el poder. En Miami conoció a una chilena que lo trajo a Chile en 1970 (cuando Allende asumía el gobierno), y es justamente por el año 1973 que se le empieza a caer el pelo, para llegar a su pronunciada calvicie actual (Ahí lo conocí). Cuando tenía 18 años, por el año 1963, realizó su servicio militar en las fuerzas acantonadas en Alemania (posiblemente conoció a Elvis Presley en esa época). Le gusta leer a Hemingway (según me contó su exmujer), y actualmente vive en Valparaíso en el cerro Concepción y su oficina se ubica en los altos del Edificio Turri.

En su juventud no sintió ningún interés por los estudios universitarios, y posiblemente influenciado por las series de detectives a mediados de los años 60, después de su regreso de Alemania, siguió un curso a distancia de Detective Privado en una “prestigiosa” academia que incluso ofrecía sus servicios a Chile y a toda Latinoamérica incluyendo ofertas de Peluquería y Maquillaje.

Decidimos almorzar juntos. Mientras hablaba de su vida, de sus aventuras y de su nuevo amor, Margarita Flores, dueña de una agencia de empleos que a veces le ayuda en la obtención de información, me cuenta que otra persona le ayuda en sus trabajos: el oscuro y siniestro Inspector Zamorano, que colabora porque Cayetano Brulé lo tiene cogido de los cocos, pues sabe que el mentado Inspector participó en la tortura de opositores al régimen militar del General Pinochet, y al parecer, para Cayetano, es mejor sacarle provecho que denunciarlo a las autoridades.

Tiene tantas historias que le dejé hablar. A la mesa llegó un rico pan amasado y una picante pasta de ají colorado con cebolla y perejil. Pedimos en común dos cócteles de camarones y dos merluzas fritas con puré. Y otro Casillero sauvignon blanc para seguir escuchando sus aventuras, que me fascinaron más que las películas de 007.

Me contó que al llegar a Chile, al poco tiempo su mujer lo abandonó (en la actualidad existen variadas versiones del porqué del abandono, al parecer ella era muy fogosa. La versión más vigorosa es que Cayetano necesitaba mucha concentración para los oficios en la cama y un leve pitazo de timbre de teléfono lo ponía en estado blandengue, pero todo son rumores). Sintiéndose solo, decidió dedicarse a la investigación privada y realizó inicialmente una serie de trabajos que apuntaban a comprobación de infidelidades, seguimiento de personas, robos, investigación de antecedentes y cosillas por el estilo. En virtud de este tipo de trabajos, que los realizó con mucho éxito, empezó a practicar sus gustos por la buena mesa (desde su punto de vista), de manera que su espectro gastronómico va desde el cerdo asado con arroz, frijoles y yuca, pasando por una copa de cognac con huevos fritos, sin despreciar la crema de tomates seguido de un bistec a lo pobre, dándole un toque de elegancia con un Casillero del Diablo, el vino que ahora bebemos con fruición.

Noventa minutos de su intensa vida y cinco de la mía fue el resumen de este almuerzo con Cayetano. No está retirado aún y gracias a sus contactos, visas y nacionalidades, se mueve entre Chile, Cuba (a pesar de que odia a Fidel) y Estados Unidos como si fueran sus propias moradas. A saber, Cayetano nació en Luyanó, La Habana, donde vivía en la casa de sus abuelos paternos. Su padre, Gastón Brulé, era un trompetista que trabajaba entonces en una de las numerosas orquestas cubanas de mambo que se marchó con su familia a probar suerte en Nueva York.

Si bien el cóctel de camarones estaba cargado al ketchup, nuestra merluza frita estaba de dioses. Una gran porción donde sólo faltaba la cabeza y cubría el plato de oriente a poniente. El puré, casero, lo arreglamos con el pebre de la casa y ciertamente, tras una larga y extensa conversa, otra botella de Casillero llegó a nuestra mesa.

Los duraznos y piñas en conserva no nos convencieron. Tampoco el café instantáneo final, tradición que ojalá desapareciera de todos los merenderos del país. No me dejó pagar la cuenta. Sacó de su bolsillo unos arrugados billetes y dejó una buena propina. –Tengo algunos ahorros, me comentó. – Hoy vine a la caleta Portales a despedirme por algún tiempo de Valparaíso. Viajo mañana a La Habana. Me contrataron para ver si puedo hacer algo por este chico Marambio, que de revolucionario paso a convertirse en un empresario de éxito gracias al gobierno cubano, pero ahora cayó en desgracia. Veremos… veremos.

Antes de despedirnos -en una de esas para siempre-, caminamos por la playa de la caleta. Calor y hermosos cuerpos juveniles tomando sol y jugando paletas. Cayetano, con un raído impermeable crema que agitaba el viento y yo, con mi clásica chaqueta de tweed mirábamos a las lindas sirenas que lucían sus juveniles trastes en una provocadora y caliente primavera. Mañana Cayetano estará en La Habana, posiblemente con Mercedes, su amante caribeña. Yo, añoro a Sofía. Hay un mundo de diferencias entre Cayetano y yo, sin embargo algo en común tenemos: los años, el gusto por la buena comida, la bebida y las mujeres lindas (o sea, todas).

No teman entrar de vez en cuando a un ambigú cualquiera. Las sorpresas pueden ser maravillosas y entretenidas. Casi de novela.

 Exequiel Quintanilla

*Si quiere conocer más aventuras de Cayetano Brulé-el personaje de ficción creado por el escritor Roberto Ampuero- le aconsejo al lector que vaya tras sus libros escritos. De los que ubico, no se pierdan los siguientes: ¿Quién mató a Cristián Kustermann?, Boleros en La Habana, El alemán de Atacama, Cita en el Azul Profundo, Halcones de la noche y El caso Neruda, entre otros.

 

REMASTERIZADOS


 
LAS PAPAS FRITAS
Mucho se ha escrito sobre los orígenes de la papa como alimento de masas:… si Pizarro la llevó a Europa, si Parmentier la hizo comestible en Francia, si Sir Raleigh la introdujo en Inglaterra, pero en verdad nada de eso tiene el menor interés, porque hasta que no se inventó la papa frita, el miserable tubérculo no servía para nada en Europa

 ¿A quién le debe pues la Humanidad tan inconmensurable hallazgo?

Pues a doña Matilde, concubina a la sazón del párroco de Villapedre a mediados del Siglo XVIII, quien a su vez era oriundo de Andujar, y tenía la sana costumbre de tener siempre en casa una tinaja de buen aceite de oliva de su tierra cordobesa.

Una noche que la brava asturiana no estaba de buen genio, agarró un par de aquellas llamadas “turmas de tierra”, que su prima le había traído de las tierras de Mondoñedo diciendo que con hambre hasta se podían comer, y, partidas por la mitad, las echó en aceite hirviendo, diciendo para sí: “A ver si alguna vez revientas, andaluz de mal agüero.”

Pero el curita, a quién le habían dicho que el arzobispo gallego estaba por la labor de cobrar diezmos por aquella extraña trufa blanca, quedó feliz, y lejos de reventar le dijo a su manceba: “Mati -así la llamaba en la intimidad del hogar-, desde hoy esta cenita la quiero todas las noches”.

Dicen que poco después acertó a pasar por allí el legendario gastrónomo lucense J. de Candelucus, que volvía de una fiesta que habían dado en el patíbulo parisino en honor de Luis XVI y su esposa María Antonieta y, al probar aquel manjar se sorprendió, pero como buen gallego, guardó el secreto para sacarle partido en mejor momento.

Al parecer fue años después cuando, en una noche de copas y aguardiente, se lo dijo a su compañero de juegos Antoine Augustin Parmentier, y aunque éste hizo la prueba con mantequilla, el éxito fue tal, que la faz del mundo cambió.

Desde entonces y a galaxias de distancia, el planeta Tierra huele a papas fritas.

Por ellas los hombres luchan y mueren, y desde Alaska hasta Tasmania, en cualquier boliche del mundo por apartado que esté, siempre habrá un plato de papas fritas con que consolar al más miserable trotamundos.

No se crean que hacerlas es tarea fácil, porque desde que se inventaron las freidoras y el aceite de maravilla, conseguir un plato de buenas papas fritas, es más difícil que una buena terrina de hígado de pato.

Se pueden encontrar en cualquier comedor… pero bien hechas, eso ya es harina de otro costal.

 

martes, 8 de noviembre de 2016

LOBBY MAG


LOBBY MAG.
Año XXVIII, 10 al 16 de noviembre, 2016

LA NOTA DE LA SEMANA: ¿Chapsui o Pollo Arvejado?
MIS APUNTES: Ox
EL REGRESO DE DON EXE: Cómo conocí a la paquita
TURISMO: Museos de París: lo nuevo de lo nuevo
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA


 
¿CHAPSUI o POLLO ARVEJADO?

 
¿Nos gusta la comida china?

Buena pregunta y muchas respuestas. Más de algún purista dirá que lo que se come en Chile como comida china es una representación minúscula de la comida cantonesa y que esa gastronomía es bastante más que eso. Razón tiene nuestro “purista”. Sin embargo el fenómeno de la comida china-cantonesa en nuestro país llegó para quedarse por mucho tiempo. Es una comida popular, económica y por ellos muchos seudo gourmets le quitan la vista de encima y niegan vínculo alguno con el chapsui, el filete mongoliano y el arrollado primavera. Sin embargo no hay barrio que se distinga que no tenga un par de restaurantes chinos con esta típica cocina.

Como la cumbia, que se está transformando en baile nacional, la comida china se ha involucrado tanto en nuestro ideario colectivo que es prácticamente insustituible en las salidas a cenar de gran parte de nuestra población. Rápida de elaborar, digerible y buena sazón son los puntos a favor. Buen precio y abundantes porciones también son factores importantes que consideran los habitúes. Definitivamente el pueblo –el 94 % de nuestra población- prefiere el wantán a las giosas; el arrollado primavera al sushi y el pollo chiten al teppanyaki.

¿Sabiduría china? Es posible. Estadísticas gubernamentales nos indican que sólo un 4 a un 5 % de nuestra población accede a restaurantes de categoría. Esto es un universo de 800 mil habitantes. Son los mismos que compran vino embotellado. El resto, cerca de 16 millones de compatriotas se conforma con el vino en caja, el chimbombo, las garrafas; el fast food, la comida china, la callejera y otras cocinas económicas.

Y a pesar del éxito de esta cocina, aun no logra fusionarse con nuestra propia gastronomía. Por ello es quizá que los peruanos –que avanzan a paso gigantesco- descubrieron hace años que la fusión de diferentes gastronomías los haría famosos. Juntaron lo inca con lo africano, lo chino y lo japonés y hoy es considerada como una de las cocinas más sabrosas del mundo. ¿Sabía el lector que antes que los japoneses les enseñaran a los peruanos cómo se comía el pescado, nuestros vecinos elaboraban una especie de puré con pescado desmenuzado para hacer el cebiche, al igual que nosotros?

Poco nos atrevemos para revolucionar nuestra cocina. La queremos pura, ojalá con quínoa, amaranto y chaguales para diferenciarnos. Es posible que el aislamiento en que vivíamos hace unas decenas de años nos haya marcado un carácter conservador en nuestra gastronomía. Pero ya no estamos aislados. Somos parte de una comunidad mundial y también queremos que nos distingan por una cocina vanguardista. Existen los chefs y las materias primas necesarias. Es posible que sólo falte algo de audacia para incorporar a nuestro recetario raíces foráneas que siendo parte de nuestra actual idiosincrasia, aun las vemos como ajenas y lejanas.

¿No será hora de dejar los nacionalismos de lado y de una vez por todas comenzar a experimentar con la sabiduría de otras razas, credos y formas de vida?

No crea que este sea un pensamiento estúpido y fuera de foco. La cazuela y la cueca están para la foto; la cumbia y posiblemente una cocina nacional repensada serán para el chileno del futuro. De repente creemos que nos estamos quedando detrás de todos. Lejos de los que experimentan y de los que se renuevan. Y eso hay que revertirlo pronto. Chile no debe ser sólo materias primas. De eso hemos vivido durante siglos pero lo que nos dará distinción es el valor agregado de nuestros productos. Y para allá hay que mirar. (JAE)