miércoles, 12 de noviembre de 2008

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR



VINO Y COCINA CON MARCAS REGISTRADAS

¡Que tremendo cocinero es Guillermo Rodríguez!, escuchaba la semana pasada cuando la prensa gastronómica y vitivinícola se reunió en su nuevo taller gastronómico que ocupa el espacio del ex restaurante “El Suizo Loco” en Av. Italia. Fue una ocasión más para seguir alabando la cocina de este gran chef y a la vez conocer los nuevos vinos iconos que pronto lanzará al mercado viña Ventisquero.

Tras una entretenida cata guiada por Felipe Tosso, enólogo jefe de la viña y John Duval, asesor australiano encargado de las lineas Vértice y Pangea -donde dieron a conocer productos que saldrán a la venta en un tiempo más y tuve el privilegio catar exclusividades extraídas de sus terrenos en el valle de Apalta, el “terroir” más codiciado del país por los viñateros y empresarios-, los asistentes fueron invitados a compartir un almuerzo con los ejecutivos de la viña.

Detallar los platos escogidos por Rodríguez para este almuerzo sería una canallada ya que dejaría al lector con un tremendo apetito y con ganas de ir a comer donde Guillermo. Sin embargo, lo de Rodríguez no es un restaurante y sus menús suelen ser comprados por empresas para eventos y lanzamientos privados. Sin embargo, y para deleite sensorial, puedo comentarles que el menú contemplaba centolla, locos, salmón, mollejas de ternera, magret de pato, lomitos de avestruz, pierna de cordero estofada y lomo Hereford. Toda una batería de productos cocinados a la perfección. Los vinos, Vértice 2005 y 2006, y Pangea del 2004 al 2006.

Me gusta esta versión remasterizada de Guillermo Rodríguez. Está más suelto y entretenido en sus propuestas. Ojalá en algún tiempo más decida tener su propio restaurante para delicia de muchos de sus seguidores. Hoy está limitado por sus múltiples actividades y por su trabajo como embajador de la cocina chilena en el extranjero. Más adelante, si cambian los tiempos, podrá sentarse a pensar en abrir un negocio gastronómico. Guillermo es de los grandes y como todos, también necesita ese contacto diario con su publico y admiradores.

Amén (Juantonio Eymin)