martes, 23 de agosto de 2016

MIS APUNTES


 
PF CHANG’S
Comida oriental en formato norteamericano
Operado por la franquiciadora mexicana Alsea que administra las licencias para Burger King y Starbucks en Chile, hace unas semanas abrió sus puertas el segundo P.F. Chang’s en Santiago, sumando así 277 locales en todo el mundo. Con una decoración similar a los grandes restaurantes que pueden verse tanto en México como en Estados Unidos, el nuevo local, emplazado en plena Isidora Goyenechea, mezcla una novedosa carta que ha hecho famosa a esta cadena entre muchos comensales, ya que fusiona de forma entretenida y lúdica parte de la comida cantonesa con los toques habituales de la cocina norteamericana. El nuevo comedor es amplio y moderno, con dos pisos y una capacidad para 240 clientes. Debido a la alta demanda del sector, cuenta con un menú ejecutivo (8.990 de lunes a viernes) y además con una extensa carta de combinaciones asiáticas.

Su carta es variada y contundente. Tiene incluso una sección especial de platos sin gluten que despertó mi curiosidad ya que es tremendamente complicado el tema de cocinar sin gluten en una cocina normal. Pero si lo ofrecen con todas sus reglas, es para felicitarlos. 

Como todos los locales que ofrecen comida china en su versión cantonesa (y algunos platos de origen oriental), la gran mayoría de ellos son para compartir, algo que se agradece en tiempos difíciles. El día de mi visita probé el Chang’s letucce chicken wraps ($7.700), la entrada más vendida a nivel mundial, con pollo e ingredientes al wok, acompañados de lechuga para envolver la preparación. Fresco, sabroso y bastante chino-gringo. También las Handmade dumplings ($5.300), unas gyosas de cerdo (o camarón) con el picor necesario, cocinadas al vapor y doradas.

Compartimos, luego, el Mongolian beef ($10.000), una clásica preparación, pero con una ternura de la carne magistral, preparada con palanca nacional. Y, para terminar, Chang’s spicy chicken ($9.800), combinación de pollo picante y agridulce, que conocen muy bien en el local. Las salsas –casi todas agridulces y similares- están espesadas con almidón, cosa que no molesta en un principio pero que a la larga –y en diferentes preparaciones- llega a hostigar al consumidor. Con un aplicado servicio, propio de cadenas norteamericanas donde el manual de operaciones es la Biblia de los empleados, copian incluso el servicio de aperitivos (o cócteles) a una versión bastante gringa donde los colores, bastones, paragüitas, pajitas y mucho hielo, no convencen al consumidor nacional acostumbrado a la sencillez del trago y a un mayor grado alcohólico.

En vinos, a pesar de tener una carta bastante decente, en el momento de mi visita sólo había blanco y tinto, posiblemente una botella de cada una la que desapareció en poco rato. Posiblemente y al igual que otras cadenas norteamericanas asentadas en Chile, prefieren orientar las ventas de líquidos a jugos, limonadas o aguas minerales, donde abunda el hielo picado, económico como el agua potable y fuente de ganancias en una economía de escala, como son las cadenas de restaurantes.

La franquicia se ha preocupado de arrancar con altos estándares que colocan los estadounidenses en la etapa de adaptación: esto es flexibilidad, velocidad, amabilidad y un gran contingente de mozos y asistentes que vuelan para no dejar al cliente mucho rato mirando al cielo. La limpieza y pulcritud del lugar es destacable, como también la calidad de la comida, que realmente resulta ser una experiencia muy entretenida y satisfactoria, aunque tal vez un poco monótona si se hace habitué del lugar.

Para terminar, una aclaración: P.F. Chang’s no es en ningún caso un restaurante “de mantel”. Es uno de las cientos de cadenas que existen en el mundo. Sin importar lo anterior y viendo lo poco variada oferta de comida china/gringa en Chile, la llegada de esta cadena le da un toque de innovación y de atrevimiento para los que aman comer lo que llaman “comida casual” que se acerca muchísimo al concepto de la comida rápida o fast food. (Juantonio Eymin)

P.F Chang’s / Av. Isidora Goyenechea 2940, Las Condes / 22307 6635

EL REGRESO DE DON EXE


 
MI SOBRINA ES UNA MODELO

Esto de estar solo es muy aburrido. Está bien para un par de días relajados o de pataneo, cosa que hice después de mi aventura con la fotógrafa de los pabilitos. Pero al tercer día resucité (bueno… eso pasa hasta en la Biblia). Entonces, decidí que algo tenía que hacer para sacarme la modorra de encima.

El centro me tenía cansado. Los mismos veteranos de siempre bebiendo lo de siempre en el mismo lugar y hablando puras estupideces. Me acordé de un viejo amigo que una vez me dijo que las mejores mujeres de Chile estaban en el barrio alto. Y me dispuse a emigrar a otras comunas.

Conté los billetes plásticos que tenía. ¡Por Dios que son feos!... se pegan, se quiebran y todos tienen ventanitas para mirar para el otro lado. Gracias al Iluminado (y a mis hijos) me alcanzaba perfectamente para un happy hour en algún boliche de Providencia. Otro buen amigo, viejo periodista de un diario sensacionalista, muy libidinoso y libertino, me contó que los días miércoles hay desfiles de moda en el Sheraton a la hora del happy hour.

- ¿Por el mismo precio?
- Obvio, Exe. Ni un peso más.

¿Adivinen que día era?: ¡miércoles!, justo lo que necesitaba.

Guardé el celular en el velador y tipo 6 de la tarde salí, ufano y muy bien vestido camino al Sheraton. La primera parte la hice en Metro ya que de otra forma mi presupuesto se iría a la mierda. Del Metro Los Leones al hotel, en taxi, como todo un caballero.

Abrió la puerta del taxi un tipo bien vestido con pinta de guardia de seguridad. Le pregunté por el happy hour y me muestra el lobby del hotel. -Pronto aparecerán las chicas-, me dice con cara maliciosa.

Una luca me costó el esfuerzo del guardia por abrir la puerta del auto. Bueno, no sabía si había que darle propina a estos tipos. Sin embargo mi padre siempre decía: “A perro con corbata, nadie lo mata”.

Me senté en un sillón del lobby y solícitamente aparece una camarera de falda larga con un tajo casi infartante para preguntar qué deseaba. Para ponerla a prueba le solicité un Negroni, a sabiendas que me duraría todo el desfile de modas ya que es un cóctel de esos para beberlo lentamente. Ella gentilmente me dice que puedo sacar lo que desee de los picoteos que están al centro del bar. –Es parte del happy hour, comenta. Esperé el trago y luego me levanté para sacar algunas de las delicatessen que tenían preparadas.

Cuando comenzó el desfile no lo podía creer. ¿Dónde habías estado todos estos años, Exe?, me preguntaba. Realmente cada chica era mejor que la otra. Con decirles que las piernas le salían de los hombros. Yo, en primera fila, disfrutaba como sátiro el paseo de estas tremendas mujeres. ¿De dónde habrán salido? ¿Qué les dieron de comer cuando chicas? ¿Serán reales esas piernas y todo lo que estaba más arriba?

No le cuenten a nadie, pero se me caía la saliva. Todo turgente. Parecían chicas venidas de otra galaxia o de otra estirpe. Cuando aparece la última, con un veraniego vestido de seda que poco tapaba la imaginación, veo que me mira y casualmente me hace un guiño de ojos. En un principio me dije. “Exe… estás matando”, pero tratando de recordar dónde había visto ese rostro antes, la recordé hace un par de años jugando a las muñecas en la casa de una hermana de mi paquita.

¡Mierdas… era una sobrina de Sofía!

Quise salir arrancando pero me temblaban las piernas. No podía moverme de mi sillón. La chica del servicio me notó preocupado y se acercó para saber si necesitaba algo.

– Otro Negroni, le murmuré.
– ¿Igual que el anterior?
– Igualito, ni más ni menos.

No podía arrancar. Un soldado muere en batalla y en este caso sería mejor así. Terminado el desfile, y ya casi sin saliva en mi boca, veo que Agustina (así se llama) se acerca contoneando su cuerpo.

- ¡Tío! ¿Qué haces aquí?... ¿Y mi tía?

Inventé una reunión con unos gringos que querían hacer una revista para hacerse millonarios en Chile.
- … y como estoy solo, ya que tu tía está de guardia, me quedé al happy hour.
- ¡Que rico, tío!
- ¡No me digas tío! ¡Me emputece!

Se agacha y aparecen sus lindas (aunque escasas) pechugas.

- Esta bien Exe. No te digo tío pero tú no le cuentas a nadie que trabajo de modelo.
- ¿Con ese cuero, linda, pretendes trabajar en un Call Center?
- Es que mis papis son muy exigentes y creen que a esta hora estoy estudiando con una amiga. ¿No le contarás nada a la tía?
- ¡Se te ocurre!
- ¿Quieres conocer a mis amigas?
- No me da el ancho, querida

Rato después, ella de jeans, polera y casaca de cuero nos fuimos al Baco a tomarnos una copa. Ella dejó las muñecas y yo dejé las sub 30 de lado. Estábamos entonces a la par y bebimos en confianza. Ella brindando por sus papás (con jugo de chirimoya)… y yo por Sofía, con una copa de oporto.

Sinceramente esto se está transformando en un suplicio. A decir verdad, cuando uno tiene una sobrina (adoptada) que está más rica que el pan con palta, no es fácil. Más aun cuando es cariñosa y se adapta a mis tiempos.

Reventé las lucas que me quedaban. No me habría arriesgado a que a mi sobrina postiza le hicieran algo. La llevé en taxi a su casa (menos mal que vivía cerca del centro) y me sugirió un trago del estribo en su departamento ya que sus “papis” no estaban. Pero reculé. Sinceramente, mucha carne para tan poco perro.

Exequiel Quintanilla

BREBAJES


 
LA BILZ, UNA GASEOSA CON HISTORIA
 
Uno de los refrescos más antiguos de la historia comercial chilena es la "Bilz", bebida gaseosa que actualmente hace una dupla inseparable con su hermana "Pap", para la venta orientada especialmente al público infantil, con dos mascotas extraterrestres (Bily y Maik) creadas en 1997 y aún vigentes. Sin embargo, la "Bilz" comenzó sus días como un producto muy distinto: un brebaje de fantasía sin alcohol, dirigido a abstemios y personas adultas imposibilitadas por salud de beber bebidas alcohólicas.

La historia de la "Bilz" no nace en Chile: corresponde en realidad a una marca internacional de bebidas creada por el médico naturista alemán Friedrich Eduard Bilz, que adoptó nombres comerciales como "Bilz-Brause" y "Bilz-Limetta". Comenzó a ser producida y comerciada por el empresario Franz Hartmann, y se ofrecía también como una bebida de características digestivas y casi medicinales, tal como se observa en el origen de muchas otras famosas gaseosas. Sin embargo, al comenzar a ser plagiada masivamente la marca por otras compañías y en otros países, hacia 1905 fue cambiado el nombre del producto, surgiendo así la marca "Sinalco", que aún se conserva para la famosa bebida alemana.
Se cuenta que uno de los supuestos "copiones" que imitaron la idea de la bebida apropiándose hasta de la marca habría sido el ciudadano de origen bávaro residente en Chile, Andrés Ebner Anzenhofer, pero su propaganda aseguraba que era en realidad una concesionaria de la "Sinalco" en Chile. Ebner era propietario de una famosa cervecería con su apellido cuyas enormes ex instalaciones se encuentran todavía en avenida Independencia 565, en calidad de Monumento Histórico Nacional.

Allí, en esas instalaciones, Ebner comenzó a embotellar su propia "Bilz" haciendo un lanzamiento oficial del producto en el Teatro Municipal de Santiago. La aparición del producto ha sido fechada en 1902, no obstante que hay ciertas referencias publicitarias que permiten suponer que es definitivamente anterior a ese año. La compañía de Ebner llegó a ser la más importante de su tipo hacia los días del Primer Centenario de la República, por volúmenes de producción. Ese mismo año de 1910, la revista "Sucesos" hablaba de ella como "la fábrica de aguas gaseosas más extensa de la República, acreditada por la muy renombrada y afamada bebida Bilz".
Seis años después, en 1916, la Cervecería Ebner fue comprada por la Compañía de Cervecerías Unidas (CCU), formada en 1902 y luego que la Fábrica Nacional de Cerveza se convirtiera en sociedad anónima. La misma empresa comenzó a comprar a otras compañías y plantas, como la Fábrica Andwanter, Agua Mineral Cachantún y la Fábrica de Cerveza de Valparaíso, hasta convertirse en la embotelladora más grande de todo el mercado nacional.

En todos estos años de crecimiento, la CCU conservó la "Bilz" como uno de sus tradicionales productos y sin variar su fórmula con sabor "parecido" a frambuesa o guinda, promocionándola en los años cuarenta y cincuenta con mensajes narrativos más vinculados a la publicidad contemporánea, en el sentido de predicar lealtad al producto más que condiciones específicas del mismo, como: "Una preferencia que nunca se olvida" y "El refresco amigo de toda la vida". El eslogan era entonces "Siempre Bilz".
En la segunda mitad de los cincuenta son populares sus calendarios publicitarios, inspirados en las hermosas y sensuales ilustraciones pin-ups que estaban de moda en los Estados Unidos en aquellos días de la post Segunda Guerra Mundial. Esto pone en evidencia que el público al que se orientaba la bebida seguía siendo principalmente adulto, pero es necesario observar que, ya en esa misma década, comenzaron a aparecer avisos donde salían niños o adolescentes bebiendo chispeantes vasos de "Bilz" en bellas ilustraciones a color o en blanco y negro que eran publicadas en las revistas, como invitando a los padres a compartir la gaseosa con sus niños.

Desde los años veinte se había adicionado a la producción de la CCU otra famosa bebida llamada "Papaya Rex" con sabor de imitación a la fruta, que en los años sesenta y setenta comenzó a ser publicitada conjuntamente con la "Bilz" pero con un nombre más corto: "Pap". Desde entonces, ambas gaseosas han sido productos hermanos e inseparables que hacen indiscutible su relevancia como un histórico producto nacional, como fue su ingreso al reputado y selecto Marketing Hall of Fame. (Cristian Salazar)

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA
WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(AGOSTO) TU CEBICHAZO (Av. Francisco Bilbao 1962 / 2 2400 3403): “Primero llegó un trío de cebiches, uno con ají amarillo y olivo, otro con cilantro y parmesano (raro, ¿no?), y otro con ese vicio líquido llamado leche de tigre ($14.500). ¿El pescado? Ya, es obvio (reineta). Y pese a lo sabroso en general, les faltó sazón, malicia y mayor intención. Esa intensidad sí estuvo presente en una sopa que, por suerte, conserva su fuerza y picor en casi todos los restaurantes peruanos. Se trata de la parihuela ($5.990), también conocida como el "viagra peruano", una sopa espesa de mariscos y chicha de jora que casi nunca arruga. Pídala y es muy difícil que la hagan mal. En cambio tenga cuidado con el chupe de camarones, que deben ser de río, porque no falta quien lo hace con ecuatorianos. Mal. Porque son como la reineta de los crustáceos.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(AGOSTO) NOSO (Hotel W / Isidora Goyenechea 3000, Las Condes. 2 2770 0000): “La cocina de NoSo muestra evidentes signos de refinamiento y revela que, allá adentro, hay alguien que sabe.” “Pero, antes de entrar a la parte buena (o mejor), terminemos, sin muchas ganas, con lo que hay que decir: el servicio es evidentemente muy, muy mejorable. Que la mantequillera (con poca mantequilla) llegue chorreada por fuera, no está bien...” “Las dos sopas de cebolla ($6.500), una clásica y la otra estilo "W", estuvieron, digamos, bien: mejor la clásica, gratinada, aunque con demasiado queso (huyan de la pésima costumbre chilena del exceso de queso derretido). La "W", con crema, no estuvo tan bien. Y, ambas, con poco sabor a cebolla, por el uso de un caldo de carne demasiado sabroso.” “El Magret de canard ($10.200) estuvo bien en calidad de la carne y cantidad; pero los aromas prometidos (miel de naranjas, pain d'épice...) fueron tan, tan sutiles, que podrían no haber estado. ¿O estaban?”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(AGOSTO) MEZE (Manuel Montt 270, Providencia / 22378 3646): “El local tiene dos años, 70 puestos, cambia carta cada seis meses. Nada de caro, con menú al almuerzo y carta en la cena.” “Se parte con un surtido de meze con berenjenas, zapallitos italianos, tomate y queso de cabra. Humus, pasta de garbanzos con sésamo, fría o caliente, con cebollín y queso de cabra. Y unos sabrosos y crocantes cigarritos de masa philo. Luego vendrán albóndigas ensartadas en un bambú, seguidas de la musaka, gustosa lasaña de berenjenas que comparte los turcos con varios pueblos mediterráneos.” “Típico sabor turco, el tavuk  shish (pollo marinado por dos días con orégano, leche, cebolla, y hasta lavanda, asado  a la parrilla con perejil y menta). Para comer a mano, echando los trozos a un pan pita. O si prefiere un Adana kebap, brocheta larga de vaca o cordero. Para recordar el hábito de las frutas secas hay una estación de pasas, damasco turco y pollo, servidos en coloridos pocillos de Estambul.  Para concluir, el irmik helva, postre de dulce de sémola con piñones, acompañado por helado.”

martes, 16 de agosto de 2016

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 18 AL 24 agosto, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: Pisco is Peruvian
CURIOSIDADES: La Seven Up: un medicamento
MIS APUNTES: El Ancla
EL REGRESO DE DON EXE: Soy un fetiche
BREBAJES: Sours peruanos en Chile
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA


 
PISCO IS PERUVIAN

Un productor de pisco peruano realizó una agresiva campaña publicitaria que incluyó la colocación de un panel publicitario en la calle Ahumada, la principal avenida del centro de Santiago, con el lema: “Pisco is Peruvian” (el pisco es peruano), el cual, y como era de esperarse, desató polémica entre los chilenos por el origen de este destilado.

La original idea fue, como aseguran en su página de Facebook, promocionar la bebida peruana ya que de acuerdo a sus datos, “un chileno consume 10 veces más pisco que un peruano y ya adoptaron como suyos el ceviche, el pisco sour, la causa, la leche de tigre y el suspiro a la limeña”. La polémica no quedaría solo en el cartel ubicado en el Paseo Ahumada, sino que la empresa peruana realizó también un video

Según informó la marca de este destilado, la primera producción de Peruvian, que es un exclusivo lote de botellas numeradas que se entregan a domicilio, ya se encuentra disponible.

Interesante tema para concluir que los peruanos manejan el marketing bastante mejor que los creativos nacionales. Con el apoyo del gobierno peruano se las han ingeniado para promover su gastronomía y el pisco de una forma positiva y han convertido al Perú en un modelo a nivel latinoamericano. En Chile, ni los productores ni los gobiernos ni las agencias de marketing han logrado realizar campañas efectivas y duraderas. Falta dinero y creatividad, pero cuando nos demos cuenta que nos pasaron por encima con el pisco y la comida peruana, ya será tarde para reaccionar. (JAE) 

 

CURIOSIDADES


 
LA SEVEN UP: UN MEDICAMENTO
 
La Coca Cola no es el único refresco que comenzó como un elixir farmacéutico. El 7 Up (o Seven Up, que en español sería algo como Siete arriba), refresco cítrico que ha cumplido 87 años, una vez se llamó con el bastante menos pegadizo nombre de Bib-Label Lithiated Lemon-Lime Soda. Entre sus componentes principales estaba el litio, para levantar el espíritu.

El litio ha sido usado durante mucho tiempo como tratamiento para la depresión y el trastorno bipolar. Un ensayo de la psiquiatra de la Universidad de Cornell Anna Fels publicado recientemente por The New York Times se posicionaba a favor de añadir dosis bajas de esta sustancia (especialmente usada para producir cristal, pilas y objetos de cerámica) al agua potable en aras de reducir las tasas de depresiones.

Los efectos antisicóticos del litio pueden haber formado parte de los comienzos del Seven Up. Esta bebida, que contenía el compuesto líquido denominado citrato de litio, comenzó a venderse justo dos semanas después del gran crack de la bolsa de octubre de 1929, dando comienzo oficialmente a la Gran Depresión.

Las teorías sobre el origen del nombre son diversas. La explicación más lógica es que el número siete del nombre se refiera a los siete ingredientes principales de la bebida: agua carbonatada, azúcar, aceites cítricos, ácido cítrico, citrato de sodio y citrato de litio. La palabra Up, arriba, se referiría al subidón dado por el litio, según la psiquiatra Fels. La FDA (la administración de comidas y medicamentos de Estados Unidos) prohibió el uso del litio en los refrescos en 1948, y la Seven Up fue reformulada dos años después.

MIS APUNTES


 
EL ANCLA
Chiloé tiene historias del Trauco, la Llorona, el Caleuche, la Pincoya y muchos más; cuentos que en su mayoría giran en torno al mar que rodea al archipiélago. Sin embargo, en esta ocasión no fue una criatura mitológica, sino una real catástrofe ambiental la que se cernió sobre la zona. El gran problema comenzó a fines de abril, cuando la Armada dio a conocer que detectaron cinco kilómetros de machas varadas en Chiloé. Una enorme tragedia para quienes gustan comérselas a la parmesana, pero sobre todo para la gente de la zona, que vive de la extracción de estos bivalvos.

La marea roja es un fenómeno natural que no es ni marea ni necesariamente roja, de hecho, su tonalidad puede ser roja, amarilla, verde, café o incolora. Y en realidad es provocada por la proliferación explosiva de una o varias microalgas, que forman parte del ecosistema y normalmente son beneficiosas para la vida marina al constituirse como la base de la cadena alimentaria. Por ello, y durante meses, nos tuvimos que abstener de comer cholgas, almejas, machas, navajas, navajuelas u ostiones que hayan sido extraídos en medio de una marea roja. Por cierto, como nadie (o muy pocos) conocen el origen de las especies, la marea roja fue algo así como una veda total de pescados y mariscos.

Hace cinco años –una eternidad para la longevidad de los restaurantes en Santiago-, abría en una calle lateral a la Av. Providencia, la sucursal de una picada marina que estaba en las cercanías del Terminal Pesquero en La Cisterna. La familia Bustos (padre e hijos) habían crecido manejando una pescadería en ese terminal y un día decidieron pasarse a la vereda del frente y comercializar sus productos con el valor agregado que representa un restaurante. Para ello consiguieron una casona esquina (donde antes habían funcionado –y fracasado- los restaurantes 191, De Rokha y Robinsonia) y el éxito vino de inmediato. La carta estaba íntimamente ligada a los mariscos frescos y algunas preparaciones calientes, pero favoritos del público eran sus jaibas, locos, machas, mariscales y toda una línea de platos a precios muy económicos y porciones de gran tamaño.

Hace un par de semanas regresé a almorzar a sus comedores. Sus propietarios ya tienen tres locales a su haber (uno nuevo en Maipú), y me encontré con una carta muy bien elaborada con sabrosos platos marinos. Los precios han ido aumentando y posiblemente sean similares a los de cualquier restaurante del barrio alto, pero el producto sigue siendo fresco, una de las particularidades de este comedor marino que se convirtió en –valga la redundancia- en el restaurante ancla del sector, hoy repleto de restaurantes de toda índole.

Sabrosas empanadas fritas de locos para partir (3.900) y un suave sour peruano (aunque no les agrade a los chauvinistas), mientras repasábamos la carta del lugar. Un Carpaccio de salmón ahumado (9.500) sin mayores comentarios y sabrosas Calugas fritas de pescado (7.900) que devuelven el alma al cuerpo. Para beber, Amaral sauvignon blanc 2015 (12.500) y un servicio correcto, oportuno e informado.

Merluza austral (6.600) con acompañamiento –que se cobra aparte- fue el primer fondo, para finalizar con un “Arroz pirulo” (9.500), un caldoso de arroz elaborado con fondo de locos y vino blanco, con machas, camarones, ostiones y pulpo, un plato de gran gusto y de sabor extraordinario.

La carta de postres es bastante pobre. Como de caleta, posiblemente, aunque destacan algunos postres “de la casa” como la leche nevada y los panqueques celestinos (3.500).

En resumen: Amplia carta con precios dispares. Si escoge bien y adecuadamente, la cuenta no será exorbitante. El Ancla dejó de ser una “picada” y actualmente es un buen restaurante con productos del mar. Respetan las vedas y la calidad del producto está asegurada. Si quiere sentir el aroma a océano en pleno Providencia, este lugar cumplirá con todas sus expectativas. (Juantonio Eymin)

El Ancla / Santa Beatriz 191, Providencia / 22264 2275

EL REGRESO DE DON EXE


 
SOY UN FETICHE
Hace unos días me percaté de algo que no le había dado importancia en mi vida pero que poco a poco se ha ido exacerbando. ¡Me descontrolan los pabilitos! A decir verdad es un fetiche que tengo metido en la cabeza y sin llegar a ser una enfermedad, cada vez que veo una lola con una polera con pabilitos, me pican las palmas de las manos. Hay veces que llego al paroxismo cuando veo que tras una polerita con tiritas, sobresalen otras, de diferente color, haciendo una especie de composé o contrapunto a mi libido.

Lo que tiene que suceder, sucede. Y últimamente estoy culpando a mi gato chino los avatares que me suceden. Claro está que mi libreta de amigas se ha convertido este último tiempo en una página triste y desolada. Ellas los prefieren jóvenes y capaces de sortear una fiesta con música electrónica (léase bum bum, bum bum) al sonido de grandes parlantes y un par de latas de bebida energética para no decaer. Yo, bien lo saben, prefiero una cena a la luz de lo que sea, bien regada y un buen vino para enamorar.

Con mi paquita con sus interminables turnos, no encontraba qué hacer. Busqué la respuesta en el gato. Éste, seguía meneando su mano izquierda de arriba hacia abajo y les juro que me sonrió. Últimamente creo más en el gato que en cualquier otra figura: mil cuatrocientos millones de chinos no pueden estar equivocados. Pensado y hecho, me armé de valor para salir solo por las calles nocturnas aledañas a La Moneda.

Nostalgia me dio cuando percibí que todas las chicas andaban acompañadas con sus parejas. Era, por así decirlo, uno de esos sábados calurosos de agosto y por lógica, las primeras noches sin abrigo ni bufandas. Visité el subterráneo de La Moneda, la plaza de la Constitución y un par de cuadras alrededor. También pasé por el Torres, donde aproveché de beber un Pillin – pisco con Ginger Ale-… y nada de nada. En eso estaba cuando se me aparece un ángel. Bueno, no era un ángel, era una angelita. Una fotógrafa de modas que había conocido tiempo atrás. De jeans rajados, una polera raída y zapatillas me saluda con una pasión que no entendí en principio. La polera le caía por los hombros y dejaba ver las tiritas de su sostén verde limón.

- ¡Exe, que gusto verte!
- El gusto es tuyo, para mí, un placer. ¿Qué haces en pleno centro, querida?
- Vengo a sacar unas fotos para un especial de una revista con ropa alternativa. ¿Y tú, qué haces acá?
- Yo vivo por estos lares. ¿Quieres beber algo?
- Dale Exe, las modelos son más lentas que cascada de manjar, así que te lo acepto. ¿Qué bebes?
- Pillín, una variante del chilcano peruano.
- ¡Me tinca! ¿Tú invitas? Mira que en esta profesión aparte de pagar mal, pagan tarde o nunca.

Cada vez que la miraba, más me gustaba la guacha. No era problema de pechugas más o pechugas menos, eran sus pabilitos los que me tenían casi esquizofrénico. La flaca tenía hambre así que pedimos unas papas fritas con huevos estrellados mientras las modelos se cambiaban de ropa. Mientras comíamos, yo miraba sus pabilitos y llegué a la conclusión que estaba enfermo… un enfermo muy especial.

- ¿Me acompañas a la sesión de fotos?
- ¿Puedo?
- Bueno… digo que eres mi asistente.
- ¿Y qué tengo que hacer?
- A decir verdad, nada. Pero si llevas un termo con esta pócima, capaz que mucho.

Los pabilitos de la fotógrafa me tenían fuera de sí. Hablé con Rosendo, el veterano garzón del Torres y me prestó un termo de dos litros. Le puso hielo, una botella de pisco y rellenó con Ginger Ale. - ¿De dónde sacas minas tan ricas?, preguntó.

- Llegan de la nada, respondí ufano.

Estuvimos, bueno, ella estuvo hasta las cinco de la madrugada sacando fotos. La plaza, La Moneda, los restaurantes, los paraderos de buses, la torre Entel, los edificios cercanos llenos de grafitis e incluso varias modelos tiradas como muertas en los pasos de cebra. Entre foto y foto, vaciábamos el termo con la fría pócima. Yo, eterno fetiche, sólo miraba pabilitos. Les juro que la próxima semana iré al siquiatra a preguntar si es una parafilia o simplemente una simple calentura. Pero definitivamente las cintitas verde limón me transportan al más allá.

Las tomas terminaron a las cinco de la mañana. Todas –y todos- estábamos reventados. Mi amiga fotógrafa pregunta si puede dormir en mi departamento. –No me da el cuero para llegar a Estoril, dice.

Me recibe el gato de la suerte con su pata sin moverse. Al condenado se le habían acabado las pilas. Le ofrecí a la fotógrafa la habitación de las visitas. Ella se tira en la cama y se queda dormida al instante. Le saqué sus zapatillas y la cubrí con una manta mientras miraba esos pabilitos que tanto me gustaban. Cierro su puerta (por fuera) y voy directo al gato para increparlo. Le cambio las pilas y me voy a acostar. Cierro mi puerta (por dentro) y el amanecer me pilló pensando en esas cintitas verde limón que me enloquecieron.

Mañana mismo voy en búsqueda de pilas de larga duración. Ojala de uranio. Para que no fallen cuando el goleador entra en el área chica.

Exequiel Quintanilla

BREBAJES


 
SOURS PERUANOS EN CHILE
Ojos que no ven…
 
“Déjame que te cuente, limeña / déjame que te diga la gloria / del ensueño que evoca la memoria / del viejo puente, del río y la alameda…”
 
Sorprende el Perú… y sorprende su pisco sour. Como un amor perdido y desesperado busco en Santiago y en todo Chile uno que se le asemeje en gloria y majestad. Por años hemos tratado de hacer un buen pisco sour y generalmente no nos resulta. No le echemos toda la culpa al pisco, su principal materia prima, ya que en varios restaurantes peruanos se dan la maña de elaborarlo con pisco chileno y pasan gato por liebre a su clientela la mayoría de las veces. Como diría un ex dictador – ex presidente,  vilipendiado y oscuro personaje: “los tengo a todos identificados”.

Muchos restaurantes chilenos y peruanos ofrecen la pócima “a la peruana”, que significa literalmente que ocupan materia prima chilena y procedimientos norteños. Muchas veces caemos en la tentación y lo bebemos pensando en hermosas limeñas de todas las razas y credos, sin saber que es sólo una imitación del sour verdadero, ese que proviene del Perú.
Yo, pecador, me confieso y tras extensos recorridos de norte a sur de mi Chile querido, encuentro los mejores sours peruanos de nuestras comarcas. Cuando sueño con un sour de esos que se beben fácilmente ya que son reconocidamente buenos, me llegan a la mente las barras de El Otro Sitio y actualmente en Carneros, donde Emilio Peschiera no transa sus materias primas. Acá el pisco es Barsol de la variedad quebranta, uva traída por los españoles al Perú y que se adaptó a los suelos pedregosos de la provincia de Pisco. El barman le suma limones y goma, la que elabora con cáscaras de piña, clavo de olor, vainilla y azúcar… y clara de huevo, que hoy ya viene en polvo para prevenir odiosas intoxicaciones. Servido en vasos de loza, una innovación que si bien al principio sorprende, al final uno se acostumbra y alaba incluso las dos gotas de amargo de Angostura que acompaña cada brebaje.

No es el único. El vidrio (o el cristal) se asoma para otros sours de excelencia. No dejo de alabar los que preparan en la cebichería La Mar ni en el Tambo. Allí el pisco Viñas de Oro es el favorito. Como a falta de pan, a veces son buenas las tortas, acá ocupan limones de Pica para elaborar la pócima. Sin embargo ello no es fácil ya que con el fin de que el preparado quede óptimo, a los pequeños limones les sacan las pepas antes de extraer su jugo. Y eso tiene su precio. Bueno, en Chile, todo tiene su precio y más aún cuando se esmeran en ofrecer calidad y mantener el prestigio. 
Queirolo es el pisco que utilizan en otros reconocidos restaurantes peruanos. Me atrevo a decir que es uno de los mejores y finos aunque por su valor, las porciones son más pequeñas que lo normal. No es que ande buscando “catedrales” por todas partes, pero cuando el sour es bueno, se requiere de un vaso normal. Aun así, mi tía Natalia, casquivana ella, me decía que todo lo bueno venía de a pares. Dos pechugas, exclamaba; dos nalgas, dos piernas y dos de lo que te imagines, contaba. Así que dos sours de aperitivo o al final de una jornada no son ni serán nunca pecado.

Corazón hecho anticucho y uno de los primeros que se atrevió a ofrecerlo tal como lo cocinan en el Perú. Y en Perú al Gusto, este huarique peruano armado por Alex Dioses, uno de los mejores cocineros peruanos en Santiago, los sours los elaboran con Viñas de Oro en su variedad quebranta y como dicen ellos, los limones de pica, sin pepas, los exprimen a mano. Si bien los platos son bastante económicos, el sour tiene su precio… Y los vale.
De eso se trata. Es posible que en mis recorridos haya olvidado algunas buenas experiencias con el pisco peruano. Pero valga un dato: si de sours se trata, el valor del cóctel es preponderante. Si es barato y masivo, no le quepa duda que lo elaboran con aguardientes nacionales. Si es caro y exclusivo… ahí hay que empezar a elucubrar.

Definitivamente, en pisco sour, los peruanos tienen mucho que enseñarnos. (JAE)

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA
 
 
WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(AGOSTO) MAESTRANZA (Franklin 1215 / 995377428): “La carta se presenta en una pizarra. Son platos concebidos, se nota, por la directriz de los mejores insumos del día. Y no necesariamente de los más destacados en otra clase de restaurantes de barrios más pitucos. Hay panita, corazón o entraña de caballo. O sea, el que viene sabe a lo que viene. Aquí no se transa, al parecer. El problema es que hay demasiadas advertencias y salvaguardias sobre lo lento de su cocina (que llegan hasta ser amenazantes para quien se atreva a alegar), las que repletan sus muros. “En una primera visita, sentados a la una y media de la tarde (hora a la que abren), con dos mesas ocupadas, llegaron 45 minutos después un pedazo de filete a lo pobre ($9.000) y uno de entraña ($8.500), casi crudos, vuelta y vuelta, sin limpiar (con sus membranas y grasas, difíciles de comer) y sin haber sido consultados previamente sobre su punto de cocción. Lo mejor, lejos, fue una prieta hecha en casa ($1.500), que se pidió fuera de la oferta.” “Para un sitio que parece propiciar la cocina de mercado, mal.

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(AGOSTO) MATSUDO (Príncipe de Gales 6918, La Reina / 22226 0498): “Matsudo es un lugar relativamente nuevo, todavía en rodaje. Otro más de los muchos de estilo nikkei, capaz de presentar algunas creaciones realmente notables en creatividad, calidad y solidez. “… donde volvimos a elevarnos, y esta vez hasta el mismísimo empíreo, fue con un plato peruano: el cordero al cilantro ($7.000), acompañado de arroz blanco y un trozo de yuca. ¡Qué garrón grande, tiernísimo, con el sabor corderil justo, sin pasarse ni un punto! La salsa podría, para nuestro gusto, haber tenido más cilantro; quizá los retaca aquí conocer ese nefasto dicho chileno: "Bueno el cilantro, pero no tanto". Error profundo y pernicioso. Este plato es digno de antología, siempre que traiga un cordero así de joven, tierno, suculento, cocido a la perfección y jugoso.” “Otro plato peruano de gran calidad, a la altura de los mejores que hemos probado, fue el picante de mariscos ($6.800), con su salsita de picor justo (quizá disminuido, para lo que se estila en Lima), con su arroz blanco.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(AGOSTO) DON GAVIOTA (El Roble esq. Guanaco /Recoleta / 22621 1838): “Ni qué hablar de ceviches, chupes, caldillos, cancatos y pastas con mariscos, las tentadoras empanaditas e inevitables picoteos. Como la tabla de camarones ecuatorianos apanados ($11.900), locos con machas y ostiones parmesanos ($10.990), o su famoso jardín de mariscos ($21.990). Con un pulpo a la parrilla que promete. Para los que buscan novedades tienen unas sabrosas ancas de ranas brasileñas al ajillo ($13.900), conejo escabechado ($6.900), el atún sellado y hasta la centolla entera ($34.600). O una langosta al vapor ($38.000), que preparan en una hora (compare precios con el Mercado Central).” “Para beber auténticos pipeños, sangrías y terremotos, amén de algunos vinos bien elegidos para una picada. A lo que agrega interminable lista de buenos tragos, con clavos oxidados, martinis secos y una letanía de sabrosos destilados de certificada procedencia.”

MUJER
PILAR HURTADO
(AGOSTO) EL BATÁN (José Luis Araneda 20, esquina con Irarrázaval, Ñuñoa / 22349 3749): “La carta es contundente e incluye sánguches de chancho, butifarra, lomo saltado, pavo, pollo a la brasa, churrasco, e ingredientes poco habituales para estas preparaciones en Chile, como plátano, camote o piña. También hay ensaladas y porciones de papas y camote para picar. A esto se suma variedad de salsas peruanas (huancaína, olivo, pollera, rocoto) y tradicionales como tártara, mayonesa y golf (100 pesos la porción, muy ricas todas). Nosotras probamos los sándwiches peruano pobre y chanchirrón. El primero es una hamburguesa casera que nos pareció demasiado aliñada, con plátano frito, huevo frito, lechuga, tomate y salsa criolla (cebolla morada con limón) en pan amasado. En el mismo plato, al ladito, papas hilo (los peruanos suelen ponerlas dentro de los emparedados). El aliño de la hamburguesa hacía que el plátano pasara inadvertido, lamentablemente, porque la jugada de incluirlo nos pareció audaz y divertida. Es grande y no muy fácil de comer, considerando que en principio no ponen cubiertos. El chanchirrón nos gustó mucho más, es chancho confitado con especias, donde la carne estaba sabrosa y blandita, acompañado de camote frito, salsa criolla de hierbabuena y mayo peruana en marraqueta, un pan que combina muy bien con estos ingredientes. Este se puede comer con la mano. Hay buen café, y de postre nos tocó un correcto cheesecake de chocolate. La atención es amable y la carta larga”

 

martes, 9 de agosto de 2016

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 11 al 17 agosto, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: El placer de volar
CURIOSIDADES: La Fanta fue creada en la Alemania nazi
MIS APUNTES: Matsuri
EL REGRESO DE DON EXE: En la Embajada Argentina
TURISMO: La Alhambra
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica