martes, 8 de diciembre de 2015

LA NOTA DE LA SEMANA


DE LA NOCHE A LA MAÑANA… DICIEMBRE

Llegó diciembre y con ello el calor y el estrés. A nadie, en su sano juicio, le gusta un mes con altas temperaturas, trabajos de última hora, compras navideñas y mal dormir. Es posible que diciembre (aunque muchos digan lo contrario), sea el mes más complicado del año. Arde todo, desde el cemento hasta la billetera. No estamos preparados para hacer el análisis del año que se nos va ni de pensar en un posible descanso bajo un quitasol. No hay tiempo. Hay que terminar el año lo mejor que se pueda.

Diciembre se vive al ritmo de una cerveza o de un rosé bien frío. Mes de terrazas y de pies cansados. La temperatura sube y a pesar de que todos los años es igual, aun no nos acostumbramos a ello. Y eso que tenemos un clima privilegiado. Vaya a Sevilla en verano y se encontrará con 44 grados; vaya a Mendoza o Buenos Aires y la sensación será igual. ¿Qué capital del mundo puede tener 35 grados a mediodía y una fresca brisa nocturna nos hace cómplices de una noche de luna con una temperatura ideal? Son pocas y nuestro país tiene esa virtud. A decir verdad, nos quejamos de llenos.

Llegó diciembre y con ello el verano. Mes de mucho trabajo y de esperanzas. Mes de graduaciones, despedidas y fiestas. Un buen mes para el sector gastronómico que ojalá cierre este año con números azules. No fue fácil ya que el estancamiento económico y otros sucesos le restaron protagonismo a un año que se veía espectacular.

Semanas de calor y carreras. Luego, el descanso. Y si tiene un tiempo, disfrute esta edición de Lobby. Viene bastante entretenida.

MIS APUNTES


TERRANÉE
¿El huevo o la gallina?

Podrá ser discutible o no. Pero tal cual como están las cosas, el comedor icono del hotel Intercontinental, luego de haber pasado por varias experiencias, aún no logra un equilibrio perfecto. Si nos remontamos a la historia, el lugar comenzó siendo una parte de la cadena italiana BICE, donde se dieron a conocer dos chefs de categoría como lo son Walter Monticelli y Gionata Nardone. Luego se transformó en el 2920 Grill, una especie de steakhouse sin mayores méritos como para formar parte del circuito gastronómico de la capital. Luego vinieron las ampliaciones del hotel y ya convertido en uno de los más grandes del país, hace un par de meses abrieron el restaurante Terranée, con un manoseado concepto “mediterráneo” y una carta de vinos que sin duda es de las buenas de la capital.

La gracia de escribir estas crónicas en un portal dedicado a la gastronomía es precisamente entregar al lector el lado gastronómico de los restaurantes sin importar mayoritariamente la armonía entre el vino y la cocina. Generalmente los maridajes se buscan en base a la receta del plato y pocas veces se puede observar –salvo en catas especializadas de vino- platos elaborados para buscar la mejor armonía con el vino. En el eterno problema del huevo y la gallina, los expertos en gastronomía preferimos la receta y luego el vino que le haga “collera”. Así ha sido siempre y posiblemente seguirá siéndolo.

La idea del Terranée es que el comensal sea sometido a una potente experiencia de “cocina y cava”, en la que cada plato vaya acompañado con el vino más adecuado. Para ello, Elkin Salazar, director de Alimentos y Bebidas del hotel y sommelier colombiano, ha ideado presentar los vinos en once categorías, según sean de cuerpo ligero, medio y completo, y en relación a otras de sus características.

En la carta gastronómica, y de manera muy gráfica, se señalan los vinos que mejor van con los platos, dándose casos en que una preparación pueda ser armonizada con vinos incluidos en tres, cuatro o cinco categorías diferentes. Recién ahí uno escoge el producto en particular (de tal viña, línea, cepa, cosecha y valle) y el que más se ajusta a su gusto y a su presupuesto.

Difícil tarea para Felipe Farías, chef del hotel desde el año 2010. Nada de fácil ya que tras su paso por grandes restaurantes –como el Ópera-, amalgamar y tener la libertad de crear es complicado. Aun así, ha logrado armar una carta con 43 platos –entre entradas, fondos y postres- que no dejan de llamar la atención.

Independiente de la espectacularidad escénica de cada uno de los platos que tuve la ocasión de degustar la semana pasada, las recetas son absolutamente conocidas. No hay nada nuevo en un carpaccio de pulpo ni en un cebiche de salmón – camarón. Los fondos son delicados y sabrosos sin ser novedosos. De la carta resultó memorable la carne envuelta en “merengue de sal en perfume de limón, pimienta negra y romero” ($14.800). Se presenta como una nube de merengue, que sólo sirve de envoltura para un filete de res que apenas absorbe la cantidad necesaria de sal en su cocción. Lindo plato y presentación que desgraciadamente no logra buen final debido a lo magro del filete y el escaso aporte de grasa, la verdadera fuente del sabor.

Pese a los esfuerzos del chef para cambiarle la cara a este restaurante hotelero, en esta ocasión la carta de vinos (con cerca de 500 etiquetas) es la estrella del lugar y la gastronomía pierde protagonismo. Si fuese una enoteca, con gusto asumo que los vinos sean los que den la cara. Pero el Terranée es un restaurante. ¿Cómo corregir este pequeño pero gran detalle?

Terranée: Hotel InterContinental,  Av. Vitacura 2885, Las Condes / 2 2394 2000

NOVEDADES


EL COLA DE MONO
Mitos y leyendas de esta popular bebida navideña

Tengo asociada a mi infancia la memoria del popular trago de esa época, el cola de mono o “col’e mono”, cuando mi madre preparaba una olla de varios litros para pasar todo el mes de diciembre con "algo" para recibir a las visitas sedientas que aparecían en mi concurrida casa en aquellos años. Lo potenciaba con aguardiente, recuerdo, a la usanza de las familias populares, pues en mi clan casi nunca se veía el cogñac ni el vodka. A los menores de la tribu nos hacía una versión sin alcohol, onda café con leche, pero era inevitable que los grandotes se distrajeran y atacáramos la ponchera aromática de los adultos con cucharones de sopa, velozmente metidos por la puerta entreabierta del viejo frigeraide. Habrá sido, acaso, mi primera y moderada ingesta alcohólica.

No está del todo claro el surgimiento del cola de mono ni la razón de tan estrafalaria denominación para un trago, sin embargo algunos proponen que, inicialmente, se hacía también con anís, además o en lugar del aguardiente. Según esta teoría, el producto era envasado en las mismas botellas en que llegaba el licor de anís, correspondiente a la marca española "Anís Refinado Vicente Bosch", más popularmente conocido como “Anís del Mono” por su etiqueta. Era la única marca que lo producía desde 1870. Otros aseguran que sólo se usaba la botella del famoso anís, muy bella y apreciada en América, pero no su contenido, pues el cola de mono siempre se habría hecho a base de aguardiente. Como sea, se mantenía la etiqueta en la botella a la venta y el ponche envasado en ella comenzó a ser llamado por ello “cola de mono”, aludiendo al logotipo del anís que es, precisamente, un mono.

Otra teoría sobre el origen y la denominación del producto la aporta el costumbrista chileno Manuel Antonio Román en su “Diccionario de Chilenismos y otras Voces y Locuciones Viciosas”, donde propone que sería el color marrón o café del cola de mono lo que habría inspirado su particular nombre. Puede que esta asociación efectivamente se haya hecho pero, para nuestra opinión, es difícil que la sociedad chilena del siglo XIX o principios del XX haya estado tan familiarizada con el color del pelaje dominante entre los primates como para darle su nombre a un ponche, a partir de ello. Algo más debe haber entremedio.

Un dato especialmente concreto lo entrega Eugenio Pereira Salas en sus “Apuntes para la Historia de la Cocina Chilena”, donde declara de manera categórica que la creadora del ponche sería una comerciante del sector Parque Almagro en calle San Diego, por ahí después del cambio de siglo: “Juana Flores, la creadora del “cola de mono”, variación de los tradicionales ponches en leche con malicia, con su bien oliente agregado de esencia de café y vainilla, murió de mal de amores en su querido barrio de la Plaza de Almagro en su rincón acogedor y coqueto al lado del boliche del “uruguayo” y frente al Coq Hardi, con su tabladillo superior en que los habitués ensayaban sus “gracias”.”

Pero la teoría más aceptada, probablemente por ser la más simpática y no exactamente la más respaldada con pruebas, es que el nacimiento del cola de mono se lo debemos a una anécdota de don Pedro Montt, Presidente de Chile entre 1906 y 1910. Dicen que el Presidente Montt se encontraba asistiendo una fiesta en su honor en la casa de doña Filomena Cortés viuda de Bascuñán, muy conocida en esos entonces por sus elegantes y exquisitos banquetes, como el que ofrecía aquella noche de invierno al Mandatario, mientras afuera llovía copiosamente. Pero Montt creyó en algún momento que ya era demasiado tarde y anunció que se retiraría a pesar de la lluvia, pidiendo de vuelta su revólver marca Colt para irse. Luego de presionarlo, lograron convencerle de que se quedase. Sin embargo, a esas alturas de la fiesta todo el vino y el licor se habían acabado, por lo que comenzaron a trajinar la cocina de doña Filomena para encontrar algo con qué seguir regando la fiesta. Y dieron, en el proceso, con una jarra llena de café con leche. En un arranque de creatividad, mezclaron este contenido con aguardiente, azúcar y especias de repostería, logrando una bebida maravillosamente sabrosa y agradable al paladar, que bautizaron de inmediato como el “Colt de Montt”, aludiendo a su arma. Desde entonces, la receta ha derivado en algunas versiones relativamente distintas entre sí, pero con una base de ingredientes común y propia: leche, aguardiente, café, azúcar, vainilla, clavos de olor, canela y nuez moscada. De preferencia frío, por lo que algunos especulan informalmente, también, alguna relación entre la parte del nombre cola con las palabra inglesa cold, equivalentes a frío o fresco.

Versiones alternativas de esta historia, dicen que Montt llegó con unas armas Colt de regalo oficial tras una gira en la que, además, había aprendido una receta de ponche que repitió y adaptó acá (aunque se dice que lo conoció en Europa, Estados Unidos o Perú, según cada relato) y que fuera llamado “Colt de Montt” en esta situación. Otros dicen que fue su empleada o cocinera la que lo había aprendido en Europa y se lo habría enseñado. Como sea su verdadero origen, sin embargo, pasó desde las mesas aristócratas hasta las de manteles de arpillera o de pita de los estratos más bajos, convirtiéndose en un trago popular por la facilidad de la receta y lo barato de los ingredientes. Sin embargo, como el populacho desconocía la historia original que le dio el nombre, comenzó a llamarlo por corrupción fonética cola de mono. Otros aseguran, en cambio, que el Presidente Montt era llamado desde antes por sus amigos como “El Mono Montt”, por lo que el trago estaría asociado al concepto simio desde que fuera bautizado por primera vez, en la fiesta de doña Filomena.

Por alguna razón, el tiempo le dio al cola de mono una temporada de preferencia en el consumo popular, tal como a la chicha en las Fiestas Patrias. En este caso, diciembre: la Navidad y el Año Nuevo, tomándolo con frecuencia mientras se pica pan de pascua como acompañamiento, pese a los esfuerzos de los comerciantes por estimular su consumo sin temporadas y por todo el año. Sólo en puertos como Valparaíso y menormente en San Antonio parece ser que se lo toma como un trago apropiado para las fiestas dieciocheras. Tal vez la fuerte sensación refrescante que produce, además de la doble estimulación de la cafeína y el alcohol, lo hacen más apropiado para las calurosas semanas en los albores del verano meriodional.

Algunos famosos bares y restaurantes de Santiago fomentaron su consumo y preservaron la tradición originaria, como los desaparecidos “Chez Henry” y “Cinzano”. Actualmente, son famosos los cola de mono del “Ciro’s Bar” de calle Bandera, el “Nuria” del Portal Fernández Concha y del “Bar Nacional” de Huérfanos, local, éste último, que asegura anualmente por estas fechas, comerciar el mejor cola de mono de todos, envasado por sus propios dueños. En lo más popular está la cantina "El Quinto Patio" de calle Gandarillas junto a La Vega Chica, que ha vendido por cerca de sesenta años una receta propia y secreta de cola de mono muy cotizada en el barrio. (Recopilación: JAE)

CRÓNICAS CON HISTORIA


 
LA TORTILLA DE RESCOLDO

Los extranjeros que han visitado nuestro país (y los que se quedaron), se admiran por la calidad del pan nacional: variado, siempre caliente, sabroso y producido todos los días. Bendita propiedad que si bien nos ha liberado de tener que andar metiendo el pan en el refrigerador como lo hacen los gringos, ha colaborado en convertir a los habitantes de este país entre los más obesos de Sudamérica. Se vende “como pan caliente” de rápido y veloz, literalmente.

El arte de la panadería y la ciudad de Santiago tienen una historia común interesante. No es casual la cantidad de panaderías que existen, ni la colección de variedades de sándwiches que se ofertan en el nuestros restaurantes. Tampoco lo es el consumo y la dependencia que tiene nuestra dieta en este producto, casi como en los tiempos de la Edad Media. La panera está en la mesa nacional todo el día: desayuno, almuerzo, once y comida. Según la estadística, este es el segundo país consumidor de pan en el mundo, adelantado sólo por Alemania.

Por algo Chile llegó a ser el principal productor mundial de trigo en sus años mozos de la conquista.

Muchos historiadores y cronistas han inducido a creer que la primera actividad productiva de la sociedad criolla tras la fundación de Santiago fue la carpintería, dada la necesidad de levantar toldos y tiendas para la floreciente ciudad de los conquistadores de la cuenca del Mapocho. Sin embargo, esta es una visión sesgada pues, como lo comentara el gran periodista Aurelio Díaz Meza, la verdadera primera gran industria de la capital del Santiago del Nuevo Extremo, por las necesidades alimenticias de la población, era la producción de tortillas de rescoldo, de las mismas que aún es posible encontrar en algunas carreteras alrededor de Santiago y en el centro mismo de la ciudad, en los barrios de Mapocho, Independencia, Recoleta y otros.

El autor señala que estas tortillas eran llamadas por entonces “pan subcinericio”, según consta en algunos documentos notariales. Este término aún es usado en España para señalar a la misma clase de tortillas hechas de masa expuesta las cenizas calientes de una fogata ya consumida.

La producción de las tortillas de rescoldo habría sido compartida en la Capitanía por las mujeres indígenas dóciles del valle del Mapocho y por las indias traídas del Perú, que llegaron con los conquistadores hasta la recién fundada capital. Éstas enseñaron la actividad a aquellas. Dichas mujeres iban a vender diariamente estas tortillas calientes al mercado o "Tiánguez" que se había hecho establecer en la Plaza de Armas.

La colonia consumía, entonces cantidades de este pan denso y masacotudo, que llevaba grasa en su sencilla receta. Pudo haber sido incluso la base de la alimentación en una población a veces menesterosa de provisiones y obligada a cocinar con prisa y sin grandes lujos, ante la amenaza constante de los ataques indígenas. Según detalla Díaz Meza en uno de los capítulos de sus "Leyendas y Episodios Chilenos", la tortilla de rescoldo ya se comía con queso y un vino cuando aún no tenía lugar la destrucción de Santiago por las huestes de Michimalongo. Por ejemplo, cuando el conspirador aliado de Sancho de la Hoz y de Solier, don Alonso de Chinchilla, fue hecho prisionero por Pedro de Valdivia poco antes de salir a verificar las malas noticias que llegaban sobre los alzamientos indígenas en Marga-Marga y Concón, sus secuaces habrían intentado pasarle instrucciones secretas a través de un papelito colocado dentro de una de estas tortillas para su almuerzo (al parecer, era común que los prisioneros recibieran este alimento), pero fue descubierto, quedando expuestos y desbaratados los complotados, ordenando el Teniente Alonso de Monroy la detención y ejecución de los cabecillas.

Lástima que, en la actualidad, gran parte de la producción de las tortillas de rescoldo haya sido sustituida por un insípido y más económico pan horneado que del "de rescoldo" sólo tiene la impostora denominación, correspondiendo más bien a la llamada tortilla de campo. (Urbatorium)

BUENOS PALADARES

CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

MUJER
PILAR HURTADO
(DICIEMBRE) TÍO TOMATE  (El Mañío 1620, Vitacura /2 2986 0553) “Esta pizzería abierta hace unos meses es muy cálida y acogedora. Gran terraza sobre paseo El Mañío, con ladrillos y cemento en las paredes, mesas y sillas de fierro y madera” “Probamos una preciosa ensalada de huevo pochado y jamón serrano de frescas hojas y tomates cherry, con lascas de parmesano y dressing de limón, el huevo bien preparado y equilibrada la cantidad y variedad de ingredientes. Personalmente, a este mix le hubiera puesto un aliño más tirado a lo dulce, como mostaza miel, pero cada uno con sus gustos, aunque mi amiga también estuvo de acuerdo. Pedimos una pizza para compartir y la elegida de la carta fue la del bosque, de hongos con aceite de trufa, gran combinación. La masa es delgadita, crocante, del tipo a la piedra, con la cantidad justa de relleno, y muy distinta a otras pizzas que he probado en el último tiempo, de masa fermentada”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(DICIEMBRE) THE RAJ (Manuel Montt 1855 /2 2716 0077): “Para empezar, una combinación vegetariana para picar ($8.590), con samosas -esas empanaditas de verduras-, queso empanizado y otras preparaciones cero carne. Una estupenda puerta de entrada a sabores muy especiados y nada de tímidos.” “Con una cerveza india de acompañamiento -una Kingfisher Blue ($3.000)- llegó el fondo de esta cita. Un arroz basmati con comino -jeera pulao ($2.990)- y un pan cargado al ajo, crocante y delicioso, un nan ($2.200), junto con unas lentejas negras... dal makhani ($8.900). Y como suele ocurrir con este plato en los restaurantes indios, se ve menos caro de lo que cobran, pero termina siendo el rey de la mesa. Así resulta fácil ser vegetariano, aunque un clásico de esta cocina, el rogan josh ($9.900), con trozos de cordero muy, pero muy especiados, equilibra la balanza hacia la opción de la proteína animal.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(DICIEMBRE) NAOKI (Vitacura 3875 / El Mañío. 2 2207 5291): “Partimos con gyozas de cochayuyo con papaya y salsa ponzu ($4.500): el chef atrapó en el aire la fórmula, ya conocida en Santiago, de cochayuyo y papayas (usada como ensalada), e hizo con ella unas riquísimas gyozas. Buen comienzo. Buen "nikkei" chileno-japonés: en el Perú no existe cochayuyo (aunque sí el término). El otro fue un conjunto de croquetitas de chancho (katsu balls) con salsa de la casa y cebollín ($6.000), también muy sabrosas, aunque la falta de huevo las hace desmoronarse fácilmente. ¿Eran nikkei? ¡Qué importa!” “Rica experiencia. Gran promesa nikkei, si tienen auténtica audacia nikkei, de modo que lo que se come no parezca ni japonés ni chileno. Luego de comer en Lima un "roll" de lomo salteado, qué glorioso potencial... Estupendo servicio. Comedor muy ruidoso. Estacionamiento al frente.

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(DICIEMBRE) NOLITA (Isidora Goyenechea 3456, Las Condes / 2 2232 6114): “La idea central es “festeggiare all’ italiana”, celebrar que estamos vivos y la vida es bella si nos atrevemos a vivirla.  Y el modo, seguir en el mapa de los hermanos Toro la golosa ruta del canapé artesanal, servido en grupos de diez unidades. Desde $9.500 como el crudo, o tártaro, filete de vacuno con salsa tártara sobre pan baguette. El prosciutto, jamón crudo en lonjas con tomate, mayo y hojas de rúcula. Alternativas de salmón ahumado con queso Filadelfia. Y anchoas, con mayo,  ajo y pepinillos, sobre pan baguette. O pavo al horno, en hierbas con mayo y pincelado con mostaza Dijon. Para los más exigentes, camarones pequeños, o sabrosa carne mechada. Subiendo a palmito y caviar. Hasta el top de refinamiento, el canapé de centolla patagónica ($16.500), el afrodisíaco crustáceo apenas retocado con pimienta del molino. No es barato, pero sí insuperable para platicar al ocaso, con alguna persona que merezca semejante ambiente.”

LA CAV
CARLOS REYES
(DICIEMBRE) TERRANÉE (Hotel InterContinental, Vitacura 2885, Las Condes /2 2394 2000): “Doble filo. Dejarse llevar por lo que el mâitre-sommelier ofrece depende de su inspiración, pero también de lo que el chef diga. Si se necesita vender Filete de res al perfume de campo ($ 14.800), es lo que el jefe de sala y los garzones hacen. Muchos platos similares –corte cubierto de merengue salado que tras hornearse se desecha dejando solo la carne- recorrieron las mesas de Terranée; y bueno, debajo de esa cobertura apareció un trozo blando y bien cocinado, pero sin el sabor ni el perfumado prometido.” “La ambientación sobria, urbana, ejecutiva, es dominada por centenares de botellas curiosamente ordenadas y protagonistas del paisaje. El servicio dio gratas muestras de amabilidad y honestidad cuando las cosas demoraron –en el caso del postre– y mostró oficio.”  “Al debe. En resumen, un almuerzo en baja fidelidad que de seguro tiene otras armas para destacar. O sencillamente, no hacerle caso al maitre.”

 

martes, 1 de diciembre de 2015

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVII, 3 al 9 de diciembre, 2015
LA NOTA DE LA SEMANA: ¿Cuál es el mejor restaurante?
MIS APUNTES: Applebee’s
NOVEDADES: Los mejores vodkas del mundo
CRÓNICAS CON HISTORIA: “El Hoyo” más famoso y querido de Chile
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

 

LA NOTA DE LA SEMANA


 
¿CUÁL ES EL MEJOR RESTAURANTE?

La pregunta de siempre. Casi toda la gente que conozco, al saber mi oficio no duda en hacer la misma pregunta. Y diez, quince o veinte veces tengo que responder lo mismo: “todo depende de lo que quieras comer”. Y es cierto. Comer en un restaurante ya no es fácil ya que la elección depende de muchos factores. Incluso el ánimo del comensal.

¿Cuántos restaurantes están en nuestra memoria? ¿Diez? ¿Veinte? Es posible que algunos archiven algunos más pero todos repiten una lista hasta el cansancio. Pero cuando les explicamos que en la capital existen miles de establecimientos, de decenas de especialidades y precios, es posible que ahí comprendan que no es nada de fácil escoger lo mejor. Muchas veces los comensales se dejan llevar por el ideario colectivo y la elección no es la más correcta.

¿Español, peruano, chino, francés, italiano, preguntamos? ¿Mantel largo o precio / calidad? ¿Estacionamiento para que no le desvalijen el auto mientras come? ¿Buen servicio? ¿Buena comida? Estas son parte de las variables que hay que tener en cuenta a la hora de salir a almorzar o cenar fuera. Se puede tener la mejor experiencia gastronómica de la vida, pero si al salir se encuentra con un parte empadronado pegado en el vidrio del auto, de seguro no volverá nunca más a ese lugar.

Pero insisten en conocer la madre del cordero. Es posible que quieran sentirse participes de un buen comentario: el mejor es “Fulanito”. Y si nuestro interrogador lo conoce, se sentirá feliz de haber estado un día en ese lugar. Si no es así, lo archiva para más adelante, para conocer lo que los expertos dicen.

A veces dan miedo mis propias respuestas ya que por omisión se pueden dejar de lado buenos lugares para una comida de calidad. Ir a comer ostras con champagne al Ritz es un must, tanto como unos callitos en el Carrer Nou. Pero muchas veces y no necesariamente lo que a uno le agrada le gusta al resto. Nuestro ejercicio es entregar sensaciones a nuestros lectores y guiarlos en esta maraña de locales que invaden la capital. En regiones es más sencillo y menos selectivo. Pero tampoco deja de ser importante el desarrollo que se ha visto fuera de la capital para ofrecer una digna gastronomía.

Más que optar por el mejor restaurante, la idea es dejarse llevar por la oferta que tienen los locales. Nada se saca con pedir un lomo con papas duquesas o una ensalada César cuando se pueden descubrir miles de sabores que incrementaran el conocimiento gastronómico. Hay que atreverse a degustar novedades, aprender a diferenciar un lenguado de una corvina. A conocer el sabor de las mil y una especias que nos brindan los restaurantes. Eso es lo importante. El resto, la gran lista de los mejores de la ciudad, es solo para las medallas respectivas. El paladar se cultiva comiendo de todo (o probando de todo). Y como bien dice un gran amigo cocinero copiando el dicho de Ferrán Adrià: “una buena sardina es mejor que una mala langosta”.  

Tenemos restaurantes para regodearnos y de ellos, más de un centenar de grandes ejemplos. Hay de todo y para todos. Pero acá lo importante es innovar con las nuevas propuestas de los chefs. Vamos a deleitarnos con la buena mesa y no preguntar por los mejores… ya que hay muchos y para todos los paladares (Juantonio Eymin)

MIS APUNTES

APPLEBEE’S
Para chicos y grandes

Existe una cierta aversión entre los cocineros y periodistas que escriben de gastronomía hacia la comida gringa. Y hablamos como “gringa” a toda la que proviene de los Estados Unidos de Norteamérica o que tenga algún parentesco con ella. Durante años los ataques a McDonald’s han sido frecuentes y ya se han hecho cotidianos los comentarios que le hacen a esta compañía. Aun así, en la actualidad y más que nunca, el desarrollo en Chile de las cadenas de comida norteamericanas continúan ocupando nuestro país como plataforma para el lanzamiento de sus marcas fuera de los EE.UU.

Aunque pareciera que fue ayer, hace diez años que llegó a nuestra capital la marca Applebee’s, una cadena de comida casual y con acento en las carnes grilladas. El concepto agradó a una buena parte de la población joven-adulta ya que en esos años pocos restaurantes aceptaban niños como clientes. Algo no menor para un importante segmento de la población.

El local de Isidora Goyenechea fue el escogido para evaluarlos. A mediodía y en una agradable terraza comenzó mi experiencia. La carta es grande y llena de fotos con algunas ofertas y otras ni tanto. Las porciones son “enormes” y bien vale la pena compartir los platos ya que son de dimensiones XXL. El local tiene licencia de alcoholes y por ello ofrecen una larga variedad de cocteles elaborados según las normas “yanquis” (el alcohol es caro pero el hielo es barato). Aún así, solicité una agradable “Sangría” (4.990) que me hizo recordar las famosas primaveras sin alcohol que se bebía en mi juventud. Si lo suyo es beber algo más fuerte, el Applebee’s no será su lugar predilecto.

La comida tiene puntos a favor. Inicie mi recorrido con una tabla de apetizers (13.990) que contenía fajitas, pollo, carne, papas fritas, papas rellenas con queso y diferentes (y agradables) salsas para untar, todo ello acompañado de un copa de vino (blanco o tinto) y de una sola marca. Luego, una inmensa ensalada de pollo “Santa Fe” (6.990) servida con sus aliños y de grato sabor, para finalizar con un pollo a la parrilla con espinacas y queso azul (6.590), de gran sabor y calidad.

Doy fe de que los comensales cercanos que comían hamburguesas y costillas estaban en la gloria, sin embargo tendré que esperar algún tiempo para conocer más íntimamente la carta. No es barato y eso implica con mayor justicia que se debe corregir la carta (y variedad) de cócteles y vinos que ofrecen sus locales. Que permitan niños no es una excusa para que los adultos no puedan disfrutar. (Juantonio Eymin)

Applebee’s Isidora: Isidora Goyenechea 2971 /Las Condes.

NOVEDADES


LOS MEJORES VODKAS DEL MUNDO
De Estados Unidos a Rusia, aquí las mejores etiquetas para disfrutar este destilado como es debido.

Fue entre los siglos VIII y XIX que hizo acto de aparición esta bebida destilada, cuyo origen siempre se ha disputado entre Polonia y Rusia. Cabe destacar que fue hasta el siglo XIV que un emisario británico enviado a Moscú comenzó a hablar del vodka como la bebida nacional de Rusia.

Pero más allá de orígenes, pertenencia e historia, no podemos dejar de destacar que los últimos años el vodka se ha establecido como una de las bebidas por excelencia en todo el mundo. Y es que según muchos expertos y mixólogos, el vodka funge como un lienzo en blanco sobre el cual pueden realizarse un sinfín de mezclas y cocteles, además, claro está, de poder disfrutarse sólo con hielo.

 

KETEL ONE (Holanda)
Este vodka crujiente al gusto y suave al acabado es realizado con trigo cultivado en Europa, el cual pasa por procesos específicos de destilación. Fragancia, sabor, sensación y acabado ayudan a definir su estilo único.

WOODY CREEK (Estados Unidos)
El nombre de esta etiqueta se desprende del lugar en el que se cosechan las papas de donde se obtiene el vodka: Woody Creek, Colorado. Tiene doble medalla de oro por Mejor Vodka en el San Francisco World Spirits Competition.

BEACH (Estados Unidos)
Este vodka nació en la línea costera de Virginia Beach y desde un principio sus creadores tuvieron como objetivo buscar un proceso natural que eliminara todas las impurezas y permitiera conocer así su verdadero sabor. 

 

SUMMUM (Francia)
Esta etiqueta también tiene una doble medalla de oro por el San Francisco World Spirits Competition. Cuenta con la particularidad de cerrar su proceso de destilación pasando por un filtro de hielo que limpia cualquier impureza. Curiosamente se destila en el pueblo de Cognac, en Francia

U’LUVKA (Polonia)
El nombre de esta etiqueta proviene del polaco, que significa “Sin piernas”, debido a un tipo de vaso para beber vodka popularizado en el siglo XVII por el rey Segismundo III de Polonia.

LAS VEGAS (Bielorrusia)
Este vodka está realizado por ingredientes nativos de Bielorrusia, entre los que destaca el trigo de invierno; además de ello, cuenta con un proceso de destilación a través de carbón que elimina los antioxidantes. Tiene más de 15 medallas de oro ganadas en diferentes competencias internacionales.

 



 
RUSSIAN STANDARD (Rusia)
Este vodka está inspirado en el trabajo del reconocido científico ruso Dmitri Mendeleev, creador de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos (sí, aquella que tanto te hizo sufrir en la secundaria). Y es que él fue el encargado de dictar una filosofía de equilibrio natural, lo que permitió la creación del Russian Standar, que busca un balance perfecto entre agua y alcohol.

ELYX (Suecia)
La gran peculiaridad de este vodka es el hecho de ser destilado de manera artesanal en alambiques de cobre, lo que permite poder distinguir su sabor puro y así potenciar su calidad.

POLAR ICE (Canadá)
Este vodka destilado en Ontario, Canadá, cuenta con una medalla de Oro en el San Francisco World Spirits Competition, además de que se ha convertido en uno de los favoritos no sólo de su país de origen, sino también de varias latitudes del mundo.

 

STOLICHNAYA (Rusia)
Mejor conocido como Stoli, esta etiqueta es una de las más populares del planeta. Es realizado con trigo que se cosecha en la región de Tambov, Rusia, y es destilado tres veces. Puede presumir de ser pionero en el sabor de los vodkas creados en los años 60 y viajar al espacio a bordo de la nave Soyuz 19.

KILLER QUEEN VODKA (Estados Unidos)
Ganador de una doble medalla de oro en el San Francisco World Spirits Competition 2015, este vodka es destilado de trigo de Estados Unidos, mediante un proceso que incluye 7 destilaciones y 4 filtraciones. Su nombre se desprende de que la banda de rock Queen.

BELVEDERE INTENSE VODKA (Polonia)
El nombre lo dice todo. Cuenta con un proceso de acabado de filtro de carbón doble, lo que permite tener una sensación intensa en el paladar, para que posteriormente lleguen notas de especias. En definitiva, uno de los mejores del mundo.

 

TOVARITCH! (Rusia)
Esta etiqueta tiene la peculiaridad de ser destilado 5 veces y filtrado en más de 20 ocasiones, además de que resguarda la receta secreta del Conde Jules Ren, perteneciente a la corte de la zarina Catalina II, quien se dio a la tarea de investigar a profundidad los procesos de destilación del vodka.

CRÓNICAS CON HISTORIA


 
“EL HOYO” MÁS FAMOSO Y QUERIDO DE CHILE

Es tanto lo bueno que se ha dicho ya -y merecidamente- sobre este antiguo local santiaguino, que uno se pregunta si este texto será un aporte o sólo una redundancia en todo el culto que es capaz de generar "El Hoyo", tras un siglo de funcionamiento exitoso, construyendo parte importante de nuestra chilenidad desde sus cuarteles: tradiciones culinarias, tradiciones cocteleras, tradiciones de rotos, tradiciones de cuequeros, de carreteros, de comerciantes, etc... Tradición completa, chilenidad entera.

El periodista César Fredes publica en el diario "La Nación en Domingo", del 18 de marzo de 2007, estos elogios para "El Hoyo", que me gustan por lo acertado y casi poéticos que suenan como descripción de la vida dentro del local:

"El arrollado, excepcional. Como informó Guillermo, el titán calvo y de guardapolvos celeste que nos atendió con extrema corrección y destreza, “hecho de pura pulpa de cerdo, señor”. Era verdad, y el mérito de un arrollado tan bueno y suave es que, aún casi sin tocino, era tierno y fácil a la boca, con un cuero delgadísimo y casi transparente"... El buen Guillermo es además casi un guía turístico. Nos cuenta que la razón social Valenzuela Hermanos, propietaria del giro Chichería, Cantina y Cervecería, radica allí desde 1912, tiempos del abuelo, cuando las calles eran de tierra y en el lugar, aparte de chicha, se vendía carbón y fardos de pasto para los carreteros que movían carga en la Estación Central contigua. Que hay clientes a los que “la abuelita” –nuera del fundador, don Benjamín Valenzuela, que vino de San Vicente de Tagua Tagua– todavía consiente, preparándoles pantrucas y guiso de espinacas, trabajando día a día a los 90 años de vida".

La dirección del restaurante y chichería "El Hoyo" es en la esquina de San Vicente 375 y Gorbea 3201, en el viejo barrio de Estación Central y a escasa distancia de las líneas del ferrocarril. Corresponde a una bella pero sencilla casona antigua, de estilo clásico neocolonial, de un piso y que se remonta a principios del siglo XX, cuando este sector del vecindario todavía conservaba algo del aspecto patronal y más rural que había tenido en el siglo anterior.

Cuando don Benjamín Valenzuela fundó el negocio en 1912, tras llegar a Santiago desde el pueblito de Rastrojo, cerca de San Vicente de Tagua Tagua, lo hizo con la intención de vender pasto para caballos y carbón, en este mismo local hoy ocupado por "El Hoyo".

Sin embargo, no tardó en comenzar a ofrecer alimentos a los viajeros y funcionarios de la Estación Central, como charqui y huevos duros acompañados con chicha. Le dio el palo al gato con esto.

 Y fueron sus comensales los que bautizaron al local como "El Hoyo", porque se encontraba en un desnivel que había entonces en la calle, a causa de los desaparecidos canales que corrían por el sector y que lo hacía estar a un nivel más bajo, como si se lo tragara el suelo. Hay quienes aseguran que era llamado hasta entonces como "El chicha con perro"; y otros sostienen la versión de que el nombre del "Hoyo" le era dado por un forado en las paredes de la Estación de Ferrocarriles por el que se escapaban furtivamente los trabajadores para ir a las farras de este local.

Las viejas pipas y barricas son el símbolo decorativo más característico y antiguo de "El Hoyo", y una cualidad que ha sido distintivo del local por décadas. Comienzan a aparecer desde la fachada hacia adentro. Varias de las mesas numeradas del local están hechas con estas mismas barricas.

Puede que se haya tratado de la primera vez que un local asumió para sí esta característica de decoración con pipas, pues don Benjamín tuvo la ingeniosa idea de usarlas como mesas y asientos cuando acumuló una gran cantidad de ellas, en las que le llegaba principalmente la chicha, y no sabía qué hacer con tantas de estas piezas.

Desde que don Benjamín falleció, en 1954, el local ha permanecido entre sus herederos. Y continúa creciendo como bastión de chilenidad nacional, hoy que es regentado por una sociedad de cinco miembros: bastión de rotos, huasos venidos a la capital, viajeros, estudiantes, tradicionalistas e investigadores históricos.

Su atención se ha sofisticado hasta ser reconocida, además, como un ejemplo de buen trato y eficiencia, casi contrastantes con el aspecto rústico de la ornamentación y la mueblería. Experimentados veteranos de las artes de la camarería y el barman “service” forman este equipo. Sin duda, se trata ya de un centro de alimentos y bebidas a nivel de oferta turística internacional.

La comida es el otro pergamino que ofrece con orgullo el currículo histórico de los dueños. El mostrador de alimentos de "El Hoyo" no puede ser más típicamente chileno en su oferta: perniles, pichangas, patitas de cerdo, etc.

Las salas de los comedores son espaciosas y cómodas. Reciben a miles de visitantes nacionales y extranjeros durante todo el año. No era raro encontrar allí a personajes ligados al mundo de la cultura y las ciencias de investigación folklórica, como don Juan Uribe Etxevarría y, según aseguran algunos, don Nano Núñez, el fallecido fundador de "Los Chileneros". De cuando en cuando aparece alguna figurilla farandulera por allí, pero parece que le tienen un poco de alergia al chuico de pipeño o al olor del arrollado con papas calentito.

La plateada con ensalada a la chilena y la carne mechada con puré son otros platos especialidades de la casa. Como algunos de los demás platillos que ofrece el restaurante son definidos como los mejores en su clase, abundan las llegadas de los entendidos, intentando evaluar las excelentes tablas, sándwiches, prietas y picadillos para los comensales. Gran parte de las tradiciones culinarias del pueblo chileno aparecen sintetizadas en la lista de precios de "El Hoyo". Las visitas ilustres, en consecuencia, son algo corriente en sus pasillos, también, sorprendiendo a los clientes inclinados sobre sus mechadas o costillares.

En su visita a Chile, el famoso chef Anthony Bourdain visitó "El Hoyo" para probar especialmente la lengua con papas, los  completos y el arrollado, concluyendo que allí se encontraban los mejores platos que probó en el país. Quizás, a los dueños del "El Hoyo" les haya dado parálisis facial con una noticia de tanta risa alegre.

El  "terremoto" es uno de los tragos más característicos e históricamente ligados a la tradición de "El Hoyo". Según la leyenda, ésta sería la cuna del trago, nacido allí cuando un periodista alemán que reporteaba el terremoto de la Zona Central de marzo de 1985, pidió que le echaran algo más refrescante a su pipeño. Don Guillermo Valenzuela, a la sazón encargado, habría tenido la ocurrencia de mezclar helado de piña con el vino pipeño más bien tibio que había pedido en la barra, quedando sorprendido con el resultado y exclamando, no bien terminó de probarlo: "¡Éste sí que es un terremoto!".

El  "terremoto" que se sirve aún en "El Hoyo" es uno de los mejores del país, además de estar entre los más sencillos, usando como ingredientes sólo vino pipeño blanco y el helado de piña, como habría sido su receta originaria. También ofrece la famosa "réplica", que corresponde a la misma mezcla pero en un vaso más pequeño. Por muchos años se las ha visto en las bandejas del mozo Enrique Marambio, uno de los meseros más conocidos y famosos de todo Santiago.

Aunque popularmente "El Hoyo" siempre estará asociado a la historia de este "terremoto", la verdad es que el local se ha caracterizado también por la calidad de sus chichas, borgoñas y ponches además de sus vinos y pipeños. Los vinos tintos en jarras son una delicia clásica. El valor de la chicha está, sin embargo, en que fue el primero de los sabores embriagantes que ofreció "El Hoyo" como hemos dicho, casi desde sus inicios. Las cervezas también son parte de su oferta histórica.

En junio de 2008, fue elegido por el Consejo Nacional de Cultura como sede para el reconocimiento de las 11 mejores "picadas" de Santiago, incluyendo al mismo local. (Urbatorium)

BUENOS PALADARES

CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

MUJER
PILAR HURTADO
(NOVIEMBRE) NAOKI (Vitacura 3875 / 2 2207 5291): “…optamos por otras delicias de la carta: ususukuri de salmón con aceite de trufa y yuzu, simplemente alucinante; no hay nada como el pescado ultrafresco, y aquí lo trabajan increíble. También probamos uno de lenguado con ponzu, buenísimo (ususukuri es un corte muy fino y delgado del pescado, una técnica de la cocina japonesa). Probamos un ususukuri de carnosos ostiones patagónicos, que nos sirvieron levemente salteados, bien ricos. Pedimos además dos makimonos, uno de unagui (anguila) y el otro con tártaro de ostiones, el primero fue mi favorito y el segundo, de mi amiga. Terminamos con una preparación que nos llamó la atención, algo que no acostumbramos comer en los restaurantes japoneses santiaguinos: lengua cortada delgadísima y salteada, servida con sal y limón, que resultó toda una novedad.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(NOVIEMBRE) KINTARO (Monjitas 460 / 2 2638 2448): “Para un hambriento, nada mejor que un tempura mixto ($5.900), nuevamente para que sepa cómo se hace realmente esta fritura, heredada de los portugueses que evangelizaron a este país de Oriente. O un oyakodón ($4.600), palabra que sugiere una mezcla de padre e hijo (humor muy negro), ya que se trata de pollo y huevo revueltos con cebollín, sobre una cama de arroz con un toque agridulce.” “Hay quienes piden ramen ($4.900), una sopa de fideos y cerdo recomponedora, o platos menos "orientales", como puede serlo un salmón asado o un cerdo apanado. La verdad es que, aun así, lo que se come en Kintaro es y será full nipón. Y esa es la gracia en la que persisten hasta hoy.

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(NOVIEMBRE) PASTELERÍA VIENESA (Av. Portugal 552 / 2 2222 5473): “Esta pastelería, fundada hace casi 80 años en la calle Portugal por inmigrantes austríacos, cuyos descendientes la conservan, es el reino del hojaldre. De los pasteles, faltaban varios para nuestra visita, como los choux o repollos con chantilly, y las tartas de frutas. Pero, lo que había de hojaldre, nos pareció excelente, como los "cañones" o "cachitos" o "cucuruchos" con chantilly, y los viejos y bienamados milhojas con chantilly, cubiertos con glacé simple o de chocolate, o los triángulos de hoja con su ligero relleno dulce y bien espolvoreado con azúcar flor. Deliciosa chantilly también en los merengues, perfectos: consistencia seca por fuera y más mojadita por dentro. Muy ricos. Atención: los hojaldres mantequillosos deben consumirse muy frescos, a no más de dos días de hechos, porque la mantequilla se pone rancia.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(NOVIEMBRE) PIÚ (Vitacura 3269 / 22207 3192): “Regodéese entre linguini, rigatoni, fettuccine, spaghetti, bucatini, mezzelune, agnolotti o ravioli. En carnes, dispone de garrón de cordero magallánico y sabrosas carrilleras al vino tinto. De pescados le aseguran atún, merluza austral y la captura del día, que puede acompañar con auténtica caponata siciliana y puré de broccoli.” “Y no termina la historia ahí. Vinos variados, que además de incluir cepas tan poco usuales como carignan, cinsault o pinot grigio, se completan con botellas importadas de Lambrusco y Chianti, cosechas peninsulares de Friuli y Puglia, y hasta un familiar malbec mendocino de la bodega Catena Zapata. Y luego los postres, previsible recorrido para coronar con el buen café. Tema del que Italia es maestra en selecciones y maquinarias, aunque nunca en la historia haya cosechado ni un solo grano.”

martes, 24 de noviembre de 2015

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVII, 26 de noviembre al 2 de diciembre, 2015
LA NOTA DE LA SEMANA: ¿Hay espacio para más oferta gastronómica?
MIS APUNTES: La Maestranza
NOVEDADES: La Francesinha: el contundente sándwich de los portugueses
CRÓNICAS CON HISTORIA: Érase una vez “El Goyescas”
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica