miércoles, 20 de enero de 2016

CRONICAS CON HISTORIA


ALAMEDA 777
Cualquier cosa, menos un lugar decente

En la Alameda Bernardo O'Higgins, entre las calles Tenderini y San Antonio, existió por un cuarto de siglo un oscuro pero popular bar-restaurante con perfil de picada, cuyo nombre ha pasado a la historia coincidiendo con el número que ostentaba en aquella cuadra: "el 777" (siete-siete-siete). Y aunque se lo identificaba como un lugar "subterráneo", paradójicamente la cantina se encontraba en el tercer piso de un desvencijado pero hermoso edificio residencial de estilo neoclásico, con balaustras y ventanas en arcos, diseñado por el arquitecto Ricardo Larraín Bravo y fechado en 1916.

Desde que el suntuoso inmueble fuera traspasado al uso comercial, hacia los años sesenta, comenzaron a funcionar en sus espacios una droguería y otras tiendas. Después, los altos fueron arrendados al bar y restaurante “El 777” desde  el año 1987, formalizando su patente municipal al año siguiente, aunque rumoreaban que ocupó los espacios que habían pertenecido a un local anterior de este mismo tipo. Contaban allí también que su dueño y fundador, don Arturito, había sido un ex militar o un ex carabinero.

Se accedía al boliche por una estrecha puerta de madera con dintel y tímpano artístico, subiendo por una horrorosa escala con una vuelta, pasamanos lisos y más de 60 escalones que, transcurrido un rato, se volvía todo un desafío a la hora de bajar con algunos mareadores tragos de vino pipeño o el borgoña de frutilla dentro del cuerpo. Por lo mismo, le motejaban con apodos tan sugerentes como "La escalera al cielo" o "El camino al cielo" (cuando se subía), y "La escalera de la muerte" o  "La bajada al infierno" (en la bajada, y con razón). Varios rodaron por sus gastados peldaños de madera opaca. En la proximidad del actual milenio, sin embargo, se había cambiado la puerta de acceso por un pequeño portón metálico, menos estético pero más seguro para la integridad del local. Siempre había algún cartel escrito con plumones sobre una pizarra revestida de acrílico, afuera junto a la puerta, anunciando las colaciones y platillos de oferta en el día: tallarines, porotos con riendas, mechada con puré o cazuela, a precios bajísimos. Un cartel fijo más pequeño señalaba la patente de alcoholes del local.

"El 777" podía ser cualquier cosa, menos un lugar decente. No recuerdo otro boliche famoso de Santiago Centro que se pueda alejar más de ese concepto. Ya en el mismo acceso estaba esa prueba de valor ineludible para quien quisiera pasar: cuentan de tantas sacadas de cresta por esos infernales veinte metros de prueba al equilibrio y la motricidad, que era casi un rito de iniciación entre los concurrentes. Esta escala, además, estaba cerrada por paredes rayadas con graffitis de todos los tipos imaginables: sprays, plumones, líquido corrector, bolígrafos, etc. Hasta daba la impresión de que se ascendía hacia un edificio abandonado por ella. Al entrar a las salas del local, se encontraban estos mismos rayados en las paredes, puertas y subdivisiones interiores de material ligero, todos ellos como recuerdos de visitantes y clientes. Incluso las mesas y algunas sillas tenían esta clase de mensajes o inscripciones.

La barra estaba a la derecha del pasillo central, hacia el lado que da a la Alameda, aunque no había ventanas en este espacio en particular, sino una luz amarillenta encendida día y noche. El mesón era antiguo, aunque no más que la caja registradora tras la cual se sentaba don Arturito; y atrás del mueble, donde un delgado mesero solía atender en las tardes, se alineaban cantidades de botellas de vino, cerveza y licores, junto a la puerta que conducía creo que hacia la cocina y las dependencias interiores. Había zona de fumadores y no fumadores, y el público cambiaba del día a la noche, siendo preferida esta última de la gente más joven. En el día, los bellos ventanales aportaban casi toda la luz interior en las salas más grandes; a través de ellas se veía magníficamente la Iglesia de San Francisco. Las mesas eran esas típicas de metal con cubierta de madera, y hacia mediados de los noventa, sin embargo, cambiaron las sillas viejas por unas de plástico y suficientemente ligeras para evitar descalabrados en las riñas. El baño era deplorable... quizás la evidencia de lo barato que cobraba el local.

Se sabe que, en sus primeros años operando allí y dentro del contexto político de fines de los ochenta, se convirtió en sitio de reuniones y juntas "dirigenciales" de estudiantes y jóvenes. Hubo un tiempo en que siempre había jugadores de cacho, carta y dominó, e imagino que las apuestas acá no eran legales. Los meseros hacían buenas migas con los visitantes más frecuentes y por largo tiempo atendió allí una temeraria fémina llamada Jeannette, la Jeanetsita para sus clientes, querida y recordada camarera de los mejores años que tuvo este sitio, amiga especialmente de los universitarios. Otra mesera famosa, en los noventa, fue la tía Cristi, llamada en realidad Cristina Saavedra.

Muchos elogiaban el aire "porteño", como de cantina decadente para marinos, así que se hizo lugar favorito de estacionadores de vehículos, obreros de la construcción, vendedores ambulantes, artistas callejeros, heladeros en verano y algunos empleados de las varias casas comerciales del entorno. No faltaron turistas valientes, queriendo conocer la parte "popular" del país, aunque siempre acompañados de anfitriones locales. También iban lanzas, traficantes, prostitutas, transexuales, carteristas y varios personajes de poco prestigio, sentándose a escasa distancia de otras mesas con borgoñas o piscolas rodeadas de ejecutivos de terno o de risueños estudiantes con sus inconfundibles mochilas o bolsos. A pesar de todo, también pasaron por sus salas poetas y escritores como Alberto Fuguet, quien escribió de este sitio en su "Tinta roja" (1996): "El 777 es un bar ubicado en el segundo piso de una casa de madera que no por casualidad se ubica en el 777 de la Alameda Bernardo O'Higgins. Que esta casa aún exista después de innumerables incendios y terremotos supera lo que comúnmente se denomina buena suerte. Y lo que ya roza con lo milagroso es que ningún constructor la haya demolido para levantar una torre como las que hay en el resto de la cuadra. Quizás por su ubicación o por el hecho de que funciona toda la noche, el 777 atrae como un imán a lo más radical de la bohemia santiaguina. En el 777 uno se topa con actores y ladrones. Unos y otros se llevan bien, se complementan. Es gente que acostumbra vivir de noche".

En esos mismos años noventa, tuvo especial atracción para círculos alternativos o undergrounds, especialmente para amantes del rock metal y del punk, aunque esta característica se fue perdiendo un poco en la década siguiente. Quizás por eso fue que Mike Patton, vocalista de la célebre banda "Faith no More", también concurrió hasta este sitio brevemente una noche, con algunos fans y gente de la producción durante su segunda visita a Chile -en 1995- y tras una excelente presentación en un festival rock en el Teatro Caupolicán, por esos entonces rebautizado Monumental. Lo mismo hicieron actores, compañías de teatro completas, además de cantantes populares y grupos musicales emergentes, que llegaban con sus propios instrumentos en andas hasta alguna de las mesas, retirándose sólo en horas de la madrugada. Alguna vez se realizó una exposición fotográfica en su interior, y la leyenda dice que el músico argentino Gustavo Cerati lo visitó una vez, también, mientras estuvo alternando su vida en su país y en Chile.

Fue un lugar bravo, sin embargo: entre  sánguches de pernil, arrollados,  empanadas y jarras de cerveza, las miradas eléctricas se cruzaban, ya sea entre aspirantes a "choros", entre tribus urbanas adversarias o entre barristas de fútbol de clubes enemigos. Varias veces hubo escaramuzas, incluso con armas blancas a la vista, y el bar fue castigado con cierres temporales y amenazas de retirarle la patente. En alguna ocasión, hasta el dueño o un mozo tuvieron que echar mano a algún objeto contundente para amansar a los infaltables curados odiosos y a los ladronzuelos de "recuerdos".

Pese a todo, por su privilegiada ubicación en la Alameda y obviando las inseguridades dentro del mismo, el local era preferido por muchos para jornadas largas, especialmente en las noches. Con la llegada del infausto sistema del Transantiago, sin embargo, se instalaron enormes paraderos justo frente a la entrada del "777". Desconozco si esto habrá tenido alguna clase de impacto sobre la concurrencia del local, ni si ésta fue positiva o negativa, pero el caso es que su entrada pequeña y poco visible quedó perdida detrás de esos techos y gentíos esperando angustiosamente la locomoción colectiva. Cuentan algunos de sus ex clientes, además, que los dueños habrían tenido dificultades para renovar la patente de alcoholes en este mismo tiempo, pues la reputación del local era discutible, especialmente con el consumo de drogas y ciertos casos de supuesto desenfreno sexual de algunos de sus visitantes, ya en los últimos años de vida que tuvo.


Aunque la gloria de la taberna se venía abajo desde hacía tiempo, su muerte ocurre tras la compra del edificio por parte de las multitiendas "Corona", como secuela de los daños producidos en el edificio por el terremoto del 27 de febrero de 2010 y que llevaron a ponerlo en venta. Las redes sociales difundieron la triste noticia ante la desazón de los parroquianos: "El 777" había cerrado súbitamente, la triste noche del sábado 13 de noviembre, cuando se anunció a los presentes que sería su última vez allí. No había vuelta atrás. Y aunque fueron muchos los que lo lloraron, la lealtad a la verdad obliga a admitir que la mayoría de ellos ya había dejado de concurrir al boliche, que -de alguna manera- venía agonizando desde hacía tiempo.

En marzo del año siguiente, las maquinarias demolieron casi todo el edificio, dejando sólo el frente: un proyecto de reconstrucción conducido por el arquitecto Max Peña, conservó de su aspecto original sólo esa fachada neoclásica, desapareciendo las casi centenarias salas con pisos de madera y paredes neuróticamente rayadas que habían pertenecido al recordado bar. Fue así como "El 777", esa trilogía numérica coincidente con los símbolos de las tradiciones cabalísticas y cifra representativa de todas las culturas religiosas y paganas, desapareció de la Alameda tan fácilmente como multiplicándose por cero. (Urbatorium)

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONOMICA

MUJER
PILAR HURTADO
(ENERO) KILÓMETRO 0 (Isidora Goyenechea 3000, Las Condes/ 2 2245 7077): “Compartimos un tártaro de res, con carne molida, cebolla y alcaparras, acompañado de una salsita para aliñar y tostadas. Estaba bien frío y fresco, nos gustó bastante. Parte de la tentación son los exclusivos vinos que ofrecen por copas y que van variando, pero esta vez tenía que manejar, así que limonadita nomás. Los fondos demoraron otro resto, si bien el garzón estaba atento a nuestra mesa, pero la comida no llegaba. El pescado del día era una cojinova cocinada en mantequilla, limón y perejil que se pidió de vuelta y vuelta y venía pasada de punto, aunque rica, acompañada de papas cocidas. El mozo se disculpó varias veces por el retraso y fue muy amable, pero de lo probado esta vez, salvo el tártaro, nada me haría volver como a mi amigo. En fin, ¿será que sobre gustos no hay nada escrito? Ah, el plato más recomendado en Zomato.cl, el risotto de locos al azafrán, que intentamos pedir, justo tampoco había…

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(ENERO) KINSA (Constitución 140 / 2 27352052): “Donde estuvo la pizzería Dolores, ay que dolor, ya no está. Poco duró y ahora campea en ese lugar de calle Constitución un sitio de nombre Kinsa.” “Un fuerte acento en lo chileno se desprende de una oferta donde hay aceitunas de distintos valles, o un "trío de gredas" ($6.000), con un chupe de charqui muy ortodoxo, a la antigua, con un pastel de jaiba algo deslucido y una muy bien condimentada pastelera con pino de camaroncitos. Igual de bien aliñado estuvo un tártaro de novillo ($5.000) cortado a cuchillo, con pepinillos, alcaparras, cebolla y... pimienta de canelo, que tiene un aroma más seco y un sabor menos evidente.” “Buena experiencia y precios razonables. El servicio, realmente de lujo (muy simpática ella). Ricos jugos de arándanos y un néctar de maqui muy recomendable.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(ENERO) LOS HORNITOS DE LLAY LLAY (Ruta 5 Norte, Km 81 / 34 261 3352): “Nuestro costillar con puré ($2.400). El puré fue de sobre. Y costillar propiamente, resulta que no había (el parrillero parece que partió tarde con sus deberes); pero había inmensas chuletas, de las cuales nos pidieron ir a escoger una. Como había también prietas y longanizas, nos invitaron a probarlas. Y había pollo asado y tan reseco que desalentaba hasta al más aficionado. En realidad, toda la carne estaba sobrecocida y seca. Prietas y longanizas, apenas estándar.” “El pastel de choclo ($3.000) resultó demasiado dulce, incluso para quien es amante de los dulzores. La empanada de horno ($1.500) carecía de todas las notas de una buena empanada campesina: no era jugosa ni picantita, y la masa gritaba por más manteca.” “En fin. Si Ud. siente un hambre devoradora bajando Las Chilcas y sólo busca calmarla, deténgase. Si no, siga de largo.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(ENERO) PANKO (Patio Bellavista / 22732 1898): “El local está pensado para grupos, parejas y clientes que elijan uno o varios platos. Lo usual es comenzar con unas tentadoras hamburguesas de camarón y jaiba, con la apariencia de una pinza de cangrejo ($6.900). Luego unos envueltos en hojas de lechuga, nems de camarón y verduras. Una variada muestra de cuatro pares de causitas de camarón, atún, carne y pulpo, cada una con su propia salsa ($7.200). Para seguir con unos nigiri de atún crudo, apenas sellado en el exterior, para disfrutar del real sabor de ese gran pez. Y aunque el foie sea francés, nadie se hace problema en incluirlo en la carta y en el pedido. Y por cierto, la más amplia variedad de rolls, donde se combinan con éxito los sabores característicos de ambos países de origen”

martes, 12 de enero de 2016

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 14 al 20 de enero, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: Ópera, el fin de una era
MIS APUNTES: Los 15 elegidos del 2015
CRÓNICAS CON HISTORIA: El pollito asado y una falsa controversia
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

LA NOTA DE LA SEMANA


ÓPERA
El fin de una era

La noticia del próximo cierre del restaurante Ópera, más que lamentarlo, es una voz de alerta clara y precisa para los empresarios gastronómicos de nuestro país. Con diez años de constante y fructífero trabajo, que los llevó a convertirse en uno de los restaurantes más premiados a nivel nacional, su propietario, Juan Carlos Sahli, ha decidido cerrar su local ya que los números no estaban cuadrando. Abogado y conocedor del tema gastronómico gracias a su familia, Sahli no quiso arriesgar su producto e inteligentemente lo cerró,  a sabiendas que las dificultades económicas que enfrenta el país no pueden cambiar en un corto plazo.
Este cierre fue el primer aviso de que las ventas en el mercado de mantel largo están pasando por un periodo difícil. No es la primera vez que sucede ya que las crisis que hemos sufrido en Chile son cíclicas. Hace unos años, y por el mismo problema, cerró El Madroñal, en esos entonces uno de los comedores más finos de la ciudad. No nos gusta hacer pronósticos y esperamos que el cierre del Ópera sea sólo circunstancial ya que la crisis afectó solamente a este restaurante ya que  los ya conocidos Café del Ópera y Bar Catedral siguen con su normal funcionamiento.

Sinceramente pienso que el mundo gastronómico lamenta este cierre que según su dueño es temporal, pero veo complicado su reapertura en otro lugar de la capital. Ojalá me pueda comer las palabras y algún día podamos regresar por su gallinita trufada, sus Oeufs en Meurette y tantos otros platos que salieron de estas cocinas. Los que quieran degustar la nueva carta de verano, pueden ir hasta el 6 de febrero, día en que cerrará las puertas. Una pena, pero como lo dijo el mismo Sahli. “nada es para siempre” (JAE)

MIS APUNTES


LOS 15 ELEGIDOS DEL 2015

Durante el 2015 probamos muchos platos y recetas en distintos restaurantes de nuestra capital. De los centenares que degustamos, quince de ellos quedaron en nuestra memoria como los más sabrosos y estilosos. Por cierto hay muchos más, pero estos son una muestra del desarrollo de nuestra gastronomía con el pasar de los años.

 
ENTRAÑA A LAS BRASAS / Carnal
A pesar de ser un restaurante recién abierto, ya todos hablan de la mejor Entraña (outside skirt) que han comido en sus vidas. Sabrosa de punta a cabo gracias a la calidad de la carne (High Choice & USDA Prime) y su peculiar forma de grillarla ya que en vez de parrilla ocupan una especie de horno broiler, que aporta la energía calórica desde arriba y que alcanza temperaturas sobre los 700°C. Este sistema es usado en los grandes steakhouses del mundo y funciona con unas placas infrarrojas que permiten obtener un calor más parejo para que la carne no se reseque, método muy diferente a los sistemas de parrillas y brasas existentes en el país. ¡Top! (Alonso de Córdova 3059, Vitacura / 2 2717 6161)

TÁRTARO DE PATO / Europeo
Preparado frente al comensal, el tártaro de pato es uno de los platos destacados de la nueva carta de Álvaro Romero, el nuevo y consistente chef de este fino restaurante. Un sabor diferente y complejo que atrajo comentarios de todos quienes visitan este lugar. Una cocina con reminiscencias centroeuropeas que encanta y seduce. (Alonso de Córdova 2417, Vitacura / 2 2208 3603)

CALAMARO RIPIENO APERTO /Da Carla
Tras ocho años en Italia, Jorge Ramírez, el nuevo chef del tradicional Da Carla, rompe los esquemas y presenta unos suaves y blandos calamares abiertos y rellenos con pan remojado en pomodoro y especias, todo ello sobre una “explosión” de tinta de calamar, que lo convierte en una obra de arte con sabor inconmensurable. (Nueva Costanera 3673, Vitacura / 2 2206 0892)

 TORTELLI DE LOCOS/ Fuy Santiago
La nueva apuesta de Francisco Mandiola, chef del Fuy Santiago, cautiva a turistas -gracias a un recorrido por el Chile gastronómico moderno- y a los seguidores de la calidad de sus propuestas. De la carta normal destacan unos Tortellis rellenos con locos en una suave emulsión de erizos. Amor a primera vista para esta excepcional receta. (Nueva Costanera 3969, Vitacura / 2 2208 8908)

CHARCHAS CON PAPAS FRITAS / Las Cabras
La novedad del año fue la apertura de esta “Fuente de Soda” que se salió de los márgenes normales para entregar a sus clientes platos caseros de excelente factura y con raigambre nacional. Allí nacieron sus famosas y abundantes Charchas (cachetes de chancho) con papas fritas, presentadas en una fuente enlozada, que se convirtió rápidamente en la gallinita de los huevos de oro de este pequeño lugar, posicionando la cocina popular chilena en el circuito de los buenos restaurantes de la ciudad (Luis Thayer Ojeda 0166, Providencia. 2 2232 9671)

HUEVO TRUFADO /La Brasserie
Las trufas, el oro negro de la gastronomía, son la carta de presentación de este nuevo restaurante orientado a la cocina francesa al alcance de todos y de propiedad del chef Frank Dieudonné. De su carta sobresalen sus notables huevos trufados, servidos sobre una tostada con pasta de hongos a la trufa y tocino. Sabor, calidad y buen precio en un entorno ameno y tranquilo. (Guardia Vieja 181, L. 4, Providencia / 2 3223 8468)

TÁRTARO DE GUANACO /Hotel The Singular
Este plato, preparado por Laurent Pascualetto, el chef del hotel The Singular, realmente saca de los esquemas a todos los que lo han probado. Carne de guanaco cruda, macerada en jugo de naranjas y especias, convierte esta especialidad patagónica una de las grandes novedades de la capital. Sin duda uno de los lujos gastronómicos del año. (Merced 294, Barrio Lastarria / 2 2306 8820)

ARROZ APAELLADO / Tambo
Los peruanos se han especializado en fusionar cocinas provenientes de lejanos territorios, como lo nikkei y las chifas, y en este listado ganó su lugar una mezcla española – peruana, donde lo típico de una paella es realzada con la sazón peruana, logrando un atractivo y fuera de lo común receta de platos nortinos en nuestra ciudad. (Patio Bellavista, local 32 / 2 2735 3519)

TIRADITO DE CORVINA CON LACTONESA DE OSTIONES / La Mar
Novedoso y adictivo es este plato que inicia los almuerzos y cenas en La Mar. Usando mayonesa sin huevo y saborizada con ostiones, el tiradito adquiere un sabor diferente y atractivo. Novedoso y sano, sobre todo cuando se maneja pesca diaria e idealmente corvina, una de las especies más apetecidas para este tipo de preparaciones crudas. (Nueva Costanera 4076, Vitacura / 2 2206 7839)

CREMA DE COLIFLOR CON CROMESQUIS DE PRIETAS Y MANZANAS / NoSo
Los fans de los caldos y sopas se deleitaran con esta sopa preparada por el chef Cristian Schwuger en el restaurante insignia del hotel W, donde a una simple crema de coliflor le agrega crutones de prietas y manzanas, logrando un equilibrio perfecto y un sabor sublime. Discípulo del exigente Jean Paul Bondoux, Schwuger rescata lo mejor de la cocina francesa en muchas de sus preparaciones. (Isidora Goyenechea 3000, piso 4/ 2 2770 0000

CALDILLO DE CONGRIO EN CALDO DE CARNE / Cabildo
Dejando de lado los tradicionales caldillos de congrio “a la Neruda” que ofrece la gran mayoría de los restaurantes, el chef José Manuel Pena consiguió una antigua receta donde el congrio se cocina en un caldo de carne, convirtiendo esta preparación en otro de los “must” de este local que recrea la comida del 1900. (Constitución 195, Barrio Bellavista / 2 2735 0557.

CHORITOS CON PASTA DE AJI Y PEBRE / Hotel Nh
Sencillo. Tanto como lo es Alan Kallens, el eterno chef del hotel NH Ciudad de Santiago, al cual le debemos muchas recetas que se han transformado en un repertorio clásico. Últimamente sorprende con una sabrosa (y por qué no decir glamorosa) ensalada de choritos con pasta de ají chileno y salsa verde.  Sabor, picardía y sencillez. Todo junto para un plato que queda grabado en la memoria de quienes lo prueban. (Av. Condell 40, Providencia / 2 2341 7575)

TÁRTARO DE LANGOSTINO AUSTRAL / Ópera
Los sutiles toques de chirimoya y pomelo sobre dos grandes langostinos australes son placer infinito para este plato donde la carne de este crustáceo se sirve cruda, con gajos de pomelo, puntas de gel de chirimoya y caldo de mariscos. Una mezcla impactante que es una de las grandes novedades de Ignacio Ovalle, el chef de este noble restaurante que lamentablemente cerrará sus puertas el próximo 6 de febrero. (Merced 395, esq. J.M. de la Barra / 2 6642 3048

CARPACCIO DE ZUCCHINI /Estró
El vilipendiado zapallito italiano se transforma -gracias al chef Marco Rivas- en una delicia vegetariana que hasta el más acérrimo carnívoro es capaz de deleitarse. Finas láminas de zucchini, aderezadas con aceite de oliva y limón, acompañadas con puré de ratatouille y vinagreta de semillas de zapallo y balsámico, lo convierte una de las notas altas de este restaurante del hotel Ritz Carlton que no deja de sorprender. (El Alcalde 15, Las Condes / 2 2470 8585)

MOZZARELLA DE BUFALA CON SALSA DE PIMIENTOS ASADOS / El Cid
La espectacularidad de esta entrada preparada por el chef Gustavo Maurelli, no puede quedar fuera de ningún listado de preparaciones, más aun cuando sus salsas son una excelente prueba de su paso por las mejores cocinas del mundo. La mozzarella es el punto de partida para acompañarla con un confit de gambas en salsa de pimiento asado y un verdadero “globo” de queso que al reventarlo expele aroma a toronjil. ¡Un must! (Av. Santa María 1721, Providencia / 2 2233 5000)

CRÓNICAS CON HISTORIA



EL POLLITO ASADO Y UNA FALSA CONTROVERSIA

Por su sencillez y economía, el pollo asado a las brasas (o a la brasa) quizás se trate de una de las ofertas de comida más populares en Chile, junto al completo y la empanada. Es típico de los borrachines con bajón de hambre o de los viajeros que quieren comer algo rápido y contundente ojalá sin bajarse del vehículo. Los universitarios suelen comprarse uno para entre cuatro o cinco bocas y lo devoran sentados en el pasto o en las típicas mesitas que suelen colocar estos locales de asaduría, devenidos en restaurantes.

Las casas de pollos a las brasas ya son parte del stock de comida rápida en venta en Santiago, a veces hasta altas horas de la noche. Los supermercados han abierto sus propios sectores para la cocción y venta de estos pollitos asados, que rondan los $ 3.200 pesos entero. ($2.600 los más baratos) Los pollitos asados tienen un plus especial de venta: se publicitan solos a través del olor. No conozco otro método tan eficaz de promover una compra por intermedio de los aromas del producto; esto no sucede ni con los perfumes.

Lo tradicional es comprarlo con papas fritas, según la moda ultracalórica impuesta por los tradicionales locales de barrio ofreciendo el producto. Ni siquiera el arribo masivo del pollo frito, que nos parece comenzada a principios de los ochentas con la cadena "Pollo Broadster" por ahí por paseo Philips, ha podido con el tradicional pollito asado y, especialmente, el pollo a las brasas o al spiedo, como se le llama al estilo italiano.

La venta también es uniforme: está el pollo entero, medio pollo y cuarto de pollo. Cuando uno pide este último, la pregunta del vendedor ya es clásica: "¿Tuto o pechuga?". Lo tradicional es acompañarlo de papas fritas. Las cadenas más grandes de comida también ofrecen el vaso de bebida gaseosa y empanadas fritas para subir la compra y bajar la expectativa de vida del cliente. Como está en el borde de la comida chatarra, la oferta incluye mostaza, mayonesa y ketchup.

¿DISPUTAS PATRIMONIALES?

Nos parecería ridículo poner en disputa la paternidad de algo tan básico como un pollo asado al fuego, probablemente el alimento más rudimentario y simple después del pan con mantequilla. Sin embargo, desde hace unos años, la decisión de las autoridades de un país vecino adjudicándose la creación del pollo a las brasas o al spiedo nos obliga a meter manos en el asunto de una curiosa y pintoresca controversia sobre el mismo producto.

Así es: aunque parezca extraño, hasta el dorado y jugoso pollito a las brasas se ha prestado para las permanentes rencillas por la paternidad de los objetos de la góndola de los supermercado chilenos y/o peruanos, especialmente por el lado de nuestros amigos limeños, algunos por desgracia atentos a lavar las heridas de la historia enrostrándole al vecino rebuscadas interpretaciones sobre el plagio de sus supuestos productos nativos u originarios, como en el caso de la presencia ancestral de las lúcumas, las papas o de los camélidos en Chile. Como se recordará, además, el pollo asado a las brasas de carbón fue declarado plato típico y patrimonio de la nación peruana durante el 2004, por el Instituto Nacional de Cultura del Perú.

En este interés por establecer la paternidad del producto en cualquier parte de América, parece no haber noción con el hecho de que el pollo a las brasas era conocido en Europa desde que se inventó la ganadería avícola o quizás antes; quién sabe si desde que se descubrió el fuego. De hecho, la asignación oficial del platillo al estatus de producto típico ha provocado algunas controversias incluso dentro de ese mismo país vecino. Una confesión crítica e interesante es la que proporcionara el periodista e investigador culinario peruano Jorge Salazar, autor del libro "Crónicas Gastronómicas", quien declaró en el diario limeño "El Comercio" del sábado 15 de enero de 2005: "Para mí es vergonzoso todo este asunto. Peor es lo del pollo a la brasa. Todo pueblo primitivo lo come. Somos una gran civilización que no necesita andar inventando cosas".

En primera mirada, nos parece que la medida buscaba engrosar la lista de objetos que el Perú considera exclusivos y originarios. Pero si acaso debía ser Chile el principal aludido con esta declaración de peruanidad del pollo a las brasas (como en el caso del pisco, las chirimoyas, las paltas, las llamas, el cebiche, las alpacas, las lúcumas, las papas... y como el chiste del alza en todos los productos con "t": Todo) no es mucho lo que necesita decirse como refutación. Basta recordar, por ejemplo, que la ancestral "gallina mapuche" chilena (famosa por sus variedades de plumas rizadas o sin cola, y sus huevos de color azulino) desde épocas precolombinas fue comida por los indígenas de la zona de la Araucanía, cocida al palo y de una forma que no difiere mayormente del procedimiento del pollo asado a las brasas o de carbón con piedras.

UNA REFLEXIÓN PACIFISTA...

Si acaso la decisión peruana de nacionalizar el pollo asado "a la brasa" fue tomada considerando la popularidad y difusión que tienen también en países como Chile el pollo a las brasas pero con recetarios distintos, sería una curiosidad considerando que se trata de un platillo con bastante arraigo americano pese a provenir, en lo estrictamente histórico, del pollo spiedo europeo. No es por paranoia, pero frecuentes tiradas de cola y menciones un tanto inamistosas en medios de comunicación del vecino país, dan a suponer que quizás se quiso marcar un antecedente en este sentido.

El hecho relevante ya visto, además, es que el sistema de rotación de pollos para asarlos al fuego o a las brasas no es un invento peruano, y menos del siglo XX, por lo que no correspondería señalar una especie de plagio o imitación entre dos países que también lo habían adoptado y en circunstancias que admiten distintas.

Por otro lado, ya nos estamos habituando a que en tantas referencias sobre platos, tragos típicos chilenos o criollos en general, aparezcan seguidamente la sombra de las Relaciones Exteriores. En efecto, prácticamente todos los sellos culinarios presentes en Chile han sido ofrecidos a la disputa: el "bife a lo pobre", las entradas de paltas (York, reina, cardenal, etc.) y hasta las empanadas de pino, según hemos comenzado a constatar en algunos foros. Nada se salva en este tema, ciertamente de orientación más pasional y patriótica. Hasta la leche con plátano terminará ofrecida a disputa, a este ritmo.

El famoso pollito asado a las brasas, una de las comidas más populares de Santiago, de Lima y de todo el mundo, hace rato perdió el gentilicio. Las esencias de cada pueblo se reflejan, entonces, no en la exclusividad del invento, sino en el valor que se le dé como dentro de la identidad propia. Quizás sería mejor disfrutarlo tranquilamente con esta filosofía y en la misma mesa, que sufrir añorando nacionalizaciones culturales y perpetuando discusiones que no cambiarán la realidad en lo más mínimo. (Urbatorium)

BUENOS PALADARES

CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONOMICA

MUJER
PILAR HURTADO
(ENERO) PUESTA DE SOL (Av. La Playa 852, Las Cruces /  35 431 679): “Nos sentamos afuera, donde estaba la mayoría de los comensales: parejas, turistas y nosotros. De inmediato vino el garzón y nos pasó la carta, cuya especialidad obviamente son los productos del mar, aunque también había carnes y pollo. Llegaron hallullas calientes con mantequilla y salsa de ají bien picosita. Pedimos un par de empanadas de mariscos para compartir, las que eran de buen tamaño y llegaron recién fritas; estaban buenas, rica masa y abundante relleno en el que destacaban almejas y choros. Para el fondo, todos nos inclinamos por los pescados: reineta a la plancha con ensalada, merluza frita con papas y congrio frito con ensalada chilena. Las porciones eran gigantes; de congrio, por ejemplo, venían tres trozos, con fritura correcta y buen punto de cocción en el interior. La reineta a la plancha estaba recocida; la merluza estaba bien. La cebolla de la ensalada chilena estaba cortada un poco tosca, si bien los tomates de la zona son muy sabrosos. Las papas fritas también estaban ok.

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(ENERO) VEGAN BUNKER (Fresia 529, Barrio Italia/ 8-5846257): “El lugar es informal; la atención, también. La cocina no es rápida, pero bueno. De lo probado, un par de sándwiches y algo de pastelería, hay que decirlo: más que bien. Aparte de que el mejor condimento en este caso es otro: hay más convicción política en una de sus hamburguesas de soya que en cualquier promesa de campaña.” “Fuera de carta, como oferta del día, la Oliver: sabrosísima hamburguesa de soya frita, pepinillos, mayo casera y cebolla caramelizada en pan frica ($3.000). Para acompañar: veganrevolution, vitamina de naranja, zanahoria y betarraga con semillas de chía ($2.000). También tienen smoothies con leche de soya. Y también resultó cero desabrido (el prejuicio, así es) el sándwich Maily ($2.500), con tofu a la salsa barbecue, cebolla morada (gran complemento), lechuga y mayo al ajo.” “La carta es atractiva, tanto por sus combinaciones de sabores como por los bajos precios. Se nota un público asiduo a este ambiente intenso, como un brownie de chocolate para terminar -obviamente que vegano- con un café de rigor.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(ENERO) DULCERÍA FRUTILLAR (Av. Cristóbal Colón 5300, Las Condes / 2 2212 6932): “Conocimos la pastelería Frutillar por sus tortas, que le han dado fama. La mejor de todas es la "Frutillar", que congrega casi todos los elementos que hacen de una torta la cosa rica que es (hojaldre, merengue, crema, mermelada y más). Casi como la famosa "torta San Guillermo", del Club de la Unión, que sí reúne todo. El resultado, aunque extravagante, es buenísimo.” “En cambio los pasteles... Hemos probado una vasta selección, todos a $1.900, que incluyó un strudel de manzanas (pocas manzanas, demasiadas pasas Corinto, masa no todo lo sutil que pide un strudel). Pero no eran propiamente pasteles, sino trozos de tortas, lo cual no es lo mismo: el pastel-pastel exige un diseño más delicado que una torta, y una confección que debe ser primorosa, o la cuestión no es pastel. Los milhojas, la verdad es que eran trozos de torta que tenían hojaldre: si la torta es buena, lo es también el pastel. Como esas tortas son buenas, los mejores pasteles ya sabe, Madame, cuáles son.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(ENERO) DANÉS (Av. Vitacura 4607/ 2 2954 3140): “En un sector santiaguino más bien caro, quienes lo frecuentan obligadamente descubrieron que aunque sus precios no son de fuente de soda, el local ofrece platos contundentes para aguantar el día, a los que es fácil acostumbrarse. No se le ocurra ir a tomar allí una copa de espumante o a buscar un plato complejo: los camareros lo mirarán como bicho raro y no es el propósito del Danés ni le interesa.” “en la carta hay un arsenal bien provisto de sánguches, a los que han agregado -a diferencias de los locales clásicos-, unas cuantas entradas más y unos cuantos postres tipo casero. Cervezas y vino por copas. Con barra en el primer piso y comedor en el segundo. Y basta mirar en las mesas cercanas –bastante próximas-, para constatar que los comensales se toman con mucha alegría esa atmósfera variopinta. Frente a prietas con papas, empanadas, un rico arrollado casero (alrededor de $8.000), una “pichanga Danés (sic)” chilenísima, con tres tipos de queso mantecoso. Y por cierto, muchas variantes de churrascos, hamburguesas y mechada entre los fondos.”

martes, 5 de enero de 2016

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 7 al 13 de enero, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: Un nuevo aniversario
MIS APUNTES: The Singular: gastronomía de gran nivel
CRÓNICAS CON HISTORIA: La chupilca y el pihuelo
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

LA NOTA DE LA SEMANA


UN NUEVO ANIVERSARIO
Los 28 años de LOBBY

La aventura de ser la primera revista “couché” de distribución gratuita no era fácil a finales de los ochenta, más aun cuando ideamos una publicación destinada a los gerentes y chefs de los establecimientos hoteleros y gastronómicos que existían en esos años en el país. Una aventura llena de gratos momentos pero también de malas experiencias. Catorce años en papel convirtieron a Lobby en referente de una industria que estaba dando sus primeros pasos. Muchas veces no teníamos avisaje porque simplemente no existía el mercado Horeca. Insistimos y logramos posicionarnos con un medio de comunicación que aún muchos recuerdan.
Luego llegó Internet y nos convertimos –por casualidad- en la primera revista digital de nuestro país. Con un objetivo distinto, nos propusimos cambiar los contenidos una vez a la semana con un reducido número de colaboradores. En eso llevamos 14 años y seguiremos por la misma senda autoimpuesta en el 2003. En total, 28 años entregando un material serio- a veces jocoso- de nuestra industria. Hoy ya no somos los únicos. Grandes revistas han reemplazado y seguido la senda que abrió Lobby. Durante este tiempo hemos conquistado muchos amigos y escasos enemigos. Hemos tratado de subir el nivel de nuestra hotelería y gastronomía a nivel nacional y eso nos alegra. Nos sentimos satisfechos por todo el trabajo realizado y contentos de tener una gran cantidad de lectores.

Un gran saludo a todos en este inicio de un nuevo año que coincide con nuestro aniversario y esperamos continuar entregándoles nuestras notas todas las semanas de este 2016.

MIS APUNTES


THE SINGULAR
Gastronomía de gran nivel
Hace muchos años tuve la ocasión de viajar a Arica para participar en un Concurso Gastronómico que organizaban en esa ciudad. Allí probé (por primera y última vez) la carne de guanaco, una experiencia bastante dura de superar debido al sabor y el aroma que emanaba de la carne de este camélido. Tan intenso era su olor que dejó mis fosas nasales inundadas durante un par de días. En esa ocasión juré nunca más comer de esta carne.

Grande fue mi sorpresa cuando la semana pasada almorzaba en los comedores del The Singular Lastarria, un fino y lujoso hotel de 62 habitaciones ubicado en el corazón de la ciudad. Ante mis ojos, un lindo y jugoso tártaro de guanaco que sacó aplausos entre los asistentes al almuerzo y una bofetada a mis juramentos juveniles. “El mismo guanaco”- me comenta el chef- , pero distinta alimentación”.
No me costó nada cambiar de switch ya que al rato estaba raspando el plato con un tenedor y pensando si sería bueno sopear el jugo que restaba por consumir. Un tremendo inicio para una muestra gastronómica elaborada por el francés Laurent Pascualetto, que luego de quince años trabajando en los hoteles Explora, a fines de 2011 desembarcó en The Singular de Puerto Natales para elaborar con gran creatividad una cocina basada en los sabores magallánicos. En Natales, el chef armó un equipo formado por cerca de diez jóvenes cocineros, entre los que, además de chilenos, hay argentinos, mexicanos y colombianos. Con ellos Pasqualetto salía a explorar los alrededores del hotel y en conjunto diseñaron platos que, en sí, resultan un viaje por la estepa patagónica: el sabor del filete de guanaco, que maceran largas horas en jugo de naranja,
recuerda de inmediato el aroma de los pastos sureños; la merluza austral, más grasa y tierna de lo común, delata las gélidas aguas desde donde la extraen; lo mismo los ostiones, que aquí casi no tienen coral, o el conejo silvestre, de sabor inconmensurable. Tal como reza la introducción de su carta, en The Singular el chef logró desarrollar una cocina noble que aprovecha las bondades de los ingredientes naturales y orgánicos del territorio patagónico y lo fusiona con una cocina de raigambre francesa –como su delicioso foie gras- para lograr que cada visita sea una tremenda experiencia visual y gastronómica.

Fino, exquisito, sofisticado y caro. No podría ser de otra manera ya que el comedor merece cada peso que se invierte con el fin de probar su gastronomía. Un servicio impecable que incluye sommelería y uno de los pocos restaurantes capitalinos que se pueden recomendar a ojos cerrados. Un must. (Juantonio Eymin)

The Singular Lastarria, Merced 294, Barrio Lastarria / 2 2306 8820

CRONICAS CON HISTORIA


LA CHUPILCA Y EL PIHUELO
Mixología popular

 Antiguamente, este parcito de la chupilca y pihuelo se bebía en Chile como las bebidas colas de nuestros días, entre las clases populares y en los festejos de menor pelo.
Ambos tragos harinados tenían reputación de ser embriagadores pero alimenticios, pues su conveniente dosis de harina tostada y azúcar evitaba o amortiguaba el temido bajón de hambre post-borrachera. Hoy se sabe que no estaban tan lejos de la realidad con estas creencias. Ambos se confunden en las tradiciones, además: algunas fuentes presentan al pihuelo como chupilca y a la chupilca como pihuelo, existiendo algo de ambigüedad en la definición categórica de ambos.
Fueron por excelencia tragos de rotos y de huasos, y estos lo llevaron en las campañas de las guerras contra la Confederación y la del Pacífico, creando la leyenda de la mítica chupilca del Diablo, que, en realidad, nunca existió, a pesar de la fe apasionada con que autores como Jorge Inostrosa (sí, con “s”) en "Adiós al Séptimo de Línea".

LA CHUPILCA

La chupilca o harinado se prepara a base de vino tinto y harina tostada, aunque la Real Academia Española (RAE) admite también que puede ser con chicha. Investigadores como Hernán Eyzaguirre Lyon, Emilio Rivano Fischer y Ricardo N. Alonso, sostienen que la receta debe ser con vino, aunque Rodolfo Oroz comenta que también se hacía con sidra de manzana.

De ahí lo nutritivo: de la mezcla con harina. Ni la combinación de sustancias en las manos de un alquimista experto llegaría a tan buen resultado. Cada fuente recomienda una proporción distinta, pero en general se sugiere dosificar la mezcla hasta que el vino adquiera un color amoratado.

Algunos la prefieren así no más, simplecita. Otros le agregan bastante azúcar, detalle que hace sospechosamente parecida a la  chupilca con el tradicional ulpo, esa mezcla dulce de harina tostada y agua o leche (incluso Coca-Cola, en nuestros días) que se consume de preferencia en el campo y entre las clases populares de las ciudades, antiguamente llamada murqueco. Cuentan que muchos rotos prefieren la chupilca en la mañana, ya sea como desayuno para "calentar el cuerpo", especialmente en invierno, o bien para "componer la caña mala" después de una noche regada. Alonso dice que, con este objetivo, los mineros de la pampa salitrera bebían chupilca de vino durante las noches. Sirve tanto de traguito como de golosina y de calentador, entonces. Existe también una chupilca de leche, aunque no guarda mucha relación con la que ahora describimos, sino más bien con los ponches.

El vaso de chupilca era popular en los  barrios chinganeros del Santiago antiguo. Y cuando se descubrieron los restos humanos del famoso  caso del descuartizado de las "cajitas de agua" del río Mapocho, en 1923, una de las pistas con las que contaba la policía santiaguina era la gran cantidad de chupilca que le habían encontrado en el estómago al torso del fallecido, lo que confirmaba que era un hombre de extracción muy humilde, como efectivamente se demostró más tarde.

 Quizás, la bebida llegó a ser tan apetecida como la chicha o el pipeño en las antiguas fondas y bares de los rotos en La Chimba y en Mapocho. También fue parte de los símbolos del pueblo durante las Fiestas Patrias. Hoy, sin embargo, es difícil encontrarla en la oferta de algún restaurante o chichería de ciudad. Su consumo permanece arraigado a nivel doméstico, principalmente, aunque aparece con frecuencia en fiestas costumbristas, rodeos y actividades relacionadas más bien con la vida rural.

Sabemos que la harina tostada, que no es otra cosa que la harina de trigo pasado por fuego o harina corriente salida del horno de tostaduría, formó parte integral de la alimentación de mineros, campesinos y trabajadores chilenos. Además de la preparación con chicha en lugar de vino, que hemos mencionado, muchos la siguen prefiriendo hasta nuestros días con vino blanco, cerveza o malta, especialmente para tomarla en la mañana. Sin embargo, la preparación tradicional en la zona central ha sido con vino tinto o chicha, a juzgar por lo que ofrecen las fuentes consultadas.

Del mismo modo, harina tostada y vino han sido parte integral de la dieta del roto chileno prácticamente desde sus orígenes. Innumerables antecedentes demuestran que ambos productos han estado juntos en las despensas populares desde hace siglos, por lo que no extraña para nada que hayan terminado juntos en una caña o jarra, tal como los cercanos convivientes  del mote y el huesillo acabaron formando parte de un mismo postre bebestible.

EL PIHUELO

El primo de la chupilca o quizás variedad del mismo, es otro trago harinado que también regó las gargantas del pueblo en aquellos años de chimberos y estanqueros: el pihuelo, cuya receta varía según la fuente, declarándosela a base de aguardiente, chicha o ambas con harina tostada, también preferida por muchos con azúcar. Y aunque en ciertas tierras rurales también se la hace sinónimo de la chupilca (si lleva vino), acá en la Zona Central parece identificarse al pihuelo más con las variedades de chicha o aguardiente (o ambas) en la combinación.

Cabe recordar que el aguardiente llegaba masivamente a Santiago en aquellos años era principalmente del sector de Aconcagua, de los valles fértiles de este territorio al Norte de la Región Metropolitana. Curiosamente, hasta nuestros días aún se consume con cierta regularidad el pihuelo entre familias rurales de esta zona del país, por lo que no sería raro que hubiese nacido por allí, aunque como dijimos, en ciertos lugares se le llama también chupilca, existiendo algún grado de indefinición entre ambas recetas.

Por otro lado, hay quienes llaman pihuelo a la mezcla de sólo chicha con harina tostada, a la que, sólo por malicia y para "potenciarla", se le habría agregado de vez en cuando aguardiente en caso de requerirla. René León Echaíz, por ejemplo, defiende la idea de que el pihuelo sería sólo la chicha mezclada con harina tostada, en su "Interpretación histórica del huaso chileno", lo que da a entender que el producto sería sólo una variedad de la chupilca. En las definiciones para el "Angurrientos" de Juan Godoy, por su parte, se la define como una "bebida más o menos espesa, compuesta de chicha, chacolí o mosto, mezclado con harina tostada o llalli", asegurando que proviene del mapudungún pudhuel y que también es sinónimo de chupilca. A la misma conclusión llega Alfonso Calderón, aunque agrega que el pihuelo se puede hacer también con vino blanco. Está el caso, además, de una chupilca de Cauquenes muy famosa entre esas comunidades, hecha con chicha roja dulce, pero en Cardenal Caro y otros lados de la Región de O'Higgins la misma mezcla es denominada pihuelo; y en Doñihue, en cambio, se le llama pihuelo también a la variante que se hace con el célebre vino chacolí local.

La palabra pihuelo está asociada los ejes que sostienen la ruleta de la espuela, entre las prendas típicas del huaso. También se le llama pihuela a la correas de los grilletes con que se inmovilizaban los pies de los reos o los prisioneros, por lo que se le decía "andar pihuelo" al estar emborrachado y con dificultades en de conciencia. Por su capacidad embriagadora, éste debe ser el origen más razonable del nombre del pihuelo.

UN MITO "DIABÓLICO"

Durante el avance a Lima en la Guerra del Pacífico, la soldadesca encontró varias veces bodegas de aguardiente que no tardaron convertirse en motivo y sustento de celebración. Esto dio origen a la citada leyenda de la chupilca del Diablo, incluso entre los propios chilenos: se trataba de una supuesto aguardiente mezclado con pólvora negra que algunos historiadores -por incautos o bien por mala fe- han creído y han dado por cierta en sus libros. En general, se intenta avalar esta leyenda con la actitud "endemoniada" o "endiablada" que los peruanos le atribuían a los chilenos luego de beberlo, pero que en realidad correspondía a la euforia de los rotos en el enfrentamiento, especialmente en la famosa hazaña de la Toma del Morro de Arica, donde también ronda esta fábula de la  chupilca del Diablo.

Aunque quizás se haya probado alguna vez esta clase de combinación, la verdad es que la escasez de municiones fue una constante de la guerra de 1879 que hace altamente improbable la ingesta habitual de esta mezcla, además de ser venenosa su pólvora si se la bebe, por lo que haberla despilfarrado en una mezcla semejante habría sido algo impensable, a pesar de aparecer en las dramatizaciones noveladas por Jorge Inostrosa en su famoso "Adiós al Séptimo de Línea". De hecho, en la toma del Morro de Arica la escasez de municiones entre los chilenos era dramática, por lo que parecen más bien imaginarias las referencias que la dan por presente esta pócima en los preparativos del combate. Por otro lado varias veces ha ocurrido que conscriptos jóvenes se intoxican e incluso mueren intentando hacer la famosa combinación de la chupilca del Diablo, ignorantes de que, aún si fuese cierto que los rotos lo mezclaban en la guerra, la pólvora del siglo XIX no era nitrocelulosa como mucha de la actual, que es aún más venenosa y mortal.

En fin, dejemos las recetas del Diablo de lado y recomendemos a estos dos primos rotosos, la chupilca y el pihuelo que, lejos de llegar a ser venenosos, constituyen toda una excepción en el común de los tragos y alimentan tanto como alegran la vida de los comensales, tal cual lo han hecho a lo largo de los siglos entre nuestras clases populares. (urbatorium)

BUENOS PALADARES

CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONOMICA

MUJER
PILAR HURTADO
(ENERO) KINTARO (Monjitas 460, Santiago Centro / 2 2638 2448): “Revisamos la carta y pedimos varias cosas: gyosas de la casa, sashimi de salmón, un roll Osaka maki (con salmón, palta y queso crema), tempura mixto, ika yakisoba (fideos con verduras y calamares) y buta shogayaki (chancho con jengibre). Yo me concentré en el exquisito tempura, de liviano batido y que traía camarones y verduras, entre ellas una suerte de tortillita de espinaca deliciosa; venía una pasta de jengibre para agregar a la salsa del tempura, resultando una muy refrescante combinación. El sashimi, fresquísimo y cortado con precisión. El chancho me pareció un poco reseco, por lo que no fue mi favorito. El yakisoba, que me ofrecieron con fideos caseros por un precio suplementario, y acepté, estaba maravilloso, me gustó mucho, traía cebollín y trozos de repollo, junto a los anillos de calamar; la porción era grande y no me la pude terminar.”

MUJER
PILAR HURTADO
(DICIEMBRE) RÉ (Av. Manquehue 656, Las Condes/ 2 2498 1800): “Partimos con unos cilindros rellenos de centolla, envueltos en nori, fritos y crocantes, una buena porción en la que venían tres. También una exquisita sopa de cebolla blanca al anís que tenía un mousse cuya textura no era agradable, puesto que estaba muy compacta, esa parte del plato podría obviarse y dejar solo las láminas de salmón que la coronaban, y combinaban muy bien con la sopa. Como fondos, una deliciosa entraña con ñoquis de betarraga y salsa de queso azul, con ralladura de cítricos resultó un acierto. El otro fondo fue una merluza austral con novedosos chapaleles de papa nativa y queso mantecoso, muy buenos. Harto rato después nos ofrecieron el postre, y harto rato más tarde llegó: panna cotta de chirimoya con mango en novedosa presentación, en cubos cubiertos con láminas de mango, no sé si me pareció tan lindo, pero estaba bien rico. Terminamos con café y apestados porque hasta para traer la cuenta, y la maquinita para la tarjeta, se demoraron otro resto. Una lástima y un desagrado, porque la comida es buena, y tienen un rico menú diario por $12.900.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(DICIEMBRE) MEXICANA (Seminario 621 / 2 3224 2067): ““Con una carta más extensa en bebestibles que comestibles, el resultado de esta experiencia fue acorde a la oferta expuesta: una de las mejores micheladas del mercado (no esa pobre sombra de la receta, con puro limón y sal), muy gustosa y fiel al espíritu original. El problema estuvo en lo sólido. Mala la cocina en general.” “Primero que nada, unos chilaquiles del terror ($6.900). Este es un plato gobernado por los totopos, trozos de tortilla fritos o tostados, combinados con alguna proteína animal generalmente opcional (carne deshilachada de vaca o pollo), abundante salsa roja o verde, espolvoreados con queso maduro y con un toque de crema ácida. Y lo más importante es que deben venir semiblandos. En este caso ya venían todos lacios, bañados en porotos negros y algo de puré de la misma legumbre, mezclados con queso derretido y coronados con salsa verde a la chilena: esa cebolla cortadita fina con cilantro. O sea, nada que ver.” “En fin. Puede que sea un buen sitio para tomarse unas micheladas o para aprovechar una generosa carta de coctelería basada en el tequila, pero en materia de cocina... por ahora, mejor privarse.

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(DICIEMBRE) PUERTO BELLAVISTA (Patio Bellavista, local 71 / 2 2656 7015): “Para partir, junto con el vinito, unos erizos con salsa verde ($9.900), en formato muy abundante con lenguas pequeñas y con un par de pedacitos duros colados por ahí. Ojo, señores.” “Como fondos, un cebiche con palta ($8.900) bien presentado, pero falto al limón y la malicia de las especias. O sea, lindo y algo fome. Y una sabrosísima merluza "a la lata" ($9.900), en su punto de cocción, con mariscos y verduras acompañándola en buena combinación (aunque esos aros de calamar precongelados... mejor que no).” “En la carta hay una variopinta oferta de rescates cocineriles chilenos, con recetas de norte y sur, que se agradecen por esto de plantar bandera en un territorio difícil, el de lo marino. Sumado al ambiente, todo mejora. El único problema evidente -porque se vio a más de una mesa alegando por lo mismo- es la demora, tanto en la cocina como en la llegada de las cuentas.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(DICIEMBRE) NOU CAMI (Carlos Briceño 737, Laguna de Zapallar / (33) 248 8299): “Por el momento, lo más sustancial es un menú por $5.500 que, dentro de su moderación, permite formarse una idea: hay aquí, efectivamente, alguien que sabe cocinar cocina de casa, platos corrientes, ideales para apreciar tino y conocimientos. El menú, ese día, comprendía dos entradas: una papa frita rellena con pino de carne, puesta sobre excelente y muy equilibrada salsa casera (eso se nota a la legua) de tomate: riquísima, como esas que son una de las glorias del José Antonio, uno de los mejores restoranes de Lima (hablamos de "restoranes", no de "laboratorios experimentales" que epatan burgueses con la turgencia, la crocancia, la evanescencia y la cacha'e la espá)” “La carta es mínima: aparte del menú, hay unos pocos cebiches y algunos mariscos a la parmesana, aparte de un pastel de jaiba y otro de centolla. El de jaiba ($7.900), que pedimos, fue espectacular: el mejor de ese litoral (los conocemos todos): con su pan, su cantidad moderada de queso, harta jaiba. Y pedimos además unas machas a la parmesana ($7.900) que, para los estándares, no estaban mal; pero no eran a la parmesana, estilo que lleva sólo queso parmesano (las lenguas, diminutas; ya no quedan machas). “

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(DICIEMBRE) NORMANDIE (Providencia 1234 / 2 2236 3011): “En Santiago no hay bistró de aspecto más bistró que el Normandie. Dato importante para quienes gustan de viajar con la mente (o no pueden hacerlo de otro modo...).” “Y, en general, se sigue bien, también. Catamos un lapin à la moutarde ($7.500), riquísimo petit plat soigné, de esos que cimentan el grandioso, majestuoso edificio de la cocina francesa, pero sin el histrionismo de los estratos superiores. Delicado, armonioso. De chupar los huesitos, cosa que, naturalmente, hicimos. Pero el acompañamiento se cobra aparte. En nuestro caso, este fue de papas rösti ($2.500), que hace subir el conjunto a $10.000, precio nada "bistrótico".” “El canard à l'orange ($7.500) fue perfecto. Otro maravilloso petit plat soigné, que acompañamos con couscous semoule ($2.500), mantequilloso y fino.” “En cambio, las moules et frites ($9.000 para dos) fueron una decepción: caldo aguachento y soso, choritos demasiado chicos, insustanciales. Échenle menos agua a la sopa. Y las papas fritas, adecuadamente saladas, llegaron sin haber sido bien escurridas en papel absorbente. “…la buena impresión de la comida se deteriora con estos descuidos. Qué pena. Es cuestión de poner más atención. Quizá contratar más personal, que no corra tanto...”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(DICIEMBRE) ANAKENA (Av. Kennedy 4601, Las Condes / 2 2950 3179): “Bajo el mando general de Matías Hulig, chef ejecutivo del hotel,  esta carta es más reducida, y además de sopas, ofrece entradas, como los Kung Salong, camarones cubiertos de fideos crujientes, calamares crujientes y diversos rollos rellenos. Los Popla Sod, rollos primavera; los Geng, de curry tradicional sobre base de leche de coco. Satay, pinchos variados desde tofu a camarón, pasando por vegetales, cerdo, pulpo y vacuno. Finalmente los clásicos Phad, generalmente fideos de arroz o vegetales preparados al wok. Y la novedad de los Kanum Warn, postres de arroz glutinoso, tapioca, o plátano.” “Esta fundada muestra de comida thai  se proyecta más allá de aromas y sabores, e incorpora la vista al placer gastronómico. El chef Pochsalee es un maestro con el cuchillo de tallar en el arte del Mukimono, compartido por los países asiáticos. Con unos cuantos cortes -que parecen muy fáciles a menos que uno los intente-, puede convertir un zapallo, una sandía o varios nabos en flores amarillas, verdes, blancas y rojas, o una guirnalda de capullos blancos. Prolijo arte que en esa forma de vivir la presentación de una mesa, con la importancia del entorno viviente en cada momento.