martes, 13 de septiembre de 2016

LOBBY MAG.


LOBBY MAG
Año XXVIII, 15 al 21 de septiembre, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: La Guía 100: nuestra propia Michelin
SUCESOS: Italia pasa sus penas con pasta
MIS APUNTES: Cortes de carne de vacuno en Chile y en Argentina
EL REGRESO DE DON EXE: Las abuelas del siglo XXI
BREBAJES: ¿Dónde está el vino chileno?
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA


 
LA GUÍA 100
Nuestra propia Michelin
Luego de seis años consecutivos editando lo mejor de la gastronomía en Chile, la Guía 100, un producto de la revista La Cav y escrita por los periodistas Carlos Reyes (gastronomía) y Rodrigo Martínez (cafés y coctelería), es el resultado de miles de kilómetros recorridos –con una gran cuota de esfuerzo- para buscar y conocer los mejores restaurantes y bares desde Arica hasta Punta Arenas.

A esta dupla se le permite a través de sus páginas ofrecer una panorámica nacional donde ambos cronistas ponen todos los sentidos en alerta para dar con lo que -a sus respectivos juicios-, es lo mejor disponible en las mesas nacionales. Un desafío de peso mayor como elegir a los 10 mejores del país. Suele ser una tarea compleja, porque buenos hay muchos y en estos casos, las diferencias entre locales son milimétricas y por supuesto muy subjetivas como en toda clasificación. Pero aparte de eso hay espacios que se mantienen en el tiempo, porque se han acostumbrado a entregar excelencia, lo que les facilita bastante el trabajo. En otros, los nuevos, ha primado el espíritu de crecer, de ofrecer propuestas sólidas que no se pueden soslayar, como también descubrir o redescubrir espacios donde prima la calidad y el cariño por la gastronomía, estén donde estén.

Convertida en una visión absolutamente seria de nuestras cocinas, la Guía 100 se ha ganado un lugar como la única guía gastronómica de Chile y a la vez, en el referente más importante de la evaluación de los restaurantes y bares del país.

En la edición 2016-2017, que comienza a circular este fin de mes, los mejores diez restaurantes del país son los siguientes:

1.      Europeo ( Vitacura- Santiago)  / 96 puntos
2.      Naoki (Vitacura - Santiago) / 95 puntos
3.      Bristol (Santiago Centro) / 94 puntos

4.      Boragó (Vitacura- Santiago) 94 puntos
5.      99 Restaurant (Providencia-Santiago) 93 puntos
6.      Espíritu Santo (Valparaíso) /93 puntos

7.      La Mar (Vitacura - Santiago) /93 puntos
8.      The Singular (Santiago Centro) 93 puntos
9.      Rívoli (Providencia – Santiago) / 92 puntos
10.    Ambrosía (Vitacura- Santiago) 92 puntos

En cerca de 200 páginas, LA GUÍA 100 –que se lanza la próxima semana- reúne restaurantes de mantel largo y cocinas de vanguardia entremezcladas con sencillas picadas, sangucherías, restaurantes y bares: el único requisito es que cada uno de los elegidos, sea cual sea su especialidad, se coma y beba muy bien. Dividido en capítulos, aquí podrá encontrar las mejores aperturas del año, cafeterías, pizzerías y picadas imbatibles, ya que este libro comprueba con creces que es posible comer bien en cualquier ciudad del país. (JAE)

SUCESOS



ITALIA PASA SUS PENAS CON PASTA

Las graves consecuencias del terremoto que el 24 de agosto pasado golpeó el centro de Italia, y especialmente las comunidades de Amatrice, Accumoli y Arquata del Tronto, han llevado a millones de personas a efectuar donaciones de especies o dinero en una gran muestra de solidaridad.

Amatrice, una de las localidades devastadas por el terremoto del centro de Italia, es famosa en todo el país principalmente por un producto: su salsa de tomate, que sirve para acompañar los platos de pasta. Muy apreciada incluso fuera de las fronteras italianas, se basa fundamentalmente en tres ingredientes: tomate, tocino de cerdo (guanciale) y queso de oveja. Por ello, cientos de restaurantes italianos se han sumado a la iniciativa de donar dos euros a Cruz Roja por cada plato de pasta a la amatriciana que sirvan.

En este contexto, el pueblo de Amatrice se convirtió en el símbolo de la zona siniestrada no sólo porque fue duramente golpeado por el movimiento telúrico sino que también por su nombre que evoca a uno de los platos símbolos de la comida italiana: la pasta a la amatriciana. Tanto es así,  que el municipio de la ciudad tiene “una receta oficial” que incluimos al final de esta nota.

Tomando en cuenta esta realidad, el Presidente de la Academia Italiana de la Cocina ha sugerido incluir este plato en la cena anual de camaradería que realiza cada delegación de esa institución culinaria en sus respectivas sedes, tanto en Italia como en el resto del mundo.

PASTA A LA AMATRICIANA
(Receta oficial del municipio de Amatrice)

Ingredientes:
500 grs. de espaguetis
125 grs. de carrillo de cerdo (tocino) de Amatrice  
1 cucharada de aceite de oliva
400 grs. de tomates maduros
Un trocito de ají (peperoncino)
Un chorro de vino blanco seco
100 grs. de queso de oveja (pecorino)
Sal

 
Preparación: poner en una sartén, preferiblemente de fierro, el aceite, el ají y el tocino en la proporción de ¼ respecto al peso de la pasta, lo que es una sagrada tradición de los especialistas que -dicen- si no se tiene en cuenta no se obtienen los verdaderos espaguetis a la amatriciana.
Dorar a fuego vivo y agregar el vino. Retirar el tocino de la sartén, estilarlo bien y mantener  caliente evitando  que quede demasiado seco y salado. Así resultará más suave y sabroso. Agregar los tomates pelados, picados y sin semillas. Ajustar la sal, mezclar y cocinar unos minutos. Sacar el ají, volver a poner el tocino y mezclar bien.
Entretanto, hervir la pasta en abundante agua salada. Colarla cuando esté “al dente” y vaciarla en una fuente agregándole el queso rallado. Esperar unos segundos y verter la salsa.  Mezclar y tener aparte más queso rallado.

MIS APUNTES


 
CORTES DE CARNE DE VACUNO
EN CHILE Y EN ARGENTINA
El intercambio de turistas entre Chile y Argentina es grande, aun así, muchos aun no son capaces de conocer los nombres de los cortes de vacuno tras la frontera. Lo que en Chile es el choclillo, en Argentina es chingolo y así sucesivamente. Hace unos años y en Lobby papel, publicamos este pequeño aporte, que esperamos sea de beneplácito de todos. Así, no pasaremos vergüenza con nuestros visitantes… y sabremos algo más cuando viajemos a la hermana república.

CHILE - ARGENTINA

Filete - Lomo
Lomo Liso - Bife angosto
Lomo Vetado - Bife ancho

Asiento de picana - Corazón de cuadril
Posta Negra - Nalga de adentro
Punta de Picana - Colita de cuadril

Posta rosada - Bola de lomo
Pollo ganso - Peceto
Punta de ganso - Tapa de cuadril

Ganso - Carnaza cuadrada
Abastero (lagarto) - Tortuguita
Palanca - Bife de vacío

Tapabarriga - Vacío
Posta paleta - Carnaza paleta
Sobrecostilla - Asado

Asado carnicero - Bife de paleta
Choclillo - Chingolo
Punta paleta - Marucha

Charcha - Carne de quijada
Huachalomo – Cogote
Plateada - Tapa de bife

Osobuco (pierna) - Garrón
Osobuco (mano) - Brazuelo
Asado de tira - Asado

Coluda-estomaguillo - Falda
Malaya - Matambre
Pollo barriga - Centro de entraña

Entraña - Entraña fina
Sesos - Sesos
Corazón - Corazón

Lengua - Lengua
Riñón - Riñón
Mollejas - Mollejas

Hígado - Hígado
Cola - Rabo
Callos, Guatitas - Mondongo
Librillo - Librillo

EL REGRESO DE DON EXE



 
 
 
LAS ABUELAS DEL SIGLO XXI

 
Las abuelas de la actualidad son increíbles. Recuerdo la mía, que cuando cumplió cincuenta años, se echó en una silla de ruedas y nunca más hizo nada. Vestía de negro por la muerte del abuelo y peinaba sus canas con un tomate en la nuca. Mis tías eran similares y también vestían de jote. Eran cariñosas pero nunca se sacaban los bigotes. Tengo amigas que están peligrosamente acercándose a la tercera edad y aun expelen estrógenos (aunque sean de la farmacia). No hormonas a destajo, pero sí las suficientes. Mis hijos aún se soslayan con sus tías cincuentonas y no les falta un comentario cuando les miran las piernas o el traste. No cabe duda que las hembras han avanzado en esto de la calidad de vida y la esperanza de sentirse joven. Conocí a mi abuela vieja y fue vieja durante los treinta años que compartí con ella. Hoy, las abuelas hacen pilates, yoga, les gusta el vodka más que el agua de las Carmelitas y hasta son capaces de tener amantes más jóvenes que ellas.

¿Qué tiene que ver esto con la gastronomía?

Mi abuela y mis tías nacieron “orgánicas”, tendencia que hoy tiene múltiples seguidores. Los tomates eran de la chacra y sólo en verano. Ni hablar de los limones que sólo tenían tres meses de vida. Los cerdos en esa época eran chanchos y los vacunos eran sencillamente vacas. Las gallinas comían maíz (no transgénico) y la empleada de la casa (en esa época no existían las nanas) les estiraban el cogote para matarlas y luego de desplumadas le quemaban los “cañones” en el fuego. Mi abuela y mis tías tomaban “fuerte” en unos vasitos que parecían dedales. Leían las revistas Eva, Zig Zag y Confidencias mientras las más jóvenes escondían los Ecran, que era algo así como los programas de farándula de la actualidad.

En esa época no había transgénicos ni clones (al menos no sabíamos que existían). El vino era vino (blanco o tinto) y nadie se preocupaba de las cepas. Se bebía chacolí y aguardiente de Doñihue o de Chillán. Penicilina y cafiaspirina eran los medicamentos para todo. Pero ellas creían más en los yerbateros para pasar sus males. Cuando alguna de ellas llegaba al hospital, la familia completa partía lo más rápido posible a las pompas fúnebres para hacerles un funeral lo más digno posible.

Mi tía Ifigenia era regordeta, cariñosa y solterona. Nunca supe si alguna vez tuvo un romance o alguna aventurilla por ahí. De eso no se hablaba. Era una joven - vieja cuando dejó este mundo. Es posible que hubiese tenido la misma edad que muchas de mis amigas, con la única diferencia que ellas sí consumen transgénicos, alimentos vitaminizados, foie gras, merlot, superochos, pollos con hormonas, tomates Rocky y toda una variedad de vegetales y cárneos de última generación.

Y aún tienen buenas piernas y mejor poto. Se visten de rojo, verde pistacho y pintan su pelo de diferentes colores. Poco les falta para hacerse tatuajes y me lo han preguntado varias veces. O sea, tienen la intención. Varias viven solas y disfrutan de la vida. Sus hijas son sus hijas y sus nietos son sus nietos, pero ellas tienen vida propia.

¿Qué nos ofrecen los fundamentalistas orgánicos, los vegetarianos, los veganos? ¿No ingerir químicos en nuestra alimentación? ¿Comer lo de nuestros abuelos?

No me hace mal escribir de vez en cuando algo importante (y serio). Como lo comenté hace un tiempo: “Mientras tanto, muchos deberemos seguir con la dieta impuesta por los países desarrollados. Esa llena de vitaminas y quien sabe qué más, que hizo crecer a nuestra población a niveles insospechados desde los años 60. Hoy es normal ver lolos de metro noventa y calzando cuarentaycinco y lolas con unas pechugas descomunales. ¿Habrá que dar las gracias por ello o es mejor volver a los años que vivíamos sin transgénicos, sin Monsanto y sin químicos?”

Como mis amigas no me inflarán en estas fiestas, estoy armando mi panorama propio. El 17 iré por un par de piscolas (no hay que engañar el cuerpo con otros brebajes ya que no estamos en edad para hacer experimentos) y un asadito en Requínoa. El resto de los días estaré libre.

¿Alguien me invita?

Exequiel Quintanilla

BREBAJES


 
¿DÓNDE ESTÁ EL VINO CHILENO?

*Gonzalo Rojas

 

¿Qué pasa con el vino chileno hoy?
No es una pregunta meramente retórica. Por el bien de la fiesta, necesitamos saber qué está pasando con el vino chileno, aquél que por ser tan bueno, bonito y barato se convirtió en la vedette de los años noventa en el mundo, pero que hoy pareciera estar entrampado en un callejón demasiado estrecho, apretujado entre los bajos precios internacionales, los altos costos de producción, las crisis, el dólar y lo que es más complicado aún: la falta de una identidad clara.

Quizás la respuesta más razonable esté en el hecho de que el vino chileno ya casi no existe. Sepultado bajo toneladas de nuevos viñedos estandarizados, con las tres o cuatro cepas hoy más rentables en los mercados globales, y bajo el peso de tanta cuba de acero inoxidable y tanta barrica francesa, el vino chileno subsiste a medio morir saltando entre los vaivenes de la modernidad.  ¿Qué pasó? Algo muy simple: las viñas chilenas se han ido transformando en simples tomadoras de pedidos, haciendo vinos a gusto del cliente, olvidándose casi por completo de sus –otrora fieles- clientes nacionales. Ha sido así como, entre el negocio de la venta de uva, de mosto concentrado, de los vinos a granel que le meten a los chinos, de los vinos ácidos que le gustan a los ingleses y los vinos con gusto a palo que le gustan a los estadounidenses, se nos olvidó cómo eran los vinos que se tomaban en el Chile pre-moderno. ¿Tan malos eran los vinos chilenos, que hubo que borrarlos del mapa de un solo plumazo?
Hagamos un poco de historia. Hasta el siglo XIX en Chile se tomaba lo que salía de la tierra. Y se tomaba harto. En cada pueblo de la Zona Central se hacía vino – ya fuere Chicha, Chacolí, Pajarete, Cocido, Mosto, etc.- vino que gentilmente se ofrecía a los parroquianos, que se lo tomaban en medio de las ramadas y chinganas que tanto disgusto le provocaban a don Vicuña Mackenna y a las autoridades de turno. Ante tales espectáculos de “postración moral”, la oligarquía santiaguina no tuvo una mejor idea que gastarse unas cuantas chauchas en hacerse un montón de viñas igualitas a las francesas, con castillo, enólogo y todo. Y vamos adelante con el vino francés. Del País pasamos al Cabernet Sauvignon; del Moscatel al Chardonnay; del Torontel al Sauvignon Blanc; del Albillo, Mollar, Pedro Jiménez, Tempranillo y todos los cepajes existentes en Chile desde los primeros tiempos de la Conquista española, pasamos a las “cepas aristocráticas”, vale decir, a las parras y el cuento que los franceses le han vendido al mundo durante los últimos 150 años sobre cómo hay que hacer, consumir y pensar los vinos (y en ese orden). Y comenzamos a tomar vino francés; el vino “tipo”: “tipo burdeos”, “tipo champaña”, “tipo borgoña”. Quedaban buenos los vinos, en todo caso, tan buenos, que parece que a principios del siglo XX a todos se les pasó la mano, y el consumo per cápita de vinos llegó  a estar entre los más altos del mundo: sobre los 100 litros por persona al año.

De todas formas, no era mala la mezcla entre vinos coloniales y vinos afrancesados. Medio en tinajas, medio en barriles, el vino chileno fue haciéndose camino al andar. Como todo aquí: entre copia y copia, fue naciendo un producto nuevo, un vino chileno, tan chileno, que no era ni chicha ni limoná; sino todo lo contrario, una síntesis profundamente mestiza entre la gente, la tierra, las uvas y la historia. En una palabra: el paisaje.
Un abanico de sabores criollos que van desde la Chupilca de Cauquenes hasta el Pajarete del Huasco, desde el Pipeño bigoteado de que se toma en la Vega, hasta el champán Valdivieso, que hoy ya no se toma con helado de piña, sino “maridado” con frutillas (¡ojo! las frutillas van afuera de la copa, mire que si no es una vulgar borgoña espumosa)

Insisto, ¿Qué pasó? Bueno pasó, primero, que a los ingleses se les ocurrió que era chic tomar buenos vinos, y los franceses son muy caros. Los sudafricanos sonaban mal (en plena época del apartheid) y los australianos se aprovecharon y subieron los precios a finales de los ochentas. ¿Vinos argentinos? Nica, dijeron. Y bueno, ¿Qué les quedó? Los vinos chilenos. Pero había un problema; por aquellos años, Chile producía muy poco, casi no exportaba, la tecnología era atrasada, casi no se utilizaban cubas de acero ni barricas para el envejecimiento y, más encima, los vinos eran raros. ¡Si ni siquiera se sabía qué había en los campos!

Ergo, aquí está la respuesta: en menos de veinte años, las viñas chilenas se las arreglaron para hacer un maravilloso negocio: producir vinos buenos, bonitos y baratos; primeros para el mercado inglés, después para vender en EE.UU. y ahora, a China. Y vamos comprando cubas, barricas, trayendo enólogos importantes, mandando los vinos a las ferias internacionales, sobándole el lomo a los jurados (léase: gurús) internacionales, de modo que en menos de dos décadas, pasamos 1 a 100 km/h y ya a nadie le importó cómo eran los vinos que se tomaban en Chile. Lo importante era cómo comenzar a producir los vinos que le gustaban a los ingleses y los demás consumidores del primer mundo, que, claro, estaban dispuestos a pagar un mejor precio por un vino exótico de un país exótico, aunque tampoco tanto, no más de los US $3 por botella, que es el promedio actual de los vinos chilenos que se exportan.
En fin, repito la pregunta: ¿Qué pasa con el vino chileno hoy? Parece que anda de parranda. Algunos –entre los que me incluyo- dicen haberle visto divagando entre los valles transversales del Norte Chico, entre los surcos del Chile profundo, en los caminos del secano maulino, entre el Itata y el Toltén. Siempre lejos de la Panamericana, a veces recluido en los bares de mala muerte, esos que siempre tienen un perro durmiendo afuera y un hijo de vecino durmiendo adentro. ¿Y, dónde está el vino chileno? ¿A dónde se fue? La verdad, no lo sé. Pero espero, de todo corazón, que no se haya ido para siempre, junto al Chile que sí se fue cuando se nos ocurrió la mala idea de darle la espalda a nuestra propia historia, al patrimonio, al paisaje, a la gente sencilla, al campo; y cambiamos todo eso por un poco más de plata y un departamento con olor a plástico nuevo, una piscina con cloro y un detergente que saca todas las manchas.

Claro, los aromas y los sabores de los vinos chilenos ya no pegaban con un país que ahora tiene mejor pinta, y que le carga que le estén recordando majaderamente de donde viene, cuál es su origen y cuál es su historia. Ojalá los nuevos “hacedores de vino” logren revertir la batalla y regresen algún día esos vinos que hicieron patria en nuestra patria.

*Gonzalo Rojas, escritor, Licenciado en Historia, con especialización en Historia Económica, de la U. de Chile. Diplomado en Economía y Desarrollo Humano.  Autor y colaborador en diversas publicaciones especializadas. Profesor de vitivinicultura e Industria del vino en la Facultad de Economía y Negocios, U. de Chile; investigador y colaborador de Vitis Magazine, e investigador asociado del Instituto del Patrimonio, U. Central de Chile.)

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(SEPTIEMBRE) PUNTO OCHO (Hotel Cumbres-Lastarria, J. V. Lastarria 299 / 22496 9000): “A nuestros rincones de culto agregamos el Bar de Tapas, a la entrada del flamante Hotel Cumbres de calle Lastarria. Tres pintxos con cerveza por $6.900 y ya estamos embarcados en el mundo del catalán Marc Mateu-Alsina, chef ejecutivo dispuesto a mostrar lo aprendido en dos décadas por el mundo. Y hará aparecer jamón crudo, chorizos, huevos a la plancha combinados con el noble sabor de las berenjenas.” “Y de ahí uno se eleva al comedor de cocina mediterránea, Punto Ocho, asomado en una terraza que sobrevuela Lastarria y se asoma a la cordillera por el oriente. Al almuerzo hay menú ejecutivo ($11.900) y de negocios ($18.900). Que se han ido equiparando en la demanda. De noche los platos son a la carta. Postres a $2.800 y un surtido por $6.000.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(SEPTIEMBRE) PLAZA GARIBALDI (Moneda 2319 / 2 2699 4278); “De fondos, tres maravillas. Primero, un clásico que se ama o se odia: una pechuga de pollo con mole ($7.200), una salsa hecha con chocolate y ajíes varios, rociada de semillas de sésamo (ajonjolí para los mexicanos), con su arroz y puré de porotos, junto a unas cuantas tortillas. Se trata de un sabor que parece y es ancestral. Nuevamente, el caldo de cultivo para una probable adicción. Al mismo tiempo, unos tacos al pastor ($5.500), en las tortillas pequeñas como son las originales, con chancho rojito por obra del achiote -un condimento-, con su cuota de piña, cebollita y cilantro. Y para completar la trinidad, una sopa que es el clásico para combatir la resaca: pozole estilo Jalisco ($4.900), una sopa roja también, ligeramente picante, con algunas trazas de chancho y harto mote de choclo, por ponerlo en chileno.” “También hay chimichanga, chile relleno, enchiladas verdes y rojas, o un aromático café de olla. Aquí se vive y se come en mexicano. También se escucha, con una banda sonora que ayuda a sentirse más, aún más, en ese alucinante país.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(SEPTIEMBRE) SAKURA (Av. Colon 4401 B, Las Condes / 2 2952 6900): “…si Usía entrevera un solo pedido de rolls con queso crema en lo demás, puede lograr un resultado equilibrado en el estómago. Que fue lo que nos ocurrió con esta cocina mestiza. Partir con sashimi Maguro (de atún, $7.500 las 9 porciones) con una gota de salsa de soya y una pizca de wasabi, seguido un par de niguiri sake (de salmón, $2.500) muy bien hechos, es una gloria de frescura y liviandad. Recordamos un verdadero banquete (y copioso) de estos platos japoneses en otro lugar, y habernos levantado de la mesa (nada de levantarnos del suelo; no apreciamos la necrosis en las corvas) satisfechos pero como si no hubiéramos comido nada (bueno: casi nada). El sashimi de salmón New Style ($7.200), que comimos a continuación, traía intercaladas rebanadas de palta y unas verduritas salteadas que fueron lo mejor, quizá, de toda la cata. Liviano, también.” “Resumen: agradable experiencia; servicio correcto. Precios convenientes. No buscar autenticidad sino una comida decente.”

MUJER
PILAR HURTADO
(SEPTIEMBRE) SALVADOR (Bombero Ossa 1059, Santiago / 22673 0619): “En nuestra mesa esa tarde hubo de todo, siempre acompañado del té frío de la casa: como entradas, los deliciosos champiñones ostra saltados en mantequilla de ajo con hojas verdes, la indescriptiblemente rica paila de charchas de vaca cocinada en vino tinto con tostada de pan de campo y crema ácida, y el paté de mollejas de vaca sobre tostada de baguette, que me pareció muy original pero un pelín seco en combinación con el pan. Como fondos desfilaron frente a mis ojos y mi cuchara una ingeniosa milanesa de guatitas con salsa de alcaparras y mantequilla sobre arroz cremoso con champiñones y verduras, en la que este interior frente al que muchos arriscan la nariz se apana y fríe con un crocante resultado y una reinvención de la manera de comerlo; el arroz también muy bueno.” “Pero más allá de pequeños detalles, rescato el espíritu de esta cocina como de casa, en la que cocinamos con lo que hay, revistiéndolo de sabor y cariño. Puro amor por el sabor.”

 

 

martes, 6 de septiembre de 2016

LOBBY MAGAZINE


LOBBY Mag.
Año XXVIII, 8 al 14 de septiembre, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: Obertura y cierre
MIS APUNTES: Sin picor, pero con enjundia
EL REGRESO DE DON EXE: After office
BREBAJES: La moda del gin tonic
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA


 
OBERTURA Y CIERRE

Ni a Ripley se le pudo haber pasado por la cabeza. Digno de ser precalificado –al igual que el Brindis del Vino que se realizó el domingo recién pasado en la Plaza Ñuñoa-, hace algunos días nos enteramos del abrupto cierre del restaurante “Alfredo di Roma”, que con una millonaria inversión abrió hace algunos meses en Av. Las Condes, en lo alto de nuestra capital.

Una vez adquirida la franquicia con los propietarios de la marca, un exitoso empresario (al parecer con poco conocimiento del negocio gastronómico) decidió invertir grandes sumas de dinero para instalar y ofrecer uno de los platos más famosos del mundo, los “fetucciní Alfredo”, elaborados a la perfección (doy fe), donde la pasta -elaborada con sémola y harina italiana-, más verdadera mantequilla italiana y queso del mismo origen, lo convirtieron en una delicia que sólo algunos tuvimos la oportunidad de probar y golosear, ya que se convirtió rápidamente en uno de los platos sublimes de este año.

Sin embargo, de la noche a la mañana el local cerró sus puertas con la excusa de readecuar su carta, pero nunca más las abrió. Pocos deben saber la verdad del cierre… ¿realmente abrieron o fue un experimento? ¿Game over?

En su momento lo catalogué como un restaurante snob con remembranzas a un crucero caribeño, donde el blin blin predominaba en un gran espacio para 200 comensales, y su plato estrella, “L´Originale Fettuccini Alfredo, burro e parmeggiano reggiano” ($16.900) era la mejor excusa para conocer el lugar.

Esa fue la obertura inicial… y eso sería todo.

Cerraron muy pronto. En mi vida dedicada a la gastronomía había conocido sólo un caso anterior, cuando la banquetera Sofía Jottar decidió invertir sacos de dinero para construir el SO! (en Nueva Las Condes), otro restaurante que nunca abrió sus puertas.

Dos casos en treinta años. ¿Merecerán certificados Ripley, ahora que están tan de moda? (JAE)

MIS APUNTES



SIN PICOR, PERO CON ENJUNDIA

La cocina chilena no es picante –como la peruana, mexicana o thai- pero mantiene tradiciones donde manda la enjundia, un sabor que nos hace característicos y acreedores de una pintoresca historia gastronómica que se resiste al olvido. Para esta primavera, tres platos majestuosos de nuestra cocina típica, que serían un must en cualquier lugar del mundo.


AJIACO: EL REPONEDOR
El ajiaco chileno es una de los caldos más típicos de nuestra tierra, que por su calidad "reponedora" es consumida con gusto luego de las fiestas o celebraciones. Carne asada en tiras, cebolla en pluma y papas en juliana sobre un caldo de huesos es la base de esta preparación que se inicia con un sofrito donde no debe faltar el ajo y los pimentones rojos. A ese caldo hirviendo se le agrega un huevo –pochado- y perejil picado.  Poderoso, delicioso y una verdadera inyección de energías y proteínas para poder enfrentar un nuevo día, después de una noche de fiesta. Y lo mejor es que es sano, ya que es uno de los mejores reconstituyentes conocidos.

 

PATITAS DE CHANCHO:
EL APERITIVO DEL PUEBLO

Este plato de bajo perfil y sin intenciones de entrar a los grandes círculos gastronómicos, es  mantenido a raya en las picadas más tradicionales del centro de Chile. Sin embargo es una preparación de lujo, donde todo el colágeno que aporta este plato ayuda a que los miles de fieles que las comen (enteras o como causeo), no las cambien por ninguna otra delicatesen mundana. Entre amigos, con una buena copa de vino blanco y conversaciones largas y apasionadas, las patitas de chancho son todo un emblema de nuestra cocina campesina. Cuesta encontrarlas frescas y recién preparadas, sin embargo en este restaurante están para “chuparse los dedos”.

ARROLLADO DE CHANCHO:
NIRVANA AL PLATO

Cuando un cerdo está listo para ser faenado después de una larga engorda, el invierno golpea la puerta de las casas del país, por lo tanto, se aprovecha casi todo el animal, para matar el frío y celebrar algún aniversario. En el caso del arrollado se utiliza la pulpa y el tocino en tiras largas, ajo, pimienta y comino a gusto, se lo enrolla en el cuero del cerdo, pintando el cilindro que se forma con salsa de ají y amarrándolo con pitilla, para luego cocinarlo en un caldo, mientras la parentela comienza a llegar con el olorcito sabroso de esta preparación.

EL REGRESO DE DON EXE


 
AFTER OFFICE

- ¿Así que chupando con los amigotes, eh?
- ¡No te entiendo!
- No te hagas el de las chacras, Exe. No te resulta.
- Aun no te entiendo, preciosa.

De mal modo toma una revista que tenía en el sofá y me la pasa.

- Averígualo solito y tómate tu tiempo. Yo ahora salgo con una amiga a un after office.
- ¿After qué?
- After office, menso.

Estaba tan emputecida que mi instinto de supervivencia no me dejó decirle que ella me había dejado meses mientras apagaba incendios en  la Araucanía, pero me contuve y tras el portazo que dio me quedé solo y con la revista en cuestión. No tenía idea pero en esas páginas estaba yo, bebiendo en un sinnúmero de lugares. Ahí me acordé que un amigo periodista me había pedido ayuda para buscar los mejores Negroni de la capital. Pero nunca pensé que pondría fotos con nombre y apellido. Leyendo la crónica me enteré que habíamos visitado doce locales. Y lógicamente doce tragos (al menos). ¡Con razón mi paquita estaba furiosa!

No quise esperarla ya que no valía la pena. Dejé en su refrigerador una nota avisándole que me retiraba de su covacha que le pasaban los pacos, ya que no pretendía estar solo allí. Como aún era temprano y mi día no podía terminar de esa abrupta manera, llamé por teléfono a Colomba, una jovial argentinita que tiene un ambigú en Providencia. ¿Me invitas a cenar? -pregunté con mi mejor voz de conquistador y ella sin desvanecerse -ya que nadie se desmaya por mí a estas alturas de la vida-, me contesta que feliz lo haría, pero que tiene un par de problemas familiares que le impedirán estar en el boliche.

Opción uno: un fracaso. Me acordé de Adelita pero me contestaron que estaba en Miami en un curso; de Jacinta, y otra vez fallé ya que estaba visitando el nuevo casino de Ovalle. ¡Michelle, ella sí!... pero otro error ya que era su día libre. Tras cinco llamados posteriores a Maca, Eva, Renata y Agustina (incluida a la Perlita, la secre del jefe), llegué a la conclusión que mi after office sería muy latero. Menos mal que no me deprimo, ya que ese día estaba para el suicidio. ¿Dónde mierdas quedaba mi fama? ¿Qué dirían si ven tomándome un trago sin compañía en algún tugurio de mala muerte?

Mala cosa.

Con la puteada de mi Sofía no tenía hambre. Traté de llamar al autor de la crónica de la discordia para salir a tomar un trago entre hombres. Para variar su móvil no contestaba. Caminé por la calle Cienfuegos con la mirada puesta en las rayitas que hace el cemento entre un bloque y otro de la acera. ¿Por qué no habrá un bar en esta calle?, feliz habría entrado a uno a beber un Martini en vodka.

Sin horizontes de algo entretenido, regresé a mi terruño. Al llegar me encuentro debajo de la puerta con un parte de los pacos donde en su reverso y con un plumón rojo Sofía había escrito “Perdona Exe, fueron celos”.

¿Celos? ¿De qué? ¿De un par de tragos? ¡Mujeres! Con razón dicen que no hay que entenderlas, sólo hay que quererlas.

Casi dormía cuando sonó mi celular. Pensé que era Sofía pero era Adelita.
- Querido… te llamo desde Miami… ¡supe que me andabas buscando!
- Cierto, pero ya pasó.
- Nada de eso. Te espero el jueves a cenar. ¡Tengo mucho que contarte!
- Pero…
- Nada de peros, Exe. El jueves a las nueve de la noche. ¡Te llevo de regalo unas colleras de cuero chévere!

Yo sé que a nadie le falta Dios, pero aquí la están tirando con pala. Ahora, y con la cueva que ando, capaz que aparezca el domingo en las sociales de El Mercurio cenando con Adelita.

Definitivamente tendré que irme paso a paso. Los incendios se apagan de a uno y no todos juntos. ¿Qué hago si Colomba también llama para invitarme a cenar?

Tiene razón mi paquita cuando dice que me voy a ir al cielo –o al infierno- en pelotas, con una copa en la mano y una corbata puesta como cintillo indio en la cabeza y que seré titular en “La Cuarta”. Definitivamente no soy un buen ejemplo.

Pero lo comido y lo bailado…

Exequiel Quintanilla

BREBAJES


 
LA MODA DEL GIN TONIC

Hace algunos años el gin-tonic era una bebida que sólo consumían señores mayores, periodistas y escritores alcohólicos. Una bebida amarga, fuerte y poco agradecida. Pero entonces, como por arte de magia aparecieron las ginebras premium cítricas, especiadas, herbales y florales; las copas de balón, las bayas de enebro, las aguas tónicas de alta gama y se convirtió en uno de los cócteles favoritos del nuevo mundo.

 
No era (ni es) una bebida apta para todos los gustos. Amarga, seca y cítrica, esta combinación no encajaba en la mayoría de los paladares. Sin embargo, en pleno siglo XXI, el Gin &Tonic, o simplemente 'gin tonic', ha comenzado a transformarse en una bebida de moda. ¿Quiere saber por qué?

Los orígenes del 'gintonic' son una leyenda. El destilado se originó en Holanda pero el combinado parece que se creó por primera vez en Reino Unido. La ginebra ayudaba al aparato digestivo y aportaba valentía a los soldados. Además, tomaban tónica, que tiene quinina, para combatir la malaria y cítricos contra el escorbuto. Se dice que un militar decidió combinar los tres en una bebida. Tanto ha sido el éxito de este combinado, que Sir Winston Churchill se atrevió a comentar que “el Gin Tonic ha salvado más vidas y mentes de hombres ingleses que todos los doctores del Imperio.”

Nuevo siglo, nuevo combinado

Pero no fue hasta la entrada del nuevo siglo que el 'gin tonic', como se dice popularmente, 'pegó el pelotazo'. El principal responsable de ello fue Hendrick’s, que revolucionó el mercado por completo. Su sabor es bastante diferente del de las ginebras de toda la vida. Más dulce, más aromático, básicamente es mucho más fácil de consumir. Además, desde el inicio se rodeó de una impresionante campaña de marketing que promocionó, entre otras cosas, el beberlo con pepino y no con la tradicional rodaja de limón. Hasta 2011 no era raro ver a un señor montado en bicicleta y vestido de escocés que acudía a los locales repartiendo pepino para servirlo con Hendrick’s. Esa rodajita verde en la copa aportaba un sabor diferente pero, sobre todo, diferenciaba al consumidor del resto. Se convirtió en una marca de élite.

La 'culpa' de las tónicas

De hecho, no se puede hablar del éxito del 'gin tonic' sin incluir la transformación de las tónicas, que también llegan con nuevos aromas y nuevos sabores. "Somos el apellido de este combinado. Es más, representamos la mayoría de la copa ya que la ginebra es tan sólo una pequeña parte", recalca Erwin Rahmer, responsable de Fever Tree en Chile. El caso de Fever Tree es paradigmático. Originaria de Inglaterra, llegó a Chile como un 'mixer', una bebida tónica hecha específicamente para mezclarse con un destilado, y con ese “target” ha logrado hacerse un hueco en un mercado dominado, como ocurría con las ginebras, por las tónicas de toda la vida.

Promocionada por restaurantes de mantel largo, esta marca se ha consolidado porque, entre otras razones, ofrece una nueva opción que encaja con la comentada personalización del combinado. Más oferta, más posibilidades de crear un 'gin tonic' a nuestro gusto. "Mezcla muy bien, es más suave al paladar, más sutil... No es empalagosa; el sabor amargo no es tan fuerte y se va enseguida; las burbujas son finas, como las del champagne; y realza los botánicos que componen el destilado", defiende Rahmer.

Por último, si se quiere comprender este boom del 'gin tonic', también se debe tener en cuenta el público al que llega, la fuerza del boca a boca y de las modas que, por supuesto, causan y aprovechan las casas comerciales. No existe un usuario tipo de esta bebida pero, a grandes rasgos, sería un hombre o una mujer entre 30 y 55 años que, en lugar de emborracharse prefiere calidad y que, por qué no, quiere diferenciarse del resto creándose un combinado completamente adaptado a sus preferencias y estrato social.

La ginebra es mucho más que sabor a colonia, hay autores que incluso piensan que no se aprende a beber con estilo hasta que no se haya bebido un par de gintonics bien elaborados. A partir de ahí nos podemos considerar iniciados en un verdadero arte. Como un día y durante un concierto, Billy Joel, el hombre del piano, comentó: Hay un viejo sentado junto a mí, haciéndole el amor a su gin tonic”. (JAE)