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Fachada exterior

martes, 26 de febrero de 2019

LOBBY MAG


LOBBY MAG

Año XXXI, 28 de febrero al 6 de marzo, 2019
LA NOTA DE LA SEMANA: El famoso Jardín de Mariscos
MIS APUNTES:  Muu Steak House
TURISMO: Bahía Inglesa: el caribe chileno
 

LA NOTA DE LA SEMANA


 
EL FAMOSO JARDÍN DE MARISCOS
Quién más o quién menos se ensartó este verano con uno de los platos “caballitos de batalla” de los cientos de restaurantes que inundan los balnearios de nuestro Chile. El conocido y vilipendiado Jardín de Mariscos, que en cierta forma se ha transformado en uno de los platos estrellas del verano y que, en estricta verdad, poco o nada aporta a nuestra cocina.

¿Qué es un jardín de mariscos? Depende de donde uno se encuentre, el jardín es una variedad fría de mariscos frescos (pocos) y cocidos (y muchas veces descongelados), con poco sabor y menos aroma. En el norte lo emplatan con ostiones y en el sur con choritos. De seguro -y eso lo debemos tener todos muy presente-, las salsas que acompañan aportan algo de colorido y sabor a la presentación. Los camarones (ecuatorianos) son parte de la estrategia de venta. Hace unos años eran una rareza. Hoy son –por su valor-, ingrediente infaltable en la cocina nacional, aunque su sabor sea similar al cholguán.

Ni hablar de los ostiones, generalmente congelados, donde ni siquiera el sabor del coral se percibe. O las patas de jaibas, muchas de ellas aun con hielo en su interior, que sólo cambian su sabor cuando se bañan con ketchup o salsa golf.

Las machas, duras. Muchas veces agradecemos que en el plato vengan dos espárragos verdes, algo de cebolla con cilantro y un poco de lechuga. A la larga (y que quede constancia que nosotros también hemos caído en la tentación), el “jardín” prometido no nos lleva ninguna parte.

Estas son reflexiones cuando se termina la temporada de verano. Como somos humanos, es muy probable que el próximo año volvamos a pedir un jardín de mariscos en alguna caleta de nuestro extenso litoral. En fin… es nuestra realidad y aunque ya lo advertimos, seguiremos tras estos especímenes de nuestro mar y continuaremos tratando de encontrarle algo de entretenido a un chicloso anillo de calamar que ni siquiera las mejores muelas son capaces de convertirlo en alimento apto para el ser humano. (JAE)

 

MIS APUNTES


 
MUU STEAK HOUSE
Recién abierta y reemplazando al restaurante Armani, esta nueva parrilla gourmet está cosechando sus primeros aplausos.

La palabra OFICIO es lo primero que llega a mi mente tras almorzar en esta nueva parrilla que está instalada en el distrito del lujo del Parque Arauco. De partida, acá no se siente estar en un mall y menos se extraña el cierre del Armani, que tuvo dos locaciones en la capital, pero pocos entendieron la calidad intrínseca de su gastronomía. Por ello, los propietarios del grupo Mil Sabores, que agrupa restaurantes de la talla de La Mar, Panchita, La Sanguchería del Barrio, Tanta, Brunella y otros, decidieron entrar en el difícil mundo de la carne Premium, y no se equivocaron.

Oficio, ya que saben lo que quieren y a lo que aspiran. Diametralmente diferente a sus otros emprendimientos, acá en Muu la estrella es la carne a la parrilla, la que cocinan en los ya famosos hornos Josper, que prácticamente les vuela la cabeza a todos los que han invertido en alguno de sus modelos. Y para muestra, un botón: la estrella de la casa es el Flat Iron (punta paleta en su traducción chilena) que, grillada en su punto preciso, jugosa, blanda, sabrosa y acompañada de un mix de verdes, tiene un costo de $ 7.800 (menos que un simple sánguche), convirtiéndolo en uno de los caballitos de batalla para un almuerzo (o cena) en un ambiente casual y distendido.

Si bien es cierto que la parrilla es la estrella, los tártaros ($7.800) y carpaccios ($ 6.800) son ideales para comenzar a degustar las especialidades de la casa. Una serie de entradas –frías y calientes- donde también brillan los champiñones rellenos y la tortilla de papas ($ 5.800), todo esto mientras se regocija con el inigualable sabor y calidad de su pisco sour ($ 6.400), uno de los mejores de la comarca, o sus cócteles en base a Gin, el destilado veraniego de este lugar.

Los cortes Angus como la entraña ($ 12.800), lomo vetado ($ 16.800) o filete ($ 9.800) –es sólo parte de una oferta que no deja de impresionar. Aparte, una docena de guarniciones (entre $ 2.900 y 3.900) y tres maravillosas salsas (pimienta, queso azul y carne) servidas individualmente, se complementan de maravillas con las carnes grilladas. Si a todo eso le sumamos una acotada –pero buena- carta de vinos por copa o botella, cervezas y cócteles (con y sin alcohol); un servicio –inmigrante- de primera, más un ambiente grato, cómodo y agradable, hay razones de sobra para que esta nueva parrilla se convertirá en una de las favoritas de la capital, ya que en Muu –como bonus track-, todos los platos están pensados para ser compartidos, algo que bolsillo agradece y permite degustar otras preparaciones.

Ricos postres, como la torta de chocolate, famosa en casi todos los restaurantes del grupo Mil Sabores, quienes, como novedad presentan en sociedad unos deliciosos crepés de manzanas al ron ($2.800), un tremendo final para un banquete de punta a cabo.

Gran apertura. Hay que visitarlo sí o sí.

Muu Steak House / Distrito del Lujo Parque Arauco /Av. Kennedy 5413, Local 480.

 

TURISMO

 
BAHÍA INGLESA, EL CARIBE CHILENO
 
María Yolanda González F.

Objetivo: sol asegurado, playa de arena blanca, mar azul turquesa, ni gélido ni ¨tina¨ tipo Caribe, y apta para nadar; buena gastronomía y buena onda. A las 8 de la mañana, mi vuelo sale hacia el aeropuerto Desierto de Atacama, en Copiapó. Dos horas después estaré instalada en mi alojamiento de Bahía Inglesa, a dos cuadras de la playa.

Bahía Inglesa debe su nombre a los piratas ingleses que saqueaban La Serena y fondeaban en el lugar, asegurando su botín. Hoy el botín es este paraíso libre de malls y edificios en altura, con unos pocos negocios tipo pueblo que venden de todo, con la tranquilidad de poder pasear por su animada y bien implementada costanera El Morro de noche, sin peligro, con buena música y en short, porque la temperatura acompaña. Si alguien tiene necesidades urbanas, tipo supermercado, farmacia y demases, a 15 minutos está Caldera, con todo lo que se le ocurra: desde una antiquísima iglesia, un mercado tradicional, farmacias, cargadores de celulares en la plaza, mirador… y por supuesto un mall chino.

No es fácil encontrar alojamiento en Bahía Inglesa en verano, no obstante, hay una variada oferta de hoteles, hostales -con máxima calificación en las plataformas especializadas-, casas y cabañas. Es que la sucesión de playas -una más linda que la otra- son parte de la explicación, donde su gastronomía también tiene algo que decir.

Del mar a la mesa

A las 3 de la tarde atravieso de la playa Las piscinas al “Plateao” en la costanera, a almorzar. Una terraza cubierta en plena avenida El Morro y un buen espacio interior - todo con vista al mar- conforman el restaurante, bar, café. Buen servicio, diversidad de pescados y mariscos y variedad en la oferta de vinos, espumosos y cervezas. Un fresco pescado de roca, es mi debut. Rico, sabroso, a punto y una porción de buen tamaño, al precio de cualquier restaurante capitalino, pero la vista al mar lo hace más apreciable.

No me gustan los tours, pero me tienta Lagarto Chango porque tienen el buen gusto de recogerte a mediodía, después de un buen desayuno. Salimos con Nicolás, un universitario guía, y el destino final es playa La Virgen, calificada como una de las más lindas de Chile. Primera parada El Morro y los asentamientos de los Changos ahí, como si no hubieran pasado miles de años. Seguimos a Chorrillos donde luego de un trecking con mucha roca y preciosa playa, se aprecia como el choque de las placas del Pacifico ha levantado imponentes paredes de rocas labradas por el tiempo. Repuestos del trecking, Bahía Cisne es un bálsamo de playa y la única con arenas doradas -no amarillas-, doradas. A continuación, Salinas -y no lo puedo creer-, un humedal resurgido después de mucho tiempo producto de las avalanchas que bajaron por el rio Copiapó en el 2015 y 2017. Con razón dicen que los ríos siempre recuperan su curso. Agua dulce y salada, patos, cisnes y aves migratorias. De fondo la playa y casas rodantes. Seguimos a Puerto Viejo, que lo retrata su nombre, es como una pintura antigua y llegar en auto, nada de fácil ya que el camino se lo llevo la avalancha. Ahí están las playas Blanca, Turquesa y las Ágatas, y el mito del meteorito, un socavón hecho por el mar y la lluvia en la superficie y que ha servido para contar que cayó un meteorito y vinieron a verlo de la Nasa.

Finalmente, Playa La Virgen (que justifica su fama), y donde uno se topa con la realidad. “Cuide el agua, está en el desierto de Atacama” rezan carteles en diversos lugares. Un restaurante, un quisco y bonitas casas enfrentan esta especie de milagro en medio del desierto, de verdad, ¡cada día estoy más agradecida de los héroes de la Guerra del Pacífico!

Mi anfitrión en el hostal Ckair (el de más alta puntuación en TripAdvisor) me recomendó el “Punto de Referencia”, un restaurante a metros de la costanera, y donde no resistí probar los “Locos para compartir” y me los comí sola, acompañados de un espumante. Exquisitos, como todos los platos probados en esa terraza que además cuenta con buen servicio, precio de mercado, y buenas porciones. La mejor sugerencia.

De Bahía Inglesa se podría decir mucho, pero vale destacar que además de sus atractivos playeros, gastronómicos, e históricos, este balneario tiene verano casi todo el año y es por eso que escribir esta nota a días que se termine la temporada, es ideal para los que salen de vacaciones en temporada baja. Este lugar es como estar en el caribe, pero bastante más cerca. (MYG)