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Fachada exterior

martes, 3 de mayo de 2016

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 5 al 11 de mayo, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: Coletazos de la inundación
MIS APUNTES: Estancia Mirador
EL REGRESO DE DON EXE: La tarotista
REGIONES: Copa Natales: Sabores del fin del mundo
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA


 
COLETAZOS DE LA INUNDACIÓN

Nadie está ajeno a la inundación que se produjo en abril y que sobrepasó la Av. Andrés Bello –más conocida como “la” Costanera- y sus calles aledañas. Todo tipo de comercio se vio afectado y si bien algunos locales y edificios recibieron ayuda municipal para extraer el agua y el barro, la mayoría debió rascarse con sus propias uñas para sacar adelante lo más rápido posible sus negocios.
No es de extrañarse ya que siempre ha sido igual. Aun así hemos visto que la mayoría del comercio de la zona, una de las más visitadas del barrio alto, ha debido sacar fuerzas de flaquezas para lograr que las peluquerías, librerías, tiendas de ropa y restaurantes dejen atrás esta inundación y comiencen a trabajar con normalidad. Pese a enormes dificultades, que incluyó visita de inspectores para ver que los empleados de los negocios no estuvieran realizando funciones que no les correspondían, como secar pisos y apalear barro, fue un ejemplo que tres grandes restaurantes que son Baco, Rivoli y Le Bistró, hayan abierto sus locales apenas 36 horas después de producidos los incidentes.

A semanas de la catástrofe y a pesar que ya todo está prácticamente normalizado (aun la Municipalidad tiene cortado el tránsito en algunas cuadras, algo inexplicable), el retorno del público consumidor ha sido más lento de lo que se esperaba. Da la sensación que la población piensa que aún existe peligro en la zona o que estén sacando libros, peinetas o pescados debajo del barro para atender a sus clientes.
Las perdidas ya están asumidas y posiblemente las demandas ya están siguiendo su curso. Para los que no han revisitado este sector, le podemos decir que no hay humedad, que no se van a mojar las patitas y que todo está dispuesto para que estas cuadras vuelvan a ser tan atractivas como siempre.

Sin subir ni bajar sus precios, ni tampoco haciendo ofertones, los comerciantes de estos sectores anegados solo están a la espera que regresen sus clientes. Todo ha vuelto a la normalidad y quieren olvidar este episodio que alteró el normal desarrollo de este importante barrio de la capital. (JAE) 

MIS APUNTES


 
ESTANCIA MIRADOR
Sigue creciendo el Triángulo de Oro en Providencia
La milanesa nació – como su nombre lo indica- en Milán, a inicios del siglo XIX. Pero debido a la gran inmigración italiana a la cuenca del Rio de la Plata, se afianzó en Buenos Aires. Ahí lograron conocerse diferentes versiones del producto e incluso nuevas recetas, como la milanesa napolitana, que nació debido a un error de un cocinero bonaerense.
Comer buenas milanesas en Santiago no es fácil. La materia prima y la fritura perfecta es fundamental para lograr un producto de selección. Años atrás, la más consumida era la rellena con queso y jamón, bastante rica pero demasiado calórica, cosa que quedó casi en el recuerdo después que se puso de moda eso de contar calorías. Ofrecerlas también es delicado, ya que debe cumplir algunos estándares de tamaño, grosor y calidad de la carne para hacerla atractiva y enjundiosa. Como anécdota, el gerente argentino de uno de los hoteles más famosos de la capital me contaba que Chile era maravilloso, pero lo único que le faltaba encontrar era un lugar donde poder comer buenas milanesas, algo importante para la gran colonia argentina en Chile y también para los que alguna vez han comido una milanesa bien elaborada.
Esta apología a la milanesa es para presentarles un restaurante que tiene muchos años de existencia y que se actualizó hace un tiempo. La Estancia Mirador, ubicada en los bajos del restaurante Giratorio, cambió de diseño, mobiliario y aspecto, generando un nuevo sitio en el Triángulo de Oro de Providencia, donde se centra gran parte de la actividad comercial y gastronómica de la comuna. Ubicado en el piso 16, la vista panorámica es una de sus vitrinas y su menú, recién adaptado, está llamando la atención de quienes deben almorzar en la zona. Para ello, dispusieron un menú (que obviamente no es una colación) que incluye entrada (generalmente cebiche), fondo a elección entre tres alternativas (lomo 250 grs. a la plancha o Merluza Austral) con papas fritas y salad bar sin cargo (Todos los platos de la carta incluyen salad bar en su precio), postre y copa de vino, cerveza o jugo, por $ 12.000, una verdadera hazaña por la calidad del producto.

Aquí me deleité con una tremenda milanesa Estancia (con mozzarella, rúcula y tomates cherry), que es sinceramente una de las mejores que he comido en la capital. Acompañada de papas fritas servidas en un pequeño (pero voluminoso) balde de aluminio, se convirtió en uno de los platos que por precio y calidad merecerá un lugar destacado en el resumen del año. Aparte, el lugar es agradable, con buen servicio (que podría mejorar), sin olvidar que el pebre de cochayuyo que ofrecen al inicio, es uno de los mejores que se pueden comer en estas comarcas.

Dato fijo para quienes se pueden dar un tiempo extra a la hora de almuerzo. Tienen una buena selección de vinos (en copa y por botella) a precios bastante razonables, además de cervezas y jugos. Por el momento solo atienden a la hora de almuerzo, o sea de 12,00 a 16,30 horas. Aun así, es un nuevo imperdible en esta pujante comuna-ciudad. (Juantonio Eymin)

Mirador Urbano, Providencia 2250, piso 16 / 2 2232 1827 

EL REGRESO DE DON EXE


 
LA TAROTISTA
Es exigente el trabajo de no hacer nada… ni conocer a nadie. Aunque no lo crean, Santiago Centro es un gueto que cuesta conocer y afincarse. Cuando vivía en la Plaza Ñuñoa, todo me era cercano y familiar. La gente se saludaba en la calle e incluso se podía ver de vez en cuando a un boy scout ayudando a cruzar la calle a una viejita.

Como tengo tiempo –de sobra- ya que Lulú, mi única conocida en el barrio es de las que se mata trabajando y cuando nos encontramos, poco tiempo tiene para soportarme, decidí recorrer lo que se puede llamar “el entorno” con el fin de registrarlo en mi alicaída memoria y tratar de no perderme en esta jungla de cemento. Como Lulú me advirtió que no intentara salir en la noche, más allá de las diez -dijo-, estoy ocupando mis horas laborales para ir haciéndome una ruta que tiene como kilómetro cero la Plaza de Armas de Santiago.

El corazón del gueto es más grande de lo que se piensa y más activo de lo que se supone. Allí confluyen razas, costumbres, comidas y tradiciones. Dependiendo la calle y su orientación, cada cuadra es un pequeño país. El sector que da a la calle Ahumada es casi chileno, con oficinistas, pacos y pintores artesanales. Frente a la Catedral es la zona de los espectáculos en vivo para todos aquellos que pasen por ese lugar. Y también es la primera frontera que se encuentra en la zona ya que la tranquila calle Puente es hoy en día territorio peruano, al igual que muchas calles aledañas a esta calle que llega a la Estación Mapocho y el Mercado Central. (Al menos en el sector peruano la multitud sonríe y no andan con cara de culo como en Ahumada y alrededores)
Una pequeña introducción para contarles que un mediodía de la semana pasada al pasar frente a una iglesia -que luego supe que era la de Santo Domingo-, en las afueras el comercio es intenso. Rosarios, incienso, ropa interior femenina, calcetines, pañuelos para el cuello y una tarotista… ¿Quién saca el tarot en las afueras de la iglesia, que se supone es un lugar de culto?
-         ¿Quieres verte el tarot, abuelo?
-         ¡Abuelo y la que te parió! Lo siento –respondí-,  pero voy apurado.
-         Anda, dale… Son tres cartas por dos mil pesos.

Me cayó bien la chiquilla (tenía buenos parachoques), así que me senté a su lado y le pasé dos lucas.
Ella me pasa un mazo de naipes raros bastante raídos y me hace escoger tres cartas.
-         Vamos abuelo. Elige a tu gusto.

Estuve a punto de mandarla a la mierda, pero como el resto de los ambulantes miraban la situación, preferí decirle que me llamara Exe, que era mi nombre.
-         Bien Exe –responde- Yo soy Katty, vengo de Pozo Almonte y me gano la vida sacando el tarot
-         Yo pensé que eras peruana.
-         No perrin. Soy chilenita, de dientes limpiecitos y potito duro.

Nunca me preocupé de las cartas ni lo que me decía. Ocupaba palabras como arcano, el loco, pasiones y obsesiones, indecisión, irracionalidad, apatía, complicaciones. Decisiones equivocadas, caídas, abandonos, inmovilización, desborde emocional, etcétera, etcétera… Yo miraba a Katty, que tenía bonitos ojos y vestía limpiamente, onda Dijon, pero limpia. La interrumpí ya que era pasado mediodía y en diagonal a la Iglesia había una fuente de soda que a simple ojo parecía que podría vender buenos sangúches. Como no soy corto de genio, le pregunté si quería acompañarme al boliche del frente a comer algo. Me miró con cara de ¿eso y nada más?, aun así me hice el de las chacras y ella guardó sus naipes en su cartera de gamuza artesana, se levanta de las gradas, se limpia el trasero y dice: ¡Estoy lista!
Con chacareros y cerveza aplacamos la sed y el hambre. Me contó que todo era cierto menos lo del tarot. Que vivía con sus padres en una casita en pleno Ñuñoa (¡así de desgraciada es la vida!) y que era profesora de inglés pero que ganaba el doble “viendo” el tarot.

Definitivamente el centro de la capital cada día se pone más bizarro.
Tenía una Vespa y se movilizaba en ella por todo Santiago. Le iba bien en el centro ya que estaba acostumbrada a leerles los naipes a los inmigrantes que siempre, “siempre” –recalcó, hacen la misma pregunta y ella era una experta en responderles. Quiso en algún momento regresarme las dos lucas de mi consulta, pero le dije que las guardara para la bencina de su motoneta. Como a las 5 de la tarde se puso inquieta y me contó que tenía que regresar a “su trabajo” ya que comenzaba el peak del día. –Ven a verme luego, dijo, ya que de lo poco y nada que sé del tarot, una de las cartas que elegiste es demasiado freak.
-         ¿Cuál sería?, pregunte inocentemente
-         El Mago, respondió. ¡Y apróntate, macho!

Me dejó solo en un Santiago diferente. Dos semanas en el centro y había conocido dos mujeres: Lulú y Katty. Cada una en su estilo y convicciones. Después que se marchó me percaté que no habíamos intercambiado teléfonos (o sea wasap), por lo tanto tendré que regresar a la Iglesia para poder verla nuevamente.
¿Será un signo divino?

Exequiel Quintanilla

REGIONES


 
COPA NATALES
Sabores del Fin del Mundo

*Karla Berndt desde Puerto Natales

Nuestro larguísimo país ofrece hitos turísticos desde la frontera con Perú en el norte hasta Magallanes. Desarrollar el turismo también incluye mejorar la oferta gastronómica, y es por eso que encuentro de tanta importancia actividades como la Copa Gastronómica de Puerto Natales, evento recientemente organizado por octava vez, gracias al esfuerzo de instituciones públicas y privadas de la Provincia de Ultima Esperanza, como también de Sernatur.
El evento se desarrolló durante una maratónica jornada donde el jurado – Pilar Larraín y Rodrigo Martínez del Círculo de Cronistas Gastronómico y del Vino, y Marcos Rivas, chef del Estró, el restaurante ícono del hotel The Ritz-Carlton - evaluaron cada uno de los 13 platos salados y 5 dulces que participaron en la competencia.

Los ganadores de la VIII Copa Gastronómica en platos de fondo fueron el Restaurante Aldea con el plato “Trío en salsa de centolla con milcao”, creado por el cocinero Patricio Lehuedé. El segundo lugar lo obtuvo el Restaurante El Caminante con “La viandita del obrero magallánico” del Alex Guerrero, y el tercer puesto fue para el local G-Sushi que presentó el plato “Tritaki”, creado por Camilo Silva. En esta categoría obtuvo mención honrosa el Restaurante Cacique Mulato con su Caiquén Patagónico, de Héctor Ruiz.
En repostería, el primer lugar fue para el Restaurante Entre Vientos, con el plato “Mateando” de Karen Quiroz, el segundo puesto fue para el Restaurante El Cormorán de las Rocas con el plato “Natales” de Rodrigo San Martín y Paula Ortiz, y la tercera ubicación fue para el local El Caminante con el plato la “Dulzura de Ultima Esperanza”, una creación de Erwin Pardo.

Como parte de la delegación del Círculo de Cronistas Gastronómicos y del Vino de Chile quisiera destacar la participación de jóvenes cocineros que presentaron innovadores platos utilizando ingredientes típicos de esta hermosa Región, como la centolla, el cordero, la merluza austral, el calafate y el ruibarbo.
De la misma opinión fue el presidente de la Cámara de Turismo de Ultima Esperanza, Arturo Báez, quien planteó que “estamos sumamente satisfechos del resultado de esta actividad, la cual era todo un desafío para nosotros por el hecho que el año pasado el Círculo de Cronistas Gastronómicos y del Vino de Chile premió a la capital provincial de Última Esperanza como el Destino Gastronómico Destacado 2015”.

"Para nosotros es un orgullo apoyar este tipo de iniciativas, porque releva el trabajo de la localidad, visualizando y potencializando el sector gastronómico. Desde el 2015 estamos apoyando todas las iniciativas que apuntan hacia la promoción de los diversos atractivos turísticos potenciando finalmente el Turismo de Intereses Especiales", mencionó Lorena Araya, Directora Regional de Turismo.

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(ABRIL) LA DIANA (Arturo Prat 435, Santiago / 2 2632 8823): “De entrada, aquí hay algo innegable y que es digno de elogio: este sitio es realmente alucinante en su presentación. Hay pocos sitios en Santiago que se le puedan comparar.” “Luego viene la cocina y, hay que decirlo, estuvo a la altura de la primera impresión. Todo lo probado fue de gran calidad. Y si bien hubo algunas deficiencias en el servicio -tardanzas y faltas de tino-, el total de la experiencia fue más positiva que criticable.” “De fondo, unas carrilleras ($6.200), el corte de moda, muy bien guisadas y sobre una cama gigante de más papas fritas. Una sugerencia, pero sólo eso: ¿unas papas pont neuf, tal vez? Es sólo eso, una idea para mejorar lo que ya es bueno. Y, junto con este plato principal, llegó una merluza a la plancha ($7.800), en su punto, acompañada de algo que merece un elogio especial: ñoquis de betarraga. Y hay que ponerse de pie para probar esta maravilla de textura suave y sabor dulce. Aplauso cerrado, de verdad.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(ABRIL) PROBOCA (Las Condes 14845, Lo Barnechea / 2 2813 2220): “No encontramos muchas novedades en Proboca, ni en variedad ni en calidad. Por primera vez hemos tenido que intervenir una parihuela de mariscos ($9.100) con cantidades ingentes de sal para que supiera a algo. Trozos no muy selectos de pescado, gran cantidad de aros de calamar. Hay que decir, en cambio, que el arroz chaufa con mariscos ($9.800) fue realmente bueno, aliñado con el vigor y la picardía que podría uno encontrar en Lima: sin duda contribuyó a ello el sabio uso de la salsa soya y del jengibre (saborizador universal, que mejora todo lo que toca, dulce o salado).” “El local es notablemente desangelado y poco acogedor. El servicio, mientras hubo poca gente, obsequioso y algo confuso; cuando llegó la avalancha de empleados y oficinistas de los alrededores a almorzar, huidizo y lento. Hay un menú de almuerzo por $7.900 (fondo, postre, bebida). Algunos estacionamientos dentro del recinto. Resumen: precios de pantalón largo, calidad de pantalón corto.”

MUJER
PILAR HURTADO
(MAYO) AMICCI (Avenida Apoquindo 7741, Las Condes / 2 2934 3722): “La carta es amplia y nos costó elegir, pero como promocionaba mucho su grana padano DOP madurado 12 meses, pedimos un antipasto Amicci, que además del queso incluye chalotas dulces, prosciutto San Daniele, pepperonatta, tostadas al ajo, zuchinni y champiñones grillados. Pero lamentamos mucho el poco cuidado con que trataron el queso, si era tan especial, ¡¡venía rociado con aceto balsámico encima!! Las chalotas, ricas; los champiñones, ni una gracia, el resto estaba Ok; esto lo compartimos. Como fondos nos inclinamos por las pastas. Yo pedí unos deliciosos panzotti, muy otoñales, rellenos con ricota, higos y nueces, y salsa en base a crema y queso gorgonzola. Mi amigo pidió unos ñoquis funghi tartufo, de papa con salsa de funghi porcini perfumada al aceite de trufa blanca. Los ñoquis estaban bien hechos, aunque bastante grandes, y la salsa de hongos tenía leve sabor a trufa.” “Volvería solo por los panzotti de higo…”