de 12 a 24 hrs.de lunes a sábado

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Fachada exterior

martes, 16 de julio de 2019

LOBBY MAG

LOBBY MAG
Año XXXI, 18 al 24 de julio, 2019
LA LISTA DE LA SEMANA: Pasión por el vino
EL REGRESO DE DON EXE: Recordando a Mathy

LA NOTA DE LA SEMANA

PASIÓN POR EL VINO

Ya no es mayor gracia tener 200, 400 o mil etiquetas de vino en la carta de un restaurante. La tendencia es abrirle las puertas a pequeñas producciones y enólogos atrevidos, con la finalidad que los consumidores puedan apreciar las últimas novedades vitivinícolas con producciones de diferentes calidades y orígenes.  En esta edición, nuestras diez cartas favoritas.

 


BACO
Frédéric Le Baux, su propietario, cata y escoge –a su criterio- cada una de las etiquetas que comercializa en su famoso restaurante. Con énfasis a viñedos medianos y otros poco conocidos, esta vitrina es una de las más apetecidas por los viñateros, ya que entrar a Baco es como jugar en las grandes ligas. (Nueva de Lyon 113 / 22231 4444)

 

99 RESTAURANTE
Es quizás la carta más radical de los restaurantes de Santiago. Llama la atención que gran parte de los vinos que tiene el 99 son naturales, biodinámicos o artesanales, que maridan a la perfección con su moderna cocina de autor. Blancos y tintos de cerca de 40 pequeños productores que no hay que perderse. (Andrés de Fuenzalida 99 / 22335 3327)

 

EL BODEGÓN DE LA VINOTECA
Un experimento que llegó para quedarse. La terraza de la tienda de vinos La Vinoteca se transformó en un bar-restaurante, donde el cliente puede degustar una sabrosa carta con alternativas para ir a picar con amigos, como las “sartenes”, ideales para compartir y escoger el vino que desee de la tienda… a precio de la botillería. Realmente un “best value”. (Nueva Costanera 3955 / 22953 6291)

 
BOCANARIZ
La carta del Bocanariz fue seleccionada en la lista de las mejores del mundo por la evista Wine Spectator. En sus bodegas descansan botellas chilenas de todos los valles y hay espacio para los vinos de autor, productores independientes, los grandes de la industria, novedades y cepas raras. Es un espejo del Chile actual y destino obligado de los turistas que llegan a la capital. (Lastarria 276 / 22638 9893)

 

LA BRASSERIE DE FRANCK & HÉCTOR
Debe ser el restaurante más comentado del año. La sociedad entre el chef francés Franck Dieudoneé y el Master Sommelier Héctor Vergara, ha causado sensación gracias a una propuesta fina, elegante y a precios bastante razonables. Los vinos, seleccionados personalmente por Vergara, son uno de los grandes “must” de este lugar. (Alonso de Córdova 4355, local 303 / 23323 4300)

 

 
 
LA CAVA DEL SOMMELIER
La Cava del Sommelier es el nuevo bar de vinos instalado en el barrio Suecia. ¿La clave? Buen vino, buen precio y cocina rica. Se trata de un amplio local, que tiene el sello de Ricardo Grellet, el presidente de la Asociación Nacional de Sommeliers de Chile, y donde encuentras más de 300 etiquetas de vinos, además de una selección de 6 copas “joyitas”, elegidas con pinzas y que se pueden catar desde los $ 1.000 (la copa de 60 cc). Ojo que aquí quien cocina es Isidora Sánchez, chef que ha pasado por restaurantes como Gustu, el premiado local boliviano que en quechua significa “sabor”, o Quique Dacosta el restaurante español con tres estrellas Michelin. Su propuesta aquí es cocina simple, rica, para compartir y que acompañe bien el vino. (General Holley 109 / 94214 4829)

RUBAIYAT
Una gastronomía de alto nivel exige la compañía de vinos en igual sintonía. Por eso en este lugar pusieron a disposición una de las más amplias y variopintas cartas de vinos, donde bodegas nacionales y extranjeras compiten de igual a igual con la finalidad de maridar a la perfección la calidad de sus carnes y vinos. (Nueva Costanera 4031 / 22617 9800)

 

 
 
 
 
POLVO
Dos profesionales son claves en este nuevo emprendimiento: el chef argentino Federico Ziegler, que antes de abrir este lugar trabajó en los hoteles Awasi en Atacama y Patagonia; y el director de vinos del restaurante, el sommelier Felipe Aldunate, quien, amante de los vinos naturales, orgánicos y biodinámicos, seleccionó 150 etiquetas, de las cuales mes a mes separa 30 –algunas de ellas por copa–, para facilitar la elección de sus clientes. Ir a Polvo por una copa de vino (o un cóctel) acompañada de un queso de cabra –madurado- con mermelada elaborada en casa, o visitarlo a la hora del ocaso para conocer su propuesta completa, es fundamental para los que disfrutan con la buena gastronomía, ya que sorprende y se aplaude. (Constitución 187, Bellavista / 98440 2462)

CUEROVACA
Su propietario, Juan Gabler, no solo es fanático de la carne y el vino, ya que incluso ha incursionado en la elaboración de su propia etiqueta, convirtiéndolo en un entendido en la materia. En Cuerovaca se unen perfectamente los cortes premium con vinos de alta gama, donde ningún detalle queda al azar. Elegante y sólido, es uno de los grandes clásicos de la capital. (Paseo El Mañío 1659 / 22206 3911)

 

 
 
 
 
 
BARRICA 94
El Patio Bellavista se engalanó con la apertura de este restaurante que dispone de una gran carta de vinos donde sus ambientes están directamente relacionados con el vino. Suman a ello 34 variedades por copas entre cerca de 360 etiquetas para pedir por botella. Sede de variados eventos vitivinícolas, destaca una cocina chilena de autor de buena factura, logrando un entretenido –y educativo- ambiente.  (Patio Bellavista, local 94 / 22732 4940)

 

 

EL REGRESO DE DON EXE



 
RECORDANDO A MATHY

- ¡No más! Por favor Exe.
- ¡Pero recién llevamos dos, guachi!
- No me agotes, plis. ¡Me vas a matar!
- Vamos Mathy ¡tú puedes! ¿Vamos por el último?
- No puedo más, Exe. Si quieres te doy una manito, pero no soy capaz de otro.

Si piensan que esta conversación es parte de un cuento erótico, están errados. Lo que pasa es que me acordé de Mathy, mi ex pareja de aventuras, donde viví un episodio muy entretenido… y quiero compartirlo con ustedes.

… Érase una vez, hace tiempo ya, que nos fuimos a Isidora Goyenechea y nos entusiasmamos en el Dominó, ese local cuico que vende completos. Allí nos zampamos cinco diferentes y otras tantas cervezas entre los dos. Teníamos hambre y quedamos K.O. tras la experiencia. Me acompañó ya que el domingo no la vería. Alguien por ahí inventó el Día de la Suegra y uno de sus yernos la había invitado a almorzar.

- ¿Dónde te llevarán?
- Ni idea. Pero con lo desprendido que es mi yerno capaz que me lleve a comer wantanes y un chapsui de pollo. Pero no me quejo. ¡Es buen padre el marido de mi hija!

Golpeé tres veces la mesa de madera con los nudillos de la mano ya que no tenía suegra. Una suerte de los diablos, pensé, aunque creo que el diablo no debe estar tan feliz con la mía allá en los siete infiernos. Un día pasó por mi cabeza que me encontraría con mi suegra cuando me fuese de este mundo y la idea no me gustó para nada. La vida eterna no es fácil ¿no?

- Exe, tú que conoces todo. ¿Me podrías dar algunas alternativas para el almuerzo de mañana? Siempre y cuando mi yerno me pregunte dónde me gustaría almorzar.

Cuando se trata de yernos soy peor que Hannibal, el doctor Lecter. Mi idea era que él sufriera cuando mi Mathy pidiera platos y fuese sumando el valor de ellos. Le sugerí el Europeo, el Bristol, el Boragó, La Mar y otros. Mathy no entendió la broma y se anduvo enojando. –Ellos no son millonarios ni van gratis a los restaurantes como tú- recriminó. Dame alternativas decentes por favor.

- ¡Vayan a Las Lanzas!, ahí por cuatro lucas te comerás un chupe de guatitas de miedo.
- No seas ordinario Exe. Esa no es la idea.
- ¿Una cajita feliz en el McDonald’s?

Parece que no le gustó mi aporte ya que se amurró. Volvimos en silencio a su departamento y se encerró en su cuarto. Yo prendí la tele del living y dormí una tremenda siesta. No hay nada que me haga dormir mejor que los programas de los sábados.

Cuando salió de su habitación estaba más amena. Se le había quitado el enojo y pareciera que comprendió que lo mío eran solamente celos. –¿ Qué pasaría si mañana no voy a ninguna parte y me quedo contigo?, - preguntó.

- De ninguna manera –contesté-, es TU familia y te debes a ella, aunque no te guste. Además, nosotros tenemos toda una vida por delante, siempre y cuando no se les ocurra a los publicistas hacer días de la tía, del sobrino, de los nietos, del abuelo, de la nana y de la gran puta.

- Suerte la tuya que no tienes suegra
- La tuve, cariño. La tuve.


Mi domingo fue tranquilo. Como en ese tiempo vivía en la República de Ñuñoa, partí a Las Lanzas y le enseñé al barman a hacer Bloody Mary, un trago que me encanta pero que pocas veces lo bebo ya que no saben hacerlo. Como allá tienen de todo y me permiten hacer lo que quiera, fue cosa de ir uniendo materias primas en su justa proporción: jugo de tomate en lata, salsa inglesa, tabasco, sal, pimienta, una ramita de apio y vodka. A decir verdad, me quedó de lo más bueno (y barato ya que no me lo cobraron). Pedí para almorzar unos tallarines con aceite de oliva, mantequilla y salvia, que no tenían en la carta pero que me encantan. Demás decirles que cinco contertulios pidieron mi pócima y otros tantos mi pasta. Y estaban felices. Con razón Manuel Vidal, el amo del lugar (y que el Pulento lo tenga en su reino) solo me permitía dejar propina. Como van las cosas, capaz que en el verano arriende mi cupo en ese boliche.

Dormía siesta en mi departamento cuando llegó Mathy. Furiosa y con los ojos rojos como si hubiese fumado esos cigarrillos que se lían.

- Ha sido el día más desagradable de mi vida, comentó. Fuimos a un restaurante italiano y mis nietos comenzaron a tirarse los ñoquis y el pan por la cabeza. Hicieron tanto desorden los malcriados que los mozos nos pidieron que abandonáramos el local.

 - ¿Y la mamá y el papá de los críos donde estaban?
- Eso fue lo peor. Se reían con las gracias de los pendex. Lo siento Exe, vengo emputecida y empelotada. No fue buena idea aceptar este almuerzo.

No soy pitoniso ni nada que se le parezca. Me hice el desentendido y no la recriminé.

- ¿Quieres un té o un café?
- Lo que necesito es un Martini a la vena, contestó lloriqueando.

No tenía vodka así que se lo hice con gin. Se tomó dos. Quedó viendo estrellitas tornasoles. Se sacó la ropa y se acostó calata en mi cama. Despertó a la mañana siguiente con un hachazo de proporciones. ¿Qué me diste?, fue lo único que dijo esa mañana. Le preparé desayuno con jugo de naranjas (de caja, obvio), té, un par de tostadas con mantequilla, dos paracetamoles y una sal de fruta.

A mediodía del lunes aun estaba tratando de equilibrar su pulso. Definitivamente Mathy no nació para suegra. Es posible que hasta el rol de abuela le quede grande. Pero se ve tan linda durmiendo con una camisa listada que le presté ya que no traía nada cuando llegó, que es imposible no quererla.

La podría invitar a comer ñoquis. ¿Qué opinan?

Exequiel Quintanilla