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Fachada exterior

martes, 22 de septiembre de 2015

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVII, 24 al 30 de septiembre, 2015
LA NOTA DE LA SEMANA: Food Trucks ¿Nicho de mercado?
MIS APUNTES: Zabo regresa a Lastarria
NOVEDADES: Los licores más caros del mundo
TURISMO GASTRONÓMICO: Michelin en Madrid
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

LA NOTA DE LA SEMANA


FOOD TRUCKS
¿Nicho de mercado?

Ante el inmenso potencial comercial, muchos empresarios gastronómicos han querido instalar el negocio de los food trucks en Chile, pero han sido frenados por un vacío normativo.

 Corría el año 1872 cuando a Walter Scott se le ocurrió que podía vender pasteles y sándwiches por las calles de Providence (Rhode Island) en un carro de caballos. “Era una buena idea, ya que en el siglo XIX los restaurantes de Estados Unidos cerraban a las 20:00 y, además, Walter podía ir donde estuvieran sus clientes”, opina Richard J. S. Gutman, uno de los mayores expertos en food trucks del mundo.

Poco a poco el carro fue desplazado por un camión, la idea se extendió a otras ciudades y la oferta gastronómica se sofisticó hasta que, en 2008, Kogi’s Roy Choi conquista Los Ángeles con sus tacos de barbacoa asiática, hito que marca el nacimiento de los food trucks actuales.

En Estados Unidos los Food Trucks, vehículos adaptados como restoranes móviles que van en búsqueda de los consumidores, ya son parte de la cultura y cada estado tiene sus propias leyes que regulan su funcionamiento.

Si bien los carritos comunes ofrecían algodón de azúcar o palomitas, los Food Trucks entregan variedades de comida que van desde platos rápidos hasta los más gourmet, poseen cocinas industriales de alta tecnología y no tienen una ubicación específica, sino que se trasladan por distintos lugares.

En países como Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica y Canadá, las leyes fueron modificadas para este modelo de negocio, no obstante, en Chile y otros países latinoamericanos como México, Colombia y Argentina, esto aún no sucede, a pesar que según un estudio realizado en 2012 por la empresa publicitaria McCann, la comida de la calle genera US$127.000 millones al año en la región.

En Chile, la única normativa sobre elaboración y expendio de alimentos en carros en la vía pública, es el Decreto N° 977 de 1996, denominado Reglamento Sanitario de Alimentos. El decreto sólo autoriza la venta de alimentos y bebidas envasadas, excepto en casos en que pueden ser procesados, elaborados y vendidos  en carros, como la fruta confitada, palomitas de maíz, algodón de azúcar, masas fritas sin relleno (sopaipillas), vegetales procesados, empanadas de queso, té y café, sándwich fríos y calientes en base de cecinas cocidas y mote con huesillo; por lo que no existe autorización para platos más elaborados y tampoco para desplazarse como lo requieren los Food Trucks.

Una muestra de lo que está ocurriendo por causa de este vacío legal, es la Feria Perú Gourmet de 2013, en la que los dueños del restaurante Cevichela buscaban extender su negocio con un Food Truck de US$ 15.000 para recorrer las playas de Chile ofreciendo sus productos, tuvieron dificultades para solicitar los permisos municipales.

Uno de los socios de este restaurante, Jorge Rodríguez, señaló “Cada municipalidad tiene su propia forma de ver esto y no hay reglas claras que les den a los emprendedores la seguridad de que puedan realizar este negocio. Ojalá se norme luego porque las municipalidades no tienen herramientas jurídicas para darle la autorización de operar”.

De la misma forma, Eat Truck, tras invertir US$30.000 en su Food Truck traído desde Miami, tuvo que cambiar su modelo de negocio al marketing móvil, donde le hace publicidad a una marca mientras promocionan comida envasada con una certificación antigua.

Por su parte, Agustín Ruiz-Tagle uno de sus dueños, comentó “La normativa es muy antigua, que no considera los avances tecnológicos actuales. El carro que importamos tiene una moderna cocina de 15m2. full equipada, pero aun así no puede funcionar como fue pensado inicialmente”.

Mientras, Juan Pablo Swett, presidente del directorio de la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech), dice que “con la legislación actual estamos muy lejos de poder tener estos carros tan famosos en Nueva York. Acá hay un nicho de mercado muy grande para el país que no se está pudiendo llevar a cabo por las muchas dificultades para salir adelante”. También agrega, que están estudiando tomar estos casos en la Asociación de Municipalidades y las Seremis correspondientes, para adaptar la norma y de esta manera, facilitar la obtención de los permisos.

No es fácil el tema. Para los que ya tienen uno de estos camiones o furgones, los resultados no han sido positivos. El camión es, a ciencia cierta, un activo inmovilizado que necesita moverse y vender, algo que sólo están consiguiendo en un par de comunas y sólo los fines de semana. Mientras no cambien nuestras leyes, las cosas seguirán igual. Y ya sabemos cuánto se demora la democracia nacional. (JAE)

MIS APUNTES


ZABO REGRESA AL BARRIO LASTARRIA

Hay un algo europeo en la casona que alberga -entre otros- al restaurante Zabo. Luego de ubicarse por varios años en la Plaza Mulato Gil, en pleno barrio Lastarria y también en Bellavista, su propietario Patryk Zablocki logró un cómodo lugar en la calle Merced, frente al Bombón Oriental y el teatro Ictus, Allí, y con patente de alcoholes recién estrenada, el Zabo pretende convertirse nuevamente en referente en esta zona, uno de los mejores barrios gastronómicos y turísticos de nuestra capital.

Hace un par de años, a las tiendas de diseño independiente ubicadas en un precioso patio interior de Merced 346 llegaba gente, pero no en masa. Lo visitaban clientas quienes compraban regalos en el bazar Ahora o Nunca o mamás que querían ver ropa para sus hijos en Miniatura.

Pero luego abrió el Café Colmado, que atrajo nuevos visitantes. A esta oferta ahora se sumó Zabo y el lugar poco a poco comenzó a revolucionar el sector. Para los que no conocen la apuesta, el concepto de sushi y cócteles nace no sólo por la idea de tener un restaurante con platos y tragos auténticos, sino que crear un complemento entre ambas cosas. Su imponente barra revela que el licor favorito de la casa es el vodka: hay de todas partes, tamaños, colores y sabores. Zablocki cuenta que la frescura de los tragos preparados con éste destilado se complementa con la sazón de la comida japonesa.

Allí llegué con el fin de conocer este nuevo emprendimiento ambientado como lounge, con sillones, mesas bajas y otras más altas con sus respectivas sillas. Para empezar, el caballito de la casa en lo que respecta a cócteles, un refrescante Pepinoska, con pepinos, limón, vodka de pera y goma elaborada en casa. Luego, un destacado Sakana Tataki ($7.900), una mezcla fría de atún, salmón, pulpo (blandísimo) y camarones, todo macerado en aceite de sésamo y limón, con cebollín y jengibre. Un plato cuyo sabor queda en mi recuerdo.

Pero sólo sería el comienzo, ya que de la nada (o sea, de la cocina) aparecieron unas maravillosas gyosas ($3.800); unas pequeñas Causas de camarón ($5.900) y un equilibrado cebiche Zabo ($7.800), que congeniaron de maravilla con un sour elaborado con Tabernero, uno de los buenos piscos peruanos.

Sin ser adicto ni fanático de los rolls (que varían entre los $4.600 y 7 mil pesos), ese invento japo-norteamericano que ha dado la vuelta al mundo, y de una extensa lista, nuevamente solicité el más preciado por los clientes que visitan el  local. No era uno sino dos los más solicitados: el Mulato ($6.200), con camarón, queso crema y tinta de calamar, y el Dragon Roll ($7.200), con camarón tempura, cebollín y queso crema envuelto con anguila y palta y cubierto por una dulce y picante salsa sriracha.

Agradable lugar. Adecuado para parejas o grupos que van con el fin de compartir los platos. Una bonita terraza llena de plantas aumenta la capacidad del Zabo a casi el doble de clientes. Buena mano en la cocina y un servicio atento con bastante conocimiento de una carta donde también destacan algunos platos típicos de la gastronomía peruana, como el ají de gallina ($7.800) y el lomo saltado ($9.200). Como bonus track, a mediodía, toda la carta de platos está sujeta a un descuento del 35%, lo que no deja de ser atractivo.

En resumen: para iniciados y fanáticos en esto de los rolls y para todos los que gustan compartir platos alrededor de una amena mesa. A pesar de estar en pleno barrio Lastarria, una atmósfera de tranquilidad envuelve este Zabo, donde el vodka es la estrella y la comida japo-peruana son los planetas.

Zabo / Merced 346, local H / Barrio Lastarria / 2 2639 9925

NOVEDADES

LOS LICORES MÁS CAROS DEL MUNDO

Esta semana les presentamos los destilados (y vinos) más lujosos y ostentosos del mundo. Las cualidades para justificar su precio van desde su sabor, historia y extravagantes envases. Salud!!!

El ranking es el siguiente:

 

1. D’ Amalfi Limoncello Supreme – 44 millones de dólares
Este licor italiano viene en una botella diseñada por el joyero canadiense Stuart Hughes y cuyo cuello está cubierto por diamantes de 13 quilates. Nació a petición de una dama italiana, cuyo nombre no se ha dado a conocer.
 

2. Tequila Ley Pasión Azteca – 3.5 millones de dólares
Es una botella de platino con piedras preciosas incrustadas. Fue elaborada por el artista mexicano Alejandro Gómez Oropeza.
 

3. Coñac Henri IV Dudognon Heritage – 2 millones de dólares
Se trata de una botella con oro y diamantes, elaborada por el joyero José Dávalos. Es el coñac más costoso del mundo. Se rumora que el ADN de este licor captura la esencia y perfección de este tipo de bebida.
 

4. Vodka escocés Diva – 1 millón de dólares
Este Vodka está envasado en una botella incrustada con gemas, cristales y piedras preciosas.
 

5. Mendis Coconut Brandy – 1 millón de dólares
Es un brandy claro que está elaborado en barricas de madera Hamilla. La primera botella se regaló en un sorteo en 2007. Tiene sabor a coco y suaves toques de vainilla y chocolate.

 

6. Screaming Eagle – 500.000 dólares
Es un vino cuya botella de 6 litros se vendió recientemente por esta suma de dinero.
 

7. Macallan de 64 años – 460.000 dólares
Este whisky escocés viene en una botella de la casa Lalique, que combina el cristal y la joyería para hacer asombrosas obras de arte.
 

8. Chateau Cheval Blanc 1947 – 304.375 dólares
Una botella de este vino se vendió en este precio durante una subasta de Christie’s, en Ginebra. Una de sus cualidades es la longevidad, ya que puede conservase por 50 años más.
 

9. Heidsieck 1917 – 275.000 dólares
Este champaña formaba parte del cargamento de la nave sueca Jönköping, que se hundió en el Golfo de Finlandia y nunca llevó su cargamento a la corte imperial del Zar Nicolás II de Rusia, debido a que un torpedo la venció en la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de las botellas no se dañaron y hoy alcanzan sumas exorbitantes.
 

10. Cahteau d’Yquem 1811 – 117.000 dólares
El comerciante y millonario Christian Vanneque pagó esta suma por la botella de vino blanco, para descorcharlo y celebrar sus 50 años de carrera.

 

 

TURISMO GASTRONÓMICO


MICHELIN EN MADRID
El orgullo de Santi Santamaria

Fue una experiencia insuperable. Era el segundo establecimiento dos estrellas Michelin que visitaba en Madrid, y al contrario del primero, que aplica las tendencias de Ferrán Adrià, el Santceloni juega con la materia prima siguiendo los pasos de su creador, Santi Santamaría, quién aun fallecido, mantiene viva su filosofía en este restaurante de propiedad del hotel Hesperia, perteneciente a la españolísima HN Hoteles.

Nos recibió Óscar Velasco, chef responsable de la cocina de un restaurante que funciona como una orquesta filarmónica. Nadie, ninguno de sus empleados desentona: “El que siempre será el equipo de Santamaría,  sigue trabajando bajo las premisas del maestro: respetar la materia prima y conceder el mismo protagonismo a la cocina, la sala y la bodega”, fue lo primero que nos dice el chef. Y razón tiene ya que acá todo funciona como un relojito suizo, donde el equipo de sala viste elegantemente y el sommelier destaca por su sencillez y apasionamiento por su profesión: “Para trabajar de sommelier, antes hay que ser un buen camarero”, nos dice con gracia mientras nos llena una copa de cava, con la que iniciaríamos este perfecto almuerzo.

Nacido con el nuevo siglo, en el año 2001, el Santceloni se ha convertido en un referente indiscutible en el panorama gastronómico de Madrid. El restaurante le debe no sólo su nombre, sino también su inspiración, desde el concepto hasta las primeras cartas, al gran cocinero de Sant Celoni (Barcelona) Santi Santamaria. Bajo la tutela de Santamaria, un grupo de jóvenes profesionales procedentes del restaurante Can Fabes -el primer tres estrellas Michelin de Cataluña- desembarcó en Madrid, de la mano del grupo Hesperia, para trasladar a la capital de España sus ideas sobre lo que debía ser un gran restaurante gastronómico.

Nos sentamos en “la mesa del chef”, ubicada a la salida de la cocina, entre el ir y venir de platillos de gran calidad. Un menú degustación de siete tiempos, un recorrido por la clásica cocina hispánica donde no hubo ni siquiera necesidad de probar el pan elaborado en casa. Platos como Caballa marinada en ensalada, papas arrugadas, limón y cilantro; Guisantes del Maresme con gambas rojas y lemongrass; Sopa de Ostras con tomate, cebolla y habas; el Pescado del día con colmenillas salteadas, piñones y perejil, el Pato de sangre al horno con puré de ciruelas secas, aceitunas y pera; para finalizar con unos supremos ravioles de ricota ahumada con caviar Petrossian, Alverta Imperial, un lujo que obviamente tiene su precio, ya que sin vinos ni bebidas, este menú tiene un valor de 180 euros, algo así como unos 140 mil de nuestros coloridos pesos. Y si a ello le suma el vino, es fácil doblar la cuenta. ¿Digno de reyes y príncipes? Si, aunque también de empresarios y mucha gente de negocios que finalizan su almuerzo o cena en el Santceloni Cigar Club, que fue recientemente construido, y concebido para aquellos que quieran disfrutar al final de la comida o cena de un buen servicio de copas y de la cava de habanos seleccionados. El espacio, que se encuentra integrado dentro del restaurante, rodeado de cristales y con salida exterior para la liberación de humos, es un espacio limitado a unos 12 clientes, que bajo petición y reserva previa podrán disfrutar de una selecta cava que incluye más de100 vitolas distintas de las principales casas de la Habana, República Dominicana y Canarias, además de un espacio reservado para que el cliente habitual pueda guardar sus propios cigarros.

A Óscar Velasco (Segovia, 1973) lo vuelven loco sus dos hijos, entre otras muchas cosas, porque a pesar de tener 9 años y casi 7, “son partidarios de probar las cosas antes de decidir si les gustan o no le gustan”. Esto, en casa del herrero, es mucho hierro. A él, de pequeño, le recrimina su madre, no le gustaba nada, “comía fatal”. Ahora, algo ha aprendido, al menos lo necesario como para haber conseguido que el restaurante madrileño que dirige desde los fogones, tenga dos estrellas Michelin, un salto casi impensado en su carrera.

–Tendrás clientes más conservadores que tus hijos.
–No, lo de que la gente no quiera probar no me pasa ni con los clientes. Bueno algunas veces hay alguno más conservador, pero, en general, cuando vienen a Santceloni suelen ser bastante receptivos y, además, si haces algo que no les gusta, no pasa nada, siempre se puede hacer otra cosa.

-¿Qué productos empleas en Santceloni?
–En el restaurante tocamos todos los productos de mucha calidad. De Asturias esos grandes pescados del Cantábrico, aunque también empleamos del Mediterráneo, buscando sus diferentes cualidades. Pero allí tenéis muchas cosas y sin duda los quesos. Hay una presencia de quesos importantísima de Asturias. Podríamos hablar de las carnes... En definitiva, de todo producto de calidad, de gran calidad.

–Es el momento del producto, pero Santi Santamaría fue uno de sus grandes defensores desde hace mucho tiempo.
-Nuestra cocina es de producto, empieza por el producto y no la entendemos si no es con el mejor producto. Y no estoy hablando de los productos más caros, porque si hay algo maravilloso son unas sardinas a las brasas, o unos percebes, que son algo espectacular.

 – ¿Cómo se consigue tener el mejor producto cuando tanta gente lo busca?
–Todo parte de la selección. Recuerdo una visita a Asturias, a Casa Gerardo, donde vi como las escogían. Puedes comprar las mejores, pero después, una cosa tan aparentemente sencilla como una faba, hay que seguir escogiéndola. A mí me gusta comprar al pequeño, al que mima la materia. No nos sirve que un distribuidor nos traiga de todo, nos sirve aquello en lo que está especializado.

– ¿Qué crees que es lo que mejor que cocinas?
–Eh... qué pregunta.

–Más fácil. ¿Qué dicen tus hijos que es lo que mejor cocinas?
– ¡Es que los niños pequeños son un poco crueles! (ríe). Mira, yo les hago una tortilla de patatas en la que consigo unos tonos tostados, ¡Tostados! ¡No quemados! (ríe) y a ellos les gusta la de una cafetería, que es blanca, que la patata está prácticamente hervida. Sobre lo que mejor cocino... no me gusta escoger porque estás renunciando a otras muchas cosas.

–Has estado con los grandes y ahora eres uno de ellos, pero ¿cuándo supiste que estabas preparado para dirigir un restaurante?
– El día que empecé a hacerlo. Supongo que es como la expectación de salir al campo que vive un futbolista. Apretar y hacer todo lo que puedes. El primer día que abrimos era un jueves y un señor que comió ese día, nada más levantarse de la mesa reservó para el sábado. En ese momento me tranquilicé, porque abrir un restaurante nunca es fácil y llegar a ese momento, a ese servicio, te ha costado tanto esfuerzo, tanta sangre y tanto sudor... Al final es que somos exigentes con nosotros mismos y con nuestro trabajo. Es algo que cada día aprendes a llevarlo.

– ¿Qué quieres transmitir con tu cocina?
– Que estamos en una nueva etapa, muy ilusionados, que venimos de una desgracia que nos sucedió hace dos años, pero que hay un equipo de profesionales muy bien formados. Tuvimos un gran líder y tenemos la capacidad para seguir trabajando e intentando crecer.

– ¿Qué diferencias hay ahora, desde que ya no está Santamaría?
–Espero que no se note gran cosa. Cuando empezamos, Santi marcaba el rumbo, sobre todo por mi falta de criterio. Yo tenía 27 años y no sabes si lo que vas a hacer le va a gustar al cliente, si le va a satisfacer. La verdad es que los primeros años no me atrevía a cambiar una coma de la carta, pero no por Santi, sino por mi falta de criterio. Con el paso de los años, fuimos evolucionando, fuimos creciendo. La gente nos ayudaba a crecer y nosotros crecimos como profesionales. En los últimos años, Santi era nuestro guía, pero ya nos habíamos ganado su confianza y nosotros podíamos elaborar las cartas, los menús... Pero Santi siempre estuvo ahí, para ayudarte si hacía falta. Nos falta esa estrella que nos guiaba, pero aprendimos el camino y eso es lo que hacemos ahora: seguir su camino.

-En Chile existen muchos cocineros que llevan en su curriculum el haber trabajado un tiempo con uno de los grandes. ¿Recibes aprendices en tu cocina?
- Sí. Pero sólo si se quedan un año completo. Sólo así podrán conocer y trabajar materias primas que se dan solamente en cortos periodos de tiempo. Además, tiene que integrarse a un equipo de profesionales muy serio y que no les gusta perder el tiempo con chavales con poco criterio y menos imaginación.

-Sólo me queda felicitarte por las dos estrellas Michelin. Te las mereces.
-No son mías, son de Santi y el equipo.

 - Son tuyas, ya que si el restaurante lleva cuatro años sin Santamaría, en algo has participado para mantener la calidad del lugar. Dejémosle a Dios la evaluación final. ¿Te parece?
- Vale. Y espero que les haya gustado el lugar.

(Poco dormí aquella noche. Acá no dan los números, pensaba. Y es cierto. El negocio gastronómico de estos estrellas Michelin no es fácil y si bien no se gana dinero, el prestigio es el que interesa. Cuando se invierte un millón de euros para elaborar una nueva carta de vinos, el negocio es de perros grandes. Nosotros aun somos unos pobres y raquíticos quiltros que estamos en vías muy lejanas de esta realidad. Algo que sólo puede ser posible si tienes 60 millones de turistas pululando al año por el país. Con los cuatro millones que recibimos, estamos obligados a ver de lejos, y con cierta envidia, la historia gastronómica del hemisferio Norte. Aun así, lo comido y lo bailado –por así decirlo- merece esta pequeña historia recién contada.) JAE

BUENOS PALADARES

CRONICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA

(SEPTIEMBRE) PINPILINPAUSHA (Isidora Goyenechea 2900, Las Condes / 2 2233 65079): “. Partimos por un pulpo a la gallega ($9.200), plato muy simple que, en rigor, reproduce una vieja receta de Galicia, que podría ser vasca sin ningún problema: papas, pulpo muy bien hecho, aceite, pimentón. En Galicia elaboran un poco más sus cosas. Y hay también platos para "todo público": de éstos probamos un perol de mariscos ($10.900) con más palta que mariscos: el perol es plato popular, donde muchos mariscos se mezclan más civilmente que en el neolítico "mariscal". O sea: faltaron mariscos. El plato no estaba mal, pero...” “Decidimos a continuación irnos a la segura con unos riñones al jerez ($8.900), que llegaron acompañados de un simple molde de arroz blanco. Blandos los riñones, pero con poco gusto a... riñón: cuando pedimos riñones, queremos que nos sepan a eso. Sí: es cosa prolija el desaguarlos hasta el punto justo, a fin de que no sepan demasiado a riñones... Pero tampoco hay que desaguarlos en exceso. Complicado el punto. Resultado: guiso chato, sin relieve. Quizá más o mejor jerez hubiera realzado el condumio. Pero...” “. No estaban mal, pero...”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS

(SEPTIEMBRE) EL GUSTO PERUANO (Avenida Italia 1753 / 2 2225 3686): “De entrada, un piqueo mixto, con cebiche de pescado del día (REINETA), pulpo al olivo (que era jibia), causa de atún (lejos lo mejor) y cóctel de camarón a $11.900. Como se dice en jerga urbana, entre Tongoy y Los Vilos.” “A la hora de los fondos, imperó un aire de confusión. La parihuela ($6.400), un caldo criaturero históricamente cargado al ají panka y al tomate, en este caso venía dominado por lo lácteo. Por favor. Es sabroso igual, pero no tiene el sabor telúrico original. Uno quiere encontrarse con el Perú, no con París. Y lo mismo pasó con el arroz chaufa con mariscos ($6.500). Uno quiere que la soya y el jengibre manden, no encontrarse con un buen risotto atomatado, que estaba rico, pero que de chifa -esa mezcla entre lo peruano y lo chino-, poco y nada.”

MUJER
PILAR HURTADO

(SEPTIEMBRE) VERITIPICAL (Av. Ricardo Cumming 132, Santiago / 2 2698 0473): “Hay mesas largas celebrando cumpleaños y gente de toda edad. La carta de comidas es acotada y la de tragos es más generosa, dando pistas del giro del local. Sin embargo, nos llevamos la sorpresa de que todos los tragos que probamos -albahaca con Ballantines, daiquiri, la Vicky- nos parecieron de una calidad muy inferior a la de la comida, que es muy digna para un restaurante ruidoso que grita “¡diversión!”. Para comer, pedimos canasta de empanadas de prieta y humitas, muy ricas, y camarones forrados en filete al pilpil, cuyo juguito estaba perfecto para sopear con el pan calentito y crujiente. De fondo probamos corderito arvejado, tremenda porción; deliciosos y al dente zapallitos rellenos con rico pino de ostiones y machas; sabroso osobuco con casera coliflor en salsa blanca, y malaya de chancho con puré de camote y queso azul.” “Nos entretuvimos mucho y me pareció un gran lugar para ir a pasarlo bien.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(SEPTIEMBRE) EL LOMITO ESPAÑOL (Vicente Huidobro 409, Plaza Guatemala, Villa Macul /2 2302 9196): “Limpio, con los productos muy frescos y una pizarra de su oferta de vienesas (de $990 a $1290), ases (de $1790 a $1890), churrascos o lomitos (de $3490 a $ $3690).  Preparados como Español (pimentón, chorizo, cebolla y mayo), Italiano, Dinámico (palta, americana, chucrut, tomate, mayo), Chacarero (porotos verde, ají tomate), Luco, Chemilico (con huevos a la plancha), Alemán, Antiguo, Brasileño, A lo pobre (huevo, cebolla frita, queso) y suizo (queso fundido, tomate, mayo). Notable relación precio calidad.  Además de la mejor voluntad del mundo para armar el sánguche como prefiera el cliente. Té o café a $500, agregado a $400. Abren a las 5 de la tarde y siguen hasta medianoche, y más allá el fin de semana.”