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Fachada exterior

miércoles, 23 de febrero de 2011

REVISTA LOBBY

ESTA SEMANA
AÑO XXIII, 24 de febrero al 2 de marzo, 2011

LA NOTA DE LA SEMANA: Las fiestas de la vendimia
COCHE COMEDOR: Nostalgia
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: Amor nikkéi
LOS APUNTES GASTRONÓMICOS DE LOBBY: ¿Miedo a las alturas?
BUENOS PALADARES: Las críticas gastronómicas de la semana

LA NOTA DE LA SEMANA

LAS FIESTAS DE LA VENDIMIA
Ahora si

Ni nos acordemos del 2010. Barricas en el suelo y cientos de miles de litros de vino formaron un río de color burdeos. Por lógica, las fiestas de la vendimia, a las que estábamos acostumbrados a asistir, se suspendieron por fuerza mayor. Solo Torres, la bodega que inicio esto de las fiestas del vino, hizo una pequeña muestra en la plaza de Curicó.

Pero este año se viene en grande. Y desde comienzos de marzo podremos degustar vinos de diferentes valles y distintas cepas. A saber ya se están organizando las fiestas en los valles de Colchagua y Curicó. Pero serán muchas más las que aparecerán durante este marzo (y otoño) que ya comienza.

Y los bodegueros necesitan un espaldarazo. Y también agradecerles por la rapidez que tuvieron para enfrentar las dificultades y salir adelante luego del terremoto. Varios de ellos perdieron producciones completas y sus bodegas quedaron en el suelo. Otros, veían con rabia cómo corría el vino por el suelo y otros no podían creer que sus cubas de acero inoxidable quedaban igual que una lata de cerveza doblada con los puños.

Por eso la vendimia de este año será especial. Las viñas ya están en pie y esperando a sus visitantes. Vuelven las fiestas y el glamour en torno al vino. Una buena forma de darse un respiro en un marzo que se viene recargado de actividades.

COCHE COMEDOR


NOSTALGIA

- “Me transporté a otros tiempos , viajar en ese tren nuevamente recordé mi niñez , a mi querido abuelo Manuel y sus tortitas de Curico , la magia y la maravilla que fue y será viajar en tren , me volé por completo y mi imaginación trajo una secuencia de imágenes sin parar de todas esas cosas simples que me hicieron tan feliz.”

- “No sé que me pasó cuando leí la semana pasada tu artículo, pero retrocedí en mi memoria muchos años. Hacía tiempo que no me sucedía algo de esta naturaleza.”

Esos y muchos otros comentarios fueron los que recibí tras escribir del coche comedor de nuestros añosos trenes. Nadie quedó impávido y muchos recuerdos casi olvidados volvieron -con aromas y todo-, a estar presentes en muchos de nuestros lectores.

Es que el tren marcó una época. Para bien o para mal vivió con nosotros durante los años de nuestra infancia y juventud. Para las generaciones modernas es posible que nada les signifique y lo consideren algo fatuo, sin importancia alguna. Para ellos es posible que tengan remembranzas de los primeros Boeing que cruzaron los cielos. Para otros el tren es parte de su vida. Y se alegraron recordarla.

Y se acordaban de los boletos de cartón que con cada pasada del inspector una muesca quedaba para el recuerdo. De la estación de Rancagua, donde muchos caballeros de la época disfrutaban un trago apurado durante los seis minutos que el tren estaba detenido. Otros recordaban los famosos “tracatraca” de las ventanas que se cerraban inesperadamente. Los menos añoraban el viaje a San Felipe en el tren de trocha angosta. Pero todos recordaban como si fuera hoy los huevos duros, los queques, las galletas, el pollo envuelto en papel kraft y el vendedor de diarios que cada cierto tiempo pasaba ofreciendo la revista “En Viaje”, una especie de almanaque con una mezcla de la Zig Zag de aquellos tiempos.

Los que viajaban en primera y en segunda se juntaban en el coche comedor. La cosa en esos tiempos era un poco más transversal. Un poco solamente ya que los de tercera… al fondo del tren, no se atrevían a mezclarse con “los pijes”. La tercera clase, con sus asientos de madera y cojines de cuero, quizá era la aproximación más cercana a la clase turista de nuestros aviones. Con la diferencia que el espacio era muchísimo mayor.

Tres distintos tipos de locomotoras me llevaron alguna vez a destino. Carbón, diesel y eléctricas. Las tres (en su época) llegaban a la hora y eran un ejemplo de puntualidad. ¿Cómo no añorar los ferrocarriles de antaño? ¿Por qué los destruyeron?

¿Fue que ferrocarriles se transformó en la caja pagadora de favores de los gobiernos de turno, como me explica un serio periodista y abogado? ¿Será que por políticas de Estado al país le interesaba más tener una ruta vial rentable?

Sea lo que sea nos dejaron sin pan ni pedazo. 50 minutos entre la Estación Central y Rancagua fue mi último record aun no igualado por ningún medio de transporte. Eran eficientes y lo echaron todo a perder. Aun así quedan recuerdos y añoranzas. Los huevos duros pasaron de moda junto con los trenes. Las sustancias de Chillán y las tortas de Curicó también. Quedan recuerdos imborrables que iremos descubriendo desde nuestra próxima edición. Posiblemente una muestra para las generaciones futuras.

Aunque no lo crean, muchos fuimos tremendamente felices arriba de un tren (JAE)

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


AMOR NIKKÉI

En este último tiempo, el gusto por la comida nikkéi está apoderándose de los paladares santiaguinos. Y ostensiblemente, cuando se habla de los mejores restaurantes abiertos últimamente en la capital, salen a la palestra un par de ejemplos de esta gastronomía. Pero, ¿qué es lo nikkéi y a que se asemeja?

Hablando en sencillo, cuando llegaron las primeras oleadas de japoneses al Perú, se encontraron con una cocina que poco los representaba y que tampoco era de su agrado. Pero tenían materias primas peruanas a destajo. Poco a poco comenzaron a fusionar ambas gastronomías para que con el paso de los años (y como en todo buen cuento de héroes y heroínas), la fusión tendría un final feliz gracias a Rosita Yimura, la creadora del pulpo al olivo, hija de inmigrantes japoneses que llegaron al Perú en 1935.

Y como todos los buenos emprendimientos, la cocina nikkéi salió de las fronteras.

Llegó a Chile hace un par de años de la mano de algunos empresarios que pensaron que cambiarle el jugo de limón a un tiradito por jugo de maracuyá, la cocina sería nikkéi. Cocinas que gracias a Dios no prosperaron. Luego aparecieron intentos más serios (y onerosos): Ozaka y Ozaki son los más serios. Allí, cuchillo en ristre, los Itamaes Ciro Watanabe y José Ozaki cortan finas láminas de pescado para el placer de los comensales. Pronto abrirá Hanzo, la nueva propuesta de Emilio Peschiera en su nuevo local de Escrivá de Balaguer.

Pero acá viene la pregunta del año: lo nikkéi, ¿es comida peruana? ¿Pasamos del tacu tacu a lo nikkéi saltándonos las chifas, que es la mezcla cultural peruana y china?

¿Es un restaurante nikkéi representativo de la cocina peruana?

Creo que por un tiempo me declararé incompetente en esta materia. De lo nikkéi, soy admirador del trabajo de sus itamaes y de los espléndidos resultados para una cocina de raíz sencilla (como la japonesa) pero de gran complejidad. Pero de ahí a que esta cocina sea peruana… algo no me cabe en la cabeza. Ojalá algún día tenga los conocimientos necesarios para discriminar en esta materia.

Mientras, disfrutemos lo nikkéi, que llegó para quedarse (Juantonio Eymin)

LOS APUNTES GASTRONÓMICOS DE LOBBY

¿MIEDO A LAS ALTURAS?

¿Miedo a las alturas o miedo a los hoteles?

Bien es sabido que muchos parroquianos piensan que entrar a un hotel es cosa de turistas o de extranjeros. Pocos se aventuran a conocer las bondades de los hospedajes ya que no lo sienten propios.

Y no es su culpa ya que los hoteles, con su halo de misterio y su pobre política de acercar a los habitantes de sus propias ciudades, poca promoción hacen de sus bondades que generalmente son como para aprovecharlas.

Como la del piso 17 del hotel Plaza El Bosque. Una romántica y atractiva terraza con vistas de todo Santiago. Allí están ofreciendo, hasta que el tiempo lo permita, una burbujeante propuesta para estas tardes de verano.

Déjese llevar, no piense en nada y solamente lea. Usted y su pareja. Nadie más. Un atardecer donde se agradece la suave brisa y una hielera que contiene una botella de espumante Undurraga que se la abren en la mesa. Dos copas flautas y un gran plato con quesos diversos (cuatro variedades), salsas, uvas, duraznos, frutillas, galletitas saladas, maní salado y la atención de un mozo que cada cierto tiempo va rellenando las copas sin siquiera advertirlo. Música en vivo y un disfrute de los grandes en un ambiente selecto.

Lo viví hace unos días con una amiga que partía de viaje y durante dos horas disfrutamos este descubrimiento. Es cierto que llegué dateado. $ 14.500 para dos personas es casi una ganga considerando los valores del barrio El Bosque. Para más encima, el estacionamiento está incluido en el precio.

Me gustó el lugar, el ambiente, el servicio y la oferta. Quedar como un rey por menos de 15 mil pesos es hoy en día casi una utopía. Un dato que me agradecerá en este marzo lleno de pagos, de colegios y de deudas.

Para comenzar bien el año laboral (Juantonio Eymin)

Park Club, Hotel Plaza el Bosque. Ebro 2828, Las Condes, fono 498 1800

BUENOS PALADARES

LAS CRÍTICAS GASTRONÓMICAS DE LA SEMANA

SOLEDAD MARTÍNEZ (Wikén)
(18 febrero) ACQUA (Hotel Radisson Acqua, Av. Borgoño 23333, Concón, fono 32 – 254 6400): “Con un acogedor estilo rústico, este nuevo hotel posee una de las todavía escasas cocinas de estilo más refinado en el camino costero desde Viña del Mar” “Esta vez comenzamos por la degustación de una buena variedad -para compartir- de mariscos a la parrilla (ostiones, camarones, pinzas de jaiba), que incluía machas gratinadas, calamares apanados y algunos vegetales ($11.500), y un chupe de jaiba que -como suele ocurrir- era en verdad un buen pastel sin pan pero cremoso, con zanahoria picada y presentado en ollita de greda ($5.400). Los demás platos fueron corvina a la plancha "a la española" ($7.400), mahi mahi polinesio en suave salsa de coco y vino blanco ($7.700) y reineta grillada estilo oriental, la más seca por lo bajo de las presas ($6.100).” “Un buen restaurante, aunque no llega a la altura de otros de la misma cadena hotelera.”

ESTEBAN CABEZAS (Wikén)
(18 febrero) PASTA E BASTA ISIDORA (Hotel InterContinental, Isidora Goyenechea 2885, fono 394 2000): “Aquí se nota una vocación por sabores algo hogareños, un amor por la crema y una disposición presta a atender a grandes volúmenes de comensales. Por lo mismo, es cocina franca y llana y hay televisores prendidos en el salón.” “Para empezar, un carpaccio de pulpo con trozos de alcachofa ($4.600) y un chorrito de mayonesa que podría haber sido hecha en casa. Luego, dos platos que liquidaron cualquier posibilidad de pensar en un postre. Primero, el risotto del día ($7.200), en este caso de albahaca, aceitunas y trocitos de pollo. Matador. Y una trilogía de pastas ($8.800), en este caso una pasta rellena de ricota con salsa de nueces, otra rellena de atún con crema, jamón y arvejas y unos ñoquis con salsa rosada... y si se toma en cuenta la panera, uf.”

DANIEL GREVE (Qué Pasa)
(18 febrero) OSAKI (Santa Beatriz 135, Providencia, fono: 727 787): “Con una decoración modesta -como la de un departamento piloto-, pero pulcra y efectiva, entrega un adelanto de la refinería que viene: un Cebiche Ozaki ($5.900), impecable, hecho con el pescado fresco del día -cojinova-, pulpo, cebollín, pepino -que adiciona un frescor alucinante- y leche de tigre; Tiradito de la pasión ($6.900), una avalancha preciosa de pulpos, camarones y pescado blanco, perfectamente armada y bañada en una salsa de maracuyá, huacatay -hierba andina- y limón; Tambo Maki ($6.300), un roll con palta y crispy de quínoa que junta varios mundos; Tacu-tacu ($8.600), un tacu-tacu de pulpo confitado y grillado, que es verdaderamente un vicio; y cuando uno recuerda el dicho "menos carne que un wantán" sabe que Ozaki rompe toda regla, porque sus Wantanes chalacos ($4.900), rellenos con pescado y camarones, son contundentes y se acompañan por julianas de cebolla morada y pimentones, para dejarse bañar por una sabrosa crema de tigre.”

PILAR HURTADO (Mujer, La Tercera)
(20 febrero) ZAFRÁN (Hotel Radisson Petra, Comandante Malbec 12851, La Dehesa, fono 937 4100): “La carta denota influencias mediterráneas con acentos del norte de África en sus platos, lo mismo que nos explicó el amable maître.” “Partimos picoteando unos falafel con salsa de yogur, que venían hirviendo, recién fritos, aunque no en bolitas como yo recordaba esta pasta de garbanzos, sino como pequeñas rodajitas. Estaban ricos. De fondo probamos un estofado de cordero con alcachofas y tres tipos de arroz, que imaginamos como torrecitas distintas, pero venían mezclados en una sola. El cordero era blandísimo y sabroso, pero las alcachofas pasaban desapercibidas -el cordero tiene demasiada personalidad en su sabor-. El arroz, Ok, pero nada especial. Otra opción fue un magret de pato a la naranja con puré de camote, pato no tan blando, pero rico, bueno el puré. Y un tahine de pollo al limón con aceitunas y burgol, bien agradable, si bien el burgol no era el mejor acompañamiento.” “El lugar es muy agradable y muy buena la atención. Le falta mejorar algunos detalles, pero es una opción a considerar.”

CARLOS REYES (unocome.cl)
(19 febrero) SABORES DEL INCA (Ernesto Pinto Lagarrigue 251, Recoleta, fono 777 3505): “Es peruano pero además italiano. Quizá un adelanto de lo que Gastón Acurio pretende instalar en Chile: una fusión -otra más- entre comida de nuestros vecinos más el recetario tano. Pero acá las cosas van por otro camino. Uno bien pedregoso. De partida el garzón indicó que no había pasta ni nada italiano. Por lo demás nunca se supo si el garzón era un runner sin experiencia o como sentenciaba un legendario entrenador de fútbol: “el cabro era pavo”.” “De los platos probados -Chicharrón mixto ($ 5.500), Pulpo al olivo ($ 4.800), Tiradito de corvina ($ 4.800), Lomo saltado ($ 6.900), Corvina a lo macho ($ 5.500), Picante de camarones ($ 6.800), más los postres-, sólo la correcta fritanga del primero dio pie en bola en corrección y sabor. Del resto, no mucho más que decir, salvo un tirón de orejas para los dueños y luego para los clientes: no puede ser tan fácil que a uno le pasen reineta por corvina. La carne más firme, de rosado claro y opaco (o blanco cuando está a la plancha) y las rayitas delgadas y uniformes de las orillas, delatan la carne del primer pescado, frente a cualquier otro. Impresentable en un local que se afana más en la forma que en el fondo.