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Fachada exterior

miércoles, 11 de abril de 2012



REVISTA LOBBY

ESTA SEMANA
AÑO XXIV, 12 al 18 de abril, 2012

LA NOTA DE LA SEMANA: El día de la cocina chilena
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: Carrer Nou, de plato en plato, de copa en copa
LOS CONDUMIOS DE DON EXE: Camila, La Habana express
MIS APUNTES GASTRONÓMICOS: Puerto Fuy, siete años de éxitos
DE BEBISTRAJOS Y REFACIONES: Nacho’s, una sorpresa BBB en Concón.
NOVEDADES: Olave triunfa en guía italiana
PURO VINO ES TU CIELO…: Dan inicio a Catad’Or Wine Awards 2012
BUENOS PALADARES: Las críticas gastronómicas de la semana

LA NOTA DE LA SEMANA



EL DÍA DE LA COCINA CHILENA

De golpe y porrazo se nos aparece en abril el Día de la Cocina Chilena. Una fecha creada por decreto supremo y que tiene a los cocineros agarrados de las mechas, ya sea por protagonismo o la autoría de esta celebración.

La razón es sencilla. El gobierno de la época (2009) determinó que el día de la cocina chilena se celebraría el 15 de abril. ¿Alguna fecha destacada en nuestra gastronomía? Ninguna. Es sólo un día del calendario. Ese año, y de la noche a la mañana, se instaló una carpa en el Paseo Bulnes y se oficializó la fecha como la más importante de nuestra cocina.

Así han pasado -sin pena ni gloria- cuatro años de festejos. Generalmente se celebra en reuniones casi privadas con muestras de cocina que sólo algunos privilegiados pueden compartir. Ningún restaurante típico se suma para ofrecer sus preparaciones a sus clientes y todo se realiza casi a puertas cerradas. O sea, un día prácticamente desconocido para la mayoría de nuestros compatriotas.

Ahí está el problema. Incluso el día de la piscola (8 de febrero) atrae más prensa y público en las celebraciones populares a pesar de que no tiene existencia oficial. Sinceramente pensamos que esta fecha debe ser genuinamente nacional y que los festejos salgan de las aulas y que las instituciones trabajen para lograr que este día impuesto por la autoridad, sea algo importante y no una fecha para reflexiones internas.

Ojalá el tiempo nos de la razón.

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR



CARRER NOU
De plato en plato, de copa en copa.

Una pesa antigua con su poruña llena de maní con cáscara es parte de la singular bienvenida que nos brinda este restaurante de barrio. Y lo llamo de barrio ya que no está en ningún circuito gastronómico y si bien es facilísimo llegar, para muchos el lugar esta a trasmano de sus lugares predilectos. Por ello, el doble de difícil para sus nuevos propietarios ya que deben luchar contra este importante inconveniente.

¿Como definirlo? Sus propietarios lo hacen: “Nuestra cocina quiere ser un homenaje a los entrañables pueblos del Mediterráneo, a la sencillez de su gente y a la magia de sus preparaciones, donde cada ingrediente tiene la presencia justa, pues aquí no hay disfraz ni antifaz.” Y tienen razón ya que sus preparaciones son sencillas pero tremendamente sabrosas y con un toque de originalidad para una cocina con reminiscencias catalanas.

Sencillos rollitos de crêpe (o masa de panqueque) rellenos con tártaro de vacuno (4.800) fue parte de la carta de presentación. A su lado, pimientos del piquillo rellenos de sobrasada y miel y gratinados con roquefort (4.900). Para beber, y luego del espumante inicial, copas de Parcela 7 de Von Siebenthal. (Mala idea de la bodega de ponerle corcho plástico a este vino. Pierde gran parte de su encanto. $13.900).

Maravillosos los ñoquis, acompañados de salsa de tomates natural y albahaca (5.200), plato que merece todo mi reconocimiento (y otra visita), y para finalizar, un garrón de cordero (desmenuzado) y acompañado de puré (6.900).

El lugar es sencillo y acogedor. No peca de esnobismo ya que lo que intentan sus propietarios es que este sea un lugar para conversar, de largas tertulias con una cocina que merece la atención. La perdición de las féminas está en los postres, de los cuales destacan sus delicados cheesecakes (el de roquefort con nueces, para nosotros, eso si).

Buena mano en la cocina, un servicio acorde al lugar y una cuenta nunca abultada es un buen resumen del Carrer Nou. Un lugar que sus propietarios definen como “un pequeño rincón de libertad donde queremos que la amistad vaya de plato en plato y de copa en copa.”

Un buen descubrimiento. (Juantonio Eymin)

Carrer Nou: Av. Miguel Claro 1802, Providencia, fono 727 1161

LOS CONDUMIOS DE DON EXE






CAMILA
La Habana express

Pertenezco a un minoritario grupo de seres que reciben invitaciones extrañas. No es raro, ya que gracias a mis contactos (y algunas amistades) un día puedo estar en Arica y al siguiente en Puntarenas. Está claro que no es siempre y a veces vegeto temporadas enteras en mi querida Ñuñoa, donde en verano se puede freír un huevo en la vereda y en invierno tirita hasta mi abrigo de pelo de camello. Mis hijos dicen que tengo cueva y yo les respondo que sólo es perseverancia. Valga esta pequeña introducción para entrar en una de las historias más insólitas de mi vida.

- ¿Exequiel Quintanilla?
- Con él habla… ¿quién llama?
- Soy Lourdes, secretaria del embajador de Cuba. Queremos invitarte para que visites la Isla. ¿Tienes tu pasaporte vigente?

Miles de preguntas llegaron a mi mente. Desde el porqué me invitaron hasta el ¡por fin lo hicieron!

- ¿Cuándo?, le pregunté
- Mañana a media tarde. Vas con gastos pagos. ¿Me das tu número de pasaporte?

Al día siguiente sólo alcancé a ponerle pilas nuevas a mi gato chino (para que no me abandone); llamar a Sofía, mi paquita, a mi jefe y a Mathy, mi longeva amante, para avisarles que estaría fuera de Santiago una semana. Vacuné también a mi hijo mayor, el Joaquincito, con quinientos euros y una MasterCard internacional para las emergencias. Lleno de trámites, llegué exhausto al aeropuerto para tomar el vuelo. Allí me esperaba Lourdes, que me entrega un papelito con la visa a Cuba. ¡Suerte!, dice, y me subí al avión.

Primera escala: Tocumen, Panamá. Viaje tedioso e insoportable. Mis vecinos de asiento, un cura y un gordo que durmió todo el trayecto. En Ciudad de Panamá cambié de avión y de compañeros de viaje. A mi lado -y por cerca de tres horas-, Camila, una chica de portada de revistas couché, que viajaba a Cuba a conocer la realidad. Ella, con un arito en su nariz respingada y con una cara de pelolai europea, fue mi vecina de asiento. Como íbamos en clase turista, todo se hacía difícil. Conversamos de la vida y trató de convencerme de muchas de sus teorías, pero al final la venció el sueño y se durmió en mi hombro. Un buen pronóstico para lo que vendría a continuación.

Mercedes Benz (viejito, pero impecable) para ella y una van ordinaria para mí. Era medianoche cuando enfilamos por la carretera que llega a La Habana. Tras retener mi pasaporte me asignan la habitación 547 del hotel Nacional, emblemático de la Isla. ¿Camila?… bueno, no supe nada de ella hasta el día siguiente.

Los cubanos me pasearon más que huerfanito en su día. Tarde ya, en plena noche caribeña, aparece Camila con cara de cansada. Le ofrecí ir a un paladar a degustar moros y cristianos, yuca, puerco y con suerte, langosta. En las afueras del hotel tomamos un taxi pirata (bueno, en La Habana están los taxis oficiales y los piratas, aunque los piratas también son oficiales) y nos endilgamos por la Quinta Avenida, calle de embajadas y consulados, para llegar al Cecilia, un lindo lugar al aire libre donde la tibia brisa calentaba mi corazón y mucho más. (Después me enteré que la Cecilia es un restaurante del gobierno, de esos que tienen para los turistas).

Ella, consecuente con sus ideas, pidió puerco y arroz con porotos negros. Yo, bastante menos idealista, pedí –y me trajeron- la peor langosta que haya degustado en mi vida. De aguas calientes, el pobre bicho era igual que comerse una toalla húmeda. ¡Qué fracaso!... aunque igual terminé comiendo del plato de Camila.

Un halago a los efectos del ron y la temperatura del caribe. Camila se había atravesado en mi vida y no se escaparía tan fácilmente. Su discurso revolucionario se terminó al segundo mojito y cuando estábamos en los bajativos me ofreció su compañía en la 547 de nuestro hotel. ¡Quiero amar a un viejo capitalista!, fue su mejor comentario.

Compré una botella de ron Varadero en el mismo boliche para continuar esa noche maravillosa y retornamos en otro taxi pirata a nuestro hotel. Ella hace como que va a su habitación y yo, en el ascensor del lado, voy a la mía. Diosito, diosito, pensaba… ¡no me dejes en ridículo hoy…!

A los cinco minutos aparece: espléndida y jovial. Me besa y pide la ducha. Quería refrescarse antes de todo… o de nada. La espero con mi bata y con música cubana de esa que altera los nervios. Dos tragos de ron con jugo de mango la esperaban. Los arrumacos y escarceos iban y venían… hasta que golpearon la puerta de la habitación.

- ¿Quien será?
- Posiblemente una mucama.
- ¿A esta hora?

La pregunta del año y que se llevó el gran premio: ¿Quién golpea?

- Seguridad del hotel, contestan desde afuera.

Abrí la puerta y aparecen dos tipos mal agestados junto a una mucama – “La señorita está a nuestro cargo y deberá volver a su habitación”, dice uno de ellos.

- ¿Por?, pregunté con voz y cara de estúpido.
- La compañera no puede compartir con capitalistas, dice mostrándome sus albos y perfectos dientes.
- Yo también soy invitado del Gobierno, reclamé.
- Ya lo sabemos, respondió secamente. A propósito, ¡levántate temprano ya que tienes vuelo a las 8 de la mañana!
- ¿Dónde me llevarán? ¿A Varadero?
- ¡Regresas a tu país!
- ¡Yo vine por seis días!
- ¿Tienes guayabitos en la azotea? ¡Que duermas bien, hermanito! En cuatro horas te pasaremos a buscar. ¡Se acabó tu viaje, compañero!

Me hundí en uno de los sillones que tienen en la recepción del hotel Nacional esperando a mis amigables agentes de la policía. A las ocho de la mañana estaba tomando un avión de regreso nuevamente vía Panamá bajo el gentil auspicio del gobierno cubano. A mi lado se sentó una mulata de buen aspecto y figura. ¿Cómo te llamas?, le pregunté, con el fin de hacer más plácidas las horas de vuelo.

- Camila, respondió.

Ahí –y por precaución- cerré la boca y no la abrí hasta que llegué -casi deportado- a Santiago. No sé si mi Camila aun está en La Habana o bañándose calata en Varadero, imagen que me persigue desde hace varios días. Al menos los cubanos regresaron mi pasaporte sin marcas de haber visitado la mayor de las Antillas. ¿Me llamará Camila cuando retorne a Santiago?

(A los inquisidores de siempre les comento que existen innumerables Camilas. Y muchas viajan a Cuba. Así que cualquier semejanza con la realidad, esta historia no tiene nada que ver con lo que ustedes creen y piensan.)

Exequiel Quintanilla

MIS APUNTES GASTRONÓMICOS




PUERTO FUY
Nueve años de éxitos

Cada cierto tiempo, Giancarlo Mazzarelli -amo y chef del Puerto Fuy- se reinventa. Un buen ejercicio para ir renovando un lugar que continúa atrayendo un público exigente y mayoritariamente extranjero. Este año, y dentro de sus cambios, trajo de regreso a Julio Sepúlveda -el maître que tuvo en sus comienzos- con el fin de ordenar la casa, tarea necesaria en un lugar donde el servicio es parte importante de la cadena gastronómica. Allí lo encontré la semana pasada cuando visité el lugar. Ancho y de fácil sonrisa, me cuenta que su regreso a las pistas del Puerto Fuy es por el cariño que siente por Mazzarelli y su disposición a mejorar cada punto del servicio.

Pero el servicio no lo es todo. Y Giancarlo nuevamente se subió las mangas de su chaqueta de cocinero para darle un nuevo impulso a su restaurante que abrió sus puertas en mayo del 2003. Personalmente va todos los días a la vega a comprar los suministros necesarios para su labor. Hoy ya podemos decir que gran parte de su cocina es de “mercado” en contraposición a muchas otras, que son de supermercados.

Valen las muestras y me dejé llevar por ellas. Partí con una copa de espumoso y una suave y sabrosa velouté de papas topinambur con crema. “Para preparar las papilas”, me dice don Julio. Luego, y de entrada, Brevas gratinadas con queso, ensalada de cilantro y gajos de naranja (11.100) de increíble y delicado sabor, plato que acompañamos con un sauvignon blanc de Leyda.

Punto aparte para indicar que existe la posibilidad de optar por un menú degustación de cinco tiempos a $ 34.990 sin vinos y 47.990 con vinos, lo que obviamente hace variar la estructura de precios individuales. Si ponemos en la balanza esta opción, el menú degustación es lo óptimo.

Luego, otra sorpresa. Medallones de langosta sobre puré de arvejas y salsa meunier (mantequilla, perejil y limón), para un plato refrescante y apetitoso. Acá, optaron por maridarlo con un chardonnay Las Chilcas.

Sonrío cuando llega el sorbete correspondiente para cambiar los sabores. Por muchas modificaciones de su carta en todos estos años, mantiene el sorbete de albahaca y limón. Es rico, pero ya no sorprende…

Pinot noir Lote 21 de viña Leyda para el primer fondo: Mero con alcachofas barrigoule (tocino y demi glace), con una coulis de tomate y vegetales salteados (15.900), un tremendo plato que me confirma la calidad del trabajo de Giancarlo en la cocina. En la actualidad se nota su presencia y aunque tenga un tremendo equipo de cocineros, él chef es el encargado de que el plato salga en optimas condiciones a la sala.

Sinceramente no hay panza que soporte tanto plato. Acá no estamos hablando de porciones tipo degustación ya que todo lo entregado viene en sus porciones normales. Así y todo, caímos en la tentación de saborear un correcto asado de tira Angus con verduras y papas chilotas que casi me deja nocaut. Un corte norteamericano de largo hueso que acompañamos con un syrah 2008 de viña Maipo.

Una carta llena de detalles y de buenas nuevas para este lugar. No es barato ni nunca lo será, pero todo tiene su precio, como acompañar un parfait de maracuyá con un cheesecake y helado de frutos del bosque (hecho en casa) con un sauternes francés, es una delicadeza que tiene su costo.

Existe una elite de chefs que manejan restaurantes de alto nivel. Muchos de ellos, y gracias a sus conocimientos, se han integrado a este singular grupo de la flor y nata de la gastronomía. Entre ellos, que se pueden contar con los dedos de las manos, Giancarlo Mazzarelli destaca y merece su posicionamiento. Aun así, sigue siendo un tipo sencillo y agradable. No es fácil mantenerse vigente en un barrio como Nueva Costanera. Allí hay que andarse con mucho cuidado para no resbalar y el Puerto Fuy ha sabido salir adelante pese a todo: a la fiebre porcina (que dejó a los brasileños sin viajar), a nuestras crisis económicas recurrentes y a todo un universo de restaurantes que se estableció en la zona con el fin de aprovechar la bonanza de uno de los precursores del barrio. Hoy, con las aguas más calmas, Mazzarelli, cuyo vicio oculto es coleccionar latas (atún, arenques, sardinas, jurel y lo que exista), se vuelve a inspirar para cautivar a su clientela, y lo está logrando. Digan lo que digan. (Juantonio Eymin)

Puerto Fuy: Av. Nueva Costanera 3969, Vitacura, fono 208 8908

DE BEBISTRAJOS Y REFACCIONES



NANCHO’S
Una sorpresa “BBB” en Concón.

* Karla Berndt


Hace tiempo que no recorríamos la ruta costera de Reñaca al norte. Llegando a la caleta Higuerillas, Concón, (¡casi no la reconocimos por la increíble cantidad de edificios construidos en los últimos años!), me recordé del “Tiburón”, una picada que me quedó en la memoria.

Ya no existe, nos explica el cuidador de los estacionamientos en la Avenida Borgoño. Pero nos da otro dato: el restaurante Nancho’s ofrece platos del mar y muy buenas empanadas.

Un pequeño lugar, simple, limpio y acogedor, con pocas mesas y linda vista al mar. Pedimos locos con mayo, risotto de mariscos, merluza frita con ensalada y pastel de jaiba. Los platos –servidos con rapidez y amabilidad por su propia dueña, Pilar Carmona, impresionan por su frescura, excelente sabor, tamaño… y su precio. El almuerzo completo para cuatro personas vale alrededor de 20.000 pesos, bebidas, pan y rico pebre incluidos.

Una sorpresa de estas que pocas veces se dan. Más aun, la cuenta viene con bajativos de la casa.

¡Memorable y recomendable!

Restaurante Nancho’s
Av. Borgoño 21.382, Caleta Higuerillas, Concón.
Tel.: (32) 281 0728

*Karla Berndt es cronista gastronómica e integrante del Círculo de Cronistas Gastronómicos de Chile. Nacida en Alemania, reside hace 24 años en Chile y actualmente es Gerente de Comunicaciones de la Cámara Alemana de Comercio, Camchal. Su afinidad con la gastronomía la plasmó en el primer y único libro de cocina chilena escrito en idioma alemán y editado en su país de origen “Die chilenische Küche”. Sus periódicas crónicas se pueden leer (en español) en el sitio www.camchal.cl y en su columna “De bebistrajos y refacciones” en Lobby.

NOVEDADES

OLAVE TRIUNFA EN GUÍA ITALIANA

Flos Olei, anteriormente llamada Le Guide L’Extravergine, del periodista y crítico gastronómico Marco Oreggia, es la guía italiana más prestigiosa a nivel internacional, ya que analiza y cata más de 3.000 muestras de los mejores aceites de oliva extra virgen del mundo.

Recientemente se dieron a conocer los resultados del año 2012 y Olave obtuvo, por quinto año consecutivo, 97 puntos; el máximo puntaje de esta publicación con su Aceite de Oliva Extra Virgen 100% Orgánico. Con esto, la marca reafirma su liderazgo en el mercado tanto nacional como internacional.

En 2007, Olave fue premiado dentro de los Top 15 como “Il Frantoio dell’Anno” (El Productor del Año), convirtiéndose en la única empresa de aceites de oliva en Chile que ha conseguido este premio. Desde entonces, Olave ha obtenido anualmente la más alta puntuación de la Guía.

PURO VINO ES TU CIELO...

DAN INICIO A CATAD’OR WINE AWARDS 2012

Varias novedades trae este año el Catad’Or W Santiago 2012 Wine Awards, el tradicional concurso internacional de vinos chilenos que por segundo año consecutivo se realizará en el Hotel W Santiago, entre el 7 y el 9 de julio próximo.

En esta versión 2012 del certamen, además del concurso original, se incorporará la realización de primer Taller de Evaluación de Vinos y Espirituosos, producido por empresas del sector de agricultura familiar campesina o pequeña agricultura.

El anuncio lo hizo la directora ejecutiva de Catad´Or Wine Awards, Isabel Saiz, durante una reunión en el Hotel W Santiago con los principales auspiciadores y patrocinadores del concurso, entre ellos Cristalerías Chile, Colorama, Corfo y Air Canada, línea área oficial del certamen.

La ejecutiva explicó que los productos a evaluar en este taller serán provenientes de las regiones de Coquimbo, Valparaíso, O’Higgins, Maule y Bío Bío. “Tras la evaluación, dijo, se emitirá un informe para cada una de las muestras, los que serán desarrollados por un enólogo nacional de amplia experiencia a nivel nacional e internacional que realizará el taller y el producto que califica será presentado al concurso”.

El Taller se realizará en el mes de mayo y considera la participación de aproximadamente 30 productores y 50 muestras, todas empresas que han sido identificadas y contactadas con el apoyo de Indap.

En cuanto al concurso Catad’Or W Santiago 2012 Wine Awards, en esta ocasión tendrá como país invitado a Indonesia, para enfatizar la búsqueda de oportunidades en mercados asiáticos emergentes. Participarán más de un centenar de viñas chilenas, entre tradicionales y emergentes, con alrededor de 600 vinos que serán evaluados mediante el sistema de “cata a ciegas” por un panel compuesto por 20 jueces, entre chilenos y extranjeros.

BUENOS PALADARES



LAS CRÍTICAS GASTRONÓMICAS DE LA SEMANA

SOLEDAD MARTÍNEZ
(Wikén)
(6 abril) SQUADRITTO (Rosal 332, Santiago Centro, fono 63 22121): “Siempre bajo la dirección de Raúl Squadritto, el chef es ahora Martín Olavarría, el "pizzaiolo" de estilo napolitano Luigi Sabarino y el jefe de garzones Daniel Medina, que nos atendió con amable profesionalismo.” “Para los platos de fondo volvimos a la carta principal con los "gnocchi filetto", grandes y hechos con papa, servidos con trozos de carne, muchos champiñones, lonjas de aceituna y espesa salsa con tomate, más queso rallado ofrecido aparte ($7.600), y lo que para mí es una excelente especialidad del lugar, a la que nunca dejo de recurrir: tres codornices de criadero, de buen tamaño y carne tierna, acompañadas de suave y cremosa polenta, con sabrosa salsa y hojas de albahaca ($8.600). El tiramisú de postre no me pareció la versión más clásica, pero sí muy agradable y de consistencia ligera ($3.600). Buen café expreso ($1.200) y vino pinot noir 2010 Tabalí, frigorizado en exceso ($13.800). Sin duda, ésta es una cocina segura y fiel a sí misma.”

ESTEBAN CABEZAS (Wikén)
(6 abril) BARANDARIAN (Estacionamientos Plaza Ñuñoa, fono 205 5810): “…un plato para compartir, una jalea mixta ($7.800), ayudó a la espera. Qué raro el nombre ¿no? "jalea", considerando que son trozos de mariscos y pescados fritos, cubiertos de cebolla morada pluma con jugo de limón. Pero bueno: rico el mix de lo frito y lo ácido.
Con algo de espera, llegaron los fondos. Y no había Inka Cola... Y los dos platos tenían sus problemas. Primero, un cebiche de corvina, calamar, pulpo y camarón que venía nadando en jugo de limón ($6.100). Raro. Casi chileno. Y un chupe de camarón de río ($8.700) con el huevo frito en vez de escalfado, y sin el clásico camarón entero de adorno comestible, y con demasiado arroz. Ya, el sabor era el correcto, pero otra vez era la ingeniería la que fallaba.” “Si mejoran, un aplauso. Si empeoran, una pena. Si siguen así, deberán conformarse con la medianía.”

BEGOÑA URANGA (El Sábado)
(7 abril) QUÍNOA (Luis Pasteur 5393, Vitacura, fono 954 0283): “Todo sano, bonito, que no engorda, muy cuidado, fresco y creativo. Jóvenes meseras complementan el entorno. El pan, integral y preparado en casa, viene en pequeñas bolsas de tela. La quínoa, haciendo honor al nombre del local, forma parte de varios platos. En croquetas o en ensalada, resulta rica y bien preparada. La lasaña de berenjenas es un must, así como la limonada con menta y estevia.” “¿El público? Abrumadoramente femenino, como si lo natural fuera cosa de mujeres. O porque nada desentona -salvo la dificultad para encontrar estacionamiento-: lindo, agradable, muy de moda, pero... le falta algo. Como a las campañas.”

DANIEL GREVE (Qué Pasa)
(6 abril) CEBICHERIA CONSTITUCIÓN (Patio Bellavista local 95-99, fono 248 9171): “La Cebichería Constitución es un espacio pulcro, oxigenado y a la vez cálido, algo sí como un "chiringuito" citadino, por donde desfilan tiraditos, cebiches y planchas calientes con productos del mar. Aquí hay buenos cocktails, con sabores fáciles de abordar -prueben el Cienfuegos ($ 4.500), con vodka, limón y maracuyá-, excelentes tiraditos -como el Limeño-, planchas regulares -el aceite de oliva, de mala calidad, mata todos los sabores-, además de contundentes Wantanes -de mariscos con salsa de rocoto- y buenos Tequeños de lomo (cualquiera de ellos a $ 5.000 ). Los cebiches, precisamente, se tropiezan con algo esencial: la falta de picardía -se echa de menos un ligero picor, aunque sea opcional- y un bajísimo punto de limón y sal. Nada, en todo caso, que no pueda mejorar.”

PILAR HURTADO (Mujer, La Tercera)
(7 abril) TAQUERÍA EL RANCHERO (Avenida Vitacura 6489, fono 2193106): “Nos demoramos en ordenar, sí, pero quién no lo hace cuando hay tres niños gritando lo que les gustaría y uno tratando de elegirles lo mejor. Pedimos un menú infantil: quesadilla con pollo, tomate y palta en un potecito y papas fritas, decía la carta, y sin previo aviso llegó una bolsita de papas envasadas. La sorpresa, con dulces y un juguetito, era lo que los niños querían. Entre el griterío, parece que otro de los niños quiso un menú de esos, que quedó anotado sin que nos percatásemos, y los grandes pedimos la quesadilla de flor, enchiladas, queso tostado y tacos al pastor” “¿Que cómo estaba la comida? Hasta insípida nos pareció. He aquí un claro ejemplo de cómo un mal servicio te echa a perder el sabor de la comida y la experiencia completa.”