de 12 a 24 hrs.de lunes a sábado

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Fachada exterior

miércoles, 8 de febrero de 2012

REVISTA LOBBY

ESTA SEMANA
AÑO XXIV, 9 al 15 febrero, 2012

LA NOTA DE LA SEMANA: Sin opinión propia
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: La Cuarta Región en unas copas
LOS CONDUMIOS DE DON EXE: De Máncora a Lima
MIS APUNTES GASTRONÓMICOS: ¡Enjoy Hanami!
PURO VINO ES TU CIELO: Misiones de Rengo presentó su nuevo Rosé
BUENOS PALADARES: Las críticas gastronómicas de la semana

LA NOTA DE LA SEMANA





SIN OPINIÓN PROPIA…
Lobby se transforma en un catálogo de cosas buenas

“El beneficio de la duda”, podríamos llamarle a esta nota. Llevamos dos semanas planteándonos si una mosca muerta arriba de un plato de salmón es digna de ser comentada.

¿Nuestra gastronomía es tan buena ya que ningún medio especializado escribe de los errores que se cometen en algunos restaurantes? Todos se guían por la premisa de que errar es humano y desdeñan comentarios negativos. A lo más, dejan escapar alguna frase negativa. Pero en su gran mayoría, todos escriben lo bueno y pocos lo malo.

Y eso es un tremendo error. Si somos (o nos creemos) líderes de opinión y tenemos lectores que nos siguen constantemente, es nuestro deber tratar de corregir los desatinos que se cometen en algunos restaurantes. Si dejamos pasar y o no darle mayor importancia a estos importantes detalles, definitivamente nos convertimos en un catálogo donde todo es bueno, todo es supremo y superlativo.

Nos sucedió hace un par de semanas durante el lanzamiento de la carta de un hotel de San Pedro de Atacama en el restaurante santiaguino del chef asesor de ese idílico establecimiento nortino. Los asistentes, cronistas, periodistas y gente del turismo, todos ávidos por conocer la propuesta del hotel. Con un buen William Cole sauvignon blanc del 2011 comienza la degustación. Un carpaccio de salmón con taboulé de quínoa y un mix de hojas verdes (que sólo era una hoja de lechuga), venía con una sorpresa adicional. Lo que algún día fue una mosca juguetona y feliz, yacía sobre una lonja de los despuntes de un salmón mal cortado y con sus bordes ya poco académicos por su frescura.

- ¿Por qué no comen?, preguntó nuestro vecino de mesa.
- De pronto nos sentimos satisfechos, contestamos, mostrándole el ingrediente extra de la preparación.

Lo lamento por el chef, comentamos. Nos parece un buen tipo pero estas cosas no deben pasar en un restaurante. Menos cuando está representando a un hotel de categoría. Acá no hay profesionalismo y esto no puede quedar en el olvido.

La quínoa se hizo presente también en el segundo plato: un filete de corvina con una persillade de quínoa con otro mix de verdes -berros esta vez-, con puré de habas y reducción de vino banco y limón. La idea, genial. El resultado, algo confuso por lo agridulce del plato y el constante uso de la quínoa.

Sabrosa una porción de fettuccini altiplánico y bastante duro un filete recocinado con salsa de arrope y ragout de patasca.

Los vinos fueron infinitamente superiores: al William Cole de un comienzo se sumó Anakena Ona chardonnay; Parcela 7 de von Siebenthal y Tres Palacios Gran Reserva, para finalizar con Oporto Ferreira Blanco y un postre de chumbeques con helado y chocolate con una mousse de arrope.

¿Qué nos queda luego de esta presentación?

Un mar de incertidumbres. Si la cocina del hotel es lo que degustamos, más les vale a sus directivos cambiar la oferta. Si lo que probamos fueron productos del norte chileno, preocúpense de traer buena materia prima. Por esta vez dejaremos pasar este gafe ya que el chef merece ampararse bajo el beneficio de la duda, pero si el error se repite, no duden que publicaremos nombres y apellidos.

Para eso estamos. Para guiar a nuestros lectores.

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR



LA CUARTA REGIÓN EN UNAS COPAS

Desde La Herradura, texto y fotos de Rodolfo Gambetti

En la luminosa terraza del spa del Hotel de la Bahía, del Casino Enjoy de Peñuelas, se realizó hace una semana la III Gala de Vinos y Piscos de la IV Región. Una postal al atardecer en una plataforma entre palmeras, suspendida frente al Pacífico. Un acontecimiento de importancia, porque varias empresas pisqueras han emprendido la búsqueda de su identidad, y también porque el terroir calcáreo de clima ventoso del valle del Limarí y el magnético entorno de Elqui se han demostrado sorprendentes en la calidad de jóvenes viñedos. Que en esa ocasión un reducido grupo de unas setenta personas tuvo el privilegio de probar.

Allí se juntaron los vinos de Tabalí y Tamaya y los de la Familia Farr, y la bodega Dal Bosco mostró novedades como su rosé y su producción de viognier, un blanco con reminiscencias de chirimoyas y frutas suaves. También fue novedad el aporte de la zona a los espumosos, como el T de Tamaya y el Sensus. Este último un agradable brut de la viña Francisco de Aguirre hecho con la cepa pisquera Pedro Jiménez.

Y los piscos hicieron los suyos. Desde el recién incorporado Waqar- del que aunque sólo he probado algunas gotas promete dar bastante que hablar-, hasta las clásicos como el Bou Barreta, las variedades del Mistral, el Malpaso y las novedades de Alto de Carmen. Este pisco tuvo un stand con barman que mostró varias preparaciones atractivas con sus productos. Participaron también la Compañía Pisquera de Chile, Bauzá y Horcón Quemado.

Una atractiva muestra que comenzó con cierto retraso, atribuible tal vez al relajamiento de vacaciones y de regiones. Pero esta reunión de una tarde debería realizarse constantemente, para dar a los turistas y visitantes una muestra de la verdadera identidad de vinos y destilados que la Cuarta Región tiene para lucir. Debería volverse una campaña permanente. En la que todos trabajaran por amor a la camiseta. En esta exclusiva gala, por ejemplo, la falta de hielo perjudicó decisivamente la presencia de los espumosos, que se sirvieron tibios. Y alguno de los auspiciadores pudo ofrecer algún mínimo bocado para acompañar tan atractivos bebestibles. ¿Por qué este comentario? Porque la idea es excelente pero no debe quedar limitada a un episodio local de Peñuelas y en una única tarde verano. La Cuarta Región, que tuvo durante quince años su Encuentro Gastronómico, creado por la empresaria hotelera Marla Cellino y la entonces alcaldesa Adriana Peñafiel, que transformó la gastronomía nacional vinculándola con buenos chefs internacionales, bien puede volver a organizar reuniones masivas y múltiples para exhibir y promocionar nacional e internacionalmente ese arsenal de buenos productos que ha comenzado a producir.


LOS CONDUMIOS DE DON EXE



DE MANCORA A LIMA…
Y DE LIMA A SANTIAGO.

Poco duró mi estadía en Máncora. A pesar de que Abril puso todos sus esfuerzos, la mirada diaria de su papá me tenía empelotado. Más aun cuando era menor que yo. Enfrenté la situación con éxito y luego lo conversamos con la peruanita. Ella lo entendió y retomamos el viaje regresando a Lima antes de tiempo. Sin poder embarcarme hacia Santiago, tuve que quedarme en la capital del imperio Inca un día más de lo esperado.

- ¿Te quedas en mi casa, Exe?
- Prefiero un hotel, respondí. No estoy preparado para que cuestionen mi vida.
- ¿Te sientes viejo que evades a mi familia?
- Lo siento, Abril. No me siento viejo…, “soy” viejo.
- La edad se lleva en el alma, Exe. Y para mí, tú eres más joven que cualquiera de mis amistades.
- Aun así, prefiero un hotel.
- Pero ¿saldremos a cenar esta noche de despedida?
- Donde me lleves, Abril. Esta será una noche perfecta.

Manejó su auto (esta vez no un escarabajo sino un 4 x 4) y lo estacionó frente a la playa y al hotel JW Marriott. Mi maleta parecía estropajo frente a los equipajes de los turistas que estaban registrándose en esos momentos. La mía, verde cata, contrastaba con la elegancia de Louis Vuitton, Hermès y Tumi de Theodore Anthony. Aun así, destacaba… y eso que la había comprado en la Zofri de Iquique.

- Eres mi invitado, Exe, comentó cuando pasaba su tarjeta de crédito para pagar mi estancia. Si Máncora no resultó, al menos déjame cubrir los costos de este paseo.

Tenía cinco horas para recuperarme del eterno viaje entre Máncora y Lima. Abril quedó de pasar a las diez de la noche a buscarme para salir a comer. ¿Te apetece algo en especial o yo dispongo?, preguntó. Haciéndome el desentendido, dejé que ella buscara un tugurio para pasar mi última noche en Lima.

Leí los folletos de la habitación. Prendí y apagué el televisor varias veces. Me dí una ducha de esas en que quedan los dedos arrugados por tanta agua y dormí como un bebé hasta que golpearon la puerta de la habitación para entregarme mi traje de lino limpio y planchado. Luego, otra ducha y un poco del canal Gourmet para hacer hambre. Cinco minutos antes de las diez, suena el teléfono y una dulce voz me avisa que me esperan en el lobby.

¡Ya era hora!

Guapa como siempre, Abril maneja su 4 x 4 abriéndose paso a bocinazo limpio por el barrio de San Isidro. A los pocos minutos llegamos a un lindo lugar situado en una esquina cualquiera. La fachada era negra (como mis pensamientos), pero ya en su interior, toda la vida social limeña en su gran esplendor. Era el Lima 27, uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Abril pidió champagne para abrir el apetito (champagne y no espumoso, obvio). Mientras la bebíamos, miraba alrededor y realmente trataba de buscar en nexo entre los peruanos que llegan a Santiago y los que viven en la Lima moderna. Realmente una tarea imposible.

El lugar (si no lo conocen) es un restaurante/lounge donde coexisten distintos espacios para públicos diferentes: uno con paredes de metal perforado por donde se cuelan haces de luz morada, otro de mantel largo y ambiente formal, un tercero con decoración distendida y una terraza de techo aerodinámico y un bar en acrílico rojo. En la cocina está Carlos Testino, rodeado de toda una parafernalia tecnológica que va desde un thermomix hasta una máquina de cocción al vacío. Con estos elementos y un personal de apoyo de primera línea, Lima 27 se pone en la fila de los restaurantes A1 de una Lima veleta y cosmopolita.

Estaba realmente embelezado con el condumio. – “Conozco al dueño, me cuenta Abril, así que pedí una degustación de sus mejores platillos” ¿Te molesta?

Acariciamos y degustamos seis tiempos: partimos con un aperitivo de de langosta y trufas con espuma de parmesano, que cumple su función a cabalidad. Abril me miraba con ojos intrigantes. ¿Qué le parece, mi caballero?, preguntó, mientras acercaba sus piernas a las mías.

- No sabría decirte qué me gustó más, respondí. ¡Por fin me siento de vacaciones!

Mini ravioles de foie gras y hongos con vinagreta de oreja y piñones; Pulpo (¡era que no!) con chimichurri de queso manchego y espuma de papa; Piñata de calamar y camarones con helado de ají amarillo; Paiche (ese gran pez amazónico de río) asado en mantequilla almendrada y ñoquis crocantes y Cordero lechal con cilindros de polenta fueron los platos degustados en una larga noche. Si le sumamos un sorbete de lima sour y los postres, el banquete fue de los dioses del Olimpo. Buena comida y buena bebida ya que acompañamos la cena con vinos argentinos y chilenos de una generosa (y onerosa) cava.

- ¿Bailamos?, me preguntó tímidamente.

El ambiente de la disco que estaba al lado del comedor estaba que ardía. La música poco me acompañaba, pero la cercanía de Abril solucionaba todos los decibeles y resquemores. Yo sólo tenía ojos para ella y Abril se percató. Bebimos dos whiskys Caol Ila cada uno y quedamos, por así decirlo, listos para la foto.

Una foto que nunca veré, ya que a pesar de lo entusiasmados que estábamos, la hora del despegue jugaba en contra. Consciente de su estado, Abril dejó su auto en el estacionamiento del restaurante y me encaminó en un taxi al hotel. –“Mañana viajas a mediodía”, comentó, y luego de darme un piquito en el lobby, se las endilgó a su morada.

Me despertó a las 9 de la mañana y no con el codo, sino que por teléfono. “Te paso a buscar en una hora”. Yo aun no discurría donde estaba pero poco a poco las imágenes de la noche anterior volvieron a mi mente. ¡Nos vemos en Santiago, querido!, dice cuando me planta otro piquito poco antes de entrar a policía internacional. Marzo se viene duro. Regresa Mathy de Iquique; Sofía, mi paquita, sale de vacaciones y para más encima, Abril se viene por un par de años a Santiago.

¡Señor, dame tu fortaleza!

Exequiel Quintanilla

Lima 27
Santa Luisa 295, San Isidro, Lima, Perú
Teléfono 51- 221 5822
Mail: reservas@lima27.com

MIS APUNTES GASTRONÓMICOS





¡ENJOY HANAMI!

Nuevito y “de paquete” es el nuevo espacio gastronómico del casino de Coquimbo. Reemplaza al Oire, de genial gastronomía pero de precios tan altos que ahuyentaba a lugareños y veraneantes por igual. Hoy, el lugar se llama Hanami, y su especialidad es la cocina asiática con algunos guiños de autor que Nayade Jorquera, la chef ejecutiva del complejo desde que este abriera sus puertas, entrega a sus fieles comensales.

De ser sólo una barra, el Hanami se convirtió en un lugar hecho y derecho. La carta navega entre sushis, sashimis y platos que incluso se pueden confundir con algo de chifa o nikkei (peruana china y peruana japo). Recién abierto en febrero de este año, aun no define su personalidad propia, sin embargo lo que allí se come es, sin duda, una cocina de buena calidad.

Nayade estudió en Inacap de Viña del Mar y junto a Gionata Nardone, chef ejecutivo de la cadena de hoteles Enjoy, elaboraron una carta llena de sorpresas que comienzan con tres entradas de alto nivel: láminas de pulpo al oliva, blando y como para cortarlo con el tenedor; un Cebiche preparado al mejor estilo peruano y un Carpaccio de salmón de gran nivel de preparación y materia prima. Para acompañar, Brut Undurraga (10.200 la botella).

Buen comienzo. Mientras saboreábamos las entradas nos enteramos que Nayade tiene la responsabilidad de manejar todas las cocinas del establecimiento y para ello debe lidiar con 104 empleados. En el Hanami cuenta con la valiosa ayuda de Omar Astorga, uno de sus sushi-man, que es el encargado de enviarnos una selección de sushis de su creación (entre 5 mil y 6 mil la porción de ocho trozos) donde destacó uno preparado con panco y camarones. Luego, y alejándose de la cocina “con palitos”, disfrutamos un costillar de cerdo agridulce (con salsa teriyaki y camarones $ 9.900) y unas pechugas de pollo a la oriental (con piña, cebolla, ajo, jengibre, guindilla y soya $ 8.100).

Me llamó la atención la cantidad de público presente en el Hanami a tempranas horas de la noche. Es posible que se deba a los precios, muy acordes con la realidad gastronómica de esa ciudad, y por la calidad de la comida y sus productos. Definitivamente en este casino se están esmerando para no desplumar a los clientes (de eso se preocupan las tragamonedas y la ruleta), y su variada oferta convence a quienes visiten el lugar.

Ricos helados de jengibre y limón como fin de fiesta como también un alucinante arroz con coco y mango (4.100), avalan que esta cocina es una de las mejores de La Serena y Coquimbo, donde sus habitantes viven de un pasado gastronómico majestuoso pero que en la actualidad sólo queda en los recuerdos.

Si viaja este verano a la cuarta región, no deje de visitarlos. El Hanami tiene una cocina que vale la pena conocer. (Juantonio Eymin)

Hanami, Hotel Casino Enjoy, Av. Peñuelas Norte 56, Coquimbo, fono 51-423.000

PURO VINO ES TU CIELO...

MISIONES DE RENGO PRESENTÓ SU NUEVO ROSÉ

El rosé no es sólo cosa de mujeres. El consumo de vinos rosé está creciendo cinco veces más rápido que el de los vinos tintos y blancos. Acompañando esta tendencia, Viña Misiones de Rengo presentó su nuevo Rosé Varietal 2011, un vino versátil y refrescante, ideal para acompañar las temperaturas estivales.

Su Rosé Varietal de Cabernet Sauvignon –Syrah es un vino de precioso color, elegancia y sensualidad. Perfecto para acompañar mariscos, carnes frías, ensaladas, pescados, y disfrutar a toda hora en terrazas y en salidas veraniegas.

De hermoso color rosa frambuesa, brillante y límpido, este Rosé Varietal 2011, compuesto con un 62% de Cabernet Sauvignon y 38% de Syrah, posee aromas a frambuesa, cerezas y suaves notas a caramelo. En boca es equilibrado, fresco, con sabrosas notas a frutilla. Se recomienda servirlo entre 9 y 11 C°, de acuerdo a la temperatura ambiente.

Misiones de Rengo busca desmitificar que el rosé es sólo cosa de mujeres, y desafía a que este verano más hombres se aventuren y disfruten también del sabor refrescante y la versatilidad gastronómica de este cabernet sauvignon- syrah, rosé.


BUENOS PALADARES



LAS CRÍTICAS GASTRONÓMICAS DE LA SEMANA

SOLEDAD MARTÍNEZ
(Wikén)
(3 febrero) SAVINYA (Hotel del Mar, Av. San Martín 199, Viña del Mar, fono 32 – 284.6238): “La propuesta de la temporada es un variado abanico de productos en recetas muy originales. Tras un appetizer de ostra aliñada con vodka, pedimos tapas de rico lomo de vacuno relleno con espárragos, tomate seco con albahaca, y papas chip con fondue de queso azul ($6.500), y nos arriesgamos con la incógnita de una "creación de entrada caliente" (se ofrece también de entrada fría y de platos de fondo). Resultó una atractiva roulade de congrio rellena de espinaca sobre ragoût de hongos y "aire" de trufa ($9.800), con cierto parecido en su esquema a un guiso de conejo de la carta. Después, gnocchi (más bien una capa) de papa con relleno de ostiones a la parmesana y patas de jaiba en abundante y sabrosa salsa de crustáceos al jengibre ($10.500), y dos chuletitas de cordero de carne bien rosada con puré de habas, salsa de auténtico queso gorgonzola y hojas de betarraga ($14.900). Probé además un mero a punto, con su piel y cremosa salsa de ostión, espuma de espinaca y endibia grillada. Todo muy bien y los dos últimos platos excelentes.”

ESTEBAN CABEZAS (Wikén)
(3 febrero) EL CAMARÓN DE GORBEA (Manuel Montt 1631, fono 789.7025): “De lo probado: los camarones, que no son baratos ($11.200), pero que lejos los valen. Un trío de blandos locos en cama de lechuga ($7.900), con su salsa verde aparte. Luego, tras la pasada y recogida de la mesa por un mozo que creyó que habíamos terminado, un cebiche mixto ($6.200) algo amargo y salado, con el choclo sin su nota dulce. Y un perol con trozos de congrio al ajillo arriero ($6.400), picantito, bien a la chilena, como para sopearlo hasta el final.” “Se pidió una torta de merengue lúcuma y llegó un postre de tres leches (no de los mejores, $2.400). Se pidió café y llegaron dos tacitas de café instantáneo (y ni nos advirtieron, a ¡$1.100! cada una). Se pidió la máquina para pagar y el mozo la dejó, se fue, la reprogramó, se fue, volvió y a su vez pidió que, ojalá, la propina fuera dejada en efectivo.”

RODOLFO GAMBETTI (Las Últimas Noticias)
(3 febrero) BELLA VISTA SANDWICH CLUB (Pío Nono 5, Bellavista, Providencia, fono 6-168.5322): “Ofrece platos clásicos, contundentes, como churrascos y lomitos desde $3.490, con las inevitables papas fritas. A los que agrega sugerencias del chef, como hamburguesa de wagyú, arrollado huaso o mechada ($3.990), lengua o pernil en las opciones de marraqueta, amasado, ciabatta o frica. Y características se han vuelto sus salsas, como mayonesa al jalapeño o al ajo, pebre, porotos negros en pocillo. Uno de sus socios, Pablo Rado, con experiencia en Gringolandia, agregó a la carta unas hamburguesas dobles, una ropa vieja cubana, la típica milanesa bonaerense, y también el Pulled Pork, emparedado de lechón con salsa barbacoa y el Philly Cheese Steak, vacuno con cebolla caramelizada ($5.290). Para piqueos dispone de su recomendable “delicias de camarones”, trilogía que los incluye en ceviche y fritos en panko y al pilpil, una tabla de alrededor de $9.000, de la que comen tres. Como novedad hay que conocer su Onion Blossom (una cebolla frita tallada como un capullo) que reemplaza a los repetidos aros de cebolla, sencillo punto de encuentro por $2.490.”

BEGOÑA URANGA (El Sábado)
(4 febrero) EL CAMARÓN DE GORBEA (Manuel Montt 1631, fono 789.7025): “Los baberos ahora son de papel. La atención buena, amable y rápida. Un día de semana al almuerzo, la luminosidad del sol molestaba, como que el ambiente resultaba poco acogedor. Pero la cosa se alegró con la llegada del delicioso ceviche y los espectaculares camarones de río. Puro gozo y pérdida total de compostura. Con los dedos.” “Luego, un atún ecuatoriano sellado en sésamo que, pese a la calidad del pescado, no resultó tan maravilloso. Lo que sí fue un éxito, fue el congrio a la plancha. Dorado, como prometieron, a un precio más que razonable, $6.200; espectacular. Blanco, en su punto justo, firme y tierno a la vez y de un sabor a fresco como hacía tiempo que no se veía. Las ensaladas de palta, generosas.”

PILAR HURTADO (Mujer, La Tercera)
(5 febrero) HANABI (Vitacura 9875, fono 243.0234): “El ambiente aquí está centrado en sillas y mesas de madera clara, cuadros con motivos japoneses, individuales de papel y servilletas de género rojo. Pedimos un sashimi de corvina y salmón, fresquito, justo lo que necesitábamos, y un par de bebidas light. Mi madre, habitué de este lugar, pidió su roll favorito altiro: Frosty roll, que viene con almendras tostadas y una salsa de mango y es bien rico. Los rolls aquí son poco ortodoxos, más bien son 'fusión'. No es nikkei, como el restaurante de la semana pasada, donde la fusión es con la cocina peruana. Bueno, sigamos. Para elegir un par de rolls más le pedimos ayuda a una de las garzonas y ¡qué agrado cuando se conocen la carta al dedillo y saben recomendar al cliente! Como no encargamos todo junto, tuvimos que esperar un rato el sabroso Alaskan roll, frito por fuera pero enorme cada pedazo, y el picante Hurricane roll, que venía con tiras de kanikama con salsa picante encima. Mientras tanto, al lado nuestro se sentó un hijo treintón que había invitado a su madre a almorzar, y para nuestro asombro, si bien cariñosamente, se dedicó todo el rato a dictarle cátedra sobre el sushi, sobre el celular, sobre la cerveza que bebieron… A nosotras nos dio un pudor atroz que el niño hiciera sentir tonta a la señora de esa manera, especialmente cuando había tanto espacio en el restaurante… Era como tener al lado una teleserie en la que en cualquier momento iba a pasar algo más. No, no pasó nada más. Quedamos satisfechas con todo lo que comimos, nos pareció rico y bien atendido, pagamos la cuenta y nos fuimos, sí, con la idea de volver otra vez.”

DANIEL GREVE (Qué Pasa)
(3 febrero) KÖÖK (Nueva Costanera 3986, local 2. Vitacura): “El hecho de que la chef Catalina Valdés haya nacido en Ecuador marca la línea culinaria que hoy toma Köök -almacén y bistró- en muchos de sus platos. Este acento se nota especialmente en el Encocado de camarón ($ 7.200), un plato contundente, que juega con notas agridulces, lácteas, vegetales, marinas. Los camarones nadan a gusto en un guiso de tomates, pimentones, achiote y cebollas morada y blanca. El arroz, a un costado, con un toque de cilantro, sirve de perfecta guarnición para ir echando dentro del caldo con camarones, que luego es enriquecido con un sabroso bisque y leche de coco. También, y de reojo, se agregan unos chifles -chips de plátano- para agregar turgencia. Imposible desaprovechar la terraza trasera en esta época y no anteceder todo este festín con sus cócteles estivales. Prueben el Köök ($ 3.500) -vodka, manzana, limón de Pica- y el Waqar Pear ($ 5.500) -pisco Waqar, pera, kiwi- y dejen que el tiempo pase sin prisa.”

YIN Y YANG (La Segunda Internet)
(3 febrero) LAS DELICIOSAS (Av. Borgoño 25370, Concón): “Entre las empanadas fritas que han sido ponderadas favorablemente en la costa central, pocas pueden superar en ello a las que elabora el restaurante "Las Deliciosas" de Concón. Tiempo atrás recomendamos las que preparaban de mariscos, y su fama actual se aprecia allí mismo en la cantidad de locales con nombres parecidos que intentan confundir al consumidor. Tal éxito ha llevado a que ahora ofrezcan doce tipos de tamaño mediano con rellenos diferentes (queso, marisco, carne, jaiba con queso, camarón con queso, ostión con queso, macha con queso, aceituna con queso, napolitana, pino de locos, loco con queso y champiñón con queso), cada uno marcado con una forma o señal distinta en la masa.” “Días atrás, probamos dos de distintos rellenos y en ambas tanto la masa como la fritura eran inferiores a nuestros recuerdos y a muchas de la zona. En cuanto al contenido, la de mariscos ($ 1.000), sin duda la más tradicional, no estaba mal pese a que no merecía destacarse, pero en la tan alabada de queso y ostiones ($ 1.800) éstos eran claramente de segunda categoría y el conjunto no valía ni su precio ni su fama. Puede ser un efecto de haberse hecho masiva su producción o del escaso rigor del público, y en todo caso lo lamentamos.”