de 12 a 24 hrs.de lunes a sábado

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Fachada exterior

martes, 30 de julio de 2019

LOBBY MAG


 
En memoria de Enrique Lafourcade, uno de los fundadores del Circulo de Cronistas Gastronómicos de Chile
 
 
LOBBY MAG
Año XXXI, 1 al 7 de agosto, 2019
Solo la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad.
LA LISTA DE LA SEMANA: Las siete mejores “batallas” gastronómicas
MIS APUNTES: Punto 8, el nuevo comedor de Claudio Úbeda
EL REGRESO DE DON EXE: Una extraña en la carretera
 

LA LISTA DE LA SEMANA


LAS SIETE MEJORES “BATALLAS” GASTRONÓMICAS
Naranjas, tomates, harina o merengue, cada ciudad tiene su favorito, pero a nosotros nos gustaron todas. Así que prepárese para disfrutar la gastronomía internacional desde una manera diferente… a través de las batallas de comida más épicas del mundo.
 

 
DELS ENFARINATS DE IBI
Como cada 28 de diciembre, la ciudad alicantina de Ibi acoge la batalla dels Enfarinats (los “enharinados”). Esta fiesta, con más de 200 años de antigüedad, cuenta con dos bandos rivales que se baten por el poder local a base de huevos, harina y mucha fe. No están locos… pero lo parecen. Por un día dan un golpe de estado, toman el poder, imponen sus propias leyes e impuestos y se enfrentan a la oposición hasta que todos están bien rebozados y sus uniformes militares se han vuelto de color blanco. Los enfarinats son una experiencia para todos los sentidos.

LA BATALLA DE LAS NARANJAS EN IVREA
En Italia no se andan con chicas. Aquí en Carnaval se baten a naranjazo limpio, así que si se animan a vivir el cítrico carnaval de Ivrea (al lado de Turín) vayan bien protegidos si no quieren volver a casa llenos de moretones. Esta fiesta que se celebra cada año en febrero conmemora la rebelión de la gente contra el tirano Raineri di Biandrate, que instauro el infame “derecho de pernada” (en español, que se podía acostar con cualquier novia en la noche de bodas). Los participantes se dividen en dos bandos: el que se pasea a bordo de un carro por la ciudad y que representa a los hombres del emperador, y el que va a pie y que representa al pueblo… que es el que se dedica al lanzamiento de las naranjas.

GUERRA DE MERENGUE Y CARAMELOS EN VILANOVA I LA GELTRÚ
Por lo visto, en el Mediterráneo les gusta jugar con la comida porque cada año en Carnaval los vecinos de Vilanova y la Geltrú se toman las calles y plazas para arrojarle merengues a todo lo que se mueva, sin piedad. Parece ser que los vilanovins no se tomaron muy bien la prohibición del Carnaval por parte de Franco y decidieron protestar cada año el jueves antes de la Cuaresma usando todo tipo de dulces como armas. Por si esto no fuera suficiente, el domingo el pueblo se convierte en un campo de batalla en que los caramelos (cuando más duros mejor) vuelan de un lado a otro.

CAMPEONATO DE TARTAZOS EN INGLATERRA
En el pueblecito inglés de Coxheath se inspiraron en la broma clásica del tartazo de crema en la cara para crear el Campeonato Mundial de Tartas de crema. Eso sí, aquí hay un orden para cada cosa. Cada mes de mayo los participantes se dividen en equipos de cinco y en función de en qué parte de tu contrincante llegue la tarta, se ganan más o menos puntos. La originalidad del lanzamiento también cuenta…

LAS BATALLAS DEL VINO
Con una cultura enológica importante, en varios puntos de la geografía española se organizan todo tipo de luchas que empiezan con el lanzamiento de uvas y acaban con todo el gentío oliendo a mosto y con la ropa de color vino. Algunos de los más interesantes son la Batalla del Vino de Haro en la Rioja (29 de junio), en la que todos los participantes -vestidos de blanco y con un pañuelo rojo al cuello- son literalmente bañados en vino hasta que quedan completamente morados. Mientras que en la Raimà de la Pobla del Duc en Valencia (finales de agosto) la muchedumbre se arroja unas 90 toneladas de uva garnacha para celebrar el fin de la vendimia y deshacerse de las uvas que han sobrado.

LANZAMIENTO DE PASTEL DE FRUTA
¿A quién le gustan los bizcochos con fruta? A casi nadie, así que, si no saben qué hacer con ellos, en el pueblo de Manitou Springs (Colorado) han dado con la solución perfecta: hacer un concurso de lanzamiento de pasteles. La competencia es dura y hay varias categorías, los pasteles se pueden lanzar con catapultas, hondas gigantes y todo tipo de artilugios... Quizás no se manchen tanto, pero la diversión está asegurada.

LA TOMATINA DE BUÑOL
La famosa Tomatina de Buñol no podía faltar entre las mejores batallas de comida del mundo. Es la madre de todos los festivales en los que la comida adquiere un aspecto más recreativo que otra cosa y cada año recibe unos 40.000 participantes de todo el mundo. Lo que empezó en 1945 como la protesta de unos adolescentes locales por no poder participar en un desfile de gigantes y cabezudos ha derivado en una gigantesca batalla en la que a partir de las 11 de la mañana del último miércoles de agosto se arrojan 125.000 kilos de tomates y todo se tiñe de rojo.

MIS APUNTES


 
PUNTO OCHO
El nuevo comedor del chef  Claudio Úbeda

Le ha costado al Cumbres Lastarria posicionar su cocina. Este es un hecho que no se puede desmentir. Desde su inauguración han tenido varias propuestas que no tuvieron buena respuesta del consumidor. Cuatro chefs han pasado por sus cocinas sin mayor trascendencia. El Punto Ocho, un nombre que imagina un salón de pool, cuenta desde hace un par de semanas con un par de novedades dignas de mencionar. La más importante, por así sentirlo, es que Claudio Úbeda, chef ejecutivo de la cadena hotelera y a la vez chef del Cumbres Vitacura, tomó las riendas del hotel de la calle Lastarria, con el fin de mejorarlo definitivamente.

Para ello, y junto con renovar completamente la carta del comedor principal ubicado en el octavo piso de este lindo lugar, complementó la cocina del bar, actualmente en alianza con Catad’Or, donde a una generosa oferta de vinos y cócteles se suman tapas y platillos que maridan a la perfección con esta nueva barra del barrio Lastarria.

Fiel a su estilo, la carta del Punto Ocho creada por Claudio Úbeda, se enfoca en la cocina chilena de mantel largo, su especialidad. De ahí una de sus entradas, como una increíble Perdiz en escabeche, perfumada a la trufa negra de Futrono, con tostadas y mantequilla de perejil (9.100), es un “hit” que no hay que perdérselo.  Para los que prefieren lo marino, sus Láminas de atún selladas con aire de eucalipto, crujiente de luche y selección de brotes (11.100), es otra de sus genialidades.

Con todo esto del nuevo siglo, es fácil deducir que en el país hay diecisiete millones de fotógrafos, y de ello dan fe todas las redes sociales. Mientras más lindo se vista un plato, mayor es la posibilidad de convertirlo en best seller. Sin embargo, los que captan imágenes no sabrían cómo calificar uno de los platos más gratos y sabrosos que ha salido de las cocinas de Claudio Úbeda desde sus inicios en Puerto Varas. Se trata de una Malaya de cerdo cocinada a baja temperatura, con estofado de repollo con murtilla, papas asadas y salsa de merlot (14.000), que, si bien parece un típico plato alemán familiar, su sabor y texturas son para elevar las manos y agradecer a los dioses la llegada del chef Úbeda a esta cocina del centro de Santiago.

Carnes, pescados, mariscos, pastas y postres (como su Torta de Cola de Mono - $3.800-) en una nueva carta que se agradece. Poco a poco, este comedor hotelero –donde el servicio es otro de sus puntales- se está convirtiendo en uno de los mejores restaurantes del barrio, ya sea a la hora del happy hour en la renovada barra del bar, o en el piso 8, donde la calidad no se transa y el sabor es inconfundible.

Esperemos que la quinta sea la vencida.

Punto Ocho / Hotel Cumbres Lastarria / Lastarria 299 / 22496 9000

 

EL REGRESO DE DON EXE


 
UNA EXTRAÑA EN LA CARRETERA
(Solo para viudos y vuidas de Don Exe)
 

A veces las vacaciones aburren. Más aun en mi caso ya que en diez días que estuve en la cuarta Región, no logré atraer la atención de ninguna chica. ¿Estaré poniéndome viejo y calamitoso?

Decidí regresar a la capital. Por lo menos dormiría en mi cama y más de alguna amiga estaría en julio en este refrigerador que es Santiago. Mi paquita aun en Temuco (ojalá regrese pronto), pero a falta de pan, conocí a Florencia, una morenaza para cortarla con la uña. Florencia no se movería de su casa y le anuncié visita para el jueves a la hora del happy hour.

Encaminé mis pasos al terminal de buses de Coquimbo. Entre consulta y consulta sólo encontré un pasaje libre en una línea bastante desconocida. Partiría de regreso a la capital a las 12.30 de la noche y llegaría a Santiago a las 7 y media de la mañana. Bueno… esa era mi intención.

Siete largas horas de viaje me esperaban en un salón - cama que no tenía nada de salón ni menos de cama. Para el viaje, una mineral y pasada la medianoche me embarqué en una nave que nunca llegaría a destino.

¿Qué pasó? Bueno. Lo que tenía que pasar. La máquina fundió su motor entre Tongoy y Los Vilos, o sea, lejos de todo y cerca de nada. Con un aroma a goma quemada dentro del bus, el piloto (o chofer) nos pide que salgamos de su máquina y esperemos una de reemplazo. Luego, con voz esperanzadora nos comenta que se comunicó con Santiago y que en tres horas (con cueva), llegaría otra nave.

No hacía frío, pero estaba fresco. Quería fumarme un cigarrillo, pero como no se puede fumar en los buses no había comprado. Lo único que tenía era una botella de Cachantún y sinceramente eso no valía nada en esas circunstancias.

Agudicé mi vista y veo a cuatro jovencitos en plena charla. Más bien tres minitas y un nerd con aritos y jockey al revés. Fumaban y algo bebían en unos vasos plásticos. Me acerqué y entablé una pequeña conversación:

- Chicos, me quedé sin cigarrillos y no saben las ganas que tengo de fumar.
- ¡Hola tío!, dice una de las chicas.
- Soy Exe y tengo algo de dinero para comprarles cigarrillos, les conté.
- ¡Naa tío! Acá toos somos iguales, dice, mientras me ofrece de una cajetilla arrugada un Pall Mall. - ¡Gracias!, respondí. - En Los Vilos multiplicaré tus buenas intenciones.

Prendí mi cigarrillo y tras una larga aspirada le pregunto su nombre.

- Josselyn, me cuenta.
- ¿Y tus amigos?
- Bueno… el Brandon, la Katiuska y la Ferny.
- ¿Van a Santiago? (primera pregunta idiota)
- ¡Íbamos!, contesta. Ahora parece que nos quedaremos en Los Vilos en la casa de la Katiuska. ¿Querís tomar algo?
- ¿Tienen? (segunda pregunta idiota)

El Brandon me pasó un vaso plástico con ron (de caja) y una bebida cola que no conocía. A esas horas de la madrugada y sentados a la vera de un camino donde no pasaban ni las luciérnagas, me pareció una bebida celestial. –“Se nos acabaron los puchos”, Exe. ¿Querí que te liemos un pitito?

A esas alturas del partido estaba a merced de mis nuevos amigos. Josselyn me lleva a un lado y pregunta por mi vida. Mirábamos la luna nueva mientras yo le contaba de mis años y ella escuchaba haciéndole cariño a mis brazos. No sé qué estaba fumando, pero mis sentidos se multiplicaron por mil.

Otro porro en conjunto y dos vasos de ron nos pasaron la cuenta. Se acurrucó a mi cuerpo y se durmió…bueno, nos dormimos.

Despertamos cuando los pasajeros aplaudían al bus de reemplazo. Me dolían todos los huesos. Bebimos el resto de la Cachantún, el único activo que tenía en ese lugar y juntos proseguimos el viaje.

No le costó mucho para convencerme que me quedara en Los Vilos en casa de Katuiska. Para pagarles la caña de la noche anterior, los convidé a tomar desayuno en uno de los boliches de la ex carretera. A las ocho de la mañana, todos comíamos sánguches de pescado frito y “tecito”. Josselyn no me soltaba. Según ella, había encontrado a su “media naranja”.

La vivienda de Katiuska era, por así decirlo, una casa. Un respetable casa con varias habitaciones que estaba a cargo de la “tía Leonor”, quien, al vernos llegar sucios y hediondos a ron barato, nos mandó a una habitación múltiple de tres camarotes y un baño común. Ahí dormimos al son del reaggeton. Yo, al menos, dormí un par de horas, aunque el maldito ritmo guachaca aún resuena en mis oídos.

Estaba al debe con mis nuevas amistades y con la tía Leonor. La madame, respetada por todo el pueblo, nos acompañó a comer ostiones y merluzas a una picada de la playa. Luego nos endilgó al terminal de buses. Brandon y la Ferny en un asiento; Josselyn y yo en otro.

- El domingo es mi día libre ¿Me invitas a algún lugar?
- ¿Cómo cuál?
- ¡Fantasilandia!
- ¿Por?
- Quiero ser y sentirme niña alguna vez en mi vida.
- ¿Nunca lo fuiste?
- Nací en cuna de carbón, papito. Mi papá era minero en Lota. Allá, con cueva jugábamos a las bolitas y la pieza oscura. Y no me digas más Josselyn. Mi nombre es Rosa y bien debes saber a estas alturas a qué me dedico.

No me importó ni su origen ni su oficio. Privilegio de viejo solo, pasé el día domingo en Fantasilandia con un frío de mierda. Josselyn (o Rosa o como quiera que se llame) estaba más feliz que perro con dos colas. De ahí nos fuimos por una parrillada (de esas con prietas, ubres, chunchules, longanizas, papas cocidas y ensalada mixta) a un clandestino en las cercanías del Club Hípico y luego, en taxi, al terminal de buses, para regresarla a su casa-asilo en Los Vilos.

Rosa intuía que jamás volvería a verla. Al despedirse, sacó de su cuello un colgajo con una imagen de Santa Nefija (patrona de las chicas que tratan de tú) y lo pone suavemente en mi cogote. Se santigua y me da un beso en la frente. – Gracias, dice. Que Dios te acompañe.

Entre Tongoy y Los Vilos no solían suceder muchas cosas. Ahora sí. Mi problema ahora es Florencia, que me esperaba el jueves y hoy es lunes. ¿Se tragará eso de que me raptaron en la carretera?

Veremos…

Exequiel Quintanilla