de 12 a 24 hrs.de lunes a sábado

de 12 a 24 hrs.de lunes a sábado
Fachada exterior

martes, 13 de agosto de 2019

LOBBY MAG


 
LOBBY MAG
Año XXXI, 15 al 21 de agosto, 2019
Solo la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad.
LA LISTA DE LA SEMANA: Las ensaladas más famosas del mundo
MIS APUNTES: Brunapoli
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: Costillas Mardoqueo
 

LA LISTA DE LA SEMANA


LAS ENSALADAS MAS FAMOSAS DEL MUNDO

¿Sabría decir cuáles son las ensaladas más populares del mundo? Cada país o región tiene su propia ensalada, como nuestra popular “chilena”, la “zarza criolla” peruana o el “pico de gallo” centroamericano. Sin embargo, algunas recetas son mundialmente conocidas y han logrado tener un nombre propio. Todas ellas tienen algún ingrediente o alguna historia que las hace únicas. Les proponemos un pequeño viaje gastronómico para que descubra el top 5 de las ensaladas más famosas. Estamos seguros que las conocen, pero no sabían que eran las más populares del mundo.

 
ENSALADA CÉSAR
Esta ensalada fue creada en Tijuana (México) y debe su nombre al cocinero César Cardini. Es sin duda una de las más conocidas y es fácil encontrarla en cualquier rincón del mundo. Se puede componer de muchas maneras diferentes, pero principalmente contiene lechuga romana, queso parmesano, crutones de pan y ese aderezo que le da ese punto tan especial, la salsa César (anchoas, ajo, queso parmesano y mostaza, entre otros ingredientes).

 
ENSALADA CAPRESE
Esta colorida receta tiene su origen en la región de Capri (Italia) y es una gran embajadora de la gastronomía italiana. Es muy sencilla de preparar ya que principalmente contiene rodajas de tomate, queso mozzarella, aceite de oliva, sal y albahaca. No hay nada más sencillo y refrescante que este conocido plato.

 

ENSALADA GRIEGA
La ensalada griega es un homenaje a los productos más típicos de la dieta mediterránea. Es una receta que combina queso feta, aceitunas negras, lechuga y tomate, y suele presentarse con los ingredientes cortados en dados. Como ocurre con todas las ensaladas, existen muchas versiones diferentes pero todas ellas transmiten la frescura y el sabor del mediterráneo.

 

COLESLAW
Esta ensalada de repollo es el acompañamiento por excelencia de muchos platos norteamericanos como los hot dogs o las hamburguesas. Además de repollo y zanahoria, a esta receta también se le puede añadir repollo morado, piña o manzana, y en ocasiones un poco de yogurt natural para ligar la salsa. ¡Es una receta deliciosa!

 

ENSALADA RUSA
Algo menos ligera, esta receta es una de las más famosas en todo el mundo. En cada país se prepara de manera diferente pero sus ingredientes más característicos son las papas, zanahoria, huevo duro, arvejitas y mayonesa o salsa golf, ¡al gusto de cada uno!

 

MIS APUNTES


 
BRUNAPOLI
El más familiar de los panoramas de Nueva Costanera
 
Siempre he escuchado decir que una de las mejores pizzas de la capital son las que preparan en el Brunapoli, un restaurante de pizza & pasta que, de ser muy aplaudido en La Dehesa, su propietario, Francesco Vannucci, decidió abrir un local más grande en plena Av. Nueva Costanera, el lugar más caro –y solicitado- de Santiago.

Esta avenida es sinónimo de lujo y emprendimientos caros. Pero Vannucci igual transformó una propiedad en un moderno local digno de la zona, con el fin de atraer otro público, uno más familiar, que consiguió gracias a una carta de especialidades que entretiene a grandes y chicos.

El chef Rafael Medaglia, italiano de nacimiento y socio en los negocios de Vannucci, llegó a Chile a armar el primer Brunapoli. Su penúltima escala fue Dubai y aún mantiene su familia en Roma. Él es el encargado de entrenar a su personal –y bien que lo hace-, ya que tan sólo con harina, sémola, agua, con o sin huevos, en un minuto es capaz de sacar sabrosas pizzas de su gran horno a gas, epicentro de las operaciones del restaurante. El horno –a gas- que en un minuto es capaz de tener lista para el consumo una pizza, los fabrica en Italia el padre del chef, y se trajo a Chile como un mecano, convirtiendo este horno en otra de las atracciones del restaurante.

Pizza y Calzone para los chicos… las hay de todas las variedades e ingredientes, desde la tradicional Margarita ($ 8.300), pasando por una deliciosa pizza con anchoas ($ 8.900), hasta una especial, elaborada con Prosciutto San Daniele y Mozzarella di Bufala (13.900), ambos productos con denominación de origen protegido.

Hay ensaladas y un gran surtido de antipasti, lo que sin duda atrae a las féminas que prefieren guardar las calorías para el postre. Pero la novedad son las pastas frescas, ya sean simples o rellenas, como los Spaghetti alla Carbonara ($10.500), uno de los platos insignia del país de la bota. Para los que adoran los sánguches, en Brunapoli incorporaron los Panuozzi, especialidad napolitana, como el Luigi ($7.500), con milanesa de pollo, tomate, palta y mayo casera.

A la hora de los postres, esa inyección de azúcar que muchos solicitan, tiéntese con un verdadero Tiramisu ($ 4.900); o conviértase en adicto con el Vulcano di Cioccolato con Gelato ($ 4.900).

Amplio lugar y amable asistencia. Una carta de vinos y cervezas acorde a lo que bien se puede considerar una trattoria, aunque en este caso, la oferta lo saca de esa categoría y lo pone a un nivel de “ristorante” … y de los más interesantes de la capital.

Con el paso de los años, la influencia gastronómica italiana en Chile se ha puesto pantalones largos, Antes, apenas sabíamos lo que era la mozzarella. Hoy hay nuevos productos y términos como el guanciale, speck, burrata, prosciutto, mortadella (la verdadera) y un largo etcétera que estamos conociendo y asimilando. Acá, en Brunapoli, podrá encontrarse con muchos de estos productos, que sin duda han convertido la cocina italiana en un fenómeno mundial.

Definitivamente, para disfrutarlo en familia. (JAE)

Brunapoli: Av. Nueva Costanera 3961, Vitacura / 23203 3468   

 

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR



 
 
MARDOQUEO COSTILLAS

Hace once años (2008) conocí el primer local de la Fuente Mardoqueo. Allí, según algunos cronistas que vivían en ese sector, se comían los mejores lomitos de la ciudad; que eran mejores que los de la competencia; que la oferta de mostazas es la más grande del país; que sus sánguches eran gigantescos... y suma y sigue.
Tan buenos comentarios merecían una visita a Santiago Poniente. Un barrio antiguo, pero con una moderna infraestructura, ideal para parejas jóvenes y gente “urbana”. Barrio provinciano por así decirlo. Plazas propias, gente propia y vida propia. Una vida más sencilla y menos estresada. Quizá otra “República” dentro de un gran Santiago estresado y snob.

Pasó el tiempo y el éxito del pequeño local de la calle Libertad -en el barrio Yungay- derivó en otras aperturas, como la de la Av. Bilbao y la de El Bosque Norte. El emprendimiento de Gustavo Peñafiel, un amante de la cocina, había tenido un final feliz, como la de un Rockstar.
Pero sus ganas de seguir enfrentando la vida – hoy está en silla de ruedas debido a un accidente vascular- le motivaron a abrir en una de sus propiedades un restaurante –algo que va más allá de una sanguchería-, donde su caballito de batalla sería el costillar y algunas carnes, preparada esta vez en hornos de última generación y a precios populares. Así nació, hace unas semanas, Mardoqueo Costillas, un nuevo concepto, que, si bien aún tiene bemoles que resolver, ya atrae la atención de muchos.

Manejado por Álvaro Peñafiel, su hijo, el comedor, ubicado en una pequeña calle del barrio y a pasos del metro Cumming, alberga una serie de colecciones de platos, jarros, teteras y maquinas antiguas, que le da un aire bohemio y entretenido. Mesas con manteles y –caso único- una fuente para lavarse las manos al llegar, ya que se supone que las costillas se deben comer con los dedos de las manos. Acá (y por el momento) hay que venir por las costillas y por el asado de tira, que bien se pueden acompañar con ensaladas y guarniciones típicas nacionales. Sin carbón, leña o gas, las carnes son cocinadas a baja temperatura durante horas en modernos hornos, lo que les permite tener una correcta cocción.  
Buenos precios. 500 grs. de Asado de tira por $ 9.700; la media porción $ 5.200; el Costillar de cerdo (la razón de ser del restaurante), cuesta solo $ 7.700, y la media porción, $ 4.300. A ello debe sumarle las guarniciones, como las papas fritas ($ 2.100), Pastel de choclo ($ 2.100), Arroz ($ 900) y otras opciones cuyos precios no varían demasiado de los entregados.

Definitivamente carnívoro y familiar. El pisco sour (de la casa) es ofrecido gratis como bienvenida, aunque aún no tienen carta de vinos, algo absolutamente necesario en este lugar. Hay botellines de vino blanco y/o tinto, pero eso no se condice con la condición del lugar. En cervezas tienen una larga lista (debe ser por su tradición sanguchera), pero la coctelería y los vinos están al debe.
Ideal para ir en familia. El barrio es tranquilo y la casona que alberga al restaurante está muy bien conservada. Si afinan la puntería en los detalles, este lugar debería duplicar o triplicar sus clientes, ya que, por calidad y precio, merece la atención.

Si les va bien –como todos esperamos-, muy pronto podremos ver un Mardoqueo Costillas en el Barrio Alto capitalino. ¡Se lo aseguramos! (JAE)

Mardoqueo Costillas: Arzobispo González 441, Barrio Yungay / 22671 1698

martes, 6 de agosto de 2019

LOBBY MAG

 
 
LOBBY MAG
Año XXXI, 8 al 14 de agosto, 2019
Solo la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad.
LA LISTA DE LA SEMANA: Comida alemana en Santiago: Más allá de un crudo
MIS APUNTES: Peumayen BordeRío: una revelación
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: El sorprendente Meze

LA LISTA DE LA SEMANA


LA LISTA DE LA SEMANA

COMIDA ALEMANA EN SANTIAGO: MÁS ALLÁ DE UN CRUDO

Cierto. Más allá del crudo, que es el caballito de batalla de todas las fuentes de soda, shoperías, restaurantes y demases, quisimos encontrar los mejores restaurantes alemanes de la capital. Esos que hacen delicias con el repollo morado, con las albóndigas y sus típicas wurts. Lo increíble es que solo encontramos cuatro en toda la ciudad. Algo que no se condice con las tradiciones que nos dejaron las olas de inmigrantes bávaros que llegaron hace más de un siglo y que aún mantiene una férrea colonia, donde parece que la gastronomía poco les interesa.

 

LILI MARLEN
El más alemán de los alemanes lo recibe con marchas prusianas y retratos militares, donde mantienen una sintonía muy fina con los años de la dictadura de Pinochet. Sin embargo, mantiene una cocina típica alemana, donde los embutidos de cerdo, vacuno y ciervo tienen un sabor inigualable, al igual que sus kassler, las ensaladas alemanas con chucrut, tocino y pepinillo, todo a la usanza del pueblo alemán. Solo atienden de martes a viernes en horario nocturno. Una experiencia imperdible. (Julio Prado 759, Providencia / 22341 6213)

 
TANTE MARLENE
Luego de sus inicios en las cercanías de Curacaví, este restaurante ha experimentado varios cambios de domicilio y también de nombre. Pero la tradición obligó a sus propietarios (marido y mujer), regresar a su nombre original. Pioneros en la venta de cervezas alemanas, el pernil –que elaboran bajo estrictas normas- es uno de los grandes best sellers del lugar.  Una verdadera taberna alemana en pleno Vitacura. (Av. Nueva Costanera 3100, Vitacura / 22761 9043)

BIERSTUBE
Desde los años ’60, este lugar es centro de peregrinación de los amantes de las cervezas y de las “wurts” alemanas, las que vienen acompañadas de sus famosas ensaladas de papas, tocino, pepinillos y la verdadera mostaza germana. Es pequeño y ya tiene la calidad de “culto” para los capitalinos que frecuentemente llegan a este rincón del Parque Forestal. Este lugar es uno de los pocos vestigios de la real cocina alemana en el centro de la capital, y por ello es un dato fijo para nuestros lectores (Merced 142, Santiago Centro / 226337 717)

STARNBERG
Cuando el desarrollo urbano de Providencia obligó a los propietarios del Munchen a cerrar sus puertas, amigos y trabajadores del lugar propusieron a sus dueños abrir otro local con similares características. Así nació el Starnberg, en Vitacura, donde mantuvieron la carta, mobiliario e incluso su personal. Hoy es uno de los más conocidos restaurantes alemanes de la capital, y sus productos –de elaboración propia- son apetecidos por los nostálgicos clientes de Providencia y toda una nueva generación de clientes, que no deja de aplaudir su oferta gastronómica ni su servicio. (Alonso de Córdova 2359, Vitacura / 22953 5100)

 

MIS APUNTES


 
PEUMAYÉN BORDERÍO
Una revelación…
… Cuando hace siete años atrás abrió el Peumayen de Bellavista, pocos imaginaron que el cerebro de la carta era un argentino. ¿Qué hace un ché dictando pautas gastronómicas de nuestros pueblos originarios? A pesar de todo lo que se diga, se comente o se envidie, Juan Manuel Pena Pasaro, argentino de tomo y lomo, asumió la responsabilidad de sacar adelante un proyecto que no era propio, pero lo tomó como uno de sus más grandes desafíos.

Lo conocí al poco tiempo de abrir el local de la calle Constitución. Me asombraron sus recetas y conocimientos. Para poder medirlo en su real dimensión del país, le pedí un “té con té” a la hora del café final. La comida había sido asombrosa pero esa prueba era fundamental para este cronista.

Juan Manuel se levanta de su asiento y regresa con una lata de un litro de “pusitunga”, un licor de caña proveniente del altiplano compartido entre Chile, Perú y Bolivia y que tiene un 93% de alcohol, lo que lo convierte en un peligro incluso para su transporte y fatal para los que no lo conocen. Por ello, en el norte lo beben mezclado con té.

Ahí me convencí. Un argentino sabía más que cualquier chileno de su propia gastronomía.

Cuando los propietarios del Peumayen vieron la posibilidad de abrir una sucursal en BordeRio, volvieron a acudir a Juan Manuel para que les organizara una carta que, a diferencia del local inicial, no tendría menú degustación y todo sería a la carta, a pesar d que los ingredientes serían los mismos. El lugar, recién abierto y en pleno proceso de renovación (ya que ocupa el salón y las terrazas del desparecido El Otro Sitio), aun se siente frio. No existe la calidez del proyecto inicial, e, independientemente de la propuesta gastronómica (que está a muy buena altura), algo le falta al diseño y a la propuesta arquitectónica del comedor. Pálido, por así decirlo, requiere con urgencia un buen diseñador de espacios.

Sin embargo, la propuesta gastronómica vuelve a valorizarse. Posiblemente mejor que en su sede principal. La carta, que incluye platos del norte, centro, sur, interior y costeros del país, Emociona el Crudo de guanaco sureño (7.400), con ají mapuche y encurtidos, que junto a las Mollejas fritas acompañadas con papas chilotas y salsa verde (6.500) son parte de la nueva carta que elaboraron especialmente para BordeRío.

Grandes sorpresas en los fondos. Aclamado desde sus inicios, el Filete de caballo (¡sí, caballo!), reaparece con todo el sabor de la carne equina. Si el lector piensa que nunca ha probado esta carne (le aseguro que los mayores de 50, alguna vez la comimos), vaya por este plato novedoso y perfecto. Cuesta $13.900 y viene acompañado con papas chilotas y pebre. Aun así, el “summun” del Peumayen es el Pulmay (15.900), una preparación sublime, donde cada ingrediente se cocinan por más de 15 horas a baja temperatura, para luego unirlos en en un caldo de choritos y almejas. Así, cada ingrediente mantiene su sabor, convirtiendo este plato en un best seller… de esos que hay que ofrecer a los extranjeros que vienen a la capital.

Servicio atento e informado. Importante sería que los mozos o garzones preguntaran si es la primera vez que se visita el local o es un cliente frecuente, ya que las explicaciones de cada plato son largas y se pueden hacer repetitivas. Pero todo se olvida con los sabores que están entregando desde la cocina los chefs a cargo del comedor. Sin duda alguna, venir al Peumayen con un amigo extranjero que visite por primera vez la capital, es una forma de mostrar un Chile que pocos conocemos, un país con culturas, verdades diferentes y una cocina que sorprende, incluso a los capitalinos.

Un gran desafío que va mucho más allá del Caldillo de congrio de Neruda, que nos tiene atados a una cocina con poco valor real.

Peumayén BordeRío: Escrivá de Balaguer 6400, local 2, Vitacura / 94958 0141

 

 

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


 
EL SORPRENDENTE MEZE

Cuando la calidez de un lugar se mezcla con lo entretenido y con la posibilidad de conocer una gastronomía diferente, no da la razón del porqué el Meze, el primer –y único-restaurante turco de la ciudad, haya evolucionado positivamente desde que Onur Erdemir, su chef y propietario. haya decidido quedarse en Chile y armar un restaurante especializado en comida otomana. El tiempo le ha dado la razón y este lugar ya forma parte –y muy importante- del circuito gastronómico capitalino.

Una vieja casona alberga este restaurante de espacialidad. Un bar, un salón comedor y una terraza interior (cerrada en invierno, pero pronto estará descubierta), son las bases que sustentan el lugar. El idioma es difícil, más aún cuando su alfabeto tiene ocho vocales que confunden a cualquiera, pero poco importa, ya que su personal –varios de ellos provenientes de Estambul- conoce nuestro idioma y se adapta perfectamente a nuestros pedidos.  

Turquía posee una gastronomía que es abrumadora por su variedad, alegre a la vista y muy sabrosa al paladar. Turquía huele a cilantro picado, a verduras frescas, a damascos orientales, a carne a las brasas y pescado recién salido del mar. Huele a canela y a pan crujiente recién horneado, a dulces de miel, almendras y pistachos y a aromáticas especias. La verdad es que Turquía huele bien y sabe mejor. Rica en verduras y frutas, cuentan que, en la antigüedad, el sultán, amante de las sandías, las tenía a su disposición el año entero, ya que, en algún lugar de ese inmenso territorio con climas diferentes, alguien cosechaba sandías, muchas de ellas, para el sultán.

La carta del Meze ha ido creciendo con los años y es muy representativa de la cultura gastronómica actual de los turcos. No hay picores. Obvio que los sabores varían por el uso de especias que poco utilizamos, aun así, se dice que la cocina turca es sencilla y honesta, sin falsos artificios ni promesas a medio cumplir. La variedad de sus platos y la calidad de su materia prima la convierten en un placer asequible y saludable. A pesar de lo que se pueda uno imaginar en un principio, la comida turca no enmascara los sabores de sus ingredientes principales y, por ello, aunque el país sea famoso por sus especias, éstas sólo realzan su sabor, jamás los ocultan. Acá hay que venir con ganas de probar platos nuevos y combinaciones de sabores atrevidos, pero muy agradables. A los mezes iniciales (una tabla de diferentes platillos por $16.990), hay que probar la típica ensalada del pueblo turco, la Peynirli çoban salatasi ($5.850) con tomate, pepino, cebolla morada y sumac (especia con sabor a limón), hojas de menta fresca, limón y queso de cabra, servido con aceite de oliva y salsa de granada, que lo transportará inmediatamente a este lejano país.

Para los fondos, dos buenos ejemplos son el Safin Tabagi (12.500), un arroz de trigo cocinado con mantequilla, eneldo, perejil, carne de cordero, tomate asado, cebolla grillada, servido en paila de greda, cubierto de masa; y el Testi kebap (14.500), una de las grandes atracciones del lugar. Se trata de una vasija de cerámica sellada completamente y que en el interior se cocinan lentamente al fuego directo y arena, trozos de cordero, tomates, ajo, pimiento, papas, cebollas enanas y comino. Tras horas en el fuego, el cocinero llega con la vasija a la mesa y procede a romperla y repartir entre los comensales uno de los estofados -o guisos- más maravillosos que se pueden probar alrededor del mundo.

De todo y para todos. Desde una sencilla sopa de lentejas rojas, pasando por los conocidos wraps turcos, hasta lo más sofisticado de la cocina otomana. Como “bonus track”, los días viernes tienen un espectáculo de danza turca. ¿Se puede pedir más?

Atrévase y reserve, así tendrá su mesa lista y podrá comprobar lo escrito en esta crónica. (JAE)

Meze: Manuel Montt 270, Providencia / 22378 3646

 

 

 

martes, 30 de julio de 2019

LOBBY MAG


 
En memoria de Enrique Lafourcade, uno de los fundadores del Circulo de Cronistas Gastronómicos de Chile
 
 
LOBBY MAG
Año XXXI, 1 al 7 de agosto, 2019
Solo la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad.
LA LISTA DE LA SEMANA: Las siete mejores “batallas” gastronómicas
MIS APUNTES: Punto 8, el nuevo comedor de Claudio Úbeda
EL REGRESO DE DON EXE: Una extraña en la carretera
 

LA LISTA DE LA SEMANA


LAS SIETE MEJORES “BATALLAS” GASTRONÓMICAS
Naranjas, tomates, harina o merengue, cada ciudad tiene su favorito, pero a nosotros nos gustaron todas. Así que prepárese para disfrutar la gastronomía internacional desde una manera diferente… a través de las batallas de comida más épicas del mundo.
 

 
DELS ENFARINATS DE IBI
Como cada 28 de diciembre, la ciudad alicantina de Ibi acoge la batalla dels Enfarinats (los “enharinados”). Esta fiesta, con más de 200 años de antigüedad, cuenta con dos bandos rivales que se baten por el poder local a base de huevos, harina y mucha fe. No están locos… pero lo parecen. Por un día dan un golpe de estado, toman el poder, imponen sus propias leyes e impuestos y se enfrentan a la oposición hasta que todos están bien rebozados y sus uniformes militares se han vuelto de color blanco. Los enfarinats son una experiencia para todos los sentidos.

LA BATALLA DE LAS NARANJAS EN IVREA
En Italia no se andan con chicas. Aquí en Carnaval se baten a naranjazo limpio, así que si se animan a vivir el cítrico carnaval de Ivrea (al lado de Turín) vayan bien protegidos si no quieren volver a casa llenos de moretones. Esta fiesta que se celebra cada año en febrero conmemora la rebelión de la gente contra el tirano Raineri di Biandrate, que instauro el infame “derecho de pernada” (en español, que se podía acostar con cualquier novia en la noche de bodas). Los participantes se dividen en dos bandos: el que se pasea a bordo de un carro por la ciudad y que representa a los hombres del emperador, y el que va a pie y que representa al pueblo… que es el que se dedica al lanzamiento de las naranjas.

GUERRA DE MERENGUE Y CARAMELOS EN VILANOVA I LA GELTRÚ
Por lo visto, en el Mediterráneo les gusta jugar con la comida porque cada año en Carnaval los vecinos de Vilanova y la Geltrú se toman las calles y plazas para arrojarle merengues a todo lo que se mueva, sin piedad. Parece ser que los vilanovins no se tomaron muy bien la prohibición del Carnaval por parte de Franco y decidieron protestar cada año el jueves antes de la Cuaresma usando todo tipo de dulces como armas. Por si esto no fuera suficiente, el domingo el pueblo se convierte en un campo de batalla en que los caramelos (cuando más duros mejor) vuelan de un lado a otro.

CAMPEONATO DE TARTAZOS EN INGLATERRA
En el pueblecito inglés de Coxheath se inspiraron en la broma clásica del tartazo de crema en la cara para crear el Campeonato Mundial de Tartas de crema. Eso sí, aquí hay un orden para cada cosa. Cada mes de mayo los participantes se dividen en equipos de cinco y en función de en qué parte de tu contrincante llegue la tarta, se ganan más o menos puntos. La originalidad del lanzamiento también cuenta…

LAS BATALLAS DEL VINO
Con una cultura enológica importante, en varios puntos de la geografía española se organizan todo tipo de luchas que empiezan con el lanzamiento de uvas y acaban con todo el gentío oliendo a mosto y con la ropa de color vino. Algunos de los más interesantes son la Batalla del Vino de Haro en la Rioja (29 de junio), en la que todos los participantes -vestidos de blanco y con un pañuelo rojo al cuello- son literalmente bañados en vino hasta que quedan completamente morados. Mientras que en la Raimà de la Pobla del Duc en Valencia (finales de agosto) la muchedumbre se arroja unas 90 toneladas de uva garnacha para celebrar el fin de la vendimia y deshacerse de las uvas que han sobrado.

LANZAMIENTO DE PASTEL DE FRUTA
¿A quién le gustan los bizcochos con fruta? A casi nadie, así que, si no saben qué hacer con ellos, en el pueblo de Manitou Springs (Colorado) han dado con la solución perfecta: hacer un concurso de lanzamiento de pasteles. La competencia es dura y hay varias categorías, los pasteles se pueden lanzar con catapultas, hondas gigantes y todo tipo de artilugios... Quizás no se manchen tanto, pero la diversión está asegurada.

LA TOMATINA DE BUÑOL
La famosa Tomatina de Buñol no podía faltar entre las mejores batallas de comida del mundo. Es la madre de todos los festivales en los que la comida adquiere un aspecto más recreativo que otra cosa y cada año recibe unos 40.000 participantes de todo el mundo. Lo que empezó en 1945 como la protesta de unos adolescentes locales por no poder participar en un desfile de gigantes y cabezudos ha derivado en una gigantesca batalla en la que a partir de las 11 de la mañana del último miércoles de agosto se arrojan 125.000 kilos de tomates y todo se tiñe de rojo.

MIS APUNTES


 
PUNTO OCHO
El nuevo comedor del chef  Claudio Úbeda

Le ha costado al Cumbres Lastarria posicionar su cocina. Este es un hecho que no se puede desmentir. Desde su inauguración han tenido varias propuestas que no tuvieron buena respuesta del consumidor. Cuatro chefs han pasado por sus cocinas sin mayor trascendencia. El Punto Ocho, un nombre que imagina un salón de pool, cuenta desde hace un par de semanas con un par de novedades dignas de mencionar. La más importante, por así sentirlo, es que Claudio Úbeda, chef ejecutivo de la cadena hotelera y a la vez chef del Cumbres Vitacura, tomó las riendas del hotel de la calle Lastarria, con el fin de mejorarlo definitivamente.

Para ello, y junto con renovar completamente la carta del comedor principal ubicado en el octavo piso de este lindo lugar, complementó la cocina del bar, actualmente en alianza con Catad’Or, donde a una generosa oferta de vinos y cócteles se suman tapas y platillos que maridan a la perfección con esta nueva barra del barrio Lastarria.

Fiel a su estilo, la carta del Punto Ocho creada por Claudio Úbeda, se enfoca en la cocina chilena de mantel largo, su especialidad. De ahí una de sus entradas, como una increíble Perdiz en escabeche, perfumada a la trufa negra de Futrono, con tostadas y mantequilla de perejil (9.100), es un “hit” que no hay que perdérselo.  Para los que prefieren lo marino, sus Láminas de atún selladas con aire de eucalipto, crujiente de luche y selección de brotes (11.100), es otra de sus genialidades.

Con todo esto del nuevo siglo, es fácil deducir que en el país hay diecisiete millones de fotógrafos, y de ello dan fe todas las redes sociales. Mientras más lindo se vista un plato, mayor es la posibilidad de convertirlo en best seller. Sin embargo, los que captan imágenes no sabrían cómo calificar uno de los platos más gratos y sabrosos que ha salido de las cocinas de Claudio Úbeda desde sus inicios en Puerto Varas. Se trata de una Malaya de cerdo cocinada a baja temperatura, con estofado de repollo con murtilla, papas asadas y salsa de merlot (14.000), que, si bien parece un típico plato alemán familiar, su sabor y texturas son para elevar las manos y agradecer a los dioses la llegada del chef Úbeda a esta cocina del centro de Santiago.

Carnes, pescados, mariscos, pastas y postres (como su Torta de Cola de Mono - $3.800-) en una nueva carta que se agradece. Poco a poco, este comedor hotelero –donde el servicio es otro de sus puntales- se está convirtiendo en uno de los mejores restaurantes del barrio, ya sea a la hora del happy hour en la renovada barra del bar, o en el piso 8, donde la calidad no se transa y el sabor es inconfundible.

Esperemos que la quinta sea la vencida.

Punto Ocho / Hotel Cumbres Lastarria / Lastarria 299 / 22496 9000

 

EL REGRESO DE DON EXE


 
UNA EXTRAÑA EN LA CARRETERA
(Solo para viudos y vuidas de Don Exe)
 

A veces las vacaciones aburren. Más aun en mi caso ya que en diez días que estuve en la cuarta Región, no logré atraer la atención de ninguna chica. ¿Estaré poniéndome viejo y calamitoso?

Decidí regresar a la capital. Por lo menos dormiría en mi cama y más de alguna amiga estaría en julio en este refrigerador que es Santiago. Mi paquita aun en Temuco (ojalá regrese pronto), pero a falta de pan, conocí a Florencia, una morenaza para cortarla con la uña. Florencia no se movería de su casa y le anuncié visita para el jueves a la hora del happy hour.

Encaminé mis pasos al terminal de buses de Coquimbo. Entre consulta y consulta sólo encontré un pasaje libre en una línea bastante desconocida. Partiría de regreso a la capital a las 12.30 de la noche y llegaría a Santiago a las 7 y media de la mañana. Bueno… esa era mi intención.

Siete largas horas de viaje me esperaban en un salón - cama que no tenía nada de salón ni menos de cama. Para el viaje, una mineral y pasada la medianoche me embarqué en una nave que nunca llegaría a destino.

¿Qué pasó? Bueno. Lo que tenía que pasar. La máquina fundió su motor entre Tongoy y Los Vilos, o sea, lejos de todo y cerca de nada. Con un aroma a goma quemada dentro del bus, el piloto (o chofer) nos pide que salgamos de su máquina y esperemos una de reemplazo. Luego, con voz esperanzadora nos comenta que se comunicó con Santiago y que en tres horas (con cueva), llegaría otra nave.

No hacía frío, pero estaba fresco. Quería fumarme un cigarrillo, pero como no se puede fumar en los buses no había comprado. Lo único que tenía era una botella de Cachantún y sinceramente eso no valía nada en esas circunstancias.

Agudicé mi vista y veo a cuatro jovencitos en plena charla. Más bien tres minitas y un nerd con aritos y jockey al revés. Fumaban y algo bebían en unos vasos plásticos. Me acerqué y entablé una pequeña conversación:

- Chicos, me quedé sin cigarrillos y no saben las ganas que tengo de fumar.
- ¡Hola tío!, dice una de las chicas.
- Soy Exe y tengo algo de dinero para comprarles cigarrillos, les conté.
- ¡Naa tío! Acá toos somos iguales, dice, mientras me ofrece de una cajetilla arrugada un Pall Mall. - ¡Gracias!, respondí. - En Los Vilos multiplicaré tus buenas intenciones.

Prendí mi cigarrillo y tras una larga aspirada le pregunto su nombre.

- Josselyn, me cuenta.
- ¿Y tus amigos?
- Bueno… el Brandon, la Katiuska y la Ferny.
- ¿Van a Santiago? (primera pregunta idiota)
- ¡Íbamos!, contesta. Ahora parece que nos quedaremos en Los Vilos en la casa de la Katiuska. ¿Querís tomar algo?
- ¿Tienen? (segunda pregunta idiota)

El Brandon me pasó un vaso plástico con ron (de caja) y una bebida cola que no conocía. A esas horas de la madrugada y sentados a la vera de un camino donde no pasaban ni las luciérnagas, me pareció una bebida celestial. –“Se nos acabaron los puchos”, Exe. ¿Querí que te liemos un pitito?

A esas alturas del partido estaba a merced de mis nuevos amigos. Josselyn me lleva a un lado y pregunta por mi vida. Mirábamos la luna nueva mientras yo le contaba de mis años y ella escuchaba haciéndole cariño a mis brazos. No sé qué estaba fumando, pero mis sentidos se multiplicaron por mil.

Otro porro en conjunto y dos vasos de ron nos pasaron la cuenta. Se acurrucó a mi cuerpo y se durmió…bueno, nos dormimos.

Despertamos cuando los pasajeros aplaudían al bus de reemplazo. Me dolían todos los huesos. Bebimos el resto de la Cachantún, el único activo que tenía en ese lugar y juntos proseguimos el viaje.

No le costó mucho para convencerme que me quedara en Los Vilos en casa de Katuiska. Para pagarles la caña de la noche anterior, los convidé a tomar desayuno en uno de los boliches de la ex carretera. A las ocho de la mañana, todos comíamos sánguches de pescado frito y “tecito”. Josselyn no me soltaba. Según ella, había encontrado a su “media naranja”.

La vivienda de Katiuska era, por así decirlo, una casa. Un respetable casa con varias habitaciones que estaba a cargo de la “tía Leonor”, quien, al vernos llegar sucios y hediondos a ron barato, nos mandó a una habitación múltiple de tres camarotes y un baño común. Ahí dormimos al son del reaggeton. Yo, al menos, dormí un par de horas, aunque el maldito ritmo guachaca aún resuena en mis oídos.

Estaba al debe con mis nuevas amistades y con la tía Leonor. La madame, respetada por todo el pueblo, nos acompañó a comer ostiones y merluzas a una picada de la playa. Luego nos endilgó al terminal de buses. Brandon y la Ferny en un asiento; Josselyn y yo en otro.

- El domingo es mi día libre ¿Me invitas a algún lugar?
- ¿Cómo cuál?
- ¡Fantasilandia!
- ¿Por?
- Quiero ser y sentirme niña alguna vez en mi vida.
- ¿Nunca lo fuiste?
- Nací en cuna de carbón, papito. Mi papá era minero en Lota. Allá, con cueva jugábamos a las bolitas y la pieza oscura. Y no me digas más Josselyn. Mi nombre es Rosa y bien debes saber a estas alturas a qué me dedico.

No me importó ni su origen ni su oficio. Privilegio de viejo solo, pasé el día domingo en Fantasilandia con un frío de mierda. Josselyn (o Rosa o como quiera que se llame) estaba más feliz que perro con dos colas. De ahí nos fuimos por una parrillada (de esas con prietas, ubres, chunchules, longanizas, papas cocidas y ensalada mixta) a un clandestino en las cercanías del Club Hípico y luego, en taxi, al terminal de buses, para regresarla a su casa-asilo en Los Vilos.

Rosa intuía que jamás volvería a verla. Al despedirse, sacó de su cuello un colgajo con una imagen de Santa Nefija (patrona de las chicas que tratan de tú) y lo pone suavemente en mi cogote. Se santigua y me da un beso en la frente. – Gracias, dice. Que Dios te acompañe.

Entre Tongoy y Los Vilos no solían suceder muchas cosas. Ahora sí. Mi problema ahora es Florencia, que me esperaba el jueves y hoy es lunes. ¿Se tragará eso de que me raptaron en la carretera?

Veremos…

Exequiel Quintanilla