de 12 a 24 hrs.de lunes a sábado

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Fachada exterior

martes, 17 de abril de 2018

LOBBY MAG

LOBBY MAG.
Año XXX, 19 al 25 de abril, 2018
LA NOTA DE LA SEMANA: Pasteleros chilenos sacan la cara por la gastronomía
MIS APUNTES: The Raj
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: ¿Turista o viajero?
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA



 
 

PASTELEROS CHILENOS SACAN LA CARA POR LA GASTRONOMÍA

Después de intensas jornadas, el equipo chileno compuesto por Hans Ovando y Gustavo Sáez, capitaneados por  Franck Dieudonné, ganaron la Copa Maya 2018, obteniendo así su pasaporte para disputar la final de la Coupe du Monde de la Pâtisserie el 28 de enero de 2018, en Lyon, Francia.

Nuestros pasteleros recibieron el trofeo de la mano de Gabriel Paillasson, creador de la Coupe du Monde de la Pâtisserie, el 11 de abril pasado en Ciudad de México. Según la organización del certamen, “después de 6 horas de arduas batallas, estos jóvenes chefs han presentado sus creaciones de repostería ante el jurado. Gracias a su desempeño con gran pasión y creatividad, Hans Ovando y Gustavo Sáez han impulsado a Chile a la etapa de pastelería internacional y han ganado su derecho para ir a la final que se celebrará en enero en Lyon”.

Tras Chile, las duplas de Argentina y México terminaron en el 2do y 3er lugar respectivamente, obteniendo sus pasajes a la competencia mundial. Así, Chile, Argentina y México se unen a los 5 países que ya están calificados para la gran final en Lyon (Francia): Italia, Japón, Corea del Sur, Reino Unido y EE.UU. La próxima  final tendrá lugar los días 27 y 28 de enero de 2019.

MIS APUNTES


 
THE RAJ

Nada hace pensar que una casona esquina de la calle Manuel Montt, de paredes blancas y algo fría, esconde uno de los buenos restaurantes indios de la capital. Allí se  instaló hace un buen tiempo el indio Harish Kasu, en esos entonces exportador de frutos secos y propietario de un par de restaurantes de cocina india en Canadá y Dubai, esperando, sin hacer alardes, que su negocio fuera floreciendo. Un par de murales podrían indicar que en este lugar lo indio es su tema, pero más de algún despistado podría entrar pensando que acá tienen cocina peruana, a pesar de que su música es india y gran parte de ella en vivo, con destacados instrumentistas.

Famoso dentro de la colectividad india, el día de mi visita el embajador de la India en Chile recibía algunos invitados en los salones del segundo piso de esta casona. Normal para ellos, los clientes del primer piso ni se enteraron de tal visita y un poco más agitados, los garzones (también de esa nacionalidad y con un español precario pero entendible), cumplían los pedidos de los clientes, que van rotando desde mediodía a medianoche sin tregua.

La especialidad son las Dosas: finos –e inmensos- panqueques de harina de arroz y lentejas que no se ven en otros similares capitalinos. Desde la dosa simple (con salsas para untar, $ 5.900) hasta rellenas con papas y especias (6.900), queso (7.500), pollo (9.900) y otras variedades, se llevan las palmas de todos los que han visitado este lugar. La carta recorre la cocina del norte y del sur de la India en sus versiones carnívoras o vegetarianas, donde ningún plato, por excelente que sea, supera los 11 mil pesos, logrando así un público conocedor y bastante transversal.

El cordero, el pollo y las lentejas son otras de las grandes especialidades del lugar. Con una oferta de cerca de 100 diferentes platos, es difícil dar una opinión de toda esta batería de preparaciones. Sin embargo, saciado el apetito y la sed que provocan los diferentes currys y picores de los platos, es interesante comentar que por muy artesanal que se vea el lugar, la experiencia gastronómica supera largamente las expectativas de los foodlovers, conozcan o no de esta tradicional cocina que viene del oriente. Ellos se autocalifican como “cocina hindú”, cosa que aún no me convence ya que el hinduismo es una religión. Sin embargo y a pesar del logotipo del restaurante, que más parece ser jamaicano, The Raj merece un tremendo reconocimiento.

Un dato calado.

The Raj / Av. Manuel Montt 1855, Providencia / 22716

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


 
¿TURISTA O VIAJERO?

Ahora que por fin llega la baja temporada, es bueno pensar dónde pasar unos días de descanso, aunque - la verdad-, uno que nunca se ha caracterizado por realizar grandes viajes o “epopeyas”, nunca tiene demasiado que contar. ¿Descanso?... creo que no. Uno regresa reventado de los viajes.

Los motivos por los que cada cual se plantea viajar pueden ser muy diversos, casi siempre movidos por la curiosidad del saber, la gastronomía, la oferta cultural, la diversión o un compendio de todo ello y, también ¿por qué no?,  pertenecer a la “Champions League” de los viajeros. Me explico, hay una corriente humana cuyo mayor placer en el viajar no consiste en el viaje en sí mismo, sino en la “previa” (la preparación del viaje, la supuesta ilusión por viajar) y el “regreso”, es decir, el placer de contar con todo lujo de detalles el “inventario” de las “maravillosas” jornadas vividas en el Congo Belga, por poner un ejemplo.

Llegados a este punto, me asalta la duda, ¿somos turistas o viajeros? Identifico al turista como aquel que va cámara en ristre, con sus mapas y sus guías en plan Marathon Man con el objetivo de ver la mayor cantidad posible de sitios en el menor espacio de tiempo. Dudo mucho que lo lleguen a apreciar en su verdadera valía, es quizás mejor darle el sentido de placer al viaje, al dejarse llevar, ir a ver algo en concreto, pero detenidamente, ahí se ve la diferencia con el viajero.

El turista acumula la mayor cantidad posible de experiencias distintas en un corto espacio de tiempo, mientras que el viajero se deleita en algo muy determinado, como el buen gourmet puede apreciar una buena comida.

Es la mentalidad del cómo viajar lo que importa, se puede sacar más valor personal a un pequeño gesto que a una gran historia. Quizás haya que plantearse que el viaje que más valoraremos es aquél que menos planificamos, aquél que hacemos a un sitio cercano, en este país que a tantos y tantos sitios se puede ir sin el acelerador pisado a fondo. (JAE)

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS                                           
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(ABRIL) CAFETERÍA LA MEXICANA (Placer 657, locales 109, 110, 111 / 97572 1147): “De lo probado, en dos visitas porque estaba muy rico: primero, unos chilaquiles, ese montón de totopos que se va poniendo lacio gracias a una salsa roja en este caso, con queso y crema y pollo en tiritas. Para reír y llorar, y sudar. De lo no picante, unos tacos al pastor, con su chancho y piña y cebollita picada y cilantro. También unos tacos dorados de pollo, crujientes y con unas tiritas de tomate y palta, servidas sobre una cama de lechuga. Y lo que podría ser no tan habitual, aunque el sabor de las real tortillas ya lo es, son los sopes: son más pequeños y gorditos, como una cruza entre tortilla y arepa, con puré de porotos, lechuga y pollo. Y para el que no guste del sabor a maíz, ahí están unas "gringas", en tortilla de trigo, en este caso con queso derretido y el chanchito agridulce al pastor.” “Y para llegar, que igual cuesta tantito, van las señas: está en el galpón Cordillera, el que está en la esquina de Víctor Manuel con Placer, pero la cafetería está justo en la entrada por Víctor Manuel. Donde ponen un pequeño cartel que dice "aguas".”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(ABRIL) LANACIONAL (Av. José Alcalde Délano 10.492, Lo Barnechea): “Las dos entradas, un tiradito de atún nikkei ($7.900) y un tártaro de salmón aromatizado con naranja (relamidamente llamado "tartar"; $8.900) fueron un muy buen introito a una comida para la que nos habíamos preparado: ambos platos bien presentados, con su ají, su crocancia y otras picardías, buenos exponentes del talento nikkei del Perú.” “Pero las desilusiones no se dejaron esperar. El lomo saltado Lanacional ($11.900) es una mescolanza que carece del indispensable toque chinesco, que es gran parte de la gracia del plato: en este caso, el lomo viene acompañado de choclo a la crema que desvirtúa por completo la idea original.” “El sudado de pescado ($8.900) hecho con reineta estuvo pesadamente lastrado por ese solo hecho: por muy "pesca del día" que sea, la reineta no es el mejor pescado. Sobre todo porque, en este caso, más que un sudado, que es, por si Usía no está familiarizada, como un estofado soposo, se trató, lisa y llanamente, de un caldo de pescado y mariscos (camarones, pulpo, calamares). Si al menos el caldo hubiera estado bien sabroso y picantito y picarón... Tuvimos que agregarle mucha sal para hacerlo potable. ¿Cómo puede un plato tan simple no estar bien en un restorán peruano que viene precedido de ínfulas?

LUN
RODOLFO GAMBETTI
(ABRIL) VENDETTA (Patio Bellavista, local 100):
De los nuevos merece un vistazo el Vendetta. Muy amplio para la media de los locales (250 puestos, promedio por persona $15.000), da hacia Constitución y se adentra en el Patio. Sin italianos en el equipo, con guiños argentinos, conocen el tema. Compran la pasta seca italiana importada; la rellena la fabrican ellos mismos. Apueste por un bien equilibrado crudo con sus papas fritas ($7.200), un carpaccio ($7.700) o un ceviche mixto ($9.200): es el trío de mayor demanda. La pizza buffala ($8.800) también promete buen comienzo. Y entrando al tema, seductores resultan los fettucine carbonara, con su huevo rampante, o unos sorrentinos al pesto que lo harán ver postales de Génova. O si ama la globalización, unos spaghetti con plateada deshilachada ($8.200). Vinos a buen precio, empezando con un sauvignon blanc Lapostolle de $8.700 o un pinot noir de Leyda, no menor. Y si es para platicar, de lunes a viernes y de 16 a 20 horas se pasa la tarde con los tragos clásicos a sólo $2.500, donde vuelan  sours, piscolas y daikiris."
    






 

 

 

 

 

martes, 10 de abril de 2018

LOBBY MAG


LOBBY MAG.

Año XXX, 12 al 18 de abril, 2018
LA NOTA DE LA SEMANA: La misión de los cronistas
MIS APUNTES: El Giratorio
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: La albahaca: no sé tú, pero yo…
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA


 
LA MISIÓN DE LOS CRONISTAS

Existen muchas personas que creen –y piensan- que los cronistas gastronómicos somos publicistas de algunas marcas --en este caso, restaurantes-, y que les ayudamos en su ascenso de las ventas y en su prestigio. Aprovechando la reciente  entrega de reconocimientos que el Círculo de Cronistas realizó la semana pasada y los comentarios surgidos de este evento anual, bien vale la pena aclarar algunos puntos.

De partida, y posiblemente el más interesante, es que el Circulo de Cronistas es la única institución a nivel americano (y posiblemente del mundo) que reúne en forma democrática a todos los columnistas del tema gastronómico de la prensa escrita e internet, lo que en sí es un logro importante, ya que unificar criterios en un universo de distintos medios de comunicación no es fácil.

A saber, nuestra misión es visitar y recomendar. A veces, visitar y censurar. A decir verdad, vamos tras el restaurante (como vulgares ratones de laboratorio), para anticiparnos a la visita del cliente. Lo hacemos con gusto y placer. Lo nuestro es la gastronomía y posiblemente sea bastante más fácil y menos peligroso que otros oficios. Nos admiran y envidian. ¿Envidiar a un tipo que pasa 20 horas comiendo en dos días 70 empanadas para dictaminar cuáles son las mejores? ¿Envidiar la batería de fármacos que se deben consumir tras una jornada que no fue gloriosa?

Pero es el oficio y ante eso no hay nada que hacer. Nosotros escogimos entrar en este mundo y tratamos de vivir en él.  Escribimos para nuestros lectores, para nuestros medios de comunicación, y no para los restaurantes o viñas de turno. Y eso tiene su mérito.

La gracia está que sin ponernos de acuerdo, matices más o matices menos, los resultados son similares. Y no existen pautas preestablecidas ni siquiera intercambio de opiniones. Llevamos 24 años premiando a los mejores y si bien en algunas oportunidades los galardones no coinciden con el parecer de algunos vaticanistas de la gastronomía, en el Círculo de Cronistas las opiniones –y las mayorías- se respetan.  

Escribimos en serio y para nuestros lectores. Es la única forma de asegurarle un lugar adecuado a una comida que aparte de ser buena o mala, no se deje influenciar por la propaganda de turno, ni por el ánimo del columnista.

Es nuestra misión y tratamos de cumplirla a como dé lugar. (JAE)

MIS APUNTES


 
EL GIRATORIO

Cuesta sacarse el sombrero –literalmente- cuando uno se encuentra con un modelo de restaurante cuya gestión de negocios haya sido exitosa por décadas. Ejemplos en Santiago tenemos muy pocos y uno de ellos es el Giratorio, en sus tiempos, el más alto de la capital.

Corría 1981. En el mismo año en que se inaugura la Torre Santa María -uno de los íconos de la ciudad de Santiago en esos entonces-, otro edificio llenaba las páginas de los diarios ya que contaría con un restaurante giratorio, un avance tecnológico que poseían pocos países en el mundo.

Por moda, por curiosidad y por ubicación, el Giratorio –como finalmente le llamaron- partió con el pie derecho ya que todos querían conocer este lugar donde prácticamente se veía (y se recorría) toda la ciudad mientras se almorzaba o cenaba. Su carta, con énfasis en lo internacional pero con un marcado acento a los pescados y mariscos, lo hicieron famoso entre cuanto turista visitaba la capital. Millares son los extranjeros que aun visitan este lugar que se ha convertido en un clásico. Miles también han sido los que más de alguna vez regresan con sus hijos o nietos para mostrarles cómo es la ciudad desde las alturas, muchos de ellos convertidos –en la actualidad- en asiduos clientes de este lugar.

Resulta irónico pensar que la prensa gastronómica nacional no esté atenta a estos modelos. Muchos se ven atraídos por los nuevos cocineros como si ellos fuesen la salvación de nuestra gastronomía. Otros, se maravillan con los birlibirloques de los restaurantes de turno, que más temprano que tarde pasarán al olvido. Páginas y páginas de papel picado que sólo servirán de combustible para la hoguera de sus propias vanidades. Los restaurantes de siempre –por lo menos en la capital- pasan al olvido, como si el target de público que los visita no fuera el adecuado para sus medios de comunicación.

Acá no hay cocina moderna ni chef que se pasee por las mesas. Acá el modelo de gestión que los ha llevado a mantener un promedio de 400 clientes diarios, se basa en la calidad del producto y la rotación de ellos. Centolla para los ávidos brasileños que la buscan desesperadamente; Locos mayo para cientos de chilenos que gustan de los lujos de antaño; pulpo a las brasas para los más osados e incluso un pollo a la plancha con arroz para los de estómago delicado. Hay un énfasis en el servicio y en la calidad del producto. No crea el lector que acá hay cocina de los años noventa. Han asimilado la vanguardia pero lo han realizado a su manera: sin espumas, aligenatos extraños o polisacáridos extracelulares.  

Romántico de noche y más grupal a la hora de almuerzo, los clientes disfrutan de una comida sabrosa y sin altibajos, además de una envidiable carta de vinos y cócteles. Cuesta imaginar que decenas de clientes esperen pacientemente uno de los ascensores que los lleva al piso 16 de este edificio de Providencia. Cuesta explicar el éxito que continúa atrayendo comensales a un comedor que no es precisamente económico. Cuesta pensar que aún existan empresarios gastronómicos que son capaces (y están felices) de atender a cuarenta clientes por día. Cuesta hacer entender que el negocio gastronómico es más que salir en la prensa una, dos o diez veces. Es como el vino: en la gastronomía, si no hay volumen, se pierde dinero.

Los motores del Giratorio siguen girando y su cocina continúa agradando a todos los que se asoman por el lugar. Con carta recién estrenada, esperan seguir manteniendo la fidelidad de sus clientes y el liderazgo que han mantenido durante 37 años seguidos. (JAE)

Restaurante Giratorio / Av. Nueva Providencia 2250, Piso 16, Providencia / 22232 18 27

 

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


 


LA ALBAHACA
No sé tú, pero yo…

¿Quién sería el barman que se le terminó la menta y se le ocurrió ponerle al cóctel unas hojitas de albahaca? ¿Un iluminado? ¿Un precursor de la mixología?

No sé tú, pero yo creo que en mi vida he bebido todo (o casi todo). Desde el popular pipeño sólo o con frutas y helado, hasta el fino champagne Cristal. Hay cócteles que son mis favoritos y otros que definitivamente no los bebo, como el anís y sus derivados. Pero la albahaca me sacó de quicio. Gozo la hierba, sobre todo en una caprese o en una refrescante ensalada de tomates. Disfruto su pequeño amargor cuando me devoro una humita o me tiento con un pastel de choclo. Para qué decir cuando en invierno descongelo un pesto de ajo y albahaca que elaboro en verano para acompañar unos simples spaghetti. Incluso me doy el lujo de conservar en hielo algunas hojitas para presentarlas en invierno como si estuvieran recién cosechadas. Soy capaz de agregarla al arroz y al cordero. Y cuando llegan a la mesa unos porotos granados y una ensalada de tomate y albahaca… me siento en la gloria.

Sin embargo, por ahí salió un barman que decidió hacerse famoso y conquistar el mundo con una nueva apuesta. Reemplazó la menta por albahaca y desde ahí, en verano, muchos bares que se aprecian de tal y restaurantes de moderna estirpe, recomiendan a sus parroquianos este nuevo elixir.

Mojitos con albahaca en vez de hierbabuena. Sour de albahaca y limón. Vodkas y similares con un par de hojitas… Poco falta para que destruyan un buen escocés con ella.

No sé si a ti, pero el otro día me ofrecieron uno. Perdón, lo pusieron en mi puesto. Era un sour. O lo que puede quedar después de intervenir un sour. Color verde pasto detox y con una consistencia de gazpacho ocultaba incluso el pisco que se suponía iba a beber. A mi lado el barman esperando mi aprobación. Con una sonrisa de oreja a oreja me consulta -¿Qué tal? Estuve a punto de contestarle que era la mierda más grande que había probado en mi vida y que se lo cambiaba por una cerveza.  Fui un poco más benevolente y le respondí que para mí, la albahaca era una hierba que iba bien con las ensaladas. Ojalá pronto no me presente un sour de perejil… Hay de todo en esta vida.

Es cierto que la coctelería tiene algo de magia y de variaciones insólitas. Hay muchos tragos que tienen ingredientes inauditos y son gustosos al paladar. Años llevamos bebiendo alcoholes mezclados con frutas y frutos. Tabasco, salsa inglesa y apio para un buen Bloody Mary; piña y champagne para celebrar; tinto y frutos del bosque y blanco con chirimoya para refrescarse; navegado caliente con naranjas para las frías noches de invierno; canela, anís, pera, manzana, ron y coco, pomelo, mango y mandarina. Ingredientes no faltan. A decir verdad, sobran. Pero de ahí a ocupar hierbas aromáticas como la albahaca es mucho histrionismo para este cronista.

Es un consejo. Si en alguna de sus aventuras gastronómicas te ofrecen un sour de albahaca, aparte de no seguir el juego, desconfíe del barman. Lo más seguro en este caso es pedir algo envasado donde el encargado del bar no tenga que aplicar sus conocimientos. Vodka tónica, gin con gin, piscola o directo al espumante o al sauvignon blanc. Ni siquiera confíe en el pisco sour tradicional ya que es seguro que el barman le agregará una mariconadita extra a su preparación.

No se lamente si después de leer este artículo cae en la tentación. Personalmente no creo en los aperitivos “de la casa” y vivo feliz. En gastronomía hay que atreverse a degustar. En alcoholes, ya todo está dicho. Y si por ahí le cuentan que bebieron un cóctel de albahaca que estaba “de miedo”, no lo crea. Es una venganza. (JAE)

CRÓNICAS Y CRÍTICAS                                           
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(MARZO) LA BARRA CHALACA (Mall Costanera Center / 22617 0861): “La Barra funciona con ricos platos de postal chalaca. Además del muchame ofrece el “pan con chimbombo”, que incluye pejerreyes empanizados. El Tiradito Chicuito ($7.990), el Súper Chicharrón. Y por cierto los choritos y almejas a la chalaca ($6.990), explosión de sabores. Con detalles como el ají -amarillo o rocoto-, siempre muy finamente picado, nunca molido. Gran equilibrio de sabores, precios justos, en ambiente de silla de paja y mesa de madera, con vivencias de caleta compartidas a lo largo del Pacífico.  Con un copón de hierbabuena y salutíferos vegetales, chicha de jora y otros analcohólicos, esperando la demorosa patente respectiva para dejar entrar las codiciadas cervezas.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(MARZO) TRATTORIA BRAMASOLE (Consistorial 2.100, local 201, Peñalolen):”Primero, unos ravioli Bramasole ($8.900), rellenos con pollo, espinaca y mozarella. Luego unos mezza luna ($8.900), pastas de betarraga rellenas de ricota y nuez. Y la solución para el eterno indeciso, una cuatripasta ($9.200), un muestrario de sabores entre los dos anteriores y un par de rellenos más, uno con picantito lomo al merkén (que resulta heterodoxamente bueno). En cada caso, con sus salsas bien hechas: Alfredo, pomodoro y aceite con ajo (para solteros o amantes de la soledad). En el papel, pueden sonar algo caros. Y en el mantel, algo tacaños en cantidad. Pero ambos son problemas generados por una expectativa patachera: mastique lento y disfrute de unos platos de lujo no más.” “Para cerrar, un chanchísimo volcán de manjar ($4.550) y el único punto bajo en esta experiencia: un tiramisú ($4.350) que estaba bien de sabor, pero que venía medio congelado. Fatal error fácilmente corregible, después de una experiencia que igual alimentó generosamente la fe en la pasta y en la posibilidad de salir a comer en familia con cero malos ratos.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(MARZO) LAS ROSAS CHICAS (Av. Luis Pasteur 6577, Vitacura): “Como es lo usual, uno encuentra aquí una serie de hojaldres y otras viennoiseries amadas de infantes y senescentes. Sólo que algunos nos parecieron sin relieve: unos hojaldres en forma de libritos y unas rosas enriquecidas con mermelada de frutilla.” “En el rubro "pasteles", hay lo que es usual hoy día, o sea, trozos rectangulares de tortas (la moda se da hasta en Viena, lo que no es poco decir; no, señor). Y de ellos probamos uno de panqueque de nuez que nos pareció muy católico. En cambio, el de panqueque de naranja, es soso: habiendo tanta naranja en este país, ¿cuándo se aprenderá a usarla en repostería? ¿Cuándo se descubrirá que se debe usar naranjas ácidas, de gruesa y perfumada corteza -que es lo que más sabor da a la preparación-? El pie de limón resultó igualmente soso y por igual motivo: miedo a la corteza. En fin: estos pasteles son una buena forma de catar la torta antes de comprarla, para no clavarse con una que no agrade.” “Entre muchas otras cosas disponibles (todas tentadoras, con ese aroma a vainilla que reina en estas panaderías), probamos unos "chilenitos" muy correctos (es de lamentar que no haya más variedad de dulces chilenos; quizá los hay habitualmente, pero no el día que nosotros fuimos, y eso no debe ser: la dulcería chilena debe ser columna estructural de estos lugares). Los alfajores con cubierta de chocolate, muy buenos también, pero demasiado chicos. Y mención aparte merecen las cocadas: unas doñas cocadas, de gran calidad, difíciles de encontrar similares. Resumen: recomendable.”

 

 

miércoles, 4 de abril de 2018

LOBBY MAG


LOBBY MAG.

Año XXX, 5 al 11 de abril, 2018
LA NOTA DE LA SEMANA: Una noche de reconocimientos
MIS APUNTES: Los 60 años del Danubio Azul
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

LA NOTA DE LA SEMANA


 
UNA NOCHE DE RECONOCIMIENTOS

Desde 1994 el Círculo de Cronistas Gastronómicos de Chile realiza este evento anual que distingue a restaurantes, enólogos y chefs por su trabajo, así como la forma en que se han ganado un espacio en el rubro a lo largo de su trayectoria profesional.

 
Anoche se realizó en la Plaza Cultural de BordeRío, una nueva entrega de reconocimientos que el Círculo de Cronistas Gastronómicos y del Vino de Chile, compuesto por más de 25 especialistas, escogen lo mejor del año que recién pasó. La ceremonia, a la cual asistió lo más granado de ambas industrias, finalizó con un gran cóctel ofrecido por los restaurantes de este complejo gastronómico.

 ¿Quiénes fueron los ganadores de los premios de los Cronistas Gastronómicos en esta ocasión? Aquí el listado completo de los ganadores.

El premio Rosita Robinovitch, el más importante de todos los que entrega el Círculo, recayó en PATRICIO TAPIA, periodista, wine writer y creador de Descorchados, una guía de vinos que lo ha convertido en uno de los chilenos más conocidos en el mundo del vino en el exterior, gracias a sus ediciones locales en diferentes mercados. Con estudios en Burdeos, le tocó ser testigo del gran impulso que tuvo el vino chileno en los 90.  Hoy es editor asociado en Wine & Spirits y colabora en Decanter. Viaja mucho y ha catado miles de miles de botellas, pero sigue sin perder la esperanza de encontrar vinos que sorprendan. Su guía Descorchados, un referente en el continente, cumplirá 21 años.

Como Restaurante del Año fue designado el restaurante KARAI, abierto el segundo semestre del 2017 en el hotel W de la capital, la primera incursión internacional del chef peruano Mitsuharu Tsumura, quien con su restaurante Maido de Lima está instalado en el octavo lugar de los mejores restaurantes del mundo. Aparte de sus recetas, acá ofrecen nuevos platos preparados por Gerson Céspedes, su mano derecha en Lima, quien ocupa preferentemente mariscos chilenos para sus múltiples creaciones.

Sorpresivamente, los pescados y mariscos fueron las materias primas más tomadas en cuenta al momento del recuento de votos y por ello –y mucho más- LA TASCA DE ALTAMAR fue escogido como el Mejor  Restaurante de Cocina Chilena, dada su trayectoria de 35 años, su calidad a toda prueba y su agradable servicio. Manejado en la actualidad por dos de las hijas de sus creadores, se mantiene inalterable y se consolida como uno de los mejores de la ciudad.

El premio Chef del Año –y también relacionado con los pescados y mariscos – recayó en GABRIEL LAYERA, propietario del restaurante La Calma y de gran trayectoria en la industria. Luego de ser reconocido el año 2009 como chef revelación, se convirtió en uno de los distribuidores más solicitados por los buenos restaurantes de la capital gracias a su trabajo de abastecimientp de pescados y mariscos frescos, los mismos que hoy utiliza en su restaurante, donde se puede disfrutar una cocina marina realmente fuera de serie.

También fue premiada la relación precio / calidad, que en esta ocasión recayó en SILVESTRE BISTRÓ, que deleita a sus clientes con deliciosas preparaciones al almuerzo y que de noche se transforma en un restaurante de autor, con grandes detalles y mejores precios. Para muchos, este lugar es el secreto mejor guardado de barrio Italia.

La gastronomía regional logró tres reconocimientos muy importantes para su desarrollo. En la zona norte se distinguió a la COOPERATIVA DE PESCADORES LOS VILOS, donde en su restaurante ofrecen especialidades marinas que viven en un área especial de manejo, en forma salvaje durante años y son protegidos, manejados recolectados y cazados por la cooperativa para ofrecerlos en su restaurante. En la zona centro, se reconoció al restaurante MACERADO de Algarrobo, por la alta y refinada gastronomía que ofrecen sus chefs Igor Caramori y Carlos Mardones, donde superan la siempre simple cocina de los balnearios. En la zona sur de Chile, se destacó al restaurante CAZADOR  de la ciudad de Castro, un palafito que trabaja los ingredientes y las recetas de la isla de Chiloé y las pone en un contexto moderno, sin dejar de lado la tradición.

La titánica tarea de reunir y clasificar en una publicación bilingüe a más de 250 restaurantes vigentes de la capital, que a la vez se convierta en un testimonio histórico de nuestra gastronomía, fueron las razones para premiar a COMINO, editado por Alejandra Hales y escrito por cinco periodistas gastronómicas que recorrieron  y conocieron toda la oferta gastronómica capitalina y que se ve plasmada en esta importante publicación.

Como Enólogo del Año fue premiado ROBERTO HENRÍQUEZ, un joven enólogo que ha hecho vinos por el mundo y que, en 2014, tras trabajar en Santa Rita junto a la legendaria Cecilia Torres (Casa Real Cabernet Sauvignon), decidió empezar su propio proyecto en su tierra natal, al sur del río Biobío, en Patagual. Allí, Henríquez ha ido seleccionando viejos viñedos para ampliar su catálogo de vinos, que incluye blancos jugosos y de gran cuerpo como su Molino del Ciego, un semillón de suelos graníticos en la zona de Coelemu. Con este blanco, más sus Ribera del Notro, Henríquez se ha ido forjando fama como uno de los principales actores en el cada vez más dinámico sur de Chile y, sobre todo, en la revalorización de la cepa país.

Finalmente y como Proyecto Vitivinícola del Año, fue reconocido MATURANA WINES, donde José Ignacio Maturana y su familia decidieron el año 2010, luego del gran terremoto que afectó a Chile, comenzar a desarrollar su pasión por la elaboración de vinos de calidad excepcional, que sean únicos, que representen una forma de vida y de cómo mantener intactas las condiciones propias de donde provienen sus uvas. Todo ha sido cuidadosamente pensado para elaborar bajo un concepto manual la selección de uvas que recolectan y con esto obtener un producto artesanal, de producción limitada, resultado de toda una filosofía de trabajo.

Durante la ceremonia también se le entregó un reconocimiento a tres fábricas de empanadas: ROSALIA / LA NONNA  y LA EMPANADA MIA, por ser las ganadoras del último Concurso de Empanadas que anualmente organiza el Círculo de Cronistas en septiembre de cada año. (JAE)