de 12 a 24 hrs.de lunes a sábado

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Fachada exterior

martes, 7 de mayo de 2019

LOBBY MAG


LOBBY MAG

Año XXXI, 9 al 15 de mayo, 2019
LOS CINCO DE LA SEMANA: Las mejores empanadas fritas de la capital
MIS APUNTES: Normandie
EL REGRESO DE DON EXE: Una nota especial para los viudos y viudas de don Exe.
 

 

LOS CINCO DE LA SEMANA


LAS MEJORES EMPANADAS FRITAS DE LA CAPITAL

La empanada frita es, en relación a su hermana horneada, algo similar a lo que sucede con el pisco peruano y el chileno. Ambos tienen similar apelativo, pero sus diferencias son sustanciales. Golosas y sabrosas, pocos le hacen el quite y son apetecidas por moros y cristianos. Aun así, en pocos restaurantes se pueden encontrar frescas durante toda la semana. Recién elaboradas son una delicia, y por ello en esta edición identificamos cinco comedores donde poder encontrarlas cualquier día del año. Cinco muestras que activarán sus papilas gustativas y que quedarán presentes en su memoria.  ¡Trate de no quemarse, ya que vienen recién sacadas de la fritura…!
 



AQUÍ ESTA COCO
Posiblemente, y más allá de ese posible, son las mejores empanadas fritas de mariscos que se pueden encontrar en la capital. Sabrosas y lujuriosas, mezclan una serie de mariscos frescos en un pino jugoso y que llena la boca con sabores de nuestras costas. El lugar, lleno de devotos extranjeros y chilenos en plan de negocios, es uno de los restaurantes íconos de nuestra ciudad. ¡Un must! (La Concepción 236, Providencia / 22410 6200

 

 
EL ANCLA
Este lugar combina lo mejor de los frutos del mar con una suave y crujiente masa que lo hará suspirar.  Destacamos las magníficas empanadas fritas de centolla con queso de cabra y las de locos. Son definitivamente perfectas, pues los sabores lo transportan directo al mar y su paladar lo agradecerá.  Absolutamente recomendadas, el único problema es que querrá comer muchas más. La atención como siempre es de primera y muy amable. (Santa Beatriz 191, Providencia / 22264 2275)

 

EL RÁPIDO
Este lugar, inaugurado en 1927, es uno de los baluartes del centro de la capital.  Tal como su nombre lo dice, la atención es muy veloz, lo que lo convierte en un lugar ideal para personas que andan apuradas. Así, desde que se pone un pie en el local, puede gritar "una y una", y cuando se sienta ya tiene una empanada de pino y una de queso frente a usted. La especialidad de la casa, obviamente, son las empanadas, como la clásica de queso, que es insuperable. (Bandera 347, Centro / 22672 2375)

 

 
MULATO
Uno de los caballitos de batalla que ofrece este restaurante –aparte de sus erizos- son las empañadas fritas de mechada y queso mantecoso, una sabrosa mezcla que se ha convertido en uno de los grandes placeres de todos los que llegan a este comedor a degustar estas magníficas empanadas, que también son objeto de deseo en la Plaza de Armas de Santiago, donde bajo el nombre de Comedor Central, ya tiene cientos de fanáticos. (J.V. Lastarria 307, Santiago / 22638 4931)

 

LA FUENTE SUIZA
Sin duda alguna, este lugar compite con La Fuente Alemana como la mejor sangucheria de la capital. Sin embargo, y aparte de sus colosales sánguches, las palmas se las llevan las inolvidables empanadas fritas de queso – ostión, que han convertido a este lugar en uno de los favoritos de la bien llamada República de Ñuñoa. Un ambiente tranquilo para degustar con calma sus magníficos productos. (Av. Irarrázaval 3361, Ñuñoa / 23278 8300)

 

MIS APUNTES



NORMANDIE
En la madrugada del 2 de abril, un incendio destruyó parte de los comedores de este tradicional bistró capitalino. A pesar de ello, continuaron atendiendo a su público habitual, que encuentran en este lugar su segundo hogar.
Desde pasar a tomarse un café, una copa de vino o un cóctel, a celebrar una verdadera cena a la francesa, el Normandie capitalino es uno de esos lugares que encanta a moros y cristianos, ya que todo está preparado para que cualquier experiencia sea especial. A pesar del incidente del incendio, su fiel clientela no abandonó el lugar y siguieron su diaria rutina en un comedor más estrecho, pero manteniendo siempre su espíritu.
Tierra de jóvenes, adultos y mayores, acá la tradición manda y casi todos mantienen sus celulares en silencio, ya que en este lugar la premisa es conversar, reírse o simplemente leer el diario mientras se bebe una copa; un lugar apacible, generoso y económico, que ha mantenido desde el año 2003 una carta casi inalterable, gracias a la visión de sus socios, el francés Pierre Brossard y Jorge Cordero, quien oficia la administración del lugar.

Pocos cronistas de la generación digital podrían escribir una nota certera del Normandie, ya que sobre sus mesas y su larga barra hay una historia que no conocen ni desean conocerla. La inmediatez y la moda mandan sus textos y posiblemente de esa manera se van perdiendo iconos en la ciudad, ya que lo que hoy es importante nada tiene que ver con lo que hace algunos años era necesario.

Buenos vinos de una carta con 60 etiquetas le dan el modernismo a una cocina clásica y tradicional. Fueron los primeros en ofrecer Moules au Vin Blanc –choritos al vapor- ($ 9.500 para dos personas), y posiblemente son los únicos en tener en su carta los famosos Roll Mops -pejerreyes enrollados y macerados en vinagre y especias ($ 7.700), que marida a la perfección con un sabroso chardonnay Valdivieso Winemaker Reserva, a sólo $ 3.000 la copa.


Si los vinos son económicos, la carta deja la misma sensación de asequible a cualquier mortal. Los Fetuccini al ajo y aceite de oliva ($ 6.300) son un real placer para los amantes de las pastas, y el conejo a la mostaza ($8.700), es capaz de dejarlo hablando en francés.  Tanto como su increíble sopa de cebolla ($4.800) o simplemente el plato del día ($ 3.700), placer de muchos habitués que diariamente llegan a este interesante comedor.

Gran variedad de cervezas nacionales y extranjeras son el imán para que su terraza se replete desde la hora de salida del trabajo hasta el cierre del local. Los sánguches, desde los vegetarianos a los clásicos, son pedidos típicos de este espacio en las afueras del restaurante. Las mozas, casi las mismas de siempre, ya conocen a sus clientes y sus mañas, lo que hace absolutamente grata cualquier visita a este lugar que, si bien tiene poca prensa, logra conquistar corazones en base a sus cualidades.

A pesar de las vicisitudes, el Normandie sigue navegando y encantando a todos los que han recalado en este comedor. Se viene la temporada fría y su carta ya está preparada para saborear esos platos que lograron poner a la cocina francesa como la mejor del mundo.

Una joyita de bistró.  (JAE)                                

Normandie: Providencia 1234 / 22236 3011

  

EL REGRESO DE DON EXE



 
OM… OM…
Una nota especial para los viudos y viudas de don Exe.

Om… Om… Apenas puedo moverme y me duele hasta el escroto. Una amiga muy querida y viéndome en el estado calamitoso en que estaba, me regaló a principios de abril una generosa Gift Card para ir a un centro de yoga durante tres meses para tratar de aprender algo de esta disciplina. –“Te va a hacer regio”, comentó. “Capaz que hasta recuperes tus instintos decaídos”.

Esa última frase fue la que me indujo a pedir una hora la semana pasada. Claro que una cosa es ir a yoga y la otra es armarse de toda la indumentaria para ello. Buzo de buena marca, calzoncillos, short y polera ad hoc, un bolso de gimnasia, toalla, colchoneta y un sinfín de artilugios. Un miércoles de sol, a las tres de la tarde y con un hambre de los mil demonios, un taxi me deja en una calle lateral de Ñuñoa. “Academia de Yoga”, decía el letrero en la puerta. Paso por el antejardín y golpeo la puerta. Al par de segundos aparece ella: la profesora.

- ¿Vos sos Exe?
- El que viste y calza.
- Mirá, yo seré tu maestra. Mi nombre es Susana.

Susana, enfundada en una malla negra casi trasparente, me trastornó.

- ¿Argentina?
- No, me dice, Uruguacha. ¿Has hecho yoga últimamente?
- Últimamente no, mentí.
- Así lo veo y siento, dice cuando toca uno de mis brazos. ¿Estás bastante blandito, eh?
- Trabajo mucho sentado, le comenté.
- Mirá, vos serás mi único alumno hoy, así que trataremos de avanzar bastante.

Tenía los ojos negros como azabache y todos sus atributos en el lugar que corresponde. Trate de calcularle su edad, pero me fue imposible. Bien podía ser una nena de 25 como una de 40. – ¿Se puede hacer yoga con hambre?

- Es lo ideal, comentó. – Si quieres después de la clase te acompaño a comer algo, yo también estoy hambrienta.

15 minutos se demoró para que lograra hacer una de las posturas más básicas del yoga. No podía concentrarme ya que aparte del dolor que sentía en las posaderas y en las piernas, me reconfortaba con el roce de su cuerpo contra el mío. Luego me enseñó a respirar y después a cruzarme de piernas. Definitivamente ahí me sonaba todo. Mi esqueleto no estaba para eso.

Tras dos horas de febril entrenamiento mi cuerpo estaba para recogerlo a pedazos. – “Mañana vas a amanecer un poquito adolorido, Exe, pero es sólo al principio. Ya te acostumbrarás.”

Ella también sudaba. Hacía calor. - ¿Aun tenés hambre?

Me enseño las duchas del primer piso mientras ella subía a sus aposentos a cambiarse de ropa. Me duché y vestí de deportista y la esperé para ir a comer algo por ahí. - ¿Qué te gusta comer?, le pregunté cuando aparece con unos jeans ajustadísimos y una polerita que dejaba su ombliguito a la vista.

- Lo que quieras, Exe. El yoga me da apetito y soy capaz de comerme un chivito entero. ¿Y vos?

No sé si estaba en condiciones de comer lo que ansiaba en esos momentos. ¡Pórtate bien Exe!, me dije. “¡Estás en Ñuñoa y la comuna se te ha puesto difícil de controlar! ¡Te pilla la paquita en estos trámites y capaz que te corte lo que te queda de tripa!”.

Decidí cambiarme de comuna y partir a Providencia. Me dolían las piernas cuando abordamos el Nissan V16, taxis que cada día los encuentro más bajos e incómodos. Enfilamos por Pedro de Valdivia y entramos por Santa Beatriz. – ¿Te gustan los pescados y mariscos?

- Son divinos.
Entramos a El Ancla. - ¿Tiene reserva?, me preguntó un mozo.
- No. Pero conozco al jefe
- Lo siento, pero aquí no hay jefe.
- Perdón, la jefa entonces.
- ¿De parte de quién?
- Dígale que viene Exe a cenar.

Definitivamente los contactos en Chile valen más que toda la plata del mundo. A los tres minutos estaba sentado en una mesa íntima el segundo piso y con dos pisco sour. –Cortesía de la casa- nos dice el mozo.

- ¡Sos genial Exe!, dice Susana
- Cada uno es genial en lo suyo, respondí.
- ¿Qué me recomendás?
- Lo que quieras, respondí. Mientras no sea langosta o centolla, lo que desees.
- ¿Sos casado?
- Viudo, comenté
- Pobrecito. ¿Y vivís solo?
- Por cierto
- ¿Y tenés amigas?
- Un par, mentí. Pero no estamos acá para confesarnos. Tengo tres meses de Gift Card para conocernos.

Susana comió machas y congrio a la campesina. Yo, ulte y merluza frita. Bebimos un blanco Amaral del año y entre salud y salud me cuenta que los mariscos son su debilidad y que le son demasiado afrodisíacos. - ¡Qué rico conocerte, Exe! Haremos buenas migas.

A decir verdad, a esa hora yo no quería migas ni amigas. Me dolía desde el cuello hasta las pantorrillas.
- ¿Un postre, Susana?

Me mira con sus negros ojos y dice - ¡Tú!

- Te vas a tener que contentar con unas papayas al jugo, ya que me dejaste reventado con tus clases de yoga.
- ¿Te arrancás cuchi cuchi? Dame tres semanas y te dejo como torito de exposición.
- Ojalá Susanita, ya que hoy no valgo un peso.
…..

Om… Om. Me duele todo. Recuerdo haber pasado a dejarla a su casa y luego me veo caminando por el pasillo de mi edificio con las piernas rígidas a causa del dolor. Más de quince minutos me demoré para doblarlas y sentarme frente al computador para escribir esta nota. Hacía años que no me sacaban (literalmente) la cresta. A finales de mayo regresaré a clases de yoga. Creo que me volveré en un adicto.

¡A Susanita, obvio!

Exequiel Quintanilla