de 12 a 24 hrs.de lunes a sábado

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Fachada exterior

miércoles, 17 de marzo de 2010

REVISTA LOBBY

ESTA SEMANA
AÑO XXII. 18 al 24 de marzo, 2010

LA NOTA DE LA SEMANA: Se acabó…
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: McDonald’s: comer rapidito
LOS CONDUMIOS DE DON EXE: Hotel W: ¿Guau o wow?
NOVEDADES: En el Latin Grill se volvieron locos…
BUENOS PALADARES: Las críticas gastronómicas de la semana

LA NOTA DE LA SEMANA

SE ACABÓ…

En Lobby sabemos que es difícil, pero la única forma de sacarnos el estrés producido por los fenómenos de la naturaleza que nos han –casi- destrozado la psiquis ,es hablar de otras cosas. En nuestro caso, escribir de lo nuestro, de gastronomía, y olvidarnos de un tema que muchos aun lo tienen en la boca, en sus mentes y en sus sueños.

No es fácil hacerlo. Todos y en todas partes no olvidan la madrugada del 27 de febrero y cada uno cuenta una historia más o menos parecida y que va creciendo en intensidad a medida que se conversa del tema o va bajando, todo dependiendo del susto o los daños que le causaron a nuestro interlocutor. El tema es interesante pero a la larga se pone tedioso. Es cierto que la prensa sensacionalista vende más ejemplares cuando entregan imágenes sobrecogedoras de la tragedia, pero íntimamente pensamos que hacen un gran daño y que ya es hora de dejar que las autoridades hagan lo suyo y nosotros volver a nuestra vida normal. Solo así resolveremos dos cosas importantes: volver a tener un país productivo y sanar nuestras heridas síquicas que nos produjo el desastre.

Otra lectura para nuestros lectores e incluso algunas sonrisas que esperamos sacarle. Pero desde la próxima semana trataremos en lo posible de no escribir de tragedias y si contarles las novedades de una industria que este año se tornará muy noticiosa. Nosotros nos ponemos las pilas y esperamos que todos nuestros lectores entiendan que es la única manera de salir adelante.

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


McDONALD’S
COMER RAPIDITO

Cuando la tierra se mueve, el comer deja de ser un acto hedonista y se transforma en una actividad mecánica y rápida. La gastronomía pasa a segundo plano ya que pocos están con los ojos puestos en un plato y los tienen más bien puestos en las lámparas de los negocios. Por ello que estos inicios de marzo han sido más lentos en los restaurantes de “mantel largo” mientras vemos los fast food llenos de clientes, muchos de ellos poco acostumbrados al sistema de auto servicio y la comida chatarra.

Pero hay una cosa que debe quedar en claro. El fast food, algo que en Chile lo tenemos muy asociado a la comida chatarra es a nivel mundial uno de los rubros del negocio gastronómico con más crecimiento. Las franquicias de las cadenas crecen como callampas y sus resultados operacionales son francamente mejores que los de un establecimiento común y corriente. ¿Cuál es la razón del éxito?

Precio y sabor, a decir verdad. Recetas aplicadas en todo el mundo y que han surtido efecto. Por las razones antes mencionadas aterricé hace unos días en uno de los 30 mil locales que McDonald’s tiene en el mundo y cerca de setenta en Chile. ¿La razón?: un almuerzo rápido, cargar energías para una agobiante tarde y re-conocer estos locales que hacía mucho tiempo no visitaba. Además, y es válido decirlo, cada cierto tiempo me gusta pegarme un atracón de comida chatarra y eso es bueno. Quizá no tanto para la salud, pero si para el bolsillo.

Una McNifica, papas fritas, coca cola, mostaza, mayonesa y ketchup para mi aventura gastronómica. La hamburguesa rica e irreproducible en casa (una de las razones del éxito de esta cadena). Carne, queso, lechuga, tomate, cebolla y un mix de Ketchup, mostaza y mayonesa. Me informé y supe que tenía cerca de mil calorías. Eso y las papas fritas, la coca cola y el agregado de salsas debería haber llegado fácil a las 1.500 calorías en un almuerzo. Pero, ¿de qué me quejo cuando las veces que como foie gras en un restaurante o participo en una maratónica sesión de seis, siete u ocho platos no sean similares? Sencillamente estamos estigmatizando el food service y todo lo que se le parezca.

Nadie lo puede negar. El sabor de las hamburguesas es inigualable, igual con el pan y los aderezos. Las papitas fritas que acompañan también hacen su aporte de sabor (¿Existe alguien a quien no les guste las papas fritas?). En resumen: una experiencia diferente, buena, entretenida, distinta y si bien no es original, es una chanchada de esas que gustan.

Una maquinita de hacer dinero, pensé mientras las filas de personas compraban hamburguesas y similares. Las menos compraban crudites (verduras en chileno) y los más se afanaban por las hamburguesas de carne o pollo que ofrecen en el local. Una economía de escala que les permite almorzar por tres mil pesos y quedar bastante satisfecho. Obvio que no para todos los días del año, ya que eso sería como un suicidio. Pero si para visitarlo de tiempo en tiempo.

Recuerdo en estos momentos a un crítico gastronómico que años atrás estuvo viajando por exóticos países tras la cortina de hierro de ese entonces. Me contaba que sin conocer la gastronomía y el estado de sus comidas y muchas veces el valor exorbitante de ellas, terminaba comiendo hamburguesas en los McDonald’s. Algo que en Chile nunca haría.

Definitivamente existe un buen producto y manejado bajo estrictas normas de seguridad alimentaria. Sin duda es calórico y poco saludable en los estrictos términos. Pero bien vale la pena tenerlo entre las alternativas rápidas para un tentempié o un almuerzo donde escasea el tiempo. Pero tenga cuidado. Las hamburguesas que ofrecen son adictivas y esta ha sido la mayor invasión norteamericana estos últimos años. Que lo digan los chinos y los rumanos. Si bien los gringos no se apropiaron del mundo, Ronald McDonald’s lo hizo. Conquistando el estómago de sus amigos y enemigos…. (Juantonio Eymin)

LOS CONDUMIOS DE DON EXE




HOTEL W
¿Guau o Wow?

Mathy vive en el piso 16. Yo en el 5. Ella en Vitacura y yo en la República de Ñuñoa. Y hace 10 días tengo una invitada de lujo en mi departamento. Llegó un día antes del sismo (¿Por qué los españoles le dirán seísmo?) y dice que no quedó un vaso en pie en su morada. Aun no se atreve a volver y tampoco yo tengo ánimo de acompañarla a su hogar. Más aun, los ascensores funcionan como las berenjenas y subir a pie tal cantidad de peldaños es verdaderamente so much.

Pero sinceramente estamos cansados de hablar de temblores, terremotos, replicas, maremotos, cortes de luz y tantas otras cosas que han pasado estos últimos días. Me requetecontra juró que si yo la dejaba estar en mi departamento hasta que todo volviera a la normalidad, ella no hablaría de la pachamama e incluso trataría de no salir arrancando cada vez que piensa que el edificio se mueve.

Acá estamos. Acostumbrándonos a vivir juntos y cada uno con su genio y sus mañas. Ella se preocupa del desayuno y el aseo; yo del almuerzo y la cena. Claro está que almorzamos en casa y cualquier nimiedad, pero estos últimos días he conocido más de Ñuñoa que en todos los años que vivo allá. Pero grande sería nuestra sorpresa cuando el mayor de mis hijos nos invitó a cenar al Noso, el topísimo ambigú del nuevo hotel W. Lo único que sabía de él era que estaba en un cuarto piso y que había que llevar un saco de plata para pagar la cuenta y que si no llegabas en una 4 x 4 del año, más valía la pena estacionarse en las cercanías del hotel, para no pasar vergüenza.

Pero como el qué dirán a mi me tiene sin cuidado, aceptamos de inmediato una invitación que sería de puerta a puerta. O sea regaloneados a más no poder. Éramos cuatro y partimos bebiendo el aperitivo en la terraza que esta al lado del ambigú, (se llama Terra Sur y tiene nombre de ferrocarril). Llena de mesitas de ratán (plásticas, obvio) y lleno de gente abecé 1. Mojito para los dos. Sour para mi hijo y una vaina para la nuera. ¡Se nota que estudió en colegio de monjas!, le murmuré a Mathy mientras mi nuera contaba que su vaina estaba fuertísima, cuando allí los tragos lo que menos tienen es alcohol.

Conversamos de todo y de nada, de las vacaciones y del regreso al colegio de los nietos. A decir verdad un tema que ni siquiera me preocupa pero sí a los papás. Yo, gracias al altísimo, ya dejé de criar y sepan mis lectores que es un descanso, y de los grandes.

A rato nos avisaron que nuestra mesa estaba lista. Me extrañó ver el comedor repleto. Nuestra mesa era la única disponible y parecía que todos lo estaban pasando de maravillas. El lugar es atractivo. De doble, ¡no!, de triple altura y de colores alegres donde predominan los verde limón y los rojo y negro metálicos. Lindo espectáculo. Ojalá la comida esté a la altura de este boliche hecho a la medida de los snobs.

¡Pidan lo que quieran menos caviar, langosta ni champagne francés!, fue la única advertencia del guacho. Así que me entusiasmé con unas ostras frescas y una copa de sauvignon blanc. Eran siete y de las grandecitas y de buen sabor. Las acompañaban con una vinagreta de jerez que no me pareció adecuada así que solícitamente le pedí al mozo medio shot de vodka para gotearlas. Si aun no lo han hecho, hagan la prueba. ¡Que limón u otro aderezo! Una ostra con tres gotas de vodka es un vuelo por el Nirvana gastronómico. Pruébenlas y se acordarán de este veterano.

Entre cebiches y jamones crudos se fueron las entradas. Pato, congrio, ostiones y filete para los fondos (¿adivinen quien pidió filete? ¡Si, la nuera!). Grandes y brillantes preparaciones. Algo empalagosas y concentradas eso sí pero de muy buen nivel y materia prima. Mi pato, blando y su pechuga cortada en láminas, estaba cocinado a la naranja y acompañado de nabos, coliflor y mix de verdes aparte de un sutil toque de anís. Brillante, al igual que el congrio dorado de Mathy, acompañado de una reducción de habas. Nada que hablar. Mi hijo gozó los ostiones y la nuera su filete que no compartió con nadie.

En este ambiente uno se olvida de todo. Incluso de que uno es pobre y que ni siquiera juntando mesadas y colectas podría llegar a este lugar. Gente atenta atendiendo. Muchos haciéndolo en idiomas (hablo de inglés y francés, no de arameo). Buen servicio de sommeliers y una linda hostess que recibe a cautos e incautos. No supe del valor de la comanda pero creo que no fue barata ya que mi hijo al despedirse me dijo que la próxima salida a comer sería en septiembre, o sea en seis meses más, pero valió la pena.

Luego de los fondos, un café y buenas noches los pastores. Postre no necesitábamos y ya se estaba haciendo tarde para la mujer de mi hijo ya que la vimos bostezando un par de veces. Guatita llena y corazón contento regresamos a nuestra placida Ñuñoa. Subimos al departamento y antes de dormir nos bebimos un Famous Grouse y fumamos un café creme holandés que aun mantenía en mi velador. De ahí, a la cama. Sería una de las pocas noches que si tembló, ninguno de los dos sintió el movimiento. Estábamos reventados y más que satisfechos.

Exequiel Quintanilla

NoSo: Hotel W. Isidora Goyenechea 3000, piso 4, Las Condes, fono 770 0074

NOVEDADES

EN EL LATIN GRILL SE VOLVIERON LOCOS…

Los sabrosos locos, esos que se comen con placer y muchas veces con sentido de culpa, estarán presentes entre el lunes 22 al sábado 27 de marzo en el Latin Grill del hotel Marriott.

Habían desaparecido de nuestras costas ya que casi todo el producto se exportaba años atrás a los países asiáticos, sin embargo esta temporada pareciera que regresa a nuestras mesas en gloria y majestad. Y por ello Luis Cruzat, el chef del Latin Grill propone una cena que partirá con un Carpaccio de locos con mousseline de cítricos y mix de hojas y acompañado de un sauvignon blanc Amaral Reserva. Luego, y como primer fondo, nuestro querido chupe de locos con un toque de cilantro en maridaje con un Chardonnay Veramonte, y para finalizar lo salado de la ocasión, un filete de congrio sellado y tempura de locos sobre juliana de vegetales, acompañado con pinot noir de Montes.
Postre, late Harvest y Grand Marnier de bajativo para terminar una cena de locura total.

Las cenas tienen un valor de 38 mil pesos por persona y cuentan con música de piano en vivo. Para reservar hay que llamar al 426 2064 y las cenas comienzan a las 18,30 horas y se extienden hasta las 23.30, todos los días.

Restaurante Latin GrillAv. Kennedy 5741, Las Condes

BUENOS PALADARES

LAS CRÍTICAS GASTRONÓMICAS DE LA SEMANA

RODOLFO GAMBETTI
(Las Últimas Noticias)
(12 marzo) OPORTO (Isidora Goyenechea 3477, Las Condes, fono 378 6411): “…el matrimonio de enólogos Felipe García y Constanza Schwaderer (Bravados Wines) que acaban de producir su segunda versión del ensamblaje tinto Facundo 2007 y su primer blanco, el sauvignon blanc 2009 Marina, que ganó dos premios en el reciente 7th Annual Wine of Chile Awards (mejor sauvignon blanc y Best Value en blancos). Que presentaron recién en el restaurante Oporto, que los tiene en su carta. El sommellier Ricardo Grellet y el chef Francisco Mandiola combinaron con platos.” “El sauvignon Marina tiene un delicado dejo herbáceo, elegante, un sabor cítrico y una atractiva y larga presencia en boca, que pide a gritos combinarse con un gran plato de erizos. Y fue la elección en el Oporto, con erizos combinados con apio y una espuma de jengibre. El Facundo se atreve con un 50% de cepa carignan, de Loncomilla, reforzado con cabernet sauvignon del valle de Itata y un 25 % de petit verdot.” “Masas rellenas con carne de larga cocción, setas morilles y flores del huerto fueron la exótico combinación para este vino de alto grado alcohólico, que sirven enfriado para apreciarlo bien. Aunque el tema recurrente en la cata fue el daño sufrido por las viñas y bodegas con el terremoto, el trabajo de encontrar potencias del vino chileno sigue adelante.”

SOLEDAD MARTÍNEZ (Wikén)
(12 marzo) CAFÉ DEL ÓPERA (Merced 391, Santiago Centro, fono 6645491, anexo 4): “El exitoso restaurante Ópera, dirigido por el chef belga Mathieu Michel, sigue ampliando sus servicios.” “Está abierto a partir del desayuno hasta la tarde, y su mérito está en la calidad del chef y de los materiales elaborados en casa, por ejemplo, su buen chocolate venezolano.” “Se puede tomar once o, a cualquier hora, café, o pedir o llevar sus helados artesanales, sus sándwiches o su fina dulcería. Ya es un polo de atracción al almuerzo, pues además de ensaladas y sopas ofrece un tipo diferente de sándwich ("beledge broodjes", al estilo belga), lo que permite optar entre una comida ligera y algo más suculento. En efecto, aquéllos se piden en dos portes (piccolo a $2.550 y baguette a $4.000) y con pan blanco o integral. En ambos tamaños los sirven en dos porciones, y como los ingredientes se pueden combinar a gusto del comensal, éste gradúa el volumen de lo que quiere comer. Hay catorce productos para escoger como base del sándwich (salame, jamón acaramelado, ibérico o serrano, queso emmental o mantecoso, crema de queso, centolla, camarones, jaiba, pollo al curry, grillado o en ensalada y tártaro de filete). Al elegido se le pueden añadir tres acompañamientos y una o más salsas.”

ESTEBAN CABEZAS (Wikén)
(12 marzo) FRESIA (Antonia López de Bello 104. Bellavista, fono 789 1040): “… una sanguchería 2.0, con espíritu de picada y más de un plus. Tienen caldos, clásicos de la barra pop y combinaciones varias entre panes .Y dejando a un lado algunos problemas del tipo réplica (no había fricandela ni churros, bú), califica para lugar de esos que ganan adeptos. Pero tendrán que espabilarse (se pidió schop ámbar, llegó rubio). " "Y bien: con servilletas de papel y listos, llegó una mechada completa ($2.900), blandita y abundante, un lomito italiano en regla ($3.200) y un churrasco pobre (o sea, con cebolla y huevo frito, $3.200). Todo rápido -no a velocidad Fuente Alemana, pero harto rápido-, con buena disposición y sonrisa atenta.”

BEGOÑA URANGA (El Sábado)
(13 marzo) RUBY TUESDAY (Isidora Goyenechea 2960, Las Condes): “Un restaurante informal, muy gringo y con el prestigio de sus 900 locales en USA, presencia en más de 16 países y 10 locales en Chile.” “La comida tuvo sus aciertos y sus caídas. De lo bueno, las alitas de pollo, impecables, crujientes y bien preparadas. La pasta, otro acierto, así como las costillas de cerdo y las papas fritas. Hubo problemas con el puré (dos porciones) que llegó frío y un Jumbo Lump Crab Cake de lo más insólito. Un pastel de cangrejo, como podría traducirse, que llegó en una especie de tortilla gris, quemado y desarmado. Literalmente. Sin exagerar. El gusto no era nada de malo, pero la presentación... ¡Impresentable!” “Una comida muy gringa, rica, sin grandes refinamientos, pero que tiene algunos aciertos pero con un servicio que no se condice con su nombre. ¡Ah! Y el mantel sucio, nadie lo limpió..., no hay perdón.”

PILAR HURTADO (Mujer, La Tercera)
(14 marzo) VAGÓN COCOA (Av. El Rodeo 12850, L. 59, La Dehesa, fono 216 8239): “Partimos con pisco sour a la peruana, con su espuma y gotas de amargo de Angostura. Estaba tan rico que pedimos otra ronda. Picoteamos unos camarones enchaquetados –cubiertos de fideos y fritos– con salsa agridulce, mientras elegíamos el fondo…” “Muy bueno el seco de res (carne con salsa de cilantro): la carne rojita y blanda y la salsa sabrosa, con su arroz blanco. Mi chaufa a la miel, arroz estilo chino con mariscos y cebollín con salsa agridulce, estaba exquisito.” Pero se llevó la palma de oro el tacu tacu de mariscos. Clásicamente este plato trae arroz mezclado con restos de porotos y frito como una gran croqueta, pero aquí traía relleno de mariscos y una salsa exquisita, con caldo de cáscara de camarones y juraría que también algo de porotos.” “El lugar nos encantó, pese a la demora. De lo bueno que estaba todohasta se me quitó el enojo. ¡Pero no pueden caerse en eso!”

CÉSAR FREDES (La Nación Domingo)
(14 marzo) BAR CATEDRAL (José Miguel de la Barra 407, teléfono 664 3048): “La cocina del Catedral, en el segundo piso del magnífico restaurante Ópera está gobernada también por el chef belga Mathieu Michel, que crece en calidad mes a mes y es el jefe de todos los fogones del grupo que forman los dos mencionados, más el café del Ópera, ya sobre la calle Merced.” “esta semana tuvimos la sorpresa de saber que el Catedral funciona como muy buen restaurante a mediodía, que se come con carácter y bastante achilenado y que, con más o menos $12.000, se puede almorzar muy bien con buen vino, por copas incluido.” “Con nada pudimos comenzar mejor el almuerzo que con el plato llamado “tabla criolla”, un surtido con muy buen arrollado de chancho a la chilena, pernil tierno y sin grasa y queso de cabeza hecho en casa. Mathieu Michel, que lo elabora, tiene la precaución de no dejarle a este clásico mundial la gelatina que le es natural, en homenaje a los hábitos del consumidor chileno medio. Una ensaladilla de tomate y queso de cabra en cuadritos refresca y redondea un plato notable que puede ser compartido entre dos, como de hecho hicimos, o ser único plato para una persona de buen apetito. El valor del plato, muy abundante y de calidad es de $8.400.” “Disfrutamos también de una tabla mixta de carnes a la plancha con lomo de vacuno y plateadas de vacuno y de cerdo. Y de una trucha a la chilota, el tradicional “cancato” de pescado asado, relleno con tomates, orégano y longaniza.”