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Fachada exterior

miércoles, 24 de febrero de 2010

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR




TOROFRUT
Parada obligada

Conocí a “don” Jaime Toro, propietario del Torofrut, una agradable noche de premios donde el Circulo de Cronistas Gastronómicos de Chile entregaba los galardones a lo mejor del año. Corría el 2002 y ya tenía acérrimos adeptos. Una frutería ubicada en plena carretera al norte, muy cerca de la bajada Las Chilcas que –como todos los buenos negocios de carretera- mutó de expendio de frutas a restaurante. Ese día, don Jaime y su familia estaban felices. La ceremonia, realizada en el Roof Garden del desaparecido hotel Carrera, fue inolvidable. Tanto para él como para nosotros, los cronistas.

Desde ese año no he pasado uno sin pasar por el Torofrut. Hoy a don Jaime pocas veces se le ve comandando su negocio pero todo sigue igual que siempre. Generalmente paso un poco antes de mediodía donde aun se puede desayunar con ganas. Una paila con huevos fritos (tres), pan amasado y café con leche fue mi última aventura. Antes había probado su ya clásica mechada y sus sándwiches de pollo. Y como siempre, uno sale con la sensación de quedar debiendo algo ya que la cuenta final es siempre más económica de lo que uno se imagina.

¿Mantel largo? De ninguna manera. ¿Picada de carretera? Creo que tampoco. Acá hay algo de “deli” que tiene un qué se yo. Para llevar, duraznos recién sacados del árbol, castañas e higos en almíbar; vinos (y de los buenos) a precios de bodega y grandes platos y sándwiches preparados por incógnitas manos en una desconocida cocina donde creemos –y pensamos- que está manejada por manos femeninas. Sin dar fe (ya que no he tenido la ocasión), los porotos granados y la cazuela de pava son de antología y sus arrollados, perniles y lengua, de otra galaxia.

Acá hay cocina típica. Nada más. Pero buena, sabrosa y sana aunque a veces un poco cargada al ajo. Sin embargo es una muestra de lo rica de nuestra gastronomía y avala tremendamente ese premio entregado ya hace cerca de diez años atrás.

Don Jaime no transa la calidad ni el precio. Le gusta tener su negocio con público y goza cuando le alaban su comida. Buenos quesos y huevos de campo; en temporada, paltas y naranjas de esas que dan ganas de comerlas a mordiscos. Sillas de paja para un descanso en el camino para agarrar fuerzas para seguir adelante. Una pared completa con artículos de prensa avala su propuesta. Una pared escrita por chefs y cronistas duros, de esos que nunca alaban propuestas gastronómicas. Y, a pesar de sus galardones, de sus premios, de las crónicas escritas y de la fama obtenida durante estos años, don Jaime sigue ofreciendo con humildad lo mismo de siempre y a precio de huevo. Eso, en Chile, es casi una utopía.

Torofrut no es un restaurante de carretera. Es una parada obligada. La suficiente para hacerse “fan” de este local. Nada lo supera en muchísimos kilómetros alrededor.

Hágame caso. Ya tendrá oportunidad de agradecerme este dato. (Juantonio Eymin)

Torofrut. Panamericana Norte, kilómetro 80, Llay Llay, fono 34 -611 798.