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Fachada exterior

miércoles, 17 de marzo de 2010

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


McDONALD’S
COMER RAPIDITO

Cuando la tierra se mueve, el comer deja de ser un acto hedonista y se transforma en una actividad mecánica y rápida. La gastronomía pasa a segundo plano ya que pocos están con los ojos puestos en un plato y los tienen más bien puestos en las lámparas de los negocios. Por ello que estos inicios de marzo han sido más lentos en los restaurantes de “mantel largo” mientras vemos los fast food llenos de clientes, muchos de ellos poco acostumbrados al sistema de auto servicio y la comida chatarra.

Pero hay una cosa que debe quedar en claro. El fast food, algo que en Chile lo tenemos muy asociado a la comida chatarra es a nivel mundial uno de los rubros del negocio gastronómico con más crecimiento. Las franquicias de las cadenas crecen como callampas y sus resultados operacionales son francamente mejores que los de un establecimiento común y corriente. ¿Cuál es la razón del éxito?

Precio y sabor, a decir verdad. Recetas aplicadas en todo el mundo y que han surtido efecto. Por las razones antes mencionadas aterricé hace unos días en uno de los 30 mil locales que McDonald’s tiene en el mundo y cerca de setenta en Chile. ¿La razón?: un almuerzo rápido, cargar energías para una agobiante tarde y re-conocer estos locales que hacía mucho tiempo no visitaba. Además, y es válido decirlo, cada cierto tiempo me gusta pegarme un atracón de comida chatarra y eso es bueno. Quizá no tanto para la salud, pero si para el bolsillo.

Una McNifica, papas fritas, coca cola, mostaza, mayonesa y ketchup para mi aventura gastronómica. La hamburguesa rica e irreproducible en casa (una de las razones del éxito de esta cadena). Carne, queso, lechuga, tomate, cebolla y un mix de Ketchup, mostaza y mayonesa. Me informé y supe que tenía cerca de mil calorías. Eso y las papas fritas, la coca cola y el agregado de salsas debería haber llegado fácil a las 1.500 calorías en un almuerzo. Pero, ¿de qué me quejo cuando las veces que como foie gras en un restaurante o participo en una maratónica sesión de seis, siete u ocho platos no sean similares? Sencillamente estamos estigmatizando el food service y todo lo que se le parezca.

Nadie lo puede negar. El sabor de las hamburguesas es inigualable, igual con el pan y los aderezos. Las papitas fritas que acompañan también hacen su aporte de sabor (¿Existe alguien a quien no les guste las papas fritas?). En resumen: una experiencia diferente, buena, entretenida, distinta y si bien no es original, es una chanchada de esas que gustan.

Una maquinita de hacer dinero, pensé mientras las filas de personas compraban hamburguesas y similares. Las menos compraban crudites (verduras en chileno) y los más se afanaban por las hamburguesas de carne o pollo que ofrecen en el local. Una economía de escala que les permite almorzar por tres mil pesos y quedar bastante satisfecho. Obvio que no para todos los días del año, ya que eso sería como un suicidio. Pero si para visitarlo de tiempo en tiempo.

Recuerdo en estos momentos a un crítico gastronómico que años atrás estuvo viajando por exóticos países tras la cortina de hierro de ese entonces. Me contaba que sin conocer la gastronomía y el estado de sus comidas y muchas veces el valor exorbitante de ellas, terminaba comiendo hamburguesas en los McDonald’s. Algo que en Chile nunca haría.

Definitivamente existe un buen producto y manejado bajo estrictas normas de seguridad alimentaria. Sin duda es calórico y poco saludable en los estrictos términos. Pero bien vale la pena tenerlo entre las alternativas rápidas para un tentempié o un almuerzo donde escasea el tiempo. Pero tenga cuidado. Las hamburguesas que ofrecen son adictivas y esta ha sido la mayor invasión norteamericana estos últimos años. Que lo digan los chinos y los rumanos. Si bien los gringos no se apropiaron del mundo, Ronald McDonald’s lo hizo. Conquistando el estómago de sus amigos y enemigos…. (Juantonio Eymin)