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Fachada exterior

miércoles, 21 de abril de 2010

DE BEBISTRAJOS Y REFACCIONES




COMIENDO EN EL OMBLIGO DEL MUNDO
SABORES DE RAPA NUI

*Karla Berndt


En el mes de octubre del año pasado, con mucha anticipación y aprovechando el valor algo deteriorado del dólar, reservé un viaje de cuatro días a Isla de Pascua, uno de los escasos lugares que todavía no lograba conocer durante mis ya 23 años de estadía en Chile. El día 6 de marzo, fecha ansiosamente esperada, iba en vuelo…

Una semana antes, el 27 de febrero, por desgracia se nos movió el piso. Para colmo hubo alerta de un posible tsunami que podría afectar la lejana isla, lo que afortunadamente no sucedió. Sin embargo, nuestro vuelo fue cancelado. Después de mucho nervio-sismo, finalmente, pudimos emprender tan anhelada aventura con unos días de retraso.

Varios amigos me habían comentado que con cuatro días “uno lo ha visto todo” y que después “no hay nada más que hacer” en Rapa Nui. Craso error. Aparte de los tours turísticos básicos, existe una gran variedad de actividades individuales que se ofrecen al viajero, como arrendar bicicletas o caballos, bucear, navegar en lancha, caminar, observar la flora y fauna, sentarse cerca de uno de estos impresionantes moais para simplemente sentir la magia de este solitario lugar …

O disfrutar de un típico curanto, el plato tradicional de la isla, que combina carnes de cerdo y aves de corral con pescados y mariscos, además de camote, taro y otros ingredientes adicionales. Esto se cocina en hoyo cubierto de piedras volcánicas. Se acompaña con Po'e, una mezcla de taro, plátanos, harina y azúcar que se envuelve en hojas de plátanos para luego cocer en el Umu Ta'o, el hoyo del curanto.
Esto fue que me contaron, ya que lamentablemente no me alcanzó el tiempo para hacer la reserva de rigor y formar mi propia opinión al respecto.

Lo que si puedo recomendar es un lugar sencillo y “tres B”: la Tía Berta. Me habían contado que ahí, en pleno corazón de Hanga Roa, se ofrecen unas empanadas espectaculares de atún, de camarones, de verduras, con o sin queso. O sólo con queso. Llegamos a la hora de almuerzo, y nos encontramos con un pequeño restaurante, más bien una picada, con una terraza rodeada de papayas y plátanos (de estos últimos existen 15 variedades que varían en tamaño y sabor).

Una mujer sentada en una de las mesas resultó ser la mismísima “tía Berta”, quien – después de tomarse su café y fumarse su cigarrillo - tomó el pedido y se marchó a la cocina para preparar ella misma la masa para las empanadas. Se demoró su poco, pero el resultado fue destacable: un relleno contundente envuelto en un manto crujiente y delgado que por su consistencia y sabor recuerda a la sopaipilla. Una delicia por $ 2.500 cada una, que de verdad valió su precio. Y nos dejó totalmente satisfechas hasta la noche.

A propósito de precios: en la Isla, todo lo comestible y bebible es algo más caro que en el “conti”(nente). Con razón, si se sabe que cada kilo de productos “importados” tiene un valor adicional de un dólar por el flete.

También conocimos el restaurante y café Ra’a, a cargo de la chef Claudia Patiño, quien decidió dejar Inacap, su anterior lugar de trabajo en Santiago, para marcharse a uno de los lugares más remotos de nuestra tierra. Ahí está ella, radiante y contenta, instalando un Emporio al lado del restaurante donde ofrecerá aceites de oliva, especias y otros productos traídos del continente que encuentran gran interés en la población isleña.

Otro lugar de abastecimiento culinario que quisiera destacar es el carro Ahi Ahi, de color amarillo, que se estaciona cerca de la caleta. Probamos los pinchos con frutas frescas, a $ 2.000 c/u, y las piñas de la Isla. Estas últimas son dignas de aplauso: chicas, maduras, jugosas y de un sabor increíble con un dejo de vainilla. También por $ 2.000, son entregadas peladas y con un pedazo de toalla de papel alrededor de sus hojas. Me encantaron tanto que el día de nuestro regreso compré dos en la feria (por el mismo precio), las llevé a la oficina del SAG (al lado del aeropuerto), y, previo control para descartar cualquier arañita u otra plaga, me autorizaron llevarlas a Santiago, regalo divino para golosos fruteros.

Aparte, y dejando atrás cualquier presupuesto ficticio, fuimos dos veces a cenar.
La primera experiencia fue el restaurante “La Taverne Du Pecheur” que también es conocido como “El Vikingo”. En la terraza, con puesta de sol y música acorde al lugar, disfrutamos una cena de lujo. Pan ciabatta con queso de cabra gratinado, pescados típicos (Mahi Mahi y Taremo) con puré de taro, camote, verduras y arroz, todo decorado con hermosas flores, camarones al pilpil con fettuccini, plátanos, ahora flambeados, con sorbete, todo esto acompañado de los respectivos vinos en copa y de un fresco y aromático jugo de guayaba. Perfecto también el servicio: amable, rápido y de buen conocimiento de la oferta.

Lo mismo el día siguiente en “La Kaleta”, en una mesa casi sobre el mar y con un atardecer ad hoc. Ahí probamos el famoso Rape rape, de la familia de la langosta, pero más pequeño y aún más delicioso, cortado en mitades y de cocción perfecta, con un sabor increíble…

¿Quién dice que en Isla de Pascua no se come bien? No sé si cambió la oferta en los últimos años, pero no puedo confirmar este juicio. El Ombligo del Mundo ofrece muchas alternativas. Si decido viajar a una isla tan lejana, también debo asumir desde ya que todo tiene su precio… y su recompensa.

Te Ra’ai: Curanto Rapa Nui y bailes tradicionales. Tel.: (32) 255 1460; www.raairapanui.cl
Ra’a: Calle Atamu Tekana. Tel.: (32) 255 1530
Tía Berta: Calle Atamu Tekena. Tel.: (32) 210 0171
La Taverne Du Pecheur (El Vikingo): Caleta de Pescadores. Tel.: (32) 210 0619
La Kaleta: Caleta de Pescadores. Tel.: (32) 255 2244

*Karla Berndt
es cronista gastronómica e integrante del Círculo de Cronistas Gastronómicos de Chile. Nacida en Alemania, reside hace 23 años en Chile y actualmente es Gerente de Comunicaciones de la Cámara Alemana de Comercio, Camchal. Su afinidad con la gastronomía la plasmó en el primer y único libro de cocina chilena escrito en idioma alemán y editado en su país de origen “Die chilenische Küche”. Sus periódicas crónicas se pueden leer (en español) en el sitio www.camchal.cl y en su columna “De bebistrajos y refacciones” en Lobby.