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Fachada exterior

miércoles, 5 de mayo de 2010

LA NOTA DE LA SEMANA


IMPUESTOS A LA COMIDA CHATARRA

Quien no la haya comido que lance la primera piedra: desde los berlines escolares, los conejos y todas las masas con huevo mol que comíamos en nuestros entonces (y que muchos aun consumen), hasta las pizzas al instante, las hamburguesas y las papas fritas. Resultado: el mismo de siempre. Siempre han existido tentaciones alimenticias y creemos sinceramente que un impuesto a la comida mal llamada “chatarra”, terminará en un pésimo debate y en una pelea de ciegos.

Más que la comida chatarra (una desviación acalorada de la comida rápida) nacida en el mundo gracias a la necesidad de alimentarse en pocos minutos, lo dañino es el desorden alimenticio que la sociedad toda nos ha impuesto. Comer es una necesidad biológica y de eso no se escapa nadie. ¿Comida sana? ¿Qué es eso? ¿Puede una empanada ser tildada de chatarra… o un perfecto trozo de foie gras?

No podemos echarle la culpa a las hamburguesas o a las pizzas y descargarnos contra ellas. Los pueblos van creciendo y mejorando sus índices de vejez a medida que pasan los años aun con el advenimiento de la comida al paso. Definitivamente lo que pasa en la actualidad es que la oferta de comida es increíblemente superior a la de nuestros padres y aunque no se crea, estamos súper vitaminizados. Incluso el pan nuestro de cada día tiene –por ley- vitaminas para el fortalecimiento de la población.

Cuando aun no existía el Súper 8, todos íbamos tras los conejos de las pastelerías para saciar el hambre. Costaba más, pero lo lográbamos. Hoy, con una simple moneda de cien pesos las calorías se ofrecen al instante y en cualquier lugar.

Males de la época, dicen. Y es cierto. Pero esos males no pasan por subir los impuestos a los productos calóricos. Mal que mal todos estos productos fueron fruto de una política de Estado que abogaba por el bienestar de su población. ¿Qué es dañina? Cierto, pero todo en exceso lo es, desde la comida de los acérrimos veganos hasta las calorías consumidas por los paladares gourmets.

Si se pretende crear un impuesto a la comida chatarra dudamos que se pueda definir el concepto. Es demasiado amplio y podría llevar a nuestras autoridades a meterse en temas complejos como los alimentos transgénicos y los genéticamente modificados. Quizá lo mejor sería planificar que el deporte sea parte de la actividad diaria de los chilenos. El problema es que el deporte no produce riqueza y lo que el país necesita es producir y producir. Y ese error es el que tiene al país lleno de hipertensos, de cardiacos, con colon irritable e histéricos comiendo todo lo que ve en las calles y entrando a las farmacias que están en todas las esquinas de nuestro país con el fin de comprar remedios para aliviar sus psico - dolencias.

Y en eso, ni las hamburguesas ni las pizzas son culpables.