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Fachada exterior

miércoles, 10 de noviembre de 2010

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


CENANDO CON SUMITO EN EL HYATT

“Esta es una de las cenas más improvisadas y entretenidas que hecho en mi vida”, escribió en su web Sumito Estévez, el gran chef venezolano que visitó Santiago como el único invitado internacional del Mercado Paula. Y fue cierto, ya que Pamela Fidalgo, chef del restaurante Senso del hotel Hyatt aprovechó que Sumito estaba alojado en ese lugar para ofrecerle una locura más. Cocinar junto a otros chefs nacionales y para un grupo de amigos algo especial la noche del viernes pasado.

Y Sumito se sumó a la idea. Como todo se organizó a última hora, Pamela llamó a sus amigos Carlo von Mühlenbrock. Tomás Olivera y Matías Palomo para que le ayudaran en esta especie de divertimento que pretendía hacer. Cada chef debía presentar un plato de la propuesta que hacen en sus respectivos restaurantes. Aparte de ello, Pamela les ofrecía una noche de conversación, amistad y mucha risa.

Fui uno de los pocos invitados a esta cena. La dueña de casa, despeinando aun más el serio Senso, determinó –insólitamente- que el cóctel de bienvenida se haría en la cocina del restaurante. Y ahí fue la junta. Mientras los chefs revolvían las ollas, champagne y bocadillos para compartir con Sumito, su familia y una selección de invitados, desde el gerente del hotel hasta este humilde escribidor.

A pesar de era una instancia de relajo y de diversión, las propuestas gastronómicas fueron de lujo. Ya sentados en una gran mesa dispuesta en el comedor del restaurante, aparece Tomás Olivera con el primer plato de la noche: Confit de pato con polvo de aceitunas y un ostión salteado con digueñes. Entre risas, confesó que era lo que tenía guardado en su refrigerador. Ciertamente nunca había comido digueñes en Santiago y menos en noviembre. Ese hongo propio de algunos árboles de las zonas lluviosas del sur de Chile, estaban en su punto y con un aderezo genial. Luego le tocó el turno al invitado. Sumito aportó un Cocktail de camarones y mejillones con vinagreta cítrica de remolacha (betarraga) de intenso sabor y color. Todo ello acompañado de un chardonnay del Bio Bio.

Es interesante cuando la estrella de la noche se transforma en un habitúe más. Cuando nadie lo acosa con preguntas odiosas y que le permite ser partícipe de una mesa donde se es considerado como uno más de los comensales. Sin duda es un tipo simpático y entretenido, más aun cuando se sentía a sus anchas.

Y llegó el turno de Matías Palomo. De su sombrero sacó un Rollizo a la plancha con arroz de paella, crocante morado y salsa al pil pil. Rico y elogiado plato. Acompañado de un Rukumilla syrah – cabernet franc orgánico y biodinámico, fue uno de los puntos altos de la noche. O casi trasnoche, ya que a las una de la madrugada aun cenábamos. De ahí le tocó el turno a Pamela Fidalgo, quien presentó un Gigot de cordero braseado acompañado con una muselina de zuchinni, pistachos y pera asada para finalizar con un postre de Carlo von Mühlebbrok, según él, el más copiado de Santiago: flan de murta.

¿Por qué escribo en estas páginas instancias que nunca se repetirán y que sólo son experiencia de algunos pocos? En realidad esa pregunta tiene una respuesta inmediata. Después de años buscando una identidad definida, el restaurante Senso del hotel Grand Hyatt vive cambios positivos y muy entretenidos. La llegada de Pamela Fidalgo a esas cocinas aportó una cuota de carisma que necesitaba a gritos. Ya no es un lugar con ínfulas de estirado y con propuestas extravagantes. Más aun, las gerencias del hotel están encantadas con este nuevo estilo que está imponiendo Pamela en esas cocinas. Y para muestra, un botón, una cena tremendamente agradable y simpática que reunió a parte de nuestra patrulla juvenil de chefs y a un contento Sumito que no dejaba de agradecer este gesto de amistad.

Una jornada redonda y reconfortante. Cinco chefs que se juntaron el 5 de noviembre a reírse de si mismos. Eso pocas veces sucede. Y eso se agradece en un Santiago tan tímido y parco. (Juantonio Eymin)