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Fachada exterior

miércoles, 16 de marzo de 2011

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR




COSMOPOLITAN
Cuando Santiago duerme, los neones brillan en el Barrio Brasil

Fue una de esas noches largas, esas que comienzan con una cena y terminan con un bajativo bien conversado. Esas noches donde el diálogo vence al sueño y por muy tarde que te acuestes (o temprano en forma literal), se amanece lúcido y con una sonrisa en los labios.

00.20 AM: Bajando por Providencia en búsqueda de un lugar apropiado para beber un bajativo luego de una buena cena, estacionamos frente al Normandie, un restaurante y bar que suelo recurrir para algunas reuniones o encuentros con amigos. La chica que nos recibe nos avisa que están cerrando y que no nos pueden atender. ¿Cerrando a medianoche de un sábado? ¿Qué está pasando en el Normandie si hasta el McDonald’s está abierto a esa hora?

00.25 AM: Providencia muere a pesar de ser sábado. Predestinado a regresar a casa con una charla incompleta, recuerdo haber leído de un bar en las cercanías de la Plaza Brasil, cerquita, pero poco visitado por la fauna del barrio alto. Fue cosa de contarlo y directo, non stop, del ya oscuro Normandie al Cosmopolitan.

00.37 AM: Los neones brillan en el Barrio Brasil. Turistas, parejas, amigos y grupos pululan por el sector. Nada que ver con el ritmo cervecero duro y freak de Bellavista. Acá hay más design, más snob, por así decirlo. Nadie molesta. La fiesta se vive en el interior de esas antiguas casonas hoy convertidas en bares, restaurantes, hostales y un cuantuay. Dos vueltas a la manzana para encontrarse con en Cosmopolitan. Por fuera, sólo un letrero. Por dentro… como estar fuera de Chile.

Música a bajo volumen para la bienvenida. Atractivas mozas (cultas y hacendosas) para el servicio. Muchas parejas bebiendo cócteles y otras cenando de una carta donde mandan los pinchos, montaditos y tapas. Negro y rosa en su decoración, posiblemente inspirado en el famoso Cosmopolitan. Cómodo sillones a disposición en un gigantesco lugar que a pesar de su tamaño es íntimo y acogedor.

Me habría encantado conocer su gastronomía ya que se ve atractiva. Desgraciadamente veníamos de una cena y habría sido un despropósito. Diez ostras, por ejemplo, (3.800); queso manchego con arándanos (3.200); papas bravas (2.900); pulpo a la gallega (4.200). Como para volver a visitarlos. Sin embargo gocé con su carta de líquidos. 252 ítems entre vinos, espumantes, cócteles, cervezas, jugos y lo que a uno se le ocurra. Me impresionó gratamente que un pinot noir Mirador de William Cole lo vendieran a $ 7.500 y un Parcela 7 de von Siebenthal a sólo $ 14.500. Todo de una carta de 89 vinos diferentes para todos los gustos. Súmele a eso veinte variedades de cerveza y una larga lista de cócteles dignos de marearse con sólo leer la voluminosa carta.

02.00 AM: Nadie se mueve del local. No hay gritos ni grandes risas y todos conversan animadamente en sus mesas. Habíamos consumido un pisco Alto del Carmen con Ginger Ale (pillín) y un Stolichnaya y tónica de bajativo para una cuenta final de $ 6.700. ¿Dónde más grato?

02.25 AM: Por alguna razón las maquinitas de Transbank quedaron fuera de servicio en el sector. El cajero automático del Servicentro vecino también estaba fuera de servicio. ¿Qué hacer sin poder pagar? ¿Lavar platos?

La pobre administradora se agarraba las mechas rubias de su pelo koleston cuando se acumulaban los clientes que se querían retirar. Casi todos, y como ya es usual, pagan con tarjeta de crédito o redcompra, sin embargo los minutos pasaban y la rubia no atinaba. La moza, quizá más astuta que la cajera, nos dice que para que nos vayamos tranquilos ella paga la cuenta y nos entrega su número de cuenta corriente para que nosotros le hagamos (al día siguiente) una transacción electrónica.

Realmente, un Best Value.

Hay locales que recomiendo. Otros que opino como imperdibles y otros que francamente no merecen mayor atención. Pero pareciera que el Santiago nocturno se está cambiando de barrio. Con todo el despelote del pago de la cuenta, salimos a las tres de la mañana del local, pero gratamente impresionados.

Aunque no lo crea, pocos restaurantes o bares me trasportan al Nirvana que todos llevamos dentro. Por vista, sin duda el piso 21 del hotel W; por naturaleza, el Cocoa Náutico de Chicureo, y ahora, por estética, buen gusto, atención y neones al viento, el Cosmopolitan del barrio Brasil.

Topísimo (Juantonio Eymin)

Cosmopolitan: Av. Brasil 268, Santiago Centro - Poniente, fono 699 5543