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Fachada exterior

miércoles, 15 de febrero de 2012

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR



CENTO LIRE
El nuevo comedor del Stadio Italiano

Los hermanos Guadagno son especiales. Nacieron en Chile pero vivieron largos años con la nonna allá en Salerno, Italia. Sin reconocerse cocineros (uno es percusionista y el otro administrador de empresas), se hicieron cargo hace un par de años de la concesión de los comedores del Stadio Italiano en Santiago. Buenos para la charla y animosos, están elaborando recetas antiguas de la península, donde no faltan los platillos de la guerra, los cuales se debían cocinar de día para no facilitarle al enemigo la posibilidad de encontrarlos de noche con brasas encendidas.

Como todos los estadios de colonias, Cento Lire, el restaurante (o casino) es gigantesco y poco acogedor. De hecho, el día de mi visita, medio comedor estaba con las sillas sobre las mesas como si estuviesen cerrando el lugar. Una visión poco grata si se tratara de un restaurante hecho y derecho.

Es difícil manejar la gastronomía en un club como éste. Los precios son menores a lo normal ya que los socios así lo requieren. A pesar de ello, los hermanos Guadagno se las han ingeniado para que de sus cocinas salga una buena gastronomía y se han esmerado en una carta netamente italiana aunque reconozcan que ya no hay tantos italos puros en el club. Hijos de hijos y nietos de hijos es su target en la actualidad.

Amantes de las tradiciones, hace un tiempo comenzaron a preparar platos de gran nivel de la cocina rústica italiana. Abierto a todo público al almuerzo y a la hora de la cena, acá se puede disfrutar de una gastronomía desconocida de una Italia que vivió riqueza pero también mucha pobreza.

Preparan su propio pan (muy bueno) y jamones (mejores). Antipastos de lujo como pimentones asados rojos y verdes, chalotas encurtidas, las clásicas berenjenas y zucchini. Para beber, espumoso Undurraga ya que un caluroso día ameritaba el frescor de las burbujas. Como primer plato, una Minestra Napolitana (5.900), receta típica de lo que se comía durante la Segunda Guerra Mundial donde se busca alimentar y dar energía en base a un caldo de cerdo y repollo

Luego vendría la pasta en todo su esplendor. Hecha en casa y artesanalmente, primero llegan unos Papardelle al Monte Picentini (6.900), pasta al huevo hecha de sémola de grano duro, harina de sémola e integral. La salsa, de mariscos, rica y especial.

Lo mejor del almuerzo fueron unos Agnolotti rellenos con queso roquefort, con láminas de locos y una salsa preparada en base a una bisque de langosta (8.900), un plato potente, sabroso y tremendamente bien preparado.

Definitivamente, acá hay una cocina con historia y más entretenida aun cuando Gepino, uno de los hermanos Guadagno y encargado de potenciar la cocina, nos revela los orígenes de cada preparación.

Dolce di mela (manzana dulce) hecho al horno con nueces y Cannolli siciliani al modo di Salerno/Napoli (2.900) como un gran fin de fiesta.

Me gustó el desafío de los hermanos Guadagno que escarbaron sus recuerdos y rescataron la sencilla y rustica cocina italiana de sus antepasados. Cada plato tiene una interesante historia que contar y eso es parte del aporte que hacen para que cada día se coma mejor en nuestra capital. No es un comedor cinco estrellas ya que su mobiliario, vajilla y copería no les acompaña, pero su comida merece toda la atención.

Ristorante Cento Lire. Club Stadio Italiano, Apoquindo 6589, Las Condes, fono 484 7026