martes, 22 de septiembre de 2015

TURISMO GASTRONÓMICO


MICHELIN EN MADRID
El orgullo de Santi Santamaria

Fue una experiencia insuperable. Era el segundo establecimiento dos estrellas Michelin que visitaba en Madrid, y al contrario del primero, que aplica las tendencias de Ferrán Adrià, el Santceloni juega con la materia prima siguiendo los pasos de su creador, Santi Santamaría, quién aun fallecido, mantiene viva su filosofía en este restaurante de propiedad del hotel Hesperia, perteneciente a la españolísima HN Hoteles.

Nos recibió Óscar Velasco, chef responsable de la cocina de un restaurante que funciona como una orquesta filarmónica. Nadie, ninguno de sus empleados desentona: “El que siempre será el equipo de Santamaría,  sigue trabajando bajo las premisas del maestro: respetar la materia prima y conceder el mismo protagonismo a la cocina, la sala y la bodega”, fue lo primero que nos dice el chef. Y razón tiene ya que acá todo funciona como un relojito suizo, donde el equipo de sala viste elegantemente y el sommelier destaca por su sencillez y apasionamiento por su profesión: “Para trabajar de sommelier, antes hay que ser un buen camarero”, nos dice con gracia mientras nos llena una copa de cava, con la que iniciaríamos este perfecto almuerzo.

Nacido con el nuevo siglo, en el año 2001, el Santceloni se ha convertido en un referente indiscutible en el panorama gastronómico de Madrid. El restaurante le debe no sólo su nombre, sino también su inspiración, desde el concepto hasta las primeras cartas, al gran cocinero de Sant Celoni (Barcelona) Santi Santamaria. Bajo la tutela de Santamaria, un grupo de jóvenes profesionales procedentes del restaurante Can Fabes -el primer tres estrellas Michelin de Cataluña- desembarcó en Madrid, de la mano del grupo Hesperia, para trasladar a la capital de España sus ideas sobre lo que debía ser un gran restaurante gastronómico.

Nos sentamos en “la mesa del chef”, ubicada a la salida de la cocina, entre el ir y venir de platillos de gran calidad. Un menú degustación de siete tiempos, un recorrido por la clásica cocina hispánica donde no hubo ni siquiera necesidad de probar el pan elaborado en casa. Platos como Caballa marinada en ensalada, papas arrugadas, limón y cilantro; Guisantes del Maresme con gambas rojas y lemongrass; Sopa de Ostras con tomate, cebolla y habas; el Pescado del día con colmenillas salteadas, piñones y perejil, el Pato de sangre al horno con puré de ciruelas secas, aceitunas y pera; para finalizar con unos supremos ravioles de ricota ahumada con caviar Petrossian, Alverta Imperial, un lujo que obviamente tiene su precio, ya que sin vinos ni bebidas, este menú tiene un valor de 180 euros, algo así como unos 140 mil de nuestros coloridos pesos. Y si a ello le suma el vino, es fácil doblar la cuenta. ¿Digno de reyes y príncipes? Si, aunque también de empresarios y mucha gente de negocios que finalizan su almuerzo o cena en el Santceloni Cigar Club, que fue recientemente construido, y concebido para aquellos que quieran disfrutar al final de la comida o cena de un buen servicio de copas y de la cava de habanos seleccionados. El espacio, que se encuentra integrado dentro del restaurante, rodeado de cristales y con salida exterior para la liberación de humos, es un espacio limitado a unos 12 clientes, que bajo petición y reserva previa podrán disfrutar de una selecta cava que incluye más de100 vitolas distintas de las principales casas de la Habana, República Dominicana y Canarias, además de un espacio reservado para que el cliente habitual pueda guardar sus propios cigarros.

A Óscar Velasco (Segovia, 1973) lo vuelven loco sus dos hijos, entre otras muchas cosas, porque a pesar de tener 9 años y casi 7, “son partidarios de probar las cosas antes de decidir si les gustan o no le gustan”. Esto, en casa del herrero, es mucho hierro. A él, de pequeño, le recrimina su madre, no le gustaba nada, “comía fatal”. Ahora, algo ha aprendido, al menos lo necesario como para haber conseguido que el restaurante madrileño que dirige desde los fogones, tenga dos estrellas Michelin, un salto casi impensado en su carrera.

–Tendrás clientes más conservadores que tus hijos.
–No, lo de que la gente no quiera probar no me pasa ni con los clientes. Bueno algunas veces hay alguno más conservador, pero, en general, cuando vienen a Santceloni suelen ser bastante receptivos y, además, si haces algo que no les gusta, no pasa nada, siempre se puede hacer otra cosa.

-¿Qué productos empleas en Santceloni?
–En el restaurante tocamos todos los productos de mucha calidad. De Asturias esos grandes pescados del Cantábrico, aunque también empleamos del Mediterráneo, buscando sus diferentes cualidades. Pero allí tenéis muchas cosas y sin duda los quesos. Hay una presencia de quesos importantísima de Asturias. Podríamos hablar de las carnes... En definitiva, de todo producto de calidad, de gran calidad.

–Es el momento del producto, pero Santi Santamaría fue uno de sus grandes defensores desde hace mucho tiempo.
-Nuestra cocina es de producto, empieza por el producto y no la entendemos si no es con el mejor producto. Y no estoy hablando de los productos más caros, porque si hay algo maravilloso son unas sardinas a las brasas, o unos percebes, que son algo espectacular.

 – ¿Cómo se consigue tener el mejor producto cuando tanta gente lo busca?
–Todo parte de la selección. Recuerdo una visita a Asturias, a Casa Gerardo, donde vi como las escogían. Puedes comprar las mejores, pero después, una cosa tan aparentemente sencilla como una faba, hay que seguir escogiéndola. A mí me gusta comprar al pequeño, al que mima la materia. No nos sirve que un distribuidor nos traiga de todo, nos sirve aquello en lo que está especializado.

– ¿Qué crees que es lo que mejor que cocinas?
–Eh... qué pregunta.

–Más fácil. ¿Qué dicen tus hijos que es lo que mejor cocinas?
– ¡Es que los niños pequeños son un poco crueles! (ríe). Mira, yo les hago una tortilla de patatas en la que consigo unos tonos tostados, ¡Tostados! ¡No quemados! (ríe) y a ellos les gusta la de una cafetería, que es blanca, que la patata está prácticamente hervida. Sobre lo que mejor cocino... no me gusta escoger porque estás renunciando a otras muchas cosas.

–Has estado con los grandes y ahora eres uno de ellos, pero ¿cuándo supiste que estabas preparado para dirigir un restaurante?
– El día que empecé a hacerlo. Supongo que es como la expectación de salir al campo que vive un futbolista. Apretar y hacer todo lo que puedes. El primer día que abrimos era un jueves y un señor que comió ese día, nada más levantarse de la mesa reservó para el sábado. En ese momento me tranquilicé, porque abrir un restaurante nunca es fácil y llegar a ese momento, a ese servicio, te ha costado tanto esfuerzo, tanta sangre y tanto sudor... Al final es que somos exigentes con nosotros mismos y con nuestro trabajo. Es algo que cada día aprendes a llevarlo.

– ¿Qué quieres transmitir con tu cocina?
– Que estamos en una nueva etapa, muy ilusionados, que venimos de una desgracia que nos sucedió hace dos años, pero que hay un equipo de profesionales muy bien formados. Tuvimos un gran líder y tenemos la capacidad para seguir trabajando e intentando crecer.

– ¿Qué diferencias hay ahora, desde que ya no está Santamaría?
–Espero que no se note gran cosa. Cuando empezamos, Santi marcaba el rumbo, sobre todo por mi falta de criterio. Yo tenía 27 años y no sabes si lo que vas a hacer le va a gustar al cliente, si le va a satisfacer. La verdad es que los primeros años no me atrevía a cambiar una coma de la carta, pero no por Santi, sino por mi falta de criterio. Con el paso de los años, fuimos evolucionando, fuimos creciendo. La gente nos ayudaba a crecer y nosotros crecimos como profesionales. En los últimos años, Santi era nuestro guía, pero ya nos habíamos ganado su confianza y nosotros podíamos elaborar las cartas, los menús... Pero Santi siempre estuvo ahí, para ayudarte si hacía falta. Nos falta esa estrella que nos guiaba, pero aprendimos el camino y eso es lo que hacemos ahora: seguir su camino.

-En Chile existen muchos cocineros que llevan en su curriculum el haber trabajado un tiempo con uno de los grandes. ¿Recibes aprendices en tu cocina?
- Sí. Pero sólo si se quedan un año completo. Sólo así podrán conocer y trabajar materias primas que se dan solamente en cortos periodos de tiempo. Además, tiene que integrarse a un equipo de profesionales muy serio y que no les gusta perder el tiempo con chavales con poco criterio y menos imaginación.

-Sólo me queda felicitarte por las dos estrellas Michelin. Te las mereces.
-No son mías, son de Santi y el equipo.

 - Son tuyas, ya que si el restaurante lleva cuatro años sin Santamaría, en algo has participado para mantener la calidad del lugar. Dejémosle a Dios la evaluación final. ¿Te parece?
- Vale. Y espero que les haya gustado el lugar.

(Poco dormí aquella noche. Acá no dan los números, pensaba. Y es cierto. El negocio gastronómico de estos estrellas Michelin no es fácil y si bien no se gana dinero, el prestigio es el que interesa. Cuando se invierte un millón de euros para elaborar una nueva carta de vinos, el negocio es de perros grandes. Nosotros aun somos unos pobres y raquíticos quiltros que estamos en vías muy lejanas de esta realidad. Algo que sólo puede ser posible si tienes 60 millones de turistas pululando al año por el país. Con los cuatro millones que recibimos, estamos obligados a ver de lejos, y con cierta envidia, la historia gastronómica del hemisferio Norte. Aun así, lo comido y lo bailado –por así decirlo- merece esta pequeña historia recién contada.) JAE