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Fachada exterior

martes, 1 de marzo de 2016

Mis apuntes


NORMANDIE
El regreso de un clásico
Hace catorce años (bastante tiempo para esto de la gastronomía), Pierre Brossard, un francés avecindado en el país y Jorge Cordero, su amigo y socio durante muchos años, decidieron abrir la primera brasserie de Santiago. A manera de tributo y nostalgia, la bautizaron en honor al más grande transatlántico francés de la década de los ‘30 -el Normandie- y mandaron a diseñar los muebles replicando el clásico mobiliario parisino de la época, decorándolo con fotos, afiches y reproducciones que trajeron especialmente de Francia. Con ello, lograron ambientar el lugar tal cual se estila en el país europeo. Para cerrar con broche de oro su propuesta culinaria, contrataron a un chef francés, quien diseñó la carta que nuevamente sus parroquianos pueden saborear en un lugar con un toque bohemio y relajado. Sin embargo, hace un tiempo y tras el alejamiento del chef francés, su cocina decayó notablemente y comenzó una lenta pero sostenida pérdida de clientes, convirtiendo este bastión francés de Providencia en un lugar con poco atractivo.

Menos mal que sus propietarios se percataron de los problemas y decidieron volver a poner en su sitial al viejo Normandie, ya que como toda institución merece una segunda oportunidad. Una muy bien aprovechada que disfrutamos hace un par de semanas.

Todo está igual que siempre, pero hay un notorio y feliz cambio en la cocina. No existen los manteles pero sí enormes individuales de papel kraft que cubren la mesa completa. Pan fresco y caliente, paté de la casa, mantequilla y una buena mostaza francesa para comenzar a picotear. Tortilla a la española para iniciar ($4.800), acompañada de un fresco sauvignon blanc William Cole Mirador ($9.900, una ganga); una tortilla a punto, con un jugoso interior y elaborada con huevos, papas, cebollas y chorizo. Si bien se aleja de la ortodoxia española de normas de elaboración de una tortilla, acá quedamos felices con los agregados de cebolla, chorizo y pimentón.

Cuando le dimos el bajo a la tortilla, el Normandie ya estaba repleto de un heterogéneo público. Jóvenes y no tanto compartiendo platos y tragos en un ambiente casi europeo, donde no faltan (ni sobran) artistas, cineastas, escritores y toda una gama de intelectuales que ven en el Normandie un lugar que les es propio.

Nosotros seguimos con nuestra propia tounée. Si la tortilla fue para compartir, los choritos al vapor y vino blanco (servido en unas enormes olletas de fierro), acompañado de papas fritas cortadas a mano ($9.000 la porción para dos), también los compartimos. ¡Todo un éxito! Incluso la atención de calentar la olla de fierro para libar esa gran mezcla de vino blanco con el jugo de los choritos.

La carta es para ilusionarse y de precios bastante moderados. Crêpes, Conejo a la mostaza ($7.500); Boeuf Bourguignon ($7.200) y así sucesivamente. Hay ensaladas para las que cuidan la figura, como la Salade Parisienne ($5.300) que incluye lechuga, champiñones, espinaca, pepinillos, roast-beef, huevo, queso parmesano, crutones y salsa a la mostaza, además de la clásica sopa de cebollas gratinada ($4.200), con crutones y queso.

Un lugar ameno que llama a la charla. A conversar una botella de vino sin preocuparse de la hora. Lugar para atreverse a comer unos escandinavos roll mops (pejerreyes macerados en vinagre y especias, ($6.700) o sencillamente compartir una tortilla a la española. Más de un famoso llega de noche a sentarse en una de sus mesas. Y se sienten cómodos, ya que nadie los molesta. Créame… posiblemente este sea un lugar para enamorar o enamorarse.

Un promedio de 17 mil pesos por persona con vino incluido es casi una extravagancia en un Santiago donde generalmente una botella de vino tiene ese valor. Si resumimos, un best value que es imprescindible recomendar.

Normandie: Av. Providencia 1234 / 222 363 011