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Fachada exterior

martes, 30 de agosto de 2016

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

 
WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(AGOSTO) HOLM (Santa Magdalena 51, Providencia / 9 4227 4411): “Lo principal aquí es su mesón de ensaladas. ¿Ejemplos? Pasta con pesto de tomate y queso de chacra, zapallo horneado con berenjenas, repollo con coco, menta y sésamo. Son preparaciones llenadoras y que se sirven sobre unas hojas de lechuga y con un trozo de pan. Los precios van desde los $3.750 a los $6.250 que cuesta un plato con la degustación de todo lo ofertado (ultra recomendable). También hay sopas chicas y grandes, en este caso una de verduras alucinante. Hay desayunos, sándwiches y wraps, lo mismo que tres variedades de pastas. En este caso, unos fetuccinis con champiñones París y ostra, al dente y abundantes…” “Informal pero ordenado, otra parte importante de su oferta son zumos de frutas y verduras (tienen una larga lista de combinaciones). Y, más recientemente, una serie de panes para llevar que comulgan con el tan en boga amor por las masas con personalidad, semillas varias, fermentos y demases.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(AGOSTO) COQUINARIA (Isidora Goyenechea 3000, Las Condes / 2 2307 3000): “Fuimos a Coquinaria y los movedizos escollos submarinos jugaron una mala pasada. La más importante: pedimos un medallón de lomo con costra trufada (más agregado adicional de trufa), con ragoût de espárragos y crocante de quínoa ($14.700), que apareció muy orondo y, a su lado, el garzón con una gran trufa y una mandolina para sacarle abundantes, generosas láminas que fueron depositadas en el plato. Pero, oh, sorpresa (y oh, desilusión), esa trufa no tenía absolutamente (repetimos, absolutamente) ni el más mínimo aroma a trufa, y sabía a nada (repetimos, a nada). Con esa cantidad de trufa en el plato, el restorán entero debiera haberse pasado con el aroma. Pero no: era una trufa difunta, cadáver, momia. Cosa inaceptable, sobre todo si la presencia de la difunta es motivo de elevar el precio del plato considerablemente. Esta es temporada de trufas chilenas, y hace pocos días hemos comido en otro lugar unas trufas tan aromáticas como es posible desear. O sea, aquí nadie se cercioró de que la trufa oliera y supiera a algo. Es lo que se llama un "escollo submarino movible".

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(AGOSTO) COCOA (Vitacura 4627-L.12  22954 3159): “El Cocoa es una leyenda de buen comer. No comida a la rápida, a “mata caballo” como se decía antes: es para gente reposada que sabe que las cosas buenas, demoran. Y el premio es un soberbio plato, de una carta que requiere meditación. Su ceviches son muy sabrosos: corvina, camarones, ostiones, pulpos, calamares o mixtos entre ($9.200 y $11.800) o un trío con pescado, camarón con rocoto, y ostión pulpo nikkei ($12.000). Y agregue mariscos frescos, creaciones finas y sabrosas. ¿Pulpo al olivo con aceitunas amargas de Azapa? ¿Un bloody mary picantito con ostiones patagónicos? ¿Unos camarones enchaquetados, envueltos en hilos de crocante masa wantán, con salsa agridulce? ($11.800) Y no faltan ni las papas a la huancaína ni las imperdibles yucas fritas. Ni carnes, pescados, masas, arroces ni demás guisos, a lo largo y ancho del Perú.”