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Fachada exterior

martes, 15 de mayo de 2018

LA FOTO DE LA SEMANA




UN RITO EN LOS HIELOS MILENARIOS

En la semana en que los productores chilenos de pisco celebran su día con la finalidad de aumentar su consumo,
 ¿será posible remplazar el whisky por nuestro destilado estrella?

La Patagonia chilena cuenta con uno de esos destinos que con sólo nombrarlo lo traslada a otra dimensión. Se trata del célebre glaciar de la Laguna de San Rafael y sus hielos milenarios, el lugar más desconocido de los lugares conocidos. Para llegar a este prodigioso espectáculo de la naturaleza puede uno partir, entre otros, del Puerto Chacabuco o de Puerto Tranquilo, desde donde zarpan los cruceros y las lanchas hacia ese paisaje mágico, mil veces descrito en reportajes de revistas o en documentales de la televisión. Imágenes  que no parecen de este mundo. O, al menos, parecen pertenecer al fin de éste.

Cuando la nave se detiene frente a la laguna uno se queda sin aliento. El colorido de estos bloques de hielo que flotan inerrantes, como el celeste, azul, verde turquesa o verde esmeralda, producto de la refracción prismática de la luz solar, es el regalo para la vista tan ansiosamente acariciado y esperado: una masa de hielo de casi 200 metros de altura y más de 2 km. de ancho aparece solemne y desafiante, como diciendo: “detente y no avances más, esto es el fin del mundo”.

Durante el tiempo en que la lancha permanece detenida, se disfruta de esa insólita realidad tan acariciada en los sueños viajeros. Como si se quisiera despejar las dudas sobre el glaciar. Descubrir si esas imágenes que lo impactaron tantas veces por televisión son reales: Sí. Existen. ¡No son un decorado! Pero la contemplación se interrumpe cada pocos minutos por la gran cantidad de desprendimientos que se producen en la pared frontal del glaciar, previo al sonoro estallido –semejante al de un temblor —que los anuncia. Es realmente impresionante observar cómo la naturaleza evoluciona ante se mirada.  Mientras tanto, la guía aprovecha para ofrecer al grupo de viajeros, el típico rito de beber whisky con hielo milenario, que nadie rechaza, aunque sólo sea para combatir el frío. ¡Ese trago puede ser en ese minuto su mejor amigo! En la semana en que los productores chilenos de pisco celebran su día con la finalidad de aumentar su consumo, ¿sería posible cambiar el whisky por nuestro destilado estrella o el desafío es muy grande?