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Fachada exterior

martes, 1 de octubre de 2019

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


 
¿QUÉ BEBEN Y QUÉ BEBÍAN LOS CHILENOS?
¿Qué se bebía antes?, fue la pregunta que me hizo una joven periodista amante de comida y de la bebida y que motivó esta reflexión. ¿Antes de qué?, le pregunté, dado que el actual lector puede confundirse rápidamente ante una pregunta que quizá nunca se hizo, ya que muchos piensan que siempre se ha bebido de todo en nuestro largo país.

Antes del 60, ni idea, respondí, ya que mis primeros recuerdos se remontan a la época en que Chile fue sede del Mundial de Fútbol del año 62. En esos entonces la lista era larga, pero casi todo elaborado de forma artesanal, salvo dos o tres ejemplos. Vino blanco y tinto (olvídese de las cepas, valles y otros demases ya que ello sólo se aprendió a inicios de los noventa). Coñac Tres Palos, Anís del Mono, Menta (frappe), pilsener (Malta, Bilz y Pilsener, como debía ser, sin marca ni etiqueta), champaña nacional para el Año Nuevo, aguardiente de Doñihue y unas incipientes botellas de pisco Control de 30°, completaban en aquellos entonces el panorama alcohólico nacional. 

Poco a poco la industria local fue amononándose para entregar otras variedades. El “fuerte” como le llamaban, creció de la mano de Licores Mitjans y de una pequeña fábrica valdiviana bajo la marca Fehrenberg. En los bares sólo entraban hombres (una ley no escrita pero absolutamente valedera), y lo más alcohólico de las fiestas juveniles eran unas grandes poncheras con champaña (poquito), mucha Ginger Ale y helado de piña.

El pisco comenzó a ganar terreno cuando alguien descubrió que, uniéndolo con Coca Cola, era un placer. Mucho antes de que el pisco sour fuese aperitivo de moda (junto a la vaina, elaborada con un insoportable vino añejo nacional), la piscola se convirtió en uno de los combinados más consumidos por los chilenos, obvio que tras el vino.

El gin también tuvo su época. Más que nada en los bares y discotecas en los años setenta. Booths y elaborado bajo licencia de Mitjans, el gin con gin fue bandera de los más exquisitos de la época. Años que también conquistó paladares el Martini, cuando descubrieron mezclarlo con pisco y creando el pichuncho.

De los 60 a los 70 fue una larga década. También el whisky comenzó a ser bebida de las familias pudientes, esas que podían traerlo desde Mendoza o Buenos Aires. Old Smuggler era su marca y muchos aun la recuerdan como uno de los placeres más grandes de sus vidas.

Pasados los años 70 y con el dólar a $ 39 y una verdadera etapa de la “plata dulce”, comenzaban a llegar al país las primeras importaciones de whisky, donde el etiqueta roja era el súmmum. Un poco más de cuatro dólares era el precio en el comercio de esos tiempos. Miro para atrás y creo que nunca se bebió más whisky que en esos años.

Aunque no lo crean, el vino seguía igual: blanco y tinto. A decir verdad, la industria vitivinícola estaba en pañales aún. La Fundación Chile logró –en el año 1988- traer a dos expertos de la Universidad del Vino de Francia, Michel Mathieu y Albert Golay, quienes dictarían el Primer Seminario de “Catación” de Vinos y Pisco. La meta era “buscar las fórmulas precisas para que cada día se sepa más como seleccionar y servir el vino”. Los asistentes, entre ellos varios empresarios vitivinícolas, descubrieron que aparte del cabernet sauvignon había una gran variedad de cepas que se podían explotar en el país.

Desde los años 90 en adelante, se comenzaron a vivir las modas: creció la industria vitivinícola a la par con el descenso de bebedores de vino per cápita. México se puso de moda y el Tequila apareció sonriente en Santiago, pero fue solo un sueño fugaz. Se llenó el país de licores importados y el marketing se impuso a la calidad del producto. Hoy la gama llega incluso a la venta de Absenta, por años prohibido en muchos países del mundo.

Hoy manda la variedad. El pisco sour (el nacional) ha bajado de su pedestal y ahí apareció el espumante. Los tragos mixológicos tienen su target y la cerveza es lo que más se consume en el país (70 lts. per cápita). En la actualidad, creo y pienso, se bebe menos, pero de mejor calidad, y a pesar de todas las leyes dictadas durante estas décadas, la venta de alcohol sigue creciendo año tras año.

Clarito como el agua… (JAE)