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Fachada exterior

miércoles, 23 de marzo de 2011

LOS CONDUMIOS DE DON EXE

LOS SUEÑOS… SUEÑOS SON

Anoche soñé que era Obama…

Si…, negrito y todo. Y habría que preguntarle a Freud la razón por la cual las piernas de Michelle (la Obama, obvio) eran similares a las de Mathy (a decir verdad las de Michelle estaban puestas en el cuerpo de Mathy)... Sin embargo, como los sueños, sueños son, de repente me encontré en Air Force One surcando los cielos chilenos.

Genial ya que estaba conectado a Facebook y a Twitter avisándole a mis amigos que aterrizaría pronto en la capital chilena. Como era mediodía, un negrito filipino que llevo en el avión me sirvió un pisco sour peruano, adquirido a mediodía en el Bar Cordano de la capital limeña. No alcancé a beberlo cuando aparece Mathy-Michelle y me grita…

¡Vas a llegar con tufo a Santiago, Barak!

Se acabó la paz, pensé. Por Twitter mandé un mensaje… “¡Visa permanente en USA para los que me lleven a La Mar a beber un sour decente!”

No alcancé a leer las cientos de respuestas ya que aterrizábamos en Santiago.

Me esperaban unos niñitos vestidos de milicos y una alfombra roja de polietileno. Un tipo que no conocía me da un abrazo y me dice “Welcome to Chile” y luego agarra a patos a mi Mathy. Ahí me anduve medio enojando y le dije a un negro de mi escolta que parara el escándalo. Como era un sueño… le hablaba en español y el negro sólo sabía inglés y cróele.
¿Ustedes creen que es fácil se presidente de los Estados Unidos aun en sueños?

Se equivocan.

Me mamé la lata de los himnos y los saludos protocolares de gente que no conocía. Me sacaban fotos y me sonreían con caras de empelotados. En mis adentros pensaba que les había cagado el almuerzo. Irónicamente sonreí… al fin una pequeña venganza.

Y partió la comitiva. Yo pedí ir al Ana María (que queda en el camino) a comerme unas ranitas, pero nadie me hizo caso. Raudos me llevaron a La Moneda, ese palacio que partió como fábrica de billetes y ahora es residencia de los presidentes de Chile. Realmente no quise preguntar si aun quedaba una maquinita para hacer billetes ahí.

Una cosa es ser Presidente y la otra es tener hambre. Yo miraba os alrededores de La Moneda para buscar algún boliche para comer algo… un italiano o un As…lo que sea…, pero nada. A mi Mathy-Michelle se la llevaron a La Pintana (ojala no compre nada allí, pensaba), y yo tuve que conversar con medio mundo.

¿Qué hora es?

14,45 Mister President, me decían.

¿No les gustaría unos erizos con salsa verde?
¿Está muy lejos Las Lanzas para un chupe de guatitas?

Poco caso me hicieron y me contaron que en la noche comeríamos salmón… Y ellos no saben que el salmón me tiene más arriba de la coronilla. De cinco cenas que voy en la semana, cinco veces como salmón. Ojalá que a mi Mathy-Michelle le ofrezcan algo diferente… le ofrecen salmón y se emputece. A decir verdad, la cagá que está quedando en Libia fue producida por un puto salmón que comió mientras estaba viendo las noticias.

Como era un sueño, propuse cenar en el San Remo, tomarme un par de piscolas y comerme un arrollado de esos que te dejan con el ombligo afuera. Pero todo estaba dispuesto para una cena en Palacio.

¡Que difícil es ser Presidente!

Nos juntamos con mi Mathy-Michelle en el Sheraton. Apareció el Pato Ihnen a saludarme y me pregunta en inglés qué necesitaba.

-¡Dos sours a la vena!, le comenté. Mathy- Michelle, en el baño de la suite gritaba “Una hamburguesa doble con papas fritas y champagne para mi”

Nos llevaron a La Moneda y comimos salmón. Con razón los chilenos están cagados. Hasta en Polonia como salmón… y no quise ir a Bolivia ya que allá de seguro me ofrecen salmón.

Dormimos rococó en la suite presidencial del Sheraton. De haberme comido un cebiche con leche de tigre, de seguro le hago los puntos a mi Mathy-Michelle. Pero definitivamente, parece que el salmón no calienta a nadie.



Desperté en mi cama… la de siempre en los alrededores de mi Plaza Ñuñoa. El glamour se había ido. Abrí el refrigerador y encontré un pote de yogurt recién vencido que igual me lo zampé. Prendí el televisor y me encontré con el Air Force One con destino a El Salvador, allá en Centroamérica. Les juro que no me dio envidia. Al contrario, fue un alivio pensar que no comería más salmón. Llamé a Mathy y le pregunté si me acompañaba por un completo en el Dominó.

-¿Con tomate, cebolla, palta, ketchup y mayo?
- ¡Con lo que tu quieras, Chimpi!
- Vamos ya…mira que anoche soñé que tu eras el Presidente de los Estados Unidos, y yo tu mujer… ¡y no me gustó para nada!
- Soñé lo mismo. Y me gustaron tus piernas.
- Viejo lacho, vamos a comer mejor para no dejarte en vergüenza.

Definitivamente no sé que es mejor: ser Presidente o ser pareja de mi Mathy… a decir verdad creo que lo último. Ella odia el salmón.

Exequiel Quintanilla