de 12 a 24 hrs.de lunes a sábado

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Fachada exterior

martes, 9 de octubre de 2018

MIS APUNTES


 
BRISTOL
Con un nuevo comedor dedicado a las pastas y dos menús gastronómicos de lujo son las nuevas propuestas del hotel Plaza San Francisco, un clásico que siempre se renueva.

Dependiendo del lado que se mire, 30 años puede ser toda una vida o solo un suspiro para los que estudian la historia. Gastronómicamente hablando, en Europa se considera un clásico a los restaurantes que cumplen 200 años de vida, como La Tour d’Argent, que abrió en 1582 y que aún es uno de los más importantes de Paris. Pero el Nuevo Mundo tiene otro calendario y convertirse en clásico no requiere de siglos de funcionamiento.

Y el Bristol capitalino bien puede considerarse un clásico. Ubicado al interior del hotel Plaza San Francisco, sus muros están tapizados de diplomas, medallas y premios conseguidos desde los años 90. La mayor gracia es que su cocina ha tenido sólo dos chefs ejecutivos, Guillermo Rodríguez y Axel Manríquez, quienes han contribuido al éxito y posicionamiento de este exclusivo lugar de encuentro de empresarios, ejecutivos, miembros del poder político y turistas, en su mayoría europeos.

Atentos al mercado gastronómico actual, la ubicación física y sus clientes, los ejecutivos del hotel decidieron ocupar un espacio libre cerca de los ascensores para instalar su nueva propuesta que simplemente llamaron “Pastas Bristol”, un lugar que replica el tradicional restaurante interior y que ofrece una interesante carta de raigambre italiana, con Antipastos (6.900), Carpaccio de ternera (7.500), un maravilloso Risotto de champiñones y espárragos (7.500) y variadas pastas frescas y secas. Sin duda una novedosa atracción para los amantes de la pasta y para los turistas que viajan “a la segura” y no se atreven a paladear nuevos sabores, aromas y texturas.

En el comedor principal y a la hora de la cena, dos menús gastronómicos de lujo se llevan las palmas.  Creado por el chef Axel Manríquez, comienza con un bocado de alta clase y casi desconocido: el picoroco. Pariente de los percebes europeos, además de extraño es delicioso. Aquí, presentado como Cappuccino, es toda una experiencia.

Luego y para encantar a todos, la Centolla magallánica en caldo de crustáceos, muestra otro de nuestros mejores productos del mar. Más allá, el Róbalo en cancato sugiere ignorados tesoros del sabor y lo máximo: el segundo fondo, una perfecta chuleta de cordero asado, en salsa de carménère y estofado de mote y murta. Gran plato que culmina esta cena para grandes ocasiones que finaliza con un goloso domo de chocolate con centro de naranja y broche de oro… comestible.

Como todo lo bueno, este menú tiene su precio. Cinco tiempos por $49.900 y la opción de un menú más breve, de tres tiempos por $32.900.

Con un servicio de sala –sommelier incluido- de lujo y una maravillosa cocina chilena de mantel largo, hay que reconocer que el Bristol ha mantenido inalterable su alta calidad durante treinta años. Eso lo convierte en un clásico… y también en un ícono de nuestra gastronomía. (JAE)

Restaurante Bristol /Alameda 816, Santiago Centro / 22360 4516