martes, 25 de diciembre de 2012

LA NOTA DE LA SEMANA


FELIZ 2013

Para bien o para mal, estamos a días de un cambio de año. Días vertiginosos entre Navidad y Año Nuevo que nos dejan poco tiempo para leer, sentarse a meditar o prometerse cambios para el 2013. Lo cierto es que todo continúa igual que siempre. Aun así, deseamos enviarle un gran saludo y acompañarlo, desde la soledad de su computador, con sana y entretenida lectura gastronómica. No somos los mejores, pero estar junto a nuestros lectores y seguidores durante 25 años que celebraremos modestamente la próxima semana, nos permite tener una visión clara de nuestro mundo de las ollas y los tenedores.

Felicidades y nos vemos el 2013.

El equipo de Lobby

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


UN AÑO GASTRONÓMICO PLANO

Sin muchas novedades finaliza el 2012 gastronómico. Una apertura por aquí o un cambio de chef por allá fue lo más importante del año que se nos va. Nos habíamos acostumbrado a una actividad gastronómica más agresiva y con frecuentes desafíos. A decir verdad, pareciera que todos se dedicaron a cosechar lo que habían sembrado en años anteriores y conocimos pocas primicias que valieran la pena.

 Como contrapunto, el mundo de los vinos, espumantes y licores se movió como nunca. Audaces enólogos experimentaron con nuevos vinos y el mercado del espumoso creció vertiginosamente. Bien por ellos, ya que están siendo una de las imágenes de Chile en el exterior.

A decir verdad, lo repetitivo este año en gastronomía fueron los libros y las ferias. Más de alguien pensó que esto de escribir libros y de editarlos) era un buen negocio y muchos se embarcaron en esta afición que sólo acarrea frustraciones. Incluso para los que prestaron sus nombres para editar un libro ya sea de recetas o de fotografías. ¿Se venderán mil ejemplares?, ¿dos mil?... quién sabe. Posiblemente el próximo año reciban un cheque por un monto ridículo. Nuestro mercado no es lector y los libros de recetas no son de exportación. La salvedad, las revistas y libros que se publican con un generoso sponsor, una de las pocas posibilidades que aún se prestan para lucrar con esta actividad.

De las ferias, poco que decir. Muchos, y viendo el éxito de la limeña Mistura, quisieron (y aun desean) copiar el modelo para realizar en Santiago algo similar. Salvo algunos dignos ejemplos, como el Mercado de Caldillos de Curicó, el Chancho Muerto de Talca y en menor medida el Mercado Paula, las otras exposiciones dejaron un sabor amargo en la boca de los que conocen el tema. Algo digno que meditar.

Si la actividad gastronómica en la capital fue plana, ni hablemos de las regiones. Hay algo más en ellas ya que el boom hotelero y la apertura de casinos de juego en ellas han sido un aporte a la actividad. Sin embargo, aún falta mucho por recorrer y aún más que aprender.

Esperemos que el 2013 sea más movido. Que salgan nuevos chefs a la palestra y restaurantes con buenas propuestas. No puede ser que lo más comentado este año gastronómico sea el cierre del San Remo. Si es así, vamos por mal camino. (Juantonio Eymin)

PLATOS CÉLEBRES DE LA HISTORIA


ROSSINI, EL MÚSICO GOURMET      

 Si cae en sus manos un manual de cocina antigua, verá que muchos platos que tienen el apellido “Rossini”, se deben al gran músico que, aparte de un genial compositor, era un gran gourmet. Todos los platos comparten dos ingredientes que Rossini amaba sobre todas las cosas: las trufas, a las que llamaba “el Mozart de los vegetales” y el foie que no dudaba  en degustar en diversas  elaboraciones. Un detalle curioso de la vida de Rossini es que nació un 29 de Febrero, día que sólo se repite cada cuatro años.

Gioachino Rossini  nació en  Pesaro (Italia) en 1792 y murió en 1868 en Paris. Hijo de una cantante de ópera de segunda fila y de un músico,  vivió el mundo del canto y de la música  desde la infancia. Fue un niño prodigio, estrenando su primera ópera en 1810, con 18 años. Siguió componiendo sin pausa hasta 1829 en que a la edad de 37 años se retiró prácticamente de la composición. Y es que el Señor Rossini era un vago como la copa de un pino y le costaba  ser disciplinado en su trabajo de composición; terminó algunas de sus óperas en la misma noche del estreno y siempre incumplía los plazos de entrega, escribía en la cama y en pijama y en siete días era capaz de crear la más insólita y genial ópera. Se casó con la soprano madrileña Isabella Colbran, la mejor de su tiempo, y juntos formaron una pareja musical imbatible por todos los teatros de Italia y Europa, hasta  que se separaron.

En 1825 se traslada a Paris y allí se hará célebre no sólo por su música sino también por sus fiestas y banquetes que eran ‘lo más de lo más’  de la “buena sociedad”. Se separa de su esposa y se junta con  su primera amante y luego segunda esposa Olympe Pélissier, mujer de gran belleza que se ocupa de organizar los más fastuosos festines para Rossini a los que se peleaban por asistir lo mejor de cada casa de la aristocracia francesa.

Cuando Rossini tenía 24 años de edad y ya era considerado como el más importante de los compositores operísticos, recibió un encargo del influyente empresario del Teatro San Carlo de Nápoles, el famoso Doménico Barbaia. El encargo consistía en la composición de una ópera seria, Otello. Barbaia puso a disposición del joven compositor un edificio de su propiedad, el Palazzo Berio. Rossini pasó seis meses en el palacio dedicándose a comer y beber en compañía de sus amigos, y según se dice, sin escribir ni una sola nota. Barbaia sospechó que Rossini estaba divirtiéndose a su costa y ordenó a sus criados que raptaran al compositor una noche y que lo encerraran hasta que tuviera terminada la ópera. Condenado a trabajar mientras sólo se alimentaba con macarrones hervidos y de agua, en veinticuatro horas terminó Otello , desde la obertura al final (sic), una ópera en tres actos, pero cuyo material original  no consistía más que en los tres primeros números. De este modo Barbaia accedió a liberar a Rossini. Es preciso señalar que Barbaia no tenía ni la menor idea de música y no se percató del engaño. Posiblemente la motivación de Rossini para engañar a Barbaia fuera el verse privado de la excelente comida del Palazzo Berio, y lo que el anecdotario alrededor de la génesis de Otello no nos dice si el compositor revisó con mayor o menor profundidad esta ópera.

Cabe suponer que sí, y mucho, pues Otello es una excelente ópera, y más aún, su tercer acto está considerado una auténtica obra maestra.

Su vida está llena de leyendas  gastronómicas, a él se le atribuyen frases como: “el apetito es la batuta que dirige nuestras pasiones” o “comer y amar, cantar y digerir; estos son los cuatro actos que dirigen esta ópera bufa que es la vida”. Cuentan las leyendas que Rossini sólo lloró dos veces en su vida: una cuando se murió su Padre y la otra cuando se le cayó un pavo trufado al Lago Como (Italia). La anécdota de Rossini que más gusta es la que  cuenta que el Barón Rothschild le mandó unos racimos de las más exquisitas uvas de sus invernaderos, Rossini le  contesto: “Gracias, su uva es excelente, pero no me gusta mucho el vino en pastillas”.

A Rossini debemos una gran cantidad de platos, el famoso “tournedos  Rossini” una delicia culinaria increíble. Rossini fue un sibarita y se hacía traer las más exquisitas viandas y los mejores vinos de todo el mundo, amaba los  embutidos boloñeses, los jamones de España o el queso Stilton de Inglaterra. Pero sobre todas las cosas, Rossini amaba la trufa blanca, el foie y los macarrones, se gastó muchísimo dinero intentando crear la “máquina de los macarrones perfectos”,   los que cocinaba con mimo: una vez cocidos los inyectaba foie, uno a uno, con una jeringa, después volvían al fuego  con mantequilla y parmesano. Otra de sus creaciones celebres es el aliño Rossini: aceite de Provenza, mostaza inglesa, vinagre francés, un poco de jugo de limón, pimienta, sal y, como no, trufas picadas muy pequeñitas.

Uno de los mejores amigos de nuestro glotón compositor fue sin duda el gran chef Antonin de Carême, un revolucionario de la cocina y el pilar sobre el que se sustenta la cocina moderna. Fueron amigos muchos años. Estando Rossini en Bolonia, Carême le envió  un paté de faisán trufado con una nota: “de Carême a Rossini” y  este le respondió con una pieza musical titulada “de Rossini a Carême”.

Rossini murió a los 76 años, gordísimo y tras  pasar etapas maniaco-depresivas, hoy descansa en Florencia en la Basílica de la Santa Croce,  junto a los genios italianos  Galileo, Dante o Miguel Ángel.  Dejó mucho dinero a su muerte, destinando una parte para crear un asilo para músicos retirados.

LOS CONDUMIOS DE DON EXE


MIS APRONTES PARA EL 2013

 ¿Se han percatado, mis queridos lectores, que todos, a final de año, andamos buscando los resúmenes y los mejores hechos que leemos o vemos con gratitud y parsimonia?

 ¿Será un algo medio melancólico o al revés, algo maquiavélico, que nos gusta recordar lo bueno y lo malo de lo que sucedió en el año?

Creo que es una mezcla de los dos conceptos. Nos da añoranzas recordarnos de las cosas bellas y un poco también de sadismo cuando recordamos las desgracias. No nos bastaron las Olimpiadas de Londres ni el desastre de la selección… queremos ver nuevamente las fotos y las imágenes de todo. No nos bastó estar una semana pegados al televisor para ver los goles de Messi; queremos nuevamente que exista un fin del mundo Maya, que se termine la Tolerancia Cero y que no cierren el San Remo. Queremos ver sangre (y no prietas precisamente), para finalizar un año… ¡que por fin se nos va!

Con tantos años a cuestas les puedo decir que nada se termina ni cambia este Primero de enero. Solo cambia el calendario, el color del pelo, las arrugas y el genio. El resto, todo sigue igual. Ni los chinos, con sus años dedicados a los animales y donde este 2013, según sus creencias, será el año de la serpiente, han logrado cambiar nada. Bueno, ellos a su manera tienen al mundo colgando de un coco, pero eso no tiene nada que ver con el horóscopo.

Lamento decirlo, pero ni los calzones amarillos ni las vueltas a la manzana con una maleta cambiaran las cosas. Menos las doce uvas y las tres cucharadas de lentejas, que sumado al champagne y a la cena de año nuevo, lo único que le prometen es una caña y una indigestión de las poderosas este caluroso 1 de enero. A decir verdad, váyase por lo sanito la noche final. Si tanto le agradan, vea los resúmenes que estarán a la orden del día en la televisión. Beba moderado y no como cosaco ya que su hígado se lo agradecerá al día siguiente. Y si bebe, no maneje. Por tres lucas lo llevan a su casa sano y salvo y no aparecerá el miércoles en La Cuarta.

Si va a un hotel o restaurante a cenar la noche de Año Nuevo, no piense que todo está ahí para comérselo y/o bebérselo. Váyase tranquilito por las piedras y disfrute la noche. Para ser sincero, si se le apaga el televisor temprano y al día siguiente no se acuerda de nada, habrá perdido gran parte del festejo y ni se le ocurra preguntar por qué este año no había fuegos artificiales. Estuvieron mejores que nunca, pero usted nunca los vio.

Es una fiesta más y espero que la disfrute. A decir verdad, yo haré lo mismo que ustedes y quizá algo más, pero el jefe quería que este mensaje tuviera un trasfondo más civilizado. Feliz 2013 a todos. Realmente me veré mono con los boxers amarillos que me regaló mi paquita para Navidad, además que de todos modos agarraré la primera maleta que encuentre para dar una vuelta a la manzana mientras me como las uvas y las lentejas. No creo en brujos, Garay, pero que los hay, los hay.

 Felicidades y nos vemos el 2013… Si Dios (y mi jefe) no dicen otra cosa.

 Exequiel Quintanilla

BUENOS PALADARES


LAS CRÍTICAS GASTRONÓMICAS DE LA SEMANA

ESTEBAN CABEZAS (Wikén)
(Diciembre) MESÓN DE VALENTÍN (BordeRío. Monseñor Escrivá de Balaguer 6400, local 9, fono 2219 1039): “Un nuevo restaurante en esa comunidad culinaria llamada BordeRío. Uno de carácter español, de amplio ambiente, sin mucha decoración y con una carta panhispana, con un poco de cada región y en plan de agradar a un público amplio. O sea, con pocas sorpresas (aunque ofrecer orejas de cerdo diga lo contrario). En fin. Para tapear, no había albóndigas. Entonces, unos sabrosísimos pimientos del piquillo rellenos de atún ($4.200) y unas croquetas de jamón serrano ($3.200), hirvientes del verbo hirviente, tan buenas como sus pares. La atención, en tanto, ni veloz ni lenta. Normalita. Luego, unos riñones al jerez ($6.800) que de por sí son fuertes, pero a estos les faltaba una buena desaguada. Y eso que uno no es niñita (perdón, damas). Y de acompañamiento, un pequeño pote de arroz blanco a... ¡$2.200! Perdón, pero ¿cuánto vale un kilo de arroz? Ni un cuarto de este precio.”

PILAR HURTADO (Mujer, La Tercera)
(Diciembre) APPLEBEE’S (Av. Vitacura 6345, fono 2247 8817): Pedimos unas fajitas combo (carne y pollo), que venían con cebolla y pimentón frito, la carne y arroz en una plancha caliente, y las tortillas aparte; estaban Ok. Probamos también potato twister, papas fritas que en la foto se veían como enroscadas, pero venían lisas y con una salsa bien rica con cubos de tomate fresco encima. Y unas quesadillas de pollo levemente picantes que, por esa razón (nadie nos advirtió), los adultos terminamos dando cuenta de ellas. Traían ensalada de lechuga, crema ácida y salsa pico de gallo; estaban bastante sabrosas. Pero para traer estos platos se demoraron por lo menos media hora y nadie nos pidió disculpas; ojalá tuvieran el sistema de las pizzerías también americanas de 30 minutos o ¡gratis! Pero no, nada de eso. Y más encima, cuando te llega la precuenta, el garzón envuelve con lápiz en un círculo la frase “propina no incluida”… ¿es eso servicio, después de tan larga espera sin mediar explicaciones? Está claro que no es solo su culpa, detrás hay un equipo que no estaba bien aceitado esa noche.”

 DANIEL GREVE (Qué Pasa)
(Diciembre) PERÚ CRIOLLO (Mall Arauco, Maipú): “Caer no es morir. Es volver a empezar”. Una frase nada fortuita que destaca en las fotos de camiones peruanos que embellecen al Perú Criollo, el nuevo proyecto peruano bajo la tutela del chef Emilio Peschiera en su apuesta más democrática hasta ahora. El restaurante, donde cocina el joven limeño Hugo Rueda, se llena del colorido del estilo chicha, música auténtica y sabores explosivos. Y, posiblemente, es lo más interesante que sucede dentro del Mall Arauco Maipú. Excelentes sus Anticuchos de corazón ($ 3.900), muy bien marinados; bueno el Cebiche mixto ($6.900), de justo picor y buen producto, aunque con un amargor final que debería salir; simple y rico el Pollo broster ($ 4.800), apanado en avena; alucinante el Aeropuerto ($ 7.200), arroz salteado con tallarines, dados de pollo, wantán y cebollín, con un toque oriental y un perfil dulzón, pero muy rico; y genial cierre el Budín de pan. El café -quemado- echa a perder lo anterior, pero no es nada que una buena chicha morada no pueda enmendar.2

RODOLFO GAMBETTI (LUN)
(Diciembre) OX (Av. Nueva Costanera 3960, Vitacura, fono 2799 0260)): “El chef Galaz usa carnes premium, de novillos castrados, y cortes especiales tipo EE.UU. La grasa da el sabor, y  el filete es corte más magro. “Nosotros servimos el filete Ox de 500 grs. ($27.900), que incluye hueso de la columna y un cordón graso, que lo mejora. Enseguida viene el Petit Tender,  de 300 grs. ($11.900), asado del carnicero, músculo pequeño y sabroso. Ofrecemos el contundente Porter House de 600 grs,  un entrecot ($31.900) con más textura, con 3/5 de lomo liso  y 2/5 de filete. También lomo vetado ($13.900), asado de tira, y la entraña, que rodea al diafragma”. Lo máximo es la carne de wagyú, en Chile novillo  mitad Angus mitad japonés. La gracia está en su grasa blanca, rica y saludable, que asoma entre el músculo, como si fuera mármol. Por eso, jamás  la cocine a más de 45º C., porque la legendaria gracia que la vuelve única y costosa se perdería. En el Ox, Daniel Galaz prepara, de wagyú, el lomo vetado de 350 grs. ($29.900), la punta paleta de 350 grs. ($21.900) y la plateada, de cocción lenta ($14.900). No es barata, pero no se muera sin probarla.”

 

 

 

martes, 18 de diciembre de 2012

REVISTA LOBBY

ESTA SEMANA

AÑO XXIV, 20 al 26 de diciembre 2012

"Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe". Les Luthiers

LA NOTA DE LA SEMANA: Feliz Navidad
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: El servicio en Chile
PLATOS CÉLEBRES DE LA HISTORIA: Solomillo a la Richelieu
LOS CONDUMIOS DE DON EXE: El especialista
MIS APUNTES GASTRONÓMICOS: ¿Y cuál es el mejor restaurante de Santiago?
BUENOS PALADARES: Las críticas gastronómicas de la semana





LA NOTA DE LA SEMANA

FELIZ NAVIDAD


Un par de imágenes dicen más que mil palabras
Feliz Navidad a todos
El equipo de Lobby



LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR

EL SERVICIO EN CHILE


¿Quién pidió la carne a la inglesa?

La pregunta es típica. Tanto como que le sirvan un trago que usted no ha solicitado o que le pongan un plato de carne cuando usted pidió pescado. Es parte del servicio que se ofrece en nuestros restaurantes. Ni siquiera se salvan de ésta los mozos viejos o con años de recorrido. Es nuestra idiosincrasia… pareciera.

Pero no debería serlo. Es posible que el poco profesionalismo de nuestros mozos se deba a la típica respuesta que dan cuando les preguntan por su vocación: “es que yo estoy sólo por un tiempo trabajando de mozo”… “cuando pueda regreso a lo mío”. Y lo “mío” se transforma en una actividad permanente y porqué no decirlo, bastante lucrativa.

Nadie les enseña a ser mozos. Pocos empresarios se preocupan también de que aprendan más. Si algo se acumula en los refrigeradores de los restaurantes… hay que salir a venderlo. ¡El mero esta delicioso, no se arrepentirá!, dicen cuando ellos nunca en su vida han probado una porción de mero. Lo conocen sólo por el plato que llevan a la mesa.

Son varias las realidades que hacen que el servicio sea malo, entre ellas las de los empleadores y su personal. Y si queremos entrar en las ligas gastronómicas hay que invertir en servicio. Y el “manual del garzón” no sólo debe ser uñas cortas, lavarse las manos y estar bien peinado. El servicio va mucho más allá y es bastante más complejo que lo que se piensa. Pero alguien debe ponerle el cascabel al gato. Si no hay escuelas o institutos que enseñen algo más del servicio, deberán ser los propios empresarios que se preocupen de enseñarles a los mozos. Algunos hay. Generalmente en hoteles y grandes restaurantes, aunque muy pocos.

Pero falta… y mucho. (JAE)

PLATOS CÉLEBRES DE LA HISTORIA

SOLOMILLO A LA RICHELIEU


Su creador, Luis Francisco Armando de Vignerot du Plessis, duque de Richelieu, fue un hombre aventurero y sibarita, que supo gozar intensamente de los placeres de la mesa... y de la alcoba. Este plato y la salsa mahonesa son un buen ejemplo.

Nuestro protagonista era sobrino del célebre cardenal Richelieu, quien no sólo se distinguió por su genio político, sino también por su debilidad por las mujeres. Una de las amantes del cardenal fue su sobrina María Magdalena de Vignerot, duquesa de Aiguillon, con quien mantuvo una apasionada relación amorosa que duró cerca de diecisiete años; "vere cardinales isti sunt carnales" (verdaderamente estos cardenales son bastante carnales o sensuales), escribía Guy Patin en una carta fechada en noviembre de 1649. Así pues, al sobrino le venía de familia su irrefrenable inclinación hacia las mujeres.

El duque de Richelieu fue también un militar destacado, que acabó siendo nombrado mariscal de Francia en 1748. Durante la Guerra de los Siete Años organizó la expedición sobre Menorca y terminó apoderándose de Mahón en 1756. A su presencia en Mahón y a su inevitable pasión por las mujeres debe la salsa mahonesa su difusión por toda Francia.

La relación entre Richelieu y la salsa mahonesa es fruto de la historia de amor que vivió con una dama menorquina, la cual hacía feliz el paladar del duque también con la salsa en cuestión. El duque guardó siempre un grato recuerdo de aquella misteriosa señora, y como rendido homenaje de amor le dio el nombre de mahonesa a la salsa que tantas veces había saboreado con ella.

Su figura ocupa un prominente lugar en el mundo gastronómico por ser el autor del célebre menú que ofreció a los príncipes y princesas alemanes que había hecho prisioneros durante la ocupación de Hannover. En 1757 dirigió la ocupación de Brunswick y Hannover, misión que terminó en un éxito militar y gastronómico. La historia nos la cuenta el presidente Henault en sus "Memorias":

"Durante la ocupación de Hannover habían quedado prisioneros varios príncipes y princesas alemanes, exactamente veinticinco. Richelieu, galante y generoso, quiso ofrecerles una comida digna de su rango. Llamó a su oficial Rulliére y le encargó que organizara el menú.

- No hay nada en la cocina, excepto un buey y algunas raíces, le dijo Rulliére.
- ¡Muy bien!, afirmó el mariscal. No hace falta nada más para elaborar la mejor comida del mundo.
- Señor, nunca podremos...
- Vamos, Rullière, tranquilizaos y escribid el menú que voy a dictaros.

Viendo Richelieu que el oficial titubeaba, le quitó la pluma y redactó de su puño y letra un menú verdaderamente extraordinario, acorde en su conjunto con las normas gastronómicas de la época.

Incluso advirtió a los cocineros Maret y Roquellere que, si la comida no salía de su agrado, les retendría de sus salarios una multa de cien pistolas.

En el menú figuraban nada menos que veintidós platos, siendo el buey el ingrediente común a todos ellos. Nunca tantos comieron tanto con tan poco. Valgan como muestra los siguientes:

- Sopa gratinada al consomé de buey.
- Riñones de buey con cebolla frita.
- Rabo de buey con puré de castañas.
- Civet de lengua de buey a la bourguignonne.
- Aloyau asado (los franceses llaman aloyau al conjunto formado por el lomo bajo y el solomillo).
- Ensalada de endibias con lengua de buey.
- Pastel de buey al vino de Jurançon.
- Puré de corazones de alcachofas con jugo de buey y leche de almendras.
- Gelée de buey al vino de Alicante.

… Y así hasta veintidós.

LOS CONDUMIOS DE DON EXE

EL ESPECIALISTA


Me tinca que la invitación no era para nosotros. Bueno, todo el mundo se equivoca pero yo estaba feliz de ir con mi paquita a un asunto muy especial. Yo el vino me lo bebo, pero no lo estudio. Nunca me he preocupado de maceraciones carbónicas, malolácticas, pié franco, suelos ferruginosos arenosos-limosos ni demases. Para mí, el vino es bueno o malo. Y pare de contar.

Pero parece que la ocasión era especial. Vendría un experto francés a presentar los vinos que elabora en distintos países del mundo. Sofía, elegante y toda primaveral no dejaba de estar inquieta. Era la primera vez que estaría en una sesión de cata, toda una experiencia para ella. Yo, algo más mundano (en el mundo del vino, obvio), le recomendaba solo un par de cosillas. Que las copas se toman por el pie y luego de beber un sorbo hay que botarlo en una especie de pelela que pondrían a nuestra disposición.

- ¿Pelela?
- Si mi perrita. En una especie de pelela o escupidera. Así sólo catas los vinos y esa es la idea. Luego los escupes y no te emborrachas.
- ¡Qué wea mas ordinaria! ¿Y todos hacen lo mismo?
- Si. Ese es el concepto de cata. Imagínate si bebiéramos todos los vinos que nos sirven… quedaríamos pal’ gato.
- Sabes Exe, te voy a acompañar sólo porque me muero de curiosidad. Pero eso de andar escupiendo… yo estudié en colegio de monjas.
- Te va a gustar, preciosa. Verás lo entretenido que es…

Llegamos a la hora en punto. Nos recibe una guapa vestida de negro y nos endilga a uno de los salones del hotel donde se haría la presentación. Yo pensaba que el mundo del vino era cosa de hombres pero sorpresivamente me encuentro con bellas chicas que con lápiz y papel en mano esperaban el comienzo de la cata. Una sala con aire acondicionado y una larga mesa en “U” para la degustación. Diez copas de pie alto, una botella de agua mineral y tres galletitas de soda en cada uno de los puestos. A un lado, la famosa pelela o como quieran que se llame. Al centro, el versado en vinos.

Ya comenzaría la famosa cata.

¿De que se trataba? De conocer los distintos vinos que hace el especialista en Francia, Portugal, España, Argentina y Chile. Hay que reconocer que el tipo se las trae. -“Poco menos que un imperio”, me comenta Sofía tras leer las notas de cata que teníamos frente a nuestra mesa.-“Además, interesantón el tipo”, prosiguió, mientras yo contemplaba las piernas de una coqueta chica que estaba sentada frente a mi puesto. Partimos con dos vinos franceses. Con la misma solemnidad de todos los presentes los catamos mientras el capo di tutti entregaba los datos técnicos. Todos ocuparon las pelelas menos nosotros. Son pocas las oportunidades de beber buenos vinos y ¿habría que escupirlos necesariamente?

Seguimos con un par de ejemplares portugueses. Para el sabor sudaca, bastante más aceptables que los referentes franceses. El quinto y el sexto fueron vinos argentinos. De Mendoza para ser más claros. Ahí me di cuenta que varios de los presentes se lo bebían sin piedad alguna. Rico vino, incluso casi mejorcito que los nacionales que vendrían a continuación. La presentación del especialista se estaba animando parece.

- Nos podrían convidar una empanada, me cuchichea Sofía al oído. Andaría regia con este vino.
- Linda. Esto es una cata. Con cueva nos darán al finalizar las gracias por la asistencia, sentencié.
- ¡Pero tengo hambre!
- Yo también preciosa, pero esto es trabajo… y hay que convertirlo después en un artículo para la prensa. Así son las catas y hay que seguirlas no más…

¿Empanadas con vinos premium? Definitivamente mi paquita andaba fuera de tiesto ese día. Es posible que un risotto al funghi le hiciera juego, pero ¿empanadas?... En fin, cada uno con sus gustos.

Terminamos con dos vinos españoles. Potentes como ellos lo saben hacer. Cercanos a nuestra realidad vinícola. En total, diez ejemplares. Todos diferentes y todos elaborados por la misma mano. Una demostración que bien valió la pena asistir.

Sofía terminó con la boca y los dientes negros como si hubiera estado comiendo maqui en el campo. Yo y todos los presentes también. – Tengo sueño, me comentó. Parece que bebí más de la cuenta.

Amateur, pensé. Para eso están los escupideros. Pero un cóctel hasta con hojitas de parra la hizo despertar. No quiso vino. Bebimos un pisco sour que si bien no estaba a la altura de los mejores de la ciudad, tenía sus méritos. Además, piscolabis varios que reemplazaron el almuerzo. Abracé un par de regias periodistas mientras Sofía hablaba en francés con el especialista. Ella se defiende con los idiomas. Yo, con la percha.

Exequiel Quintanilla

MIS APUNTES GASTRONÓMICOS

¿Y CUÁL ES EL MEJOR RESTAURANTE DE SANTIAGO?


La pregunta del año. Y la hacen cada vez que conocemos a alguien y saben nuestra profesión. Más aun, familiares lo hacen cada vez que desean salir a comer. Y me decido a escribir esta crónica para que los lectores vean que no es nada de fácil recomendar locales ya que nuestra apreciación es definitivamente subjetiva.

Si esta pregunta me la hubiesen planteado hace ocho o diez años, es posible que les hubiera entregado una respuesta rápida. Casi instantánea. Los buenos restaurantes se podían contar con los dedos de las manos. Hoy no. En estos tiempos hay que hablar de especialidades y/o de temas. Más precisamente cuando la gastronomía en Chile (en Santiago en particular) este ultimo tiempo ha tenido un considerable repunte. Hay de todo… y para todos.

Por eso también soy un crítico de las encuestas. No me parecen adecuadas para la época y son tan relativas que muchas de ellas aparte de confundir a los lectores, crean una especie de sicosis entre los que las siguen y los que no están de acuerdo con ellas. Muchos reaccionan mal cuando van a un restaurante recomendado bajo las encuestas y no superan sus expectativas.

Consumidor frustrado y consumidor enojado

Por eso digo que la crítica (o crónica) es relativa. Y el lector deberá seguir las columnas de su cronista favorito para escoger un restaurante. Me pasó hace unos días. Uno de mis hijos me llama por celular ya en la hora del ocaso para preguntarme dónde podía ir a celebrar su aniversario de matrimonio. Bueno, bonito y romántico, me explicó. Maldita la hora en que se acordó de mí, pensé. Debía contestarle al momento un lugar afín a sus necesidades. Es cierto que visito cerca de 300 restaurantes al año, ¿pero tener en la lengua, ahora y ya, algo absolutamente personal?

Dura faena.

Le entregue dos opciones que a mi parecer eran buenas. Él escogió y salió a comer con la madre de mis nietos. Quizá muchas veces pasa lo mismo con amigos o conocidos. Ellos quieren saber donde está lo mejor. Pero, ¿quién es el mejor? Ese aun no lo descubro.

Tenemos cocinas de muchos tipos: peruana, francesa, española, thai, chilena, mediterránea, latina, molecular, centroeuropea, italiana, china, alemana, árabe e incluso vietnamita y coreana. Y en todas ellas hay ejemplos dignos de alabanzas. Cocina de especialidades, se podría decir. Como la medicina quizá, donde cada médico se especializa en algo y entrega una mejor solución a los males. Ya la figura del médico general casi no existe. Tampoco en la gastronomía. La figura del restaurante “internacional” hace tiempo que dejó de existir.

Un crudo en el Bar Nacional del centro de Santiago acompañado de una cerveza, puede ser una experiencia tan fascinante como unos blinis con caviar y champagne Cristal en el Nolita o unos callitos a la madrileña en el Guria. Eso es lo bueno. En los albores del 2013, tenemos restaurantes para regodearnos. En Santiago se come bien. Y bastante mejor de lo que muchos dicen por ahí. ¿Falta?, si. Falta. Pero vamos por buen camino. Ojala nos acompañe un buen servicio y una calidad pareja ya que ahí estoy de acuerdo con los que reniegan la cocina que tenemos en nuestro país. (Juantonio Eymin)

BUENOS PALADARES

LAS CRÍTICAS GASTRONÓMICAS DE LA SEMANA


SOLEDAD MARTINEZ (Wikén)
(Diciembre) GAM (Av. Bernardo O'Higgins 227, Santiago Centro fono 2638 6643): “Como entradas pedimos doce machas a la parmesana en su concha, blandas y bien hechas aunque diminutas ($8.900), y chupe en paila de greda, anunciado como de berenjena y zapallo italiano con camarones, que en verdad era bastante tradicional, suave, sabroso y gratinado, con el pan mejorado por el añadido, algo avaro, de los vegetales, y que aun así me pareció excelente y salvó el almuerzo ($6.600). Luego, un plato "a la olla" para compartir: "los porotos del Gabriela" que, como otros, requieren 20 minutos de aviso ($10.500). La porción, abundante, y los porotos granados, blandos, pero no vi la cebolla caramelizada que debían traer, los trozos de costillar de cerdo eran duros y poco atractivos, y el choclo de la supuesta mazamorra venía picado industrialmente con todo su hollejo. Degustación de postres: crema quemada (¿ya no será más "brûlée"?); "cordillera" con rico manjar y mediocre betún; cheesecake (decía con miel de palma, pero su gracia estuvo en los berries), y fresco mote con huesillos ($6.000). Café ($1.100) y pinot noir Reserva 2010 Terranoble ($12.000). Atención amable y bien informada.”

ESTEBAN CABEZAS (Wikén)
(Diciembre) BRISAS DEL MAR (Av. Irarrázaval 4600, Ñuñoa, fono 2504 1942: “Los pancitos, recalentados. La salsa de la mesa, rica pero no maliciosa. Y para empezar: no tenían anticuchos de corazón. Entonces, un trío de cebiches ($5.800). ¿De qué pescado? Se le pregunta a quien atiende. "De corvina", responde. Llegó de reineta.” “Entonces, para tentar con una mejor suerte, llegó un ají de gallina ($5.700). Esta vez sí: sabroso, imposible no comérselo, intenso y bien sazonado. Pero venía con un trocito de hueso.” “En fin. Todo es mejorable. Y ojalá que, al igual que otros restaurantes peruanos, dejen de poner en su carta que el cebiche es "de pescado". Porque si algo hemos aprendido de nuestros hermanos del norte es que ningún "pescado" es igual a otro "pescado".”

RODOLFO GAMBETTI (LUN)
(Diciembre) LA PARRILLA DEL BUEN CORTE (El Rodeo 12.850, Lo Barnechea, fono 2591 6202): “Platos abundantes, cortes especiales y excelentes proveedores son la fórmula. Su chef corporativo, Gonzalo Marambio, echa a andar este mes una nueva carta con detalles muy atractivos. Las carnes, de contundente gramaje, son protagonistas. Su asado de tira centro, tipo americano, de 600 grs. con el hueso, ($9.500) está cortado a lo largo de la costilla y resulta en verdad sabroso. Al igual que la entraña ($8.900), gran plato. No menores atractivos tienen el chuletón de lomo liso ($12.600) y el bife de chorizo prime, de raza Aberdeen Angus ($10.900), también entre los suculentos platos de fondo. Pero la buena carne aparece desde que uno llega, en forma de tártaro muy atractivo, cortado en cubos, con ciboulet y huevos duros que llega aderezado ($4.500); en especiales, como arrollado huaso ($5.900), milanesa de pollo apanada en panko, y plateada. Y también tentaciones como empanadas, de pino o queso, las mollejas, la provoleta, más un imperdible carpaccio de filete ($4.200). Y ojo las damas preocupadas por su esbeltez: encontrarán allí, en ensaladas, un apetecible roast beef, una ensalada Cobb de pavo sobre lechuga costina. También frescas versiones de atún ecuatoriano aleta amarilla sellado por fuera y crudo en el centro, que nadie imaginaría encontrar en semejante punto de cita de carnívoros. También de fondo, otro atún con cuscús, magnífico ($9.400). “