martes, 6 de agosto de 2019

LOBBY MAG

 
 
LOBBY MAG
Año XXXI, 8 al 14 de agosto, 2019
Solo la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad.
LA LISTA DE LA SEMANA: Comida alemana en Santiago: Más allá de un crudo
MIS APUNTES: Peumayen BordeRío: una revelación
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: El sorprendente Meze

LA LISTA DE LA SEMANA


LA LISTA DE LA SEMANA

COMIDA ALEMANA EN SANTIAGO: MÁS ALLÁ DE UN CRUDO

Cierto. Más allá del crudo, que es el caballito de batalla de todas las fuentes de soda, shoperías, restaurantes y demases, quisimos encontrar los mejores restaurantes alemanes de la capital. Esos que hacen delicias con el repollo morado, con las albóndigas y sus típicas wurts. Lo increíble es que solo encontramos cuatro en toda la ciudad. Algo que no se condice con las tradiciones que nos dejaron las olas de inmigrantes bávaros que llegaron hace más de un siglo y que aún mantiene una férrea colonia, donde parece que la gastronomía poco les interesa.

 

LILI MARLEN
El más alemán de los alemanes lo recibe con marchas prusianas y retratos militares, donde mantienen una sintonía muy fina con los años de la dictadura de Pinochet. Sin embargo, mantiene una cocina típica alemana, donde los embutidos de cerdo, vacuno y ciervo tienen un sabor inigualable, al igual que sus kassler, las ensaladas alemanas con chucrut, tocino y pepinillo, todo a la usanza del pueblo alemán. Solo atienden de martes a viernes en horario nocturno. Una experiencia imperdible. (Julio Prado 759, Providencia / 22341 6213)

 
TANTE MARLENE
Luego de sus inicios en las cercanías de Curacaví, este restaurante ha experimentado varios cambios de domicilio y también de nombre. Pero la tradición obligó a sus propietarios (marido y mujer), regresar a su nombre original. Pioneros en la venta de cervezas alemanas, el pernil –que elaboran bajo estrictas normas- es uno de los grandes best sellers del lugar.  Una verdadera taberna alemana en pleno Vitacura. (Av. Nueva Costanera 3100, Vitacura / 22761 9043)

BIERSTUBE
Desde los años ’60, este lugar es centro de peregrinación de los amantes de las cervezas y de las “wurts” alemanas, las que vienen acompañadas de sus famosas ensaladas de papas, tocino, pepinillos y la verdadera mostaza germana. Es pequeño y ya tiene la calidad de “culto” para los capitalinos que frecuentemente llegan a este rincón del Parque Forestal. Este lugar es uno de los pocos vestigios de la real cocina alemana en el centro de la capital, y por ello es un dato fijo para nuestros lectores (Merced 142, Santiago Centro / 226337 717)

STARNBERG
Cuando el desarrollo urbano de Providencia obligó a los propietarios del Munchen a cerrar sus puertas, amigos y trabajadores del lugar propusieron a sus dueños abrir otro local con similares características. Así nació el Starnberg, en Vitacura, donde mantuvieron la carta, mobiliario e incluso su personal. Hoy es uno de los más conocidos restaurantes alemanes de la capital, y sus productos –de elaboración propia- son apetecidos por los nostálgicos clientes de Providencia y toda una nueva generación de clientes, que no deja de aplaudir su oferta gastronómica ni su servicio. (Alonso de Córdova 2359, Vitacura / 22953 5100)

 

MIS APUNTES


 
PEUMAYÉN BORDERÍO
Una revelación…
… Cuando hace siete años atrás abrió el Peumayen de Bellavista, pocos imaginaron que el cerebro de la carta era un argentino. ¿Qué hace un ché dictando pautas gastronómicas de nuestros pueblos originarios? A pesar de todo lo que se diga, se comente o se envidie, Juan Manuel Pena Pasaro, argentino de tomo y lomo, asumió la responsabilidad de sacar adelante un proyecto que no era propio, pero lo tomó como uno de sus más grandes desafíos.

Lo conocí al poco tiempo de abrir el local de la calle Constitución. Me asombraron sus recetas y conocimientos. Para poder medirlo en su real dimensión del país, le pedí un “té con té” a la hora del café final. La comida había sido asombrosa pero esa prueba era fundamental para este cronista.

Juan Manuel se levanta de su asiento y regresa con una lata de un litro de “pusitunga”, un licor de caña proveniente del altiplano compartido entre Chile, Perú y Bolivia y que tiene un 93% de alcohol, lo que lo convierte en un peligro incluso para su transporte y fatal para los que no lo conocen. Por ello, en el norte lo beben mezclado con té.

Ahí me convencí. Un argentino sabía más que cualquier chileno de su propia gastronomía.

Cuando los propietarios del Peumayen vieron la posibilidad de abrir una sucursal en BordeRio, volvieron a acudir a Juan Manuel para que les organizara una carta que, a diferencia del local inicial, no tendría menú degustación y todo sería a la carta, a pesar d que los ingredientes serían los mismos. El lugar, recién abierto y en pleno proceso de renovación (ya que ocupa el salón y las terrazas del desparecido El Otro Sitio), aun se siente frio. No existe la calidez del proyecto inicial, e, independientemente de la propuesta gastronómica (que está a muy buena altura), algo le falta al diseño y a la propuesta arquitectónica del comedor. Pálido, por así decirlo, requiere con urgencia un buen diseñador de espacios.

Sin embargo, la propuesta gastronómica vuelve a valorizarse. Posiblemente mejor que en su sede principal. La carta, que incluye platos del norte, centro, sur, interior y costeros del país, Emociona el Crudo de guanaco sureño (7.400), con ají mapuche y encurtidos, que junto a las Mollejas fritas acompañadas con papas chilotas y salsa verde (6.500) son parte de la nueva carta que elaboraron especialmente para BordeRío.

Grandes sorpresas en los fondos. Aclamado desde sus inicios, el Filete de caballo (¡sí, caballo!), reaparece con todo el sabor de la carne equina. Si el lector piensa que nunca ha probado esta carne (le aseguro que los mayores de 50, alguna vez la comimos), vaya por este plato novedoso y perfecto. Cuesta $13.900 y viene acompañado con papas chilotas y pebre. Aun así, el “summun” del Peumayen es el Pulmay (15.900), una preparación sublime, donde cada ingrediente se cocinan por más de 15 horas a baja temperatura, para luego unirlos en en un caldo de choritos y almejas. Así, cada ingrediente mantiene su sabor, convirtiendo este plato en un best seller… de esos que hay que ofrecer a los extranjeros que vienen a la capital.

Servicio atento e informado. Importante sería que los mozos o garzones preguntaran si es la primera vez que se visita el local o es un cliente frecuente, ya que las explicaciones de cada plato son largas y se pueden hacer repetitivas. Pero todo se olvida con los sabores que están entregando desde la cocina los chefs a cargo del comedor. Sin duda alguna, venir al Peumayen con un amigo extranjero que visite por primera vez la capital, es una forma de mostrar un Chile que pocos conocemos, un país con culturas, verdades diferentes y una cocina que sorprende, incluso a los capitalinos.

Un gran desafío que va mucho más allá del Caldillo de congrio de Neruda, que nos tiene atados a una cocina con poco valor real.

Peumayén BordeRío: Escrivá de Balaguer 6400, local 2, Vitacura / 94958 0141

 

 

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


 
EL SORPRENDENTE MEZE

Cuando la calidez de un lugar se mezcla con lo entretenido y con la posibilidad de conocer una gastronomía diferente, no da la razón del porqué el Meze, el primer –y único-restaurante turco de la ciudad, haya evolucionado positivamente desde que Onur Erdemir, su chef y propietario. haya decidido quedarse en Chile y armar un restaurante especializado en comida otomana. El tiempo le ha dado la razón y este lugar ya forma parte –y muy importante- del circuito gastronómico capitalino.

Una vieja casona alberga este restaurante de espacialidad. Un bar, un salón comedor y una terraza interior (cerrada en invierno, pero pronto estará descubierta), son las bases que sustentan el lugar. El idioma es difícil, más aún cuando su alfabeto tiene ocho vocales que confunden a cualquiera, pero poco importa, ya que su personal –varios de ellos provenientes de Estambul- conoce nuestro idioma y se adapta perfectamente a nuestros pedidos.  

Turquía posee una gastronomía que es abrumadora por su variedad, alegre a la vista y muy sabrosa al paladar. Turquía huele a cilantro picado, a verduras frescas, a damascos orientales, a carne a las brasas y pescado recién salido del mar. Huele a canela y a pan crujiente recién horneado, a dulces de miel, almendras y pistachos y a aromáticas especias. La verdad es que Turquía huele bien y sabe mejor. Rica en verduras y frutas, cuentan que, en la antigüedad, el sultán, amante de las sandías, las tenía a su disposición el año entero, ya que, en algún lugar de ese inmenso territorio con climas diferentes, alguien cosechaba sandías, muchas de ellas, para el sultán.

La carta del Meze ha ido creciendo con los años y es muy representativa de la cultura gastronómica actual de los turcos. No hay picores. Obvio que los sabores varían por el uso de especias que poco utilizamos, aun así, se dice que la cocina turca es sencilla y honesta, sin falsos artificios ni promesas a medio cumplir. La variedad de sus platos y la calidad de su materia prima la convierten en un placer asequible y saludable. A pesar de lo que se pueda uno imaginar en un principio, la comida turca no enmascara los sabores de sus ingredientes principales y, por ello, aunque el país sea famoso por sus especias, éstas sólo realzan su sabor, jamás los ocultan. Acá hay que venir con ganas de probar platos nuevos y combinaciones de sabores atrevidos, pero muy agradables. A los mezes iniciales (una tabla de diferentes platillos por $16.990), hay que probar la típica ensalada del pueblo turco, la Peynirli çoban salatasi ($5.850) con tomate, pepino, cebolla morada y sumac (especia con sabor a limón), hojas de menta fresca, limón y queso de cabra, servido con aceite de oliva y salsa de granada, que lo transportará inmediatamente a este lejano país.

Para los fondos, dos buenos ejemplos son el Safin Tabagi (12.500), un arroz de trigo cocinado con mantequilla, eneldo, perejil, carne de cordero, tomate asado, cebolla grillada, servido en paila de greda, cubierto de masa; y el Testi kebap (14.500), una de las grandes atracciones del lugar. Se trata de una vasija de cerámica sellada completamente y que en el interior se cocinan lentamente al fuego directo y arena, trozos de cordero, tomates, ajo, pimiento, papas, cebollas enanas y comino. Tras horas en el fuego, el cocinero llega con la vasija a la mesa y procede a romperla y repartir entre los comensales uno de los estofados -o guisos- más maravillosos que se pueden probar alrededor del mundo.

De todo y para todos. Desde una sencilla sopa de lentejas rojas, pasando por los conocidos wraps turcos, hasta lo más sofisticado de la cocina otomana. Como “bonus track”, los días viernes tienen un espectáculo de danza turca. ¿Se puede pedir más?

Atrévase y reserve, así tendrá su mesa lista y podrá comprobar lo escrito en esta crónica. (JAE)

Meze: Manuel Montt 270, Providencia / 22378 3646

 

 

 

martes, 30 de julio de 2019

LOBBY MAG


 
En memoria de Enrique Lafourcade, uno de los fundadores del Circulo de Cronistas Gastronómicos de Chile
 
 
LOBBY MAG
Año XXXI, 1 al 7 de agosto, 2019
Solo la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad.
LA LISTA DE LA SEMANA: Las siete mejores “batallas” gastronómicas
MIS APUNTES: Punto 8, el nuevo comedor de Claudio Úbeda
EL REGRESO DE DON EXE: Una extraña en la carretera
 

LA LISTA DE LA SEMANA


LAS SIETE MEJORES “BATALLAS” GASTRONÓMICAS
Naranjas, tomates, harina o merengue, cada ciudad tiene su favorito, pero a nosotros nos gustaron todas. Así que prepárese para disfrutar la gastronomía internacional desde una manera diferente… a través de las batallas de comida más épicas del mundo.
 

 
DELS ENFARINATS DE IBI
Como cada 28 de diciembre, la ciudad alicantina de Ibi acoge la batalla dels Enfarinats (los “enharinados”). Esta fiesta, con más de 200 años de antigüedad, cuenta con dos bandos rivales que se baten por el poder local a base de huevos, harina y mucha fe. No están locos… pero lo parecen. Por un día dan un golpe de estado, toman el poder, imponen sus propias leyes e impuestos y se enfrentan a la oposición hasta que todos están bien rebozados y sus uniformes militares se han vuelto de color blanco. Los enfarinats son una experiencia para todos los sentidos.

LA BATALLA DE LAS NARANJAS EN IVREA
En Italia no se andan con chicas. Aquí en Carnaval se baten a naranjazo limpio, así que si se animan a vivir el cítrico carnaval de Ivrea (al lado de Turín) vayan bien protegidos si no quieren volver a casa llenos de moretones. Esta fiesta que se celebra cada año en febrero conmemora la rebelión de la gente contra el tirano Raineri di Biandrate, que instauro el infame “derecho de pernada” (en español, que se podía acostar con cualquier novia en la noche de bodas). Los participantes se dividen en dos bandos: el que se pasea a bordo de un carro por la ciudad y que representa a los hombres del emperador, y el que va a pie y que representa al pueblo… que es el que se dedica al lanzamiento de las naranjas.

GUERRA DE MERENGUE Y CARAMELOS EN VILANOVA I LA GELTRÚ
Por lo visto, en el Mediterráneo les gusta jugar con la comida porque cada año en Carnaval los vecinos de Vilanova y la Geltrú se toman las calles y plazas para arrojarle merengues a todo lo que se mueva, sin piedad. Parece ser que los vilanovins no se tomaron muy bien la prohibición del Carnaval por parte de Franco y decidieron protestar cada año el jueves antes de la Cuaresma usando todo tipo de dulces como armas. Por si esto no fuera suficiente, el domingo el pueblo se convierte en un campo de batalla en que los caramelos (cuando más duros mejor) vuelan de un lado a otro.

CAMPEONATO DE TARTAZOS EN INGLATERRA
En el pueblecito inglés de Coxheath se inspiraron en la broma clásica del tartazo de crema en la cara para crear el Campeonato Mundial de Tartas de crema. Eso sí, aquí hay un orden para cada cosa. Cada mes de mayo los participantes se dividen en equipos de cinco y en función de en qué parte de tu contrincante llegue la tarta, se ganan más o menos puntos. La originalidad del lanzamiento también cuenta…

LAS BATALLAS DEL VINO
Con una cultura enológica importante, en varios puntos de la geografía española se organizan todo tipo de luchas que empiezan con el lanzamiento de uvas y acaban con todo el gentío oliendo a mosto y con la ropa de color vino. Algunos de los más interesantes son la Batalla del Vino de Haro en la Rioja (29 de junio), en la que todos los participantes -vestidos de blanco y con un pañuelo rojo al cuello- son literalmente bañados en vino hasta que quedan completamente morados. Mientras que en la Raimà de la Pobla del Duc en Valencia (finales de agosto) la muchedumbre se arroja unas 90 toneladas de uva garnacha para celebrar el fin de la vendimia y deshacerse de las uvas que han sobrado.

LANZAMIENTO DE PASTEL DE FRUTA
¿A quién le gustan los bizcochos con fruta? A casi nadie, así que, si no saben qué hacer con ellos, en el pueblo de Manitou Springs (Colorado) han dado con la solución perfecta: hacer un concurso de lanzamiento de pasteles. La competencia es dura y hay varias categorías, los pasteles se pueden lanzar con catapultas, hondas gigantes y todo tipo de artilugios... Quizás no se manchen tanto, pero la diversión está asegurada.

LA TOMATINA DE BUÑOL
La famosa Tomatina de Buñol no podía faltar entre las mejores batallas de comida del mundo. Es la madre de todos los festivales en los que la comida adquiere un aspecto más recreativo que otra cosa y cada año recibe unos 40.000 participantes de todo el mundo. Lo que empezó en 1945 como la protesta de unos adolescentes locales por no poder participar en un desfile de gigantes y cabezudos ha derivado en una gigantesca batalla en la que a partir de las 11 de la mañana del último miércoles de agosto se arrojan 125.000 kilos de tomates y todo se tiñe de rojo.

MIS APUNTES


 
PUNTO OCHO
El nuevo comedor del chef  Claudio Úbeda

Le ha costado al Cumbres Lastarria posicionar su cocina. Este es un hecho que no se puede desmentir. Desde su inauguración han tenido varias propuestas que no tuvieron buena respuesta del consumidor. Cuatro chefs han pasado por sus cocinas sin mayor trascendencia. El Punto Ocho, un nombre que imagina un salón de pool, cuenta desde hace un par de semanas con un par de novedades dignas de mencionar. La más importante, por así sentirlo, es que Claudio Úbeda, chef ejecutivo de la cadena hotelera y a la vez chef del Cumbres Vitacura, tomó las riendas del hotel de la calle Lastarria, con el fin de mejorarlo definitivamente.

Para ello, y junto con renovar completamente la carta del comedor principal ubicado en el octavo piso de este lindo lugar, complementó la cocina del bar, actualmente en alianza con Catad’Or, donde a una generosa oferta de vinos y cócteles se suman tapas y platillos que maridan a la perfección con esta nueva barra del barrio Lastarria.

Fiel a su estilo, la carta del Punto Ocho creada por Claudio Úbeda, se enfoca en la cocina chilena de mantel largo, su especialidad. De ahí una de sus entradas, como una increíble Perdiz en escabeche, perfumada a la trufa negra de Futrono, con tostadas y mantequilla de perejil (9.100), es un “hit” que no hay que perdérselo.  Para los que prefieren lo marino, sus Láminas de atún selladas con aire de eucalipto, crujiente de luche y selección de brotes (11.100), es otra de sus genialidades.

Con todo esto del nuevo siglo, es fácil deducir que en el país hay diecisiete millones de fotógrafos, y de ello dan fe todas las redes sociales. Mientras más lindo se vista un plato, mayor es la posibilidad de convertirlo en best seller. Sin embargo, los que captan imágenes no sabrían cómo calificar uno de los platos más gratos y sabrosos que ha salido de las cocinas de Claudio Úbeda desde sus inicios en Puerto Varas. Se trata de una Malaya de cerdo cocinada a baja temperatura, con estofado de repollo con murtilla, papas asadas y salsa de merlot (14.000), que, si bien parece un típico plato alemán familiar, su sabor y texturas son para elevar las manos y agradecer a los dioses la llegada del chef Úbeda a esta cocina del centro de Santiago.

Carnes, pescados, mariscos, pastas y postres (como su Torta de Cola de Mono - $3.800-) en una nueva carta que se agradece. Poco a poco, este comedor hotelero –donde el servicio es otro de sus puntales- se está convirtiendo en uno de los mejores restaurantes del barrio, ya sea a la hora del happy hour en la renovada barra del bar, o en el piso 8, donde la calidad no se transa y el sabor es inconfundible.

Esperemos que la quinta sea la vencida.

Punto Ocho / Hotel Cumbres Lastarria / Lastarria 299 / 22496 9000

 

EL REGRESO DE DON EXE


 
UNA EXTRAÑA EN LA CARRETERA
(Solo para viudos y vuidas de Don Exe)
 

A veces las vacaciones aburren. Más aun en mi caso ya que en diez días que estuve en la cuarta Región, no logré atraer la atención de ninguna chica. ¿Estaré poniéndome viejo y calamitoso?

Decidí regresar a la capital. Por lo menos dormiría en mi cama y más de alguna amiga estaría en julio en este refrigerador que es Santiago. Mi paquita aun en Temuco (ojalá regrese pronto), pero a falta de pan, conocí a Florencia, una morenaza para cortarla con la uña. Florencia no se movería de su casa y le anuncié visita para el jueves a la hora del happy hour.

Encaminé mis pasos al terminal de buses de Coquimbo. Entre consulta y consulta sólo encontré un pasaje libre en una línea bastante desconocida. Partiría de regreso a la capital a las 12.30 de la noche y llegaría a Santiago a las 7 y media de la mañana. Bueno… esa era mi intención.

Siete largas horas de viaje me esperaban en un salón - cama que no tenía nada de salón ni menos de cama. Para el viaje, una mineral y pasada la medianoche me embarqué en una nave que nunca llegaría a destino.

¿Qué pasó? Bueno. Lo que tenía que pasar. La máquina fundió su motor entre Tongoy y Los Vilos, o sea, lejos de todo y cerca de nada. Con un aroma a goma quemada dentro del bus, el piloto (o chofer) nos pide que salgamos de su máquina y esperemos una de reemplazo. Luego, con voz esperanzadora nos comenta que se comunicó con Santiago y que en tres horas (con cueva), llegaría otra nave.

No hacía frío, pero estaba fresco. Quería fumarme un cigarrillo, pero como no se puede fumar en los buses no había comprado. Lo único que tenía era una botella de Cachantún y sinceramente eso no valía nada en esas circunstancias.

Agudicé mi vista y veo a cuatro jovencitos en plena charla. Más bien tres minitas y un nerd con aritos y jockey al revés. Fumaban y algo bebían en unos vasos plásticos. Me acerqué y entablé una pequeña conversación:

- Chicos, me quedé sin cigarrillos y no saben las ganas que tengo de fumar.
- ¡Hola tío!, dice una de las chicas.
- Soy Exe y tengo algo de dinero para comprarles cigarrillos, les conté.
- ¡Naa tío! Acá toos somos iguales, dice, mientras me ofrece de una cajetilla arrugada un Pall Mall. - ¡Gracias!, respondí. - En Los Vilos multiplicaré tus buenas intenciones.

Prendí mi cigarrillo y tras una larga aspirada le pregunto su nombre.

- Josselyn, me cuenta.
- ¿Y tus amigos?
- Bueno… el Brandon, la Katiuska y la Ferny.
- ¿Van a Santiago? (primera pregunta idiota)
- ¡Íbamos!, contesta. Ahora parece que nos quedaremos en Los Vilos en la casa de la Katiuska. ¿Querís tomar algo?
- ¿Tienen? (segunda pregunta idiota)

El Brandon me pasó un vaso plástico con ron (de caja) y una bebida cola que no conocía. A esas horas de la madrugada y sentados a la vera de un camino donde no pasaban ni las luciérnagas, me pareció una bebida celestial. –“Se nos acabaron los puchos”, Exe. ¿Querí que te liemos un pitito?

A esas alturas del partido estaba a merced de mis nuevos amigos. Josselyn me lleva a un lado y pregunta por mi vida. Mirábamos la luna nueva mientras yo le contaba de mis años y ella escuchaba haciéndole cariño a mis brazos. No sé qué estaba fumando, pero mis sentidos se multiplicaron por mil.

Otro porro en conjunto y dos vasos de ron nos pasaron la cuenta. Se acurrucó a mi cuerpo y se durmió…bueno, nos dormimos.

Despertamos cuando los pasajeros aplaudían al bus de reemplazo. Me dolían todos los huesos. Bebimos el resto de la Cachantún, el único activo que tenía en ese lugar y juntos proseguimos el viaje.

No le costó mucho para convencerme que me quedara en Los Vilos en casa de Katuiska. Para pagarles la caña de la noche anterior, los convidé a tomar desayuno en uno de los boliches de la ex carretera. A las ocho de la mañana, todos comíamos sánguches de pescado frito y “tecito”. Josselyn no me soltaba. Según ella, había encontrado a su “media naranja”.

La vivienda de Katiuska era, por así decirlo, una casa. Un respetable casa con varias habitaciones que estaba a cargo de la “tía Leonor”, quien, al vernos llegar sucios y hediondos a ron barato, nos mandó a una habitación múltiple de tres camarotes y un baño común. Ahí dormimos al son del reaggeton. Yo, al menos, dormí un par de horas, aunque el maldito ritmo guachaca aún resuena en mis oídos.

Estaba al debe con mis nuevas amistades y con la tía Leonor. La madame, respetada por todo el pueblo, nos acompañó a comer ostiones y merluzas a una picada de la playa. Luego nos endilgó al terminal de buses. Brandon y la Ferny en un asiento; Josselyn y yo en otro.

- El domingo es mi día libre ¿Me invitas a algún lugar?
- ¿Cómo cuál?
- ¡Fantasilandia!
- ¿Por?
- Quiero ser y sentirme niña alguna vez en mi vida.
- ¿Nunca lo fuiste?
- Nací en cuna de carbón, papito. Mi papá era minero en Lota. Allá, con cueva jugábamos a las bolitas y la pieza oscura. Y no me digas más Josselyn. Mi nombre es Rosa y bien debes saber a estas alturas a qué me dedico.

No me importó ni su origen ni su oficio. Privilegio de viejo solo, pasé el día domingo en Fantasilandia con un frío de mierda. Josselyn (o Rosa o como quiera que se llame) estaba más feliz que perro con dos colas. De ahí nos fuimos por una parrillada (de esas con prietas, ubres, chunchules, longanizas, papas cocidas y ensalada mixta) a un clandestino en las cercanías del Club Hípico y luego, en taxi, al terminal de buses, para regresarla a su casa-asilo en Los Vilos.

Rosa intuía que jamás volvería a verla. Al despedirse, sacó de su cuello un colgajo con una imagen de Santa Nefija (patrona de las chicas que tratan de tú) y lo pone suavemente en mi cogote. Se santigua y me da un beso en la frente. – Gracias, dice. Que Dios te acompañe.

Entre Tongoy y Los Vilos no solían suceder muchas cosas. Ahora sí. Mi problema ahora es Florencia, que me esperaba el jueves y hoy es lunes. ¿Se tragará eso de que me raptaron en la carretera?

Veremos…

Exequiel Quintanilla

martes, 23 de julio de 2019

LOBBY MAG


LOBBY MAG
Año XXXI, 25 al 31 de julio, 2019
Solo la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad.
LA LISTA DE LA SEMANA: Seis comedores fuera de su zona de confort
MIS APUNTES: Aligot: una propuesta audaz
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: Un tomawawk diferente en el Rubaiyat
 

LA LISTA DE LA SEMANA


SEIS COMEDORES FUERA DE SU ZONA DE CONFORT
Con la gran cantidad de restaurantes que se han abierto estos últimos meses en la capital, cada día cuesta más salir de la zona de confort propia y aventurarse en otros barrios con el fin de disfrutar diferentes propuestas. En este resumen, les recomendamos media docena de comedores –de todo estilo- que hay que conocer o regresar.
 

ORIGEN (BARRIO BRASIL)
En el tercer piso de una casona de la calle Cumming, el ex chef del recordado Ópera, Ignacio Ovalle, abrió un sugerente y moderno bistró, donde, a precios bastante económicos se disfruta de una cocina moderna, con guiños franceses y una tentadora oferta de vinos y cócteles. Concreto y adobe a la vista. Mesas, sillas y sillones negros para contrastar con los muros raspados sin mayor intervención. Cocina a la vista y luz, mucha luz para una carta innovadora y moderna, que cambió el sentido del barrio, ya que la apuesta convence al más conservador de los gourmets. (Av. Cumming 94 / 22699 3059)

 
SARITA COLONIA (RECOLETA)
Este es un lugar especial. Conservando fachadas antiguas, decorado con iconografía kitsch y lleno de objetos como payasos de los Juegos Diana, una cabeza de macho cabrío, lámparas de lágrimas y figuras de yeso de casi dos metros, el Sarita Colonia sorprende, descontrola, vulnera y cual travesti, viste de manera diferente la cocina peruana creando recetas que ya son tradición en el lugar. Acá se entra a un mundo paralelo entretenido y sabroso. Raro pero elegante. Único y digno. Simplemente, Sarita seduce. (Loreto 40, Recoleta / 22881 3937)

 
ÁUREA (RECOLETA)
Hay aperturas que bien valen destacar. De ellas, el Áurea, una casona del barrio Bellavista que fue completamente remodelada para albergar un restaurante hecho y derecho. Impresiona su decoración interior, en base a papeles murales y muros intervenidos, además de una gran terraza interior, de todo gusto y tremendamente cómoda. La idea es de los cocineros Ismael Lastra y Tomás Saldivia, quienes luego de un par de estadías fuera del país, obtuvieron la experiencia necesaria para abrir su propio comedor, donde manda el sabor local, pero con mucha identidad personal. Acá se han dado maña para conquistar estómagos golosos en base a una cocina donde el producto es el principal protagonista. Ayuda a este propósito una cocina tecnificada de última generación y el aporte humano de los cocineros, que aportan las pizcas necesarias para entregar autenticidad en sus preparaciones. Una cocina de autor muy bien elaborada y ejecutada. Buen servicio, ambiente y una atrayente carta de vinos artesanales. Un gran aporte a la ciudad. (Antonia López de Bello 191 -casi esq. Loreto)-, Recoleta / 23290 5124)

DON PEYO (ÑUÑOA)
Estamos en tiempos de cambios. Para muchos, el siglo XXI y la cuarta revolución industrial nos tomó por sorpresa y ha costado asimilarse a los nuevos tiempos. Tiempos donde la gastronomía también ha evolucionado y ha debido ponerse a tono con una nueva generación de clientes. A principios de este siglo -no hace tanto tiempo-, cuatro personas visitaban un restaurante y generalmente todos pedían lo mismo (y que lo digan las parrilladas, que eran apreciadas por todos). Hoy, de esos cuatro clientes, al menos uno es vegetariano y/o vegano, y otro tiene algún tipo de intolerancia, ya sea a las harinas, la leche, o algún producto que no puede ingerir. Los grandes templos de la gastronomía lo saben y muchos ya se han subido al carro de la era moderna. Olger Inostroza, propietario del célebre “Don Peyo”, famoso por sus tertulias desde su apertura en el año 1971, decidió abrir su carta, sumando platos vegetarianos y veganos a su diaria propuesta. Un clásico comedor criollo que mira al futuro. (Lo Encalada 465, Ñuñoa / 22274 0764)
DON GAVIOTA (RECOLETA)
Alejado del circuito tradicional, la comuna de Recoleta se engalana con uno de los más prestigiosos comedores marinos de la capital, donde caldillos y frescos mariscos acaparan la atención de cientos de capitalinos que cruzan la ciudad para disfrutar de sus tradicionales recetas y del vino pipeño, especialidad de la casa. Este espacio partió como una picada, un lugar sabroso y básico, pero ahora es un restaurante hecho y derecho, donde conviene llegar temprano si no desea esperar para conseguir una mesa. Su carta es amplia, siempre con los productos del mar como protagonistas, aunque conviene irse por los platos consagrados de nuestra cocina de caleta, como el congrio frito, los erizos y los sabrosos chupes de locos. (El Roble 1190, Recoleta / 22621 1838)

ANA MARÍA (CLUB HÍPICO)
A lo largo de los años Ana María se ha ganado un lugar en la gastronomía local y nacional siendo elogiada en innumerables ocasiones con premios y reportajes. Dentro del abanico de exclusivas preparaciones destacan las codornices, conejos escabechados, carne de avestruz, jabalí, patos, gansos y ciervo. Sin dejar de mencionar la carta de pescados y mariscos finos muy bien trabajados, con preparaciones al pilpil, al ajillo, frescos o a la parmesana. Sin duda su paso por este lugar no será en vano. Un clásico que nunca debemos olvidar. (Club Hípico 476, Santiago sur / 22698 4064)

 

MIS APUNTES


 
ALIGOT
Una propuesta audaz
Hace un par de semanas abrió en plena Isidora Goyenechea un proyecto que se venía gestando hace al menos dos años: el Aligot, un amplio restaurante que lleva el nombre de la famosa mezcla de puré con queso (y ajo –optativo-), la especialidad gastronómica más famosa de Aubrac, en Francia. Más aun, como Frédéric Le Baux, su propietario (también amo del Baco capitalino), es terco y le gustan las cosas a su manera (pero muy estudiadas) decidió que, en este nuevo comedor la carta se moverá en base a solo cuatro platos: una ensalada de lechuga con nueces, el ya conocido aligot, filete rôti y reineta meunière. No hay más.

La audacia llevada al límite. Un restaurante con capacidad de 220 clientes esparcidos en varios comedores en los dos pisos que tiene el local. Incluso, el menú diario tiene un costo de $ 13.000, y solo hay que escoger entre filete o reineta. Pero hay más… y sorprendente, ya que ofrecen vino por copas (desde 2.000) y botella (desde 12.000), precios que asombran en un barrio que no está acostumbrado a estos precios. Incluso se da el lujo de vender café-café a tan solo $ 1.000; un whisky The Macallan por $ 5.000; Campari por $ 3.500, Oporto a $ 2.000, postres a $3.000 y una adictiva oferta de quesos franceses que varían entre los 2.500 y 3.500 pesos.  Todo ello con propina incluida.

Atrayente lugar. Los ventanales que cubren algunos comedores en invierno, se convertirán en terrazas al aire libre apenas despunte la primavera. Como toda acción que lleva adelante Frédéric, todo está pensado y requetecontra pensado. La lechuga no está ahí por ser lechuga. Hay un trabajo de meses para encontrar el dressing (con queso roquefort) que la convierte en algo diferente. Más tiempo para encontrar –y asegurar el abastecimiento- de la variedad de papas que necesita el aligot, el queso –de la variedad Tomme, que importa de Francia -, el corte de cada trozo de filete, hasta la calidad de la mantequilla que debe unirse al limón para la salsa Meunière de la reineta. Todo impecable… como es costumbre desde que abrió el Baco, su primera apuesta gastronómica en la capital.

Si pudiéramos resumir el concepto del Aligot, la comida es un pretexto para largas sobremesas y reuniones de amigos. Acá están rompiendo moldes, posiblemente cambiando costumbres, y, a la vez, generando un espacio que no existía en la capital (ni en todo el país).  

Personalmente apuesto a favor del Aligot. Muchos deben pensar que pocos podrían repetirse la experiencia dos, tres, diez o cien veces. Lo importante es que este comedor atraerá tanto al apurado que solo tiene minutos para almorzar, como al que tiene tiempo y que sabe que conversar una copa de vino (y no por wasap), aún es muy importante en la vida.

No aceptan reservas –por el momento-, y ni se le ocurra pedir una piscola. Acá el genio (su dueño) tiene su genio (sus normas).

¡No se lo pierda! Si lo piensa dos veces, capaz que se convierta en uno de sus favoritos.

Aligot: Isidora Goyenechea 2890, Las Condes /41324 8475

 


LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


 
UN TOMAHAWK DIFERENTE EN EL RUBAIYAT

Satisfacer a los carnívoros gourmet ha traído consigo el desarrollo de una serie de razas y cortes diferentes de vacuno. Las parrillas capitalinas han sido las encargadas de dar a conocer a este entusiasta segmento de la población que ya no se sorprende con los cortes tradicionales a la hora de buscar novedades. Hace algunos años apareció en escena el Tomahawk, un gran trozo de lomo vetado con hueso (para concentrar el sabor), cuyo tamaño y peso, alcanza para dejar contento a dos –o más- comensales.

Nunca fue un corte económico ni podría serlo. Por eso se convirtió en estrella en las parrillas de mantel largo y de cuentas abultadas. Como el caviar y las trufas, la buena carne tiene su precio y también un público, que, si bien no es mayoritario, tiene un mercado muy activo.

Los brasileños del Rubaiyat (una parrilla con locales en España, México, Argentina, Brasil y Chile), quisieron imprimirle un valor agregado a este corte de carne y desde la semana pasada, un equipo del servicio de sala del restaurante, ofrece este corte que finaliza su proceso de elaboración frente al cliente, en un mesón especial que llega a la mesa, donde uno de los expertos añade fuego y calor a la pieza de carne, para así distribuirla a punto y correcta temperatura a los comensales.

Al proceso le llaman “Hanging Flame Tomahawk”, y el corte proviene de Cabaña Las Lilas, la hacienda que Rubaiyat posee en Buenos Aires. Valor agregado que se agradece, ya que bien sabemos que en este comedor el servicio es de excelencia y nada queda al azar. Así como los grandes –y elegantes- restaurantes del mundo elaboran las deliciosas Crêpes Suzette frente al comensal, acá lo hacen con una pieza de aproximadamente 1,2 Kg., consistente de un grueso lomo vetado con hueso de las costillas anteriores y abundante grasa intermuscular e intramuscular que le aporta un sabor único y especial.

Desde sus inicios en Chile, Rubaiyat ha conquistado paladares gracias a toda la innovación gastronómica y de servicio que tanto atrae a los comensales. Desde su picanha, el rey de los cortes brasileños; pasando por su aclamado e increíble Carpaccio de setas, sus feijoadas sabatinas de invierno y ahora la noble carne cocinada frente al comensal, nos da para pensar que Santiago se está convirtiendo en una de las capitales gastronómicas del mundo, más allá de lo que puedan opinar que la gastronomía en Chile está estancada.

Una interesante experiencia.

Rubaiyat: Av. Nueva Costanera 4031, Vitacura / 22617 9800