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Fachada exterior

miércoles, 10 de junio de 2009

LOS CONDUMIOS DE DON EXE



W SANTIAGO
Una avant premiere caleidoscópica

Crónica gastronómica interpretativa

Mathy estaba algo enojada. Un par de meses que no nos veíamos y esa era la razón principal de mi bajón y las pocas ganas de escribir mis condumios. Aparte, un resfrío mal cuidado me dejó botado en mi departamento casi un mes. Me lo pasé entre médicos, exámenes, pinchazos y una sarta de medicamentos que hizo mella mi barriga. Cuando ya me sentí mejor la llamé. Ella, haciéndose la interesante me respondió fríamente.

- ¿Cómo estás Exe?
- Acá. Sobreviviendo… ¿Y tú?
- Bien… criando nietos…

Esa conversación estúpida no llevaba a ninguna parte. Quería disculparme por un viaje que hice sólo a Iquique y termine bailando en el VIP de la Kamikaze con una famosa modelo. Mathy vio las fotos en un portal de Internet, y de ahí no me llamó más.

La culpa era mía. Pero como dicen por ahí “más vale pedir perdón que pedir permiso”, me atreví a llamarla para invitarla a algo muy especial: conocer, antes que nadie, el ya famoso hotel W que pronto abrirá sus puertas en Santiago.

Luego de los ruegos, las disculpas y los nunca más, Mathy se apiadó y como que perdonó mi affaire. –A buey viejo, pasto tierno, comentó. Pero para ello tienes que tener buenos dientes… y a ti hace tiempo que eso te esta fallando, se desquitó.

Cuando le hablé del W se excitó. ¡Le gustan los hoteles a mi comadre! Más aún los nuevos y modernos. Como ya no estamos para visitar moteles o albergues transitorios como le llaman los argentinos, la posibilidad de estar en un hotel hecho y derecho es un sueño de ambos. Más aun cuando le conté que conoceríamos en vivo y en directo las habitaciones y los servicios del nuevo hotel.

Al llegar, juntitos y del brazo, un negrito congolés nos recibe y traslada al cuarto piso del edificio. –“En este piso comienza el hotel”, nos comentó en un perfecto español. Una recepción amplia y distinta a todo lo conocido. Amplios sillones e inmensas lámparas dan la bienvenida. Los colores del lugar, inquietantes: esmeraldas, amarillos, rojos bermellón, azules eléctricos, sillas multicolores y una altura de piso a cielo impresionante. Mathy se asustó un poco. ¡Parece motel!, musitó a mi oído. Graciosas y espléndidas chicas vestidas de negro atendían a los presentes. Muchas de ellas con el pelo pintarrajeado y otras con unos escotes y tatuajes que me daba escalofríos mirarlas.

-Es el concepto W -me comentó en algún momento James Hughes, gerente general del hotel-. Acá todo es diferente. Nadie usa corbata. Es un lugar para gente joven con mucho dinero… y de esos hay miles en el mundo.

Cierto. Para el chileno común y corriente el estilo vanguardista de este hotel no lo convence mucho. Habitaciones con la tina a un costado de la cama; otras con una mezcla increíble de colores y de mobiliario algo extraño.

Mathy estaba animada. Le gusto una de las habitaciones y me hizo ojitos. Yo me hice el desentendido y le comenté que el hotel aun no abría a público. Un puchero fue lo que recibí de respuesta en el momento que tomábamos un ascensor para llegar a los comedores ubicados en el cuarto piso.

Un gigantesco lounge-bar recibe a los pocos invitados a esta avant premiere. Sillas, sillones, grandes lámparas, música electrónica y un staff de regias muchachas y apuestos jóvenes atendiéndonos. Un par de tragos de cortesía acompañados de pequeñas porciones de comida que tendrá uno de sus comedores principales (el NoSo), a cargo de Sebastien Fontes, discípulo (y de los buenos) del francés Jean Paul Bondoux. Entre tragos y appetizers degustamos un delicioso raviol de foie gras que no habíamos probado nunca. Majestuoso. También probamos unos caracoles con un pan de ajo de sueño. Todo, parte de la carta que pronto se podrá degustar en el restaurante principal del W.

El comedor, donde el rojo es el color predominante, promete más que buenas aventuras gastronómicas. Un ambigú que pronto estará abierto para delicia de los conspicuos que puedan pagar el precio de una comida a otro nivel.

Hay otros comederos en el hotel como el peruano japonés Osaka y el TerraSur (tiene nombre de ferrocarril ese espacio), el único creado para los fumadores. Estos aún no están listos y trabajan aceleradamente para terminarlos antes de su apertura oficial.

Ella quería otro trago pero era hora de retirarse. La fantasía había terminado por el momento. El nuevo W no dejará a nadie indiferente y las expectativas son tan altas como los estándares de calidad que tendrá el hotel. Todo está puesto en su lugar con un propósito especial. Distinto, pero muy especial.

Pagando pecados y culpas iquiqueñas le prometí una nueva y pronta visita. Mathy estaba animada y me ofreció un bajativo en su departamento. –Tengo un par de ideas, me contó, ¿te tincaría una tina en la habitación?...

El problema es que no descansará hasta hacer realidad su loco y nuevo plan.

Exequiel Quintanilla

W Santiago: Isidora Goyenechea 3000, Las Condes, fono 770 0000