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Fachada exterior

miércoles, 13 de octubre de 2010

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


MISTRAL GRAN NOBEL
¿Pisco o brandy?

Tuve la ocasión hace unos días de tener dos grandes experiencias simultáneas. Me presentarían el nuevo Pisco Gran Nobel Mistral ($18.000) maridado con la gran gastronomía que entrega Guillermo Rodríguez en su Espacio Gastronómico. Dos felices pruebas que por cierto dejan recuerdos y lecciones.

Lecciones ya que Mistral Gran Nobel no es un pisco más. A pesar de ser elaborado con uvas pisqueras nacionales (Pedro Jiménez y Moscatel de Austria) su proceso de elaboración y de destilación en alambiques de cobre de tipo discontinuo (diferente a los piscos tradicionales que elaboran el alcohol en alambiques continuos), entregan a este pisco unas características organolépticas que se alejan de nuestra tradicional alcohol nacional. A decir verdad, Gran Nobel se aleja del pisco y entra en la categoría de los grandes brandys. Algo nada de malo, en verdad.

Sin entrar en tecnicismos que poco les importan a nuestros lectores, el producto ofrecido es de calidad superior. Llega a engañar quizá a los consumidores. Si se hubiese probado en una cata a ciegas, pocos lo habrían asociado a un pisco nacional. Muchos pensarían que es un buen brandy francés o español, y no pocos lo habían asociado a un ron de calidad sobresaliente. Gran Nobel va mucho más allá de un gran pisco ya que difiere completamente a lo que nosotros conocemos de este destilado. Y eso es bueno, ya que gracias al arrojo de la Compañía Pisquera de Chile y del enólogo Miguel Cabrera, están entregando al mundo un producto chileno de alta calidad y posiblemente con un muy buen valor agregado.

Es cierto que el pisco es un brandy. Pero cuando un destilado pierde las características organolépticas normales y en sus notas de cata se encuentran aromas y sabores diferentes, es posible que lleguemos a la conclusión que en nuestra región pisquera se pueden hacer destilados de alta gama que podrían conquistar el mundo.

Maridamos Gran Nobel con aperitivos, comida y bajativos que nos proporcionó Guillermo Rodríguez, uno de los chefs más celebrados del país. Con sabiduría nos sirvió caviar con tostadas melba; queso de cabra con frutillas a la pimienta; ostiones a la parrilla macerados en pisco y empanaditas de champiñones silvestres. Nada que decir. Cada uno de los bocados calzaba con Gran Nobel. La magia se perdió un poco con el almuerzo en sí, ya que por lo menos para este escribidor, nada supera al vino como acompañante de las comidas. Camarones flambeados al pisco sobre tortilla de papas y crocante de tocino y berros con ají verde era un plato brillante que podría ser la alianza perfecta para un buen chardonnay; y unos filetes de atún dorados a la pimienta y puré de puerros habría estado sensacional con un pinot noir. Sin embargo los bajativos: chocolates, café y habanos cubanos fueron el equilibrio perfecto para este destilado que dará que hablar de ahora en adelante.

Es una lástima que la cocina de Guillermo Rodríguez ya no esté a disposición de cualquier hijo de vecino. Desde su alejamiento del Plaza San Francisco, sus avatares gastronómicos están orientados a eventos privados y al Nomads of the Seas, un yate de lujo que surca los mares australes. Ojala algún día regrese al circuito gastronómico nacional. Se necesita y se le añora.

A falta de Rodríguez, Mistral Gran Nobel ya está en los anaqueles de las mejores tiendas de vino y supermercados del país. Es posible que ustedes me puedan decir que 18 mil pesos para un pisco no es un valor “políticamente” correcto. Sin embargo y si llega a probarlo, se encontrará con un gran producto. Un pisco que va mucho más allá de la denominación o de la zona de elaboración.

Elegante y fino, decididamente creo que marcará un antes y un después en la industria pisquera de Atacama y Coquimbo. (Juantonio Eymin)