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Fachada exterior

miércoles, 9 de marzo de 2011

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


MAMUT
For export

Empresarios penquistas, receta norteamericana y un producto de exportación.
¿Sencillo? Para nada, pero si resumimos la historia de los restaurantes Mamut en sólo una línea, esos serían los principales lineamientos.

Pero lo que interesa, más que analizar la historia, es darle un vistazo a su gastronomía. Y acá no hablo de fast food, ya que el concepto va más allá de ello. Esto es Casual Food, como dicen los gringos, en un envoltorio parecido al sus similares del país del norte, más algunos aciertos propios, que lo hacen un imperdible para muchos de sus adeptos.

De papas fritas a tilapia con arroz; de jugo de naranjas a un Jack Daniels, pasando por cócteles clásicos, cervezas y vino; de menú para niños, como unos filetitos de pollo apanado con papas fritas (2.490), a un costillar de cerdo grillado con papas fritas, salsa BBQ y ensalada por $ 5.790.

Y ahí pareciera que está la clave del éxito obtenido. La ciencia de la oferta y la demanda estudiada a la perfección y con una escala de precios para todos los gustos.

Y convence a pesar de algunos errores que vienen de la cocina pero que la gran mayoría no los advierte. ¿Seré yo el complicado? Es posible, pero siempre tratando que las cosas mejoren.

¿Mejoraría la carta con un costillar sin la salsa BBQ, tan típica gringa?

Posible. Pero eso es método, así como lo son sus salsas y aderezos. Sin embargo cuando un proceso viene mal desde la cocina, debido al uso de un aceite de oliva de mala calidad o un arroz que ha perdido todas sus virtudes, eso no es método. Es procedimiento. Y ahí hay algunos errores para corregir.

Sin embargo me gustó la amplia oferta de Mamut. Hace un tiempo escribí que lejos era el peor nombre que se les pudo ocurrir alguna vez a los propietarios de la cadena. Sin embargo el titulo ha pegado fuerte en el consumidor y sus restaurantes tienen una ocupación que cientos de empresarios envidiarían. No veo lejos la expansión de esta cadena a países latinoamericanos o incluso más allá de esas fronteras. El modelo de negocios es exitoso y sus locales se han expandido con calma, tiza y vino tinto. Pronto completarán una docena de Mamuts en Chile. Todos sin grandes campañas publicitarias ni parafernalias gastronómicas. Todo en base al “boca a boca”.Y ese registro es el mejor de todos.

Empresarialmente, un lindo modelo de restaurante y eso se agradece. Un ticket promedio de siete mil pesos –y gran éxito-, es difícil de conseguir. Más aun cuando trabajan materias primas de buena calidad y que se mantienen a través del tiempo.

Sinceramente-y curiosamente- uno de los escasos restaurantes netamente chilenos con grandes posibilidades de triunfar en el extranjero (Lomiton se las jugó pero sin buenos resultados) Sin siquiera saber quienes son sus propietarios, les admiro su perseverancia y la creación de un modelo que puede triunfar fuera de nuestras fronteras.

Y eso es digno de considerar (Juantonio Eymin)

Mamut: Concepción, La Serena, Los Andes, Santiago.