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Fachada exterior

martes, 1 de abril de 2014

DE COPAS

EL VINO,
LA MECA DE LAS APARIENCIAS

Pascual Drake, desde España

 
 
El término postureo es un neologismo acuñado recientemente y usado especialmente en el contexto de la redes sociales y las nuevas tecnologías, para expresar formas de comportamiento y de pose, más por imagen o por las apariencias que por una verdadera motivación.

El postureo va a más. Con las redes sociales y su altavoz infinito está cada vez más latente. Es una moda, un vicio, incluso una cuenta de Twitter. En el mundo de la gastronomía en general y en el del vino en particular, es un deporte practicado con gran vehemencia. Todos tenemos un colega que practica el postureo copa en mano, o cuando toca elegir un vino en un restaurante, o cuando alguien descorcha una botella en casa.

 
 
 
Postureo 1: El mejor blanco es un tinto
Es en “El hijo de la Novia” donde el personaje de Ricardo Darín, gestor de un restaurante, pide una caja de blanco a su proveedor “por si llega alguien con mal gusto”. A esta película se le perdona casi cualquier cosa pero esta frase es puro postureo. Hoy hay blancos elaborados con tal delicadeza que esta actitud es un insulto. Tanto que hay expertos expertísimos que dicen que los mejores vinos del mundo son blancos.

Postureo 2: El vino, a temperatura ambiente
Pues si eres Ironman, quizá. Pero si en tu casa hace entre 20-25 grados, que viene a ser lo normal para un ser humano medio, pues tu postureo te va a costar un caldo imbebible. Lo del vino a temperatura ambiente es a temperatura ambiente en bodega, y poco más. Los tintos, a 14-16 grados, y los blancos a 7-9. Y sí, si tienes que meter un rato el tinto en la nevera para que esté tragable no pasa absolutamente nada, no vamos a ir a tu casa a ver qué tipo de ceremonia ejecutas antes de llevar el tinto a la mesa.

Postureo 3: Blanco con pescado y tinto para la carne
Sí, claro, y rosado con… ¿helado de maracuyá? Venga, que ya somos mayorcitos. Que sí, que hay vinos más duros para el chuletón y otros suaves para el marisco pero salgamos del tópico. Estamos en un país en el que ya se elaboran tintos suaves y blancos que casi parecen tintos (pasados por barrica). Juéguensela a tomar un tinto de la cepa mencía con un pescado o un blanco con unos meses en barrica con una carne. Olvidarán el postureo del blanco es blanco y el rojo es rojo.

Postureo 4: Yo es que soy más de Rioja
O de Ribera, o de lo que cada uno tenga en mente. Pues no, ya no. Ya hay demasiada mezcla entre riojas arriberados y riberas arriojados como para aguantar esta postura. Es cierto que hay viñas que mantienen los míticos sabores, aromas y características de nuestras denominaciones más famosas, pero esto ya es no es una norma. E importante, en la variedad está la diversión, así que aparquen el “yo soy de” y dense una vueltecita por otras zonas. Verán cómo pasan del “yo soy de” al “sorpréndame, por favor”.

Postureo 5: El champagne para brindar y haciendo pum
¿Quién eres, Alonso? No, ya no. El champán, el cava, los espumosos, vaya, no son para brindar. O no son sólo para brindar. Prueben a abrirlos con un poco más de cuidado y a servirlos durante el primer plato, o incluso durante toda la comida. Este descubrimiento a mí me ha traído grandes experiencias. Para brindar es mejor tirar de gin-tónics, pero cuando nos salgan las burbujas por las orejas…

Postureo 6: Los vinos buenos son los más caros
Si eres gallego, eres el propietario de una cadena textil de éxito y Forbes dice que eres el tercer hombre más rico del mundo, entonces, sí. Y aun así, tampoco. Seamos inteligentes y sobre todo venzamos la pereza e investiguemos. Salgamos de lo clásico: esto es España señores, y en España cohabitan miles de zonas vinícolas que ofrecen vinazos a precios de 5-6-7 euros por botella. Más bajo es complicado, lo reconozco, esa es mi opinión. Pero por favor, seamos un poco románticos, si queremos sorprender, que no sea por el ticket de compra, que sea porque hemos descubierto una joya en Castilla. Y si cuesta cinco euros, mejor.

Postureo 7: De Toro y del Bierzo no, que son muy duros
La Edad Media pasó, asúmelo. Hoy el vino ya no es un arma calórica para combatir el frío invierno. Hoy es un placer, un gozo, una alegría. Y como tal, lleva un curro detrás que hace que zonas que tópica y típicamente eran asociadas con sabores fuertes hayan dado la vuelta y demuestren en botella que también saben enamorar. Hay vinos elaborados con mencía, la uva típica del bierzo, y con tinta de Toro, que es como en Toro se le llama a la tempranillo, que me atrevería a sugerirlos para salir de chatos. Ahí, medio a palo seco. La suavidad ya no es exclusiva de ciertas zonas. Y eso nos gusta.

Postureo 8: Si tiene posos es que el vino está malo
¿Qué pasa, eres de los que cuela el jugo de naranja después de exprimirlo, verdad? El vino tiene posos igual que lo tiene cualquier jugo, lo que pasa es que hay bodegas que se lo curran para, digamos, ‘colarlo’, y otras que lo embotellan tal y como viene al mundo. O algo así. No me voy a meter en tecnicismos que además de aburriros, me lío. Si tiene posos, pues lo decantas. Que no tienes decantador, pues lo sirves con cuidado. Que no tienes cuidado, pues a quien le sirvas la última copa de la botella va a flipar y más si no se da cuenta y se los bebe. Yo reconozco que a veces no aviso porque es bastante gracioso. Creo.

Postureo 9: En el sur, dulces y moscateles
Sí, claro, y en el norte katxis de kalimotxo, ‘y no me saque de ahí que me lío’. Señores, el sur también sabe de tintos, y es uno de los descubrimientos que más entregado me tiene. Ciertos microclimas, la sombra de algunas sierras y un curro de narices, todo hay que decirlo, está colocando en el mapa a más de un tinto andaluz. No desconfíen de todo. No es que vayamos a ver el rebujito sustituido por tinto, pero si en alguna carta de restaurante se cruzan con alguna denominación andaluza en los tintos, pregunten. Y atrévanse.

Postureo 10: Un reserva es mejor que un crianza
No. Y sí. Mejor dicho, no tiene por qué. Hay crianzas con mucho más carácter que reservas, al igual que hay vinos jóvenes que pueden batir a un crianza, como vinos que apenas han pasado unos meses en barrica que están a la altura de crianzas y reservas… Y así. Es complicado porque depende de muchos factores. De la barrica, de la uva, del enólogo… La única forma de saberlo es ir probando, cosa que nunca nos importa hacer, ¿no? Pero no es una máxima que cuanta más crianza mejor sea un vino. Al menos no siempre.