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Fachada exterior

martes, 28 de abril de 2015

ACTUALIDAD


¿QUIÉN LANZA LA PRIMERA PIEDRA?

Quien no haya comido lo que actualmente llamamos fast food que lance la primera piedra: desde los berlines escolares, los conejos y todas las masas con huevo mol o mermelada que devorábamos en nuestros años mozos (y que muchos aun consumen), hasta las pizzas, los sánguches, las hamburguesas y las papas fritas. Resultado: el mismo de siempre. Desde que tenemos uso de razón han existido tentaciones alimenticias y el mercado continúa creciendo en forma acelerada a pesar de toda la campaña en contra que existe desde hace algunos años.

Más que la comida chatarra (una desviación acalorada de la comida rápida) nacida en el mundo gracias a la necesidad de alimentarse en pocos minutos, lo dañino es el desorden alimenticio que la sociedad nos ha impuesto. Comer es una necesidad biológica y de eso no se escapa nadie. ¿Comida sana? ¿Qué es eso? ¿Puede una empanada ser tildada de chatarra… o un  perfecto trozo de foie gras?

No podemos echarle la culpa a las hamburguesas o a las pizzas y descargarnos contra ellas. Los pueblos van creciendo y mejorando sus índices de vejez a medida que pasan los años aun con el advenimiento de la comida al paso. Definitivamente lo que pasa en la actualidad es que la oferta de comida es increíblemente superior a la de nuestros padres y aunque no se crea, estamos súper vitaminizados.

Cuando no existía el Súper 8, todos íbamos tras los conejos de las pastelerías para saciar el hambre. Era más caro, pero lo lográbamos. Hoy, con una simple moneda de cien pesos las calorías se ofrecen al instante y en cualquier lugar.

Males de la época, dicen. Y es cierto. Pero esos males no pasan por marcar como prohibitivos los productos calóricos. Mal que mal todos estos productos fueron fruto de una política de Estado que abogaba por el bienestar de su población. ¿Es dañina?,  cierto, pero todo en exceso lo es, desde la comida de los acérrimos veganos hasta las calorías consumidas por los paladares gourmets.

Si se pretende etiquetar como nocivos los productos altos en sodio, azucares o grasas, dudamos que se pueda definir bien el concepto. Es demasiado amplio y podría llevar a nuestras autoridades a meterse en temas complejos como son los alimentos transgénicos y los genéticamente modificados (como son las veraniegas frutillas de gran tamaño). Quizá lo mejor sería planificar que el deporte sea parte de la actividad diaria de los chilenos. El problema es que el deporte no produce riqueza y lo que el país necesita (según las autoridades) es producir y producir. Y ese error es el que tiene al país lleno de hipertensos, de cardiacos, con colon irritable e histéricos, comiendo todo lo que ve en las calles y entrando a las farmacias que están en todas las esquinas de nuestro país con el fin de comprar remedios para aliviar sus psico - dolencias.

Y en eso, ni las hamburguesas ni las pizzas son las culpables.